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Lunes 13 de mayo de 2019 “El deber de perdonar del pueblo de Dios”

Lunes 13 de mayo de 2019 “El deber de perdonar del pueblo de Dios”


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Lectura Bíblica: San Marcos Cap. 11, versículos 24 al 26. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

   Comentario: Esto se aplica también al versículo 24. Por tanto, os digo, todo lo que pidiereis en oración, creyendo que ya lo recibisteis, será vuestro. Varios asuntos requieren nuestra atención:

   —a. Es muy evidente que el versículo 24 tiene un estrecho paralelismo con el versículo 23.

Compárese:

    Versículo 23                          Versículo 24

Solemnemente os declaro que,                 Por tanto, os digo,

cualquiera que …                           todo …

no dudare … sino que creyere …             creyendo que ya lo recibisteis,

le será hecho.                              será vuestro.

   En consecuencia, dado que el versículo 23 es verdad; “por tanto” el versículo 24 también es verdad. En general, el significado de los dos versículos es el mismo.

   —b. En cierto sentido, el pensamiento expresado en el versículo 24 es aún más fuerte que el contenido en el versículo 23: la persona descrita en el versículo 23 cree que lo que dice va a suceder; las descritas en el versículo 24 están tan seguras de la respuesta a la oración, que en lo que a ellos concierne ya ha sucedido; ya lo han recibido.

   —c. “Todo lo que pidiereis en oración” es una traducción libre. Literalmente el texto dice: “todo aquello por lo que oráis (o: seguís orando) y pedís (o seguís pidiendo)”. Aunque es cierto que el primero de estos dos verbos se usa generalmente en oraciones dirigidas a Dios, en tanto que el segundo es más general, tal distinción apenas es pertinente en el caso presente. Si hubiera alguna distinción, “orar” sería el término considerado más general y “pedir” podría considerarse como llamando la atención a las varias y humildes peticiones que pertenecen a la oración. Pero aquí ambos son virtualmente uno (en el orden de la endíadis); de ahí, “pidiereis en oración”.

   —d. Si la promesa de Cristo, “Todo lo que pidiereis … será vuestro” nos parece casi increíble, debemos tener presente que tal oración y petición debe, por supuesto, estar en armonía con las características de la verdadera oración que Jesús revela en otras partes; en realidad debe estar de acuerdo con toda la enseñanza bíblica. Por tanto, debe ser expresión de: confianza humilde como la de un niño; nótese “creyendo que ya lo recibisteis”, y cf. Mr.10:15; también Mt. 7:11; 18:3, 4; Stg. 1:6.

corazón y mente sinceros (Mr. 12:40; cf. Mt. 6:5).

voluntad para perseverar (Mr. 13:13b; cf. Mt. 7:7; Lc. 18:1–8).

amor intenso para todos (Mr. 12:31, 33; cf. Mt. 5:43–48; Lc. 6:32–36).

sumisión a la soberana voluntad de Dios (Mr. 14:36b; Mt. 6:10b; 26:39).

   Esto implica que tal oración debe hacerse “en nombre de Cristo”, es decir, que está en armonía con todo lo que Jesús ha revelado acerca de sí mismo y que descansa en sus méritos (Mr. 9:37, 41; cf. Jn. 15:16; 16:23, 24; Ef. 4:32; 5:20; Col. 3:17).

   La oración es efectiva y agradable a Dios sólo cuando brota de un corazón amante. Esto se subraya en el pasaje que concluye el párrafo: 25. Y toda vez que estéis de pie orando … Nótese lo siguiente:

—Este pasaje nos recuerda insistentemente a uno que se halla en la quinta petición del Padre nuestro, Mt. 6:12, “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Véase también 6:14, “Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también os perdonará vuestro Padre celestial”. No existe en absoluto razón alguna para que Jesús no pudiese haber repetido aquí mismo, de manera algo diferente, lo que había enseñado a sus discípulos y a la gente en general en una anterior ocasión. Esto, con mayor razón, puesto que por naturaleza el pecador se resiste a perdonar. Necesita que se le recuerde esto una y otra vez. Por eso, véase también Mt. 18:21–35.

—b. “Toda vez que estéis de pie orando …”. Para la gente de los tiempos bíblicos no era extraño orar de pie. Además del presente pasaje, véase también Gn. 18:22; 2 S. 1:26; 1 R. 8:22; Neh. 9:4; Mt. 6:5.

   Había una gran diferencia entre aquellos dos hombres que oraban, según la descripción que se hace en la parábola del fariseo y el publicano (véase Lc. 18:9–14). Sin embargo, por lo menos en un aspecto se asemejaban: ambos oraban de pie. Puesto que la posición erecta indica reverencia y permite estar alerta, no se puede hacer ninguna objeción contra ella.

   Pero de ningún modo es ésta la única posición para orar que la Escritura menciona. Se indica también la posición de rodillas y hay otras posiciones. Para un resumen de las diversas maneras apropiadas, véase 1 Ti. 2:8.

—c. No es la posición del cuerpo sino la actitud del corazón y de la mente lo que importa principalmente. Por eso Jesús continúa diciendo: Perdonad si tenéis algo contra alguien, para que vuestro Padre que [está] en el cielo también os perdone a vosotros vuestras transgresiones. Como ya se señaló arriba en relación con el versículo 24 (véase en d.), la oración presupone un corazón que ama. La persona que ora debe estar deseosa y ansiosa de perdonar. Si le falta esta disposición, no tiene derecho de suponer que sus propias transgresiones hayan sido perdonadas.

   En la enseñanza de Pablo (Ro. 3:24; Ef. 2:8; Tit. 3:5) e indudablemente también en la de Cristo (Mt. 5:1–6; 18:27; Lc. 18:13; Jn. 3:3, 5), la salvación descansa no en los logros humanos sino solamente en la gracia y misericordia de Dios, pero esto en modo alguno significa que los que la reciben no tienen nada que hacer. Deben creer, e incluida en esa fe, está el anhelo de perdonar.

   Quien perdona es “vuestro Padre que está en el cielo” basándose en la expiación del Hijo (Ef. 4:32). La sola frase “vuestro Padre” nos exhorta a pensad en todas las bendiciones que constantemente recibimos de él y, por tanto, nuestro corazón debería abrirse hacia aquellos que os hayan herido.

—d. Nótese “vuestras transgresiones”. Transgresiones son desviaciones de la senda de la verdad y la justicia. Al cometerlas, se cae fuera de la senda del deber. Una transgresión es, por tanto, un paso en falso. Ahora bien, sean estas desviaciones de carácter leve, como en Gá. 6:1 y tal vez como en Ro. 5:15, 17, 18, o mucho más serias, como en Ef. 1:7; 2:1, deben perdonarse. Nótese, además, “si tenéis algo contra alguien …”. Aunque es probablemente acertado creer que Jesús pensaba ante todo en la fraternidad cristiana (véase Mt. 18:15–17), la comparación con Mt. 6:14, 15—“si perdonáis a los hombres sus ofensas”— indica que el perdón debe extenderse también a “los de afuera”. ¿No dijo Jesús lo mismo? Véase Lc. 23:34. ¿Y Esteban? (Hch. 7:60. Cf. Ef. 5:1, 2).

   Reuniendo todo lo que hemos aprendido sobre la higuera estéril (11:12–14; 20:25), ahora sabemos que:

­—a. La infructuosidad provoca maldición (11:12–14).

—b. La fe genuina desemboca en la oración contestada (11:20, 23).

—c. Por eso, tal fe inspira esperanza, sólidamente arraigada en las promesas de Dios (11:24).

—d. Culmina en el amor, que presupone un espíritu perdonador (11:25).

   Referencias Hechos 7:59-60. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. 

   Efesios 5.1-2. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó asimismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

   Comentario 2: (Pensamiento de aporte a la doctrina del perdón): Las enseñanzas de Jesús está enseñando en este pasaje a sus discípulos el valor de los mas pequeñitos, el Señor miraba a la gente humilde y nueva con ojos muy distintos a los que nosotros los miramos, esa gente que a veces consideramos menos importante, gente de bajo perfil, que no son extrovertidos, sino introvertidos, los no muy carismáticos, aquellos que no son líderes, ni gente de púlpito, que no sobresalen en los cultos y que no están dotados de muchos dones. Él nos exhorta amar a todos los hermanos y nos recuerda que “Dios puede usar, no cualquiera, sino al que él quiera”, Pablo dice sobre los pequeñitos; “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” Romanos 15:1. Los hermanitos menores, los pequeños y débiles en la fe, deben ser amados, protegidos y cuidados por los que son mayores o antiguos, los nuevos necesitan leche espiritual y los antiguos comen alimento solido como enseña Hebreos 5:12-14.

La doctrina del perdón

   El apóstol Pedro, el mas impetuoso y extrovertido de los apóstoles, pregunta al Maestro; “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete?”, el siete es un numero de plenitud, Jesús lo llevó al perdón máximo, el más alto y quizá el más difícil, “No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete”, ¡Guau! debemos estar siempre dispuestos a perdonar y cuanto alguien nos pida perdón de corazón, lo debemos perdonar de corazón. El perdón es básicamente una de las más grandes doctrinas cristianas, el hombre es intrínsecamente pecador y está perdido indefectiblemente, y por ende está condenado al infierno, pero Dios ofrece salvación eterna y perdón a los hombres de sus pecados por medio de su Hijo, el perdón es divino (Daniel 9:9, Proverbios 28:13, 1ª. Juan 1:9) así lo muestra la Biblia con claridad meridiana (Hechos 13:38, Colosenses 2:13, Romanos 4:7). La palabra hebrea es KAPAHR “cubrir, expiar, llevar la culpa”, también lee SALACH “perdón divino”, en el griego lee APHESIS “enviar de, liberar, remitir, despedir” y APOLOU “dejar, liberar, eximir de culpa, escatimar, indulgente”. El perdón también debe ser una cualidad en la vida de los creyentes, todos debemos estar dispuestos a perdonar por nuestra salud espiritual y física. El verdadero hijo de Dios debe perdonar a sus enemigos y debe perdonar a sus hermanos en la fe, así como Dios nos perdonó en Cristo, así nosotros debemos perdonar (Mateo 6:12, 18:35, Marcos 11:25, Efesios 4:32, Colosenses 3:13).

La práctica del perdón

   La parte más importante de la doctrina del perdón no es su comprensión teológica, el entendimiento del gran valor y la importancia del perdón, la seguridad que fuimos perdonados en Cristo, sino la práctica de la misma ¡como cuesta perdonar! No perdonar nos trae graves problemas, los cristianos, No perdonadores no pueden entrar al cielo y estar en la eternidad con un Dios perdonador. La falta de perdón produce profundas raíces de amargura, nos angustia el corazón, nos ata y no nos deja vivir la vida cristiana en libertad. Si perdonar es difícil, mucho más difícil es olvidar las ofensas y los agravios, Miqueas dice; “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” Miqueas 7:18-19. Así como Dios nos perdonó de verdad de nuestros pecados, y los borró todos para nunca más acordarse de ellos, así deberíamos nosotros perdonar y olvidar los agravios; “soportando unos a otros, y perdonándonos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo perdonó, así también hacedlo vosotros” Colosense 3:13.

1er Titulo:

El Perdón Debe Ser De Todo Corazón. San Mateo 18: 34 y 35. Entonces su señor, enojado, les entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

   Comentario: 34. Y lleno de ira su señor lo entregó a los verdugos hasta que pagase toda la deuda. En cuanto a la ira divina, véase sobre 3:7; también C.N.T. sobre Jn. 3:36 y sobreEf. 2:3. En cuanto a la ira humana y su sinónimo “enojo”, véase C.N.T. sobre Ef. 4:31. Aloír lo sucedido, lleno de indignación justa, el rey revoca su clemencia anterior. Ahora seejecuta el castigo ordenado en el v. 25. Además, el siervo sin misericordia es entregado a losverdugos, palabra que aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento. Estos eranfuncionarios señalados por los tribunales para torturar a quienes habían cometido crímenesatroces. Cf. Ap. 9:5; 18:7. Las palabras “hasta que pague toda la deuda” implican definidamente, “lo cual jamás podrá lograr”.

   Al leer esta conmovedora historia uno inmediatamente percibe que se trata de una parábola. La lección “los que se niegan a mostrar misericordia recibirán el castigo eterno” está levemente velada. Está claramente presentada en el interpretativo versículo final, el 35. Así también hará a vosotros mi Padre celestial si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano. En cuanto al significado, véase sobre 6:12b, 14, 15. Así que, esta fue la respuesta de Cristo a la pregunta de Pedro (18:21).

   Expresada en forma positiva, la lección principal y única de la parábola es esta: Motivado por la gratitud, el pecador perdonado siempre debe tener el anhelo de perdonar a quienquiera que haya pecado contra él, y debe hacer todo lo que esté en su poder a fin de producir una reconciliación completa.

   Hay varias lecciones secundarias que quedan implícitas, como las siguientes:

•a. Estamos todos endeudados con Dios (v. 23; cf. Ro. 3:23).

•b. Ninguno de nosotros puede pagar ni la deuda propia ni la deuda de su hermano (v. 25; cf. Sal. 49:7; Ro. 3:20).

•c. Sin embargo, esta deuda debe ser pagada (vv. 23, 24; cf. Gn. 2:17; Ro. 3:19; 5:18). d. Por medio del sacrificio expiatorio de Cristo la deuda ha sido cancelada en favor de todo aquel que cree en él (v. 27; cf. 20:28; Ro. 3:24; 2 Co. 5:21).

•e. Los hombres pueden estar seguros que sus deudas han sido canceladas solamente cuando ellos mismos perdonan las deudas de quienes les deben a ellos; esto es, pueden experimentar la seguridad del perdón solamente cuando se muestran deseosos de perdonar los pecados que han sido cometidos en contra de ellos (v. 35; cf. 6:12, 14, 15; Ef. 4:32).

•f. Por parte de quienes han sido perdonados, no debiera ser demasiado difícil perdonar puesto que lo que ellos deben a Dios es infinitamente más que lo que los hombres les deben a ellos (vv. 32, 33; cf. 2 Co. 9:15).

•g. La persona que no perdona está destinada al castigo eterno (vv. 34, 35; cf. Ro. 1:31, “implacables, sin misericordia”).

•h. Cuando se pregunta: “¿Quién debe dar el primer paso hacia la reconciliación, el que causó la ofensa, o el que sufrió la ofensa?”, la respuesta es: “Ambos” (v. 35; Mt. 5:23, 24; cf. Col. 3:12–14).

   Con el relato de esta parábola termina el Ministerio del retiro de Cristo. Acerca del Segundo ministerio en Judea (probablemente desde octubre a diciembre del año 29 d.C.) véaseespecialmente Jn. 7:2–10:39.

2° Titulo:

Debemos Perdonar Siempre. San Lucas 17: 3 y 4. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. 

   Comentario: 2. Mejor le sería sí, con una piedra de molino colgada a su cuello, hubiese sido echado al mar, que hacer pecar a uno de estos pequeños.

   ¡Qué terrible es poner en el camino de aun el más pequeño de los discípulos de Cristo una tentación; es decir, una incitación a pecar, un engaño atractivo, ¡una trampa!

   La piedra de molino de la que habla Jesús es la piedra superior de dos piedras entre las cuales se muele el grano. La referencia no es a la del molino manual sino a la piedra mucho más pesada que es movida por un burro. En medio de la piedra superior hay un agujero a través del cual se puede echar el grano para que sea molido entre las dos piedras.

   La presencia de este agujero explica la frase “una piedra de molino colgada al cuello”. Con una piedra tal alrededor del cuello al ser echado en el mar hace que el ahogarse sea doblemente seguro. Nótese “estos pequeños”. ¡Qué queridos son para el Salvador!

   Puesto que el pecado de hacer desviar a otros es tan terrible, Jesús podría haber añadido la amonestación: “Estad constantemente vigilantes respecto de vosotros mismos”, como para no estar implicados en este pecado. Esta interpretación hace clara la conexión con lo inmediatamente precedente. Sin embargo, el original puede traducirse: 3. Cuidaos constantemente los unos a los otros. Así interpretadas estas palabras fácilmente se vinculan con lo que sigue de inmediato: Si tu hermano comete un pecado, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Jesús continúa: 4. Aun si peca contra ti siete veces al día, y siete veces vuelve a ti diciendo: ¡Lo siento! debes perdonarle.

   Así como es malo que los discípulos incitan a otros a pecar, así también sería malo que ellos no perdonen cuando otros pecan contra ellos. Deben reprender al ofensor, y si se arrepiente, deben estar prontos a perdonarle. Además, como en la respuesta a la pregunta de Pedro, narrada en Mt. 18:21, 22, también aquí Jesús enfatiza que el espíritu de amor perdonador no reconoce fronteras ni limitaciones. Por lo tanto, lo que Jesús quiere decir es “perdona al arrepentido sin cesar jamás”.

   Este requisito doble, a saber, por una parte, el evitar el hacer tropezar a otros, y por otra parte, el estar siempre dispuestos a perdonar, requiere fortaleza de lo alto. Y creer que tal fortaleza les será dada en respuesta a sus oraciones exige más fe que los discípulos piensan que ahora tienen.

3er Titulo:

El Peligro De No Perdonar. San Mateo 18:18. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

   Comentario: 18. Os declaro solemnemente, todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. La solemne introducción—véase sobre5:18—indica que el Señor consideraba y todavía considera la disciplina, en la forma descritaen 18:15–18, como un asunto muy importante. Su descuido significa la destrucción final dela iglesia como medio poderoso para difundir la luz del evangelio entre sus miembros y entrelos inconversos. Véase Ap. 2:5. No debe haber dudas acerca del hecho de que, como en Jn.20:23 (nótese la expresión “los discípulos” en el v. 20 y “los doce” en el v. 24) estas palabrasfueron dirigidas a los discípulos o apóstoles.

   Introducción: Todos hemos sido heridos o recibiremos una ofensa durante la vida, si no tenemos cuidado esas ofensas y heridas pueden arruinar el curso de nuestra vida. El Padre celestial también fue ofendido con nuestros pecados, pero Él para darnos ejemplo tomó la decisión de perdonarnos y rescatarnos a través del sacrificio de su hijo Jesucristo. Dios nos ofrece perdón de pecados, y Él quiere que nosotros aprendamos a perdonar, a cancelar deudas, para que vivamos una vida feliz y abundante. La falta del perdón es una trampa, es una piedra de tropiezo para nuestras vidas y existen algunos peligros al no perdonar, veamos cuales son:

1. DESOBEDEMOS A DIOS: Marcos 11:25-26 a. Perdonar es un mandato de Dios, sino perdonamos no seremos perdonados. b. Al no perdonar desobedecemos la voluntad de Dios y eso acarrea consecuencias a nuestra vida.

2. LA FALTA DE PERDÓN ES UNO DE LOS OBSTÁCULOS MÁS GRANDES DE LA ORACIÓN Marc. 11:25 a. Al no ser perdonados, tenemos obstáculos para que nuestras oraciones sean escuchadas y por tanto contestadas. b. Cuando no perdonamos de corazón, perdemos comunión con Dios. c. La Biblia nos enseña que nuestras oraciones pueden tener estorbo si tenemos alguna raíz en el corazón. Debemos de analizar si la falta de respuesta a nuestras oraciones es causada por alguna falta de perdón. 1 Pedro 3:7

3. LE DAMOS DERECHO AL DIABLO DE DESTRUIRNOS: Efesios 4:7 a. La falta de perdón es una puerta abierta al enemigo, que destruye nuestra familia, nuestras finanzas, nuestra salud, nuestra vida. No prosperamos. b. Damos lugar al diablo al vivir en amargura, con iras, contiendas y falta de perdón. El odio abre puertas a que el diablo nos robe la paz, la salud, la prosperidad, etc.

4. PODEMOS SER TORTURADOS: 34 Mateo 18:34-35Entonces su señor, enojado, les entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. a. Guardar una herida en el corazón es como ser torturado continuamente, porque se revive una y otra vez aquella escena que nos causó tanto daño y eso no es saludable, porque nos enferma tanto emocional como físicamente: Dolores de cabeza, problemas del estómago, continúo stress.

5. NUESTRA FE PUEDE SER ANULADA: b. La falta de perdón bloquea el corazón y no lo deja creer, y por lo tanto desagrada a Dios porque la Biblia nos enseña, que sin fe es imposible agradar a Dios. (Hebreos 11:6).

6. LA FALTA DE PERDÓN DESTRUYE LAS BUENAS RELACIONES. a. Los ofendidos ponen una pared alrededor, no tienen amigos, son personas solitarias. b. Cierran su corazón y no confían en nadie. c. Podemos quedarnos solos. Porque nos alejamos de la gente para que no nos haga daño.

7. LA FALTA DE PERDÓN NO PERMITE CUMPLIR EL PROPÓSITO DE DIOS EN TU VIDA. a. La falta de perdón nos aleja del propósito de Dios porque nos aleja de la gente, de la iglesia, nuestro corazón se cierra a creer que todo es falso, que aun en la iglesia todos son mentirosos e hipócritas. b. Cuando en realidad Dios nos está perfeccionando por medio de las debilidades de otros.

   Conclusión: Para poder recibir las bendiciones de Dios, debemos aprender a vivir en perdón y eso requiere perdonar las veces que sean necesario. Mateo 18:22. Si quieres ser sanado física y espiritualmente, debes reconocer que necesitas perdonar y dejar ir la herida para que tu alma prospere y las ventanas de los cielos se abran para ti. Comienza recibiendo el perdón de Dios por medio de Jesucristo.

   Muchos creyentes por no perdonar ni olvidar las ofensas están llenos de resentimiento, no pueden ser felices, están atados de por vida, amargados, frustrados y algunos incluso hasta con enfermedades físicas y síquicas, definitivamente la falta de perdón es muy dañina. Acumular sentimientos negativos como rencor, odio o rabia afectan considerablemente la salud pues, entre otras cosas, debilitan al sistema inmunológico. El primer paso para acabar con esas dañinas emociones es saber perdonar y hacerlo de corazón, así sea a quien nos haya causado el disgusto o frustración o a nosotros mismos; “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” Santiago 5:16.

   Oración Del Pecador Señor Jesús reconozco que he pecado y que tú moriste por mí, hoy me arrepiento y te pido perdón. Te entrego mi vida y mi corazón para que seas mi Señor y mi Salvador, amén.

   Referencia: Mateo 6:14-15 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

4° Titulo:

Jesús Nos De Ejemplo De Perdón. San Lucas 23: 33 y 34. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

   Comentario: Y cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, le crucificaron allí junto con los malhechores, uno a su derecha, el otro a su izquierda.

   La palabra griega para Calavera es Kranion (cf. cráneo). En la Vulgata (Versión latina de Jerónimo) Kranion se tradujo Calvaria; cf. Calvario.

   ¿Por qué se dio este nombre al lugar? ¿Porque parecía una calavera? ¿Porque se encontró allí una calavera? Solamente podemos suponer. ¿Precisamente dónde estaba el Calvario? ¿Es posible señalar su ubicación exacta en el día de hoy? Todo lo que realmente sabemos es que Jesús fue crucificado fuera del muro de la ciudad. Esto lo declara en forma definida Heb. 13:12 y probablemente está implícito también en pasajes tales como Lc. 20:15; 23:26. ¿Pero cuál muralla? El primer muro, edificado por David y Salomón, ya no podría ser aplicable. El tercer muro, el que comenzó Herodes Agripa I, no fue edificado sino hasta después del tiempo de Cristo. La referencia entonces debe ser al segundo muro o al muro norte. La Iglesia del Santo Sepulcro, o en algún lugar cercano a ella, es el lugar favorecido por la tradición. Ha quedado claro por ahora, que el sitio que ocupa estaba en aquel tiempo justo al lado del muro. El Calvario estaba “cerca de la ciudad” y en su inmediato vecindario había un huerto. (Jn. 19:20, 41).

   ¡Nótense cuán pocas palabras—en el original solamente tres: “… allí lo crucificaron”—se usan para indicar este acontecimiento enormemente significativo! Con esta maravillosa sencillez podríamos comparar el modo en que la Escritura relata la historia de la creación de los mil millones de estrellas: “y las estrellas” (Gn. 1:16b).

   El pronombre ellos (implícito en “… allí [ellos] le crucificaron”) se refiere a los soldados, como es claro del pasaje paralelo en Mr. 15:16, 24. El modo de ejecución al que se hace referencia existía en muchas naciones, incluyendo el Imperio Romano. Roma generalmente (¡no siempre!) reservaba esta forma de castigo para los esclavos y para quienes habían sido condenados por los delitos más groseros.

   Bien se ha dicho que la persona que era crucificada “moría un millar de veces”. A través de manos y pies se clavaban largos clavos (Jn. 20:25; cf Lc. 24:40). Entre los horrores que sufría la persona mientras estaba suspendida (con los pies descansando sobre una tablita, no muy lejos del suelo) estaban los siguientes: la grave inflamación, la supuración de las heridas en la región de los clavos, el dolor insoportable de los tendones rotos, una angustia espantosa debido a la posición en que se encontraba el cuerpo, un dolor de cabeza

insoportable y una sed ardiente (Jn. 19:28).

   Sin embargo, en el caso de Jesús, el énfasis no debe ponerse en las torturas físicas que soportó. Se ha dicho que solamente los condenados en el infierno sabrán cuánto sufrió Jesús mientras estaba muriendo en la cruz. En un sentido esto es verdad, porque ellos también sufren la muerte eterna. Sin embargo, uno debiera añadir que ellos nunca han estado en el cielo. El Hijo de Dios, por otra parte, descendió desde las regiones del deleite infinito donde estaba en la comunión más estrecha con su Padre (Jn. 1:1; 17:5) a las profundidades del abismo del infierno. En la cruz él exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mr. 15:34).

   Fue una gran injusticia que Jesús fuese crucificado entre dos delincuentes, como si él mismo también fuese un criminal. Sin embargo, visto a la luz de la providencia divina, fue también una honra. ¿No es verdad que Jesús vino a la tierra con el fin de buscar y salvar lo que estaba perdido (19:10)? ¿No era “amigo de publicanos, y pecadores” (Mt. 11:19)? Véase también sobre Jn. 3:16 y sobre 1 Ti. 1:15.

   Al crucificar a Jesús entre estos dos delincuentes ¿era intención de Pilato insultar más aún a los judíos? ¿Era su intención decir: “¿Tal es vuestro rey, oh judíos, uno que no es mucho mejor que un bandido y que por lo tanto merece ser crucificado entre dos de ellos”? Como quiera que haya sido, una cosa es segura, la profecía de Is. 53:12—“Fue contado con los transgresores”—se estaba cumpliendo aquí. Y, en vista de Lc. 23:39–43, fue cumplida en forma gloriosa.

   34a. Entonces Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo. Con toda probabilidad lo que tenemos aquí es la primera de

   Las siete palabras de la cruz:

   a. Desde las 9 hasta el medio día:

(1) “Padre, perdónalos: porque no saben lo que están haciendo” (Lc. 23:34).

(2) “De cierto te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23:43).

(3) “Mujer, mira, ¡tu hijo!… Mira, tu madre!” (Jn. 19:27).

   b. Las tres horas de tinieblas: desde el mediodía hasta las 3 de la tarde; no se registran palabras.

   c. Alrededor de las 3:

(4) “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mr. 15:34).

(5) “Tengo sed” (Jn. 19:28).

(6) “Consumado es” (Jn. 19:30).

(7) “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46).

   Está ciertamente en armonía con el espíritu del Evangelio de Lucas que se encuentran aquí las tres “palabras” en las cuales el amor de Dios reflejado en el Hijo se expresa en forma más enfática (palabras, 1, 2, y 7).

   Es deplorable que se haya levantado tanta oposición contra este primer dicho. Algunos quisieran excluirlo completamente y otros tratan de degradarlo.

   El razonamiento de algunos es el siguiente: los que mataron a Jesús eran réprobos. Dios en ningún sentido bendice a los réprobos. Por lo tanto, Jesús no puede haber pedido que fuesen perdonados. Además, el verbo aquí usado tiene una amplia gama de significados (esto, dicho sea de paso, es cierto). Conclusión: Jesús tiene que haber querido decir: “Padre, retiene tu ira; no la derrames inmediatamente en plena medida sobre ellos”.

   El verdadero sentido de la ferviente súplica probablemente sea el que sigue:

   •a. “Perdónalos” significa exactamente eso. Significa “Borra sus transgresiones completamente. En tu soberana gracia haz que ellos se arrepientan en verdad, de modo que puedan y sean perdonados completamente”.

   •b. Que este es el sentido es claro por el hecho de que la construcción gramatical es exactamente la misma que en 11:4: “Y perdónanos nuestros pecados”, y de 17:3: “Si se arrepiente, perdónalo”.

   •c. ¿Es siquiera concebible que aquel que insiste tan enfáticamente que sus seguidores deben perdonar a todo deudor, y que deben aun amar a sus enemigos, que no ejemplificase esta virtud él mismo?

   •d. Cuando Esteban, a las puertas de la muerte, imitando al Cristo moribundo, oró “Señor, no les imputes este pecado”, ¿no nos estaba dando la más verdadera interpretación, de la súplica de Cristo: “Padre, ¿perdónalos”?

   •e. Nótese en forma especial la palabra Padre. ¡Qué confianza, qué amor! Nos hace recordar lo que dijo Job: “Aunque me mate, yo en él confiaré” (Job 13:15).

   •f. ¿No es maravilloso más que se puede expresar en palabras, que Jesús, en su fervorosa intercesión en favor de sus torturadores, aun presente al Padre una súplica especial, un argumento, como si fuera porque se le conceda la petición, a saber, “porque no saben lo que están haciendo”?

   Era verdad: los soldados ciertamente no lo sabían. Pero aun los miembros el Sanedrín, aunque deben haber sabido que lo que estaban haciendo era malo, no comprendían la extensión de su maldad.

   ¿Oyó el Padre esta oración y la respondió? Parte de la respuesta bien podría ser el hecho de que la caída de Jerusalén no ocurrió inmediatamente. A través de un período de cuarenta años el evangelio de salvación libre y plena estaba aún siendo proclamado a los judíos. No sólo eso, sino también: muchos fueron realmente conducidos al Señor. En el día de Pentecostés se convirtieron tres mil (Hch. 2:31, 42); más adelante miles más (Hch. 4:4). Aun “un gran número de sacerdotes se hicieron obedientes a la fe” (Hch. 6:7). No el pueblo como un todo, sino muchas familias y personas se convirtieron.

   •g. Al ofrecer esta oración Jesús cumplió la profecía de Is. 53: “Sin embargo, llevó el pecado de muchos, e hizo intercesión por los transgresores”. Véase también sobre Lc. 22:37.

   Versíc. 34b. Y echaron suertes para repartir sus vestidos entre sí.

   Habiendo crucificado a Jesús, los legionarios, como era costumbre de ellos, dividieron sus vestiduras echando suertes. Con toda probabilidad repartieron entre cuatro las vestiduras, echando dados para entregar el manto que cubría la cabeza, las sandalias, el cinto y la capa (Jn. 19:23). La túnica sin costura, tejida de una sola pieza de alto a bajo, fue también sorteada, todo esto de acuerdo con la profecía del Sal. 22:18 (LXX Sal. 21:19), lo cual Lucas podría haber tenido presente al escribir esto.

   ¡Pobres, pobres soldados! ¿Cuánto llevaron del Calvario a su casa? ¡Unas pocas prendas de vestir! ¿No hubo corazones penitentes, no hubo una visión renovada, no hubo vidas cambiadas, no hubo Salvador? Aun en el presente, ¿cuánto—cuán poco—llevan algunas personas consigo del culto de la iglesia, de la clase bíblica, de los momentos de canto, de la reunión de avivamiento? Cada persona debiera responder esta pregunta para sí misma.

Palabras finales

Amados hermanos en la común fe ¡por el amor de Dios! Dejemos de lado las peleas, las rencillas, las odiosidades, la cizañaría, el rencor, las malas sospechas, la odiosidad, los chismes, los comentarios y todo lo que de una u otra forma afecte la unidad y la armonía entre los creyentes. Como buenos hijos de Dios, aprendamos a perdonarnos y reconciliarnos los unos con los otros, para que hagamos realidad el corazón mismo del evangelio; “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano que peque contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” Mateo 18:21-22

Amén, para la gloria de Dios

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Bibliografía a usar como aporte: Comentario Bíblico Mundo Hispano. Bíblia de referencia Thompson. Libro de Comentario de toda la Biblia, de Matthew Henry. Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker. Expositor de IEP Temas Bíblicos clase de Dorcas 2019.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.