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Lunes 13 de julio de 2020: “Los niños son muy amados por el Señor”

Lunes 13 de julio de 2020: “Los niños son muy amados por el Señor”

Lectura bíblica: San Lucas Cap. 18, vs 15 al 17. 15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual, viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Comentario: 18:15–17 Jesús y los niños: (Cf. Mt. 19:13–15; Mr. 10:13–16)

   A partir de 18:15, Lucas y Marcos corren nuevamente en forma paralela. Ahora el Marcos los dichos de Jesús acerca del matrimonio (10:1–12), los niños (vv. 13–16) y las posesiones (vv. 17–31) se siguen en este orden. Mt. 19 tiene la misma secuencia. Sin embargo, Lucas omite aquí el primer tema, probablemente porque ya ha registrado la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio (16:18). Por tanto, comienza inmediatamente con Jesús y los niños.

   Además, Lucas bien puede haber estado pensando en una conexión temática entre esta sección (vv. 15–17) y la sección inmediatamente precedente (vv. 9–14). Si es así, está informándonos que, según la mente de Cristo, no se entra en el reino jactándose de las buenas obras de uno, como lo hizo el fariseo, sino entregándose confiadamente a Dios y su amor, como lo hizo el cobrador de impuestos, demostrando así la actitud de un niñito, humilde y confiado.

   [15]. Ahora le traían aun niños pequeños para que los tocara.

   Obsérvese la ausencia completa de indicaciones de tiempo o lugar. Sobre la base de Lc. 9:51; 13:22; 17:11, es razonable suponer que el hecho registrado aquí ocurrió en una casa en Perea, mientras Jesús y los Doce viajaban al sur hacia Jerusalén.

   Los niños pequeños fueron traídos a Jesús. Aún estaban incluidos las criaturas muy pequeñas, dice Lucas. Estos fueron traídos presumiblemente por sus padres u otros parientes inmediatos, tal vez aun por niños mayores. El propósito era que Jesús pudiera “tocar” a los pequeños, es decir, que pudiera poner las manos sobre ellos mientras pedía al Padre que los bendijera. Cf. Mt. 18:13; Mr. 10:13, 16. Nada había de mágico en el toque de Jesús. Debe considerarse parte de la bendición que estos pequeñitos recibieron.

   Cuando los discípulos vieron esto comenzaron a reprenderlos (a los que los traían).

  ¿Estaban los discípulos parados a la entrada de la casa ahuyentando con gestos de enojo a los que se acercaban trayendo de la mano a sus pequeños o cargando a sus bebés en sus brazos? La reacción de los discípulos era más bien característica de ellos. ¡Ellos no querían que el Maestro fuera molestado por criaturas tan poco importantes (¿?) como los bebés! Véase en 9:49, 50 y Mt. 15:23 manifestaciones similares de falta de bondad de parte de los discípulos. Pero esta ciertamente no era la actitud de Cristo o de Dios. Véanse Mt. 5:43–48; 11:25–30; Lc. 6:27–38; Jn. 3:16.

   [16]. Pero Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños pequeños vengan a mí, y dejad de impedirlos, porque a tales pertenece el reino de Dios.

   La razón que Jesús da al ordenar a los discípulos que permitan a los niñitos acudir a él, y no impedírselo es que a los “tales pertenecen el reino de Dios”. Véase sobre 4:43 en cuanto al “reino de Dios”. En el caso presente el versículo quiere decir que en principio todas las bendiciones de la salvación pertenecen ya ahora a estos pequeñitos, hecho que se iba a cumplir progresivamente sobre la tierra y perfectamente en la vida venidera.

   [17]. Os declaro solemnemente que cualquiera que no recibe el reino de Dios como un niño pequeño, jamás entrará en él.

  El significado es: la única forma posible de entrar en el reino es por medio de recibirlo tan pronta y confiadamente como un niño acepta un regalo. ¡Un niño no tiene vergüenza de aceptar un regalo!

   De acuerdo con la enseñanza de Jesús, la entrada en el reino de Dios (véase sobre 4:43) o la posesión de la vida eterna es un don gratuito de Dios. Esto no se puede conseguir por medio del esfuerzo humano. Esta verdad quedó muy clara en la sección precedente (véase18:17). Era una lección que muchos de los contemporáneos de Jesús debían aprender, según se enfatiza aquí en 18:18ss.

1er Titulo:

Grandes siervos de Dios preservados desde su niñez. Éxodo 2: 5 al 8. 5Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. 6Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. 7Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? 8Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, 

   Comentario: a. El nacimiento y la preparación hebraica, 2:1–9. Según Exodo 6:20, los padres de Moisés se llamaban Amram (lit. “pueblo exaltado”) y Jocabed (lit. “Jah es honor”). Moisés tuvo por lo menos dos hermanos mayores nacidos antes del decreto del faraón: María, la profetisa (ver Exo. 2:4 y 15:20) y Aarón (ver Exo. 6:20; 7:7; etc.). Moisés era levita, de la tribu que sería seleccionada para ejercer las funciones sacerdotales (ver Exo. 28:1; Lev. 1:5; 8:12, 13; Jos. 13:33; 14:4; etc.); consecuentemente, los judíos interpretan que Moisés cumplía las funciones de sacerdote, profeta (Deut. 34:10) y mediador. (Para la evaluación que hace el NT, ver Hech. 7:20–29 y Heb. 11:23–29.)

   Al nacimiento de Moisés, su madre, vio que era hermoso (v. 2a) y logró esconderlo en contra del edicto del faraón (ver 1:22). En la providencia de Dios, Moisés tuvo una madre excepcional. Demostró su sagacidad logrando ocultar la evidencia física y apagando los sonidos del llanto del niño por un período de tres meses (v. 2b). Cuando no pudo ocultarlo más, ella usó una antigua estratagema semítica. Preparó una arquilla y puso al niño entre los juncos a la orilla del río Nilo (v. 3).

   A pesar de que pudo haber sido pura coincidencia, no sería mal sugerir que Jocabed, como mujer sumamente dotada, conocía bien tanto las tradiciones semíticas bíblicas como las folclóricas de su pueblo. Según los relatos, el rey Sargón de Acad (siglo XXII a. de J.C.) fue salvado por su madre poniéndolo en una arquilla en el río Eufrates en Mesopotamia. El relato pudo haber sido lo que inspiró a la madre de Moisés a construir la arquilla suya. De todos modos, la mano de Dios obró milagrosamente.

   Además, Jocabed demostró sagacidad al obedecer la orden del faraón de echar al niño al Nilo. Además de ser una mujer piadosa, sagaz y preparada, es evidente que entendía bien la psicología de las mujeres egipcias. Sabía también la atracción universal de un niño, especialmente cuando llora. Siendo una mujer muy observadora, había notado la costumbre de una egipcia. A pesar de su posición real, una princesa del palacio se acercaba diariamente al ribereño barrio hebraico con sus doncellas para bañarse (v. 5). Esto ofreció el escenario para un plan audaz y genial de una madre humilde que por amor de su niño hermoso hizo todo para salvar su vida. En aquel momento no pudo ni aun imaginar lo que significaría tal hecho monumental.

   Con la arquilla colocada estratégicamente para que la corriente no la llevara y que la egipcia la viera, la madre puso su niña a una distancia discreta para ver lo que le acontecería (v. 4). La hija del faraón vio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase (v. 5). Al abrirla, el niño comenzó a llorar, y la mujer egipcia, reconociéndolo como varón de los hebreos, tuvo compasión de él (v. 6).

   Otra vez se ve el arte literario del autor demostrado magistralmente en el texto hebraico: veces empleó el sustantivo niño (vv. 2, etc.), y siete veces se refirió a la hija del faraón (v. 5, etc.). La narración fue bien preparada para su conservación y transmisión oral.

   Ahora llegó el momento crucial; la madre había preparado bien a la niña. Al ver los hechos y al escuchar a su hermanito llorar, la hermanita (probablemente María de 6 o 7 años de edad) se acercó a la princesa y recitó las palabras bien aprendidas de memoria: ¿Iré a llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño? (v. 7b). ¡Te críe! ¡Ya era niño de la egipcia!

   Sin dilatar, la hija del faraón respondió: “Vé (v. 8a), y la muchacha llamó a la madre del niño (v. 8b). No fue un encuentro casual el de las dos mujeres; fue uno lleno de emoción y de reconocimiento. El diálogo fue breve y las palabras simples; sin embargo, el contenido tenía un sentido doble. Uno era para las siervas de la hija del faraón (y para los lectores casuales) que observaban el drama, y el otro era entre dos mujeres separadas por la raza y los niveles sociales.

   La vida del niño estaba en juego entre ellas. Y la hija del faraón le dijo: “Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré (v. 9). Literalmente el texto dice: “Yo te daré tu pago (o recompensa)”. ¿Cuál fue el pago que la madre quiso? ¡La vida del niño! Parece que la egipcia reconoció que la nodriza que la muchacha trajo era la madre del niño. El pago económico era secundario. Había entre las dos mujeres un entendimiento muy especial, y el Señor hizo otro milagro en su plan de redención mundial. Sin darse cuenta dos mujeres llegaron a ser instrumentos vitales en la preservación de la vida del libertador futuro del pueblo escogido.

   Providencialmente el niño ahora podría vivir legalmente y tendría la crianza e influencia de dos culturas; sin embargo, la primera sería la de su madre israelita. Quedaría con ella hasta ser destetado, y esto solía extenderse por un período más largo de lo que es la costumbre moderna.

   Con frecuencia se extendía hasta la edad de cuatro o más; Josefo pensaba que el niño estuvo con su madre israelita hasta los trece años de edad (Antigüedades, 2, 9, 6). Moisés estuvo con su madre por lo menos durante los tiernos años críticos y formativos. Ella influyó en él, aun inconscientemente, y jugó un papel importantísimo en el destino de su vida y ministerio final.

Verdades prácticas

  1. La vida sigue a pesar de la opresión. El hombre se casa y tiene hijos a pesar de las condiciones que lo oprimen. El hombre no detiene la vida por decreto; ésta sigue adelante, de acuerdo con el plan de Dios.
  2. El afecto natural, por venir de Dios, desea y procura el bien para sus seres cercanos. De esta manera las criaturas nacen en un ambiente propicio para crecer y reproducirse.
  3. El verdadero amor es abnegado. Está dispuesto a sacrificar su satisfacción por el bien de la persona amada. La madre de Moisés, pese al dolor que esto le causaba, se separó de su niño para salvarle la vida.
  4. El Señor levanta aliados hasta de entre los que se oponen a su pueblo. La hija de faraón estuvo dispuesta a criar a Moisés a sabiendas de que era hebreo.
  5. “La mujer tomó al niño y lo crió.” Y así la carrera del caudillo quedó asegurada. La influencia del hogar puede ser determinante en la vocación del individuo. Tras de cada gran hombre están los que en su infancia han influido en él con su enseñanza y ejemplo. La grandeza del carácter no se da en el vacío.
  1. Un hombre que ha crecido desde bebé con el conocimiento de haber sido condenado a muerte por un tirano opresor y haber sido rescatado, puede hacerse preguntas acerca de un papel que tiene que desempeñar en el escenario de la vida. El corazón de este hombre es un terreno fértil para el llamado del Señor a una tarea especial relacionada con su experiencia, pues tiene una conciencia de destino.

Instruye al niño en su carrera

Un pastor evangélico, de visita en la península de Yucatán, México, se dio cuenta de que muchos jóvenes, hijos de familias cultas y de buena posición económica, hablaban el castellano a la manera de los mayas de la región, sin ser ellos mismos de ese grupo étnico. Muchos de los jóvenes, a pesar de su educación universitaria, no perdían el acento y giros del lenguaje característicos del pueblo maya. Al comentar con extrañeza y curiosidad este asunto con un amigo lugareño, éste le explicó que las familias pudientes empleaban como nodrizas y niñeras para hijos a mujeres mayas, las cuales trasmitían a los niños su manera de hablar peculiar. La manera desde las niñeras prevalecía sobre el hablar de los padres de los niños, dado que éstos imitaban a las niñeras con las que pasaban más tiempo. ¡Cuán importantes son los primeros años de vida!

2° Titulo:

Niño ofrendado por sus padres para el servicio del Señor. 1ª de Samuel 1:26 al 28. 26Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. 27Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.

   Comentario: Su presentación, 1:24–28. Un becerro fue sacrificado para la dedicación de Samuel (v. 25), probablemente en cumplimiento del voto que había hecho Ana (ver Lev. 22:18–21 y Núm. 15:8, 9). Se presentó como una expresión de su dependencia en el Dios del pacto y de ser consciente de que toda bendición viene de él. Y lo hizo estrictamente de acuerdo con la ley de Moisés en obediencia a sus indicaciones.

   Ana explicó a Elí el motivo de su viaje y le recuerda de su conversación unos años antes. Es curiosa su expresión en los vv. 27 y 28 donde cuatro veces usa la misma palabra que se traduce pedir. La palabra también tiene el sentido de “prestar” y podemos traducir: “Por este niño oraba, y Jehovah dio mi pedido que le pedí. Yo ahora lo pido (presto) a Jehovah todos los días que viva, él habiendo sido pedido (prestado) para Jehovah.” Dios le había dado a Ana su hijo Samuel. Ella se lo devolvió a Jehovah. Y a base de esto adora. Toda verdadera adoración es un acto de darse al Señor juntamente con todo lo que uno tenga. ¡Es decirle al Señor que él es digno de todo!

   Ana dedicaba su hijo a Jehovah. Y esta dedicación significa que él estaría bajo el voto de nazareo5139. Esta palabra en heb. quiere decir “dedicar” y los detalles del voto de esta consagración se encuentran en Números 6:1 6. Aunque el voto generalmente sería para un cierto tiempo determinado, Ana lo dedica todos los días de su vida totalmente a Jehovah. Es evidente que tiene en mente este voto por la referencia en 1:11. La navaja no tocaría su cabeza como símbolo de su dedicación a Dios. La navaja se usaba más para “raer” el pelo puesto que el hombre hebreo llevaba barba y no se afeitaba. Solamente los sacerdotes se recortaban el pelo (Eze. 44:20). Los demás raerían su pelo de vez en cuando. Los símbolos de esta dedicación representaban la entrega de sus emociones (abstenerse del vino), de su voluntad (no cortarse el pelo) y de su cuerpo (no tocar ningún muerto). Ahora no vivimos bajo la ley, pero Jesús pide a cada discípulo que vaya en pos de él, se niegue a sí mismo, y que le siga. Significa una dedicación total y voluntaria.

Cántico mesiánico de Ana

   Ana llega al clímax de su cántico de gratitud al reconocer la grandeza y la misericordia de Dios por haber escuchado su oración; pero su exaltación al santo nombre de Dios no se limita a su experiencia personal al haber sido favorecida con el hijo pedido, sino que va a la distancia a otro Hijo que “exaltará el poderío de su Ungido” (2:10). Su “Ungido”, de donde viene “Mesías” que aparece aquí por primera vez y que llega a ser a la vez título y nombre de Jesús: “Cristo” que es la traducción griega del hebreo “mesías”. Ana, en aquel momento cumbre de su vida, es intérprete de esa expectación viva y familiar de su pueblo que espera a su Mesías y que encuentra pleno cumplimiento en los días de Augusto César en la ciudad de David en Belén de Judea.

3er Titulo:

Niños criados en el temor de Dios pueden llegar a ser valientes soldados de Jesucristo. 1ª de Samuel 17: 42 al 4642Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. 43Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. 44Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.  45Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. 46Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. 

    Comentario: La fe de David, 17:26–47. David pregunta a varios allí acerca de que se haría por el que venciera al gigante, y a la vez afirma el hecho de que Dios es el Dios viviente. Con estas palabras intenta animar o motivar a alguien que salga a vencer al filisteo y quitar así el oprobio de Israel. Se ve que su idea no obedece ninguna intención malévola. Pero su hermano mayor le malentiende y le acusa de descuidar sus obligaciones en Belén, de ser arrogante, malo y entremetido (v. 28). Frente a este reproche, David responde: ¿No fue sólo una palabra? En otras palabras: “Fue una pregunta no más.” Pero ¡qué pregunta! Fue una pregunta inocente y a la vez acusadora. Eliab sentía la fuerza de su palabra y se defendía difamando el carácter de David. Es una técnica que en el estudio de la lógica se llama ad hominem, frase latina que quiere decir “al hombre”. Ataca el argumento desacreditando el carácter de la persona que lo adelanta. Eliab en efecto está afirmando que David por su persona no tiene derecho de ser escuchado. Los enemigos de Jesucristo usaban la misma táctica al difamar el carácter del Hijo de David. Aun sus hermanos eran culpables de este pecado (Mar. 6:1–5). Observamos que David no respondió con maldición ni amenazaba, sino que encomendaba su causa al que juzga justamente.

David usa dos nombres para Dios. En los vv. 26 y 36 le llama el Dios viviente, término que aparece 29 veces en la Biblia y hace resaltar la gran diferencia entre el Dios de Israel y los dioses de los paga-nos, especialmente los filisteos. El Dios nuestro vive. Los dioses de ellos ni poseen vida ni dan vida. El otro nombre que usa es Jehovah de los ejércitos (v. 45). Aparece casi igual número de veces en la Biblia y da énfasis al hecho que Dios creó todo y está sobre toda su creación (ver Gén. 2:1). Puesto que Dios vive y es soberano, ningún enemigo puede resistirle. ¡Siendo el Dios de Israel (v. 45), tiene que haber victoria!

   Llamado a comparecer ante el rey Saúl, David se ofrece a pelear con Goliat. No fue su intención original, pero haciendo falta un guerrero que lo hiciera, se ofrece. Se puede imaginar que David se siente indignado y conmovido por la condición lastimera en que se encuentran los hombres de Israel. Se atreve a confiar en Dios y valientemente entrar en el conflicto con los incircuncisos. Su oferta se recibe con protestas, en primer lugar, porque es un muchacho (v. 33). Esta palabra no es un término técnico que establece la edad de uno. Más bien lleva la idea de ternura o la falta de experiencia como se ve clara-mente del argumento que ofrece Saúl. Goliat es un hombre de experiencia en la guerra. Esta misma palabra se le aplica a José en Egipto, a Salomón al subir al trono de Israel, y a Jeremías al comenzar su ministerio.

   Pero David levanta su propia protesta. Tiene experiencia; no en guerra, pero en la lucha mortal con animales. Nos sorprendemos de que hubieran sido un peligro en aquellos días el oso y el león. Deuteronomio 7:22 pinta un cuadro del peligro que existía en los días de Moisés. Dios había sido fiel en librarle de las garras (lit. mano que significa el poder) de las fieras. También le podría librar de la mano de Goliat. Con esto Saúl consiente en dejarle ir. Pero le quiere vestir de armadura. Su querer salió siendo una comedia, una parodia. La armadura le empequeñecía más y “robotizaba” sus movimientos. Habiendo hecho comparación entre David y el Hijo de David, el Señor Jesucristo, en cuanto a su obra libertadora, podemos observar aquí que el Señor Jesucristo no necesitaba la ayuda del hombre para vencer al ene-migo. Y tampoco necesita nuestra ayuda para podernos salvar de nuestros pecados. Saúl, resignándose al hecho de que David se destruyera, le dice: ¡Vé, y que Jehovah sea contigo! Se lo dice como si fuera el último recurso cuando en realidad era todo lo que a él le hacía falta.

   David y Goliat entablan una breve conversación. Del idioma de los filisteos nada se puede saber a ciencia cierta. Pero es obvio que ellos hablaban un idioma de origen semítico o en base al arameo (de Siria). En los varios casos de intercambio verbal conocidos en la Biblia, los hebreos y los filisteos se comunicaban sin mayores problemas. Y David entiende cuando Goliat maldice su pobre presencia. Goliat le entiende a David cuando éste magnifica a Dios. David sobre todo quería aclarar el hecho de que Jehovah es el ofendido y que de él es la batalla (v. 47). Todo lo que habrán hablado fue fácilmente oído y entendido por los dos lados del campo. Esta no sería una pelea entre dos ejércitos solamente, sino entre las fuerzas de las tinieblas y las de la luz. Y como el Hijo de David “despojó a los principados y autoridades, y los exhibió como espectáculo público, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15), así dio anticipo de estas cosas al proporcionar su triunfo a David en el valle de Ela.

4° Titulo:

Ejemplar cuidado de Jacob con sus hijos. Genesis 33: 13 y 14. 13Y Jacob le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas. 14Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir. 

   Comentario: Jacob se encuentra con Esaú, 33:1–16. Después de todos los preparativos defensivos, estratégicos y espirituales, Jacob se encuentra con Esaú. El reencuentro por parte de Jacob es muy medido, cauteloso y respetuoso. Los 400 hombres de Esaú eran todos guerreros y con capacidad de destruir a Jacob y a su familia. Para evitar una destrucción familiar total, Jacob dispone a sus hijos con sus respectivas madres en orden de estimación: Primero y en la posición más vulnerable, las siervas y sus respectivos hijos. Estos son Bilha y Zilpa; Dan, Neftalí, Gad y Aser. Después a Lea, una de las esposas y a sus hijos: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón y Dina. Y al final a Raquel, la esposa amada, y José, a quien Jacob consideraba en ese momento lo más apreciado y heredero de las promesas. Todo esto era en previsión a un ataque por parte de Esaú y con esperanza de huida. Finalmente, Jacob mismo se acerca a Esaú con mucho respeto, humildad y deferencia especial. Esto lo hace en reconocimiento de la jerarquía de Esaú y de condición de siervo del mismo.

   La reacción de Esaú es totalmente opuesta a la de Jacob: corre, le abraza y le besa. Estas acciones reflejan afecto, perdón y reconocimiento de que ambos son hermanos. Finalmente, la emoción se apodera de ambos hermanos y la expresan a través del llanto. Después de 20 años de separación Jacob demuestra mucho cambio: No es ya el agresivo, el demandante, el “ventajita”, sino ahora demuestra humildad, respeto y reconocimiento. Esaú tampoco es el mismo. El tiempo, los logros y la madurez alcanzados, tal vez la influencia de Rebeca, la emoción de ver a un hermano y principalmente la acción de Dios, habían cambiado su odio en afecto, su deseo de venganza en perdón. Así como Dios estuvo guiando las circunstancias a favor de su propósito, ahora también cambia a las personas para cumplir ese buen propósito.

   Después de las expresiones emotivas, viene la identificación de todos los miembros de la familia de Jacob, quienes también saludan con respeto y honor a Esaú. Además, Jacob explica el propósito de los presentes los que insiste sean aceptados por Esaú como señal de otorgamiento de gracia. Jacob atribuye a Dios todos sus logros y especialmente el encuentro reconciliador con Esaú.

Amen, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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