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Lunes 17 de agosto de 2020 “La Iglesia Apostólica Nos Enseña A Velar Por El Necesitado”

Lunes 17 de agosto de 2020 “La Iglesia Apostólica Nos Enseña A Velar Por El Necesitado”

   Lectura bíblica: Los Hechos Cap. 11, versículos 27 al 30. 27En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 29Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; 30lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

Comentario: 4. Predicción y cumplimiento: 11:27–30

   Como historiador, Lucas habla en términos generales (compare 12:1) y no da fechas exactas. De la información acerca de la hambruna y el contexto histórico en Hechos y otras fuentes, podemos conjeturar que Agabo predijo el hambre en la primera parte de la década de los cincuenta. Los eruditos difieren en cuanto a la fecha exacta, pero la evidencia histórica parece respaldar el punto de vista de que esta hambruna ocurrió alrededor del año 46 d.C.715

   [27]. En ese mismo tiempo algunos profetas vinieron de Jerusalén a Antioquía. 28. Uno de ellos, llamado Agabo, se levantó y predijo a través del Espíritu que habría grande hambruna en todo el mundo romano.

Esto ocurrió durante el reinado de Claudio.

   Hagamos los siguientes comentarios:

-a. Los profetas. El vínculo entre las iglesias en Jerusalén y Antioquía parece ser fuerte, porque con el tiempo algunos profetas van de Jerusalén a Antioquía para visitar a los creyentes. Se trata de profetas cristianos que tienen el don del Espíritu Santo (v. 28) y vienen para fortalecer a los creyentes en su fe (13:1). Aun cuando esta es la primera vez que Lucas menciona profetas, sabemos por otros pasajes del Nuevo Testamento que profetas interpretaban y predicaban la Palabra de Dios, animaban al pueblo y anunciaban hechos que habrían de ocurrir. Se diferenciaban de los profetas del Antiguo Testamento por su función. Los profetas del Antiguo Testamento principalmente anunciaron el nacimiento y la venida de Cristo. Pero después que Jesús hubo venido, la profecía mesiánica cesó y los profetas del Nuevo Testamento predicaron el evangelio y predijeron lo que habría de venir. Además, el evangelio de Cristo había sido confiado a los apóstoles, quienes cumplieron un papel principal en la iglesia cristiana. Así, en la lista que Pablo hace, aparecen primero los apóstoles, y luego los profetas (véase Ef. 4:11).

-b. La predicción. Uno de los profetas era Agabo, quien predijo que una hambruna habría de azotar a todo el imperio romano. Agabo sólo predice, no profetiza. De igual manera, cuando Pablo llegó a Cesarea al final de su tercer viaje misionero, Agabo vino de Judea y predijo el encarcelamiento de Pablo (21:10–11). El hecho que este profeta estuviera lleno con el Espíritu Santo significa que Dios quería comunicarse con su pueblo respecto a un hecho futuro. Este suceso afectó las vidas no sólo de los cristianos sino de todos los que vivían en el imperio romano.

   La hambruna predicha por Agabo ocurrió durante el reinado del emperador Claudio, quien gobernó entre los años 41 y 54 d.C. Lucas habla de una severa hambruna, porque en diferentes grados de intensidad afectó a todo el imperio romano. Egipto vendió grano para ayudar al pueblo hambriento en Jerusalén. Chipre suplió de higos, y los cristianos en Antioquía enviaron ayuda a los creyentes en Judea (v. 29). El hambre azotó a diferentes partes del imperio romano. Por lo tanto, interpretamos la descripción de Lucas, “grande hambruna sobre todo el mundo romano”, no en un sentido literal, sino en un sentido amplio.

   [29]. Y los discípulos, cada uno de ellos según sus posibilidades financieras, decidieron enviar ayuda a los hermanos que vivían en Judea. [30]. Y la ayuda la enviaron a los ancianos con Bernabé y Saulo.

   El propósito de la visita de los profetas de Jerusalén fue informar a los creyentes antioqueños de la gran hambre que ocurriría en Judea y la forma desastrosa en que afectaría a los cristianos que vivían en esa región. La iglesia en Antioquía no recibió el mensaje sólo como mera información, sino que de inmediato hizo planes para aliviar la necesidad de los creyentes en Judea.

   Lucas describe el dedicado amor de los cristianos de Antioquía en términos entusiastas: “Y los discípulos, según sus posibilidades financieras, decidieron enviar ayuda a los hermanos que vivían en Judea”. La iglesia antioqueña decidió establecer un fondo de ayuda al cual cada persona contribuyó según sus recursos se lo permitían. Sobre una base voluntaria, entregaron sus donativos para mostrar su amor hacia los hermanos en necesidad. De hecho, “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7). Al enviar ayuda para contrarrestar el hambre de la iglesia judía en Jerusalén, la iglesia gentil derribó la muralla de separación entre judíos y gentiles.

   Por décadas, quizás como un resultado de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, la iglesia en Jerusalén se iba empobreciendo. Durante sus viajes misioneros, Pablo pidió a las iglesias gentiles donativos para ayudar a los pobres de Jerusalén. Los cristianos gentiles deseaban agradecer a los cristianos judíos por haber compartido con ellos sus bendiciones espirituales. Así, retribuyendo la gentileza, enviaron bendiciones materiales a los hermanos de Jerusalén (véase Ro. 15:27).

   En su informe, Lucas es extremadamente breve. No dice nada respecto al tipo de ayuda que los creyentes de Antioquía enviaron a Jerusalén y cuando hicieron los despachos. Suponemos que a Bernabé y a Pablo entregaron una suma de dinero, y estos la llevaron a destino (véase v. 30). Además, creemos que los dos enviados llegaron a Jerusalén antes que la hambruna se desatara. Debemos recordar que los profetas fueron a Antioquía con el propósito de informar a los cristianos de allí acerca de la necesidad entre los creyentes en Judea. Cuando las noticias llegaron a los antioqueños, su respuesta fue inmediata y espontánea. Comisionaron a Bernabé y a Pablo para llevar los donativos a los ancianos de Jerusalén y así demostraron la unidad visible de la iglesia de Cristo.

   Dos asuntos requieren de una explicación. Primero, los creyentes de Antioquía enviaron a sus mejores maestros a Jerusalén para que fueran sus representantes. Bernabé aprovechó la ocasión para informar a la iglesia en Jerusalén acerca del trabajo que él y Pablo habían llevado a cabo en Antioquía (véase v. 22). Para Pablo, este viaje fue una suerte de regreso a casa nostálgico. Años antes él había salido de Jerusalén porque los judíos de allí lo buscaban para matarlo (9:29–30). Regresaba ahora sin saber si sus enemigos le permitirían permanecer en la ciudad sin peligro. ¿Era esta la visita a Jerusalén “catorce años después” que Pablo había salido (Gá 2:1)? Dejamos esta pregunta en suspenso, porque tiene que ver con la visita de Pablo en ocasión del Concilio de Jerusalén (véase el comentario sobre 15:2).

   Luego, el versículo 30 es la primera vez que se menciona a los ancianos de la iglesia en Jerusalén. Cuando Pablo y Bernabé establecieron iglesias en Asia Menor, nombraron ancianos en cada iglesia (14:23; véase también 20:17). Y cuando Pablo escribió su carta a Tito, quien fue un pastor en la isla de Creta, le da instrucciones para que nombre ancianos en cada pueblo (Tit. 1:5). Lucas introduce la expresión griega presbyteroi (ancianos) en conexión con los líderes de la iglesia en Jerusalén. Este liderazgo fue diseñado según la sinagoga judía, en la cual el concilio de ancianos cumplió un importante papel de liderazgo.

Definiciones: Necesidad, Necesario, Necesitado, Necesitar

  1. Nombres
  2. creia (χρεία, 5532), denota una necesidad, en expresiones como «tener necesidad de» o «haber necesidad de» alguna cosa (p.ej., Mt 3.14; traducido en la RVR como «necesito», lit.: «tengo necesidad de»; 6.8; 9.12; 14.16; Mc 14.63; Lc 5.31; 22.71: «necesitamos»; lit.: «necesidad tenemos», en un contexto interrogativo; Ef 4.28; 1Ts 4.9).

   En Lc 10.42 se traduce «solo una cosa es necesaria», donde la única cosa no es desde luego un plato, ni una persona, sino que se debe explicar en base de Mt 6.33 y 16.26. En Ef 4.29, «para la necesaria edificación», la RVR77 traduce más ajustadamente «para edificación según la necesidad», esto es, «para suplir lo que se necesite en cada caso»; así lo presenta Westcott, que añade «la necesidad representa un vacío en la vida que la palabra sabia «edifica», llena sólida y fuertemente». En Flp 4.19, «lo que os falta», esto es, «cada necesidad vuestra»; en 1 Ts 4.12, «necesidad»; Hch 28.10: «las cosas necesarias» es, lit. «de las cosas para la necesidad». Véase FALTA (LO QUE).

  1. ananke (ἀνάγκη, 318), significa: (a) necesidad, lo que tiene que ser. Se traduce «es necesario» en Mt 18.7; en Lc 14.8: «necesito» es, lit. «tengo necesidad» (con el verbo eco, con el nombre como objeto); en Ro 13.5: «es necesario»; véase también 1 Co 7.37; 9.16; 2 Co 9.7 (con ek, fuera de); Flp 14 (con kata, de acuerdo con); Heb 7.12: «necesario»; 9.16: «necesario»; (b) angustia, dolor, traducido «necesidades» en 2 Co 6.4; 12.10. Para Lc 21.23, véase CALAMIDAD.
  2. justerema (ὑστέρημα, 5303), véase DEFICIENCIA, A; se traduce «necesidad» en 2 Co 8.14; véase también FALTA.
  3. Adjetivos (I)
  4. anankaios (ἀνανκαῖος, 316), necesario (derivado de A, Nº 2). Se traduce «necesario» en Hch 13.46; 1 Co 12.22: «más necesarios»; 2 Co 9.5. En Flp 1.24, anankaioteros, grado comparativo, se traduce «más necesario»; 2.25; Tit 3.14: «de necesidad» (VM: «necesarios»); para Hch 10.24: «más íntimos»,
  5. epanankes (ἐπάνανκης, 1876), adjetivo relacionado con A, Nº 2, con epi, utilizado intensivamente, y que solo se encuentra en forma neutra. Se utiliza como adverbio, significando «de necesidad», y traducido como adjetivo en Hch 15.28, «necesarias», lit.: «cosas de necesidad».
  6. epitedeios (ἐπιτήδειος, 2006), primariamente apropiado, conveniente, luego útil, necesario. Se traduce «las cosas que son necesarias» en Stg 2.16, donde aparece en neutro y plural. En la LXX, 1 Cr 28.2: «apropiado».
  7. Adjetivo (II) endees (ἐνδεής, 1729), de endeo, faltar, significa necesitado, uno que sufre necesidad; y se traduce «necesitado» en Hch 4.34 (RV, RVR, RVR77; VM: «indigente»).
  1. Verbos
  2. crezo (χρήζω, 5535), necesitar, tener necesidad de (relacionado con cre, es necesario, apropiado). Se utiliza en Mt 6.32; Lc 12.30: «tenéis necesidad»; Lc 11.8; Ro 16.2: «necesite»; 2 Co 3.1: «tenemos necesidad».
  3. dei (δεῖ, 1163), verbo impersonal que significa es necesario, es preciso, se debe. Se encuentra con la mayor frecuencia en los Evangelios, Hechos y Apocalipsis, y se utiliza: (a) de una necesidad debido a la naturaleza misma del caso (p.ej., Jn 3.30: «es necesario»; 2 Ti 2.6: «debe»); (b) de una necesidad impuesta por las circunstancias (p.ej., Mt 26.35: «sea necesario»; Jn 4.4: «era necesario»; Hch 27.21, habría sido … conveniente»; VM: «debíais»; 2 Co 1.30: «es necesario»); en el caso de Cristo, por causa de la voluntad del Padre (p.ej., Lc 2.49; 19.5); (c) por la necesidad en cuanto a lo que se precisa para poder conseguir un resultado (p.ej., Lc 12.12: «debáis»; Jn 3.7: «es necesario»; Hch 9.6: «debes»; 1 Co 11.19: «es preciso»; Heb 9.26: «hubiera sido necesario»); (d) de una necesidad impuesta por ley, por el deber, por la equidad (p.ej., Mt 18.33: «debías»; 23.23: «era necesario»; Lc 15.32: «era necesario»; Hch 15.5: «es necesario»; Ro 1.27: «debida», de una retribución demandada por la ley de Dios; véase también Ro 8.26; 12.3; 1 Co 8.2); (e) de la necesidad que surge del determinado consejo y de la voluntad de Dios, «es necesario» p.ej., Mt 17.10; 24.6; 26.54; 1 Co 15.53), especialmente con respecto a la salvación de los hombres mediante la muerte, resurrección y ascensión de Cristo (p.ej., Jn 3.14; Hch 3.21; 4.12). Véanse CONVENIR, DEBER, PRECISO.
  4. justereo (ὑστερέω, 5302), el término está relacionado con A, Nº 3, venir detrás o estar atrás. Se utiliza en el sentido de carecer de ciertas cosas (Mt 19.20: «me falta»; Mc 10.21: «una cosa», cf. Nº 4 en Lc 18.22; Lc 22.35: «os faltó»); en el sentido de ser inferiores (1 Co 12.24, en la voz media: «que … faltaba»). Se traduce «tuve necesidad» en 2 Co 11.9; «para padecer necesidad» (Flp 4.12). Véanse FALTAR, INFERIOR (SER), y también ALCANZAR, TENER NECESIDAD.
  5. leipo (λείπω, 3007), dejar. Denota: (a) transitivamente, en la voz pasiva, ser dejado atrás, «sin que os falte cosa alguna» (Besson: «en nada faltando»); v. 5: «tiene falta»; 2.15: «tienen necesidad»; (b) intransitivamente, en la voz activa (Lc 18.22: «aún te falta una cosa» es, lit. «una cosa está faltando a ti»; Tit 1.5: «lo deficiente», esto es, «las cosas que faltaban»; 3.13: «que nada les falte»). Véase DEFICIENTE bajo DEFICIENCIA, B.
  6. ofeilo (ὀφείλω, 3784), deber, estar atado, obligado a hacer algo. Indica una necesidad que se desprende de la naturaleza del tema bajo consideración; p.ej., en Heb 2.17, traducido «debía» (RV, RVR, RVR77; VM: «convenía»), del cumplimiento de la justicia y amor de Dios, voluntariamente exhibidos en lo que Cristo cumplió, a fin de que Él fuera un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel; en 1 Co 5.10: «os sería necesario salir del mundo»; en 7.36 se utiliza de manera impersonal, significando «es necesario», seguido por el infinitivo de ginomai, venir a ser, acontecer, suceder, lit.: «es necesario que venga a ser así». Véanse DEBER, DEUDOR.
  7. prosdeomai (προσδέομαι, 4326), precisar, además, necesitar además (pros, además; deomai, necesitar). Se utiliza en Hch 17.25: «como si necesitase algo»; no se debe acentuar el sentido literal de pros. En la LXX, Pr 12.9: «carece de pan».
  8. astheneo (ἀσθενέω, 770), carecer de fuerzas (véanse DÉBIL, DEBILITAR, C, y también ENFERMAR, A, Nº 1). Se traduce «necesitados» en Hch 20.35 (RVR, RVR77; RV: «enfermos»; VM: «débiles»).

Nota: El nombre creia se traduce en ocasiones, junto con el verbo eco, tener, como «necesitar», lit.: «tener necesidad» (p.ej., Mt 3.14; Lc 9.11). Véase A, Nº 1.

Citas bíblicas de: Necesitados: Reina Valera 1960

Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre. Deuteronomio 15.7          

   Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra. Deuteronomio 15:11

   Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar. Jeremías 22.3

   Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 1 Juan 3:17

   Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Santiago 2.15-16       

   Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Isaías 1:17           

   Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mateo 25:44-46

   Pensamiento: Las Escrituras es clara en dar su enseñanza de velar por el necesitado (citas Bíblicas más arriba), pero cual es el necesitado, el necesitado podríamos decir dos tipos 1) Espiritualmente 2) y el pobre económicamente. Entonces las escrituras enseñas que debemos como creyentes velar por nuestros hermanos de escasos recursos, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, por los presos. ¿Pero cuanto egoísmo hay hoy en el creyente? Hoy se puede decir cada uno vela por si mismo, porque nadie tiene cuidado de su hermano necesitado, cada creyente se centra en prioridades. Hoy la tecnología, los buenos trabajos el resultado de sus buenas profesiones, eso los lleva a buscar mejores condiciones de vida, mas comodidades, confort, pero se han olvidado de su hermano pobre que tiene necesidades tanto como material y también necesidades espirituales, la iglesia de hoy a perdido el blanco, hoy se le cierra la puerta al más pobre. Pero la enseñanza nos quiere despertar que abramos la mano como dice el proverbio “Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso”. (Proverbios 31:20). Pero el tema dice velar y que es velar es estar atento, despierto, vigilante, con un ojo vigilante donde se origina una necesidad, con un corazón doliente, preocupado, que pasa con mi hermano que este enfermo, con el que esta sin trabajo, con aquel que esta sufriendo alguna decepción, algún sufrimiento espiritual, emocional. Pero muchas veces decimos en nuestro corazón tiene que aprender solo como yo aprendí solo, pero tenga cuidado Dios nos va a llamar a mí y a usted tenderemos que dar cuenta de todos lo que podíamos hacer y no lo hicimos, por lo que estaba a nuestro alcance y no lo hicimos. Dios despierte a los creyentes a practicar las Escrituras.

1er Titulo:

Debemos estar atentos para socorrer a nuestros hermanos. Santiago 2:14 al 17. 14Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 

Comentario: La y las obras Santiago 2:14–17

   La carta que Santiago ha escrito tiene vida. Se relaciona con cualquier lector, superando toda barrera de tiempo, cultura, edad o raza. Cuando el escritor involucra al lector de su epístola en el tratamiento y le hace preguntas, éste tiene una verdadera participación en un tema relevante. Ese tema es la fe.

   [14]. ¿De qué sirve, hermanos míos, que uno afirme que tiene fe si no tiene obras? ¿Puede una fe así salvarle?

   Santiago comienza formulando dos preguntas directas a las cuales el lector sólo puede contestar con una respuesta negativa. La fe sin obras es inútil para el hombre, ya que no puede darle salvación. ¿Significa esto que la fe no salva al hombre? Pablo escribe: “Pero al que no obra, sino que confía en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia” (Ro. 4:5).

   ¿Está Pablo diciendo una cosa y Santiago otra? De ningún modo. Lo que sucede es que Santiago está mirando una de las caras de la moneda llamada fe, y Pablo la otra. En otras palabras, Santiago explica el lado activo de la fe y Pablo el lado pasivo. En cierto sentido los escritores dicen la misma cosa, aunque contemplen la fe desde diferentes perspectivas. Pablo se dirige al judío que busca obtener la salvación obedeciendo la ley de Dios. A este Pablo le dice: “No son las obras de la ley sino la fe en Cristo la que trae la salvación”. Por el contrario, Santiago dirige sus observaciones a la persona que dice que tiene fe, pero no la pone en práctica. Considérense los siguientes puntos:

   -a. Fe sin obras. ¿Qué quiere decir Santiago cuando habla de la fe? Por cierto, que no se está refiriendo a una afirmación doctrinal llamada confesión de fe tal como el testimonio Jesús es Señor (1 Co. 12:3). La diferencia entre confesar la fe por medio de una confesión—por ejemplo, recitando el Credo Apostólico— y confesar activamente nuestra fe por palabra y obra reside en que la fe expresada en la confesión puede ser nada más que un asentimiento meramente intelectual sin obras que lo confirmen. Esto es lo que Santiago tiene en mente cuando pregunta: “¿De qué sirve, hermanos míos, que uno afirme que tiene fe si no tiene obras?”.

   Santiago es específico. Dice: “si uno afirma que tiene fe”. No escribe. “Si un hombre tiene fe”. Santiago da a entender que la fe de esta persona en particular no es una confianza genuina en Jesucristo, De hecho, la proclamación que ese hombre hace de su fe está vacía. Si se limita a asentir con la cabeza a las palabras de una afirmación doctrinal, su fe es intelectual, estéril y vana.

   La fe en Dios por medio de Jesucristo es una certeza que fluye de nuestros corazones, emana de nuestras mentes y se traduce en hechos. Una fe vibrante en palabra y obra, hablada y ejecutada por amor a Dios y a nuestro prójimo, nos salva.

   [15]. Supongamos que un hermano o hermana se encuentra sin ropa y carece de sustento diario. [16]. Si uno de vosotros le dice: “Vé en paz; caliéntate y sáciate”, pero no hace nada acerca de sus carencias corporales, ¿de qué sirve?

   -b. Palabras sin obras. Para Santiago, la fe y el amor van juntos. El recurre a una vivida ilustración para describir a alguien que no es un extraño ni un vecino sino un “hermano o hermana”.

   Este hermano y hermana en el Señor “pertenecen a la familia de los creyentes” (Gá. 6:10) que mira con anhelante expectación a los miembros de la iglesia esperando ayuda en su tiempo de necesidad. Santiago escribe que el hermano y hermana están sin ropa, es decir están pobremente vestidos, y que tienen necesidad del alimento diario. La situación es desesperada, en especial cuando el tiempo es frío.

   ¿Cuál es la respuesta a esta necesidad? “Si uno de vosotros”, dice Santiago, “que actúa como vocero solamente dice palabras huecas, pero rehúsa ayudar, ¿de qué sirve que diga que tiene fe?”. Las palabras son muy buenas: “Ve en paz”. Esta es una típica despedida hebrea que aparece muchas veces en la Escritura y en los Apócrifos (Jue. 18:6; 1 S. 1:17; 20:42; 29:7; 2 S. 15:9: 2 R. 5:19; Mr. 5:34; Lc. 7:50; Hch. 16:36; Jdt. 8:35). Este saludo es más o menos nuestro equivalente de “adiós” (Dios vaya contigo).

   Opino que el dicho ve en paz resume el dicho popular Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Es decir, que el hermano y hermana hambrientos y temblorosos hagan lo necesario por salir ellos mismos de su propia situación. “Caliéntense y sáciense”. Si el hermano y la hermana afligidos por la pobreza solamente se esforzarán, tendrían suficiente para comer y suficiente ropa para vestirse. Y Dios los bendeciría.

   La ironía de toda la situación es que el que habla razona desde su propio punto de vista, porque él mismo tiene suficiente ropa para proteger su cuerpo del frío y suficiente comida para mantenerse bien alimentado. Él es, sin embargo, quien dice palabras vacías que no le cuestan nada y que no tienen sentido para el oyente.

   Si esta persona no hace nada acerca de las necesidades físicas de su hermano o hermana, ¿de qué valor es su fe? Santiago da la respuesta en el próximo versículo.

[17]. Así también la fe, por sí misma, si no va acompañada por la acción, está muerta.

   -c. Fe muerta. A veces los cristianos proclaman el evangelio del Señor sin tener en cuenta para nada las necesidades físicas de sus oyentes. Le hablan a la gente acerca de la salvación, pero parecen olvidar que la gente empobrecida necesita ropa y comida para hacer que el evangelio sea relevante. A menos que la palabra y el hecho vayan juntos, a menos que la predicación del evangelio vaya acompañada por un programa de acción social, a menos que la fe sea demostrada por medio de un cuidado y preocupación amorosa, esa fe está muerta.

   Al enseñar la parábola del sembrador, Jesús distingue entre la fe transitoria y la fe verdadera. La fe transitoria es como la semilla sembrada sobre el terreno rocoso; no tiene raíz y dura solo un poco de tiempo (Mt. 13:21). Una fe así termina en una muerte inevitable.

   En contraste con eso, la verdadera fe es como la semilla que cae en buen terreno y produce una cosecha abundante. La verdadera fe está firmemente enraizada en el corazón del creyente.

   Particularmente en este versículo el escritor contrasta la fe que está viva con la fe que está muerta. Describe una fe vibrante al recordarle a sus lectores el ejemplo de Abraham ofreciendo a su hijo Isaac (v.21). Y usa un sinónimo para representar el término muerto. Es así que él escribe que “la fe sin obras es estéril” (v.20) bastardillas añadidas). Entonces, la fe que está muerta todavía es fe, pero es inútil, carece de valor.

   Un ejemplo de la fe que no tiene valor es la fe del rey Agripa en los profetas. A causa de su trasfondo cultural, Agripa conocía el contenido de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Pablo afirma que Agripa creía los profetas (Hch. 26:27). Pero la fe intelectual en sí misma, está muerta.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:14–17

   Para Santiago, la fe y las obras deben ir juntas y no se pueden separar. La verdadera fe resulta en obras que demuestran una forma de vida peculiarmente cristiana y prueban que el creyente está en una relación salvadora para con Dios. Una fe carente de obras no es genuina y por lo tanto es completamente diferente de la fe que está comprometida con Cristo.

   Santiago dirige su enseñanza en contra de aquellas personas que opinan que solamente la fe importa, y que la fe consiste en realidad en una confesión intelectual (2:19). Esa fe puramente objetiva que se expresa en una declaración confesional, está muerta. Difiere de la fe subjetiva que exhibe una relación personal con Jesucristo. La verdadera fe tiene características subjetivas y objetivas. Subjetivamente, el cristiano pone su fe en Dios porque sabe que Dios recompensa a la persona que diligentemente le busca (Heb. 11:6). Ha aprendido que “todo lo que no viene de la fe es pecado” (Ro. 14:23). Su fe se manifiesta en amor a Dios y al prójimo, de modo tal que en lo objetivo sus obras son un testimonio elocuente de su fe en Dios.

   Para Pablo y para Santiago las obras son consecuencia natural de la verdadera fe (Fil. 1:27; 1 Ts. 1:3; Stg. 2:20– 24). Por supuesto, el hombre no puede usar sus obras para obtener el favor de Dios. El hombre obtiene la salvación por la gracia por medio de la fe como don de Dios (Ef. 2:8), “no por obras”, dice Pablo, “para que nadie se gloríe” (v.9). De allí que las obras no tengan en sí mismas poder salvador. No obstante, en el marco en que Santiago escribe su epístola, él “proclama la necesidad de las obras para la salvación”. Santiago no le está sugiriendo a sus lectores que por medio de sus obras ellos pueden obtener la paz con Dios. Al contrario, él enseña que las obras fluyen de un corazón que está en paz con Dios.

2° Titulo:

Valiosa enseñanza del apóstol en concordancia con Jesús. Los Hechos 20.35. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. 

   Comentario: [35]. “En todo les he mostrado por medio del trabajo duro que de esta manera debemos ayudar al menesteroso y recordar las palabras del Señor Jesús, quien dijo de sí mismo, ‘Más bienaventurado es dar que recibir’”.

   Este versículo provoca cinco preguntas:

-a. ¿Qué es trabajo duro? En toda situación, dice Pablo a los ancianos efesios, yo les he enseñado a trabajar duro y con sus ingresos ayudar al menesteroso. La frase trabajar duro no necesita ser limitada a trabajo físico, sino que también comprende trabajo mental y espiritual. En el griego del Nuevo Testamento, el verbo trabajar se refiere tanto a trabajo corporal (p.ej., Mt. 6:28; Lc. 5:5; 12:27) como al esfuerzo desplegado por los maestros del evangelio y los promotores del reino de Dios (1 Co. 15:10; 16:16).

-b. ¿Quiénes son los menesterosos? En los días de Pablo, el mundo gentil carecía de las virtudes de amor y misericordia. Nadie cuidaba del pobre, del desamparado, del enfermo, o de las personas físicamente débiles. Los cristianos fueron en busca de aquellos en necesidad debido al amor y a la misericordia que ellos mismos habían recibido de Cristo. Cuidaron del pobre, visitaron al enfermo, y ayudaron al menesteroso. Y lo hicieron sin fijarse cuándo, dónde, o a quién ayudaban (véase Mt. 25:37–40).

-c. ¿Era conocido este dicho? Pablo exhorta a los ancianos efesios a obedecer la regla que Jesús mismo había dado: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Nótese que Pablo introduce este dicho del Señor con la orden recordar las palabras. Durante su ministerio en Éfeso, Pablo había enseñado con toda fidelidad los dichos de Jesús, de tal manera que los ancianos estaban bien al tanto de su significado. Y uno de estos dichos era la regla relacionada con la bendición de dar. Ninguno de los cuatro evangelistas registra este dicho en sus respectivos Evangelios, aunque es una auténtica palabra dicha por el Señor.

-d. ¿Cuál es el significado de este bien conocido proverbio? No debemos pensar que la bendición es sólo para el que da y no para el que recibe. El receptor de algo recibe la bendición a través de lo que se le da. Pero la virtud de dar es un reflejo de la actividad continua de Dios. El deseo más grande de Dios es dar. Cuando el hombre sigue el ejemplo de Dios, recibe una bendición divina, porque demuestra que es uno de los hijos de Dios. Lo que Jesús da a entender en este proverbio es que el acto de dar, no el de tomar o el de arrebatar algo para uno mismo, es bienaventurado. El contraste en este dicho es comparable a la afirmación de Jesús de que él vino a servir, no a ser servido (Mr. 10:45). El cristiano debe mostrar su amor hacia su prójimo dándole de sus bienes con alegría (véase Lc. 6:30; 2 Co. 9:7b).

-e. ¿Es esta una palabra genuina de Jesús? Dichos populares de las culturas persa, griega y judía son similares a la afirmación de Jesús; por ejemplo, “Es mejor para un hombre libre dar donde él debe que recibir donde él debe”. Pero las analogías no desvirtúan lo genuino de la máxima de Jesús. Jesús no copió de la Regla de Oro de Confucio, “Hagan a los demás como quieran que ellos hagan con ustedes” (Lc. 6:31 NVI). Mientras Jesús habló positivamente, Confucio se expresó negativamente: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”.

Consideraciones prácticas en 20:34–35

    El Nuevo Testamento enseña la dignidad y la importancia del trabajo, por el cual el trabajador puede atender a las necesidades de su familia y de las personas que no pueden trabajar (1 Ts. 4:11–12; 1 Ti. 5:8). La comunidad cristiana debe siempre cuidar de los pobres (Gá. 2:10; 6:10). A la inversa, cada persona capaz debe ocuparse en un trabajo conveniente.

   En las palabras de la Didache, “Que cada uno ‘que viene en el Nombre del Señor, sea recibido.… Si no tiene oficio [ocupación] provéasele según su comprensión, de modo que nadie viva entre ustedes en ociosidad porque es un cristiano”.

3er Titulo:

Clara doctrina de ayunar y abrir la mano. Isaías 58: 5 al 7. 5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? 6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 

   Comentario: La palabra ki 3588 con que empieza el v. 2 ha sido traducida por la RVA con la palabra, Pero; aunque otros traductores y comentaristas indican que debe ser traducida con la palabra Ciertamente, pues introduce la descripción del culto judío que en la superficie tiene todos los visos de autenticidad, pero no cuenta con la aprobación divina ni tiene resultados positivos palpables en la vida, la prosperidad y en la pacificación del pueblo. Israel debe ser consciente de este estado de cosas, y el profeta es comisionado para mostrárselo (v. 1).

   A diferencia de la religión sincretista de los samaritanos, amonitas y otros pueblos cercanos a Judá (57:5–9), el culto de los judíos impresiona por su espiritualidad, por su credo y por su apego al único y verdadero Dios, lo cual se expresa en un acercamiento “rabínico”, académico a la palabra escrita de Dios (v. 2; comp. Neh. 7:7b–8:13).

   Uno de los aspectos de la religión judía que tenía para el pueblo matices de profunda espiritualidad eran las prácticas del ayuno. Aparte del único ayuno estipulado en la ley de Dios, el ayuno del Día de la Expiación (Lev. 16:29), en que el ayuno es una expresión de humillación personal (lit. “afligir el alma”), se habían establecido los siguientes ayunos:

  1. El ayuno del mes décimo (10 de Tevet) en memoria del comienzo del asedio de Jerusalén.
  2. El ayuno del mes cuarto (17 de Tamuz), cuando se abrió brecha en las murallas de Jerusalén.
  3. El ayuno del mes quinto (9 de Ab), día de la destrucción del templo.
  4. El ayuno del mes séptimo (3 de Tishréi); este es el ayuno de Gedalías.

   Estos días de ayuno no fueron anulados después de la reconstrucción del templo (comp. Zac. 7:19 y las notas de RVA allí para las fechas de los ayunos).

   Estos ayunos eran formulismos carentes de significado religioso. La conducta del pueblo en estos días confirma esta aseveración, que en más de una ocasión un día de ayuno se convirtió en un tumulto o una ocasión de explotación de parte de los dirigentes y los que se daban el lujo de ayunar, contra aquellos a quienes sometían a trabajo forzado (vv. 3, 4).

   El argumento divino cuestiona la validez de una costumbre si carece de contenido ético (vv. 5–7). Si se trata de conseguir algo de parte de Dios a costa de esfuerzo y de cierta incomodidad, dice el Señor, ¿No consiste, más bien, el ayuno que yo escogí, en desatar las ligaduras de impiedad… (alusión a la esclavitud del judío por el judío)? Ver v. 6; comp. Nehemías 5:5. ¿No consiste en compartir tu pan con el hambriento y en llevar a tu casa a los pobres sin hogar? (v. 7; comp. Neh. 5:17). El libro de Nehemías nos revela cómo este guía del pueblo enseñó con su ejemplo las demandas éticas de Dios. Sólo el mínimo sacrificio de una persona a favor de su prójimo es considerado por Dios como verdadero ayuno y verdadera religiosidad (v. 5; comp. Stg. 1:26, 27). Sólo cuando esto ocurra en la vida del pueblo despuntará la luz que anuncia la redención y la victoria (v. 8). Sólo entonces habrá una respuesta inmediata y positiva a la oración: Entonces invocarás, y Jehovah te escuchará. Clamarás, y él dirá: “¡Aquí estoy!” (v. 9).

   Entonces Israel empezará a cumplir el objetivo divino de ser luz a las naciones (v. 10b). Luego se verificará una restauración ecológica y la reconstrucción del país (vv. 11, 12). Entonces, cuando el sábado sea realmente consagrado a Jehovah, el pueblo se deleitará en su Dios y podrá tener la victoria sobre los problemas insalvables (vv. 13, 14). Las promesas de Dios tienen el sello de confirmación que comprometen su mismo nombre: Porque la boca de Jehovah ha hablado.

   El ayuno es un día para afligir el alma; si no expresa un verdadero pesar por el pecado y no fomenta el abandono del pecado, no es ayuno. Estos profesantes habían mostrado tristeza en ayunos establecidos y ocasionales, pero abrigaban el orgullo, la codicia y las pasiones malignas. Ser generoso y misericordioso es más aceptable para Dios que el ayuno, que sin dichos elementos es vano e hipócrita. Muchos que parecen humildes en la casa de Dios son duros en su hogar y acosan a su familia. Pero no justifica al hombre su fe si no obra por amor. Sin embargo, hay personas, familias, vecindarios, iglesias o naciones que muestran arrepentimiento y pena por el pecado ayunando sinceramente y, con motivos justos, arrepintiéndose y haciendo buenas obras. El pesado yugo del pecado y la opresión debe ser quitado. Como el pecado y el dolor secan los huesos y debilitan la constitución humana más fuerte, así los deberes de la bondad y la caridad fortalecen y refrescan cuerpo y alma. Los que hacen justicia y aman misericordia tendrán consuelo aun en este mundo. —Las buenas obras traerán la bendición de Dios, siempre y cuando sean hechas por amor a Dios y al hombre, y las produzca en el alma el Espíritu Santo.

4° Titulo:

El que da al pobre a Jehová presta. Eclesiastés 11: 1 y 2. 1Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. 2Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra. 

   Comentario: Echa tu pan sobre las aguas (11:1). Se han dado a este proverbio dos interpretaciones: una de ellas tiene que ver con el comercio marítimo y sería una exhortación a arriesgarse en ellos ya que la recompensa es segura; la otra, con la generosidad en socorrer a los necesitados que a la larga traerá su recompensa (Prov. 19:17. A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.).

   Reparte a siete, y también a ocho (v. 2). Como en el versículo anterior también este puede interpretarse de dos maneras: con referencia a tener más de una manera de ganarse la vida porque si uno tiene una sola manera, y esta fracasa, el fracaso es total; la otra interpretación sería una exhortación a ser generosos con nuestros bienes en toda circunstancia posible para asegurar la gratitud y la recompensa. Como pensaba el mayordomo injusto (Luc. 16:1–9), solo que el Predicador se refiere al uso de los propios bienes. Puede referirse a la sabiduría de la diversificación y no limitarse a una la actividad o inversión.

   Vv. 1—3. Salomón insta a los ricos a hacer el bien al prójimo. Dar generosamente, aunque parezca que se tira y se pierde. Dar a muchos. No te excuses del bien que tienes aún para hacer, con un bien que ya hiciste. No se pierde, sino que es un bien depositado. Tenemos razón para esperar el mal, porque nacimos problemas; sabiduría es hacer el bien en el día de la prosperidad. — Las riquezas no nos pueden aprovechar si no beneficiamos a los demás. Todo hombre debe trabajar para ser una bendición en el lugar donde la providencia de Dios lo ponga. Donde estemos podemos hallar buena obra que hacer, si tenemos el corazón dispuesto. — Si magnificamos cada pequeña dificultad, planteamos objeciones y penurias fantásticas, nunca iremos adelante y, mucho menos, terminaremos con nuestra obra. Los vientos y las nubes de la tribulación están en las manos de Dios preparados para probarnos. La obra de Dios será según su palabra, sea que lo veamos o no. Bien podemos confiar en que Dios nos provea, sin nuestros afanes ansiosos e inquietos. No te canses de hacer el bien, porque, a su tiempo, en el tiempo de Dios, cosecharás, Gálatas 6: 9. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. 

Semillero homilético: Dos consejos muy sabios: 11:1, 2

   Introducción: Durante siglos se ha debatido el significado de estos versículos y su aplicación específica. De todos modos, tienen verdades que nos ayudan a vivir mejor.

   Echa tu pan sobre las aguas, v. 1.

   Puede tener interpretación de índole económica, animando al lector para involucrarse en forma activa en comercios. Algunos interpretan el pan como referencia a barcos comerciales, lo cual era negocio muy común en aquel entonces.

   Puede tener interpretación de aplicación social, de ofrecer ayuda a las personas necesitadas, sin evaluar el caso específico. Uno tiene la confianza de que tarde o temprano recibe recompensa por tales actos de misericordia.

Reparte a siete y también a ocho, v. 2.

   Extender nuestras relaciones sociales a otras personas. Tendemos a limitar los contactos a los amigos probados desde hace años. Pero el escritor nos anima a cultivar nuevas relaciones. Buscar maneras de multiplicar nuestros negocios y actos de caridad para alcanzar a más personas.

   Conclusión: Aunque el autor podría ser pesimista en decir que todo es vanidad, nos da consejos que pueden servir en forma positiva. Estos dos consejos tienen mucho que nos puede beneficiar si los seguimos.

   Pensamiento: Este versículo está en medio de una serie de “proverbios” que tienen que ver con sabiduría para la vida cotidiana.

Encuentro dos explicaciones que concuerdan con la realidad:

(1) Una exhortación a comerciar con diligencia y da la seguridad de cosechar los frutos de sus labores. Posiblemente con referencia a comerciar los granos con otras naciones por medio del mar.

(2) Una exhortación a la benevolencia hacia los demás (no con el propósito de ganar uno mismo), pero sí con la promesa de recibir su bendición.

Es difícil estar seguro cuál de las dos sea la correcta. Al menos no encuentro la evidencia adecuada en el lenguaje para insistir que la primera o la segunda sea la correcta. Ambos expresan un principio general que tiende a ser cierto. Un proverbio no es algo absoluto sino algo que por lo general será así. Por lo general el individuo industrioso o trabajador cosecha los frutos de sus labores, pero hay excepciones al caso. Por lo general, el individuo misericordioso, también recibirá bendición en esta vida al tener necesidad, pero no siempre es así tampoco.

Texto áureo: Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Los Hechos 11:29).

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Bibliografía: Comentario del mundo hispano; Comentario del Nuevo Testamento William Hendriksen; Comentario de la biblia por Matthew Henry; Biblia de Referencia Thompson; Diccionario Bíblico.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.