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Lunes 11 de noviembre de 2019: “Gracia especial que Dios da al cristiano para adaptarse a diferentes situaciones”.

Lunes 11 de noviembre de 2019: “Gracia especial que Dios da al cristiano para adaptarse a diferentes situaciones”.

   Lectura Bíblica: 1 a los Corintios Cap. 9, versículos 19 al 22. Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.

   Comentario: Libertad apostólica 9:19–23

   Pablo tenía la difícil tarea de tener que trabajar en dos culturas distintas: la de los cristianos judíos, que vivían según la ley de Moisés, y la de los cristianos gentiles, que estaban libres de la ley de Moisés. Tenía que predicar el evangelio a ambos grupos, a la vez que trataba de reunirlos en una sola comunidad de creyentes y de servir como un fiel pastor a los cristianos que tenían una conciencia débil. Pablo estaba en la posición poco envidiable de tener que dar orientación abordando todos los problemas que dividían a los creyentes en Corinto. Por esta razón, cuidaba su libertad para así poder servir a todos. Habiendo demostrado su deseo de ser libre como predicador del evangelio, ahora revela cuál es la estrategia que usa para ganar a la gente para Cristo.

  1. Estrategia paulina 9:19–23

   Versículo. 19. Porque, aunque soy libre de todos los hombres, me hice esclavo de todos para ganar a la mayor cantidad posible.

   Con la palabra libre, Pablo regresa al discurso sobre la libertad que empezó este capítulo (v. 1). Dijo que él era libre de las restricciones dietéticas que la ley mosaica imponía a los judíos. Ahora da a entender que es libre de dependencia económica. Al no aceptar compensación económica por el ministerio que realiza en Corinto, quedaba libre de cualquier imposición que pudiera obstaculizar su predicación.

   La libertad es un concepto relativo que tiene sus propias limitaciones. Pablo no dice que es libre de todas las cosas, sino que es libre de todos los hombres. Hace eco de la idea que empezó el capítulo (v. 1). Allí afirma que es libre porque tiene libertad cristiana. Aquí declara que es libre de todos los hombres, como hecho objetivo, ya que no ha hecho uso de toda la libertad que posee.

   Pablo dice que él tiene la libertad de comer o no comer carne, y que goza de independencia económica en virtud de su negocio con las carpas. Pero nunca estuvo libre de la ley de Dios, porque tenía libertad sólo dentro del contexto de esa ley. Agustín lo pone en forma concisa: «El hombre nunca es más libre que cuando es controlado por Dios solo».

   Como hombre libre, Pablo es capaz de relacionarse con cualquier creyente de la iglesia de Corinto. Tiene plenos derechos apostólicos para estar libre del control humano, pero escoge ser siervo de todos los creyentes de Corinto. Cumplió literalmente las palabras que Jesús dijo a sus discípulos: «Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá hacerse su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás» (Mt. 20:25–27). Pablo imitaba a Jesús, quien vino a servir y no a ser servido.

   Pablo se hace servidor de todos, con el fin de ganar la mayor cantidad de gente para Cristo. Debe quedar claro de que no compite con los otros apóstoles a quién convierte más gente a Cristo. Más bien espera que la estrategia de ser siervo de todos traiga más gente a Cristo que cualquier otro método. En conclusión, al ponerse al servicio del pueblo de Cristo, Pablo demuestra que es un siervo de Jesús (cf. Gá. 5:13).

   Versículo. 20. Con los judíos me comporto como judío, para ganar a los judíos. Para los que están bajo la ley me he convertido como uno que está bajo la ley, aunque yo mismo no esté bajo la ley, para ganar a los que están bajo la ley.

(a). «Con los judíos me comporto como judío, para ganar a los judíos». Como aquel que es siervo de todos, Pablo empieza por su propia gente y se apega al principio de «a los judíos primeramente y también a los gentiles». Pablo era judío y hebreo de hebreos (Fil. 3:5). Pero cuando dice que se hace judío para los judíos, quiere decir que al ser un seguidor de Jesús vive en una nueva creación (2 Co. 5:17), que ya no es ni judío ni gentil.

   En su intento de ganar a los judíos para Cristo, Pablo se adaptaba a las costumbres judías durante su ministerio. Estos son algunos de los ejemplos notables: dejó que Timoteo fuese circuncidado «por causa de los judíos» (Hch. 16:3); hizo un voto nazareo para expresar a Dios su agradecimiento (Hch. 18:18); se purificó junto a cuatro nazareos y pagó sus gastos para la ofrenda sacrificial (Hch. 21:23, 24, 26).

   Pablo trató de promover la unidad de la iglesia llevando hasta Jerusalén a algunos cristianos gentiles de Macedonia y Asia Menor (Hch. 20:4). Aunque fue acusado de no enseñara los cristianos judíos de Jerusalén. Quería demostrar que no tenía ningún reparo en obedecer la ley de Moisés.

(b). «Para los que están bajo la ley me he convertido como uno que está bajo la ley, aunque yo mismo no esté bajo la ley». Esta idea es paralela a la primera oración del versículo. Ambas oraciones se aplican a los judíos que estaban bajo la ley de Moisés y a los cristianos con una conciencia débil. ¿Pero por qué vuelve Pablo a llamar la atención a los judíos? Parece que quería hacer una clara distinción entre quienes estaban bajo la ley (v. 20) y quienes no estaban bajo la ley (v. 21). Esto no sólo distingue entre judíos y gentiles, sino que también parece distinguir entre los cristianos de conciencia débil que están bajo la ley y los cristianos fuertes que practican su libertad de la ley.

   En éste y el siguiente versículo (v. 21), la palabra ley alude a la ley mosaica. Para ser preciso, la parte civil y ceremonial de esa ley era una carga para los judíos (cf. Hch. 15:10; Gá. 5:1). Con todo, Pablo estaba listo a relacionarse con aquellos judíos que consideraban que su deber era obedecer la ley de Moisés. Junto a sus demás compatriotas, guardaba las costumbres judías, las que incluían reglas dietéticas, lavamientos y la observancia sabática.

   Como campeón de la libertad cristiana (véase p. ej., Gá. 2:4; 5:13), Pablo pondrá de lado su libertad en Cristo y se someterá a la esclavitud de la ley mosaica. Esto lo hace en contextos judíos y sólo por una razón: ganar a los judíos para Cristo. Con todo, añade algo que aclara su disposición a guardar los mandamientos de la ley mosaica: «aunque yo mismo no esté bajo la ley». Permanece libre en Cristo Jesús.

(c). «Para ganar a los que están bajo la ley». Lo que Pablo busca al obedecer la ley mosaica es promover la conversión de los judíos al cristianismo. No habla de los judíos cristianos que ya saben que en Cristo tienen libertad. Más bien se refiere a los judíos que todavía no conocen a Jesús y el poder liberador del evangelio. Quiere que los que están bajo la ley tengan la misma libertad que él goza en Cristo.

   Aunque Pablo fue nombrado ante todo como apóstol de los gentiles (véase Gá. 2:7–9), predicó el evangelio de salvación a judíos y gentiles (Hch. 20:21). De esta forma buscó ganar a «los que están bajo la ley» y «los que están sin la ley». Pablo se adaptó tanto a judíos como a gentiles, para el bien del evangelio.

   Versículo. 21. Para los que no tienen la ley me he convertido como uno que no tiene la ley, aunque yo mismo no esté sin la ley de Dios sino bajo la ley de Cristo, para ganar a los que están sin la ley.

(a). «Para los que no tienen la ley me he convertido como uno que no tiene la ley». ¿Por qué no es directo Pablo y dice «para los gentiles», en lugar de dar un rodeo con la frase «para los que no tienen la ley»? Primero, en esta epístola evita alienar a los gentiles y es cauto al dirigirse a ellos. Segundo, se dirige a los gentiles que no conocían la ley de Dios y a los gentiles cristianos que estaban libres de la ley mosaica. Finalmente, «los que no tienen la ley» se podría referir a los cristianos fuertes.

   Dios entregó a los judíos «la palabra de Dios» (Ro. 3:2, RV60), pasando por alto a las otras naciones (Sal. 147:19, 20). Las naciones no tenían la ley. En griego, Pablo usa el término anomos, que tiene un doble significado: objetivamente los gentiles vivían sin la ley de Dios; subjetivamente no tenían ningún interés en esa ley. En el presente versículo prevalece el sentido objetivo. Pablo contrasta a los que no tenían la ley con los que recibieron la ley. Con todo, el sentido subjetivo también está presente, ya que Pablo añade de inmediato que él mismo no está sin la ley de Dios. Vive en conformidad con la ley de Cristo.

   Cada vez que Pablo pasaba un tiempo con los gentiles, no hacía caso de las leyes judías sobre las comidas, ni de la circuncisión, la fiesta de la luna nueva o del sábado (véase Gá. 2:11–14; Col. 2:11, 16). No sorprende que en Jerusalén lo acusaran de enseñar a los judíos de la dispersión que abandonaran las leyes y costumbres mosaicas (Hch. 21:21). Desde un punto de vista judío, la forma en que Pablo se conducía con los gentiles, lo hacía un gentil. Como no ignoraba la ley, a ojos de los judíos se convertía en un trasgresor de los preceptos divinos.

(b). «Aunque yo mismo no esté sin la ley de Dios60 sino bajo la ley de Cristo». Con estas palabras, Pablo deja en claro a judíos y gentiles que no es un hombre sin ley. Hay que destacar que, en tres versículos sucesivos, Pablo subraya a sus lectores cuál es su estado:

soy libre de todos los hombres (v. 19)

yo mismo no estoy bajo la ley (v. 20)

yo mismo no estoy sin la ley de Dios sino bajo la ley de Cristo (v. 21).

   La primera declaración (v. 19) debe entenderse a la luz de las otras dos afirmaciones (vv. 20, 21). «Ser libre significa no estar ni bajo la ley ni fuera de la ley, sino en Cristo». El que está en Cristo Jesús es una nueva creación. En relación a Cristo, Pablo es libre y al mismo tiempo está bajo la ley de Cristo.

   Con un juego de palabras con el término ley, Pablo dice que es libre de la ley por la que los judíos buscan la salvación. Pero ahora que la salvación ha llegado en Cristo, la ley de Cristo es la norma de Pablo. Cristo cambió la forma en que el apóstol veía la ley. Ya no busca la salvación en relación a la ley, pero ahora quiere guardar esa ley como gratitud a Cristo.

   ¿Qué es, entonces, la ley de Cristo? La expresión vuelve a ocurrir una vez más en el Nuevo Testamento (Gá. 6:2) y describe la implementación del amor: sobrellevar los unos las cargas de los otros. Aunque Cristo abolió la ley civil y ceremonial, las leyes morales de Dios permanecen. Pablo escribe que el guardar esos mandamientos es importante (7:19).62 Hasta coloca la palabra de Jesús sobre el obrero digno de su salario (Lc. 10:7) al mismo nivel con los preceptos mosaicos (Dt. 25:4; 1 Co. 9:9, 14; 1 Ti. 5:18). Si el creyente está bajo la ley de Cristo, al mismo tiempo está bajo la ley de Dios y obedece su voluntad. Como Cristo media la ley de Dios, Pablo debe de permanecer dentro de los límites de esa ley en el marco del pacto de Cristo. «Todo lo que Dios le demanda como un creyente del nuevo pacto, lo obliga; no puede salirse de esos límites. Hay un límite rígido a su flexibilidad en su búsqueda de ganar a los perdidos de culturas y religiones distintas; no puede hacer nada que esté prohibido a un cristiano, y debe hacer todo lo que Cristo ha mandado al cristiano. No está libre de la ley de Dios, está bajo la ley de Cristo».

(c). «Para ganar a los que están sin la ley». En sus esfuerzos por ganar a la mayor cantidad de gente posible para Cristo, Pablo busca ganar a los gentiles para el Señor. Cuando ponen su fe en Cristo, los gentiles ordenan su vida de acuerdo con la ley de Cristo.

   Versículo. 22. A los débiles me he hecho débil para ganar a los débiles. A todos me he hecho de todo para por todos los medios salvar a algunos.

   Hacemos dos observaciones:

(a). Adaptación. «A los débiles me he hecho débil para ganar a los débiles». Pablo ahora vuelve a su discusión sobre los cristianos con conciencia débil (8:9–13). Pablo ha completado el círculo al revisar la libertad que tiene en Cristo. Así, habla acerca de su relación para con el débil. Hubiéramos esperado un equilibrio sintáctico que incluyese al fuerte, pero a Pablo no le interesa comparar al fuerte con el débil. El fuerte era libre en Cristo y no tenía cargo de conciencia cuando comía carne sacrificada a ídolos. Los débiles eran los corintios que tenían una conciencia débil; necesitaban del consejo y ánimo que Pablo les pudiera dar para ser fortalecidos en su fe (Ro. 14:1; 15:1).

   El versículo 22 da a entender que en este pasaje particular Pablo también podría haber estado pensando en ganar para el Señor a los corintios económicamente débiles. Anteriormente en la carta afirmó que entre aquellos que Dios había llamado no había muchos poderosos, ni muchos de noble cuna, sino que Dios había escogido al débil e insignificante para avergonzar a los fuertes (1:26–28). Ahora Pablo hace resonar el mismo mensaje cuando escribe: «A los débiles me he hecho débil». En el contexto usa el verbo ganar para hablar de llevar a judíos (vv. 19, 20) y gentiles (v. 21) al conocimiento de Cristo. Pero cuando habla de los débiles, cuya conciencia era débil, no usa el verbo ganar. Los débiles ya conocen a Jesucristo como Salvador, pero por tener una conciencia débil necesitan la ayuda de los fuertes.

   Creemos que con la oración me he hecho débil para ganar a los débiles (v. 22) Pablo podría estar comunicando una doble connotación. En otras palabras, se refiere a los débiles de conciencia y a los débiles económicamente. Hay que considerar que, al ministrar en Corinto, Pablo se identificó en palabra y hecho con los pobres. Su trabajo fabricando carpas era una clara demostración de que se ponía de lado de los económicamente débiles (Hch. 18:1–4). Pablo mismo pertenecía a la clase alta, como lo demostraba la educación que recibió. Sin embargo, no tenía ningún reparo en ponerse su delantal y gorro para trabajar en su rubro. La alta sociedad grecorromana lo despreciaría por su denigrante trabajo, pero la clase baja lo aceptaría gustoso. La clase alta pensaba que el taller no era un lugar para el hombre libre sino para el esclavo. Con todo, Pablo estaba listo a identificarse con el pobre para ganarlos para Cristo.

(b). Realidad. «A todos me he hecho de todo para por todos los medios salvar a algunos». El apóstol es un modelo para todo el que quiera ganar a la gente para Cristo. Pablo se acomodaba a las diferentes situaciones de cada cultura. Con los judíos vivía como judío, y con los gentiles como gentil (dentro de los límites del mandamiento de Cristo). Se hizo débil a los débiles, para así ser de todo para todos.

   Los oponentes de Pablo podrían tildarlo de ineficaz, inestable y cambiante. En este caso, estarían mal entendiendo completamente sus motivaciones, al no darse cuenta de la intención misionera de los esfuerzos de Pablo: llevar al evangelio a la mayor cantidad de gente posible.

   Pablo estaba convencido de que al predicar las buenas nuevas de salvación, Dios abriría el corazón de cada uno de los elegidos para salvación. Si a Dios le había placido salvar a Pablo, quien se llamaba a sí mismo el primero de los pecadores (1 Ti. 1:15), el Señor Jesucristo podía entrar en el corazón de cualquiera que viviese en tinieblas. Pablo era un instrumento en las manos de Dios para traer a los pecadores al Señor mediante el evangelio. Pablo predicaba y aconsejaba, pero el verdadero trabajo de salvación pertenecía a Dios.

   En pocas palabras, Pablo manifiesta un realismo sobrio, cuando escribe que al acomodarse a todos los hombres lo hace «para por todos los medios salvar a algunos». Algunos manuscritos leen «salvar a todos», pero la evidencia favorece el texto que hemos adoptado: «salvar a algunos». Por supuesto que Pablo sería el primero en afirmar que, aunque él trabajaba duro para presentar el evangelio a todos, sólo Dios efectuaba la salvación (Fil. 2:13). Trabajaba para salvar a todos, pero sabía que sólo algunos responderían al evangelio (véase 10:33; Ro. 11:14).

   Versículo. 23. Y todo lo hago por el bien del evangelio, para participar conjuntamente en él.

(a). «Y todo lo que hago». Notemos que cuatro veces Pablo escribe la palabra todo en los versículos 22 y 23. Es un siervo humilde del evangelio, que irá a cualquier parte, que descenderá o ascenderá a cualquier nivel de la sociedad o hará cualquier tarea por insignificante que sea, con tal que el evangelio sea proclamado a todos. Pablo no conocía la palabra discriminación, ya que decía que en Cristo no había «judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer» (Gá. 3:28). Sabía que en Cristo todos los creyentes son uno.

(b). «Por el bien del evangelio». Esta afirmación repite lo dicho en los versículos 15–18. Pablo es un siervo del evangelio, tal como lo demuestra sirviendo a toda clase de gente. Sólo piensa en la labor que el Señor le ha dado y que tiene que cumplir. Es la tarea de proclamar el pleno evangelio de la gracia de Dios a todos los seres humanos en todo lugar (Hch. 20:24; y véase Fil. 3:7–14). Pablo estaba listo a viajar a Ilírico (lo que fue Yugoslavia y que ahora es Albania) y a España, para que el evangelio fuese lo más ampliamente divulgado (véase Ro. 15:19, 24).

(c). «Para participar conjuntamente en él». Uno podría pensar que Pablo pierde, cuando afirma que su intención es servir a todos los que quieran escuchar el evangelio. Pablo no pierde, sino que se beneficia de las bendiciones que vienen con la predicación de las buenas nuevas. Cada vez que una persona cree en Cristo, se produce gozo y felicidad en el Señor, y Pablo el heraldo del evangelio participa en esa gozosa celebración. Además, el predicar las buenas nuevas de salvación le trae una rica bendición.

   Una traducción literal de esta parte del versículo 23, diría: «para coparticipar en él». La expresión coparticipar no apunta tanto a que Pablo participa con sus asociados en la labor de predicar, sino que participa en las bendiciones que reciben los que se convierten a Cristo. Pablo se regocija con ellos, al verlos tomar posesión de los beneficios espirituales que vienen de una vida obediente al evangelio.

Consideraciones prácticas en 9:19–23

   Si Pablo quería hacerse de todo para todos, ¿no se exponía a ser criticado por los que lo llamarían débil? Esperaban que fuese un líder fuerte. Pero Pablo está dispuesto a ser un débil entre los débiles. Permaneciendo fiel a la enseñanza del evangelio, era libre en cuanto a cosas neutrales, incluyendo asuntos de comida y bebida. Pablo era libre de judíos, gentiles y débiles, pero les ministraba a todos el evangelio con eficacia.

   Pablo sigue las huellas de Jesús, quien en su ministerio terrenal comió con publicanos y prostitutas. A Jesús se le conoció como su amigo (Mt. 11:19), por lo que fue considerado como uno de ellos. Jesús bebió del agua que la samaritana le dio en el pozo de Jacob, y sus discípulos se sorprendieron de que conversara con una mujer (Jn. 4:9, 11, 27). Jesús dijo a los fariseos que pagaran impuestos al César y que le dieran a Dios lo que es de Dios (Mt. 22:21).67 Jesús sentó el modelo de lo que es acomodarse a la cultura y circunstancias de la gente entre la cual predicó. Con todo, el evangelio se mantenía incólume.

   Por el bien del evangelio, los misioneros, evangelistas y pastores deben de adaptarse a la gente y comunidad en la que trabajan. Sin comprometer jamás las demandas del evangelio, deben buscar la manera de llevar a la gente al conocimiento de Jesucristo. Tal como el Señor Jesús lo dijo en su oración sacerdotal, «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado».

1er Titulo:

El Cristiano Como Atleta De Jesucristo. 1ª a los Corintios 9:24 al 27. ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

   Comentario: Ilustraciones de Pablo 9:24–27

   Todo conferencista sabe que una ilustración adecuada aclara el punto que uno quiere comunicar. Claro que se corre el riesgo de que los oyentes se olviden del punto y sólo recuerden la ilustración. Pablo toma un ejemplo del deporte griego y lo aplica a sí mismo. Pablo es un modelo a otros y espera que lo imiten.

   Versículo. 24. ¿No sabéis que los que corren en una carrera, corren todos, pero sólo uno recibe el premio? Corred de tal manera que ganéis.

(a). Premio. En el mundo antiguo, segundo en importancia a los juegos olímpicos estaban los juegos ístmicos, los cuales se llevaban a cabo a unos 16 kilómetros de Corinto. Los juegos se celebraban uno de cada dos años, atrayendo a numerosos atletas y espectadores de todas partes del mundo.72 Durante el año y medio que Pablo pasó en Corinto (50–52 d.C), los juegos se celebraron en la primavera del año 51 d.C. Esto lo familiarizó con los juegos y suponemos que asistió a alguno de ellos. Quizá movió su negocio de carpas a Istmia, donde tendría la oportunidad de presentar el evangelio a la gran cantidad de gente que venía a participar o a mirar los juegos.

   Las ilustraciones que Pablo usa son muy adecuadas para comunicarse con los destinatarios, porque los habitantes de Corinto tenían una fuerte participación en los juegos ístmicos. Estaban bien informados de los que corrían carreras cortas de velocidad o largas de resistencia. Ellos sabían que, aunque todos los atletas corrieran en una carrera, sólo uno recibía el premio.

(b). Exhortación. «Corred de tal manera que ganéis». Pablo usa la metáfora de una carrera para indicar que todos los creyentes participan en una carrera espiritual. Es obvio que no quiere decir que de todos los creyentes sólo uno ganará. Pablo exhorta a los corintios a que tomen su vida espiritual seriamente y que la consideren como si fuera una competencia en la que deben esforzarse al límite.

   ¿Cómo encaja esta ilustración dentro del tema de la libertad apostólica? Pablo demuestra que para él lo único que tiene importancia es el progreso del evangelio, a lo cual él se entrega con todo su poder intelectual, espiritual y físico. De la misma forma, los creyentes de Corinto deben dedicarse a hacer que su vida espiritual progrese, como si corrieran en una carrera para ganar el premio.

   Versículo. 25. Todo el que compite en los juegos deportivos mantiene dominio propio en todo respecto. Ellos lo hacen para recibir una corona perecedera, pero nosotros una imperecedera.

(a). «Todo el que compite en los juegos deportivos mantiene dominio propio en todo respecto». Pablo describe la actividad del individuo mediante el verbo griego agōnizomai (=luchar, pelear) de donde se deriva la palabra española agonizar. En el campo deportivo, el atleta somete su cuerpo y mente a una lucha severa. El competidor tiene que lograr un dominio propio completo para ganar (2 Ti. 2:5). Pablo añade las palabras en todo respecto, la que nos trae imágenes de largas sesiones de entrenamiento, ejercicios agotadores, dieta adecuada y suficiente descanso. El atleta mantiene mente y cuerpo centrados en una meta: ganar el premio.

(b). «Lo hacen para recibir una corona perecedera, pero nosotros una imperecedera». El cambio desde el singular todo el que al plural ellos …nosotros contrastamos la meta de los deportistas con la de los creyentes. Los atletas del tiempo de Pablo se esforzaban por ganar una corona hecha de pino o laurel. ¡Qué trabajo más extenuante por una corona de laurel que ya está seca! Aparte de la victoria del momento, la guirnalda no tiene valor porque se marchita. Además, los espectadores pronto se olvidan del vencedor, pues en el futuro vienen otros vencedores.

   Por contraste, Pablo dice que nosotros nos esforzamos para ganar una corona imperecedera. ¿Qué corona es está que no se marchita? El Nuevo Testamento nos enseña que se trata de la justificación, la vida eterna y la gloria.77 La corona que los creyentes reciben tiene un valor eterno.

   En el griego, la última oración de este versículo (v. 25) es muy concisa, sólo dice «pero nosotros una imperecedera». Pablo fuerza al lector a suplir del contexto lo que falta. Compara las dos coronas avanzando de lo menor a lo mayor. Lo que se implica es que, si un atleta se esfuerza por obtener una corona perecedera, los cristianos deberían esforzarse mucho más para conseguir una que dura para siempre. Isaac Watts lo expresó de esta manera:

¿Deberé ser llevado al cielo sobre pétalos de rosas, mientras otros luchan por ganar el premio navegando por mares de sangre?

   Versículo. 26. Por cierto que yo corro de tal forma de no perder de vista la meta; boxeo de tal manera de no golpear al aire. 27. Trato mi cuerpo con severidad y lo esclavizo, para que no sea que después de haber predicado el evangelio a otros yo termine siendo descalificado.

(a). Dos ejemplos. En los versículos precedentes (vv. 24, 25), pasó de la segunda persona plural a la primera persona plural. De la primera persona plural, ahora procede a la primera persona singular, para apuntar a su propia conducta. Para esto usa dos ilustraciones sacadas del campo deportivo: atletismo y boxeo.

   «Por cierto que yo corro de tal forma de no perder de vista la meta». Pablo se acerca al final de su discusión sobre la libertad apostólica (vv. 19–27), y se aplica a sí mismo sus últimas observaciones: él es el atleta y el boxeador. Como atleta que corre, debe fijar sus ojos en la meta, porque no puede darse el lujo de correr sin dirección. A lo largo de toda la carrera, la meta está siempre delante de él. Como lo dice en otra parte: «Olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús» (Fil. 3:13b, 14). Ningún atleta pierde de vista la meta final. Todos los otros participantes en la carrera son un recordatorio de esa meta. Como los corintios estaban relajándose en sus esfuerzos espirituales, Pablo les dice que lo imiten y corran hacia la meta como él lo hace.

   «Boxeo de tal manera de no golpear al aire». Algunas veces el boxeador da un golpe, pero no le pega al contrincante, exponiéndose a un contragolpe que podría ser fatal. Pablo dice a los lectores que él no gasta sus golpes pegándole al aire. Más bien se comporta como un profesional que boxea con precisión y habilidad. Pablo usa su ejemplo para demostrar que en su lucha por el evangelio no pierde oportunidad. Dos metáforas ilustran la forma tenaz en la que Pablo busca alcanzar la meta.

(b). Una metáfora. «Trato mi cuerpo con severidad y lo esclavizo». En lugar de «Trato mi cuerpo con severidad», una traducción literal sería «le aplico a mi cuerpo un ojo amoratado». Esta es una imagen prestada del boxeo, en el cual los boxeadores aparecen con magulladuras en la cara. Al tomar prestada esta imagen, Pablo no quiere decir que él literalmente golpee su cuerpo. Fueron sus enemigos los que lo golpearon (2 Co. 11:23–25), y no tenemos ninguna razón para pensar que él se azotara o golpeara. Con la expresión esclavizar, Pablo indica que ejerce autocontrol y que se dedica a lograr su propósito.

   «Para que no sea que después de haber predicado el evangelio a otros yo termine siendo descalificado». A primera vista, esta afirmación no parece ser definitiva. Algunos traductores han sentido la dificultad y han tratado de superarla expandiendo la oración o cambiando la redacción. Otras versiones leen: «no sea que … yo mismo sea rechazado por indigno» (VM). Otra parafrasea: «me cuido de no ser descalificado después de haber llamado a otros al torneo» (GNB).

   Pablo se pone como ejemplo. Controla su forma de vida de tal forma que nadie puede acusarlo de contradecir con su vida el evangelio que predica. Se esfuerza física y mentalmente para beneficio del evangelio. Lo que quiere decir es que el evangelio que predica es una realidad en su vida.

   Muchos eruditos creen que cada una de las partes de este versículo es una imagen tomada del deporte. Dicen que, así como los que anuncian las competencias pronuncian los nombres de los contendientes, así también Pablo anuncia el evangelio. Pablo es el anunciador y el competidor a la vez. Pero todo depende de si interpretamos cada cosa figuradamente o si hay algunas cosas literales. Por ejemplo, la palabra predicar se refiere a la predicación del evangelio y no al anunciar el nombre de los competidores y ganadores de los juegos. En este caso es preferible una interpretación literal. En otras partes del texto, Pablo se presenta como un atleta que se esfuerza por ganar el premio, a saber, la corona eterna que no se marchita.

   La cláusula negativa «no sea que … yo termine siendo descalificado» se refiere a la contienda de la que se habla aquí y en el capítulo precedente (cap. 8). Al proclamar las buenas nuevas, Pablo goza de libertad apostólica. Pero se abstiene de ciertas comidas para no ofender a los hermanos débiles, se niega a ser remunerado y así se hace de todo a todos, para el bien del evangelio.

Consideraciones doctrinales en 9:24–27

   «Padre Gatica, predica, pero no practica» es el desafío que los incrédulos le dan a cualquiera que es creyente. Es como si los cristianos vivieran en casas de vidrio y tuvieran a todo el mundo mirando si viven el evangelio que predican y enseñan.

   Pablo dice lo mismo, pero se lo aplica a sí mismo. Lo hace para ponerse como ejemplo para aquellos que leen su epístola. Al vivir en armonía con el evangelio, serán irreprochables. No obstante, Pablo da a entender que él mismo quedaría descalificado, si deja de ejercer dominio propio. ¿Habla Pablo de la posibilidad de caer de la gracia y de perder la salvación? Algunos estudiosos afirman que, a la luz del contexto, el versículo 27 quiere decir que podría perder la recompensa por su servicio, pero no la salvación. Es cierto que en el versículo 18 menciona la palabra recompensa, pero allí está hablando de predicar el evangelio gratuitamente y no de la gracia de Dios hacia el pecador.

   Dios elige a una persona en Cristo y le da la seguridad de salvación. Por otro lado, Dios espera que cuando la fe del creyente sea probada, éste demuestre un deseo sincero de conocer su voluntad, de obedecer sus mandamientos, de ser agradecido por el don de la salvación, de amar a Dios y al prójimo, de tener fe en Dios y esperanza de vencer las pruebas.

   Si el creyente se enfría y su corazón se endurece, ¿corre el riesgo de perder la salvación? Pablo no enseña que el amor de Dios, por el cual nos elige para la salvación, deja al creyente sin ninguna responsabilidad y le concede la corona de la vida sin la necesidad de probar su fe. De ninguna manera, porque Pablo exhorta al creyente a efectuar su propia salvación con temor y temblor, pues es Dios el que obra en ellos el querer y el hacer (Fil. 2:12, 13).

   ¿Podría Pablo mismo caer de la gracia y ser descalificado? De ningún modo, porque él no escatimó ningún esfuerzo para servir al Señor, predicar el evangelio y vivir en forma honorable delante de Dios y los hombres. En otro lugar, Pablo advierte a los corintios que se examinen a sí mismos para que no sean descalificados (véase 2 Co. 13:5–7). Entonces añade que él y otros no han fracasado como cristianos. Al final de su vida, Pablo escribe que recibirá la corona de la justicia que le está reservada (2 Ti. 4:8).

2° Título:

El Cristiano Como Soldado, Armado Espiritualmente. Efesios 6:11 al 13. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 

   Comentario: Pablo continúa: 11: Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra los métodos astutos del diablo. Podría venirnos a la mente la pregunta, “En vista del hecho que mediante las dos maravillosas obras ya mencionadas nos es bien claro que el poder de Dios en Cristo es infinitamente superior al de Satanás y sus aliados, ¿necesitamos acaso preocuparnos tanto de las arremetidas del príncipe del mal? La respuesta es: “La evidencia de esta superioridad no disminuye en manera alguna la seriedad de cualquier posible conflicto en cualquier ‘día malo’ ni da seguridad cierta de victoria en batalla particular alguna” (Roels, op. cit., p. 216). Estoy en completo acuerdo con las palabras citadas, y quisiera agregar que, mirando desde el ángulo de la responsabilidad humana, es aun posible decir que no solamente esta o aquella batalla particular sino toda la guerra será perdida a menos que haya esfuerzo de parte nuestra. Es verdad que el consejo de Dios desde la eternidad jamás fallará, pero es verdad también que en el plan de Dios desde la eternidad quedó establecido que la victoria sería concedida a los que vencieren (Ap. 2:7, 11, 17, etc.). ¡Los vencedores son los conquistadores, y a fin de conquistar debemos luchar!

   Además, la guerra debe ser emprendida enérgicamente, puesto que el adversario es nada menos que ho diábolos, es decir, el diablo (Mt. 4:1, 5, 8, 11; Jn. 8:44; 1 P. 5:8; Jud. 9; Ap. 2:10; 12:9; 20:2). Es evidente que el apóstol creía en la existencia de un príncipe del mal personal. Estaba escribiendo a personas de las cuales muchas antes de su muy reciente conversión a la fe cristiana tuvieron gran temor de los espíritus malignos, como es cierto también hoy entre los paganos. Es casi imposible apreciar cuán difundido, obsesionante, y abrumador es este miedo a los demonios que hallamos a través del paganismo. ¿En qué forma contrarrestó Pablo este miedo? ¿Dijo lo que muchos dicen hoy día, “El mundo de los espíritus malignos es una gran irrealidad, ¿pura invención de la imaginación”? Por supuesto que no. En lugar de esto, sin aceptar la demonología o animismo pagano, enfatiza la gran y siniestra influencia de Satanás. De igual modo proceden los demás escritores inspirados. Lo que todos ellos dicen al describir el poder del demonio se puede resumir más o menos como sigue: “Habiendo sido expulsado del cielo, se halla lleno de furia y envidia. Su acción malévola está dirigida contra Dios y su pueblo. Su propósito, [p 296] por tanto, es destronar a su gran Enemigo, y lanzar a todo el pueblo de Dios–en realidad, a toda persona-al infierno. El anda alrededor como león rugiente buscando a quien devorar. Tiene un ejército poderoso y bien organizado (como veremos pronto), y ha establecido una avanzada dentro de los corazones mismos de aquellos que quiere destruir.

   Además, sus métodos, dice Pablo, son astutos (véase sobre 4:14). Son las artimañas del engañador. Esta verdad no la ignoran los creyentes (2 Co. 2:1 1). Ahora bien, esta expresión “métodos astutos” sería hueca v sin sentido sino le damos un contenido bíblico. Algunos de estos mañosos ardides y maligna estratagemas son: mezclar el error con verdad suficiente para que ello resulte aceptable (Gn. 3:4, 5, 22); citar (realmente ¡erróneamente!) las Escrituras (Mt. 4:6); disfrazarse de ángel de luz (2ª Cor. 11:14); inducir a sus “ministros” a hacer lo mismo “aparentando ser apóstoles de Cristo” (2ª Cor. 11:13); remedar a Dios (2 Ts. 2:1-4, 9); fortalecer la creencia en la mente humana de que él ni siquiera existe (Hch. 20:22); penetrar lugares donde no se espera que lo haga (Mt. 24.15; 2ª Tes. 2:4); y sobre todo prometer al hombre que por medio de las malas actuaciones se puede llegar a obtener el bien (Lc. 4:6, 7).

   En vista de todo esto, entonces se puede ver muy claro el por qué, en el nombre de su Señor, el apóstol da la orden de acción: Vestíos de toda la armadura de Dios”. No olvidéis ninguna de sus partes. Las necesitareis todas. No oséis avanzar contra el diablo y sus huestes con equipo de vuestro arsenal. Mas bien decid como David, “Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practique” (1ª Sam. 17:39). Armas tales como la confianza en méritos humanos o en la propia erudición y cacumen mental, o en el aislamiento del mundo, o en la invocación de los santos y ángeles, o en la teoría de que el pecado, la enfermedad, y Satanás no existen, etc., no serán de valor alguno en “el da malo”. Por tanto, “Vestíos de toda la armadura de Dios, forjada y provista por él. Vestíos con ella, equipaos de modo que podáis estar de pie, no estar ociosos, sino que en medio de la batalla estar firmes y defender el campo contra los astutos métodos del diablo”. Prosigue: 12. Porque no contra carne y sangre es nuestra lucha, sino contra los principados, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de estas tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. La razón del carácter urgente de esta exhortación es que no estamos luchando contra “carne y sangre”,17° es decir, contra hombres frágiles (Gá. 1:16), llenos de debilidades físicas y mentales (respectivamente 1 Co. 15:50 y Mt. 16:17). Al contrario, esta lucha es contra una gran hueste supramundana de espíritus malignos; el diablo mismo y todos los demonios bajo su mando. A estos ángeles caídos se les describe aquí como “principados” y “autoridades” (acerca de lo cual véase 1:21 y C.N.T. sobre Col. 1:6); como “gobernantes mundiales de estas tinieblas”, vale decir, como aquellos que-bajo la providencia permisiva de Dios—controlan tiránicamente el mundo de la ignorancia, del pecado, y de la angustia; y como “las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, vale decir, en el plano supramundano. El término, “regiones celestes”, aunque por todas partes, incluyéndose aquí, tiene referencia a lo que en un sentido muy amplio podríamos llamar “la esfera celestial, no puede tener aquí exactamente el mismo significado que en otros lugares. En tanto que en los demás pasajes de Efesios indica el cielo de donde descienden las bendiciones (1:3), donde Cristo está entronado a la diestra de Dios (1:20), donde los redimidos están sentados con Cristo 2:6), y donde los ángeles electos tienen su morada (3:10), en el presente pasaje (6:12) debe referirse a la región sobre la tierra pero bajo el cielo de los redimidos; en otras palabras, ha de indicar aquí lo que en 2:2 es llamado “el imperio del aire”. Siendo que la referencia es a “los gobernantes mundiales de estas tinieblas” con los cuales deben contender los creyentes, esta alteración en la aplicación del término no debe producir problemas. Véase nuevamente 2:2.

   Cuando el apóstol implica que debemos “luchar” contra gran número de huestes espirituales con “toda la armadura de Dios”, incluyendo armas tales como escudo y espada (vv. 16 y 17), no se le debe acusar de inconsistente, como si hubiese comenzado con la idea de los creyentes oponiéndose al enemigo en el campo de batalla, y después hubiese cambiado rápidamente del escenario del campo de batalla al de un gimnasio. La explicación correcta es probablemente muy sencilla: el apóstol quiere decir que la batalla es un encuentro cuerpo a cuerpo tan violento que en este respecto equivale a una lucha. Si ésta es una metáfora mixta, entonces no hay inconsistencia.

   Ya que la naturaleza de la lucha contra el diablo y sus secuaces es tan intensa y personal. Pablo repite y también desarrolla el pensamiento ya expresado en el versículo 11, diciendo: 13. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios. El lenguaje que aquí se usa es muy cortante. El mandamiento es terminante, como si dijese, “No permitáis que el enemigo os sorprenda sin defensa. Tomad vuestra armadura. Hacedlo de inmediato, sin vacilar ni perder tiempo. Y recordad: ¡tomad la armadura completa!” El propósito es: para que podáis resistir en el día malo, es decir, en el día de las duras pruebas, los momentos críticos de vuestra vida en que el diablo y sus subordinados os asaltarán con gran intensidad (cf. Sal. 41:2; 49:5). Y siendo que nunca se sabe el momento en que estas crisis ocurren, la implicación clara es: estad preparados siempre.

   Sin embargo, debemos cuidarnos de no inferir que al cristiano se le imagina aquí sentado, echado atrás, por decirlo así, esperando en el refugio de su fortaleza el ataque de Satanás. El contexto (véase sobre los vv. 17 y 19) no da lugar a esta interpretación que es bien común. El estar (de pie) que Pablo menciona (vv. 11, 14) no es como el de un muro de ladrillos que espera, por decirlo así, pasivamente el asalto del ariete. A los soldados aquí referidos se les describe vestidos para la batalla y lanzándose a la lucha. Están defendiéndose y a la vez atacando.

Deben hacer uso de toda la armadura de Dios y es solamente entonces que se hallan en condición de “resistir”, es decir, contrarrestar al enemigo, oponérsele,172 rechazar sus embestidas y aun avanzar en el campo enemigo, ya que la oración continúa, diciendo: y habiendo hecho todo, estar firmes. Se supone que ellos habrán realizado enteramente—habrán proseguido hasta el fin, según se implica en el original—cosas maravillosas. El resistir al diablo, oponérsele, tiene el confortante resultado de que, al menos por el momento, el diablo habrá huido (Stg. 4:7; cf. Mt. 10:22).

   Para darle aún más realidad al carácter y necesidad de esta batalla contra el diablo y sus huestes, lucha que es intensa y vehemente, considérese su significado en la vida y obras de Pablo mismo. Para él había sido, y/o era aún ahora, una lucha contra la maldad y violencia judía y pagana inspirada por Satanás; contra el judaísmo entre los gálatas y otros; contra el fanatismo entre los tesalonicenses; contra las contiendas, la fornicación, y los litigios entre los corintios; contra el insipiente gnosticismo entre los efesios y mucho más fuerte entre los colosenses; contra las luchas fuera y temores dentro; y el último en orden pero no en importancia, contra la ley del pecado y de la muerte obrando dentro de su propio corazón.

   Podría considerarse como dicho muy gastado, pero no obstante es verdad, que la mejor defensa es la ofensiva. Todos los viajes misioneros de Pablo pueden considerarse como acción de guerra ofensiva. Pablo invadía los territorios que otrora habían pertenecido al diablo, porque “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). La razón de haber realizado estas incursiones en territorio hostil, y lo seguiría haciendo aún más, era que el diablo poseía algo que el apóstol deseaba ardientemente, vale decir, las almas de los hombres. Pablo las deseaba a fin de presentarlas a Dios. Deseaba de todo corazón ser usado como agente de Dios para rescatar a los hombres del reino de las tinieblas y transferirlos al reino de la luz. Cada vez que se refiere a este tema usa un lenguaje que expresa profundo sentimiento (Ro. 1:13; 10:1; 1 Co. 9:22; 10:33; etc.). ¡Pablo sabía amar ardientemente!

   Vemos, entonces, que a fin de interpretar correctamente lo que el apóstol quiso significar por esta batalla se debe tener presente que la iglesia y Satanás son enemigos declarados. Se lanzan el uno contra el otro. ¡Chocan violentamente!

   Con todo esto a modo de introducción y mostrando por qué los creyentes deben a cualquier costo estar totalmente equipados para la batalla contra las fuerzas infernales, procede ahora a describir las partes de su armadura. Con este fin el apóstol hace uso de seis metáforas derivadas de la armadura del hoplita romano, el legionario que iba fuertemente armado a la batalla. Hay, seguramente, también, una séptima arma, el clímax de todas. Pero esta séptima arma ocupa un puesto especial, no se usa para ella ninguna figura o metáfora. Para examinar debidamente las seis es necesario ver todo el cuadro de una vez.

3er Titulo:

El Cristiano Como Pescador En La Barca Del Evangelio. San Lucas 5:8 al 10. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

   Comentario: 8–10a. Al ver esto Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, pues soy un hombre pecador. —Porque, por la pesca que habían hecho, el asombro se había apoderado de él y de todos los que estaban con él. También ocurrió lo mismo con los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, que eran socios de Simón.

   Nótese “Simón Pedro”, su nombre completo, como también en Mt. 16:16. En ambos casos, este discípulo derrama su corazón en una humilde confesión y adoración.

   Cayó a las rodillas de Jesús. A esta altura algunos intérpretes experimentan una dificultad. No pueden entender esta posición y sugieren que el sentido probablemente sea que Simón cayó de rodillas ante Jesús. Esta dificultad, sin embargo, desaparece cuando se imagina a Jesús sentado. Había lugar para que Simón se postrara y para que los jornaleros de Simón caminasen haciendo su trabajo. Los peces estaban en la bodega.

   Cuando Simón ahora pide a Jesús que se aparte de él, no hay que interpretar esto en forma demasiado literal, como si le estuviera pidiendo a Jesús que saliera del barco y caminara por el lago. Las palabras deben tomarse como una sincera y humilde expresión del reconocimiento de la propia indignidad por parte de este discípulo en contraste con la grandeza y la santidad de Cristo. Pedro tiene un sentimiento de reverencia hacia su Maestro y lo confiesa como su “Señor”. El asombro y el temor se habían apoderado de él, y no solamente de él sino también de sus hombres (véase sobre el v. 4) y de sus socios, Jacobo y Juan. Han llegado a estar conscientes del hecho de que Jesús es sobrehumano, que, en realidad, ¡es Dios! Repetidas veces en la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento hebreo) se usa el título Señor como un equivalente de Dios. Instantáneamente, con la impresión producida por el asombroso milagro, Simón Pedro supo en su corazón que su “Maestro” era al mismo tiempo su “Señor”, verdaderamente digno de culto y adoración. En contraste con este “Señor”, Pedro era nada menos que un “hombre pecador”.

   En la presencia del Dios santo, el hombre pecador tiembla. Otros ejemplos: Abraham (Gn. 18:27, 30, 32); Manoa y su esposa (Jue. 13:20); Job (Job 42:5, 6); Isaías (Is. 6:5); el apóstol Juan (Ap. 1:17). Esto se aplica aun a grupos: Israel (Ex. 20:19; Dt. 5:25); las naciones (Is. 64:2).

   Se podría hacer la pregunta, “¿Cómo es que salió esta confesión de los labios de Simón ahora y no antes?” Después de todo, este no era el primer milagro presenciado por Simón. De hecho, Jesús había realizado una curación sobrenatural en la casa misma de este discípulo (Lc. 4:38, 39). La respuesta probablemente sea que este milagro en particular fue realizado en la actividad que Simón consideraba muy suya, esto es, ¡en la esfera en que se consideraba especialista: la pesca!

   Cuando uno es confrontado con Jesús, es imposible permanecer neutral. Sus enemigos reaccionan ante sus milagros con odio y con injurias; sus verdaderos discípulos con respeto y reverencia. Ellos se inclinan y adoran.

  1. su profundo sentido misionero

   Comentario: 10b, 11. Entonces Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.    Jesús, el bondadoso Pastor, ha tomado nota del alarmado sentimiento de Pedro. Es por esta razón que ahora da reposo a la mente de su discípulo. Enseguida le revela que este es un momento crítico, una encrucijada, en la vida de Pedro. Desde este momento cambiará la vocación principal de este discípulo. Simón ha estado pescando peces. De ahora en adelante pescará hombres. Ha estado pescando para dar muerta. Ahora pescará para dar vida, esto es, será un instrumento en las manos de Dios para hacerlo. Todo esto bien podría estar sobreentendido en las palabras usadas en el original, que también se pueden traducir: “Desde ahora pescarás hombres vivos”, con la idea implícita “y para darles vida”. Una vez antes Jesús había prometido: “Os haré pescadores de hombres” (Mt. 4:19; Cf. Mr. 1:17). Pero esta vez las palabras son más definitivas. Se indica claramente que esta etapa alterada en la vida de Pedro—y él, por cierto, representa a los demás discípulos—comienza aquí y ahora; también, que el esfuerzo se verá coronado con una medida de éxito: “pescarás hombres”. Además, la continuidad de la obra es enfatizada: día tras día, semana tras semana, mes tras mes, etc., estarás comprometido en esta obra grande y gloriosa (literalmente dice: “estarás pescando hombres”).

   La razón por la que Jesús quería pescar hombres en la red de su evangelio y quería que sus discípulos siguieran su ejemplo era que ello constituía una parte muy importante de la tarea que el Padre le había asignado. Con el fin de cumplir esta tarea, había venido a la tierra (Lc. 5:32). Para producir este resultado fue “enviado” por el Padre (4:18; 9:48; 10:16; cf. Jn. 3:16, 17, 34, etc.; Gá. 4:4; 1 Jn. 4:9, 10, 14). Y él mismo deseaba ansiosamente rescatar hombres de la muerte e impartirles vida (Lc. 10:2; cf. Mt. 9:36–38; Jn. 4:34, 35), aunque él comprendía muy claramente cuál sería el costo para sí mismo (Lc. 12:50). ¡Qué amor más profundo! Sin embargo, su objetivo final no estaba centrado en el hombre, sino en Dios, que él (Dios) fuese glorificado (Lc. 17:18; cf. Jn. 17:1, 4) y que así se pudiera cumplir el ardiente deseo de los ángeles (Lc. 2:14).

   Así que se puede entender que, al meditar en la promesa de Jesús a sus discípulos que de ahora en adelante estarían pescando hombres, nosotros hablemos de su “profundo sentido misionero”. Véase más sobre este tema general en el v. 32.

   Así que, trayendo las barcas a tierra, lo dejaron todo y le siguieron.

   Nótese que esta vez Pedro, Jacobo y Juan lo dejan todo atrás para seguir a Jesús. Nunca antes habían hecho tal cosa. Había habido un llamado a aceptar a Jesús de Nazaret como el Mesías (Jn. 1:35–51); luego un llamado a ser compañeros más permanentes de Cristo, sin dejar su oficio de pescadores (Mt. 4:18–22; Mr. 1:16–20). Pero el llamado presente llevaba implícito el sentido de dejarlo todo.

   Como se ha mencionado, este llamado estaba implícito, más bien que expresado. Estaba implícito en la promesa “desde ahora pescarás hombres”.

  ¿Cuán grande era el sacrificio que se les pedía que estos hombres hicieran? La respuesta se aclara cuando estudiamos una pregunta planteada por Pedro algún tiempo más tarde, especialmente cuando meditamos en la respuesta de Cristo a esa pregunta. Véase Lc. 18:28– 30 (cf. Mt. 19:20–30; Mr. 10:28–31). Para ser específico: ¡estos hombres realmente dejaron sus peces, barcas, negocios, casas, familias!

   Nótese: Ellos lo dejaron todo, aunque la promesa había sido hecha a Simón solamente. Los demás discípulos entendieron correctamente que lo que Jesús había dicho a Pedro también les concernía a ellos.

   ¿Y qué pasó con los pescados? ¿Dejaron simplemente que se pudrieran? Por cierto, que no. El que se había preocupado de que recogieran los restos de pan y pescado (Mt. 14:20; 15:37) no habría permitido que esto sucediese. Si Zebedeo mismo aún vivía, él podía hacerse cargo de todo. Además, había asalariados. La rica provisión, podemos estar seguros de ello, tenía el propósito, de parte del Señor, de alimentar a muchos. Una parte se podía vender. Otra parte para los pobres. Había provisión para las familias de los pescadores.

   ¿Pero por qué una provisión tan grande? Viene el pensamiento de que Dios—Jesús, si así se prefiere—provee una cantidad tan grande a fin de librar a sus discípulos de toda preocupación por sus familias, como estuviera diciendo: “El que os ha bendecido hoy con tanta abundancia, ¿no seguirá cuidando de vosotros del mismo modo?” ¡Cuán grande eres

4° Titulo:

El Cristiano Administrador De Talentos. San Mateo 25:14 al 18. Porque el reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 

   Comentario: La parábola de los talentos:

   El material aquí presentado se puede dividir como sigue:

  1. Cómo un hombre de negocios que estaba por salir lejos distribuyó sus talentos entre sus siervos (vv. 14, 15).
  2. El uso diverso que ellos hicieron de los talentos (vv. 16–18).

   El primer punto se introduce de la siguiente manera: 14. Porque (es) como un hombre que, yéndose al extranjero, llamó a sus820 siervos y puso sus posesiones en manos de ellos. Este es claramente un caso de “expresión abreviada”, acerca de lo cual véase C.N.T. sobre el Evangelio según Juan, p. 219. El significado, con toda probabilidad, es que lo que ocurre en el “reino de los cielos” en su manifestación final se asemeja al resultado de la historia de los talentos.

   El principio de la parábola describe a un individuo con propiedades que está por emprender un viaje. Cf. 21:33. Antes de hacerlo confía sus bienes a sus siervos. En esta parábola no es una viña lo que les confía, sino dinero (v. 27), específicamente “talentos”. 15. A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno según su821 capacidad; y luego se fue. Básicamente un “talento” es una medida de peso. Así, por ejemplo, Ap. 16:21 habla de granizos que pesaban un talento (125 libras romanas) cada uno. Sin embargo, la misma palabra “talento” se usa también para indicar una unidad monetaria. El valor difería de un lugar a otro y de una época a otra, y también dependía del metal que se usaba, fuese cobre, plata u oro. Ya se ha señalado (véase sobre 18:24) que un talento ático valía no menos de seis mil denarios. Un trabajador ordinario necesitaría casi veinte años para ganarse uno. Por lo tanto, es claro que en esta parábola estamos tratando de un rico hombre de negocios. Naturalmente, no quiere que su dinero esté ocioso durante su ausencia. Debe ser usado de modo que obtenga una ganancia. El dueño de toda esta riqueza no sólo es rico sino también sagaz. Comprende que no todos sus siervos (o “esclavos”) tienen la misma habilidad en los negocios. Así que, calculando la habilidad de cada hombre, deja a un siervo cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Luego emprende el viaje.

   En cuanto al uso variado que hicieron los tres del capital que se les encomendó, la parábola continúa: 16, 17. Inmediatamente el hombre que había recibido cinco talentos fue y lo puso a trabajar y ganó otros cinco talentos. Así también el hombre (que tenía) los dos ganó dos más. Impulsado indudablemente por las órdenes que habían recibido de su amo, por la confianza que él había puesto en ellos, y por el conocimiento de que un día tendrían que darle cuentas, el primero y el segundo siervos usaron las sumas que se les confiaron en forma tan efectiva que en cada caso la suma fue duplicada. 18. Pero el hombre que había recibido uno fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. El tercer siervo no se molestó en cumplir la tarea que se le había asignado. Entonces hizo un hoyo en la tierra y sepultó el talento. No era algo fuera de lo común que los tesoros fueran sepultados en tierra. Véase 13:44. ¿Qué fue lo que movió a este hombre a que decidiera hacer esto? ¿Fue amor por su amo, para que no viniese un ladrón y robara lo que pertenecía a su amo ausente? ¿Fue timidez, quizás, un sentimiento de inferioridad fortalecido por la consideración de que se le había confiado menos que a los demás? Por los vv. 24–27 sabemos que no fue esto sino más bien una suspicacia injustificada y la pereza.

Amé, Para La Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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