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Lunes 10 De Septiembre De 2018 “Dios Da Al Ser Humano, Tiempo Para Todo”

Lunes 10 De Septiembre De 2018 “Dios Da Al Ser Humano, Tiempo Para Todo”

Lectura Bíblica: Eclesiastés Cap. 3, versículos 1 al 8. Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.

   

   Comentario: La vida del hombre está compuesta de penas y alegrías, de triunfos y fracasos, de trabajos y reposos. El sabio ve que así debe ser. Obtener triunfos sin fracasos haría del hombre un pequeño dios; padecer fracasos sin ningún triunfo de la vida sería una miseria infinita. Lo que caracteriza el trabajo del hombre es un continuo hacer y deshacer lo hecho, cada cosa a su tiempo. Como esos tiempos los fija Dios, para el Predicador la sabiduría del hombre consiste en ponerse en sintonía con Dios para saber qué hacer en cada caso. Dios lo ha dispuesto todo, lo bueno y lo malo, el hacer esto y el hacer aquello, cada tarea tiene su tiempo propicio, cada experiencia humana su razón de ser. El hombre, como ser relativo, se encuentra también ante tareas relativas; ningún momento es absoluto, absoluto es solamente Dios. Esto es lo que nos dice el Predicador.

   Veamos un poco más adelante: En el día del bien, goza del bien; y en el día del mal, considera que Dios hizo tanto lo uno como lo otro… (7:14). Hoy es tiempo de reír, río con gratitud a Dios; mañana, si es tiempo de llorar, lloraré con esperanza en Dios. El apóstol Pablo se encontró con este problema en su vida y lo solucionó comprendiendo que las “revelaciones” y los “aguijones en la carne” servían ambos al propósito de Dios en su vida y en su ministerio (2 Cor.12:7–9). Hay dos maneras de enfrentarnos con esta realidad de la vida que el Predicador nos presenta: con fe o sin ella. Lo que la vida nos diga dependerá de ese imponderable que llamamos “fe”.

   Todo tiene su tiempo (v. 1). Lógicamente es el tiempo fijado por Dios. No es temor a la fatalidad, la voz de la fe dice: Pero yo he confiado en ti, oh Jehová. He dicho: “Tú eres mi Dios; en tus manos están mis tiempos” (Sal. 31:14, 15a). Tiempo de nacer y tiempo de morir (v. 2), abarca los dos extremos de la vida humana y los que están más lejos de su voluntad. Entre ellos podemos incluir todas las experiencias de la vida. Tiempo de esparcir piedras: Con una ligera variante en el texto hebreo algunos leen “tiempo de prodigar agasajos y tiempo de guardarlos” (J. J. Serrano); otros, sin recurrir a ningún cambio, lo interpretan como un eufemismo por el trato marital (Comentario Bíblico San Jerónimo). Generalmente se ha interpretado con referencia a esparcir piedras en el campo enemigo para hacerlo improductivo. A esa acción del enemigo corresponde sin lugar a dudas la acción de recoger las piedras para permitir el cultivo del campo. Esto sucedía en las guerras (2 Rey. 3:19, 25). De todas maneras la intención es clara, se refiere a acciones diametralmente opuestas. Tiempo de romper:, podría referirse a un acto de duelo. Hay evidencias en la literatura posterior judía de que se acostumbraba aconsejar el rasgar la ropa moderadamente de modo que pudiera remendarse y usarse de nuevo. ¿Qué provecho…? es una pregunta retórica; la respuesta es evidente: Ningún provecho, ya que lo que hoy se hace mañana se deshace.

Semillero homilético

El tiempo: un don precioso de Dios 3:1–8

   Introducción: Una de las cosas que somos más celosos en guardar es nuestro tiempo. Algunos van con el NO por delante. ¡No tengo tiempo!, es la respuesta inmediata que muchos contestan cuando se les pide que hagan algo. Otros sin embargo a todo dicen que sí, pero no cumplen. No obstante, todos encontramos tiempo para hacer lo que nos apetece. Ciertamente el tiempo es un concepto relativo y mucho depende de nuestra escala de valores y posibilidades a la hora de administrarlo cada día, semana, mes o año.

   El tiempo es un don de Dios (v. 1).

   El tiempo, como la vida misma, no nos pertenece. Nos es dado por Dios y a él daremos cuenta.

   El tiempo es un bien precioso pero limitado. Debemos aprovecharlo al máximo.

    Debemos administrar correctamente el tiempo que Dios nos da (vv. 2–8).

    Según la voluntad de Dios para nuestra vida.

    Según prioridades claramente establecidas de acuerdo a esa voluntad de Dios.

   Cuando reclamen de nuestro tiempo, debemos aprender a decir SI y NO según sea oportuno y a la luz de las prioridades establecidas.

   Seamos realistas con el tiempo: No nos afanemos en ver las cosas hechas de un momento para otro.

   Debemos dar tiempo al tiempo sin forzar situaciones permitiendo que las cosas discurran de un modo natural. Aceptemos la voluntad de Dios: en el devenir de los acontecimientos pues no siempre entenderemos por qué las cosas son como son.

   No nos castiguemos: Dios no quiere que seamos esclavos del tiempo de tal modo que no podamos disfrutar de la vida. Toda nuestra agenda debe ser motivo de felicidad, sea trabajo u ocio, y debe incluir estas cosas.

   Aprendamos a descansar en Dios de quien en último extremo

   Conclusión: El tiempo es un don precioso que los cristianos debemos usar diligentemente como buenos administradores de Dios. Dios reclama toda nuestra vida y ello incluye el tiempo, pero también nos dota de inteligencia para discernir y usarlo adecuadamente.

  1. Segunda Lección (vv. 1-8): “Administra Sabiamente tu Tiempo”.

   El maestro/predicador (Eclesiastés) nos dice que hay un tiempo para todo en esta vida. Así es como abre el tercer capítulo de su libro, con un enunciado preciso, claro y potente. Diferentes versiones lo traducen pero todas concuerdan en lo mismo: ¡TODO TIENE SU TIEMPO!

   Y esto puede interpretarse de varias maneras, he aquí la mía:

   El tiempo es un recurso dado por Dios a los humanos, es nuestro deber administrarlo correctamente, ¿por qué? Porque somos administradores de los recursos del Padre y algún día daremos cuenta de nuestra mayordomía (Mateo 25:14-30).

   El tiempo es una oportunidad para crecer, desarrollarse, trabajar, prosperar; pero esto sólo será posible para quienes aprovechan bien el tiempo, no para los holgazanes que desperdician la oportunidad de ser mejores cada día. Pero una cosa es cierta, Dios no malgasta oportunidades, “si tú no aprecias el tiempo que Él te da entonces se lo brinda a otro más interesado que tú”.

El tiempo es una bendición universal ––todos tienen 24 horas al día, 1.440 minutos, 86.400 segundos––, pero no todos ocupan esa bendición de la misma manera, algunos lo hacen para bien otros para mal, pero la cantidad de tiempo es el mismo para todos: “Pues Él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” Mateo 5:45.

   La vida no se detiene, tiene etapas que van y vienen en un ciclo interminable, entender esto es crucial porque nos permitirá navegar por las diferentes estaciones de la existencia humana. Por eso el maestro/predicador dijo que “todo tiene su tiempo”. Ejemplo: No te la puedes pasar todo el tiempo de luto, aunque duela la muerte de un ser querido la vida sigue y el luto debe dejarse para dar paso a la alegría, pero todo en su momento. Así mismo no te la puedes pasar todo el tiempo riendo aunque esto sea agradable, habrá momentos de tristeza, es parte de la vida…, todo en su tiempo. Procura no quedarte mucho en ciertas estaciones porque la vida te pasará de largo.

   Cada cosa en su lugar, cada acción en su momento, cada hecho en su propio espacio; reconocer esto nos permitirá vivir la vida de manera ordenada, y el orden es un buen conductor hacia el éxito.

Dos pasajes bíblicos que deberíamos practicar: 1) Efesios 5:16, “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”. 2) Colosenses 4:5, “andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo”.

1er Titulo:

Aprovechando El Tiempo Para Andar En La Voluntad De Dios. Colosenses Cap. 4, versículos 5 y 6. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Énfasis en una conducta sabia y en un hablar lleno de gracia

   Versíc. 5. Ahora Pablo les insta a seguir un modo de vida similar. En el espíritu de los principios que Pablo mismo ha adoptado para sí y en conexión con lo que acababa de pedir a los colosenses, que oraran por él y sus compañeros (véase vs. 3 y 4), dice, conducíos sabiamente para con los de afuera. Para el judío todo aquel que no era judío era uno “de afuera”. Y para el cristiano, todo no cristiano es, en cierto sentido, uno “de afuera”. Véase 1 Co. 5:12, 13; 1 Ts. 4:12; 1 Ti. 3:7. En los días de la iglesia primitiva, los creyentes fueron calumniados por estos “de afuera”. Por ejemplo, eran llamados ateos porque no servían a dioses visibles, antipatrióticos porque no quemaban incienso delante de la imagen del emperador, e inmorales porque, por la necesidad, a menudo se reunían tras puertas cerradas. Pablo sabía que la mejor forma de frustrar estas calumnias era que los cristianos se condujeran, no sólo virtuosamente en lugar de inicuamente, sino también sabiamente en vez de tontamente. Véase el apéndice sobre La Escritura sobre el tacto. Como lo fue en ese entonces, también lo es ahora: a la larga la reputación del evangelio dependerá de la conducta de sus seguidores. Es como si el apóstol estuviese diciendo, “Conducíos sabiamente para con los de afuera, siempre recordando que aunque son pocos los hombres que leen los rollos sagrados, todos los hombres os leen a vosotros”.

   Pero tal conducta sabia, que los creyentes usan los mejores medios para arribar al fin más elevado, no sólo sirve como una poderosa arma contra la difamación y el asesinato de carácter, sino también sirve para algo positivo, a saber, para ganar a otros para Cristo. Pablo estaba totalmente consciente de que la mejor forma de predicar el evangelio, de modo que sea aceptado, era vivir de tal forma que los paganos pudieran decir, “Miren cómo se aman unos a otros, y a pesar de todo lo que hemos dicho en contra de ellos, aun nos aman a nosotros y

nos tratan con cariño, devolviendo bien por mal”. Es claro que Pablo tenía este propósito en mente por el hecho que añade: sacando el máximo provecho de la oportunidad. Si el participio usado en el original ha retenido toda su fuerza etimológica, el apóstol estaría diciendo literalmente, “… comprando la oportunidad”. El sentido sería, entonces, “no os sentéis allí esperando que la oportunidad se os presente, sino salid y buscadla. Sí, adquirirla”. “Compren todo el surtido y la existencia de oportunidad” (Moule, op. cit., p. 134). “No tomen en cuenta el costo. Vale la pena ganar un alma para Cristo (cf. Pr. 11:30; Ro.11:14), y también la salvación misma” (Mt. 13:44, 45). Pero en todo caso, el mínimo significado es, “Aprovechad cada oportunidad para ser de bendición para otros”.

   Una idea que, aunque no se expresa aquí, muy bien podría haber estado como trasfondo de esto, es: los días son malos y se apresura hacia la gran consumación de todas las cosas. “La noche ya está pasando; y el día está cerca”. Así que, saquen el máximo provecho de la oportunidad mientras la tienen. Cf. Ro. 13:11, 12; 1 Co. 7:29; Gá. 6:9, 10; y especialmente Ef. 5:16.

   Versíc.6. Véase también Col. 3:8, 9, 16. Pablo ha pedido a los colosenses que oren para que su forma de hablar sea la mejor (véase arriba, v. 4). De modo que, habiendo dado un ejemplo, por decirlo así, ahora les exhorta a que ellos también usen cuidadosamente su lengua: Que vuestra palabra siempre sea con gracia … Nótese bien, siempre, esto es, tanto al dirigirse a un grupo como a un vecino, tanto cuando conversen con un igual como al responder a alguna autoridad, a ricos y a pobres por igual, no sólo al proclamar el mensaje de salvación sino también al hablar de cómo está el tiempo. Cuando el lenguaje lleno de gracia sea una costumbre para ellos, no usarán un lenguaje impropio cuando se vean confrontados de repente con una situación difícil; por ejemplo, al ser citados para comparecer ante un juez mundano o al ser perseguidos por la fe.

   Pero ¿qué es “palabra con gracia”? Esta misma expresión era usada por los no cristianos del tiempo de Pablo. Sin embargo, lo que significaba para ellos era una conversación brillante, un discurso lleno de observaciones agudas y hábiles. Pero cuando Pablo usa el término, se refiere a un lenguaje que es el resultado de la obra de la gracia de Dios en el corazón. Negativamente, dicho lenguaje no será abusivo (Ro. 1:29–32; 2 Co. 12:20; Gá. 5:19–21, 26; Ef. 4:31; Tit. 3:2). Tampoco será vengativo. Tendrá como modelo el ejemplo de Cristo, quien “cuando le maldecían, no respondía con maldición” (1 P. 2:23). Y positivamente, será veraz y lleno de amor. Quizá la mejor descripción del lenguaje lleno de gracia se encuentra en las palabras de Pablo mismo: “Hablando la verdad en amor” (Ef. 4:15), y el mejor ejemplo está en las palabras de Jesús, “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34).

   Una descripción adicional de esta clase de lenguaje con gracia es: sazonada con sal. Aquellos a quienes el Señor llama “la sal de la tierra” (Mt. 5:13; Mr. 9:49, 50; Lc. 14:34, 35), no deben ser desabridos o insípidos en su hablar. La sal impide la corrupción. Es muy difícil creer que esta idea no estaba en la mente de Pablo cuando escribía estas palabras, ya que en un pasaje paralelo dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la edificación, según sea la necesidad, a fin de impartir gracia a los oyentes” (Ef. 4:29). Pero la sal no sólo tiene poderes preservativos, también tiene sabor y sazón. Por tanto, la palabra sazonada con sal no es vacía o insípida, sino que tiene mérito y estimula a pensar. No es una pérdida de tiempo. También, no es un lenguaje que repugna. Atrae y tiene encanto espiritual. Por consiguiente: un cristiano es conocido por su habla así como por su conducta.

   Ahora bien, en sus conversaciones los cristianos no sólo deben tener en mente la ocasión particular que evoca sus observaciones, sino también deben estar atentos a la persona a la cual se dirigen. Por esto, el apóstol continúa: para que sepáis cómo responder a cada individuo. En otras palabras, deben expresar la palabra apropiada en el tiempo apropiado a la persona apropiada. Esto nos recuerda el pasaje de 1 P. 3:15: “reverenciad a Cristo el Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa a todo aquel que os pida una razón para la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con gentileza y reverencia”. El Espíritu Santo mismo les ayudará a hacer esto. Así que no tienen por qué temer (Mt. 10:19, 20; Mr. 13:11). Cristo les dará palabra y sabiduría (Lc. 21:14, 15).

2° Titulo:

El Tiempo Debe Ser Bien Aprovechado En La Obra Del Señor. Romanos 12: 11 y 12. 11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;

   Comentario: Versíc. 11. Nunca os retraséis en mostrar entusiasmo. Sed radiantes del el Espíritu, sirviendo al Señor.

   No obstante, por ser la naturaleza humana lo que es—y hasta los santos son todavía pecadores—no es razonable esperar que aquellos a quienes Pablo se dirige muestren entusiasmo en este asunto de preferirse los unos a los otros en la honra. Por otra parte, la religión sin entusiasmo casi ni merece el nombre de religión.

   Por supuesto, la fuente del entusiasmo no está en el hombre. Si una persona va a ser “inflamada” por el fuego del entusiasmo, es el Espíritu Santo quien debe hacerlo. Pablo dice: “Nunca os retraséis en mostrar entusiasmo”. Y agrega inmediatamente: “Sed radiantes del Espíritu”. No sólo deben los creyentes preocuparse de que no apaguen el Espíritu, de que no resistan al Espíritu, y aun que no contristan al Espíritu; al contrario, deben pedirle fervorosamente el Espíritu Santo que los llene de celo, y del entusiasmo necesario para cumplir debidamente sus deberes cristianos y lograr su meta. Sólo entonces se cumplirá el mandato. “Sed radiantes del Espíritu” cuando puedan cantar desde el fondo del corazón:

Cual los querubes yo te quiero amar;

que se consuma de pasión mi ser;

pues en mi pecho se alzará un altar

donde arda el fuego de tu gran poder.

   Estrofa tomada de “Mora en mi alma, Santo Espíritu”, de G. Croly, 1854.

   Entonces ellos ya no permanecerán pasivos, sino que con gozo y entusiasmo se abocarán a la tarea de servir al Señor real y consagradamente. Obsérvese que cuando el creyente realmente sea radiante Espíritu, no lo demuestra recurriendo a manifestaciones de excitación religiosa (¿?) sino cumpliendo humildemente su mandato de servir al Señor.

   Versíc. 12. Sed gozosos en la esperanza, constantes en la aflicción, persistentes en la oración.

   La esperanza de la salvación futura (cf. 5:2, 4, 5; 8:24, 25; 15:4, 13) estimula el gozo presente; tanto así, que los hijos de Dios llegan a ser capaces de perseverar en medio de la aflicción. Esta perseverancia indica la fuerza de resistir bajo presión, y la aplicación persistente de dicha fuerza. No es producto de la sabiduría o habilidad humanas, sino de la gracia de Dios. Por eso Pablo se apresura a añadir: “(Sed) persistentes en la oración”. Sin oración constante ese gozo y perseverancia serían imposibles. La oposición que procede del mundo y las dudas que vienen de nuestro interior resultarían ser demasiado fuertes. En realidad, sin perseverancia en la oración sería imposible obedecer las exhortaciones del capítulo 12 o a las de otros pasajes.

3er Titulo:

Ejemplo Digno De Imitar; Trabajar Mientras Tengamos Vida y Salud. San Juan 9:4. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

   Comentario: (Se toman los tres versículo. Para mayor comprensión)Versíc. 3–5. Respondió Jesús: Ni este hombre pecó, ni sus padres, sino que (esto sucedió) para que las obras de Dios se manifiesten en él. En esta respuesta Jesús descarta de inmediato los pecados personales del hombre y los pecados de sus padres como causas a las cuales atribuir su ceguera. Si hay que mencionar una causa, la respuesta sería el pecado de Adán, nuestra cabeza representativa. Sin embargo, en estos momentos Jesús ni siquiera se interesa por esto. Prefiere mirar hacia adelante en lugar de mirar retrospectivamente como los discípulos. Habían preguntado, “¿Cómo sucedió?” Responde, “Sucedió para un fin; a saber, para que las obras de Dios (milagros en los cuales se muestran su poder y amor) se manifiesten en él”. Todas las cosas—incluso las aflicciones y calamidades tienen como propósito último la glorificación de Dios en Cristo por medio de la manifestación de su grandeza (cf. 1:14; 5:19, 20). Nos es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura (no hay razón textual adecuada para cambiar esta lectura). La noche viene, cuando nadie puede trabajar. Para los discípulos el mirar a este hombre les planteaba un rompecabezas teológico. Para Jesús una mirada en dirección al hombre le presentaba un desafío, una oportunidad para trabajar. Ellos razonaban: “¿Cómo le llegó a suceder?” El respondió: “¿qué podemos hacer por él?” Había pues dos formas de mirar a este hombre. Y la segunda era por mucho la mejor.

   La norma del versículo cuatro se aplica tanto a Jesús como a sus discípulos (y, en un sentido, a todos sus seguidores): entre tanto que el día dura debemos hacer las obras de Dios. Esencialmente estas obras son una (cf. 5:17, 20; 14:12); son obras del reino, cuya unidad resulta evidente por la expresión que Jesús utiliza al llamarlas “las obras del que me envió”. Acerca de “envió” véase luego en el versículo 7.

   Esta enseñanza de nuestro Señor es muy sorprendente, sobre todo en el texto en que se encuentra. Es como si quisiera decir: cuando alguien se te atraviesa, se puede reaccionar de tres maneras:

   (1) Si suscita tu envidia, lo puedes apedrear con insultos. Precisamente en ese momento (o muy poco antes) los judíos habían tratado de hacer esto con Jesús (8:59). La historia del mundo—y, triste es decirlo, también hasta cierto punto la de la iglesia visible—proporciona ejemplos de esta actitud general. Algunas personas nunca hacen nada con espíritu constructivo. Su vida diaria es un intento constante de aniquilar el objeto de sus celos. Los “judíos” siguen con nosotros. Tampoco ha desaparecido completamente el “sanedrín” (por lo menos su espíritu).

   (2) Si suscita el deseo de obtener información adicional, se puede tratar de satisfacer la curiosidad con preguntas acerca de él, a fin de, quizás, resolver un rompecabezas teológico. Los discípulos se dedicaban a esto, como se acaba de demostrar (véase sobre 9:2). Sin duda que la curiosidad tiene un lugar legítimo, y hay que estimular y no evitar las preguntas de índole teológico. Pero hay un límite. No sólo hay que hacer preguntas; también hay que hacer obras de amor. De hecho, esto es lo que hay que enfatizar. De ahí que,

   (3) Hay que amarlo y ayudarlo. “Esa”, dice Jesús, por así decirlo, debe ser nuestra actitud: “nos es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura”.

La expresión “entre tanto que el día dura” se explica en el versículo que sigue con “entre tanto que estoy en el mundo”. Cuando Jesús, habiendo dicho “consumado es”, emite su último suspiro, su día ha terminado, su obra de expiación por el pecado ha sido cumplida. Si bien es cierto que, incluso después de su resurrección, hubieron “apariciones”, sin embargo él ya no está más “en el mundo” como lo estuvo antes. Lo mismo se aplica respecto al discípulo: también en su caso hay un tiempo divinamente asignado; a saber, su vida terrenal. Que aproveche al máximo sus oportunidades. El mandamiento es apremiante, porque “la noche viene (esto es, la muerte), cuando nadie puede trabajar”. Entre tanto que estoy en el mundo, soy la luz del mundo. La partícula que hemos traducido por “entre tanto” (ταν), al igual que en la mayor parte de los casos, se refiere a una relación temporal más bien indefinida (Jesús no dice por cuánto tiempo estará en el mundo). Parecería por el contexto presente que en este caso la mejor traducción no es “siempre que”, como si Jesús quisiera referirse a más de un acto de venir al (y estar en el) mundo, idea totalmente ajena al párrafo presente. La traducción “entre tanto” la sugiere el paralelismo del versículo 4, “entre tanto”. En cuanto al significado de la solemne declaración “soy la luz del mundo”, véase sobre 8:12. Es cierto que aquí en 9:5 el artículo definido no precede al sustantivo luz, pero es muy dudoso que haya que atribuir algún significado especial a esta omisión. Si una descripción del carácter de nuestro Señor comienza a considerarse como nombre o título propio, no siempre se considera necesario el artículo. Hay una cierta amplitud en este uso.

   Es evidente que la expresión “soy la luz del mundo” suministra la clave para la interpretación de lo que sigue. La curación del hombre ciego de nacimiento, que está a punto de relatarse, es una ilustración de lo que Jesús está haciendo constantemente en su condición de luz del mundo.

4° Titulo:

Dios Pondrá Fin a Los Tiempos Cuando Nadie Podrá Obrar. Apocalipsis 10: 5 y 6. Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más.

   Comentario Versíc. 5. Y el ángel, a quien vi de pie en el mar y en la tierra, levantó la mano derecha al cielo.

   El autor retoma la identificación del ángel. Deja la impresión de que el ángel que descendió del cielo debe distinguirse de Jesús. Al mencionar de nuevo la posición del ángel en el mar y en la tierra, Juan quiere poner de relieve el poder y la autoridad de este siervo concreto de Dios.

   Levantar la mano derecha para tomar juramento es lo que se acostumbra en la actualidad en los tribunales de justicia y en las tomas de posesión. Indica que se recurre a Dios como el poder más elevado en el cielo y en la tierra; a menudo se concluye con la frase, «Que Dios me ayude».

   Las Escrituras contienen referencias a personas y a Dios que levantan las manos al cielo cuando pronuncian un juramento. Así por ejemplo, Abraham levantó la mano hacia el Señor Dios cuando hizo un juramento en la presencia del rey de Sodoma (Gn. 14:22). Daniel vio a un hombre vestido de lino que levantó ambas manos al cielo y juró por el que vive para siempre (Dn. 12:7). Y Dios jura por sí mismo y levanta la mano al cielo (Éx. 6:8; Dt. 32:40).

   Versíc. 6. Y juró por aquel que vive por los siglos de los siglos, quien creó el cielo y las cosas en él, la tierra y las cosas en ella, y el mar y las cosas en él, y dijo, «Ya no habrá más demora».

   Hay un nexo entre el verso anterior (v. 5) y éste en la triple división del mundo creado. El versículo 5 contiene la secuencia mar, tierra y cielo; aquí el orden es el inverso: cielo, tierra y mar.

   El ángel jura por el que vive por los siglos de los siglos. Cuando jura por el Dios vivo, da testimonio de que las palabras pronunciadas son absolutamente seguras y confiables. Además, en tanto que la ley puede cambiarse o repelerse, un juramento sin condiciones no se puede alterar y sigue en vigor. Al jurar el ángel por Dios que vive por los siglos de los siglos, apela a su eternidad aplicándola al juramento. La frase por los siglos de los siglos se encuentra más a menudo en Apocalipsis (1:6, 18; 4:9, 10; 15:7) que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento.

   Luego, el ángel juró porque Dios es el creador del mundo y cuida de todo lo que contienen el cielo, la tierra y el mar. Es decir, apela al cuidado providencial de Dios sobre todas las criaturas (Éx. 20:11; Neh. 9:6; Sal. 146:6; Hch. 4:24) y relaciona al mundo entero con toda su plenitud con el juramento que emite.

   El juramento revela un límite de tiempo, porque el ángel dice, «Ya no habrá más demora». La traducción

literal es, «Tiempo ya no habrá más», que quiere decir que el período de espera ya pasó, de modo que sin más demoras comenzarán a producirse los juicios de Dios. Respeto a Jezabel Jesús dice, «Y le di tiempo para arrepentirse, pero no quiere arrepentirse de su fornicación» (2:21). Cuando ya ha pasado el tiempo para el arrepentimiento, quedan excluidas las demoras. Pero ¿cómo entendemos el concepto demora cuando el tiempo cronológico continúa hasta su inevitable fin? ¿Hay un conflicto con la súplica de las almas en el altar que exclaman, «Por cuanto tiempo, oh Señor Soberano, santo y fiel, no juzgarás y vengarás nuestra sangre sobre los que moran en la tierra?» Y el Señor les dice que esperen un poco más (6:10–11). La respuesta se encuentra en el hecho de que el interludio del capítulo 10 está situado entre el toque de la sexta trompeta (9:13) y el de la séptima (11:15). Este interludio ofrece un cuadro dentro de un cuadro. Muestra un hecho que se presenta no necesariamente en secuencia cronológica sino como concurrente con los eventos en la era anterior al retorno del Señor e incluso antes de que el ángel toque la séptima trompeta. Entonces se producirán las plagas. Se completarán cuando el séptimo ángel, derramando su copa de la ira de Dios, pronuncia la breve frase «Hecho está» (16:17). Como última observación, téngase presente que las palabras que pronuncia el poderoso ángel (v. 1) se dicen en el contexto de emitir un juramento solemne.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.