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Lunes 14 de octubre De 2019: “Raíces de amargura que no deben existir en el corazón del cristiano”

Lunes 14 de octubre De 2019: “Raíces de amargura que no deben existir en el corazón del cristiano”

Lectura Bíblica: Hebreos Cap. 12, versículo 15. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.

   Comentario: 15. Mirad que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga crezca para causar dificultades y contaminar a muchos.

   Aquí llega la advertencia; el escritor nos instruye acerca de qué no hacer.

Qué debemos evitar. En primer lugar, el escritor reafirma la responsabilidad corporativa de los creyentes. “Mirad que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios” (compárese con 3:12; 4:1, 11). Como miembros del cuerpo de Cristo somos responsables el uno por el otro. Tenemos la tarea de supervisarnos el uno al otro en asuntos espirituales, de manera que podamos crecer y florecer en la gracia de Dios y no nos veamos privados de ella. Es decir, no debe permitirse que nadie se extravíe, ya que si esto sucede esa persona pasa a ser presa de Satanás y perderá la gracia de Dios (2 Co. 6:1; Gá. 5:4). La supervisión mutua dentro del marco de todo el cuerpo estimula la salud espiritual del miembro individual. Hay que evitar, en consecuencia, esa indiferencia manifestada por Caín, quien preguntó: “¿Soy yo el guarda de mi hermano?” (Gn. 4:9). En vez de ello debiéramos preguntarnos el uno al otro por nuestro bienestar espiritual, aunque quizá no en la anticuada manera de hacerlo que tenía un predicador metodista que preguntaba: “¿Cómo va con tu alma, hermano?” Pero lo cierto es que como miembros del cuerpo de Cristo debemos hacer preguntas de este tipo a nuestros hermanos y hermanas en el Señor.

   En segundo lugar, si se descuida la supervisión mutua, surgen otros problemas. Quedar privados de la gracia de Dios desemboca en caer en la apostasía. Y caer en la apostasía es equivalente a servir otros dioses. El escritor de Hebreos hace una cita aproximada de la versión de la Septuaginta de Deuteronomio 29:18 (v. 17, LXX), donde Moisés le dice a los israelitas: “Aseguraos de que no haya hoy hombre o mujer, clan o tribu de entre vosotros cuyo corazón se aparte del Señor vuestro Dios para ir y adorar a los dioses de esas naciones; aseguraos de que no haya raíz entre vosotros que produzca un veneno tan amargo”.

   Las raíces de diversas malezas se propagan rápidamente y producen plantas en todos los lugares donde crecen tales raíces. Estas raíces se desarrollan sin que uno se dé cuenta; y la rápida multiplicación resultante de estas plantas es muy inquietante. Tales raíces y plantas traen dificultades para las plantas útiles que se ven privadas de los nutrientes necesarios y como resultado brindan una cosecha escasa.

   Con esta imagen tomada del mundo de la agricultura, el escritor de Hebreos mira a la iglesia y comparara a la persona que ha perdido la gracia de Dios (y ha caído) con una raíz amarga. Una persona tal causa dificultades entre el pueblo de Dios porque altera la paz. Con sus amargas palabras, él priva a los creyentes de la santidad. Dice el escritor que esta persona contamina a muchos. El verbo contaminar, manchar, comunica la idea de darle color a algo pintándolo o manchándolo. Evitad tal amargura, porque os manchará. “Para los puros, todas las cosas son puras, pero para los que están corrompidos y no creen, nada es puro” (Tit. 1:15).

   Citas Bíblicas: Deuteronomio 29:18 no sea que haya entre vosotros hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aleje hoy del SEÑOR nuestro Dios para ir y servir a los dioses de aquellas naciones; no sea que haya entre vosotros una raíz que produzca fruto venenoso y ajenjo. 2 corintios 6:1 Y como colaboradores con El, también os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano; Gálatas 5:4 De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. Tito 1:15 Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Hebreos 4:1 Por tanto, temamos, no sea que, permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.

1er Título

La Permanencia Del Espíritu Santo Nos Mantendrá Libre De Sinsabores. Efesios 4:30 al 32. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

   Comentario: El ideal que se tiene en vista en relación a la edificación del cuerpo de Cristo está declarando en el versículo 13. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del claro conocimiento del Hijo de Dios. Esto nos hace volver nuevamente a la unidad espiritual requerida en el v. 3, y a la “una fe” a la cual se hizo referencia en el v. 5. Nos hace recordar también 3:19: “para que seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios”. Cuando el v. 13 se considera a la luz de los versículos precedentes se hace evidente que lo que el apóstol tiene en mente es que la iglesia entera—consistiendo no sólo de apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, sino también los demás—debe ser fiel a su llamamiento de servir, con miras a la edificación del cuerpo de Cristo, de modo que la verdadera unidad y crecimiento espiritual sean promovidos. Obsérvese, “todos lleguemos”. No hay lugar en la iglesia para zánganos, sino sólo para abejas diligentes. A los tesalonicenses el apóstol había dicho, “porque oímos que algunos entre vosotros se están comportando en forma desordenada, no siendo aplicados trabajadores sino curiosos entremetidos” (2 Ts. 3:11). Pablo censura severamente esta actitud. Es precisamente la unidad lo que se promueve cuando todos están ocupados en los asuntos de la iglesia y cuando los miembros se dedican a hacer el servicio para el cual el Señor los ha equipado. Así ha sucedido a menudo con jóvenes que comienzan a impregnarse de entusiasmo al desenvolverse en este o aquel programa de la iglesia. Por ejemplo, la junta de misiones domésticas de cierta denominación inició un programa de actividades de verano. Este programa requiere de los jóvenes envueltos en él que, en distintos lugares a través de todo el país, y por varias semanas del verano, reciban no sólo instrucción especial con respecto a los propósitos y métodos misioneros, sino que también hagan contactos con aquellos que no han sido antes ganados para Cristo. Ellos llevan el mensaje, enseñan, organizan varias actividades sociales y religiosas, no les importa vivir por algún tiempo en un sector de clase muy baja en estrecho y beneficioso contacto con la comunidad. ¡Cómo brillan los ojos de estos jóvenes cuando vuelven! Ahora tienen una experiencia que contar y se les ve con encendido interés para Cristo y la iglesia como nunca lo tuvieron antes. A menudo estos contactos hechos durante el verano continúan por medio de correspondencia y visitas. Además, las sociedades de jóvenes y las congregaciones que han tomado parte patrocinando el programa, y estando así también implicadas, reciben nueva bendición cuando los jóvenes testigos vuelven con sus informes. De esta manera, se ha promovido la unidad, unidad de fe en Cristo y de conocimiento—no sólo intelectual sino conocimiento del corazón—del Señor y Salvador, a quien, por su majestad y magnificencia, se le llama aquí “el Hijo de Dios” (cf. Ro. 1:4; Gá. 2:20; 1 Ts. 1:10). De este modo todos los creyentes avanzan hacia la madurez. La figura fundamental es la de un varón fuerte, maduro, bien formado (no únicamente un “ser humano”). Esta madurez se describe en Col. 4:12 como sigue: “enteramente asegurados en toda la voluntad de Dios”. Tal como a un hombre físicamente robusto se le puede describir como lleno de viril fortaleza y sin defecto, así también el individuo espiritualmente maduro—la madurez que debe ser el ideal—es sin defecto espiritual, lleno de lo bueno, vale decir, de toda virtud cristiana que proviene de la fe en y conocimiento del corazón de, el Hijo de Dios. Continúa: a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Se podría traducir también, “a una medida de edad caracterizada por la plenitud de Cristo. Sea que en la figura fundamental se trate de plenitud de edad o plenitud de estatura, en cualquiera de los casos es una “plenitud de Cristo”. Es la plenitud de aquel que cumplió totalmente la misión terrenal para la cual fue ungido, y que anhela impartir salvación plena y gratuita a los que creen en él.

   A menudo surge la pregunta, ¿Pueden los creyentes durante la vida presente llegar a esta “medida de la estatura de la plenitud de Cristo”? De acuerdo a algunos, sí. Lenski, por ejemplo, menciona a Pablo como uno de los que logró tal plenitud (op. cit., p. 533). Sin embargo, el pasaje mismo en realidad no enseña esto. Podemos aceptar, indudablemente, que no todos permanecen como “bebés” en Cristo. Algún grado—o mejor, un alto grado—de madurez se puede obtener aquí ahora mismo. Y cuanto más sinceramente se esfuercen los santos en alcanzarla realizando con humildad y de todo corazón la obra de servicio de unos para otros y para el reino en general, tanto más se avanzará hacia este ideal. Sin embargo, aquella plena madurez espiritual, que en su más alto grado alcanza a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, no es realizable antes de la muerte. Pablo sería uno de los primeros en admitir esto. Obsérvese lo que dijo con respecto a sí mismo en Ro. 7:14: “más yo soy carnal, vendido bajo el poder del pecado”; y lo que habría de decir muy poco después de que esta carta a los efesios hubiese llegado a su destino: “Hermanos, yo no creo haberla aún alcanzado; pero una cosa (hago), olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13, 14). Con respecto a lo demás, en cuanto a grado, tiempo y posibilidades de alcanzarlo véase sobre 3:19 donde está analizado el mismo tema.

   Sin embargo, es posible lograr un excelente crecimiento en madurez por medio del esfuerzo humano que dimana de y es sustentado de principio a fin por el Espíritu Santo. Esto es evidente según las palabras que siguen: 14, 15.… para que116 ya no seamos más niños llevados de aquí para allá por las olas y girados en remolino por toda ventolera de doctrina, por las tretas de los hombres, por (su) astucia para tramar el error; sino que, aferrándonos a la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo.

   El ideal de la plena madurez cristiana está caracterizado en el v. 14 por medio de su aspecto negativo y en el v. 15 por su aspecto positivo. En su esfuerzo para alcanzar la meta y avanzar en aquella dirección, los creyentes son estimulados por el deseo de no ser ya más como niños desvalidos en un barco que no pueden controlar en medio del mar agitado por las olas en la tempestad. Pablo sabía muy bien lo que significaba “ser lanzado de aquí para allá” por las olas. Mientras escribía esta carta, debe haber tenido presente ante sí el cuadro de gráfico espanto vivido en el viaje que lo llevó a su presente prisión en Roma (Hch. 27:14–44, especialmente el v. 27). Pero el ser llevado de aquí para allá y girados en remolino “por toda ventolera de doctrina” es peor aún que experimentar los peligros del mar. ¿Qué era realmente lo que el apóstol tenía en mente cuando así amonestó a los efesios? Bien haremos aquí en tener presente dos hechos: a. que la mayoría de los lectores eran en realidad recientes convertidos del paganismo; y b. que, aunque debemos, por tanto, deducir que la descripción era especialmente aplicable a ellos, no obstante, el apóstol no puede haber estado pensando solamente en estos convertidos del mundo gentil, puesto que usa la primera persona plural, diciendo, “que ya no seamos más niños llevados de aquí para allá”, etc.      El que los paganos en su ceguedad y superstición sean a menudo arrastrados por las olas y los vientos de la opinión pública, dando oído a las últimas novedades, se ilustra gráficamente en el relato de Lucas sobre la experiencia de Pablo y Bernabé en Listra. Primero sostuvieron que Pablo era Mercurio, y Bernabé Júpiter. Poco después esta misma gente se dejó persuadir por los malvados judíos y apedrearon a Pablo dejándole casi muerto (Hch. 14:8–20). Pero aun los seguidores de Jesús tienen mucho que aprender con respecto a esto. Un caso típico de inestabilidad, antes de llegar a ser de hecho “una roca”, fue Simón Pedro. En los Evangelio se le describe como hombre que oscila constantemente de un extremo a otro. Le vemos ahora caminando osadamente sobre las aguas (Mt. 14:28); muy luego se halla gritando, “¡Señor, sálvame!” (Mt. 14:30). En un momento hace una gloriosa confesión (Mt. 16:16). Aún no se apagan los ecos de esta notable declaración, cuando comienza a reprender a Cristo mismo a quien había confesado (Mt. 16:22). Promete su vida por Jesús (Jn. 13:37). Horas más tarde se halla repetidamente vociferando “no soy su discípulo” (Jn. 18:17, 25). Después de la victoriosa resurrección de Cristo corre a la zaga de Juan hacia la tumba. Al llegar, entra a ella antes que Juan (Jn. 20:4–6).   En Antioquía primero desecha todas las ideas de segregación racial y come con los gentiles. Muy pronto se aparta totalmente de los convertidos del mundo pagano (Gá. 2:11, 12).

   Además de sus dificultades con Pedro, Pablo tuvo otras tristes experiencias con la confusa y fluctuante humanidad. En su primer viaje misionero Juan Marcos le había abandonado (Hch. 13:13; 15:38). Los gálatas se habían apartado del evangelio (Gá. 1:6). Y durante este mismo tiempo, mientras Pablo escribía sus “epístolas carcelarias”, algunos de los miembros de la iglesia de Colosas deben haber estado en un verdadero peligro de prestar oídos a los falsos filósofos. El apóstol sabe que no hay nada tan estabilizador como ocuparse día tras día en servicio lleno de amor hacia Cristo. Nadie aprende la verdad más rápido que aquel que, con sinceridad de corazón y consagración, enseña a otros. Ojalá entonces, que los efesios desvíen su atención de “las tretas de los hombres”, y se sumerjan totalmente en la obra del reino. El pensamiento del contexto aquí es: todos los santos, bajo la dirección de los apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, unidos como un hombre para la obra del ministerio.

   El término “tretas”, que se aplica a todos aquellos que en realidad intentaban desviar a los creyentes, es kubeia, de kúbos, que significa cubo, dado. Pablo tiene en mente, entonces, el juego de dados en el cual se usaban tretas o engaños para ganar. De ahí que la palabra llegó a significar treta; aquí “tretas humanas”, “literalmente el talento, la prontitud para usar cualquier medio para tramar el error”. Los pensamientos y planes de estas astutas personas estaban constantemente dirigidos hacia (griego πρός) “los métodos para engañar”. Cf. Col. 2:4, 8, 18, 23; luego también Ro. 6:17, 18; 2 Co. 2:17; 11:13; Gá. 2:4.

   Ahora bien, el error jamás puede ser vencido por mera negación. Contra los engaños de los maestros del error los efesios debían aferrarse a la verdad, esto es, practicar la integridad. ¿Y qué ministerio (véase v. 12) puede ser más noble que aquel que, resistiendo resueltamente al error, oponiendo contra él la fidelidad “de la palabra y la vida”, realiza todo esto en un espíritu de amor? Existen dos grandes enemigos en contra de un ministerio próspero, sea que éste se desarrolle entre creyentes o entre no creyentes. Uno es el apartarse de la verdad, el acomodarse a la mentira, sea en palabras o en hechos. El otro es la fría indiferencia con respecto a corazones y vidas, dificultades y pruebas, de las personas que uno ostensiblemente está procurando persuadir. Pablo tiene la verdadera solución: la verdad ha de ser puesta en práctica con amor (3:18; 4:2; 5:1, 2), que era exactamente lo que en forma constante hacía él (2 Co. 2:4; Gá. 4:16, 19; 1 Ts. 2:7–12); y enseñaba a otros a hacerlo (1 Ti. 4:11–13).

   En realidad, el amor (para lo cual véase 4:2) debe caracterizar a todos los aspectos de la vida. Mediante tal comportamiento impartiremos bendiciones no solamente a otros sino también a nosotros mismos, puesto que “creemos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo”. Hemos de creer en mayor unión con él. La misma intimidad de la consciente unidad con Cristo está enfatizada en Ro. 6:5, donde la idea se expresa diciendo que los creyentes son “plantados juntamente” con él. Tales declaraciones no destruyen en manera alguna la infinita distinción entre Cristo y los creyentes. No indican identidad sino intimidad. La distinción entre los creyentes y su Señor se enuncia claramente aquí, puesto que a él se le llama “la cabeza a ellos se les designa “todo el cuerpo”. Lo que se quiere expresar al decir crecer en Cristo está interpretado por el apóstol mismo en Fil. 1:21, “Porque para mí el vivir (es) Cristo, y el morir (es) ganancia”. En otras palabras:

“Luego ni una parte del día o la noche

Sea hallada libre de consagración,

Mas mi vida entera sea en cada paso,

Con él deleitosa y firme comunión”.

(Horatius Bonar)

   Citas Bíblicas: 2 Samuel 7:21 A causa de tu palabra, conforme a tu propio corazón, tú has hecho toda esta grandeza, para que lo sepa tu siervo. Proverbios 19:11 La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa. Mateo 6:14 Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Mateo 18:33 ¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti? 1 corintios 13:4 El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; 2 Corintios 2:7 así que, por el contrario, vosotros más bien deberíais perdonarlo y consolar lo, no sea que en alguna manera éste sea abrumado por tanta tristeza. 2 Corintios 2:10 Pero a quien perdonéis algo, yo también lo perdono; porque en verdad, lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en presencia de Cristo, Efesios 5:1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; Colosenses 3:12 Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; Colosenses 3:13 soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 1 Pedro 3:8 En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde;

2° Título

Los Celos En El Cristiano Traen Amargura Y Contención. Santiago 3:13 y ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad.

   Comentario: 13. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que lo demuestre por su buena conducta, por obras hechas en la humildad que proviene de la sabiduría.

   Santiago se dirige a los miembros de la iglesia. Da por sentado que ellos oran a Dios pidiendo sabiduría, que poseen esta virtud y que el mundo los mira esperando de ellos dirección. Pero como Santiago sabe que estas cosas no siempre son ciertas de los cristianos, quiere que sus lectores se examinen a sí mismos.

(a). Examen. “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?” Una persona sabia y entendida demuestra por lo que dice y por lo que hace que posee sabiduría. No está muy claro si Santiago está tratando aquí de calificar a los maestros de su tiempo como sabios. Si tal fuera el caso, vemos una relación directa entre el principio de este capítulo (“no muchos de vosotros deben presumir ser maestros”, v. 1) y la pregunta retórica que aquí se hace (v. 13).

   Santiago califica el término sabio con la palabra entendido. Esto significa que una persona sabia también tiene experiencia, conocimiento y habilidad.195 La sabiduría consiste en tener perspicacia y pericia para llegar a conclusiones correctas. Un viejo proverbio lo resume así: ‘Prevenir es mejor que curar, pero ser perspicaz es mejor todavía”.

   Incontables ejemplos demuestran que la gente de muchos conocimientos no es necesariamente sabia. Pero cuando una persona con conocimiento tiene perspicacia, sin duda es sabia. Si hay una persona sabia y entendida entre vosotros, dice Santiago, que lo demuestre con su vida.

(b). Demostración. Santiago alienta al sabio a mostrar por medio de su conducta que ha recibido el don de la sabiduría. “Que lo demuestre por su buena conducta”. Santiago parece indicar que entre los cristianos los hombres sabios y entendidos son la minoría, ya que no todo aquel que pertenece a la comunidad cristiano adquiere sabiduría. Pero exhorta a quienes la tienen a demostrar por palabra y obra que efectivamente son sabios. Santiago utiliza el verbo demostrar en el sentido de “probar”. Que el hombre realmente aporte verdaderas pruebas de que posee sabiduría y entendimiento. Que lo confirme por medio de su conducta diaria.

   ¿A qué se refiere Santiago cuando usa la expresión buena conducta? Se refiere a un modo de conducirse, noble y digno de alabanza. Es cierto, Santiago enfatiza “obras hechas en la humildad que proviene de la sabiduría”. Pero el hombre sabio afirma su noble conducta por medio de palabras y obras.

(c). Afirmación. “Los hechos hablan más fuerte que las palabras”. Esta verdad proverbial subraya la necesidad de observar las obras de una persona para ver si sus obras van de acuerdo con sus palabras. ¿Cuáles son estas obras? Son las que se hacen con un espíritu humilde y amable, controlado por un espíritu de sabiduría celestial.

   El énfasis en este versículo recae en aquella característica de la sabiduría llamada humildad. Esta cualidad puede también describirse como mansedumbre o amabilidad. La amabilidad se manifiesta en la persona que ha recibido sabiduría y que lo demuestra en todos sus hechos.

   En el libro de Eclesiástico, conocido también como Sabiduría de Jesús el hijo de Sirac, el escritor detalla algunos preceptos acerca de la humildad y dice: “Hijo mío, ejecuta tus tareas con humildad; entonces serás amado por aquellos a quienes Dios acepta” (Sir. 3:17, RSV).

   Versíc. 14. Pero si albergáis amarga envidia y ambición egoísta en vuestros corazones, no os jactéis de ello ni neguéis la verdad.

   Lo opuesto a un espíritu amable controlado por la sabiduría es un corazón lleno de “amarga envidia y ambición egoísta”. El contraste entre este versículo y el anterior tiene un paralelo directo en la epístola de Pablo a los gálatas, donde éste menciona, entre los frutos del Espíritu, “la mansedumbre y el dominio propio” (5:23). Entre las manifestaciones de una naturaleza pecadora están “la ambición egoísta … y la envidia” (5:20–21).

   Como pastor experimentado que es, Santiago sabe que entre los miembros de su iglesia hay algunas personas cuyo espíritu se caracteriza por la amarga envidia y por el egoísmo. El utiliza la forma plural vosotros, y por medio de una oración condicional indica que la evidencia se ajusta a la verdad. En otras palabras, se da cuenta de la condición espiritual de sus lectores. Si continúan abrigando envidia y egoísmo, serán consumidos.

   Santiago describe la envidia con el adjetivo amarga. No explica cuál es la causa de esta amarga envidia. Sin embargo, su descripción apunta a alguna transgresión al décimo mandamiento: “No codiciarás”. Abrigar amarga envidia es pecado. Y estar lleno de ambición egoísta va en contra de la enseñanza de la ley real: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Stgo. 2:8).

   “No os jactéis [de vuestra amarga envidia y ambición egoísta] ni neguéis la verdad”. Las personas que están consumidas por la envidia y el egoísmo habitualmente hablan de esto a cualquiera que les preste atención. Deben darse cuenta, sin embargo, de que todo lo que dicen es contradicho por la verdad. Cada vez que abren sus bocas para ventilar sus sentimientos, se engañan a sí mismas. Cuando Pablo advierte a los efesios en contra de contristar al Espíritu Santo, les dice que deben “librarse de toda amargura” (4:31). El corazón que alberga “amarga envidia y ambición egoísta” carece de sabiduría celestial.

   Citas Bíblicas: Romanos 2:8 pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación; 2 Corintios 12:20 Porque temo que quizá cuando yo vaya, halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que deseáis; que quizá haya pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancia, desórdenes; Gálatas 5:20 idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos; 1 Timoteo 2:4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad; Santiago 1:18 En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas; Santiago 3:16 Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala. Santiago 5:19 Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver,

3er Titulo

Job En Su Amargura Culpa A Dios De Favorecer A Los Impíos. Job 10:1 al 3. Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja. Hablaré con amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes; Hazme entender por qué contiendes conmigo. ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que favorezcas los designios de los impíos?

   Comentario: Estando cansado de la vida Job resuelve quejarse, pero no acusa a Dios de injusticia. Aquí hay una oración pidiendo que él sea librado del aguijón de sus aflicciones, que es el pecado. Dios contiende con nosotros cuando nos aflige; cuando contiende con nosotros siempre hay una razón, siendo deseable conocer la razón para arrepentirnos y abandonar el pecado por el cual Dios contiende con nosotros. Pero cuando, como Job, hablamos con amargura de nuestra alma aumentamos la culpa y el sufrimiento. No abriguemos malos pensamientos contra Dios; de ahí en adelante veremos que no había causa para ellos. Job está seguro de que Dios no descubre las cosas ni las juzga como lo hacen los hombres; por tanto, piensa que es extraño que Dios lo siga afligiendo como si debiera tomarse tiempo para inquirir sobre su pecado.

   Que se ve en esto tres versículos: Desaliento ▬ Descontento ▬ Cansancio de la vida ▬ y en versículo dos se ve: ▬Docilidad ▬Altercarmiento con Dios; versículo tres: ▬Injusticia.

   Citas Bíblicas: Sal. 31:10; Job23:2; Ec. 2:17; Oseas 4:1;

Docilidad: Esd.8:21; Mt. 18:3; Lc. 11:1; Hch. 8:31; 9:6; 16:30 

4° Título

Sabía Conducta De Ana, Traer Su Amargura A Los Pies Del Señor. 1° de Samuel 1:10 y 11. ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

   Comentario: Ana mezclaba las lágrimas con sus oraciones; consideraba la misericordia de nuestro Dios que conoce al alma atribulada. Dios nos da permiso, en oración, no sólo para pedir cosas buenas en general, sino para mencionar aquello que en especial más necesitamos y deseamos. Hablaba quedamente, nadie la podía oír. Con eso testificaba de su fe en Dios que conoce el corazón y sus deseos. Elí era el sumo sacerdote y juez de Israel.   No nos corresponde ser rudos y precipitados para censurar al prójimo, y pensar que la gente es culpable de cosas malas mientras el asunto sea dudoso y esté sin demostrar. Ana no contestó la acusación ni enrostró a Elí la mala conducta de sus propios hijos. En cualquier momento en que nos estén censurando injustamente, debemos poner doble guardia a la puerta de nuestros labios para no devolver reproche por reproche. Ana lo pensó bastante para tener todo claro, y así debemos hacerlo. Elí estuvo dispuesto a reconocer su error. Ana se fue satisfecha. En oración ella había encargado su caso a Dios y Elí había orado por ella. La oración es la calma del corazón para un alma bondadosa. La oración suavizará el rostro; debe hacerlo así. Nadie seguirá sintiéndose desgraciado por mucho tiempo si usa bien el privilegio de ir al trono de misericordia de un Dios reconciliado en Cristo Jesús.

   Verdad / Acción: Cómo controlar la lengua Controlar la lengua significa que debes comunicar a Dios lo que no debes decir a otras personas. 1.7, 10-11: Eleva tus quejas únicamente al Señor.

   Citas Bíblicas de amargura: Dt. 32.32; Jer. 4.18; Hech. 8:23; Ro. 3:14; Ef. 4:31; He. 12:15; Stgo 3:14.

Amén, para lo gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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