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Lunes 16 de marzo de 2020: “Consejo divino que moldea nuestro carácter haciéndole más apacible”.

Lunes 16 de marzo de 2020: “Consejo divino que moldea nuestro carácter haciéndole más apacible”.

   Lectura bíblica: salmos cap. 37, versículos 7 al 11. 7Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. 8Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. 9Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. 10Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí. 11Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.

   Comentario 1: Estemos convencidos de que Dios va a hacer a todos a trabajar para el bien de nosotros. No nos descompone nosotros mismos en lo que vemos en este mundo. Un espíritu inquieto descontenta está abierto a muchas tentaciones. Porque, en todos los aspectos, lo poco que se asigna a los justos, es más cómodo y más rentable que las riquezas mal habidas y abusado de los hombres impíos. Proviene de una mano de amor especial. Dios provee abundantemente y bien, no sólo por sus funcionarios que trabajan, pero para sus servidores de espera. Ellos tienen lo que es mejor que la riqueza, la paz de la mente, la paz con Dios, y entonces la paz en Dios; esa paz que el mundo no puede dar, y que el mundo no puede tener. Dios sabe días del creyente. No trabajo de un día se quedará sin recompensa. Su tiempo en la tierra es contada por día, que se numerarán pronto; pero la felicidad celestial será para siempre. Este será un apoyo real a los creyentes en tiempos malos. Los que descansan sobre la roca de edades, no tienen que envidiar a los malvados con el apoyo de sus cañas rotas.

   Vers. 7. Guarda silencio ante Jehová. Y éste es un precepto muy duro para el hombre, hasta el punto que el precepto de acción más difícil es como nada cuando lo comparamos con este mandamiento a la inacción. Jerónimo

   La palabra hebrea traducida como «silencio» es dom, probable raíz de «mudo» en algunas lenguas. El silencio que se nos manda aquí se opone al murmurar y quejarse. James Anderson en Comentario a Calvino

   Vers. 8. Deja la ira, y depón el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Uno puede hacer lo malo al angustiarse por la prosperidad del malvado, o imitándole, haciendo lo que él hace, con la esperanza de conseguir su prosperidad. John Gill

   Vers. 9. Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, heredarán la tierra. La pasión, según la parábola de Bunyan, consigue sus cosas buenas primero, y luego pronto se desvirtúan; la paciencia tiene sus cosas buenas al final, y duran para siempre.

   Vers. 10. Pues de aquí a poco no existirá el malvado. Por lo tanto, creyente probado, ¿por qué envidiar a uno que dentro de poco yacerá más bajo que el polvo? Observarás su lugar, y ya no estará allí. Su casa estará vacía, no estará sentado en su silla, su hacienda carecerá de propietario.

   Habrá pasado como una nube pasajera, olvidado, como un sueño, borrado por sus propios excesos, o terminando en la penuria por su propio despilfarro. ¿Dónde están sus jactancias y fanfarronadas, dónde la pompa que hace pensar a algunos que el pecador es bendecido? C. H. S.

   Vers. 11. Los mansos heredarán la tierra. No los de espíritu altanero, que remueven el mundo para conseguirlo, sino los mansos, que son vapuleados de un rincón al otro, y sufren y apenas se les deja tranquilos en parte alguna. Esta tierra de la cual estaban privados, ahora la poseerán para gozar de ella. John Pennington

   Comentario 2:  (7-8) Halla descanso en el Dios que lidia con los impíos.

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo.

   -a. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él: Ya que Dios ha prometido en cuidar fielmente a aquellos que confían en Él, podemos esperaren el Señor. Podemos esperar pacientemente en él en lugar de impacientarnos y temer que Dios se ha olvidado de nosotros o que tiene el mal intencionado para nosotros.

(1). Guarda silencio ante Jehová habla de un tipo peculiar de descanso– el descanso del silencio, cesando de las palabras de auto defensa. La idea es que no hablaremos para vindicarnos a nosotros mismos, y confiaremos en que Dios nos protegerá.

(2). “No murmures o te quejes de sus tratos, sino que en silencio sométete a su voluntad, y adora sus juicios, y, lo que sigue, espera por su ayuda.” (Poole)

(3). “Si el Cordero de Dios sin mancha era manso, delante de aquellos que estaban desposeyéndolo de sus honores, y robándole de su vida, una resignación en ‘silencio’ no puede más que convertirse en aquel que sufre por sus pecados.” (Horne)

   -b. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo: David de manera sabia aconsejó al hombre y mujer de Dios de rendir la ira, el enojo y la preocupación (excites). Ellos no cumplen nada excepto que hacer lo malo. Son lo opuesto de los deleites que tiene aquel que se deleita en el Señor y de pacientemente esperar en Él.

(1). Deja la ira: “Especialmente la ira en contra de los arreglos de la Providencia, y los celos de los placeres temporales de aquellos que están prestos a ser desterrados de todo consuelo. La ira en cualquier parte es locura, aquí es una locura agravada.” (Spurgeon).

    (9-11). Confía en que Dios castigará a los malhechores y recompensará a los mandos.

Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.

   -a. Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra: Esta es otra razón para nuestro deleite en el Señor. Podemos confiar en Su promesa de que Él cuidará de los Suyos, no solamente en este mundo sino en el mundo por venir. En contraste, los malignos serán destruidos.

  1. “Frecuentemente te he hecho notar que, a pesar de que el lobo es muy fuerte y temerario, y la oveja es débil y tímida, pero hay más ovejas en el mundo que lobos; y llegará el tiempo en que el último lobo morirá, y luego las ovejas cubrirán las planicies y se alimentarán en Sus colinas. Tan débiles como lo son a menudo los justos, éstos ‘heredarán la tierra’ cuando los malignos sean cortados de la faz de la tierra.” (Spurgeon)

   -b. Pues de aquí a poco no existirá el malo: Los malhechores tienen su día de prosperidad, pero es muy corto. Pronto el malo, el cual era famoso y alabado en este mundo, no será notado o permanecerá para nada (Observarás su lugar, y no estará allí).

(1). “Lo corto de la vida nos hace ver que el brillo de los malos en verdad no es verdadero oro.” (Spurgeon)

(2). “Toda la duración del mundo en si es ‘por un poco’ a la vista de aquellos que esperan su plenitud de la inmortalidad.” (Horne)

   -c. Pero los mansos heredarán la tierra: Para enfatizar David repite la idea del cuidado de Dios para los mansos y para recompensarles. Ellos, no los malvados de este mundo, se recrearán con abundancia de paz.

(1). “Los ‘mansos’ son aquellos que llevan sus propias adversidades, y la prosperidad de sus enemigos sin envidia, enojo o queja.” (Horne)

(2). “El contexto da la mejor posible definición de los mansos: son aquellos que eligen el camino de una fe paciente en lugar de una reivindicación propia.” (Kidner)

(3). Los mansos heredarán la tierra: Jesús citó esta línea en el Sermón del Monte, en la tercera bienaventuranza (Mateo 5:5). “Es correcto el decir que el Salmo 37 es una exposición de la tercera bienaventuranza, aun cuando fuera escrita unos mil años antes de que Jesús comenzara su ministerio público. Desenvuelve el carácter de los mansos o de la persona que confía durante la aparente prosperidad de los malos.” (Boice)

1er Titulo:

Sabia recomendación que nos evitara graves molestias. Proverbios 15:1 y 2. 1La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor. 2La lengua de los sabios adornará la sabiduría; Mas la boca de los necios hablará sandeces. 

   Comentario: La lengua “La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor.”

   Estamos seguros que al leer este proverbio uno recuerda dos personajes bíblicos: Abigail y Nabal. Ya hemos visto varios proverbios que se aplican a ellos. Abigail, una mujer muy hermosa, una esposa amante. Y Nabal, su esposo, un insensato, pero un hombre que tenía grandes riquezas.

   Alguien ha escrito un libro llamado, “La Bella y La Bestia”. Y es la historia de Nabal y Abigail. O diríamos que Abigail era la Bella y que Nabal era la Bestia. Recordemos que cuando Abigail oyó que su esposo había enviado una respuesta insultante a David, quien había cuidado sus rebaños con dedicación, hizo que sus siervos prepararan apresuradamente una gran cantidad de comida para David. Después salió a recibirle y se postró ante él. Ella lo reconoció como el futuro rey diciéndole: tu vida será atada al haz de los que viven delante del Señor tu Dios; esa fue una hermosa forma de expresarle que su vida estaría protegida por Dios. Ella dio una respuesta suave que aplacó la ira de David. Y en este proverbio también se nos dice, pero la palabra áspera hace subir el furor. Ese furor de David había sido provocado por las palabras ásperas de Nabal.

   Uno encuentra muchas ilustraciones de este principio al recorrer las páginas de la Biblia. Y encontramos que el Señor Jesucristo mismo usó el lenguaje más duro y severo de la Escritura en su denuncia a los fariseos, en Mateo 23. Ahora, hay un momento adecuado en el cual hay que decir las cosas como son, y el Señor Jesús sin duda alguna pudo hacerlo. Pero observemos que compasivo fue con aquellos que necesitaban la gracia de Dios. A esa pobre mujer que había sido descubierta cometiendo un pecado, le dijo: ni yo te condeno. Y añadió: vete y no peques más. (Juan 8:11). ¡Qué bondadosas fueron Sus palabras! Así que encontramos ilustraciones de este proverbio una y otra vez en los relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Hay un momento para pronunciar las palabras suaves, compasivas, y hay también un momento cuando la respuesta tiene que ser severa. El versículo 2 de este capítulo 15 dice: “La lengua de los sabios adorna la sabiduría, pero la boca de los necios dice sandeces.”

   Nuevamente nos encontramos aquí con los asuntos de la lengua. Y quisiéramos repetir algo que ya hemos dicho anteriormente, y es que en la Biblia se dice mucho más acerca del abuso de la lengua, que del abuso del alcohol. Con esto no queremos decir que estamos minimizando las consecuencias del abuso del alcohol, A veces se señala con el dedo acusador a las personas que son adictas a las drogas, pero se disculpa o tolera al alcohólico, considerándole como una víctima de las circunstancias, que necesita ayuda. ¡Y por cierto que lo es! La Biblia condena la ebriedad, pero, incluso con mayor severidad, condena los abusos y carácter destructivo de la lengua. Este pequeño órgano del cuerpo le revelará a la gente lo que realmente somos, y nos delatará.

2° Titulo:

La ira manifiesta un temperamento carnal. Colosenses 3:8. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 

   Comentario: [8, 9ª]. Pero, ahora, ponedlas todas de lado vosotros también: ira, enojo, malicia, calumnia, lenguaje vergonzoso de vuestra boca. No mintáis más los unos a los otros. Los vicios anteriores habían traído destrucción, no sólo a la vida de los hombres considerados como individuos o separadamente (véase sobre el v. 5, arriba), sino también habían roto la relación entre prójimos. Esto no debe continuar. Por consiguiente, ira (latín: ira), esto es, una indignación arraigada, cuando el corazón es como un horno ardiente; enojo o furia (latín: furor), esto es, una explosión turbulenta, como un fuego en la paja; malicia, no sólo “diablura”, sino la malvada inclinación de la mente, la perversidad de disposición que desea el mal para su prójimo; calumnia o difamación; y lenguaje vergonzoso de vuestra boca, esto es, lenguaje abusivo. Todas esas cosas deben abandonarse. Nótese aquí el progreso del vicio, desde la ira que se anida en el corazón, a través de varias etapas, hasta la amarga manifestación de ella: calumnia, y lenguaje abusivo. La mentira también debe ser abandonada (cf. 1 Ti. 2:7). Ya no debe estar presente en la vida de los creyentes. Toda clase de hipocresía y engaño ha sido siempre la marca de los pueblos paganos. Esto es la verdad hoy en día también. Un misionero nos contó que en respuesta a una pregunta sobre por qué cierta persona nueva no había asistido a una reunión de entre semana como lo había prometido, la mujer contestó, “Siento mucho no haber podido asistir, pero verá, tuve que ir al funeral de mi suegra en una ciudad lejos de aquí”. Más tarde el misionero descubrió que la suegra en cuestión había muerto ya hace varios años y que la mujer que había inventado esa excusa ni siquiera había estado fuera de la ciudad en el día de reunión. El misionero añadió, “Le dirán cualquier cosa que se les ocurra, con tal de salir del paso”.

   Pablo les exhorta a poner a un lado todos esos pecados, así como uno descarta o pone a un lado una prenda de vestir gastada o que ya no la sirve a la persona que la usaba. Para el uso literal de la expresión “poner a un lado” en conexión con mantos, véase Hch. 7:58. El apóstol, bien versado en el Antiguo Testamento, sabía que la figura de un vestido era usada frecuentemente en las Sagradas Escrituras para señalar al carácter. A veces se refiere al carácter que da gloria a Dios, consistiendo de los frutos de gracia, tales como, justicia, rectitud, gozo, fidelidad (Job 29:14; Sal. 132:9; Is. 11:5; 61:10); a veces al carácter perverso: orgullo, violencia (Sal. 73:6); o al resultado de ese carácter: vergüenza y deshonra (Sal. 35:26; 109:29). El vestido de justicia y salvación se atribuye a Jehová mismo (Is. 59:17). Por tanto, es muy comprensible que Pablo usara esta manera figurada de hablar (así como también otros escritores del Nuevo Testamento; véase He. 12:1; Stg. 1:21; 1 P. 2:1). La figura está implícita en Ro. 13: 12a, 14; Gá. 3:27, “os habéis vestido con Cristo”; Ef. 4:22, 25. Con una pequeña modificación de la figura, algunas veces el apóstol habla del deber que el cristiano tiene de colocarse la armadura espiritual (Ro. 13:12b; 2 Co. 6:7; Ef. 6:13–18; y 1 Ts. 5:8).

3er Titulo:

Instrucción que se debe tener en cuenta al presentarse en oración. 1ª a Timoteo 2:8. Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. 

   Comentario: [v. 8]. Quiero, pues, que en todo lugar los hombres ofrezcan oración. Pablo, en el ejercicio de toda su autoridad como apóstol de Jesucristo, sigue dando instrucciones. La traducción de RV60 “quiero” es adecuada al contexto y concuerda con la palabra usada en el original. La palabra pues (ya sea indefinidamente ilativa o continuativa; cf. C.N.T. sobre Juan, vol. 2 p. 386, nota 246) conecta este párrafo con el precedente. Las oraciones deben ser ofrecidas en favor de toda persona (vv. 1–7); por eso, que se ofrezcan oraciones; sin embargo, no las mujeres, sino los hombres (v. 8). Es claro que el verbo ofrecer oración o simplemente orar aquí debe ser tomado en el sentido más amplio, incluyendo toda forma de invocación mencionada en 2:1 (véase comentario sobre ese pasaje).

   Dichas oraciones deben ser ofrecidas “en todo lugar” de culto público. A veces se podría usar con ese propósito una habitación grande en la casa de uno de los miembros. Probablemente había varios lugares de culto en Éfeso y en los alrededores. Hasta donde fue posible se siguió el orden y la forma de culto acostumbrado en las sinagogas. La idea de que los hombres debían dirigir en la oración no podía haber sorprendido a los que estaban acostumbrados a la sinagoga, salvo en el caso que el énfasis de Pablo en la igualdad de los sexos “en Cristo” (Gá. 3:28) pudiera haber hecho que algunos se preguntaran si esta emancipación espiritual de la mujer no podría implicar un cambio en su posición en el culto público. Además, se debe tener presente que muchos de los convertidos habían sido reunidos del mundo gentil. Y la iglesia era todavía muy nueva, y todavía se estaban estableciendo nuevos centros de culto. Además, no se debe dejar de considerar la posibilidad de que falsos maestros hubieran estado difundiendo ideas erróneas con respecto a los respectivos papeles del hombre y la mujer “en la iglesia”.

   Como quiera que haya sido, Pablo sabía que era necesario dar órdenes con respecto a este punto. Enfatiza que la fe cristiana no supone una ruptura total con el pasado. Por cierto, se supone la presencia de la mujer en la asamblea religiosa. Lo que Pablo quiere enseñar es que estas mujeres debieran orar como Ana: “Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía” (1 S. 1:13).

   En cuanto a los hombres, debían orar levantando manos santas sin iras ni malas intenciones. La postura en la oración no es una cuestión indiferente. Es una abominación al Señor tomar una postura desgarbada cuando se supone que uno está orando al Señor. Por otra parte, es cierto que la Escritura en ningún lugar prescribe una, y solamente una, postura correcta durante la oración. Se indican diferentes posiciones de brazos, de las manos y del cuerpo. Todas estas son permisibles en cuanto simbolicen diferentes aspectos de la actitud reverente del que adora, e interpretan verdaderamente los sentimientos del corazón. Nótese las siguientes posturas de oración:

(1) De pie: Gn. 18:22; 1 S. 1:26; Mt. 6:5; Mr. 11:25; Lc. 18:11; Lc. 18:13 (Nótese el contraste entre los últimos dos pasajes. Señala una diferencia aun el cómo y dónde uno se para).

(2) Las manos extendidas o/y levantadas al cielo: Ex. 9:29; Ex. 17:11, 12; 1 R. 8:22; Neh. 8:6; Sal. 63:4; 134:2;

141:2; Is. 1:15; Lam. 2:19; 3:41; Hab. 3:10; Lc. 24:50; 1a Ti. 2:8; Stg. 4:8.

(3) La cabeza inclinada: Gn. 24:48 (cf. v. 13); Ex. 12:27; 2 Cr. 29:30; Lc. 24:5.

(4) Los ojos levantados al cielo: Sal. 25:15; 121:1; 123:1, 2; 141:8; 145:15; Jn. 11:41; 17:1; Hch. 7:55.

(5) De rodillas: 2 Cr. 6:13; Sal. 95:6; Is. 45:23; Dn. 6:10; Mt. 17:14; Mr. 1:40; Lc. 22:41; Hch. 7:60; Ef. 3:14.

(6) Postrado con el rostro en tierra: Gn. 17:3; 24:26; Nm. 14:5, 13; 16:4, 22, 45; 22:13, 34; Dt. 9:18, 25, 26; Jos. 5:14; Jueces. 13:20; Neh. 8:6; Ez. 1:28; 3:23; 9:8; 11:13; 43:3; 44:4; Dn. 8:17; Mt. 26:39; Mr. 7:25; 14:35; Lc. 5:12; 17:16; Ap. 1:17; 11:16.

(7) Otras posiciones: 1 R. 18:42 (arrodillado con el rostro entre las rodillas); Lc. 18:13 (de pie, lejos y golpeándose el pecho).

   Como se ve claramente en esta referencia final, las posiciones indicadas de los miembros del cuerpo pueden ocurrir en diversas combinaciones. En Lc. 18:13 se combinan (1) y (7). 1 R. 8:22 (Salomón) combina (1) y (2). Neh. 8:6 combina (1) y (3). Jn. 11:41 (véase v. 38) une (1) con (4). Además de estar combinado con (1) el (2) puede también combinarse con (5): Salomón se levantó “de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo” (1 R. 8:54; cf. Esd. 9:5). Además, la inclinación de la cabeza (3) era con frecuencia tan profunda que la persona caía postrada en tierra (6). Por ejemplo, véase Nm. 22:31. En realidad, un método favorito de postración entre los orientales es el de caer de rodillas (5), luego inclinar gradualmente el cuerpo, inclinando la cabeza hasta tocar tierra (3), lo que llega a ser la posición (6). Y aun en la mayoría de los casos donde la Escritura no lo indica específicamente, se puede deducir por el contexto que el hombre que extendía las manos o las levantaba estaba de pie. Es el caso del pasaje que estamos considerando (1 Ti. 2:8).

   Ahora bien, todas estas posturas eran apropiadas. La posición de pie (1) indica reverencia. El levantar o extender las manos (2)—brazos extendidos con las palmas hacia arriba—es un símbolo adecuado de la completa dependencia de Dios y de humilde esperanza en él. La cabeza inclinada (3) es la expresión exterior del espíritu de sumisión. Los ojos levantados al cielo (4) indican que uno cree que su ayuda viene de Jehová y de él solamente. El arrodillarse (5) representa la humillación y la adoración. Postrarse con el rostro en tierra (6) es la manifestación de temor reverente en la presencia divina. El golpearse el pecho (7) armoniza hermosamente con el sentimiento de completa indignidad.

   La costumbre actual de cerrar los ojos con las manos juntas es de origen incierto. Aun cuando no aparece en las Escrituras y era desconocida en la iglesia primitiva, puede considerarse como una buena costumbre si se interpreta correctamente. Ayuda al que ora a cerrarse al acceso de distracciones dañinas y a entrar en una esfera en que “nadie sino Dios está cerca”. De todos modos, es mucho mejor que ciertas posturas del cuerpo que prevalecen entre los cristianos modernos mientras oran.

   Sin embargo, lo que se enfatiza a través de las Escrituras y también en el pasaje que estamos estudiando, no es la postura del cuerpo o la posición de las manos, sino la actitud interna del alma. Las manos que se levantan deben ser santas, esto es, deben ser manos que no están contaminadas con delitos previos. El hombre que acaba de cometer un homicidio, un adulterio o un robo, no debe pensar que sin el perdón y la restitución (cuando este “bien obrar” es posible) puede ahora levantar las manos en una oración que es agradable a Dios, Véase Sal. 24:3, 4; cf. Mt. 5:23, 24.

   Además, el levantamiento de las manos debe hacerse “sin iras ni malas intenciones”. Ira (cf. C.N.T. sobre Jn. 3:36), esto es la indignación establecida contra un hermano, la actitud del deudor sin misericordia de la parábola (Mt. 18:21–35), hace que la oración sea inaceptable (véase también, en esta conexión, Mt. 6:14, 15; Ef. 4:31, 32; Col. 3:8; Stg. 1:19, 20). Y lo mismo ocurre con cualquier forma de mala intención. La palabra usada en el original está relacionada con nuestra palabra diálogo. El alma del hombre está constituida de tal forma que puede llevar a cabo un diálogo consigo misma. Así un hombre puede debatir consigo mismo, dentro de sí, si hará esto a su prójimo o aquello, ponderando un pensamiento con el otro (nuestra palabra deliberar—del latín de y libra—significa literalmente pesar cabalmente, puesto que libra es una balanza). Aun cuando la palabra usada en el original no califica este diálogo como malo (véase Lc. 2:35, en donde las deliberaciones—pensamientos, RV60—o intenciones a que se refiere no son necesariamente malas), es digno de destacar que (cf. Gn. 6:5; 8:21) en casi todos los pasajes en que se usa, la intención o deliberación es de una naturaleza claramente pecaminosa (Mt. 15:19; Mr. 7:21; Lc. 5:22; 6:8; 9:46, 47; Ro. 1:21; 14:1; 1 Co. 3:20; Fil. 2:14. En Lc. 2:35 indica duda, pregunta).

Aquí en 1 Ti. 2:8 el uso de la palabra en conjunción con ira hace que este sentido sea seguro.

   Por lo tanto, la suma y sustancia de esta admonición es que en el culto público los hombres—no las mujeres—deben ofrecer oraciones en voz alta con las manos levantadas. Naturalmente los ancianos deben dirigir (1 Ti. 5:17). Sin embargo, estas manos deben ser limpias o santas y la oración debe ser ofrecida en un espíritu correcto. Si el corazón de una persona se llena de ira o malicia contra su hermano, al punto que planea mal en su contra, la oración no será aceptable.

4° Titulo:

Consejo relevante para evitar airarse. Santiago 1:19-20. 19Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. 

   Comentario: Una vida conforme a la Palabra: 1. Aceptando la Palabra de Dios 1:19–20

   Santiago acaba de decirle a sus lectores que Dios les ha dado el nacimiento espiritual por medio de la palabra de fe, es decir, por el evangelio (1:18). Ahora les dice que deben vivir según dicha palabra, ya sea que les llegue en forma escrita o hablada. Dicha palabra ha sido plantada en sus corazones y puede salvarlos.

[19]. Amados hermanos míos, tomad nota de esto: Sea cada uno pronto para escuchar, tardo para hablar y tardo para airarse, 20 ya que la ira del hombre no produce la vida justa que Dios quiere.

   A lo largo de su carta en general, y en este pasaje en particular, Santiago habla directamente a sus lectores. Les dice qué hacer y qué no hacer. Aquí les dice: “Tomad nota de esto”. ¿Y qué deberían saber? Por medio de un paralelismo típicamente semítico él expresa este proverbio:

Sea cada uno pronto para escuchar

tardo para hablar

tardo para airarse.

   Los oradores que tienen el talento de expresarse fluida y elocuentemente están en gran demanda. Reciben reconocimiento, admiración y aclamación. Santiago, sin embargo, pone énfasis no en hablar sino en escuchar. Esto es más importante que hablar.

   Escuchar es un arte difícil de dominar, ya que significa centrar un interés intenso en la persona que habla. Escuchar es el arte de cerrar la propia boca y abrir los oídos y el corazón. Escuchar es amar al prójimo como a uno mismo; sus preocupaciones y sus problemas son lo suficientemente importantes como para ser escuchados.

   Santiago les advierte a sus lectores que han de estar plenamente conscientes de las palabras que dicen. De hecho, sus palabras traen ecos del dicho de Jesús: “Pero os digo que los hombres tendrán que dar cuenta en el día del juicio de cada palabra descuidada que hayan dicho. Porque por vuestras palabras seréis absueltos, y por vuestras palabras seréis condenados”. (Mt. 12:36–37; consultar Ec. 5:1–2; Ec. 5:11).

   Cuando Santiago dice que debemos ser tardos para hablar no está pidiendo que hagamos un voto de silencio. El más bien desea que seamos sabios al hablar. Los proverbios judíos más prevalentes en la época de Santiago eran los siguientes: “Hablar poco y hacer mucho”; “Es atinado que los sabios guarden silencio, y mucho más que lo hagan los necios”; “Hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio” (Pr. 17:28). Salomón dijo algo parecido en este proverbio: “Cuando las palabras son muchas, no estará ausente el pecado, pero quien reprime su lengua es sabio” (Pr. 10:19).

    Las palabras descuidadas frecuentemente acompañan un arranque de ira. Por supuesto, la ira justa tiene su lugar, pero el salmista nos dice que debemos conocer los límites de la ira justa: “En vuestra ira no pequéis” (Sal. 4:4; Ef. 4:26; y véase Mt. 5:22). Santiago nos pide que sepamos contenernos cuando estamos airados.

   Tenemos nuestras excusas a la mano para justificar nuestra ira: demasiada ocupación, demasiada presión, un rasgo característico de familia o aún el consabido “no pude evitarlo”. Santiago descarta las excusas cuando dice: “Sea cada uno … tardo para airarse”. Vale decir que debemos ser capaces de rendir cuenta de cada palabra que hablamos. “El hombre iracundo exhibe necedad’ (Pr. 14:29), y la ira es pecado (Ef. 4:31; Col. 3:8; Tit. 1:7). El hombre colérico escucha la voz del maligno y no la voz de Dios.

   Santiago es directo. Él dice: “la ira del hombre no produce la vida justa que Dios quiere”. La ira estorba las oraciones del creyente (1 Ti. 2:8) impidiéndole así la promoción de la causa de Cristo. En efecto, le ha dado “una oportunidad al diablo” (Ef. 4:27). Considérese el caso de Moisés, que se enojó con los israelitas y no escuchó las instrucciones que Dios le había dado. Fue desobediente y por eso no se le permitió entrar en la Tierra Prometida (Nm. 20:10–12, 24; 27:14; Dt. 1:37; 3:26–27).

   Cuando vivimos la vida justa que Dios espera de nosotros, escuchamos con cuidado y obediencia la Palabra de Dios. Cuando planeamos hacer o decir algo, deberíamos preguntarnos si nuestras acciones y palabras promueven la honra de Dios y avanzan la causa de la justicia y la paz para nuestro prójimo. Cuando permitimos que la ira nos guíe, ya no somos guiados por la ley de Dios. “El hombre airado provoca disensión, y el violento comete muchos pecados” (Pr. 29:22). En vez de ello, el creyente debe controlar su temperamento, orar pidiendo sabiduría y obedecer la ley de Dios.

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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