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Lunes 18 de febrero de 2019 “El Cristiano Trae Bendición A La Raza Humana”

Lunes 18 de febrero de 2019 “El Cristiano Trae Bendición A La Raza Humana”

Lectura Bíblica: San Mateo Cap. 10, versículos 5 al 8. A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.

    Comentario: La comisión 5, 6. A estos doce envió Jesús después de darles la siguiente comisión: No os desviéis a ningún camino de los gentiles ni entréis en ciudad alguna de los samaritanos, sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Aunque, como se ha indicado,este grupo de doce iba a ser enviado al “mundo”, eso no ocurrió inmediatamente. Inicialmentese les dijo a estos hombres que limitasen su actividad a “las ovejas perdidas de la casa deIsrael” (véanse 9:36; 15:24; cf. Jer. 50:6; Ez. 34:5, 6). Con algunas importantes excepciones,Jesús mismo también siguió la regla: “al judío primeramente y también al griego” (Ro. 1:16;2:9, 10). Aunque su enseñanza no estuvo confinada al templo y la sinagoga, para él y para suobra éstos retenían su importancia básica (Mt. 4:23; 13:53; Jn. 18:20). Sin embargo, ya se hadejado en claro que el Señor de ningún modo estaba echando al olvido a los gentiles (véasesobre el capítulo 2; 4:23–25; 8:11, 12; cf. Jn. 10:16). Pero en el plan de Dios, era desdeJerusalén que el evangelio debía esparcirse entre las naciones (Gn. 12:3; 18:18; 22:18; 26:4;cf. Hch. 3:25; también Is. 49:6, cf. Hch. 13:47; luego, Is. 54:1–3; cf. Gá. 4:27; y Am. 9:11, 12;cf. Hch. 15:16–18). 

   Todo esto no quita una iota del hecho de que en principio el nacionalismodel Antiguo Testamento (con el internacionalismo resplandeciendo frecuentemente) esdestruido por la cruz, de modo que hoy “no hay distinción entre judío y griego” (Ro. 10:12; cf. Jn. 3:16; 1 Co. 7:19; Gá. 3:9, 29; Ef. 2:14, 18; Col. 3:11; y 1 P. 2:9). El mandamiento dado en 10:5, 6 era una restricción temporal que más adelante sería levantada, como lo indica claramente Mt. 28:19, 20. De Hch. 3:26 y 13:46 es claro que los apóstoles realmente obedecieron el mandamiento acerca de la apropiada secuencia en la difusión del evangelio.

   Así que, a los apóstoles se les dice que no salgan por ahora del territorio judío ni siquiera a los samaritanos, pueblo mezclado en linaje y religión (2 R. 17:24; Jn. 4:22) y que vivían entre Galilea y Judea. El relato de Mateo de esta restricción temporal añade fuerza a uno de los principales propósitos de este libro, a saber, ganar plenamente a los judíos para Cristo (véase arriba, p. 108). Es como si el evangelista (y Dios, por medio de él) estuviera diciendo a los judíos: “Pensad en todos los privilegios que habéis disfrutado, el trabajo hecho a vuestro favor por profetas y sacerdotes. Además, cuando en cumplimiento de las predicciones y símbolos vino el Mesías, él se preocupó de que vosotros fueseis los primeros en recibir las buenas nuevas. El trabajo intensivo para dar a conocer la salvación por medio de él fue realizado en primer lugar entre vosotros. Así que, ¡recibidle hoy como vuestro Señor y Salvador!”

   Jesús continúa: 7. Y al ir predicad diciendo: “El reino de los cielos está cerca”. Este tema del reino, proclamado primero por Juan el Bautista, luego por Jesús, y ahora también por sus discípulos, ya ha sido explicado (véase sobre 3:2; 4:17, 23). Dicho en breve, quiere decir que los apóstoles tienen que seguir proclamando que en un sentido ha comenzado ya la dispensación cuando a través del cumplimiento de la profecía mesiánica el reino de los cielos (es decir, de Dios) en los corazones y vidas de los hombres se iba a hacer valer más poderosamente que nunca antes. La comisión continúa: 8. Sanad (los) enfermos, resucitad (los) muertos, limpiad (los) leprosos, echad fuera (los) demonios; gratuitamente recibisteis, gratuitamente dad. Una comparación de 10:8 con 4:23; 9:35 muestra que lo que Jesús quiere decir es: “Haced y seguid haciendo lo que yo estoy haciendo y he estado haciendo”. La “autoridad” de hacer esto ya les ha sido impartida (10:1). Por la gracia de Dios ahora ellos mismos deben aplicar ese poder.

   Hay abundante evidencia para demostrar que lo que aquí se ordena y predice realmente sucedió, una parte de ello inmediatamente, en este viaje o poco después, y una parte algún tiempo más adelante, después de la resurrección de Cristo; una parte de ello por medio de los Doce, a través de su líder Pedro, o Pedro y Juan, y otra parte por medio de Pablo, quien ciertamente debe ser contado entre los apóstoles (por eso hablamos de “Los Doce y Pablo”). Véanse los siguientes pasajes: Mr. 6:13, 30; Lc. 9:6–10; Hch. 3:1–10; 5:12–16; 9:32–43; 14:8–10; 19:11, 12; 20:7–12; 28:7–10. Además, Jesús instruye a los Doce para que den sus servicios en forma gratuita. Lo que han recibido de balde ellos deben darlo de balde y con alegría. No debe haber simonía de ningún tipo (Hch. 8:18–24).

1er Titulo:

Cristo La Piedra Fundamental. Los Hechos 4:11-12. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 

   Comentario: 11. “Este Jesús es ‘la piedra reprobada por ustedes los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo’”.

   Como en todos sus discursos, Pedro basa su mensaje en pasajes tomados del Antiguo Testamento. Aquí cita de un salmo muy conocido, cantado por los peregrinos en sus viajes a Jerusalén para participar en las fiestas religiosas (Sal. 118:22). Con esta cita, Pedro recuerda a los principales sacerdotes y a los fariseos las palabras que les había dicho Jesús la última semana de su ministerio. Jesús citó Sal. 118:22–23 y aplicó las palabras de este salmo a sus oyentes, diciéndoles: “Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes, y se le entregará a un pueblo que produzca el fruto del reino. El que caiga sobre esta piedra quedará despedazado, pero aquél sobre quien ella caiga será pulverizado” (Mt. 21:43–44 NVI). Cuando Jesús pronunció aquellas palabras, los principales sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta que se estaba dirigiendo a ellos. Ahora Pedro les dice la misma cosa. Los miembros del Sanedrín son los edificadores espirituales de la casa de Dios, por el cual ellos tienen que escoger las piedras. Rechazan una de las piedras, a la que consideran no apta; pero Dios, quien es el arquitecto, toma esta misma piedra y la hace la piedra del ángulo del edificio. La cita de este salmo es una gráfica ilustración de Jesucristo, quien, tal como Pedro lo dice en su epístola, es “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa” (1 Pe. 2:4; véase también vv. 6–8).

   Los miembros del Sanedrín deben aceptar que ellos son los edificadores espirituales de la casa de Dios, de la cual Dios ha hecho a Jesucristo la piedra angular. No pueden librarse del nombre de Jesús, nombre que está inextrincablemente vinculado con el Israel espiritual. Jesús ha cumplido la cita del salmo que lo presenta como la piedra angular (Sal. 118:22). En consecuencia, los sanedristas no pueden esquivar el poder y el nombre de Jesucristo. La salvación se encuentra solamente en él.

   Versíc. 12. “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que debamos ser salvos”.

   Observemos lo siguiente:

a. Se proclama salvación. “En ningún otro hay salvación”. Este versículo está entre los más conocidos y apreciados de Hechos. Pedro apela a su audiencia inmediata, pero al mismo tiempo se dirige a todo el pueblo que busca salvación. Se dirige a hombres eruditos e influyentes del Sanedrín, cuyo trabajo consiste en mostrar al pueblo de Israel el camino de la salvación. Lo que hacían diciéndoles que realicen obras que quizás les alcanzaría la salvación. Pedro, en cambio, predica que la salvación se puede obtener única y exclusivamente a través del nombre de Jesucristo. La salvación que él predica comprende no sólo la sanidad física sino también la espiritual. La evidencia de la salvación física está ahí, a la vista, en la persona del hombre que había sido un paralítico. Pero ellos deben entender que el bienestar espiritual incluye el perdón de los pecados y una relación restaurada con Dios. Nadie en el grupo ante Pedro es capaz de señalar a una persona que pueda conceder la salvación, porque cada uno necesita de ella. Por lo tanto, deben darse cuenta que pueden llegar a tener paz con Dios solamente a través de Jesucristo.

b. El nombre. “No hay otro nombre, bajo el cielo, dado a los hombres”. El nombre Jesús revela la misión de Salvador, porque el nombre significa “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). Es decir, él sana al pueblo físicamente de los efectos del pecado, pero más que eso, quita el pecado mismo de tal manera que las personas pueden enfrentar el juicio de Dios como si nunca hubieran pecado. Jesús los hace espiritualmente completos al restaurarles en una verdadera relación con Dios el Padre. Jesús dice: “Nadie viene al Padre si no es por mí” (Jn. 14:6). Sólo Jesús tiene la capacidad de proveer la remisión por los pecados. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (10:43).

   Pedro recurre no a una exageración sino a un lenguaje descriptivo cuando dice que debajo del cielo no hay otro nombre que el nombre de Jesús. En ninguna parte del mundo podría el hombre encontrar otro nombre (es decir, a otra una persona) que ofrezca la salvación que Jesús provee. Otras religiones aparte del cristianismo fallan porque ofrecen salvación por medio de las obras y no por gracia. El nombre Jesús ha sido dado a los hombres por el propio Dios para mostrar que la salvación tiene su origen precisamente en él.

c. Salvación para el creyente. “[Ningún otro nombre] en que debamos ser salvos”. El texto en el griego es específico. No dice que nosotros podemos ser salvos, porque esto indicaría que el hombre tiene la habilidad inherente de alcanzar la salvación. No dice que tenemos permiso de ser salvos, porque entonces la cláusula sugeriría incertidumbre. El texto es categórico. Dice: “en que debamos ser salvos”. La palabra debamos revela una divina necesidad establecida por Dios de acuerdo a su plan y decreto, para salvarnos a través de la persona y obra de Jesucristo.

   Además, esta palabra significa que el hombre está bajo obligación moral de responder al llamado de creer en Jesucristo y así ganar la salvación. Él no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la salvación sino a través del Hijo de Dios.

Consideraciones doctrinales en 4:11

   Algunos traductores han elegido la expresión cabeza del ángulo para la cita en Salmo 118:22, la que también se encuentra en el griego. Otras traducciones usan la expresión: piedra angular En los tiempos antiguos, la piedra angular era parte de los fundamentos sobre los cuales descansaba toda la estructura de un edificio o una casa. Nosotros usamos esta expresión cuando se hace la dedicación de un edificio y ponemos la piedra angular en su sitio respectivo. Figurativamente, la palabra se refiere a los elementos básicos de un sistema (es decir, su fundamento). A la expresión piedra principal se le da también el sentido de la piedra más alta ubicada en el arco de una puerta, o bien la piedra que mantiene unida la hilera más alta de piedras.

   El uso de cualquiera de estas expresiones no es importante cuando se está hablando de Cristo. El Mesías es la primera y la última piedra de la casa de Dios. Los rabinos entendían que los pasajes del Antiguo Testamento que hablan de la piedra angular (Sal. 118:22; Is. 8:14 [piedra]; 28:16) se refieren al Mesías. Y los escritores del Nuevo Testamento, siguiendo el ejemplo de Jesús (Mt. 21:42), aplicaron el término a Cristo (Ro. 9:33; Ef. 2:20; 1 P. 2:6).

2° Titulo:

Identidad De Los Seguidores De Cristo. Los Hechos 11:25-26. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. 

   Comentario: Bernabé prueba ser el hombre correcto que está en el lugar correcto. Se relaciona bien con la gente que vive en la ciudad capital de Antioquía: es bilingüe, conoce la cultura griega, y quizás trabaje en un oficio para sostenerse. Debido al incremento numérico de la iglesia antioqueña, Bernabé necesita ayuda. Él sabe que Pablo vive en Tarso y es un maestro muy capaz.

   Versíc. 25. Bernabé salió para Tarso para buscar a Saulo. 26. Cuando lo encontró lo trajo a Antioquía. Y durante todo un año se reunieron en la iglesia y enseñaron a un gran número de personas. Los discípulos por primera vez fueron llamados cristianos en Antioquía.

a. “Bernabé salió para Tarso para buscar a Saulo”. La distancia, en términos geográficos entre Antioquía y Tarso, era relativamente corta y viajando a pie podría cubrirse en unos pocos días. Tarso era una ciudad importante en Cilicia, provincia romana en el sudoeste de Asia Menor (la moderna Turquía). Era una ciudad universitaria de mayor prestigio, académicamente, que Alejandría y Atenas. Aquí nació Pablo. Él se describe a sí mismo como “un judío, de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad no insignificante” (21:39). E. M. Blaiklock sugiere que los judíos influyentes en esa ciudad habían pedido a Roma que les confiriera la ciudadanía romana con la provisión de que este privilegio se transmitiera por nacimiento a sus descendientes. Roma les concedió lo solicitado y como consecuencia, Pablo disfrutaba de la protección de la ciudadanía romana (16:37; 22:28).

   Después que Pablo salió de Jerusalén y viajó a Tarso vía Cesarea (9:30), parece haber desaparecido. Sin embargo, en vista de la referencia que hace Lucas a las iglesias en Cilicia (15:41), presumimos que Pablo, como un activo misionero a los gentiles, proclamó y enseñó el evangelio en esa área. Por lo tanto, no es extraño que Bernabé haya escogido a Pablo para que fuera su mano derecha en cuanto a enseñar la Palabra a los cristianos gentiles de Antioquía.

b. “Cuando lo encontró, lo trajo a Antioquía”. Lucas no dice cuánto tiempo anduvo Bernabé buscando a Pablo en Tarso y sus alrededores. Solamente dice que lo encontró y lo llevó a Antioquía. Bernabé sabía que Jesús había llamado a Pablo para ser un apóstol a los gentiles (9:27). Y aunque hubieran pasado varios años desde que ambos estuvieron juntos en Jerusalén, el llamado de Pablo se mantenía intacto. Bernabé informó a Pablo acerca de la entrada de gentiles en la iglesia antioqueña y lo invita a ser su maestro. Cuando Pablo accedió a acompañar a Bernabé y trabajar con él en Antioquía, hizo su debut como maestro a los cristianos gentiles.

c. “Y durante todo un año se reunieron con la iglesia”. Durante un año, Bernabé y Pablo enseñaron a los creyentes en Antioquía. Además, Lucas añade que ambos enseñaron a un gran número de personas. Esta información es indicativa del tremendo crecimiento de la iglesia cristiana en esa ciudad. Obviamente, Pablo estaba altamente calificado para enseñar que las Escrituras del Antiguo Testamento se habían cumplido con Cristo Jesús. En Jerusalén, había sido instruido en las Escrituras a los pies de Gamaliel (22:3) y después de su conversión cerca de Damasco, interpretó las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento desde la perspectiva de su cumplimiento.

d. “Los discípulos por primera vez fueron llamados cristianos en Antioquía”. Desde el derramamiento del Espíritu Santo en Jerusalén el día de Pentecostés, los seguidores de Jesús se referían a ellos mismos como hermanos, discípulos, creyentes, santos y aquellos que pertenecían al Camino. El tiempo había llegado, sin embargo, para que la gente que aceptaba a Jesús como su Señor y Salvador adoptara un nombre significativo y descriptivo. El nombre cristiano fue usado por primera vez en Antioquía, en el ambiente multinacional de aquella ciudad. El nombre aparece sólo dos veces en Hechos, aquí y en 26:28 (donde Herodes Agripa II reprende a Pablo por tratar de hacerlo un cristiano). La palabra también aparece en 1 Pedro 4:16. Pedro la usa en el contexto de sufrimiento e insta a sus lectores a no avergonzarse por llevar ese nombre. No es posible determinar si los antagonistas de la fe cristiana acuñaron el nombre griego Christianoi para difamar a los seguidores de Cristo. A la luz del comentario de Agripa a Pablo en el contexto del comentario de Pedro a sus lectores, nos inclinamos a pensar que los enemigos de la fe fueron los que les pusieron este nombre a los cristianos.

   La otra posibilidad es que fueron los propios creyentes los que cuidadosamente escogieron el nombre. Ellos no llamaron a sí mismos seguidores de Jesús, ni adoptaron el nombre que los judíos les daban “la secta de los nazarenos” (24:5). En lugar de eso, usaron el título oficial Cristo y, agregándole la terminación ianos (del griego-ianoi), indicaban que se identificaban completamente con Cristo. En forma similar los miembros de la familia del César, los soldados y los oficiales públicos se llamaban, a su vez, Kaisarianoi para demostrar su lealtad al emperador romano.

   Aunque los cristianos judíos podían permanecer bajo la sombrilla protectora de la “libertad religiosa” que el gobierno romano había concedido a los judíos, con la entrada de los gentiles en la iglesia los cristianos tuvieron que distinguirse de los judíos para lo cual asumieron un nuevo nombre. De todos modos, no es posible probar que los cristianos mismos acuñaron el término Christianoi. La ausencia de este término en la primera literatura cristiana (excepto en las cartas de Ignacio) “sugiere que en realidad no fue un nombre muy aceptado inicialmente por los cristianos mismos”. Así como los cristianos en Antioquía se dedicaron completamente a Cristo Jesús, nosotros debemos reflejar las virtudes, la gloria y el honor de Cristo. Como cristianos, somos hermanos y hermanas en la familia de la fe, ciudadanos en el reino de los cielos, y soldados en el ejército de Cristo.

Consideraciones prácticas en 11:26

¿Por qué nos llaman cristianos? El nombre cristiano quiere decir que nosotros estamos identificados completamente con Cristo porque somos sus discípulos. Pero para muchos cristianos esta identificación parece aplicarse solamente durante el culto de adoración de los domingos. Durante la semana muchos creyentes parecen poner a un lado la etiqueta de cristianos que usan el domingo cuando cantan alabanzas a Dios, leen las Escrituras, oran, y escuchan un sermón. ¿Cómo viven algunos cristianos? Algunos viven para conseguir dinero; otros están en proceso de destruir sus cuerpos mediante la dependencia de drogas; e incluso otros usan lenguaje profano e indecente como parte de su hablar diario. La pregunta, “¿Por qué nos llaman cristianos?” es personal y directa. A muchos cristianos los hace ruborizarse.

En el siglo XVI, el teólogo alemán Zacarías Ursinus hizo la misma pregunta y formuló la siguiente respuesta:

“Porque por la fe yo soy miembro de Cristo y participante de su unción, para que confiese su nombre, y me ofrezca a Él en sacrificio vivo y agradable; que en esta vida luche contra el pecado y Satanás con una conciencia libre y buena; y para que después de esta vida reine con Cristo eternamente sobre todas las criaturas”.

3er Titulo:

Causa Que Une A Los Cristianos, La Proclamación Del Evangelio. San Marcos 16:15-16. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. 

Comentario: Nuevamente nos encontramos sin indicación de lugar ni de tiempo; lo único que tenemos es “más tarde”. Sin embargo, parece que la referencia del versículo 14 es todavía a la tarde del día de resurrección. Fue entonces cuando la falta de fe se manifestó, y esto no sólo en el corazón y mente de Tomás (Jn. 20:24) sino también en los otros diez discípulos. Véase Lc. 24:36–49. Cuando repentinamente apareció Jesús ante sus discípulos en el lugar de reunión en Jerusalén, ellos pensaron que se trataba de un fantasma, y aun después ellos todavía “de gozo no lo creían”. Lucas 24:42 podría confirmar indirectamente las palabras del epílogo indicando que Jesús les apareció “estando ellos reclinados a la mesa”.

   Una vez que el epílogo ha resumido ya las apariciones registradas especialmente en Juan y en Lucas, le toca a Mateo. En el versículo 15 la escena cambia de Jerusalén a Galilea, según indica el paralelo de Mateo 28:16–20. El versículo 15 del epílogo es aproximadamente paralelo a Mateo 28:19, “La gran comisión”.

   El énfasis del versículo 16 en el epílogo no recae sobre el bautismo sino en el ejercicio de la fe, tal como en Mateo; cf. también Jn. 3:16, 18, 36. Por otro lado, la persona que por la soberana gracia de Dios se ha rendido a Cristo aceptará también con gratitud el bautismo como señal y sello de la salvación. De modo que el bautismo sigue a la fe, tal como en Hechos 2:41; 16:31–34, y en todos los lugares.

4° Titulo:

Mandato Ineludible De Cristo A Su Iglesia. San Mateo 28:18 al 20. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Comentario: 28:16–20 La gran declaración; La gran comisión; el gran consuelo.

Cf. Mr. 16:14–18; Lc. 24:36–49; Jn. 20:19–23; Hch. 1:9–11

   Para su mayor comprensión hay que tomar el Versíc. 16. Así que los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado ir. Nótese “once”. Judas había ido a “su propio lugar” (Hch. 1:25). Estos once sefueron a Galilea, porque allí es donde Jesús había prometido reunírseles (26:32) y donde lasmujeres, por la instrucción del ángel y de Jesús mismo (28:7, 10) les había indicado ir. En lascitas anteriores no se hace mención de ningún monte. No sabemos si esto puede explicarsesuponiendo que pasajes tales como los ya mencionados—26:32; 28:7, 10 y sus paralelos enMarcos—nos dan un relato abreviado de lo que fue dicho, o si el Salvador resucitado huboindicado a este monte en alguna de sus otras apariciones.

   Lo que sí sabemos es que fue muy bondadoso de parte del Salvador resucitado encontrarse con sus discípulos en la proximidad de sus casas y donde vivían muchos amigos y creyentes. Este monte debe haber sido un lugar de escenario pintoresco y apacible tranquilidad—lejos del tumulto de las bulliciosas ciudades y aldeas. Sobre todo, un lugar de dulces recuerdos, tanto para Jesús mismo como para quienes le seguían, le traía a la memoria lo que había sucedido antes, tal vez en esta misma cima, tal vez en otras (Mt. 5:1; 14:23; 15:29; 17:1; Mr. 3:13; Jn. 6:3, 15). Fue en un monte que Jesús llamó a sus discípulos; sería también un monte el lugar desde donde se despediría de ellos.

   En las Escrituras se registran alrededor de una docena de apariciones del Cristo resucitado. Es muy posible que la presente aparición a los once coincida con o sea parte de la aparición a “los quinientos hermanos” (1 Co. 15:6), la mayoría de los cuales estaban todavía vivos cuando Pablo escribió 1 Corintios.

   El evento de la ascensión del Señor a los cielos no ocurrió en Galilea sino desde el monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Para aquel relato uno debe dirigirse a Lc. 24:50, 51; y a Hch. 1:4–11. Exceptuando el relato resumido que se encuentra en la discutida porción del Evangelio de Marcos (véasep.ej., Jn. 6:62; 14:2, 12; 16:5, 10, 16, 17, 28; 17:5; 20:17; Ef. 1:20–23; 4:8–10; Fil. 2:9; 1 Ti. 3:16; Heb. 1:3; 2:9; 4:14; 9:24; Ap. 12:5).

   Volviendo a Galilea y al relato de la última aparición de Jesús registrada en el Evangelio de Mateo y que puede haber ocurrido muy poco antes de la ascensión, leemos: 17. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Cuando repentinamente los discípulos vieron a Jesús se postraron delante de él en un acto de adoración. Sin embargo, algunos dudaban. Desde el mismo principio los discípulos habían tenido dificultad para creer que Jesús realmente había resucitado de los muertos (Lc. 24:10, 11). Cuando por fin lo creyeron diez, uno (Tomás) todavía no se convencía. También él llegó a convencerse (Jn. 20:24–28).

   ¿Debemos creer que escasamente antes de la ascensión quedaban unos pocos discípulos que aún no creían el hecho de la resurrección de Cristo? Probablemente que no. Sin duda, todos estaban ya profundamente convencidos de ese hecho. Sin embargo, otro problema era si este hombre, que repentinamente les aparece acá en Galilea, era el Cristo resucitado. ¿Era quizá algún otro?

   Se han ofrecido muchas soluciones respecto a este problema. ¿Podría ser que la más simple sea también la mejor, a saber, que al principio esta misteriosa persona se le aparece a bastante distancia? Luego él se les acerca y la duda desaparece, aunque esto no se dice en tantas palabras. Lo que leemos es: 18. Entonces Jesús se acercó y les habló, diciendo…Jesús avanza para que ellos puedan verle y escucharle mejor. Entonces viene la gran declaración, la gran comisión, y el gran consuelo.

La gran declaración

   Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. Cf. Dn. 7:14; Mt. 16:28; 24:30; 26:64. Jesús aquí reclama para sí todo el poder y el derecho para ejercerlo. Cuando dice, “me ha sido dada”, naturalmente interpretamos esto como la alusión a un don que él recibió como Mediador resucitado. Uno podría añadir: “como una recompensa por la realización de su obra mediadora, la expiación efectuada”. Pero ¿no hizo él una declaración un tanto parecida mucho antes de su muerte y resurrección? Véase 11:27. No sólo esto, ¿acaso no ejerció también durante los días de su humillación poder sobre todas las enfermedades, incluyendo la lepra, sobre el hambre, demonios, vientos y olas, corazones humanos y aun la muerte? ¿Acaso no demostró esto en muchas ocasiones? Cierto, pero existe una importante diferencia. Antes de su triunfo sobre la muerte el uso de ese don estaba siempre restringido de algún modo. Por ejemplo, debió decir al leproso que no diera a conocer que había sido curado (8:4). Los hombres ciegos a quienes fueron abiertos los ojos reciben una orden parecida (9:30). Él se abstiene de pedir al Padre que envíe legiones de ángeles a rescatarle (26:53). Claro que él mismo no desea esta ayuda, pero la autorrestricción también es restricción. Sí, levanta de la muerte a la hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naín, y a Lázaro. En el momento de su muerte algunos santos resucitan. Pero, aunque todo esto fue ciertamente asombroso, no es lo mismo que ejercer realmente un poder ilimitado sobre cielo y tierra, haciéndolo proclamar por todas partes sin ninguna restricción, y luego al fin del siglo levantar a todos los muertos y juzgar a todos los hombres. Es la investidura del Cristo resucitado con esta soberanía sin restricciones y universal lo que Jesús ahora reclama para sí y que especialmente dentro de unos pocos días, después de su ascensión al cielo, comienza a ejercer. Ese es el galardón por su obra (Ef. 1:19–23; Fil. 2:9, 10; Ap. 5; etc.).

   ¿Por qué hace Jesús esta declaración? Respuesta: para que cuando ahora comisiona a sus discípulos para proclamar el evangelio a través del mundo, ellos sepan que cada momento, cada día, pueden contar con él. ¿Acaso no es ésta la clara enseñanza de pasajes tan preciosos como Jn. 16:33; Hch. 26:16–18; Fil. 4:13; y Ap. 1:9–20? No sólo esto, sino que todos estos discípulos y aquellos que más tarde les sigan deben exigir que cada uno, en todas las esferas de la vida, reconozca con regocijo a Jesús como “Señor de señores y Rey de reyes” (Ap. 17:14). “La gran declaración” es por tanto una adecuada introducción a:

La gran comisión

   Versíc. 19, 20a. Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Podríamos decir que este pasaje es de un significado tan fundamental que debedecirse algo acerca de cada palabra o combinación de palabras.

“Id”

   Esto se pone en un contraste bastante fuerte con el “no vayáis” de 10:5. Cf. 15:24. Es evidente que el particularismo del período anterior a su resurrección ha dado ahora lugar definitivamente al universalismo. No es que Jesús haya cambiado de opinión. Es muy claro a partir de la historia de los magos no judíos (2:1–12) que vinieron a adorar al Rey recién nacido y de otros pasajes tales como 8:11, 12; 15:28; 21:43; 22:8–10, que la evangelización del mundo estuvo desde el principio mismo incluida en el propósito de Dios. Véase también Jn. 3:16; 10:16. Como se ha señalado, tampoco Mateo tenía en mente algo menos que esto. Pero como fue dicho en conexión con 10:5, “Estaba en el plan de Dios que el evangelismo se propagara entre las naciones desde Jerusalén”. Cf. Hch. 1:8. Por lo tanto, el orden divinamente instituido fue, “al judío, primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16). El momento de hacer preparativos en serio para la propagación del evangelio a través del mundo había llegado ahora.

   “Id” también implica que los discípulos—y esto vale para los hijos de Dios en general—no deben concentrar toda su atención en “venir” a la iglesia. Deben también “ir” para llevar las preciosas noticias a otros. Por supuesto, no pueden “ir” a menos que antes hayan “venido” y a menos que se mantengan tanto viniendo como yendo. Ellos no pueden dar a menos que estén dispuestos a recibir.

“Por tanto”

   Esto ya ha sido explicado en conexión con “la gran declaración”. En pocas palabras esto significa: Id, a. porque vuestro Señor así lo ha ordenado; b. porque él ha prometido impartir la fuerza necesaria; y c. porque él es digno del homenaje, y la fe y la obediencia de todo hombre.

“Haced discípulos”

   El original dice literalmente, “Por tanto, habiendo ido, haced discípulos …” En estos casos tanto el participio como el verbo que le sigue puede ser—en el caso presente debe ser— interpretado con fuerza de imperativo. “Haced discípulos” es en sí mismo un imperativo. Es un mandato enérgico, una orden.

   Pero, ¿qué se quiere decir precisamente con “haced discípulos”? No es exactamente lo mismo que “haced convertidos”, aunque por supuesto lo segundo queda implícito. Véase sobre 3:2; 4:17. El término “haced discípulos” pone algo más de énfasis en el hecho de que tanto la mente como el corazón y la voluntad deben ser ganadas para Dios. Un discípulo es un alumno, un aprendiz. Véase sobre 13:52. También véase sobre 11:29 para las palabras relacionadas.

   Por tanto, los apóstoles deben proclamar la verdad y la voluntad de Dios al mundo. Es necesario que los pecadores sepan acerca de su propia condición perdida, de Dios, de su plan de redención, de su amor, de su ley, etc. Sin embargo, esto no es suficiente. El verdadero discipulado implica mucho más. Un entendimiento puramente mental hasta ahora no ha hecho ningún discípulo. Es parte del cuadro, de hecho, una parte importante, pero sólo una parte. La verdad aprendida debe ser practicada. Debe ser apropiada por el corazón, la mente y la voluntad, para que uno permanezca o continúe en la verdad. Sólo entonces uno es verdaderamente “discípulo” de Cristo (Jn. 8:31).

   No debería otorgarse inmediatamente a cada persona que se presenta como candidato a miembro de una iglesia todos los derechos y privilegios que pertenecen a los miembros. Hay expositores que ponen todo el énfasis en que “la boda estaba llena de invitados” (Mt. 22:10). Ellos olvidan los vv. 11–24.

“De todas las naciones”

   Véase bajo el encabezamiento “Id”.

   “Bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

   El verbo principal es “haced discípulos”. Subordinado a éste será: a. bautizándoles, y b. enseñándoles. En este tipo de construcción gramatical sería completamente equivocado decir que, porque la palabra bautizándoles precede a la palabra enseñándoles, la gente debe ser bautizada antes de ser instruida. Es muy natural que bautizar sea mencionado primero, pues, aunque una persona es bautizada una vez (ordinariamente), continúa siendo instruida a través de toda su vida.

   Los conceptos “bautizar” y “enseñar” son simplemente dos actividades, coordinadas la una con la otra, pero ambas subordinadas a “hacer discípulos”. En otras palabras, por medio de ser bautizada e instruida una persona llega a ser un discípulo, en el entendido, por supuesto, de que este individuo está preparado para el bautismo y dispuesto a apropiarse de la enseñanza. El contexto deja muy claro que Jesús aquí está hablando de aquellos que son lo suficientemente maduros para ser considerados objetos de la predicación. Aquí él no está hablando de niños pequeños.

   A fin de estar preparado para el bautismo se requiere el arrepentimiento (Hch. 2:38, 41). Se requiere “recibir la palabra” (Hch. 2:41). Esto también muestra que el bautismo debe ser precedido por cierta cantidad de enseñanza.

   El bautismo debe ser en el nombre—nótese el singular: un nombre; por lo tanto, un Dios— del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Un nombre, como se indicó anteriormente—véase sobre 6:9; 7:22; 10:22, 41, 42; 12:21—representa a aquel que lo lleva. Por lo tanto, “siendo bautizados en el nombre de”, significa “siendo llevados a una relación vital con” aquel Uno, considerado tal como él se ha revelado.

   ¿Debemos bautizar “en” o “al” nombre? El debate sobre esto se ha sostenido ya por muchos años. Ahora, puesto que aun en español—al menos en el trato familiar—“en” tiene frecuentemente el sentido de “dentro de”—“niños, entren en la casa”—una decisión sobre este punto no puede ser tan importante como algunos tratan de hacerlo aparecer. Sin embargo, considerando todo, creo que “en” con el sentido de “dentro de” puede justificarse. Ni “en” en el sentido de “dentro de” ni “en” en el sentido de “a” son necesariamente equivocados. Para ambos sentidos podrían presentarse buenos argumentos. Pero cuando decimos “te bautizo en el nombre de”, podría entenderse que se dice “te bautizo por mandato de” o “por la autoridad de”, lo que desde luego no es lo que se ha querido decir. 1 Co. 1:13 parece decir, “¿fuisteis bautizados en—con el sentido de “dentro de”—el nombre de Pablo?” Asimismo, al v.15, “… bautizados en—con el sentido de ‘a’—mi nombre”. Cf. 1 Co. 10:2. Y asimismo aquí en Mt. 28:19, “en—con el sentido de ‘a’—el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” tiene buen sentido.

   No es que el rito del bautismo en sí lleve a una persona a una unión vital con el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mas, según las Escrituras lo siguiente es cierto: a. la circuncisión era un signo y un sello de la justicia de Cristo aceptada por la fe (véase Ro. 4:11 en su contexto); b. el bautismo tomó el lugar de la circuncisión (Col. 2:11, 12); c. por lo tanto, también el bautismo debe considerarse como un signo y un sello de la justicia de Cristo aceptada por la fe.

   De acuerdo con esto, cuando por medio de la predicación de la Palabra una persona ha sido llevada de las tinieblas a la luz y confiesa que el Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo es el único objeto de su fe, esperanza y amor, el sacramento del bautismo es el signo y el sello de que Dios el Padre le adopta como su hijo y heredero; que Dios el Hijo lava sus pecados por su preciosa sangre; y que Dios el Espíritu Santo mora en él y le santificará; en realidad impartiéndole aquello que objetivamente ya tiene en Cristo y por fin llevándole de la iglesia militante a la iglesia triunfante.

“Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”

   Como ya se ha comentado, este enseñar precede y también sigue al bautismo. La iglesia primitiva insistía en que la persona a quien había sido proclamado el evangelio, antes de ser admitida como miembro debía dar muestra de arrepentimiento genuino y de poseer los conocimientos básicos del cristianismo. “La iglesia primitiva estaba tan interesada en la edificación como en el evangelismo, tanto en la santificación como en la conversión, tanto en el gobierno de la iglesia como en la predicación”.

   Que tal enseñanza no debe cesar cuando una persona ha sido bautizada se entiende de las palabras, “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Considérese:

a. Todos los maravillosos discursos de Cristo

b. Todas sus parábolas; tanto en a. como en b. se incluye gran cantidad de “mandatos” tanto implícitos como explícitos. Entre ellos están:

c. “Dichos” preciosos, tales como: “Permaneced en mí … que os améis unos a otros … daréis testimonio también” (Jn. 15:4, 12, 27); “Amad a vuestros enemigos” (Mt. 5:44); “Niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame” (Lc. 9:23).

d. Predicciones específicas y promesas o garantías: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35); “En el mundo tendréis aflicción, más confiad, yo he vencido al mundo”. Repárese en las instrucciones implícitas para la conducta cristiana.

e. Añádase esto: las lecciones sobre la cruz, la hipocresía, la proclamación del evangelio; sobre la oración, la humildad, la confianza, el espíritu perdonador, la ley.

f. ¿Y no está el relato de la permanencia de Cristo sobre la tierra—las narraciones de sus curaciones, viajes, sufrimientos, muerte, resurrección, etc.—lleno de “mandatos” implícitos?

   “Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”, ¡qué orden! Para los once en primer lugar y para todos los maestros ordenados; pero en un sentido ciertamente también para toda la iglesia, todos sus miembros. Cada miembro verdadero es un testigo.

   En vista del hecho que después de la ascensión de Cristo había cierta indecisión de parte de los líderes cristianos para proclamar el evangelio a los gentiles (véase Hch. 10:14, 28; 11:1–3, 19; Gá. 2:11–13), hay quienes creen que la Gran Comisión es en sí un mito o que la iglesia se olvidó pronto de ella. Ellos sostienen que, en el libro de Hechos, en las epístolas y en el libro de Apocalipsis no se perciben rastros de su influencia.

   ¿Cómo se puede estar tan seguro de esto? ¿Acaso no atestiguan los siguientes pasajes a la posible influencia, entre otros factores, de la Gran Comisión? Véanse Hch. 2:38, 39; 3:25; 4:12; 10:45; 11:1, 18; 13:46–49; 14:27; 15:7–11, 12, 13–19; 17:30; 19:10; 21:19, 20a; 22:15, 21; 26:15–20; 28:28; Ro. 1:5, 14–16; 11:32; Gá. 2:9; 3:28; Ef. 3:8, 9; Col. 3:11; 1 Ti. 1:15; Ap. 7:9, 10; 22:17.

El gran consuelo

   20b. Y recordad, yo estoy con vosotros día tras día hasta el fin del mundo. Cf. Jn. 14:23; Hch. 18:10. No hay nada de ambigüedad en cuanto a esta garantía. Ha sido llamada una promesa; es una realidad. Nótese la enfática introducción: “Recordad” o “tomad nota”, “poned mucha atención”, “mirad”. El pronombre “Yo”, incluido en el verbo, es escrito también como una palabra separada y es muy enfática, como si dijera, “Nada menos que yo mismo estoy con vosotros”. “Con vosotros” no solamente “para siempre”, sino “todos los días”, o “día tras día”. Pensad en estos días siguiéndose uno por uno, cada uno con sus aflicciones, problemas y dificultades, pero cada uno acompañado por la promesa, “Mi gracia te es suficiente. No te dejaré ni te abandonaré”. Esto continúa hasta el final o la consumación de la era. Y aun entonces no habrá nada que temer; véase Mt. 25:31–40.

   Al principio, en el medio, y al final del Evangelio de Mateo, Jesucristo garantiza a la iglesia su presencia constante y consoladora:

1:23

“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: ‘Dios con nosotros’”.

18:20

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

28:20

“Y recordad, yo estoy con vosotros día tras día hasta el fin del mundo”.

Amen, para gloria de Dios

1a de Corintios 10.31. 31 si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP 2019. Comentario Mundo Hispano.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.