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Lunes 16 De Julio De 2018 “La Necesidad De Ser Llenos Del Espíritu Santo”

Lunes 16 De Julio De 2018 “La Necesidad De Ser Llenos Del Espíritu Santo”

Lectura Bíblica: Los Hechos Cap. 2, versículos 1 al 4. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Comentario: Introducción: Aunque Hechos es un libro histórico, Lucas omite referencias a fechas exactas. Generalmente, los estudiosos están de acuerdo en que en la cronología de Hechos la fiesta de Pentecostés del año 30 d.C. fue celebrada la última semana de mayo. La palabra Pentecostés deriva de una palabra griega que significa “quincuagésimo”. Los judíos celebraban Pentecostés como la Fiesta de las Semanas el quincuagésimo día después de la Pascua (Lv. 23:15–16; Dt. 16:9–12). También se le llamaba la Fiesta de la Cosecha (Ex. 23:16). Los judíos consideraban Pentecostés el festival de la cosecha, tiempo en que presentaban los primeros frutos de la cosecha de trigo (Nm. 28:26). Después de la destrucción del templo en el año 70 d.C. cambiaron este festival para conmemorar el día cuando recibieron el Decálogo en el Monte Sinaí. Se basaban para ello en la referencia cronológica de Éxodo 19:1. Presumiblemente los judíos actuaron en reacción a la observancia cristiana de Pentecostés.

Versic 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un lugar.

En respuesta a la orden de Jesús (1:4), los apóstoles esperan el don del Espíritu Santo pacientemente y en

oración en Jerusalén. El texto griego comienza con la palabra y; esto indica que el acontecimiento de Pentecostés está estrechamente ligado con la ascensión de Jesús. Una traducción literal del texto griego dice: “Cuando el día de Pentecostés se hubo cumplido”. Es decir, cuando se llegó al día número cincuenta, el período de espera se completó. Para los apóstoles, una nueva era comenzaba.

¿Cuántas personas estaban reunidas el día de Pentecostés? Nosotros suponemos que en los 120 estaban incluidos todos los creyentes (1:15). Sin embargo, hay algunas objeciones a esta interpretación. El último versículo del capítulo anterior (1:26) menciona a los apóstoles; en el capítulo dos, no son los 120 sino que el centro de la atención está ocupado por Pedro y los Once (v. 14); y en la conclusión del sermón de Pedro la multitud se dirige a los apóstoles y no a los 120 (v. 37). Por el otro lado, no podemos limitar el adjetivo todos a los doce apóstoles cuando el contexto del capítulo precedente enfatiza la armonía cristiana como un elemento básico. Por lo tanto, interpretamos el adjetivo de tal modo de incluir a todos los creyentes mencionados en el capítulo anterior.

¿Dónde estaban los creyentes? Lucas es bastante parco al decir que estaban “en un lugar”. Si suponemos que ese lugar era el aposento alto (1:13), tendríamos que preguntarnos si aquel cuarto podría acomodar a 120 personas. Pero Lucas dice que ellos estaban sentados en una casa (v. 2) y no en las cercanías del templo. Tenemos que admitir que es difícil lograr certeza al respecto, pero nos inclinamos a pensar que el lugar de reunión estaba cerca del templo, donde los apóstoles regularmente adoraban a Dios (c.f. Lc. 24:53).

Versic. 2. Y de repente vino del cielo un ruido como de un viento fuerte que soplaba y llenó toda la casa donde estaban sentados. 3. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos. 4. Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad.

Nótese los siguientes tres puntos:

  1. El viento. En horas de la mañana del día de Pentecostés, de pronto la gente escucha el sonido de un fuerte viento que soplaba desde los cielos. Un aspecto importante en la venida del Espíritu Santo es lo repentino de su aparición. Aunque, tal como fueron instruidos, los discípulos se quedan en Jerusalén precisamente esperando el derramamiento del Espíritu, su repentina manifestación sorprende a todos. Los creyentes en Cristo experimentarán idéntica situación cuando de pronto Jesús regrese. No obstante las señales de los tiempos, Jesús dijo a los suyos que su regreso será sorprendente e inesperado.

Lucas dice que hay sonido como de un viento fuerte al soplar. El no dice que el viento mismo haya estado produciendo los efectos por todos conocidos. Leyendo otra parte de las Escrituras sabemos que tanto en el hebreo como en el griego es una y la misma palabra la que representa el doble significado de viento y espíritu (Ez. 37:9, 14; Jn. 3:8). Nosotros oímos y sentimos el efecto del viento pero no podemos verlo. Así es con el Espíritu. El Espíritu Santo viene del cielo de Dios, no del cielo atmosférico, con el sonido de un fuerte viento. Y llena la casa donde los creyentes están sentados y clamando por su venida (c.f. 4:31).

Vemos el significado del viento en el relato de Lucas. El viento simboliza al Espíritu Santo, quien llena la casa donde están sentados los creyentes. El sonido del viento señala poder celestial, y su repentina aparición nos habla del comienzo de un acontecimiento sobrenatural.

b.El fuego. “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos”. Este es el cumplimiento de la descripción que Juan el Bautista hace del poder de Jesús: “El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11; Lc. 3:16). A menudo en el Antiguo Testamento el fuego es simbólico de la presencia de Dios, especialmente en relación con la santidad, el juicio y la gracia. Por ejemplo, Moisés oyó la voz de Dios en la zarza ardiendo diciéndole que se quitara sus sandalias (Ex. 3:2–5); el fuego consumió el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo (1 R. 18:38); y un carro de fuego llevó a Elías al cielo (2 R. 2:11).

Los creyentes reunidos en Jerusalén no sólo oyen la venida del Espíritu Santo sino que también lo ven tomar forma de lo que pareciera ser lenguas de fuego. El fuego, símbolo de la divina presencia, toma la forma de lenguas que no salen de la boca de los creyentes, sino que reposan sobre sus cabezas. Por lo tanto, no debemos confundir estas lenguas con las “otras lenguas” mencionadas en el versículo siguiente (v. 4), donde Lucas introduce el milagro de hablar en lenguas.

El Espíritu Santo se hace visible con esta manifestación externa y reposa sobre cada uno de los creyentes. No se trata de una ilusión óptica, porque Lucas claramente señala que vieron lenguas de fuego. La venida del Espíritu da cumplimiento a la profecía de Juan el Bautista de que los discípulos serían bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Así, la venida del Espíritu Santo anuncia una nueva era, porque viene a habitar con los hombres no temporalmente sino para siempre.

c.Las lenguas. “Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad”. El texto griego indica que la llenura con el Espíritu ocurrió de una vez por todas; es decir, el Espíritu no vino y se fue, sino que permaneció, como es evidente en el relato de Lucas. Cuando Pedro se dirige al Sanedrín, él está lleno del Espíritu (4:8; y véase también 4:31). Después de su conversión, Saulo recibe el Espíritu Santo (9:17; c.f. 13:9, 52). El derramamiento del Espíritu no es repetitivo porque el Espíritu Santo permanece con la persona que ha sido llenada. Además, va alcanzando en círculos concéntricos a los samaritanos (8:17), a los gentiles (10:44–46), y a los discípulos de Juan el Bautista (19:1–6). Esto ocurre en perfecta armonía con y en cumplimiento del mandamiento de Jesús dado a los apóstoles de ser testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (1:8).

¿Qué efecto produce el Espíritu Santo en todos los creyentes? Lucas dice que “fueron todos llenos”. No debemos limitar el adjetivo todos a los apóstoles, porque Pedro en su sermón habla del cumplimiento de la profecía de Joel y dice que: “Tus hijos e hijas profetizarán” (v. 17; Jl. 2:28). Y cuando más tarde Pedro y Juan hicieron notar a los creyentes lo que los sumos sacerdotes dijeron, todos fueron llenos del Espíritu Santo (4:31). El efecto del hecho de que el Espíritu Santo mora en la persona es que el Espíritu toma plena posesión del creyente individualmente.

El cristiano que es lleno con el Espíritu llega a ser el portavoz del Espíritu. En el caso de los creyentes en Jerusalén, hablaron en otras lenguas probando así que el Espíritu Santo los controla y los capacita. La palabra lengua es equivalente al concepto lenguaje hablado. Esto se hace evidente en el comentario de Lucas que “cada uno les oía hablar en su propia lengua” (v. 6); las multitudes preguntan, “¿Cómo entonces les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (v. 8); y dicen: “Les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (v. 11). Las lenguas que los creyentes hablan son idiomas hablados en regiones desde Persia en el este hasta Roma en el oeste. No podemos tomar por iguales lo que ocurrió en Pentecostés y las lenguas habladas en la iglesia de Corinto. Los que hablan en otras lenguas en Pentecostés no hablan para la edificación de la iglesia (a diferencia del hablar en éxtasis [1 Co. 14]). Mientras que en la iglesia de Corinto el hablar en éxtasis tiene que ser interpretado, en Pentecostés los oyentes no necesitan tener intérpretes porque ellos oyen y pueden entender sus propios idiomas. La habilidad de hablar en lenguas viene de adentro de la persona y es una manifestación interna del Espíritu Santo; el viento y el fuego son manifestaciones externas.

Consideraciones doctrinales en 2:2 y 4

Versículo 2

Aquí encontramos el pleno cumplimiento de la promesa que Jesús hizo a los apóstoles: “Ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días” (1:5). El día de Pentecostés, el Espíritu llenó a cada uno de los que estaban en la casa sentados, de manera que 120 fueron bautizados espiritualmente (vv. 2, 4). Es muy interesante un estudio del bautismo del Espíritu en Hechos. “Dondequiera se menciona el bautismo en el Espíritu después de Pentecostés, nunca es una experiencia de creyentes que han sido bautizados antes en el Espíritu, sino que se trata de nuevos creyentes que han sido traídos a la fe de Cristo”.

Después del derramamiento del Espíritu Santo sobre los judíos en Jerusalén, Jesús extendió su iglesia agregando a los samaritanos, quienes recibieron el Espíritu (8:16–17). Luego invitó a los gentiles a incorporarse en ella. Esto ocurrió cuando Pedro predicó el evangelio en la casa de Cornelio y el Espíritu Santo se derramó sobre ellos (10:44–45). Finalmente, fueron agregados a la iglesia los discípulos de Juan el Bautista, quienes no habían oído el evangelio y no sabían nada acerca del Espíritu Santo. Pablo los bautizó en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo vino también sobre ellos (19:6).

Pedro dijo a la multitud en Jerusalén: “Arrepiéntanse, y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo” (2:38). El estudio de Hechos nos permite llegar a la conclusión de que el bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu ocurren normalmente en forma simultánea.

Versículo 4

Aunque algunos estudiosos afirman que el milagro de hablar en lenguas tiene que ver más con los que escuchan que con los que hablan, esta opinión falla en hacer justicia a quienes, llenos del Espíritu Santo, hablaron en lenguas. El contexto del acontecimiento de Pentecostés destaca los comentarios de aquellos que escucharon a los apóstoles hablar en sus idiomas nativos, pero debemos atender a un par de preguntas. Por ejemplo, si decimos que los creyentes, por el poder del Espíritu, hablaron a las gentes en sus propios idiomas, ¿por qué Pedro les habló en un solo idioma (v. 14)? Luego, si la multitud entendió el idioma de Pedro, tendríamos que suponer que estaban también capacitados para conversar en griego, en arameo, o en ambos idiomas. Además, la expresión otras lenguas no se aplica a Judea (v. 9), porque allí se hablaba arameo y griego. Por último, si cada uno de los presentes pudo oír acerca de “las maravillas de Dios” en su propia lengua nativa, ¿por qué algunos se mofaron de los apóstoles diciendo que estaban borrachos? (v. 13) Debido a lo sintético del relato de Pentecostés, quedan algunas preguntas específicas sin contestar. De lo que se nos dice, sólo podemos sacar algunas conclusiones generales.

El Espíritu Santo unifica a los creyentes de diferentes regiones del mundo a través del milagro de hablar a las gentes en el idioma de la fe. Permite que los oyentes superen la confusión de lenguas de Babel (Gn. 11:1–9) al llamarlos a responder al evangelio con arrepentimiento y fe. En medio de una multitud de incrédulos que se mofan del milagro de Pentecostés, tres mil personas se arrepienten, son bautizados y se unen a la iglesia (v. 41).

   Nota: Entre los judíos que vivían en la dispersión, muchos decidieron trasladar su residencia a Jerusalén por propósitos religiosos o educacionales. Así, de numerosos países llegaron para residir allí temporal o permanentemente. Además, un buen número de peregrinos había venido para celebrar la fiesta judía de las cosechas llamada Pentecostés (compare 20:16; 1 Co. 16:8).

1er Titulo:

El Espíritu Santo Nos Hace Semejantes a Cristo. San Mateo 11:29: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Comentario: La promesa es: y yo os daré descanso. Tal descanso no es sólo negativo, ausencia de incertidumbre, temor, ansiedad y desesperación; positivamente es paz en la mente y en el corazón (Sal. 125:1; Is. 26:3; 43:2; Jn. 14:27; 16:33; Ro. 5:1); seguridad de salvación (2 Co. 5:1; 2 Ti. 1:12; 4:7, 8; 2 P. 1:10, 11). Continúa: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí… En la literatura judía un “yugo” representa la suma total de las obligaciones que en conformidad con la enseñanza de los rabinos, una persona debe asumir. Esta definición explica expresiones como “yugo de la tora”, “yugo de los mandamientos”, “yugo del reino de los cielos”, etc. Ya ha sido demostrado que debido a la mala interpretación, la alteración y los añadidos a la Ley de Dios, el yugo que los maestros de Israel ponían sobre los hombros del pueblo era el de un legalismo totalmente falto de fundamento. Era el sistema de enseñanza que enfatizaba la salvación por medio de la estricta obediencia a una multitud de reglas y ordenanzas. Ahora aquí, en 11:29, Jesús pone su propia enseñanza en contraste con lo que la gente se había acostumbrado a recibir. Cuando dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí” o “y llegad a ser mis discípulos”, quiere decir: “Aceptad mis enseñanzas, a saber, que una persona se salva por medio de su sencilla confianza en mí”. Continúa: porque soy manso y humilde de corazón… Al explicar la palabra “manso” según aparece en 5:5 se señaló que la persona mansa es quien “encuentra refugio en el Señor, entrega su camino enteramente a él, dejándolo todo en manos de aquel que ama y cuida”. Véase también sobre 12:19, 20. Es claro que la persona mansa es pacífica y pacificadora. Por lo tanto, no es extraño que el Nuevo Testamento siriaco (Peshitta) diga: “Venid a mí … y os haré descansar … porque estoy lleno de descanso… y hallaréis descanso para vosotros”. Esto, o algo muy similar a esto podría bien haber sido lo que Jesús, hablando arameo, muy parecido al siriaco, dijo ese día a la multitud remordida por la conciencia. El sinónimo de “manso” es “humilde”, en oposición a “soberbio” (cf. 1 P. 5:5).

El resultado de tomar el yugo de Cristo y ser su discípulo es: y hallaréis descanso para vuestras almas (o “para vosotros mismos”). El “hallar” es obtener. Nótese el paralelo: “Yo os daré descanso” (v. 28) y “hallaréis descanso” (v. 29). Los hombres no pueden obtener a menos que Cristo lo dé. Jamás pueden descubrir lo que él no ha dado a conocer. Concluye: Porque mi yugo es benigno, y mi carga es ligera. No hay que olvidar que un yugo, literalmente un marco de madera, era puesto sobre los hombros de una persona con el objeto de hacer más ligera de llevar una carga al distribuir en igual proporción el peso a ambos lados del cuerpo. Sin embargo, esto no excluía enteramente la posibilidad de que si la carga era demasiado pesada el yugo no fuera de suficiente ayuda para el portador. En consecuencia, aun un yugo podía ser llamado pesado (Hch. 15:10). Así que, para hacer placentera la tarea de cargar, el yugo no solamente debía quedar bien ajustado en los hombros, que no provoque irritación, sino también la carga no debía ser demasiado pesada. Simbólicamente hablando, Jesús aquí asegura a las personas oprimidas a las que está hablando, tanto entonces como ahora, que su yugo, esto es el que él exhorta a que usen, es benigno, y su carga, esto es, lo que él requiere de nosotros, es ligera. Por lo tanto, lo que está diciendo en realidad es que la sencilla confianza en él y la obediencia a sus mandamientos nacida de nuestra gratitud por la salvación ya impartida por él, es placentera. Trae paz y gozo. La persona que vive este tipo de vida ya no es esclavo. Ha llegado a ser libre. Sirve al Señor espontánea, ansiosa y entusiastamente. Hace lo que él (el “nuevo hombre” en él) quiere hacer. Cf. Ro. 7:22. Por el contrario, el esfuerzo de querer salvarse por sí mismo por medio de la escrupulosa adhesión a todas las reglas y ordenanzas artificiales y arbitrarias sobre-impuestas a la ley por los escribas y fariseos (24:3) significa la esclavitud. Produce miseria y desesperación. Por lo tanto, dice el Señor, “Venid a mí”.

En el estudio de este maravilloso pasaje (vv. 28–30) hay un hecho que generalmente se pasa por alto en silencio. Es este: El consejo autorizado que Jesús da no es solamente bueno para el alma; cuando se le hace caso también beneficia enormemente al cuerpo. El descanso—paz del corazón y de la mente—que Jesús aquí provee es lo opuesto a la gravísima tensión mental que envía a tanta gente a los doctores, a los hospitales y a la

muerte. La ausencia de paz, sea en la forma de ansiedad o de rencor y ánimo de venganza (el deseo ardiente de “arreglar cuentas”), puede producir úlceras, colitis, hipertensión, ataques al corazón, etc. Las enseñanzas de Cristo, si se toman de todo corazón, tienen un efecto curativo en toda la persona, alma y cuerpo. El es un Salvador completo.

2° Titulo:

Solo El Cristiano Movido Por El Espíritu Santo Es Sumiso. 1 Pedro 5:5. Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.

Comentario: Observemos estos puntos:

  1. Pedro se vuelve a los jóvenes y usa la expresión asimismo. En la epístola de Pedro esta frase puede no significar más que el escritor está haciendo una transición en su consideración (véase 3:1 con su explicación). La frase, pues, es más o menos el equivalente del adverbio conectivo también.

Por consiguiente, Pedro primero instruye a los ancianos a demostrar su disposición a servir y a ser modelos para los creyentes. Luego, les dice a los jóvenes que se sometan a los que son mayores que ellos. ¿Está Pedro considerando aquí primeramente el oficio de anciano y luego un oficio ocupado específicamente por jóvenes? Si bien la Escritura introduce el oficio de anciano (1 Ti. 3:1–7; Tit. 1:5–9), no menciona ningún oficio específico para los jóvenes. Es cierto que en la iglesia antigua los jóvenes cumplían ciertas tareas en los oficios de sepelio (Hch. 5:6, 10); y que Pablo instruye a Timoteo para que“trate a los jóvenes como hermanos” (1 Ti. 5:1), y a Tito para que los anime a ser sobrios (Tit. 2:6). Pero el Nuevo Testamento no aporta ninguna evidencia de que estos jóvenes sirviesen en algún cargo oficial. Por consiguiente, si tenemos en cuenta esta falta de evidencia, no podemos comprobar que Pedro esté pensando en estos jóvenes como diáconos.

Cuando consideramos este versículo vemos claras líneas de subordinación. El trasfondo cultural es evidente. El escritor judío del primer siglo, Filón, observa que la secta denominada Esenios separaba a los hombres mayores de los jóvenes. El sábado, en sus sinagogas, “distribuidos en filas según sus edades, los jóvenes estaban por debajo de los mayores, y se sentaban decorosamente como cuadraba con la ocasión…

¿Se refiere el vocablo griego que traducimos “ancianos” (“mayores de edad” v. 5) a la función (véase v. 1) o a la edad? Dado que Pedro no menciona ningún oficio específico para los jóvenes en el versículo 5, colegimos que está pensando en edad y función. Una interpretación no elimina la otra. Una palabra puede tener dos significados cuando un escritor da indicaciones a tal efecto. Por ejemplo, Pablo confirma un cambio como este en el significado para la palabra presbyteros en 1 Timoteo 5:1 (“hombre mayor”) y en 1 Timoteo 5:17 (“anciano”).

Pedro enseña que en la iglesia los ancianos están llamados a ocupar posiciones de liderazgo; exhorta luego a los hombres más jóvenes a someterse a ellos. Insta también a estos jóvenes a mostrar respeto y deferencia por los que son de edad más avanzada. La implicación es que ellos aprenden así obediencia y humildad de sus mayores, y que al mismo tiempo se capacitan para tomar posiciones de liderazgo en la iglesia y en la comunidad.

  1. Tanto para la generación mayor como para la más joven, la humildad debe ser el sello de la vida cristiana. Pedro escribe: “Revistanse todos de humildad en su trato mutuo”. ¿Es la palabra todos  restrictiva o inclusiva? En el sentido restrictivo se aplica a los jóvenes, de modo que los versículos 5a y 5b conforman una unidad. Pero esta combinación deja el resto de la oración gramáticamente desconectada de la que la precede. La mayoría de los traductores, por consiguiente, han optado por el significado inclusivo de todos. Han combinado el versículo 5b y el 5c, de modo tal que 5a forma una oración separada.

“Revístanse todos de humildad en su trato mutuo”. El griego da una descripción interesante de esta acción de revestirse de humildad. La palabra vestir o revestir significa atarse una prenda de ropa. Por ejemplo, los esclavos acostumbraban a anudar un pañuelo o un delantal blanco sobre su ropa para distinguirse de los hombres libres. La sugerencia es que los cristianos deben atar a su conducta la humildad de modo que se los pueda reconocer. Pedro exhorta a los lectores a atar la humildad a sus personas una vez y para siempre. En otras palabras, permanece con ellos por el resto de sus vidas.

¿Qué es la humildad? Jesús invita a sus seguidores a aprender de él la humildad. Invita a todos los que están cansados y cargados a venir a él y a aprender. Porque, dice él, “soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29). La humildad se manifiesta cuando consideramos a otros mejores que nosotros mismos (Fil. 2:3). La humildad es una de las virtudes cristianas, junto con la compasión, la amabilidad, la bondad y la paciencia (Col. 3:12). La Escritura también advierte en contra de la falsa humildad, que tiene apariencia de sabiduría y que demuestra su inutilidad en un despliegue de “adoración autoimpuesta” (Col. 2:18, 23). Finalmente, Pedro enseña a sus lectores cómo deben vivir como cristianos al decirles, entre otras cosas, que deben ser “compasivos y humildes” (3:8).

  1. “Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes”. Pedro sustenta su exhortación con una apelación a la Escritura. El cita Proverbios 3:34, que en Hebreos difiere ligeramente de la redacción griega, pero no en su significado: “[Dios] escarnecerá de los escarnecedores y a los humildes da gracia”. Es posible que este pasaje circulara en sinagoga y en la iglesia como dicho proverbial, ya que Santiago también cita este versículo (4:6).

El creyente debe saber que Dios ha provisto para él todo lo que necesita. “El creyente nada posee que no haya recibido, nada es a no ser por la gracia de Dios, y aparte de Cristo nada puede hacer”. De atribuirse algo a sí mismo, no sólo estaría robando a Dios sino que también se encontraría con él como su adversario. Por consiguiente, el cristiano vive humildemente con su Dios (Mi. 6:8).

 

3er Titulo:

La Adoración y La Alabanza Es La Manifestación Gloriosa En El Espíritu. Efesios 5:18-20. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Comentario: Una de las más notables manifestaciones de “falta de sensatez” es la borrachera. Su antídoto, “ser llenos del Espíritu” indica una avenida mucho mejor de verdadero entendimiento. De ahí que existe una doble relación entre los vv 17 y 18. Pablo escribe: 18. Y no os embriaguéis con vino, lo cual está asociado con la vida disoluta, sino sed llenos del Espíritu. Hay tiempos cuando el alborozo del corazón y mente está enteramente dentro de su lugar. Las Escrituras mencionan gritos de gozo (Sal. 5:11; 32:11; 35:27; etc.), plenitud de gozo (Sal. 16:11), nuevas de gran gozo (Lc. 2:10), gozo indecible y lleno de gloria (1 P. 1:8). No obstante, el alborozo impropio cuando la forma de producirlo es también incorrecta. Así que es impropio buscar excitación por medio del excesivo uso del vino. Lo que se prohibe es el abuso del vino, no su uso (1 Ti. 5:23). Tal abuso era un peligro real en la iglesia primitiva, como ciertamente lo es hoy día, y esto queda demostrado por restricciones como las que siguen: “El obispo debe ser irreprensible … no dado al vino (uno que se detenga junto a su vino)” (1Ti. 3:3; cf. Tit. 1:7); “Los diáconos asimismo (deben ser) dignos, no… adictos a mucho vino” (1 Ti. 3:8); y “Exigid a las ancianas igualmente (que sean) reverentes en su porte… no esclavas de mucho vino” (Tit. 2:3).

La intoxicación no es el remedio efectivo para los afanes y preocupaciones de esta vida. La pretendida ayuda que provee no es real. Es el pobre substituto del diablo por el “gozo indecible y lleno de gloria” que Dios provee. Satanás está siempre substituyendo lo malo por lo bueno. ¿No se le ha llamado acaso “el imitador de Dios”? El emborracharse con vino está “asociado con la vida licenciosa” o “conducta disoluta”, “temeridad” (Tit. 1:6; 1 P. 4:4). Caracteriza a la persona que, al continuar así, no puede ser salva.143 Pero no necesita continuar así. El hijo pródigo de la inolvidable parábola vivió disolutamente (adverbio análogo del nombre disolución o vida disoluta que ocurre aquí en Ef. 5:18). La extravagancia y la falta de sobriedad se hallaban combinadas en su conducta, tal como con toda probabilidad se hallan combinadas en el significado de la palabra “vida disoluta” usada en este pasaje de la carta de Pablo a los efesios. Sin embargo, hubo salvación para él al arrepentirse. Ojalá que todo el que lea esto se sienta alentado (Is. 1:18; Ez. 33:11; 1 Jn. 1:9).

El remedio real para combatir la pecaminosa embriaguez es el que señala Pablo. A los efesios se les insta buscar una más alta, mucho mejor fuente de regocijo. En vez de emborracharse deben llenarse. En lugar de emborracharse con vino deben ser llenos del Espíritu. Obsérvese el doble contraste. Aunque es verdad que el apóstol hace uso de una palabra, a saber, pneúma, la cual al traducirse puede a veces ser escrita con y otras veces sin mayúscula inicial (es decir, “Espíritu” o “espíritu”), en el caso presente debe escribirse con mayúscula, como lo es muy a menudo. Sin duda alguna Pablo estaba pensando en la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. Como evidencias en apoyo de este punto de vista tenemos: a. la expresión “lleno con” o “lleno de” el pneúma, siendo la referencia al Espíritu Santo, es muy común en las Escrituras (Lc. 1:15, 41, 67; 4:1; Hch. 2:4; 4:8, 31; 6:3; 7:55; 9:17; 13:9);144 y b. el contraste mismo aquí en 5:18 entre emborracharse con vino y ser lleno del pneúma ocurre también, aunque en forma levemente diferente, en Hch. 2:4, 13, donde la referencia solamente puede ser al Espíritu Santo.

Además, los antiguos usaban dosis abundantes de vino no sólo para olvidar las preocupaciones y adquirir jovialidad sino también para entrar en comunión con los dioses, y mediante esta comunión recibir conocimiento estático imposible de recibir de otro modo. Tal necedad, que a menudo estaba relacionada con las orgías dionisíacas, es contrastada por el apóstol con el éxtasis sereno y la dulce comunión con Cristo que él mismo estaba experimentando en el Espíritu al escribir esta epístola a los efesios (véase sobre 1:3; 3:20). Lo que entonces dice es lo siguiente: La borrachera no conduce a nada bueno, sino al vicio, ella no os brindará placer

legítimo, ni conocimiento útil, ni tranquilidad perfecta. No os ayudará sino que os perjudicará. Deja un amargo sabor y provoca interminables calamidades (cf. Pr. 23:29–32). Pero a la inversa, el ser llenos con el Espíritu os enriquecerá con los preciados tesoros de gozo permanente, profundo entendimiento, satisfacción interna. Aguzará vuestras facultades para recibir la divina voluntad. Obsérvese el contexto inmediato, v. 17 “Por tanto, no seáis insensatos sino entended cual (es) la voluntad del Señor”. Por tanto, “no os embriaguéis con vino, sino sed llenos del Espíritu”.

Siendo así llenos con el Espíritu los creyentes no sólo gozarán de esclarecimiento y regocijo sino que además expresarán jubilosamente su vivificante conocimiento de la voluntad de Dios. Revelarán sus descubrimientos y sentimientos de gratitud. De ahí que Pablo prosigue:

Versic.19. hablándoos unos a otros en salmos e himnos y cantos espirituales. El término salmos tiene con toda probabilidad referencia, al menos principalmente, al Salterio del Antiguo Testamento; himnos, principalmente a las alabanzas dadas a Dios y a Cristo en el Nuevo Testamento (v. 14 más arriba, donde Cristo es alabado como la fuente de luz, conteniendo tal vez líneas de uno de estos himnos); y finalmente, cantos espirituales, principalmente a la lírica sagrada tratando temas no directamente relacionados con la alabanza a Dios o a Cristo. Puede existir, sin embargo, cierta superposición en el significado de estos tres términos según el uso que Pablo hace de ellos aquí.

El punto a recalcar es que los creyentes deben hablarse unos a1 otros por medio de estos salmos e himnos y cantos espirituales. No se trata de una mera recitación de lo que hayan aprendido de memoria. “Hija, sabes tú que tu Redentor vive?” dice el director a la solista. Luego de una respuesta afirmativa él prosiguió, “Entonces cántalo otra vez, pero esta vez haz que lo sintamos”. Así lo hizo ella, y hubieron lágrimas de gozo y acción de gracias en todos los ojos. Continúa: cantando y haciendo melodía de vuestro corazón al Señor. La idea de algunos que en las dos partes de este versículo el apóstol hace referencia a dos clases de canto: a. audible (“hablando”) y b. inaudible (“en la quietud del corazón”), debe ser descartada. Si tal hubiese sido su intención, habría insertado la conjunción y o y también entre las dos partes. Las dos son evidentemente paralelas. La segunda explica y completa la primera: Al reunirse los creyentes, no deben dedicarse a fiestas desordenadas sino a edificarse mutuamente, hablándose el uno al otro en un cantar cristiano, haciéndolo de corazón, a la gloria y honor de su bendito Señor. Deben hacer música con la voz (“cantando”) o en cualquiera forma correcta, sea por medio de voz o instrumento musical (“haciendo melodía”). Cf. Ro.15:9; 1 Co. 14:15; Stg. 5:13.

Por medio de salmos, himnos, y canciones espirituales los creyentes manifiestan su gratitud hacia Dios. En este tema Pablo se extiende ahora como sigue: 20. dando gracias siempre por todas las cosas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo a (nuestro) Dios y Padre.

Además, se añade lo siguiente: Acción de gracias correcta

  1. ¿Qué es?

Acción de gracias es el reconocimiento agradecido de los beneficios recibidos. Presupone que la persona ocupada en esta actividad reconoce tres cosas: a. que las bendiciones que disfruta le fueron otorgadas, de modo que honradamente no puede atribuirse crédito por ellas; b. que es totalmente indigno de ellas; y c. que son grandes y muchas.

Pablo ya ha mencionado el dar gracias en este capítulo (5:4). Se refiere a esto vez tras vez en sus epístolas. Lo considera tan importante que desea que los creyentes “sobreabunden en acción de gracias” (Col. 2:7). La gratitud es lo que completa el ciclo por medio del cual las bendiciones derramadas en los corazones y vidas de los creyentes vuelven al Dador en forma de adoración continua, amorosa y espontánea. Seguida correctamente, tal acción de dar gracias es una actitud y acción que el creyente mismo perpetúa, puesto que implica un recuerdo y recuento de bendiciones recibidas. Naturalmente, tal recuento o concentración de la atención sobre las bendiciones hace que éstas resalten más claramente, dando como resultado nuevas acciones de gracias. La expresión de gratitud es por tanto la más feliz respuesta a los favores inmerecidos. Mientras dura, los afanes tienden a desaparecer, las quejas se desvanecen, aumenta el valor para afrontar el futuro, se forman resoluciones virtuosas, se experimenta la paz, y Dios es glorificado.

  1. ¿Cuándo debe tener lugar?

El apóstol dice, “siempre”. Es propio dar gracias después que la bendición se ha recibido, esto es, cuando la situación que produjo la alarma ha pasado y se ha restaurado la calma, así como los israelitas lo hicieron después de haber cruzado el mar Rojo (Ex. 15); y como el escritor del Salmo 116 lo hizo después que el Señor hubo escuchado su oración; y como lo hará un día la gloriosa multitud en las riberas del mar de cristal (Ap. 15). Es propio también dar gracias en medio de la angustia, como lo hizo Jonás cuando estuvo “en el vientre del pez” (Jon. 2:1, 9). Es aun propio cantar canciones de alabanza y acción de gracias antes que la batalla haya comenzado, como lo ordenó Josafat (2 Cr. 20:21). Los creyentes pueden y debe dar gracias siempre porque no existe ni un solo momento en que no se hallen bajo el ojo atento de Jehová cuyo nombre mismo indica que sus misericordias son inmutables y que jamás fallarán.

  1. ¿Por qué cosas se han de dar gracias?

Pablo responde, “por todas las cosas”. De ahí que la gratitud debe ser sentida y expresada por bendiciones físicas y espirituales; “ordinarias” y extraordinarias; pasadas, presentes y futuras (las últimas, porque están incluidas en una promesa infalible); por las cosas recibidas y aun por las no recibidas. Debe tenerse constantemente presente que el que, bajo la dirección del Espíritu Santo dio esta exhortación, se hallaba en prisión al escribir este mandamiento. No obstante, a pesar de sus cadenas, mejor dicho a causa de sus cadenas, dio gracias a Dios (Fil. 1:12–14). Podía gozarse en debilidades, injurias, privaciones, y frustraciones (2 Co. 12:10). Vez tras vez, estando en prisión, Pablo da gracias a Dios y exhorta a sus lectores a ser agradecidos [p 265] también (Ef. 1:16; 5:4, 20; Fil. 1:3, 12–21; Col. 1:3, 12; 2:4; 3:17; 4:2; Flm. 4). Esto puede parecer muy extraño. Es, sin embargo, enteramente consistente con el resto de las enseñanzas de Pablo, puesto que armoniza maravillosamente con la seguridad que “a los que aman a Dios todas las cosas cooperan a bien” y que “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” con un amor del cual jamás seremos separados (Ro. 8:28–39).

  1. ¿Cómo se ha de dar gracias?

La respuesta es “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, puesto que fue él quien ganó todas estas bendiciones para nosotros, de modo que las recibimos “junto con él” (Ro. 8:32). Es también él quien purificará nuestras peticiones y acciones de gracias y, así purificadas, las presentará, junto con su propia intercesión, ante la presencia del Padre.

  1. ¿A quién debe ser ofrecida?

Se responde: “a (nuestro) Dios y Padre”. Hay quienes jamás dan gracias. Así como el rico insensato de la parábola narrada en Lc. 12:16–21 ellos parecen atribuirse el crédito por todo lo que poseen o han realizado. Hay otros que se sienten obligados al prójimo. Reconocen causas secundarias, pero nunca la Primera Causa (Ro. 1:21). Pero, siendo que los efesios sabían que todas sus bendiciones emanaban constantemente de Dios, el Dios que en Cristo Jesús era su Padre, y dado que también se hallaban conscientes del hecho de que ellos constituían

parte de “la familia del Padre” (véase sobre 3:14, 15), de modo que los beneficios que habían recibido, que estaban recibiendo, y que todavía habrían de recibir, procedían de su amor, debían ser capaces de entender lo razonable de la exhortación de que a este Dios y Padre suyo debían atribuir acción de gracias y alabanza constante.

4° Titulo:

El Espíritu Santo Reviste De Humildad y Nos Hace Servidores. San Juan 13:13-15. Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Comentario: Habiendo sido satisfecha la objeción de Pedro, Jesús termina de lavar sus pies, y también los pies de los otros hasta que se concluye la labor. Entonces el Señor volvió a vestirse y a sentarse en el lugar que tenía en la mesa.

A fin de entender lo que sigue, debe tenerse presente que el lavamiento de los pies era a. un elemento especial en la humillación de Cristo; b. un símbolo de esa humillación (el agua que quitaba la suciedad física era verdadero símbolo del sufrimiento de Cristo durante toda su vida en la tierra y especialmente en la cruz, con el cual no sólo expía la culpa de su pueblo sino también obtiene para el mismo la acción santificadora del Espíritu Santo) y c. una lección en humildad; en otras palabras, un ejemplo.

Las ideas a. y b. están íntimamente relacionadas. Respecto a ellas Jesús ya le ha dicho a Pedro que entendería después, no ahora. Sin embargo, Jesús había preparado su mente y la mente de los demás  diciéndole, “si no te lavo, no tienes parte conmigo”. Pero si bien los discípulos podían, en este momento captar sólo un vislumbre del profundo significado de lo que estaba implicado en el lavamiento de los pies, la moraleja tiene significado inmediato para ellos. ¡Cómo necesitaban la lección (c. arriba) que Jesús les quiso enseñar por medio de esta acción! ¡Téngase presente Lc. 22:24!

Así, pues, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Sabéis lo que os he hecho?” ¿Captáis la enseñanza positiva y práctica que os acabo de impartir? Adviértase que el Señor no reprende a estos hombres. No les dice: “¡Avergonzaos! Os debíais haber lavado los pies unos a otros en lugar de esperar a que yo lo hiciera”. Este reproche va ciertamente implícito en la exhortación, pero las palabras de Jesús van mucho más allá. Nunca queda satisfecho con ser solamente negativo. Es como si dijera, “El pasado fue suficientemente malo; ya no vamos a hablar más de él; en cuanto al futuro, sigan mi ejemplo”. El reproche implícito, oculto en palabras de exhortación amorosa y positiva, a menudo produce mejores resultados que el reproche explícito. En esta atmósfera positiva Jesús prosigue:

“Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy”.

En realidad los discípulos tenían razón en dirigirse a Jesús como Maestro (διδάσκαλος, probablemente debe considerarse como traducción del arameo Rabí; como 1:38 parece indicar), porque su enseñanza “con autoridad y no como los escribas” era la más grande que se hubiera oído en la tierra. También tenían razón en dirigirse a él como Señor ( κύριος); y cuanto más profundo fuera el significado que le dieran a este concepto, tanta mayor razón tenían. Era, realmente, el Señor de todas las cosas (véase sobre 13:1, 3); además, era igual, en esencia y autoridad, a Dios Padre.

Cuando Jesús agrega,“Y tienes razón, porque lo soy”, hace una afirmación que está totalmente en armonía con su gran declaración de 10:30: “Yo y el Padre uno somos”. Los que pretenden que Jesús nunca se presentó a sí mismo como el objeto digno y legítimo de adoración, están claramente en un error.

Ahora viene la aplicación. Se argumenta de mayor a menor: “Pues si yo, vuestro Señor y Maestro los términos están invertidos ahora, porque es sobre todo como Señor que Jesús puede exigir el derecho a la obediencia he lavado vuestros pies (y la forma misma de la frase condicional indica que se supone correctamente que esta acción efectivamente ha tenido lugar), vosotros también debéis (tiempo presente) lavaros los pies los unos a los otros”. Sin duda que, si el Señor de la gloria está dispuesto a ceñirse con una toalla, a tomar la forma de siervo, a lavar y a secar realmente los pies de aquéllos que están muy por debajo de sí mismo, debería resultar fácil a los que son simples discípulos prestarse este servicio de amor entre sí con espíritu de genuina humildad. Adviértase la posición enfática de los pronombres en el original. Hemos tratado de conservar algo del sabor del original por medio de la letra bastardilla.

¿Instituye Jesús aquí una nueva ordenanza, la del lavamiento de los pies? No, no manda a los discípulos que hagan lo que () él ha hecho; les ha dado un ejemplo a fin de que ellos, por decisión propia, puedan hacer como (καθώς) él ha hecho. En consecuencia, agrega expresivamente: “porque ejemplo (πόδειγμα sólo aquí en Juan, aunque se encuentra también en He. 4:11; 8:5; 9:26; Stg. 5:10; y 2 P. 2:6) os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. Jesús ha mostrado (cf. el verbo δείκνυμι) su humildad (πό) en la misma presencia de ellos (de ahí, πόδειγμα).

Pero aunque aquí no se ha instituido ningún sacramento que deba imitarse literalmente, esto no elimina el hecho de que bajo ciertas condiciones quienes quieran mostrar su hospitalidad de esta forma estén haciendo lo que corresponde (cf. 1 Ti. 5:10). Debería, sin embargo, subrayarse que lo que Jesús tuvo en mente no fue un rito externo sino una actitud interna, la de la humildad y voluntad de servir.

Amén, para la gloria de Dios.

Bibliografía: Comentario del nuevo testamento por William Hendriksen

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.