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Lunes 12 de octubre de 2020. “Todo Cristiano debe Obedecer A La Orden Divina”

Lunes 12 de octubre de 2020. “Todo Cristiano debe Obedecer A La Orden Divina”

   Lectura Bíblica: Génesis Cap. 19, versículos 14 al 17. 14Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba. 15Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 16Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.  17Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. 

   Comentario: (19:12-14) Testimonio, débil – Lot, vida de: La tercera ilustración de la recaída la constituye el testimonio y la vida impotentes de Lot. Los ángeles le advirtieron a Lot que salvara a su familia, porque la ciudad sería destruida por su perversidad. Lot advirtió a su familia, pero advierta lo que sucedió: ellos lo ridiculizaron y se burlaron de él.

No creyeron en su mensaje del juicio. Su propio testimonio personal carecía de sentido: él había llevado una vida carnal y mundana demasiado tiempo delante de su familia. No había diferencia entre su vida y las vidas de los mundanos. Él no había logrado encaminar a su familia -a sus hijos- hacia Dios.

   Pensamiento 1. No debemos dejar de encaminar a nuestros hijos hacia Cristo ni dejar de enseñarles los caminos del Señor.

1) Lot no logró -de un modo lamentable- obedecer las instrucciones de Dios en cuanto a la crianza de sus hijos.

   “y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt. 6:7).

   “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Pr. 22:6).

   “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino ‘ criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4).

2) Lot no logró hacer lo que hizo Abraham: enseñarle a su familia los caminos del Señor.

   “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Gn. 18:19).

(19:15-22) Mundanalidad: La cuarta ilustración de la recaída la constituye el deseo de Lot de quedarse en el mundo. Esta es una ilustración descriptiva de cómo puede recaer un creyente. En realidad, un creyente puede enamorarse del mundo a pesar de las advertencias severas del juicio inminente.

-1. Estaba la advertencia urgente (v. 15). Los dos ángeles advirtieron a Lot: Él necesitaba darse prisa, tomar a su esposa y a sus dos hijas e irse; huir de la ciudad no fuera a ser que pereciera.

-2. Lot se quería quedar (v. 16). La idea misma de abandonar su hogar, su negocio, y sus posesiones ¾su apego al mundo y a las cosas del mundodificultaban su partida. Pero Dios tuvo misericordia de él: los dos ángeles tomaron a Lot de la mano, a su esposa, y sus hijas y los llevaron fuera de la ciudad.

-3. Había una debilidad espiritual increíble (vv. 17-20).

Lo que sucedió en este momento fue casi increíble, que un creyente cayera tan bajo que anhelara el mundo…

◘ A pesar de haber sido salvado de una muerte catastrófica por la misericordia gloriosa de Dios.

◘ A pesar de enfrentarse al juicio inminente.

   Cuando los ángeles llevaron a Lot y a su familia fuera de la ciudad, los ángeles advirtieron a Lot nuevamente y lo instaron a escapar para que salvara su vida, a huir a las montañas lejos de la llanura no fuera a ser que pereciera (v. 17). Pero Lot suplicó en contra de la voluntad de Dios (v. 18):

=> Lot alegó ser incapaz físicamente de llegar a la montaña, que no podría subirla a tiempo como para librarse de la destrucción (v. 19). Pero esto era un camuflaje, un autoengaño para un corazón mundano. Dios lo estaba salvando del juicio venidero, y Dios lo habría fortalecido para el viaje a la montaña. Lot sabía esto.

=> Lot suplicó por el derecho de escapar a una ciudad cercana, a Zoar (v. 20). Es trágico, lastimoso, lamentable.

Cuán digno de lástima se había vuelto Lot: implorando para quedarse cerca de Sodoma, de las comodidades del mundo que él había conocido. Recuerden, Lot era un negociante acaudalado con mucho ganado y muchos activos. Quizás pensó que se podría salvar su ganado (después de todo, estaban fuera de la ciudad) si él pudiera convencer a Dios de que salvara a Zoar y lo dejara vivir allí. Cualquiera que sea el caso, Lot aún estaba tratando de aferrarse al mundo, a sus posesiones y comodidades, aferrarse incluso después que Dios había hecho tanto por él. Y Lot estaba muy consciente de la misericordia que Dios estaba mostrándole. Él lo dijo claramente (v. 19).

-4. Ahora Dios aceptaba la opción de Lot: Le permitió vivir en Zoar y que siguiera llevando una vida mundana y carnal (vv. 21-22). Dios no discutió más; Él dejó que Lot llevara su vida de carnalidad y mundanalidad. Pero Dios siguió adelante y salvó a Lot, lo salvó por la oración de Abraham. (Vea nota, Gn. 18:22-26.)

   “De sus caminos será hastiado el necio de corazón; pero el hombre de bien estará contento del suyo” (Pr. 14:14).

   “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt. 24:12).

   “Más ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gá. 4:9).

   “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia” (2 Ti. 4:10).

   “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (He. 10:38).

   “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (2 P. 2:20-21).

   “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Ap. 2:4).

1er Titulo:

Triste y vergonzoso resultado del que no obedece a Dios. Génesis 19:24 al 26. 24Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. 26Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.

   Comentario: (19:23-26) Juicio ¾ Sodoma ¾ Gomorra: La quinta ilustración de la recaída la constituye la advertencia del juicio hecha a Lot, una lección para todos nosotros.

  1. El creyente acomodaticio lo perdió todo (V. 23). Lot perdió su casa, sus posesiones, y todas sus riquezas; pero

lo más trágico de todo, él perdió a toda su familia excepto dos hijas solteras. Él había confiado en el mundo, y ahora su mundo había desaparecido.

  1. Los incrédulos depravados fueron juzgados; ellos sufrieron la condenación del fuego y el azufre (V. 24).

Advierta estos elementos:

-a. Se destruyeron cuatro ciudades en realidad, todas las ciudades de la región: Sodoma, Gomorra, Adma, y Zeboim. Solo se perdonó a Zoar por Lot (Dt. 29:23, cp. Os. ll:8).

-b. El propio Señor hizo llover fuego y azufre sobre las ciudades. Es decir, Dios provocó el juicio. Se dice dos veces que el fuego y el azufre ha provenido del Señor, (v. 24).

◘H. C. Leupold dice lo siguiente:

   “El “fuego” que llovió del cielo pueden haber sido rayos. El “azufre” puede haber sido obrado milagrosamente y que así haya llovido conjuntamente con los rayos, aunque está la otra posibilidad de que una explosión enorme de materiales altamente inflamables, incluso el azufre, depositados en la tierra (cf. Los

   “pozos de asfalto’ del 14:10) pueden haber lanzado estos materiales, fundamentalmente el azufre, al aire tan alto

que caían como lluvia sobre estas ciudades, provocando una gran conflagración” (Exposition of Genesis, vol. l, 568).

◘Henry Morris planeta lo siguiente:

   “Por lo tanto, parece posible que Dios provocara un terremoto a lo largo de la gran falla en este momento, lo que liberó y expulsó a la atmósfera grandes cantidades de hidrocarburos combustibles y azufre. Al mismo tiempo, Dios envió ‘fuego del cielo’, lo que inflamó la mezcla convirtiéndola en una gran explosión y en un fuego devastador. Para Abraham, observando desde lejos con gran preocupación desde su oración intercesora ante el Señor, parecía como si “el humo subía de la tierra como el humo de un horno”.

“El “fuego y azufre’ que cayeron del cielo posiblemente se refiera al gas y azufre ardientes que fueron lanzados al aire en la explosión y que luego cayeron de vuelta a la tierra esparcidos por toda la región. La explicación más naturalista posible para la inflamación de estos materiales probablemente sería la de una tormenta eléctrica simultánea, en tal caso el rayo en si también podría describirse como “fuego del cielo”. Se usa una terminología semejante en Job 1:16; Ez. 38:22, y en otras partes, para lo que probablemente sean también fenómenos atmosféricos violentos.

   “Como los fenómenos físicos naturales, fijados divinamente, si parecen adecuados para explicar la destrucción de Sodoma y Gomorra, quizás debamos interpretar la historia de esta manera. Sin embargo, no queremos excluir la posibilidad de que un fuego divino creado especialmente fuera enviado sobrenaturalmente del cielo para inflamar la región. La Biblia sí registra otras cosas parecidas, como en los días de Gedeón (Jue. 6:21), Elías (1 R. 18:38), y otros. Resulta interesante que el equivalente de “azufre” en el Nuevo Testamento es el griego theion, que significa literalmente ‘fuego de Dios”. La relación personal de Dios y los dos mensajeros angélicos con la destrucción de Sodoma en sí tiende a sugerir que la “lluvia de azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” realmente fue sobrenatural. Ciertamente no hay razón para que nosotros cuestionemos la capacidad de Dios ni la adecuación de un verdadero milagro creativo en esta situación” (The Genesis Record [El registro de Génesis], pp. 354-355).

-c. Advierta que el Señor “destruyó” las ciudades (v. 25). La idea de “destruir” es la de personas que se oponen a Dios: enfrentarse a Él, maldecirlo, hacerle frente en toda su inmoralidad, anarquía, y rebelión. Por consiguiente, Dios tuvo que destruirlos, arrasarlos en juicio.

   Pensamiento 1. ¡Cuán semejante al mundo de hoy día! Piensen nada más en las personas de cada ciudad que se enfrentan a Dios y…

  • Lo maldicen • Son anárquicos • Se rebelan contra Él • Cometen inmoralidades

   Se acerca el día en que Dios tenga que destruir a las ciudades de la tierra, en que Dios tenga que arrasarlos en juicio. Dios va a juzgarnos a todos nosotros.

   “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo… Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt. 25:31-34, 41).

2° Titulo:

Ejemplo de obediencia en tal difícil misión. Génesis 22: 1 al 3. 1Aconteció después de estas cosas, que probó Diosa Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 

   Comentario:  (22;1-2) Prueba ¾ Rendición ¾ Dedicación ¾ Sacrificio ¾ Religiones, falsas ¾ Sacrificio humano: el paso número uno para la rendición absoluta es enfrentarse a la exigencia de Dios del sacrificio absoluto, su exigencia más grande y suprema.

  1. Dios probó a Abraham, lo puso en una crisis severa. Recuerden, esta no fue la única gran prueba o crisis a que Abraham se tenía que enfrentar (vea Estudio a fondo 1, Gn. 22:1-2 para un mayor análisis). J. Vernon McGee dice lo siguiente:

   “Esto es una crisis real en la vida de Abraham. Dios ha puesto a este hombre en cuatro crisis muy definidas, cada una de las cuales fue una verdadera ejercitación de su alma, una verdadera tensión para su corazón.

=> Primero que todo, fue llamado a abandonar a toda su parentela en Ur de los caldeos. Sencillamente tenía que abandonar a todo el grupo. Esa fue una verdadera prueba para Abraham. Él no lo hizo muy bien al principio, pero, no obstante, finalmente llegó la separación.

=> Luego estaba la prueba que le sobrevino con Lot, su sobrino. Abraham amaba a Lot; él no habría estado llevando a Lot de un lado a otro con él si no lo hubiera amado. Pero llegó el momento en que se tuvieron que separar, y Lot descendió a Sodoma.

=> Luego estaba la prueba con este hijo de él, el hijo de Agar, Ismael. Abraham clamó a Dios: “ ¡Ojalá Ismael viva delante de til” Él amaba a ese muchacho; él odió tener que separarse de él.

=> Ahora Abraham llega ante esta prueba suprema, la cuarta gran crisis de su vida: se le pide que entregue a Isaac. Abraham no comprende bien todos los detalles por la sencilla razón de que Dios le ha dicho:

   “en Isaac te será llamada descendencia”. Abraham creyó en que Dios resucitaría a Isaac de entre los muertos (Vea He. 11:19), pero en lo que respecta a Abraham, él está dispuesto a seguir adelante con el sacrificio”. (Thru The Bible [A través de la Biblia], vol. l, p. 92. Los puntos se han separado en forma de bosquejo para mayor simplicidad.)

  1. Dios le pidió a Abraham que hiciera algo muy difícil: que ofrendara a su hijo como sacrificio a Dios, el hijo a quien él amaba tanto. Advierta cómo Dios enfatiza el amor de Abraham por su hijo: toma a tu hijo, a quien amas, y ofrécelo como sacrificio. Abraham recibió a Isaac en su vejez (Gn. 21:2, 5). Él había esperado el hijo prometido durante décadas, y él había puesto todos sus sueños en él. ¿Por qué Dios exigiría una cosa así de Abraham?

   Muy sencillo, Dios estaba poniendo a Abraham en la prueba más suprema de la vida, el sacrificio y rendición absolutos de sí mismo ante Dios. Paso a paso Dios lo llevó al punto de la rendición absoluta. ¿Cómo?

-a. Dios llevó a Abraham a la rendición absoluta tomando lo más preciado de su vida y llevándolo a entregar eso como ofrenda, como sacrificio a Dios. Era el corazón de Abraham, su disposición, su rendición espiritual lo que buscaba Dios, no la vida de Isaac. (Vea pasajes que prohíben el sacrificio humano, Lv. 18:21; 20:1-5; Dt. 12:31; 18:10.)

-b. Dios llevó a Abraham a la rendición absoluta poniéndolo a prueba dentro de su medio. Dios siempre tiene que usar el idioma y los elementos del medio de un hombre si quiere que se comunique y comprenda su mensaje. En la época de Abraham el sacrificio de los seres humanos era el acto supremo de adoración de algunas religiones paganas, por ejemplo, las religiones cananeas. Que un adorador ofrendara su propia carne y sangre se creía que ofrendaba el sacrificio supremo. Él estaba demostrando que él amaba a su dios de un modo supremo, por encima de todas las cosas.

   Cuando Dios le dijo a Abraham que sacrificara a Isaac, Abraham sabía exactamente de lo que Dios le hablaba. Él debía hacer el sacrificio supremo, demostrar que él amaba al único Dios vivo y verdadero por encima de todas las cosas. Abraham sabía que Dios buscaba la rendición absoluta de su corazón, su voluntad, su espíritu. El versículo cinco comparado con He. 11:19 demuestra lo siguiente (vea nota más adelante, Gn. 22:5-8).

   Pensamiento 1. Dios no probó a Abraham para que Abraham pudiera demostrarle a Dios quién era él. Dios conocía el corazón de Abraham. Dios conoce todas las cosas. Pero Abraham necesitaba conocer su propio corazón, y todos los creyentes futuros necesitaban una ilustración de lo que significa una rendición absoluta ante Dios, un testimonio de que el hombre puede amar a Dios de un modo supremo. El hombre puede hacer una rendición y sacrificio absolutos de sí mismo ante Dios (todo cuanto es y tiene), y Dios puede ocuparse de él, no importa lo que se le pueda presentar. Por eso la prueba de Abraham ocurrió a fin de demostrar y enseñar varias cosas tanto a Abraham como a las generaciones venideras.

1) Abraham demostró que una persona puede conocer a Dios personalmente. Una persona puede tener realmente una relación personal con Dios. Esto se demuestra con el nombre usado para Dios (Ha “Elohim) (v. 1). El nombre hebreo acá enfatiza al Dios personal y verdadero. Fue el Dios personal y verdadero (Ha “Elohim) quien habló a Abraham, no sencillamente Dios (Elohim, el nombre general usado para Dios) (H. C. Leupold. Génesis, vol. 2, p. 619).

   “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

   “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

2) Abraham demostró que una persona puede amar a Dios de un modo supremo. Una persona puede amar a Dios más que cualquier otra cosa, incluso más que a su hijo o hija (Gn. 22:2, 10). (Vea bosquejo y notas, Mt. 10:35-37 para más información.)

   “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt. 10:37).

   “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mt. 22:37).

3) Abraham demostró que una persona puede glorificar a Dios por encima de todas las cosas. Una persona puede glorificar a Dios al obedecer la Palabra de Dios tal como se la han dado, no importa el costo (Gn. 22:2, 10).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Ju. 15:10).

   “pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él” (1 Jn. 2:5).

   “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y victimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22).

4) Abraham demostró que una persona puede llegar a una altura inusual de madurez espiritual, una madurez que sobresale como un gran testimonio de Dios (Gn. 22:2, 5, 7-8, 10-11, 13-14).

   “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16).

  “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48).

  “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

   “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

   “Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído” (Hch. 22:14-15).

   “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Is. 43:10).

5) Abraham demostró que una persona puede rendirse completamente ante Dios. Una persona puede darle a Dios el regalo más grande de todos, el regalo mismo que Dios le había dado primeramente a la persona, su cuerpo y su vida (Gn. 22:1-2, 9-10). Una persona puede hacer el sacrificio absoluto de sí mismo ante Dios (Gn. 22:1s).

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

6) Abraham demostró que la fe de una persona puede vencerlo todo, no importa cuál sea la prueba (Gn 22;1s).

   “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Co. 2:14).

   “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Jn. 5:4-5).

7) Abraham demostró que una persona puede poner a Dios primero, por delante de todo, sin importar el costo (Gn. 22:1-2, 9-10).

   “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).

   “Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas” (Mt. 20:27).

   “Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Levi, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme” (Lc. 5:27).

[2]. (22 :3 -4): Sacrificio ¾ Pensar ¾Pruebas: El paso número dos para la rendición absoluta es pensar en el sacrificio. Las instrucciones de Dios habían lacerado el corazón de Abraham, se lo habían desgarrado hasta lo más profi1ndo. Él sufría en su interior, sufría el dolor más severo que se pueda imaginar. Sus pensamientos estarían dándole vueltas en su cabeza, cuestionándose:

=> ¿Cómo Dios podría decirme que ofreciera a mi hijo como sacrificio?

=> ¿No va esto contra la ley de Dios que prohíbe el asesinato? (Gn. 9:5-6)

=> ¿Cómo puedo yo sacrificar a mi propio hijo, el hijo de mi corazón y de mi vida? ¿No preferiría yo morir antes que él?

=> ¿Por qué Dios querría algo así? ¿Por qué, Dios mío?, ¿Por qué?

=> ¿Y la promesa qué? ¿Dios, tú me prometiste y me diste tu Palabra de que Isaac era el hijo prometido, que él sería padre de naciones, que por medio de sus descendientes vendría la Simiente prometida, el Salvador del mundo? ¿Si yo sacrifico a Isaac, cómo puede suceder todo esto? ¿Cómo tú puedes cumplir tu promesa?

=> ¿Cómo puedo yo mirarle a la cara a Sara de nuevo, o en cuanto a ese asunto, mirar a cualquiera?

=> ¿Y qué hay de mi testimonio ante el mundo? ¿Qué van a pensar los incrédulos: Todos los que me conocen, todos los cananeos, egipcios, filisteos, ¿y otros? ¿Qué clase de testimonio será este para ellos?

=> Dios, sacrificar a Isaac no coincide con tu promesa. No puedo conciliar todo esto en mi mente. ¿Cómo puedes cumplir tu promesa si yo hago esto? ¿Cómo puedes pedirme que sacrifique a Isaac? ¿Qué quieres decir? ¿Qué quieres? ¿Qué estás haciendo?

   Y así, los pensamientos y preguntas deben haber inundado la mente de Abraham. Pero advierta: Sus preguntas -su incapacidad para resolver el problema- no impidieron que Abraham obedeciera a Dios. Abraham obedeció a Dios. Él no comprendía; no obstante, se dispuso a hacer exactamente lo que Dios le había dicho.

   Este suceso es de extrema importancia: mientras Abraham pensaba en el sacrificio, él estaba obedeciendo a Dios, y mientras obedecía a Dios, él pensaba en el sacrificio. No comprender el problema no impidió que Abraham obedeciera a Dios. Abraham estaba comprometido a obedecer a Dios comprendiera o no el problema. Advierta que Abraham se levantó temprano y comenzó a hacer preparativos. Él mismo enalbardó el asno y cortó la leña. Él tenía cientos de trabajadores, pero él lo hizo todo él mismo. ¿Por qué? Probablemente él hiciera lo que hacemos muchos de nosotros cuando nos enfrentamos a problemas: buscar la soledad en el trabajo físico mientras pensaba en el sacrificio y el problema. Advierta también que el viaje a Moriah le llevó tres días. Abraham tenía tres días para pensar en el sacrificio. ¡Imagínense! Tres días para justificar su salida del sacrificio o para rendirse aún más profundamente ante el mandato de Dios.

   Pensamiento I. El sacrificio de nuestra vida a Dios -rendirnos absolutamente- exige análisis, el análisis más serio y profundo posible. Cualquier persona que oiga el llamado de Dios a rendirse absolutamente -a sacrificar su vida totalmente a Dios- debe saber lo que está haciendo. Debe analizar el llamado de Dios, lo que significa sacrificar totalmente su vida a Dios; lo que significa entregar su vida, rendirse absolutamente ante Dios.

   “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

   “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Ti. 4:15).

  “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Sal. 19:14).

   “¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera!” (Dt. 32:29).

   “Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros” (1 S. 12:24).

   “Escucha esto, Job; detente, y considera las maravillas de Dios” (Job 37:14).

3er Titulo:

Dios premia la humildad y obediencia del que viene a Él. San Juan 9: 5 al 7. 5Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.6Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.7Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos.

   Comentario: [3–5]. Respondió Jesús: Ni este hombre pecó, ni sus padres, sino que (esto sucedió) para que las obras de Dios se manifiesten en él. En esta respuesta Jesús descarta de inmediato los pecados personales del hombre y los pecados de sus padres como causas a las cuales atribuir su ceguera. Si hay que mencionar una causa, la respuesta sería el pecado de Adán, nuestra cabeza representativa. Sin embargo, en estos momentos Jesús ni siquiera se interesa por esto. Prefiere mirar hacia adelante en lugar de mirar retrospectivamente como los discípulos. Habían preguntado, “¿Cómo sucedió?” Responde, “Sucedió para un fin; a saber, para que las obras de Dios (milagros en los cuales se muestran su poder y amor) se manifiesten en él”. Todas las cosas—incluso las aflicciones y calamidades-tienen como propósito último la glorificación de Dios en Cristo por medio de la manifestación de su grandeza (cf. 1:14; 5:19, 20). Nos es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura (no hay razón textual adecuada para cambiar esta lectura). La noche viene, cuando nadie puede trabajar. Para los discípulos el mirar a este hombre les planteaba un rompecabezas teológico. Para Jesús una mirada en dirección al hombre le presentaba un desafío, una oportunidad para trabajar. Ellos razonaban: “¿Cómo le llegó a suceder?” El respondió: “¿qué podemos hacer por él?” Había pues dos formas de mirar a este hombre. Y la segunda era por mucho la mejor.

   La norma del versículo cuatro se aplica tanto a Jesús como a sus discípulos (y, en un sentido, a todos sus seguidores): entre tanto que el día dura debemos hacer las obras de Dios. Esencialmente estas obras son una (cf. 5:17, 20; 14:12); son obras del reino, cuya unidad resulta evidente por la expresión que Jesús utiliza al llamarlas “las obras del que me envió”. Acerca de “envió” véase luego en el versículo 7.

   Esta enseñanza de nuestro Señor es muy sorprendente, sobre todo en el texto en que se encuentra. Es como si quisiera decir: cuando alguien se te atraviesa, se puede reaccionar de tres maneras:

(1) Si suscita tu envidia, lo puedes apedrear con insultos. Precisamente en ese momento (o muy poco antes) los judíos habían tratado de hacer esto con Jesús (8:59). La historia del mundo—y, triste es decirlo, también hasta cierto punto la de la iglesia visible—proporciona ejemplos de esta actitud general. Algunas personas nunca hacen nada con espíritu constructivo. Su vida diaria es un intento constante de aniquilar el objeto de sus celos. Los “judíos” siguen con nosotros. Tampoco ha desaparecido completamente el “sanedrín” (por lo menos su espíritu).

(2) Si suscita el deseo de obtener información adicional, se puede tratar de satisfacer la curiosidad con preguntas acerca de él, a fin de, quizás, resolver un rompecabezas teológico. Los discípulos se dedicaban a esto, como se acaba de demostrar (véase sobre 9:2). Sin duda que la curiosidad tiene un lugar legítimo, y hay que estimular y no evitar las preguntas de índole teológico. Pero hay un límite. No sólo hay que hacer preguntas; también hay que hacer obras de amor. De hecho, esto es lo que hay que enfatizar. De ahí que,

(3) Hay que amarlo y ayudarlo. “Esa”, dice Jesús, por así decirlo, debe ser nuestra actitud: “nos es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura”.

   La expresión “entre tanto que el día dura” se explica en el versículo que sigue con “entre tanto que estoy en el mundo”. Cuando Jesús, habiendo dicho “consumado es”, emite su último suspiro, su día ha terminado, su obra de expiación por el pecado ha sido cumplida. Si bien es cierto que, incluso después de su resurrección, hubieron “apariciones”, sin embargo él ya no está más “en el mundo” como lo estuvo antes. Lo mismo se aplica respecto al discípulo: también en su caso hay un tiempo divinamente asignado; a saber, su vida terrenal. Que aproveche al máximo sus oportunidades. El mandamiento es apremiante, porque “la noche viene (esto es, la muerte), cuando nadie puede trabajar”. Entre tanto que estoy en el mundo, soy la luz del mundo. La partícula que hemos traducido por “entre tanto” (_ταν), al igual que en la mayor parte de los casos, se refiere a una relación temporal más bien indefinida (Jesús no dice por cuánto tiempo estará en el mundo). Parecería por el contexto presente que en este caso la mejor traducción no es “siempre que”, como si Jesús quisiera referirse a más de un acto de venir al (y estar en el) mundo, idea totalmente ajena al párrafo presente. La traducción “entre tanto” la sugiere el paralelismo del versículo 4, “entre tanto”. En cuanto al significado de la solemne declaración “soy la luz del mundo”, véase sobre 8:12. Es cierto que aquí en 9:5 el artículo definido no precede al sustantivo luz, pero es muy dudoso que haya que atribuir algún significado especial a esta omisión. Si una descripción del carácter de nuestro Señor comienza a considerarse como nombre o título propio, no siempre se considera necesario el artículo. Hay una cierta amplitud en este uso.

   Es evidente que la expresión “soy la luz del mundo” suministra la clave para la interpretación de lo que sigue. La curación del hombre ciego de nacimiento, que está a punto de relatarse, es una ilustración de lo que Jesús está haciendo constantemente en su condición de luz del mundo.

[6]. Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, y le untó el lodo en losojos. No sabemos por qué el Señor escogió este método específico. Las explicaciones que se suelen dar no satisfacen completamente; por ejemplo, que lo hizo para grabar en el hombre la idea de que el poder de curación venía de Jesús (pero, ¿no hubiera bastado para esto la palabra de Jesús?); o para utilizar las cualidades salubres de la saliva o del barro; o para hacer todavía más ciego a este hombre de forma que pudiera valorar más hondamente la curación; o para simbolizar el hecho de que el hombre había sido hecho del polvo de la tierra; etc., etc. Si hubiera que dar una explicación, se podría decir que el Señor probablemente utilizó este método para producir la actitud adecuada de corazón y mente; es decir, para producir obediencia perfecta, esa clase de sumisión que lleva a cabo un mandato al parecer arbitrario. Cf. Gn. 2:16, 17. Según esta explicación, el lodo no tenía nada que ver con la curación física; no tenía cualidades medicinales, como tampoco las tenían las aguas del Jordán en las cuales Eliseo pidió a Naamán que se sumergiera siete veces (2 R. 5:10) a fin de curar la lepra. En ambos casos el mandamiento fue prueba de obediencia. Debe tenerse presente que el que actúa aquí es el que se llama la luz del mundo, y que en este caso concreto se comunica la luz no sólo al cuerpo sino también al alma (9:35–38).

[7]. Y le dijo: vé, lávate en el estanque de Siloé207 (que traducido es, Enviado). Este estanque recuerda el de Bethzatha (“Betesda”), pero mientras éste estaba situado en el noroeste de Jerusalén—véase sobre 5:2—el estanque de Siloé estaba apenas dentro de los muros de la ciudad en la parte sureste. El rey Ezequías había mandado a construir un conducto para llevar el agua del manantial de Geón (ahora Fuente de la Virgen), situado fuera de los muros en dirección sur-suroeste hasta apenas dentro de los muros. El propósito había sido garantizar el suministro de agua en caso de asedio. El nombre original del estanque fue probablemente Siloé, nombre propio derivado del participio pasivo hebreo que significa “enviado” o “conducido”, que se le dio porque a través de ese conducto el agua era (y todavía lo es) conducida desde el manantial que brota intermitentemente hasta el estanque; cf. nuestra palabra “acueducto”.

   Algunos comentaristas rechazan la idea de que Jesús le diera significado simbólico al nombre de este estanque. Sin embargo, deberían tenerse presente tres hechos:

(1) Este milagro es ciertamente simbólico, ya que describe a Jesús como la luz del mundo (8:12; 9:5).

(2) En este Evangelio Jesús se presenta constantemente como el enviado del Padre (véase sobre 3:17, 34; 5:36, 37; 6:57; 7:29; 8:18, 27, 29; etc.). Ahora bien: el nombre del estanque es también Siloé; es decir, Enviado. ¿No es perfectamente natural relacionar el agua de este manantial y este estanque con aquél que es el agua de vida (véase 4:10; 7:37)?

(3) Las aguas de Siloé fluyen desde el templo y aun en el Antiguo Testamento eran consideradas como simbólicas de las bendiciones espirituales que vienen de la morada de Dios (véase Is. 8:6 y cf. Ez. 47:1). En consecuencia, cuando se le dice al hombre que vaya a lavarse al estanque de Siloé, aunque es verdad que esto debe tomarse en el sentido más literal, de forma que debía realmente lavarse los ojos en este estanque, el significado más profundo es sin duda éste: que para la purificación espiritual uno debe acudir al verdadero Siloé; es decir, a aquél que fue enviado por el Padre para salvar a los pecadores.

   Fue entonces y se lavó, y regresó viendo. A pesar de lo extraño del mandato, el hombre no sigue el ejemplo de Naamán. No protesta, sino que obedece de inmediato. Va al estanque y con la mano recoge agua. Se lava con ella el lodo de los ojos. (El pasaje no implica en modo alguno que se sumergiera en el estanque. Se trata de un ciego, no de un leproso.) Su obediencia recibe recompensa inmediata: regresó viendo.

4° Titulo:

Cristo Jesús es el salvador de todos los que obedecen. Hebreos 5:8 y 9. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

   Comentario: [8]. Aunque era Hijo, él aprendió obediencia por medio de lo que sufrió [9]. y, habiendo sido hecho perfecto, llegó a ser la fuente de salvación eterna para todos los que obedecen, [10]. y fue designado por Dios como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

   Los versículos 8–10 están estrechamente vinculados al versículo precedente. Es más, en el griego original el verbo principal de los versículos 7 y 8 es “él aprendió”. Es allí donde se hace énfasis en este pasaje. Por consiguiente, numerosas traducciones concluyen el versículo siete no con un punto, sino con una coma. Esto es lo correcto, ya que los dos versículos están estrechamente relacionados y conforman una unidad. Por cierto, el énfasis que recae sobre el verbo principal, “él aprendió”, apoya la lectura a causa de su sumisión reverente.

Considérense las siguientes preguntas:

-a. ¿Debía Jesús aprender a obedecer? El escritor introduce este tema mencionando primeramente la debilidad de Jesús, y afirmando este hecho a modo de concesión: “aunque Jesús era el Hijo de Dios”. Él no dice que porque Jesús era divino debía aprender obediencia. Jesús nada tenía que aprender respecto a la obediencia, puesto que su voluntad era igual a la voluntad de Dios. Sin embargo, en su humanidad Jesús debía demostrar obediencia plena; él debía llegar a ser “obediente hasta la muerte—¡incluso la muerte en la cruz!” (Fil. 2:8). Según lo formula una versión: “aunque era Hijo, él aprendió obediencia en la escuela del sufrimiento”.

-b. ¿Cuál era la obediencia que Jesús tenía que aprender? Las traducciones, por razones de estilo y dicción, hablan de obediencia. En el griego original, empero, hay un artículo definido que precede al sustantivo de modo que se lee “la obediencia”; es decir, la bien conocida obediencia que se esperaba del Señor.

   Al interpretar este versículo no debemos pensar en términos de contrastes. Es cierto que el hombre pecador necesita corregir sus caminos escuchando la Palabra de Dios y volviéndose de la desobediencia hacia la obediencia. Pero Cristo, el Impecable (sin pecado) no necesitaba aprender olvidando lo aprendido. Más bien, por medio de su obediencia activa y pasiva, Cristo aporta vida eterna para el pecador y la exoneración de la deuda del pecado del hombre. Dice Pablo en Romanos 5:19: “Porque, así como por medio de la desobediencia de un hombre los muchos fueron hechos pecadores, también así por medio de la obediencia de un hombre los muchos serán hechos justos”.

-c. ¿Cómo fue Jesús hecho perfecto? La pregunta es legítima, puesto que Jesús, como Hijo de Dios, es perfecto desde la eternidad. Pero en su humanidad, “Jesús crecía en sabiduría y estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lc. 2:52). Vemos su desarrollo en la escuela de la obediencia. Y a medida que la carga se va haciendo más pesada para Jesús, así también va creciendo su disponibilidad para asumir la tarea que su Padre le ha dado.

   En el huerto de Getsemaní y en la cruz de Calvario, él sufrió las pruebas finales y definitivas. Jesús fue perfeccionado por medio del sufrimiento. Su perfección “se transformó en fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen”. El escritor de Hebreos repite, en efecto, el pensamiento que había expresado en Hebreos 2:10—Jesús, perfeccionado por medio del sufrimiento, lleva a muchos hijos a la gloria. La perfección, por consiguiente, debe ser vista como el cumplimiento de la tarea que Jesús tenía que desempeñar.

-d. ¿Qué quiere decir el escritor por medio de la expresión “la fuente de salvación eterna”? El escritor de Hebreos llama a Jesús “autor” de la salvación (Heb. 2:10) y “fuente” de la salvación. Estas dos expresiones son sinónimos. Jesús es el capitán, el jefe, el creador, y la causa.

   Cuando el escritor utiliza la palabra fuente no está abriendo una discusión en cuanto a la causa primaria de la salvación; Dios Padre comisionó a su Hijo para llevar a cabo la salvación. En vez de ello, el escritor usa el termino fuente en el contexto de su consideración del sumosacerdocio de Cristo. Al haber llevado a cabo su obra salvadora, especialmente en Getsemaní y en el Gólgota, Jesús es la fuente de la salvación eterna (Is. 45:17). Sólo aquellos que le obedecen tendrán parte en la salvación que Jesús provee. F. F. Bruce describe el concepto de obediencia adecuadamente cuando dice lo siguiente: “La salvación que Jesús ha logrado es concedida ¡a todos aquellos que le obedecen!, Hay algo apropiado en el hecho que la salvación que fuera lograda por la obediencia del Redentor sea accesible a la obediencia de los redimidos”.

-e. ¿Cómo concluye el escritor de Hebreos su consideración del sacerdocio de Cristo? El afirma que Dios designó a Jesús como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. Esto es significativo, ya que esta sección acerca del sumosacerdocio de Cristo—que comienza con Hebreos 4:14—se presenta en términos del sacerdocio de Aarón. Pero la sección continúa y concluye con una clara referencia al sacerdocio de Melquisedec.

    Nótense las siguientes observaciones.

   No es el escritor de Hebreos sino Dios quien designa a Cristo sumo sacerdote según el orden del Melquisedec (Sal. 110:4). El escritor de Hebreos escudriña el Antiguo Testamento y demuestra que Dios se dirige a su Hijo hablándole como sumo sacerdote.

   El tema del sumosacerdocio de Cristo es importante para el escritor de Hebreos. El introduce el tema en Hebreos 2:17; luego de un análisis acerca de la desobediencia de Israel en el desierto y del significado del descanso, el escritor vuelve al tema en Hebreos 4:14–5:10; lo trata más adelante en una forma plena en Hebreos 7.

   También notamos que Jesús cumplió los deberes sacerdotales de Aarón cuando él, en su sumisión y sufrimiento, llevó a su culminación la tarea que Dios le había dado. Fue así que Jesús llegó a ser “La fuente de salvación para todos los que le obedecen”. Esto nunca podría decirse de Aarón ni de ninguno de los sumo sacerdotes que le sucedieron.

   Este tema del sumosacerdocio de Cristo según el orden de Melquisedec es profundo. De hecho, el escritor de Hebreos lo llama “difícil de explicar” (Heb. 5:11), aunque después de una palabra pastoral que dirige a sus lectores él lo explica completamente.

Consideraciones doctrinales en 5:4–10

   En el capítulo 1 el escritor presenta al Hijo como rey al citar el Salmo 110:1 en Hebreos 1:13. pero el tema de la realeza de Jesús no necesita ser explorado; es el sacerdocio de Jesús el que requiere atención, puesto que el escritor de Hebreos describe a Jesús como mediador. Ese papel de mediador no se le daba a un rey sino a un sacerdote. En otras palabras, el escritor explica el cargo sacerdotal citando directamente del Antiguo Testamento.

   Entre los escritores del Nuevo Testamento, solamente el escritor de Hebreos, un experto estudioso de las Escrituras, enseña la doctrina del sacerdocio de Cristo. Pablo, por ejemplo, toca el tema de la obra intercesora de Jesús (Ro. 8:34) y el concepto del mediador (1 Ti. 2:5–6). Pero en ninguna parte de sus epístolas analiza la enseñanza del sacerdocio de Jesús. Esto lo ha hecho el escritor de Hebreos.151

   ¿Designó Dios a Jesús para servir como como sacerdote aarónico, o para funcionar como sacerdote según el orden de Melquisedec? Las Escrituras enseñan que Cristo fue designado según el orden de Melquisedec, y que no podía servir como sacerdote según el orden de Aarón porque pertenecía a la tribu de Judá y no a la tribu de Leví (Heb. 7:14–17). Sin embargo, por medio de su muerte y sacrificio, Jesús cumplió las responsabilidades del sacerdocio levítico.

   Los deberes del sumo sacerdote Aarónico consistían en estar totalmente familiarizado con la debilidad espiritual del hombre, en representar a dicho hombre ante Dios, y en ofrecer sacrificios y dones a Dios por ellos. El sumo sacerdote, en el Día de la Expiación, salpicaba la sangre de un animal sacrificado por sí mismo y por su pueblo. Jesús se ofreció como “un sacrificio único y para siempre por los pecados” (Heb. 10:12). Después de esto, él se sentó como sacerdote y rey a la diestra de Dios.

   En Hebreos 5:7–8 el escritor enfatiza dos condiciones que Jesús debía cumplir como sumo sacerdote: debía traer una ofrenda, y debía aprender la obediencia. El escritor de Hebreos deliberadamente repite el tema del sacerdocio de Cristo en Hebreos 2:11–18; 5:5–10; y 7:23–28.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.