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Lunes 16 de noviembre de 2020. “Intercesión De Cristo En Favor Del Creyente Y Del mundo Entero”

Lunes 16 de noviembre de 2020. “Intercesión De Cristo En Favor Del Creyente Y Del mundo Entero”

Lectura Bíblica: 1ª de Juan Cap. 2, versículos 1 y 2. 1Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 2Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 

   Definición: Intercesión – Diccionario Bíblico Sencillo

tip, DOCT vet, En general, la acción de uno que busca el bien de otro, interviniendo en su favor, para conseguirle un beneficio, perdón, etc. Hay muchos casos de intercesión en las Escrituras, y se puede señalar en el AT la intercesión de Abraham ante Dios por Sodoma (Génesis 18:23-33). las múltiples intercesiones de Moisés buscando el perdón de Dios hacia una nación rebelde (Éxodo 32:11-14). (Éxodo 21-24) «ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie». (Éxodo 33:12-16). cfr.(Deuteronomio 9:13-29). y muchos otros ejemplos, como los de Samuel, Daniel, Esdras y Nehemías, orando por la bendición y restauración de su pueblo.

En el NT nos encontramos con el gran Intercesor, Cristo. El término gr., «entunchanõ», significa «encontrarse con», interceder. Se refiere a la intercesión de Cristo en favor de sus santos, mientras se hallan en su estado presente, para llevarlos a ser como corresponde a la posición que les ha sido dada por el perdón justificador, y también para levantarlos por encima de sus pruebas, y conducirlos como sacerdotes a los goces y actividades correspondientes al santuario espiritual (Romanos 8:34) «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros». (Hechos 7:25) «Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más ellos no lo habían entendido así». El Espíritu Santo también intercede por los creyentes, cuando ellos no saben orar como debieran, y lo hace con gemidos indecibles (Romanos 8:26-27). En (1 Timoteo 4:5) «porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado». se nos ordena que intercedamos por todos los hombres.

    Intercesión – Diccionario Alfonso Lockward

   Acto de hablar con una persona con el propósito de conseguir para otra algún bien, o para defenderla. El término traduce una palabra hebrea que significaba “asaltar a alguien con peticiones”. Abraham intercedió ante Dios por Sodoma (1Re 2:13-25).

   En el NT es traducción de la palabra entuncanö para decirnos que “Cristo es el que murió … el que también intercede por nosotros” (Apo 12:10). la vida de oración el creyente necesita la ayuda del Espíritu Santo, “pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles…. porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Stg 5:16). •Oración.

   Comentario: Aparte de Jesús, no hay nadie que sea libre de pecado. Aun si conocemos la ley y los preceptos de Dios, tropezamos y pecamos de vez en cuando. ¿Qué remedio hay para la persona que ha caído en pecado? Juan da la respuesta señalando a Jesucristo, que es nuestro ayudador.

[1]. Queridos hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a alguien que habla ante el Padre en defensa nuestra—Jesucristo, el Justo.

   Juan se dirige a sus lectores con términos de afecto y la mejor traducción es “queridos hijos míos”. Él es su padre espiritual, por así decirlo, y ellos son sus hijos. Esta expresión aparece con cierta frecuencia en esta epístola, razón por la cual llegamos a la conclusión que la misma refleja la autoridad de Juan como apóstol en la iglesia y revela al mismo tiempo su avanzada edad. Él es la persona que puede a la vez relacionarse con los padres y con los jóvenes, y dirigirse a ellos en términos cariñosos.

-a. Consuelo. Juan escribe en primera persona singular (“Os escribo esto”) como un amoroso pastor que exhorta a sus lectores a no caer en pecado. Nótese que no está diciendo que viven en pecado; la comunión de ellos con Dios descarta esto. Pero Juan está plenamente consciente de la debilidad humana y del poder seductor de Satanás. Él se refiere a asuntos que ya subrayara en el capítulo precedente y dice: “Os escribo [estas cosas] para que no pequéis”. Se coloca a la par de sus lectores y los alienta en su lucha en contra del pecado. Sabe que desean vivir una vida santa, pero que ocasionalmente pecan. El pecado separa y aleja al pecador de Dios. Juan escucha el ruego del creyente que ha caído en pecado y que pregunta: “Pastor, qué debo hacer?”.

   Juan ofrece palabras de consuelo “pero si alguno peca, tenemos a alguien que habla ante el Padre”. Aunque un creyente cometa algún pecado, todavía sigue siendo un hijo de Dios. La comunión entre el Padre y el hijo o hija es interrumpida a causa del pecado, pero la relación Padre-hijo continúa, a menos que el hijo rehusé reconocer su pecado. ¿Cómo se restaura entonces la comunión?

-b. Consejero. “Tenemos a alguien que habla ante el Padre en defensa nuestra”, escribe Juan, “a Jesucristo, el Justo”. Tenemos un Abogado. La versión que utilizamos amplía el concepto de abogado y lo especifica con la frase “alguien que habla … en defensa nuestra”. Imaginemos una corte legal ante la cual el culpable es llamado a comparecer. El pecador necesita un abogado designado por la corte para representarlo. Dios, que es el demandante, designa a su Hijo como intercesor y ayudante del acusado.

   Nuestro defensor es Jesucristo, a quien Juan describe como “el Justo” (compárese con Hch. 3:14). Como pecadores, tenemos el mejor ayudador posible, porque éste es justo. Es decir, en su naturaleza humana Jesús es nuestro hermano (Heb. 2:11), conoce nuestra debilidad (Heb. 4:15), nos salva (Heb. 7:25) y es nuestro intercesor. Él es también el Mesías de Dios, el Cristo, el que ha cumplido las demandas de la ley en lugar nuestro y que ha recibido por lo tanto el título de él Justo. Como Abogado sin pecado él nos representa ante la corte.

[2]. Él es el sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino también por los pecados de todo el mundo.

   Juan desarrolla dos ideas en este versículo: la idea del sacrificio de Jesús y la del alcance de su sacrificio. Consideraremos en primer lugar el sacrificio de Jesús.

-a. “Él es el sacrificio propiciatorio por nuestros pecados”. Las traducciones de esta cláusula específica varían. Aquí tenemos algunas versiones representativas:

  1. “Y él es la propiciación por nuestros pecados” (RVR, BdA).
  2. “Él es sacrificio de purificación por nuestros pecados” (BJ).
  3. “El … expía nuestros pecados” (NBE).
  4. “Él es sacrificio de purificación por nuestros pecados” (NTdT).

   ¿Cuál es el significado de este texto? Las expresiones propiciación y expiación son términos teológicos que pertenecen a épocas anteriores.99 Por esta razón, hoy en día los traductores han tratado de encontrar equivalentes modernos de estos términos. Algunos han aportado una paráfrasis del texto; intentan aclarar su significado con las palabras sacrificio expiatorio sustituyendo así tanto la palabra “propiciación” como “expiación”.

   Antes de analizar más de cerca la redacción, debemos considerar un pasaje paralelo. En dicho pasaje Juan utiliza la misma redacción, pero el contexto enfatiza el amor de Dios. “Esto es amor. No que nosotros amamos a Dios, sino que él nos amó y envió a su Hijo como sacrificio expiatorio por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10; consultar también Ro. 3:25; Heb. 2:17). Por consiguiente, debemos notar que en su amor Dios entregó a su Hijo como sacrificio de expiación por nuestros pecados.

   Dios inició su amor por un mundo pecador al dar a su Hijo para cubrir el pecado y quitar la culpa. Este don tuvo como resultado la muerte de Jesús en la cruz. Jesús llegó a ser el sacrificio aceptable para efectuar la reparación y redimir al hombre de la maldición que Dios había pronunciado sobre el mismo. En cuanto a la relación quebrantada entre Dios y el hombre, Jesús trajo paz (Ro. 5:1) y reconciliación (2 Co. 5:20–21). Y con referencia al pecado del hombre ante Dios, Jesús lo quitó pagando la deuda (1 Jn. 1:7, 9). Con su sacrificio propiciatorio, Cristo quita el pecado y la culpa, demanda una confesión de pecado por parte del creyente e intercede ante Dios a favor del pecador.

   -b. “Y no sólo por los nuestros sino también por los pecados de todo el mundo”. Aquí Juan se refiere al alcance del sacrificio propiciatorio de Cristo. Los estudiosos habitualmente comentan que el alcance de la muerte de Cristo es universal, pero que su propósito abarca a los creyentes. En otras palabras, la muerte de Cristo es suficiente para todo el mundo, pero eficiente sólo para los escogidos. Juan Calvino hace la observación, sin embargo, que, aunque estos comentarios son ciertos, los mismos no corresponden a este pasaje.101 La frase todo el mundo no abarca a toda criatura que Dios ha hecho, porque entonces también los ángeles caídos compartirían la redención de Cristo. La palabra todo describe al mundo en su totalidad, no necesariamente en su individualidad.

   En otro contexto, Juan distingue entre “los hijos de Dios” y “los hijos del demonio” (1 Jn. 3:1, 10) y luego llega a la siguiente conclusión: “Jesucristo puso su vida por nosotros” (v. 16). Jesús murió por todos aquellos que creen en él y que vienen “de toda nación, tribu, pueblo y lenguaje” como una “gran multitud que nadie puede contar” (Ap. 7:9).102

Consideraciones prácticas acerca de 2:1–2

   El domingo durante el culto tú cantas las palabras de los himnos y de los salmos, y en compañía de tus hermanos de la iglesia recitas las palabras del Credo Apostólico. Pero durante la semana caes en pecado.

   ¿Cómo sabes entonces que eres un cristiano? En tus momentos de mayor debilidad la duda y la incertidumbre entran en tu mente y te preguntas si realmente eres miembro de la familia de los creyentes. Cuando has pecado, oyes la voz de Satanás acusándote ante Dios y diciéndole a él que de ninguna manera puedes ser uno de sus hijos. Además, la comunidad cristiana se entristece por tu pecado, y el mundo se cuestiona tu sinceridad cristiana. A causa de tu pecado, aunque oigas las palabras del himno: “En Jesucristo, el Rey de paz …”, las mismas carecen de significado para ti. Te falta la certidumbre de la salvación.

   A los cristianos a quienes les falta certeza, Juan les escribe el siguiente mensaje de consuelo y confianza: “Si alguno peca, tenemos a uno que habla ante el Padre en defensa nuestra—Jesucristo, el Justo” (2:1). Jesús es su ayudador. El murió por los pecadores y los representa como abogado defensor ante el estrado judicial de Dios. Y en base a su muerte él reclama un veredicto de inocencia.

   Jesús ha cumplido las demandas de Dios. Ha derrotado a Satanás y silenciado sus acusaciones. Cuando los creyentes vienen a él en oración y piden perdón, Jesús les ofrece una salvación gratuita y plena. El escritor de Hebreos da el siguiente testimonio: “Porque, ciertamente, no es a ángeles a quienes él ayuda, sino a los descendientes [espirituales] de Abraham. A causa de esto, él tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, para poder llegar a ser un misericordioso y fiel sacerdote al servicio de Dios, y para poder expiar los pecados del pueblo” (2:16–17).

   ¿Cómo sé que soy cristiano? Cuando acepto el testimonio de Jesús de que él ha muerto por mí y me ha limpiado de todos mis pecados, entonces “conozco a aquel en quien he creído” (2 Ti. 1:12). Y entonces movido por el agradecimiento, estoy listo y dispuesto a obedecer sus mandamientos y a hacer su voluntad.

1er Titulo:

Cristo intercediendo en favor del débil. San Lucas 22:31 y 32. 31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos

   Comentario: [31, 32 93. Simón, Simón, ¡cuidado! Satanás ha pedido zarandearos como a trigo. Pero yo he orado por ti, que tu fe no falte completamente; y tú, cuando hayas vuelto (a mí), fortalece a tus hermanos.

   Como se mostró en el resumen dado antes del v. 14, Lucas ahora dirige su atención desde los Doce a Simón Pedro. Hay expositores que creen que esta conversación entre Jesús y Simón debe haber ocurrido una vez que el grupo hubo salido del aposento alto. Basan esta conclusión en Mt. 26:30–33 y en Jn. 13:31–38. Sin embargo, otros sostienen que es enteramente posible que el Maestro comenzara a hacer la advertencia a Pedro mientras el grupo aún estaba en el aposento alto y que la conversación entre ese discípulos y Jesús continuó después.

   Nótese lo siguiente:

   -a. Jesús llama Simón a su discípulo, no Pedro (esto es, no antes del v. 34), la Roca. Si a este hecho se le puede atribuir alguna significación, bien podría ser que el Maestro deseara fijar la atención de este líder en el hecho de que por sí mismo es una criatura débil, de ningún modo un hombre de estabilidad, no una roca.

   -b. La repetición (“Simón, Simón”) indica énfasis y profunda preocupación. Para otros casos de esta forma de estilo véase sobre 10:41.

   -c. Jesús dice: “He aquí” o “Fíjate bien”, “Presta atención” o “¡cuidado!”, según la traducción que se prefiera. Simón jamás podrá decir que no recibió advertencia.

   -d. Satanás.

   Raras veces comprendemos que más allá de la lucha que ocurre en el corazón y del conflicto entre fuerzas contrarias aquí en la tierra, probablemente haya un encuentro mucho más intenso en el mundo espiritual. En el caso presente, el ardiente deseo de Satanás, su demanda insistente, había sido contrarrestada por la oración del Salvador por la salvación de Simón. Para otros casos de esta guerra supraterrenal véanse Job 1:6–12; 2:1–6; Zac. 3:1–5.

   -e. “Satanás ha deseado zarandearos como a trigo”.

   El zarandeo del trigo se refiere básicamente a la sacudida repetida, rápida y violenta del trigo en el tamiz. Alguien—con frecuencia una mujer—toma el tamiz con las dos manos y comienza a agitarlo vigorosamente de lado a lado para que el tamo suba a la superficie. Esto entonces es desechado. Luego, da al tamiz un movimiento como de columpio, levantándolo ya de un lado luego del otro, soplando al mismo tiempo para que la paja restante forme un montón que se pueda sacar fácilmente. Por supuesto, el propósito es guardar el trigo que ahora queda separado de la paja y de otros materiales indeseables.

   Entonces, lo que Jesús está diciendo es esto: los discípulos también van a verse sometidos a una severa prueba. Esa prueba va a ocurrir esta misma noche y probablemente con frecuencia después durante sus vidas. Pero el énfasis está en los sucesos de esa misma noche.

   -f. Aunque Jesús está dirigiéndose a una persona, a saber, Simón, está anunciando lo que le va a ocurrir a todo el grupo: nótese “Satanás ha pedido zarandearos” (no “zarandearte”)

   -g. Satanás ha “deseado” esto es, ha pedido tener para sí. Nuevamente nos recuerda la historia de Job, cómo Satanás exigió que se le diese libertad para hacer su gusto a aquel eminente hijo de Dios.

   -h. Pero he orado por ti. Nótese aquí el singular ti, a saber, Simón. No es que Jesús no hubiera orado por los demás discípulos. Oró por ellos esta misma noche (Jn. 17:6–19), y debe haber orado por ellos muchas veces anteriormente. Pero en este pasaje la referencia es a la intercesión de Jesús por Simón, por Simón solo. No sabemos la razón de ello. ¿Fue quizás porque Simón era el líder reconocido, un hombre de quien se esperaba pudiera ejercer influencia sobre los demás? Otras sugerencias que se han hecho son: porque Simón era terco, impetuoso, un caso difícil pues.

   –i. La sustancia de la oración de Cristo era “que tu fe no falte completamente”, en otras palabras, que al final tu fe pueda prevalecer.

   -j. Esta interpretación también armoniza con las palabras “y tú, cuando hayas vuelto—o hayas vuelto sobre tus pasos—fortalece a tus hermanos”. Por cierto, considerada en forma aislada, la caída de Simón fue mala, horrible, trágica. Sin embargo, una vez ocurrida, Simón debía hacer buen uso de esta mala caída. Debía usarla para fortalecer a sus condiscípulos.

2° Titulo:

La iglesia de la intercesión de su Señor. San Juan 17:7 al 10. 7Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 

 

   Comentario: [7, 8]. Ahora han reconocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y verdaderamente han conocido que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

   Como todos los conceptos que se hallan en este sublime pasaje ya se han encontrado antes, no volveremos a explicarlos, sino que simplemente parafrasearemos la totalidad e indicaremos las referencias pertinentes. Lo que Jesús quiso decir fue esto:

   “Como resultado de las palabras que les dije y que había recibido de ti, estos hombres han llegado a reconocer que todo lo que me has dado—el esplendor de tu gloria reflejada en mí, mis palabras y mis obras—proviene de ti. Mis palabras, que me disté y yo les di, las recibieron (creyeron y guardaron); y reconocieron con reconocimiento genuino que procedo de ti, de tu misma presencia, de forma que en toda mi misión te represento de verdad; sí, creyeron que tú me comisionaste”.

   El pasaje con referencias: “Ahora han conocido” (véase 1:10) “que todas las cosas que me has dado, proceden de ti” (véase 16:30; cf. Mt. 11:27); “Porque las palabras que me diste, les he dado” (véase sobre 3:11, 32; 8:28, 38; 12:49; 14:10); “y ellos las recibieron, y verdaderamente han reconocido que salí de ti” (véase 1:12; 16:30), “y han creído” (véase sobre 1:8; 3:16; 8:30, 31a) “que tú me enviaste” (véase sobre 3:17, 34; 5:36, 37; 8:18, 27, 29; 9:7; cf. 1:5).

   Nótese también que hay muy poca diferencia entre los verbos reconocer y creer. Si bien es verdad que el primer verbo subraya la idea de verdadero conocimiento, en tanto que el segundo enfatiza la de confianza, sin embargo, este reconocimiento no es abstracto, sino que es una experiencia vital y personal; y esta confianza no es simple emoción, sino que se basa en aceptación gozosa y genuina de ciertas verdades básicas respecto a Dios tal como se ha revelado en Cristo. Véase también sobre 7:17, 18 (elementos en la experiencia cristiana).

[9]. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son. Jesús ruega por (περί) los elegidos, a fin de que se puedan aplicar todos los méritos de su redención a los que le han sido dados (véase sobre 6:37, 39, 44; 17:6). Por éstos que le han sido dados da su vida (véase sobre 10:11, 14); en consecuencia, también es por ellos—y sólo por ellos—que ruega (constantemente). Véase también Ro. 8:34 (“intercede por nosotros”); He. 7:25 (“puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”); He. 9:24 (“no entró Cristo en el santuario hecho de mano sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”); y 1 Jn. 2:1 (“abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”).

   Todo esto es específico, no universal. Sin embargo, la oración del Sumo Sacerdote mira más allá de los hombres que estaban en el Aposento Alto esa noche, como resulta claro por los versículos 20 y 21. Resulta erróneo, además, decir (como se hace a veces) que Jesús oró sólo por los creyentes. Antes bien, oró por todo su pueblo, también por aquellos que todavía no creían en él, pero iban a aceptarlo con verdadera fe más adelante (de nuevo, véase versículos 20, 21), como resultado de la gracia soberana.

   Sin embargo, la oración por protección espiritual, santificación y glorificación (véase sobre 17:11, 15, 17, 24) no se hace por aquellos que hasta el fin de su vida rechazan al Salvador. Las palabras, “no ruego por el mundo” son muy claras. Entre el propósito de la expiación y el propósito de la oración Sumosacerdotal de Cristo hay armonía perfecta. Y esta unidad de propósito divino incluye también el decreto. De hecho, ese consejo eterno es la base de todo lo que sigue. Por ello, leemos “porque ellos (los que le han sido dados) son tuyos (en virtud de la elección desde la eternidad)”. No todos fueron dados. Jesús no murió por todos. No oró para que los méritos salvadores de la cruz se aplicaran a todos. Aquí la lógica es perfecta. Se nos recuerda “la cadena inquebrantable” (Ro. 8:29, 30): “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo … Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Todos éstos—¡y sólo éstos! —que fueron conocidos antes y predestinados para salvación llegan por fin al cielo. (Por otra parte, el evangelio debe proclamarse a todos; la muerte de Cristo es suficiente para todos; Dios atrae a los suyos de entre todas las naciones del mundo; ejerce autoridad sobre todos; y es glorificado en todos.)

[10]. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío.

   Jesús ruega por los discípulos porque le pertenecen no sólo a él sino también al Padre. Es natural esperar que el Padre ha de estimar lo que le pertenece tanto a él como a su Hijo amado. Por ello en el versículo 9 Jesús dice, “ruego por ellos (o sea, por los que se me han dado) … porque tuyos son”. Ahora agrega que esta doble propiedad abarca todo lo que el Hijo posee.

    Nótese que dice no sólo, “y todo lo mío es tuyo”, sino también “y lo tuyo mío”. Esta última afirmación es sorprendente. Sólo tiene sentido si el Padre y el Hijo son uno en esencia (cf. 10:30). Porque el que una criatura diga al Creador—o incluso que un creyente diga a Dios—“todo lo mío es tuyo”, no es maravilloso. Pero el que alguien subordinado a Dios agregue, “y lo tuyo mío”, requiere explicación. Incluso esta última afirmación es verdadera en el sentido de que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Ro. 8:28; cf. 1 Co. 3:21). Pero Jesús tiene en mente no sólo el hecho de que todas las cosas promueven su gloria, sino también que de hecho es amo de todo y tiene autoridad sobre todo (cf. 17:2). El que aquí se dirige al Padre es el mismo que estaba junto al Padre desde la eternidad (17:5). Todo el universo entero pertenece tanto al Padre como al Hijo. Por ello, lo que es de interés para uno es de interés para el otro. Por esto Jesús puede orar con tanto fervor por los discípulos. Son suyos, su propiedad. Por esto los ama. Pero todo lo que es suyo, también es del Padre. Esta propiedad mutua implica interés mutuo y este interés mutuo garantiza acción mutua.

    Es muy difícil—quizá incluso imposible—hacer alguna distinción clara en este contexto entre Jesús como Mediador y Jesús como Hijo eterno de Dios. El carácter de la propiedad puede diferir (en virtud de su generación y posición eterna todas las cosas pertenecen naturalmente a Jesús como Hijo de Dios; en virtud de su misión, todas las cosas le han sido dadas como Mediador); su cantidad o alcance no difiere. Además, ya sea que lo consideremos como Mediador entre Dios y el hombre, o como Hijo eterno de Dios, en cualquier caso, el ‘Yo’ que habla es el mismo. Sin embargo, cuando Jesús agrega, Y yo soy glorificado en ellos, piensa primordialmente en la gloria que como Mediador (que aquí habla como si ya hubiera terminado completamente su tarea) obtiene por la salvación de sus discípulos. Las gracias que adornan a aquellos que han sido sacados de las tinieblas para entrar en la luz reflejan su amor y poder redentores. Sin duda, si Pablo puede llamar a la iglesia en Filipos “gozo y corona mía” (Fil. 4:1), y puede hablar de los hermanos en Tesalónica diciendo “vosotros sois nuestra corona y gozo” (1 Ts. 2:20)—y ello porque estas congregaciones manifiestan los frutos de su labor—tanto más derecho tiene Jesús a decir que en todas las cosas—sobre todo, en aquellas que desde toda la eternidad son suyas—es glorificado.

3er Titulo:

Profética intercesión de Cristo en favor de los pecadores. Isaías 53:12. 12Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. 

   Comentario: Finalmente, mientras esta profecía empieza con un prólogo donde Jehovah habla en primera persona (52:13–15), y donde dice: He aquí que mi siervo triunfará… también termina con un epílogo (vv. 11b y 12). También en el epílogo Jehovah habla en primera persona y dice: Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos… De esta manera Jehovah corrobora el anuncio profético desde antes de que empiece y después de haber concluido.

   Pensamiento: 53:12 Ven y ve cómo Cristo nos amó! No podíamos poner en nuestro lugar, pero se puso a sí mismo. Así que quitó el pecado del mundo, tomando sobre sí mismo. Se hizo sujeto a la muerte, lo que para nosotros es la paga del pecado. Observar las gracias y glorias de su estado de exaltación. Cristo no comprometerá a la atención de su familia a cualquier otra. Los propósitos de Dios entrarán en vigor. Y todo lo que es llevado a cabo según la voluntad de Dios, prosperará. Verá que logra en la conversión y la salvación de los pecadores. Hay muchos a quienes justifica Cristo, aun cuando muchos como él dieron su vida en rescate por. Por la fe somos justificados; por tanto, Dios es más glorificado, libre gracia más avanzada, yo más humillado, y nuestra felicidad asegurada. ¡Debemos saber y creer en él, como uno que llevó nuestros pecados y nos salvó de hundirse bajo el peso, tomando sobre sí mismo! El pecado y Satanás, la muerte y el infierno, el mundo y la carne, son los fuertes enemigos que ha vencido. Lo que Dios ha diseñado para el Redentor ciertamente poseerá. Cuando llevó cautiva la cautividad, recibió dones para los hombres, para que pudiera dar dones a los hombres. Mientras contemplamos los sufrimientos del Hijo de Dios, recordemos nuestra larga lista de transgresiones, y considerarlo como sufriendo bajo el peso de nuestra culpa. Aquí se ha sentado una base sólida para el pecador tembloroso para descansar su alma sobre. Somos la compra de su sangre, y los monumentos de su gracia; porque esto lo continuamente intercede y prevalece, destruir las obras del diablo.

4° Titulo:

Cristo único intercesor en favor de la humanidad. 1ª Timoteo 2:5 y 6. 5Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

   Comentario: La afirmación “Dios desea que todos los hombres—hombres de todo rango, posición, tribu y nación—sean salvos” es verdadera, porque (hay sólo) un Dios, y (hay sólo) un Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús.

   No hay un Dios para esta nación, otro para otra; un Dios para los esclavos y uno para los libres; un Dios para los reyes y otro para los súbditos. Pablo es quien se interpreta mejor a sí mismo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Co. 12:13). “¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente también de los gentiles: porque Dios es uno …” (Ro. 3:29). Que el apóstol está realmente pensando en la distinción “reyes … súbditos” se desprende del contexto inmediatamente precedente (1 Ti. 2: 2a). Que tiene presente la distinción “judío … gentil” es claro por el contexto inmediatamente siguiente (1 Ti. 2:7b).

   No solamente la esfera de la creación, sino también la de la redención se une bajo una Cabeza. Por eso, no solamente hay un solo Dios; también hay solamente un Mediador de (aquí en el sentido de entre) Dios y los hombres”. Este es el único pasaje en que Pablo habla de Cristo como Mediador. Sin embargo, en Gá. 3:19, el apóstol también usa la palabra con referencia probable a Moisés, quien como mediador transmitió la ley al pueblo. En Gá. 3:20 habla en general de “un mediador”. Es el autor de la epístola a los Hebreos quien discute con cierta extensión la posición de Cristo, nuestro Sumosacerdote celestial, como mediador (Heb. 8:6; 9:15; 12:24), “el mediador de un nuevo pacto”. Por derivación, la palabra indica sencillamente alguien que está en “el medio”. El propósito para el cual toma esta posición intermedia debe ser derivado en cada caso particular, del contexto, o de pasajes paralelos. En el caso presente, no queda abierto a una duda alguna de que el apóstol toma el punto de partida del hecho de que Cristo es el que voluntariamente ha tomado posición entre el Dios ofendido y el pecador ofensor, con el fin de llevar sobre sí la ira de Dios que el pecador merecía, salvando, por lo tanto, a éste. Esto es claro porque todo el contexto habla de salvación (v. 4), y de Cristo como un rescate (véase comentario sobre el v. 6). En Gá. 3:13 se encuentra una sorprendente explicación: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros (o sobre nosotros) maldición”. En ese pasaje el Salvador se presenta como puesto sobre nosotros, esto es, entre nosotros y la maldición de la ley, para que la maldición cayese sobre él, y nosotros fuésemos salvos47. Sin embargo, es claro que en este pasaje (1 Ti. 2:5) el concepto Mediador es ligeramente más amplio. En esta capacidad Cristo no solamente restaura a los pecadores a una correcta relación legal con Dios, sino que también los lleva al “conocimiento de la verdad” (v. 4); y hace que a ellos se dé el testimonio de esta gloriosa verdad (v. 6). Por eso, él al mismo tiempo establece la paz y la revela a los hombres persuadiéndolos a aceptar las buenas nuevas. Él está revelado como Mediador en este doble sentido.

    Nótese el modo en que la identidad de este Mediador es revelada: “un Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús”. En esta relación, pensar en hombres significa pensar en el hombre, el hombre Jesucristo. Aquí hombres y hombre están yuxtapuestos. Si la salvación hubiese estado calculada solamente para un grupo en particular, los judíos, por ejemplo, el apóstol hubiese escrito “el judío Cristo Jesús”. Puesto que estaba destinada a judíos y gentiles, esto es, para los hombres en general, sin distinción de raza o nacionalidad, escribe “el hombre Cristo Jesús”. (Esto de ningún modo es una negación de la deidad de Cristo. Que él es el objeto de la fe y de la adoración es claro por 1 Ti. 3:16. La palabra hombre aquí en 1 Ti. 2:5 no está en contraste con Dios sino con judío o gentil.)

   [6]. Se debe orar por todos los hombres (vv. 1, 2) porque:

   -a. la salvación tenía en la mira a todos, sin consideración de rango, posición, raza o nacionalidad (vv. 3, 4);

   -b. hay solamente un Dios y un Mediador para todos (v. 5), no uno para cada grupo; y ahora:

   -c. hay sólo un rescate para todos: el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.

   Lo que Pablo acaba de mencionar es el elemento básico en la posición de Cristo como Mediador. Por su sufrimiento y muerte, Cristo pagó el castigo exigido por la ley de Dios, y por lo tanto, produjo su satisfacción. Se dio a sí mismo como “un rescate vicario” (ἀντίλυτρον). Véase comentario sobre Tit. 2:14 donde hay una lista de pasajes pertinentes. La muerte vicaria de Cristo, su sacrificio personal en lugar de otros, se enseña aquí tan claramente como las palabras pueden hacerlo.

   Al añadir la preposición “por” o “en favor de” (sobre la cual véase C.N.T. sobre Jn., vol. 2, p. 110) a la preposición “en lugar de”, Pablo da a entender la doble idea de que la muerte substitutiva de Cristo fue para beneficio de todos. No solamente consiguió liberarlos de la ira, sino logró la salvación completa y gratuita (véase comentario sobre 1 Ti. 1:15) para todos los hombres, sin consideración de rango, posición social, raza, o nacionalidad.

   Ahora se indica el segundo elemento en la posición de Cristo como Mediador: de lo cual (debía darse) testimonio a su debido tiempo. La muerte de Cristo como rescate, para satisfacer la justicia de Dios, debe ser proclamada. Era intención de Dios que cuando llegara “el tiempo adecuado” o la “oportunidad favorable” se diera a conocer el hecho de que Dios desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Todo lo contenido en los vv. 4–6 debe ser publicado. “Debido tiempo” (véase notas 102 y 105) comprende toda la dispensación nueva. Es un “debido tiempo” o una “ocasión oportuna” porque corresponde con el plan eterno que Dios tenía para este tiempo. Además, en su comienzo se llevó a cabo el rescate, y esto, para todos; el Espíritu Santo fue derramado sobre toda carne (véase también C.N.T. sobre Jn. 7:6 y 1 Ts. 5:1). Por eso, el momento adecuado para la publicación del testimonio había llegado (los que debían publicarlo eran especialmente quienes habían visto con sus ojos y oído con sus oídos; véase C.N.T. sobre 1:7, 8). No fue durante la antigua dispensación sino solamente durante la nueva que pudo ser revelado completamente el misterio de que todos los hombres, gentiles, así como judíos, ahora se encuentran en pie de igualdad; esto es, que los gentiles han llegado a ser “coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Ef. 3:6: cf. Ef. 2:11–22).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.