+56 9 5417 6219
contacto@historiaycontingenciaiep.cl

Lunes 22 de julio de 2019: “Peligroso sentimiento de celos que destruyen los matrimonios”

Lunes 22 de julio de 2019: “Peligroso sentimiento de celos que destruyen los matrimonios”

Lectura Bíblica: Tito Cap. 1, versículos 15 y 16. Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

   Comentario: [15]. La naturaleza—por lo menos en parte—de la doctrina subversiva que literalmente se estaba vendiendo (enseñada por falsos maestros con el fin de obtener “una ganancia vergonzosa”) en Creta, la sugieren las palabras del v. 15. Los engañadores, que a su vez estaban siendo engañados por engañadores entremetidos, esto es, por los judíos, negaban esto: Todas las cosas (son) puras para los que son puros; pero para los inmundos e incrédulos nada (es) puro; por el contrario, inmundas están aún sus mentes y sus conciencias.

   Los falsos maestros de la iglesia de Creta estaban tratando de reconciliar la servidumbre judaica (el ceremonialismo) con la libertad cristiana. Muchos de ellos, sin duda, habían sido enseñados desde la niñez en la religión de las sombras, y les resultaba difícil entender que con la venida y muerte del Señor estas sombras habían desaparecido. Influenciados, como estaban, por los judíos impenitentes de fuera de la iglesia, atribuían un cierto grado de valor salvador (un valor que ni siquiera la ley misma enseñaba) a las ordenanzas ceremoniales—y aún más a los refinamientos farisaicos de estas ordenanzas—acerca de lo que era “limpio” y lo que era “inmundo” con respecto a productos alimenticios, muebles o utensilios, cuerpo humano, etc. Consideraban la pureza como un atributo no de la mente y consciencia del hombre sino de las cosas materiales. Como se mostró en conexión con 1 Ti. 4:3, probablemente se vieron también fortalecidos en este error por el dualismo pagano que consideraba la materia como pecaminosa en sí misma. Pero la principal influencia siniestra aquí en Creta parecía venir de los judíos.

   Jesús había combatido este error en forma vigorosa. Había dicho: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; más lo que sale de la boca, eso contamina al hombre, porque de dentro, del corazón del hombre salen los malos pensamientos” (véase Mt. 15:11, 15–20; Mr. 7:14–22; Lc. 11:38–41 y cf. Pr. 4:23). La iglesia primitiva había seguido el camino que Cristo le había señalado (como está implícito en Hch. 10:9–16; 11:1–18; 15:20). En sus epístolas, Pablo también había defendido uniformemente la tesis de que ninguna cosa es “inmunda en sí” (Ro. 14:14, 20; cf. 1 Co. 6:12; 10:23; Gá. 2:11–21; Col. 2:16–23), y que es la disposición del corazón y el propósito de la mente lo que hace que una cosa sea limpia o inmunda (Ro. 14:23; 1 Co. 10:31). En Romanos y 1 Corintios se aplica esta regla básica en una dirección (comer sin considerar al hermano débil es pecaminoso); aquí se aplica en otra dirección (comer con una mente incrédula o con conciencia contaminada es inmundo).

   “Todas las cosas (son) puras para los que son puros; pero para los inmundos e incrédulos nada (es) puro”. La expresión “todas las cosas” la explica mejor Pablo mismo. Equivale a “toda creación de Dios” (1 Ti. 5:5), esto es, todo lo que Dios creó para su consumo como alimento. No es la cosa impura lo que hace que el hombre sea impuro, como erróneamente sostenían los judíos (véase sobre Jn. 18:28), sino que son los hombres impuros los que hacen que todo lo puro sea impuro, verdad ya bosquejada en Hag. 2:13.

   Los hombres puros son los que han sido limpiados de su culpa por la sangre de Cristo y, habiendo sido regenerados por el Espíritu Santo, están siendo limpiados constantemente por el mismo Espíritu de la contaminación de sus pecados (véase comentario sobre Tit. 3:5; luego, Mt. 5:8; Jn. 3:3, 5; 1 Co. 6:11; Ef. 1:7; 5:26, 27; 1 Jn. 1:7, 9; véase también sobre Jn. 13:10; 15:3). Estos son los que no rechaza lo que Dios ha creado como buenos alimentos, sino “participan de ellos con acción de gracias” (véase comentario sobre 1 Ti. 4:3, 4).

   Por otra parte, quienes están contaminados, sucios, o inmundos, esto es, los judíos, y habiendo rechazado a Cristo son al mismo tiempo incrédulos, han contaminado, en consecuencia, todos los puros dones de Dios. Aun sus mentes, los órganos que reflexionan sobre las cosas espirituales y guían la voluntad, y sus conciencias, esto es, su ser moral en el acto de juzgar sus acciones, están contaminadas—y a menos que intervenga la gracia de Dios, permanecen en ese estado; nótese el indicativo perfecto pasivo. (En cuanto al concepto de conciencia véase comentario sobre 1 Ti. 1:5). Esto es evidenciado por el hecho de que sus juicios morales están pervertidos y no llegan a un arrepentimiento que los lleve a la piedad.

[16]. Continúa la descripción de “hombres que se apartan de la verdad”, descripción iniciada en el v. 14b. Entonces, refiriéndose a los judíos (particularmente a los líderes farisaicos que, aunque forasteros estaban ejerciendo una influencia siniestra sobre los falsos líderes de la iglesia de Creta), Pablo añade: A Dios profesan conocer. Como sus antepasados remotos (Dt. 6:4), así también estos judíos proclaman ante todos los que quieran oírlos, que conocen al único Dios verdadero como su Dios (véase sobre Jn. 8:54, 55; y cf. Ro. 2:17). “Lo conocemos”, declaran; y quieren decir, “con un conocimiento intuitivo y directo” (nótese el verbo usado en el original).

    Ahora bien, es cierto que Dios se había revelado a sus antepasados en una forma muy especial, como a ninguna otra nación (Sal. 96:5; 115; 135; 147:19, 20; Amós 3:2; Ro. 3:1, 2; 9:1–5); pero en vez de comprender que una mayor oportunidad implica una mayor responsabilidad, especialmente con los que no conocen a Dios (cf. Gá. 4:8; 1 Ts. 4:5), ellos se habían puesto jactanciosos y habían rechazado completamente al Mesías. Por eso, Pablo puede afirmar que estos judíos profesan conocer a Dios, pero por sus acciones lo niegan. Sus acciones desmienten su profesión de fe. (El verbo negar, aunque no aparece en las primeras epístolas de Pablo, se encuentra repetidas veces en las pastorales; véase 1 Ti. 5:8; 2 Ti. 2:12, 13; 3:5; Tit. 2:12.) Para un relato vívido de las acciones de los dirigentes judíos en que Pablo está pensando principalmente, véase Mt. 23. Estas acciones se pueden resumir en dos palabras: hipocresía y rechazo de Cristo. Ellos siguen rechazándolo al influenciar erróneamente a los falsos maestros de Creta.

    Ahora se declara la razón por la que cometen estas malas acciones: porque son abominables y desobedientes, inhabilitados para toda obra buena.

    Hacen lo que hacen debido a lo que son en su naturaleza interna. No es sorprendente que Pablo caracterice a quienes son “inmundos en su mente y en su conciencia” (véase comentario sobre el v. 15) como que son abominables, detestables, o despreciables ante los ojos de Dios. Nuevamente, son abominables porque, a pesar de ser tan dados a defender reglas y reglamentos de confección humana (cf. Is. 1:12–15; Jer. 6:20; Am. 5:21–23; Mt. 23:23–33; Lc. 18:11, 12)—¿O diremos más bien, debido a este mismo hecho? —, son desobedientes a la santa ley de Dios. Por eso, en vez de ser “hombres de Dios completamente equipados para toda obra buena” (véase comentario sobre 2 Ti. 3:17; cf. 2 Ti. 2:21), son exactamente lo contrario: “inhabilitados para toda buena obra” (después de probados, rechazados como indignos), completamente incapaces de realizar cualquier obra que proceda de la fe, hecha en conformidad con la ley de Dios, y que redunde para su gloria.

   Fue en el interés de promover el espíritu de santificación en la vida de la congregación que Pablo había dejado a Tito en la isla de Creta. Teniendo este propósito presente, se recuerda ahora a Tito por escrito la orden que le había sido dada anteriormente en forma oral, esto es, que debía corregir lo que faltaba hacer y nombrar ancianos en cada ciudad.

   Que la idea de la santificación en la vida congregacional es dominante en la mente del apóstol mientras escribe este capítulo, se ve claramente por la razón que da, mostrando por qué se necesitan en forma muy especial en las iglesias de Creta hombres tan altamente calificados para el cargo de anciano. Habla de falsos maestros en el seno de la iglesia, hombres insubordinados, habladores de vanidades, engañadores, interesados en ganancias deshonestas o vergonzosas; describe a los cretenses como “siempre engañadores, bestias brutas, vientres ociosos”; y habla de cierta clase de judíos a quienes describe como “hombres que se apartan de la verdad”, y están “contaminados en su mente y su conciencia”. En consecuencia, es una necesidad imperiosa tener un liderazgo sabio y una disciplina salvadora, a fin de que la santificación reemplace a la inmundicia.

1er Título

Maquinaciones perturbadoras que contrastan con la sabiduría de lo alto. Santiago 3:13 al 15. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 

   Comentario: Sabiduría terrenal: 3:13–16.  El cristiano no vive en el aislamiento sino en comunión con la comunidad en la cual Dios lo ha colocado. La comunidad es primordialmente la iglesia de Jesucristo. Fiel a su llamado, la iglesia está en medio del mundo para hacer que la luz del evangelio brille. Para funcionar adecuadamente en sus lugares respectivos, tanto el cristiano como la iglesia necesitan sabiduría y entendimiento. En la parte introductoria de su epístola, Santiago le dice al creyente cómo obtener sabiduría: “Pídasela a Dios, quien da generosamente a todos sin reproches” (1:5).

   Nadie puede vivir sin sabiduría, ya que a nadie le gusta que lo llamen estúpido. Por lo tanto, la sabiduría es atesorada por los que la tienen y buscada por los que carecen de ella. Es aquí entonces, donde Santiago hace una pregunta bien directa:

   [13]. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que lo demuestre por su buena conducta, por obras hechas en la humildad que proviene de la sabiduría.

   Santiago se dirige a los miembros de la iglesia. Da por sentado que ellos oran a Dios pidiendo sabiduría, que poseen esta virtud y que el mundo los mira esperando de ellos dirección. Pero como Santiago sabe que estas cosas no siempre son ciertas de los cristianos, quiere que sus lectores se examinen a sí mismos.

  1. Examen. “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?” Una persona sabia y entendida demuestra por lo que dice y por lo que hace que posee sabiduría. No está muy claro si Santiago está tratando aquí de calificar a los maestros de su tiempo como sabios.194 Si tal fuera el caso, vemos una relación directa entre el principio de este capítulo (“no muchos de vosotros deben presumir ser maestros”, v. 1) y la pregunta retórica que aquí se hace (v. 13).

   Santiago califica el término sabio con la palabra entendido. Esto significa que una persona sabia también tiene experiencia, conocimiento y habilidad. La sabiduría consiste en tener perspicacia y pericia para llegar a conclusiones correctas. Un viejo proverbio lo resume así: ‘Prevenir es mejor que curar, pero ser perspicaz es mejor todavía”.

   Incontables ejemplos demuestran que la gente de muchos conocimientos no es necesariamente sabia. Pero cuando una persona con conocimiento tiene perspicacia, sin duda es sabia. Si hay una persona sabia y entendida entre vosotros, dice Santiago, que lo demuestre con su vida.

  1. Demostración. Santiago alienta al sabio a mostrar por medio de su conducta que ha recibido el don de la sabiduría. “Que lo demuestre por su buena conducta”. Santiago parece indicar que entre los cristianos los hombres sabios y entendidos son la minoría, ya que no todo aquel que pertenece a la comunidad cristiano adquiere sabiduría. Pero exhorta a quienes la tienen a demostrar por palabra y obra que efectivamente son sabios. Santiago utiliza el verbo demostrar en el sentido de “probar”. Que el hombre realmente aporte verdaderas pruebas de que posee sabiduría y entendimiento. Que lo confirme por medio de su conducta diaria.

   ¿A qué se refiere Santiago cuando usa la expresión buena conducta? Se refiere a un modo de conducirse, noble y digno de alabanza. Es cierto, Santiago enfatiza “obras hechas en la humildad que proviene de la sabiduría”. Pero el hombre sabio afirma su noble conducta por medio de palabras y obras.

  1. Afirmación. “Los hechos hablan más fuerte que las palabras”. Esta verdad proverbial subraya la necesidad de observar las obras de una persona para ver si sus obras van de acuerdo con sus palabras.

   ¿Cuáles son estas obras? Son las que se hacen con un espíritu humilde y amable, controlado por un espíritu de sabiduría celestial.

   El énfasis en este versículo recae en aquella característica de la sabiduría llamada humildad. Esta cualidad puede también describirse como mansedumbre o amabilidad. La amabilidad se manifiesta en la persona que ha recibido sabiduría y que lo demuestra en todos sus hechos.

   En el libro de Eclesiástico, conocido también como Sabiduría de Jesús el hijo de Sirac, el escritor detalla algunos preceptos acerca de la humildad y dice: “Hijo mío, ejecuta tus tareas con humildad; entonces serás amado por aquellos a quienes Dios acepta” (Sir. 3:17, RSV).

   [14]. Pero si albergáis amarga envidia y ambición egoísta en vuestros corazones, no os jactéis de ello ni neguéis la verdad.

   Lo opuesto a un espíritu amable controlado por la sabiduría es un corazón lleno de “amarga envidia y ambición egoísta”. El contraste entre este versículo y el anterior tiene un paralelo directo en la epístola de Pablo a los gálatas, donde éste menciona, entre los frutos del Espíritu, “la mansedumbre y el dominio propio” (5:23). Entre las manifestaciones de una naturaleza pecadora están “la ambición egoísta … y la envidia” (5:20–21).

   Como pastor experimentado que es, Santiago sabe que entre los miembros de su iglesia hay algunas personas cuyo espíritu se caracteriza por la amarga envidia y por el egoísmo. El utiliza la forma plural vosotros, y por medio de una oración condicional indica que la evidencia se ajusta a la verdad. En otras palabras, se da cuenta de la condición espiritual de sus lectores. Si continúan abrigando envidia y egoísmo, serán consumidos.

   Santiago describe la envidia con el adjetivo amarga. No explica cuál es la causa de esta amarga envidia. Sin embargo, su descripción apunta a alguna transgresión al décimo mandamiento: “No codiciarás”. Abrigar amarga envidia es pecado. Y estar lleno de ambición egoísta va en contra de la enseñanza de la ley real: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Stgo. 2:8).

   “No os jactéis [de vuestra amarga envidia y ambición egoísta] ni neguéis la verdad”. Las personas que están consumidas por la envidia y el egoísmo habitualmente hablan de esto a cualquiera que les preste atención. Deben darse cuenta, sin embargo, de que todo lo que dicen es contradicho por la verdad.

   Cada vez que abren sus bocas para ventilar sus sentimientos, se engañan a sí mismas. Cuando Pablo advierte a los efesios en contra de contristar al Espíritu Santo, les dice que deben “librarse de toda amargura” (4:31). El corazón que alberga “amarga envidia y ambición egoísta” carece de sabiduría celestial.

[15]. Esa “sabiduría” no viene del cielo, sino que es terrenal, no es espiritual, es demoníaca. [16]. Porque donde hay envidia y ambición egoísta, allí hay desorden y toda clase de mala costumbre.

   La versión que utilizamos pone correctamente la palabra sabiduría entre comillas para indicar que esta sabiduría no es genuina. El texto mismo indica el origen y las características de esta supuesta sabiduría. Su origen no es celestial sino terrenal; sus rasgos peculiares son impíos y demoníacos. Santiago usa un lenguaje fuerte para describir el contraste absoluto entre la sabiduría que se origina en el hombre y la que viene de Dios.

   El creyente que es realmente sabio ora continuamente a Dios en nombre de Jesús. Por medio de la oración se mantiene en comunión con la fuente de la sabiduría, pues Dios mismo dará generosamente a todo aquel que le pida (Stg. 1:5).

   Lo contrario es igualmente cierto. Sin fe y oración una persona nunca puede obtener verdadera sabiduría. Las palabras que proceden de la envidia y de la ambición egoísta exhiben una falsa sabiduría que se origina en el hombre, no en Dios. Este tipo de sabiduría “no viene del cielo, sino que es terrenal”.

   En este versículo Santiago detalla una serie de tres adjetivos que tienen un orden descendente:

Terrenal — no espiritual — demoníaca

  1. “Terrenal”. Lo que el escritor desea decir es que lo terrenal se contrapone a lo que Dios origina en el cielo. Por ejemplo, la bestia que surge de la tierra (Ap. 13:11) desafía a todo lo que es santo y celestial. Y si el Espíritu de Dios está ausente de los asuntos terrenales, el pecado está presente.
  2. “No espiritual”. En su primera epístola a la iglesia de Corinto, Pablo analiza la sabiduría que el Espíritu de Dios enseña. Pero, escribe Pablo, “el hombre sin Espíritu no acepta las cosas que vienen del Espíritu de Dios, porque son necedad para él, y no puede entenderlas porque se disciernen espiritualmente” (1 Co. 2:14; compárese también con Jud. 19). No ser espiritual, sin embargo, no debe ser entendido como carente de espíritu. Además, el que abandona la fe sigue a “espíritus engañadores y cosas enseñadas por demonios” (1 Ti. 4:1).
  3. “Demoníaca”. En el versículo precedente (v. 14). Santiago le dice a la persona cuyo corazón está lleno de “amarga envidia y ambición egoísta” que no niegue la verdad. Pero si a pesar de esto la niega, tal persona vive una mentira que encuentra su origen en el padre de la mentira, el demonio. Santiago llama a las cosas por su nombre: “Esa ‘sabiduría’ … es … del demonio”.

   Cuando el demonio habla mentira, esto ya es malo. Cuando usa al mundo para perpetrar la mentira, es peor. Pero cuando los miembros de la iglesia se transforman en sus instrumentos para diseminar una sabiduría demoníaca, nos encontramos ante la peor de todas las situaciones. La carta de Santiago da la impresión de que el demonio empleaba a algunos de los miembros de la iglesia.

   Santiago comprueba esto observando una verdad de conocimiento común: “Porque donde hay envidia y ambición egoísta, allí hay desorden y toda clase de mala costumbre”. Nótese la correlación específica que, mostrada gráficamente, es así:

  • donde hay ambición egoísta — allí hay desorden toda clase de mala costumbre

Una cosa lleva inevitablemente a la otra en una secuencia de causa y efecto. Si tienes envidia encontrarás desorden.

   ¿Qué es la envidia? He aquí una explicación: “Envidia es la resentida y hasta odiosa aversión por la buena fortuna o bendición de otros”. Santiago llama “amarga” a la envidia (3:14). La envidia destruye la mutua confianza, arrasa con la unidad y es demoníaca en su designio. Tal como lo señala Santiago, la envidia genera desorden. La expresión desorden “parece tener algunas de las connotaciones negativas de nuestra palabra ‘anarquía.’”

   Además, la ambición egoísta invariablemente lleva a la mala conducta, puesto que los motivos egoístas avasallan y finalmente eliminan el amor a Dios y al prójimo. En sí misma la ambición es una fuerza benéfica que busca promover el bienestar de otros. Pero cuando se vuelve egoísta, la misma degenera, en mala conducta. Cuando percibió celos y contenciones entre los corintios, Pablo los reprochó por ser mundanos (1 Co. 3:3). En cambio, los creyentes deben ser colaboradores de Dios.

Consideraciones prácticas acerca de 3:13–16

Versículo 15

   Santiago menciona dos tipos de sabiduría. Una que procede del cielo y otra de la tierra. El primeramente nos dice algo acerca de la sabiduría terrenal, antes de explicar el significado de la sabiduría celestial.

   La sabiduría terrenal no es verdadera sabiduría, puesto que antepone el propio ego a cualquier persona o cosa. Cuando uno insiste estridentemente en ser el primero, es inevitable que haya serios conflictos.

   Cuando permitimos que la envidia y el egoísmo entren en el círculo familiar, pronto encontramos que la estabilidad del hogar queda seriamente amenazada. Entonces el hogar queda lleno de tensión. Esto hace que el padre, la madre y los hijos estén inquietos, que disminuya su testimonio cristiano y se debilite su bienestar espiritual.

   Tomemos a María como caso típico. Ella creó fricciones inexpresables en el círculo familiar de Moisés al insistir en ser la primera en Israel (Nm. 12:1–2). La fricción que ella causó en su familia y en su comunidad no es diferente a la que es creada hoy en día por los conflictos de personalidades que encontramos entre miembros de la iglesia. Estos problemas impiden seriamente la eficacia de muchas congregaciones en su ministerio.

   Para encontrar paz en la familia y en la iglesia debemos lograr la reconciliación, confesando el pecado, abandonando la ambición egoísta y orando por la misericordia, amor y paz del Espíritu de Dios.

2° Título

Prudencia de la mujer virtuosa que provoca gran confianza. Proverbios 31:10 al 12. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal. Todos los días de su vida.

   Comentario: La mujer anhelada, 31:10-12: Introducción: Solemos pensar que las mujeres no tenían mucha influencia ni autoridad en el Cercano Oriente en la antigüedad. Pero este proverbio presenta otra perspectiva.

   Esta sección se desarrolla dentro de una estructura del alfabeto hebreo (ver 2:1–22; Sal. 34). El v. 10 empieza con una palabra con la primera letra del alfabeto hebreo, alef (es decir, mujer). El último versículo (v. 31) comienza con la palabra hebrea que tiene la letra tau, la última letra del alfabeto hebreo (es decir, dadle). El texto dado en la RVA empieza cada versículo con la palabra que tiene la letra hebrea correspondiente. Tal sistema sirve como una ayuda a la memoria. Por supuesto, la pregunta acerca del origen de esta sección puede contestarse como una extensión de las palabras de la madre de Lemuel (ver 31:1–9) o con un origen desconocido.

   El último ejemplo de la mujer en Proverbios destaca a la mujer virtuosa (ver 3:15; 8:11; 20:15). La pregunta retórica del v. 10 busca la respuesta “nadie”. De hecho, el maestro sabio ha mostrado que la esposa prudente es un don de Dios (ver 18:22; 19:14). El tema de la esposa es frecuente en Proverbios (ver 12:4; 18:22; 19:13, 14; 21:9, 19; 25:24; 27:15, 16; además de los pasajes acerca de la mujer adúltera en 2:16 ss.; 5:3 ss.; etc.). La mujer virtuosa de 31:10–31 es anhelada por muchos jóvenes.

   El v. 11 pone énfasis en la palabra confía (la letra hebrea es bet). Así la primera característica que se ve en ella es la confianza de parte de su marido. La confianza es algo que cuesta lograr, pero fácil de perder. Hay que cuidar la confianza que alguien ha puesto en uno. Por lo tanto, el v. 12 muestra cómo la esposa es una ayuda idónea para su marido y la edificación del hogar.

3er Título

Valiosa sabiduría es entender cómo cuidar la familia. Proverbios 14:1 y 2. La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba. El que camina en su rectitud teme a Jehová; Mas el de caminos pervertidos lo menosprecia

   Comentario: Los que destruyen, los que construyen, 14:1-8

   El v. 1 es un poco irregular, pero la interpretación es clara. Por un lado, las mujeres (ver 1:8; 10:1) sabias o prudentes (ver 1:5; 10:1) construyen (el verbo es perfecto subrayando el hecho de que es tan cierto como ya acabado) su casa (ver 24:3). Por otra parte, la insensata (ver 1:7) con sus propias manos o “esfuerzos”, es decir, “ella misma”, la derrumba. El carácter de la mujer hace la distinción. Hay mujeres insensatas en Proverbios (ver 2:16 ss.; 5:3 ss.; 6:25 ss.; 7:5 ss.; 11:22; 12:4; 21:9, 19; 30:20: desde la adúltera hasta la rencillosa).

   El v. 2 muestra la actitud del recto y del perverso hacia Jehovah. Por un lado, el que camina “derechísimo” en su conducta teme (ver 1:7 para una fe-admiración-respeto) a Jehovah. Nos hace recordar las palabras del 4:27: No te apartes ni a la izquierda ni a la derecha. Por otro lado, el perverso (ver 2:15 para “torcer” o “engañar”) mira en menos o menosprecia a Jehovah.

4° Título

Dios es el verdadero fundamento sólido para la familia. Salmo 127:1 y 2. Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.

   Comentario: Salmo 127: Salmo Didáctico-Sapiencial: Todo Depende De Dios

   Los Salmos 127 y 128 dan lindos cuadros de la vida doméstica sana. Muchos piensan que son pos-exílicos, pero ciertos detalles literarios podrían indicar una fecha más temprano. Algunos han sugerido que el Salmo 127 está compuesto de dos poemas diferentes, pero se nota una unidad de propósito en todo el Salmo.

   En este Salmo se destacan tres asuntos que a menudo son motivo de preocupación: la vivienda, la seguridad y la familia. El salmista enseña que no vale la pena estar ansioso, pues Dios provee en todas estas áreas. No enseña la indolencia, sino la confianza en Dios. Es claro de Salmos y Proverbios que los sabios en Israel enseñaban contra la pereza y a favor de la diligencia (Sal. 128:2; Prov. 6:6–11; 20:4; 24:30–34). Lo que el salmista combate no es el trabajo sino la ansiedad que hace a muchos esclavos de su trabajo.

  1. Esfuerzos inútiles, vv. 1, 2: En vano trabajan… una advertencia importante para los incrédulos que quieren construir imperios financieros o casas lujosas, pero también para los cristianos que tratan de construir grandes obras de Dios sin ser guiados por Dios y sin ser llenos del Espíritu Santo. Los resultados del esfuerzo humano siempre tendrán resultados limitados, pero lo que se hace por Dios y en el poder de él tendrá abundante fruto de valor eterno.

   El salmista no habla solamente de construir la casa, sino también guardarla. Calvino aplica “los que guardan” a los magistrados y gobernadores civiles. El v. 2 encierra una gran verdad para todos los que se esfuerzan sobremanera, pero se olvidan de confiar en Dios. Algunos traducen la última línea de otra manera con la idea de que “Dios lo hace mientras uno duerme”. Sin embargo, la RVA da el sentido que el salmista quiere recalcar, si confiamos en Dios para la obra, si realmente echamos nuestra ansiedad sobre él (1 Ped. 5:7), a su amado dará Dios el sueño; Dios quiere que descansemos en él para todo, y que descansemos físicamente también (cf. Prov. 10:22; Mat. 6:25–34).

Semillero homilético

La clave de un hogar feliz 128:1–6

La recompensa de un hogar feliz (vv. 1–3).

Reverencia: Todo aquel que teme a Jehovah, v. 1.

Promesa: Serás feliz, y te irá bien, v. 2.

Prosperidad: Que lleva fruto a los lados de tu casa, v. 3.

La honra de una vida feliz (vv. 4–6).

Descendencia: Así será bendecido el hombre que teme, v. 4.

Privilegio: Todos los días de tu vida, v. 5.

Felicidad: A los hijos de tus hijos, v. 6.

Amén para la gloria de Dios.

  DESCARGUE AQUÍ ESTUDIO COMPLETO


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

Deja una respuesta