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Lunes 10 de agosto de 2020: “La ofrenda de amor para los santos es agradable a nuestro Dios”

Lunes 10 de agosto de 2020: “La ofrenda de amor para los santos es agradable a nuestro Dios”

Lectura Bíblica: 2ª a los Corintios Cap. 8, versículos 1 al 6. 1Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; 2que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.  3Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, 4pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. 5Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; 6de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. 

Comentario: A. Generosidad manifiesta 8:1–6

[1]. Y hacemos del conocimiento de vosotros, hermanos, la gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia.

a. «Y hacemos del conocimiento de vosotros, hermanos». Cada vez que Pablo se refiere a un asunto delicado con los corintios, escribe la palabra hermanos, la cual en aquellos días incluía a las hermanas de las congregaciones. El tema que él quiere tocar tiene que ver con dinero. Aparte de sus comentarios sobre la colecta para los pobres en Jerusalén hechos en su primera epístola (1 Co. 16:1–4), Pablo no vuelve a hablar de este asunto. ¡No es de extrañar! Matthew Henry afirma correctamente, «¡Cuán cautelosos deberían ser los ministros, especialmente en asuntos relacionados con dinero, para no dar ocasión a aquellos que buscan la oportunidad de criticar!»

   El acto de dar a conocer algo a los corintios en este caso no es una revelación divina sino más bien un informe presentado por el apóstol. En ambos Testamentos, Antiguo y Nuevo, el verbo hacer del conocimiento revela una proclamación de la voluntad de Dios (p. ej., Sal. 16:11; Ro. 9:23). Pero aquí, Pablo está a punto de empezar a tratar algo relacionado con la recaudación de fondos para la iglesia madre en Jerusalén. Para los corintios, esto no era extraño, lo que se hace evidente cuando el apóstol les recuerda las instrucciones que les había dado a la vez que les da mayores detalles.

   Las instrucciones de Pablo para la recaudación de dinero para la iglesia en Jerusalén no estaban confinadas a un lugar específico, sino que las dio a conocer a todas las iglesias en Asia Menor, Macedonia y Grecia. Por ejemplo, a las iglesias en Galacia dio las mismas instrucciones que dio en Corinto (1 Co. 16:1). Informó a la iglesia en Roma que las iglesias en Macedonia y Acaya habían donado dinero para los pobres entre los santos en Jerusalén (Ro. 15:25–26). Y finalmente, reveló que, efectivamente, había entregado estos regalos a los pobres en esa ciudad (Hch. 24:17).

   Cuando Pablo recibió el informe positivo de Tito sobre la actitud de los corintios hacia el apóstol, también supo que la iglesia no había progresado del todo en el asunto de recaudar ayuda para los santos de Jerusalén. El tiempo se había ido en la controversia relacionada con el ofensor. Además, falsos maestros habían echado a correr rumores sobre que estaba usando las colectas para su propio beneficio (2:17; 11:7; 12:14). Había llegado el momento de poner las cosas en su lugar, por lo que Pablo describe a las iglesias de Macedonia como modelo y como un incentivo para los corintios.

b. «La gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia». En sus cartas a la iglesia en Corinto, con frecuencia Pablo usa la frase la gracia de Dios (con variantes). La frase tiene varios significados dependiendo del contexto en el cual se usa y aquí el escenario indica que Pablo se está refiriendo no a la gracia salvadora de Dios sino a la consecuencia de esa gracia. Para ser preciso, él tiene en mente la voluntad de los recipientes de la gracia de Dios para dar generosamente para el alivio de las necesidades físicas de los santos (vv. 2–9). La gracia es el don de Dios que hace posible y real la participación en la colecta; y resulta en una demostración del amor cristiano como una respuesta al ministerio de Pablo.

   Aunque ayudar a los pobres es loable, no todos están listos para hacerlo, como observa Juan Calvino: «No todos los hombres consideran una ganancia el dar, ni lo relacionan con la gracia de Dios».

   Las tres iglesias que Pablo fundó en Macedonia eran las que estaban en Filipos, Tesalónica y Berea (Hch. 16:12–40; 17:1–12). De estas congregaciones, la de Filipos repetidamente envió ayuda financiera a Pablo mientras estaba en Tesalónica y más tarde cuando estaba bajo arresto domiciliario en Roma (Fil. 4:16–18). Nótese que Pablo afirma que Dios ha dado su gracia a las iglesias de Macedonia para moverlos a ayudar a otros que están en necesidad; es decir, no son las iglesias sino Dios quien recibe el honor y la alabanza. Las iglesias simple- mente hacen el trabajo que Dios requiere de ellas. Mediante la predicación apostólica del evangelio, los creyentes fueron exhortados a demostrar su amor cristiano a todas las personas, especialmente a los miembros de la familia de Dios (Gá. 6:10). Al hacer a Dios el agente a través del cual se concede la gracia, Pablo evita hábilmente provocar una competencia entre las iglesias de Macedonia y de Corinto. En lugar de eso, los incita a la acción.

   En la literatura epistolar del Nuevo Testamento, los escritores nunca se refieren al dinero como una fuente de ingresos para ellos mismos. Mencionan regalos, pero nunca en la forma de plata u oro (vv. 12, 20; Fil. 4:17; Stg. 1:17). Ellos cumplen el mandato de Jesús: «No lleven ni oro ni plata ni cobre en sus cintos; … porque el trabajador es digno de su paga» (Mt. 10:9–10).

[2]. Que, en muchas pruebas debido a aflicciones, su gozo abundante y su pobreza extrema sobreabundaron en su riqueza de generosidad.

a. Pruebas. «En muchas pruebas debido a aflicciones». El énfasis en esta cláusula está en la palabra aflicciones, y el Nuevo Testamento relata algunas de las aflicciones que las iglesias en Macedonia tuvieron que soportar. Por ejemplo, la predicación del evangelio por parte de Pablo en Tesalónica agitó a los judíos contra los que se habían convertido al cristianismo. Los judíos, entonces, llevaron a Jasón y a sus compañeros cristianos ante las autoridades de la ciudad, quienes dijeron a los cristianos que pagaran una fianza (Hch. 17:1–9). En una carta subsiguiente a los creyentes en Tesalónica, Pablo les dice que ellos sufrieron a manos de su propio pueblo, así como las iglesias en Judea sufrieron a manos de los judíos (1 Ts. 2:14; 3:3–4; 2 Ts. 1:4). Pero aparte de la ocasión en que llevaron a Pablo ante el tribunal del procónsul Galión en Corinto (Hch. 18:20), no se sabe de otras persecuciones contra los corintios. Las palabras de Pablo, por lo tanto, comunican una especie de comparación que seguramente no pasó desapercibida a los atentos lectores corintios.

   Aun cuando la persecución no parece haber sido un problema para la gente de Corinto, de todas maneras, experimentaron pruebas en algún grado. Fueron probados cuando un individuo insultó a Pablo y cuando los opositores de los apóstoles empezaron a propalar falsos rumores sobre sus instrucciones. En un capítulo anterior se dice que Pablo quiso probar a los miembros de la iglesia en Corinto para ver si eran obedientes en asuntos espirituales (2:9). Pero las aflicciones que tuvieron que soportar se debieron más a problemas morales que a la fuerza bruta.

b. Contraste. «Su gozo abundante y su pobreza extrema sobreabundaron en su riqueza de generosidad». Los macedonios sabían que durante sus agudos sufrimientos el Señor nunca les falló; como consecuencia, su gozo en él era ilimitado (1 Ts. 1:6). El sufrimiento produce gozo abundante, como los apóstoles fueron capaces de testificar cuando fueron azotados por orden del Sanedrín (Hch. 5:41; véase también Mt. 5:12).

   El contraste que introduce aquí Pablo no es entre riqueza y pobreza sino entre gozo abundante y pobreza extrema. La aflicción produce gozo, y el gozo y la pobreza producen riqueza de generosidad.

   Dos siglos antes que Pablo viniera a Macedonia, las minas de oro en esa provincia proveían cierto grado de riqueza a su población. Pero durante el siglo primero de la era cristiana, la economía se había deteriorado y la provincia había caído en una profunda pobreza. Las guerras, las invasiones de los bárbaros, la presencia de Roma y la reestructuración de la provincia contribuyeron a deteriorar su situación financiera. No solo se empobrecieron las zonas rurales sino también los centros urbanos, incluyendo «las ciudades romanizadas de Filipos, Tesalónica y Berea».8 Por el contrario, la ciudad de Corinto floreció financieramente debido al volumen de comercio que generaban sus dos puertos, Cencrea y Lejaión. En resumen, había en términos económicos una notable diferencia entre Macedonia y Corinto. Pablo alude a este contraste.

   A pesar de su pobreza, los macedonios eran generosos en dar. Pablo usa la palabra griega haplotes, que se traduce mejor como «generosidad» en el sentido de reflejar la unidad del cuerpo de Cristo (véase 9:11, 13; Ro. 12:8).9 La palabra describe sencillez de corazón y sencillez indivisible. En este contexto expresa una unidad globalizante de la iglesia: las iglesias en Macedonia envían sus donativos a los santos en Jerusalén, que han sido golpeados por la pobreza. Con esta palabra griega, Pablo expresa su gozo al ver la unidad de la iglesia universal en la cual los cristianos gentiles muestran su cuidado amoroso a su contraparte judía en Jerusalén.

   Cuando Pablo escribe «la riqueza de su generosidad», no está pensando en riquezas materiales. La palabra riqueza debe entenderse espiritualmente, como lo muestran algunos versículos tomados de las epístolas paulinas:

«las riquezas de su benignidad» (Ro. 2:4)

«las riquezas de su gloria» (Ro. 9:23)

«las riquezas de la gracia de Dios» (Ef. 1:7)

«la plena riqueza de un entendimiento completo» (Col. 2:2)

   Pablo ve las riquezas en relación con Jesucristo y la obra de redención. Se regocija cuando la palabra de Cristo habita ricamente en los corazones y las vidas de los creyentes (Col. 3:16). Y esto fue lo que observó en las iglesias de Macedonia.

   [3]. Por lo que testifico que dieron según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades, según su propio acuerdo.

   Este breve versículo está incompleto porque le falta el verbo principal dieron; el verbo debe tomarse del versículo 5 como complemento de las cláusulas según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades.

   Como es evidente en muchas traducciones, la división del versículo es inapropiada. La frase según su propio acuerdo está, como un aparte, entre los versículos 3 y 4, y el lector tiene la opción de conectarla con lo que la precede o sigue. La palabra testifico es un comentario parentético y hace que la misma frase sea concisa.

   Pablo dice que él ha observado la sobreabundante generosidad de los cristianos macedonios. Les ha informado de las necesidades materiales de los creyentes en Jerusalén a cuyo informe ellos han respondido en forma entusiasta. Como un testigo ocular, se percató de su disposición a contribuir a los fondos separados para atender a las necesidades de los pobres. Aun cuando ellos mismos pertenecían a la clase empobrecida de la sociedad, dieron todo lo que podían, e incluso más. En su posterior instrucción sobre este punto, Pablo escribe: «Que cada uno dé como ha decidido en su mente dar, no de mala gana o por necesidad. Porque Dios ama al dador alegre» (9:7).

   Sin ningún tipo de presión por parte de Pablo o sus colaboradores, los macedonios estuvieron listos para dar. En forma espontánea expresaron su deseo de dar y su súplica de compartir en el servicio a los santos en Jerusalén. En un versículo posterior, Pablo escribe que lo que ellos hicieron estaba en armonía con la voluntad de Dios (v. 5). Por su Palabra y su Espíritu, Dios abrió sus corazones para que reaccionaran en forma tan magnánima.

[4]. Rogándonos con ansias les diéramos el privilegio de participar en el servicio [de ayudar] a los santos. [5]. Y no solo como habíamos esperado [que lo hicieran] sino que se dieron ellos mismos, primero al Señor y luego a nosotros mediante la voluntad de Dios.

a. «Rogándonos con ansias les diéramos el privilegio de participar en el servicio [de ayudar] a los santos». Suponemos que Pablo, conociendo la pobreza de los macedonios, les mencionó las horribles necesidades de la iglesia en Jerusalén. También les enseñó que los santos en esa ciudad habían compartido bendiciones espirituales con ellos en la forma del evangelio de Cristo. Estaban en deuda con aquellos santos quienes les habían enviado a Pablo y a otros con las Buenas Nuevas (véase Ro. 15:26–27). Su reacción—una súplica ardiente para que se les permitiera compartir sus bendiciones materiales con las personas necesitadas en Jerusalén—conmovió profundamente a Pablo. Como recientemente convertidos a la fe cristiana, los macedonios respondieron más allá de lo que todos esperasen.

   Nótese que el versículo 4 está compuesto de cuatro conceptos teológicos: privilegio, compartir, servicio y santos. Estos cuatro conceptos promueven la unidad de la iglesia universal de Cristo tanto en el siglo primero como en nuestros tiempos modernos. Examinaremos y comentaremos cada uno de estos conceptos.

(1). Privilegio. La vida espiritual en Cristo motivó a las iglesias en Macedonia a implorar a Pablo y sus asociados que les permitieran el privilegio de dar de sus recursos materiales a la iglesia en Jerusalén. La palabra griega charis (privilegio) se refiere al acto de dar, no al donativo mismo. Así como Dios da buenas cosas a sus hijos (Mt. 7:11; Lc. 11:13), así los macedonios dan libremente de sus posesiones para los necesitados y consideran el dar un privilegio.

(2). Compartir. Excepto por las diferencias de matices, el acto de dar está estrechamente relacionado con compartir las posesiones de uno. Compartir es la consecuencia del privilegio; compartir implica compañerismo con Cristo y el uno con el otro; y compartir denota unidad y mutualidad. Comentando sobre la colecta que tuvo lugar entre los creyentes en Macedonia y Acaya, Pablo escribe que «ellos son deudores a los judíos [en Jerusalén] para compartir con ellos sus bendiciones materiales» (Ro. 15:27). Compartir las bendiciones materiales y espirituales es una marca de la verdadera iglesia y una demostración vívida de un cristianismo viviente.

(3). Servicio. Pablo usa el término familiar griego diakonía para «servicio». Ser parte de la iglesia no consiste en tener el nombre de uno en la lista de miembros ni exhibir un registro de asistencia perfecta. Es participación en alcanzar a otros en amor cristiano y ayudarse los unos a los otros en un servicio humilde al Señor (Jn. 13:14–17). Ayudar a otro ser humano promueve la unidad de la iglesia e ilustra la aplicación de uno de los dones del Espíritu (1 Co. 12:28).

(4). Santos. El Nuevo Testamento está repleto con la expresión santos; especialmente en las epístolas de Pablo esta palabra aparece frecuentemente y se aplica a todos los cristianos de origen tanto judío como gentil. Aquí se aplica a aquellos cristianos de Jerusalén que estaban viviendo en una abyecta pobreza. Habían tenido que soportar persecución (Hch. 8:1), años de hambruna (Hch. 11:27–30), turbulencias sociales e inestabilidad política. Todos estos factores habían contribuido directa o indirectamente a la pobreza de los santos en la iglesia madre. Antes, Pablo había mencionado explícitamente que la colecta era para Jerusalén (1 Co. 16:1–3), de modo que al presente no tenía necesidad de mencionar de nuevo el nombre de la ciudad. Además, preocuparse por los pobres, incluyendo a los de Jerusalén, era un mandato apostólico (Gá. 2:10).

b. «Y no solo como habíamos esperado [que lo hicieran]». En este pasaje vemos un papel a la inversa. Normalmente, se espera que la persona que solicita fondos lo haga a un posible donante para que respalde una causa. Pero aquí los donantes estaban pidiendo a Pablo que les permitiera ayudar a los pobres. Este ruego de los macedonios demuestra un deseo genuino de ayudar.

c. «Sino que se dieron ellos mismos, primero al Señor y luego a nosotros mediante la voluntad de Dios». Si los macedonios hubiesen respondido donando una determinada suma, Pablo habría estado agradecido. Pero fueron más allá de todas las expectativas. El entusiasmo que desplegaron al dar estuvo primero dirigido al Señor. Él fue el receptor de su gratitud por los dones espirituales que habían recibido de él. Conscientes que Pablo y sus compañeros les habían llevado el evangelio de Cristo, los macedonios dirigieron su fervor también a ellos. Se sometieron al Señor y a sus siervos. El apóstol y sus ayudantes se dieron por completo a los macedonios para presentar un modelo perfecto de servicio mutuo: los miembros se entregaron a servir al apóstol y él, a su vez, se dio a ellos sin reserva.

   Pablo escribe, «mediante la voluntad de Dios». Con esta frase, expresa el pensamiento que los macedonios se sometieron completamente al Señor y a los apóstoles. Nada ocurre fuera de la voluntad de Dios, lo que significa que los presentes que ofrecieron los macedonios los ofrecieron mediante su voluntad divina. Sabemos que Dios revela su voluntad a través de las Escrituras y la predicación del evangelio (compare 1:1). Él está en control total mientras dirige y guía a su pueblo para que viva una vida de gratitud.

   Mientras más cerca estén los cristianos en su compañerismo con el Señor, más mostrarán su amor los unos para con los otros. Deben hacer de Jesucristo el centro de sus vidas de modo que pueda recibir honor, alabanza y gloria. Pero, ¿es correcto que Pablo se coloque él mismo y sus colegas en un nivel igual al del Señor? En un sentido, el apóstol está en lo correcto. Cristo lleva a cabo su obra a través de sus siervos quienes proclaman el evangelio, y esto es posible porque delega su autoridad en ellos.

   [6]. De modo que urgimos a Tito para que, así como había comenzado antes esta obra de gracia, pudiera completarla para vosotros.

   En el griego, Pablo escribe una frase bastante larga que comprende los versículos 3 al 6. Para propósitos de traducción, dividiremos la frase en versículos separados lo que nos obliga a agregar una palabra aquí y allá (vv. 4 y 5) para lograr una traducción suave.

   Los traductores también difieren en divisiones de párrafos dentro de esta sección. Las traducciones más antiguas simplemente no tienen divisiones; otras ponen la división al final del versículo 7. E incluso otros empiezan un nuevo párrafo ya sea en el versículo 6 ó 7. Como Pablo finaliza su frase más larga en el versículo 6, y he decidido traer el párrafo cerca de este versículo.

   La información que Pablo provee es reveladora. Dice a sus lectores que cuando Tito los visitó en Corinto, él ya había comenzado el trabajo de recolección de ayudas. Y en un pasaje más adelante, el apóstol señala que un año antes los corintios estaban dispuestos a dar para esta causa (v. 10). Esta información sugiere que Tito había visitado Corinto más de una vez. Antes de su misión pacificadora, Tito debe de haber estado en Corinto para promover la causa de la colecta. Entretanto, el asunto de recoger dinero para los santos de Jerusalén golpeados por la pobreza se había detenido (véase el comentario en el v. 1).

   En ninguna otra parte leemos acerca de los trabajos de Tito, aunque sabemos que fue un colaborador de Pablo por largo tiempo (véase Gá. 2:1) y un ayudante muy capaz. Probablemente fue él quien entregó 1 Corintios y otras cartas a los corintios.

a. «De modo que urgimos a Tito». A veces, el verbo urgir comunica una idea negativa, que en este versículo sería que Tito estaba desalentado y necesitaba que se le incitara a la acción. Pero éste no es el caso, porque Pablo había sido tremendamente alentado por el informe de Tito (7:4–7). Aquí, el verbo en cuestión tiene una connotación positiva. Cuando Pablo y Tito hablaron acerca de la iglesia de Corinto, también tocaron el tema de la colecta para los santos. Tito dijo que este asunto había sido puesto a un lado debido al problema que enfrentaba la congregación. Pero cuando la paz hubo retornado, Pablo animó a Tito a que volviera a Corinto y avanzara en el asunto de las dádivas. Destacando el excelente ejemplo de los macedonios, el apóstol urgió a su colega, a hacerse cargo de nuevo de este asunto con los corintios cuando regresara.

b. «Para que, así como había comenzado antes esta obra de gracia». Suponemos que la referencia a una ocasión anterior tiene que ver con el tiempo cuando los corintios leyeron la primera de las cartas principales de Pablo, en la cual él instruye a las personas para que semanalmente aparten sus contribuciones para los pobres (1 Co. 16:1–3). ¿En qué consiste «esta obra de gracia»? Ralph P. Martin ofrece una descripción sucinta cuando dice, «“Gracia” es la actividad inspirada por la gracia de Dios que lleva a dar». En este capítulo, se menciona repetidamente el acto de dar (vv. 4, 6, 7, 19) y alude a la colecta.

c. «Pudiera completarla para vosotros». Pablo anima no solo a Tito sino también a los corintios a completar la tarea de dar. Pablo escribe literalmente: «para que pueda también completar también para vosotros esta gracia», una construcción que es difícil para nuestro lenguaje. Incluso si elimináramos un «también» para lograr una traducción más suave, aun así, tendríamos que proveer una explicación para esta palabra. En vista del orden que las palabras tienen en el griego, vemos que el énfasis recae sobre «esta gracia». Por lo tanto, la conjunción también es aprobatoria y significa «incluso». Es decir, además de todo el trabajo que Tito ha realizado en Corinto completará incluso la tarea de reunir los donativos.

   La expresión para vosotros no significa que Tito hará todo el trabajo para los corintios, porque ellos mismos están personalmente involucrados. Quizás deberíamos decir: «con referencia a vosotros», con lo cual quedaría incluida la gente de Corinto.

   Una última observación. La jerarquía religiosa judía en Jerusalén exigía un impuesto sobre el templo a todos los judíos que vivían en la dispersión. Este impuesto se recogía anualmente y se enviaba a la ciudad santa. No podemos equiparar la colecta para los pobres en Jerusalén con un impuesto sobre el templo porque carecemos de confirmación sobre que la iglesia madre haya iniciado esta colecta. Recaudar fondos para los pobres y así fortalecer y promover la unidad de las iglesias judías y gentiles fue idea de Pablo.

Consideraciones prácticas en 8: 3–5

   Pablo escribe que los cristianos en Macedonia eran tan generosos que, aunque ellos mismos eran extremadamente pobres, dieron «incluso más allá de sus posibilidades» (8:3). Pero en otra parte, Pablo dice: «No debáis a nadie nada, excepto el amarse los unos a los otros» (Ro. 13:8). ¿Son contradictorias sus instrucciones a los cristianos? No, definitivamente que no, porque el sentimiento expresado armoniza con lo que Jesús le dijo al joven rico: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus posesiones y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven, sígueme» (Mt. 19:21). Las palabras de Jesús no quieren decir que los cristianos están urgidos a dar de sus recursos hasta que lleguen a endeudarse. El joven rico codiciaba la riqueza material más que la riqueza espiritual. Por eso, se fue triste porque escogió el dinero antes que seguir al Señor.

   El Nuevo Testamento no habla de los diezmos en las comunidades cristianas. Tampoco menciona porcentajes, porque el Señor quiere que su pueblo le demuestre su amor y fidelidad. El dar debe ser un acto de gratitud gozosa a él, «porque Dios ama al dador alegre» (9:7). Nuestro dar debe ser libre de reglas mecánicas u obligatorias. En cambio, debería caracterizarse por la generosidad que emana de nuestro gozo en el Señor. Así es como los cristianos de Macedonia demostraron su amor: dando más allá de sus posibilidades.

1er Titulo:

El propósito de la ofrenda es ayudar al hermano necesitado. 2ª a los Corintios 8, versículos 12 al 15. 12Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. 13Porque no digo esto para que haya para otras holguras, y para vosotros estrechez, 14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.

   Comentario: [12]. Porque si hay disposición a hacerlo, la ofrenda es aceptable en cuanto a lo que una persona tiene y no en cuanto a lo que una persona no tiene.

   Este versículo está incompleto cuando se le traduce literalmente: «Porque si la buena disposición está presente, es aceptable en la medida en que se tiene, no en la medida en que no se tiene». ¿Es aceptable la buena disposición de los corintios? ¿Quién es el sujeto del verbo tener? ¿Y cuál es el objeto directo de este verbo?

   Los corintios demostraron su constante buena disposición y esto agradó a Pablo. Pero su falta de acción era inaceptable a él y a Dios (compare 6:2; Ro. 15:16, 31, donde Pablo usa la expresión euprosdektos [aceptable, favor] con referencia a Dios). No es la disposición a dar la aceptable, porque eso se entendía. La ofrenda misma es el sujeto implicado en el término aceptable y el objeto directo del verbo tener. También tenemos que suplir un sujeto para este verbo en el singular, y esto se logra con la palabra persona. Hans Dieter Betz dice: «Aunque la voluntad es básica para el acto de ofrendar, aún más importante es el asunto de la aceptabilidad de la ofrenda para el receptor».

   En conclusión, Pablo escribe una frase condicional abreviada: «Porque si indudablemente la buena disposición está allí, la ofrenda es aceptable». Y agrega una estipulación: «En la medida en que una persona tiene los recursos para dar una ofrenda, no en la medida en que no tiene nada que dar». En los libros apócrifos encontramos un consejo similar. Tobit instruye a su hijo Tobías a ser generoso en dar limosnas pero que lo haga conforme a sus posibilidades. Luego agrega: «Si tienes poco, no te avergüences de dar lo poco que puedas dar» (Tob. 4:8).

  1. Aboga por la igualdad 8:13–15

   [13]. No para que otros tengan alivio y vosotros seáis cargados, sino para que haya igualdad.

   Pablo aconseja moderación en el dar. No es que esté descontento con los macedonios, que dieron más de lo que podían, sino que trata de regular el proceso. Los beneficiarios de las ofrendas no podían vivir en lujos a expensas del dador quien, desprovisto de sus posesiones, se ve enfrentado a seria pobreza. Esta forma de dar traspasa recursos del dador al receptor y las necesidades del receptor al dador. Pero en el proceso, nada se resuelve.

   Este pasaje y el siguiente nos enseñan una regla fundamental para abolir la pobreza. La regla se aplicó en la iglesia de Jerusalén durante el tiempo que siguió a Pentecostés. «Todos los creyentes estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Vendían sus posesiones y sus bienes, y daban a cada uno según su necesidad» (Hch. 2:44–45; y véase 4:32, 34). Pablo trata de aplicar esta misma regla en la iglesia universal pidiendo a los cristianos gentiles en el extranjero que ayuden a los cristianos judíos necesitados en Jerusalén. Él enfatiza la igualdad material de modo que los creyentes que han sido bendecidos en exceso estén dispuestos a compartir sus bienes con otros que carecen de lo necesario para vivir.

   Pablo no está promoviendo que los ricos se desprendan de todas sus posesiones, que los pobres se hagan ricos mediante recibir ofrendas y que se logre la igualdad económica. Sin duda, él no está promoviendo la abolición del derecho a la propiedad, sino de abolir la pobreza. Es consciente de las instrucciones del Antiguo Testamento en el sentido que no debe haber pobres en Israel (Dt. 15:4). El precepto para Pablo es que la ofrenda voluntaria fortalezca el compañerismo mutuo de las iglesias cristianas.

   Dios se agrada cuando demostramos amor a nuestro prójimo aliviando sus aflicciones monetarias. Los santos en Jerusalén podrán adquirir cosas de las que estaban careciendo, pero son incapaces de devolver los favores recibidos salvo mediante bendiciones espirituales (Ro. 15:27). Pero pese a los esfuerzos de Pablo por unir las iglesias en el extranjero con la iglesia madre en Jerusalén, logró menos de lo esperado. Con la ayuda de sus compañeros de viaje, entregó las ofrendas a los pobres en Jerusalén (Hch. 24:17) pero los efectos fueron menos que favorables. El relato de Lucas en Hechos no nos informa si Pablo logró unificar las iglesias judías con las gentiles durante el tiempo de dos años que permaneció preso en Cesarea.

   [14]. Porque en el presente vuestra provisión es para su carencia, de modo que también su provisión supla vuestra propia carencia, para que pueda haber igualdad.

   Este versículo insiste en lo del anterior (v. 13). Pablo alienta la mutua preocupación entre las iglesias cristianas de tal manera que los creyentes que han recibido bendiciones materiales puedan ayudar a los indigentes. Una década antes, cuando una severa hambruna golpeó varias partes del Imperio Romano incluyendo a Judea, los creyentes en Antioquía de Siria enviaron a Bernabé y a Pablo para aliviar el hambre de los cristianos en Judea. Estos dos llevaron una ofrenda monetaria a los ancianos de Judea (Hch. 11:29–30). Con su ofrenda, los creyentes antioquenos mostraron su amor para con los cristianos de Judea, respondieron a una necesidad genuina y procuraron derribar la muralla que separaba a judíos y gentiles. La iniciativa vino de parte los creyentes gentiles. En el caso de la colecta para los santos en Judea, la iniciativa vino de Pablo como dirigente de las iglesias gentiles. No tenemos indicios de que los ancianos de Jerusalén hubiesen pedido ayuda financiera. Pablo actuó en obediencia al mandato apostólico de acordarse de los pobres (Gá. 2:10).

a. «Porque en el presente vuestra abundancia es para su carencia». La colecta para los pobres en Jerusalén parece haber sido algo que se hizo una sola vez. En ese momento, Pablo no pedía a las iglesias en Macedonia y Acaya que dieran apoyo continuo a la gente en Jerusalén. Especifica que las dádivas son para el tiempo presente, aprovechando que los corintios gozan de abundancia. Corinto era próspera por la industria, el comercio y la agricultura.

b. De modo que también la abundancia de ellos sea para vuestra propia carencia». Esta cláusula carece de claridad. El contraste entre Corinto y Jerusalén es evidente, pero las palabras abundancia y carencia probablemente no tienen el mismo significado aquí como el que tienen en la cláusula anterior. Es difícil creer que un centro comercial próspero fuera a ser pobre en tiempos en que Jerusalén era rica. Pablo no está interesado en apoyar a la gente, aunque sean hermanos cristianos, si no están dispuestos a trabajar. Él mismo Pablo trabajó con sus propias manos para suplir sus necesidades e incluso las de otros. A los tesalonicenses les dio esta regla: «Si un hombre no quiere trabajar, que tampoco coma» (2 Ts. 3:10). El reino de Dios no tiene espacio para los zánganos sino para las abejas que juntan el néctar para producir la miel. Charles Hodge escribe: «[Las Escrituras] inculcan en los pobres la responsabilidad de auto sostenerse según sus habilidades».

c. «Para que haya igualdad». La iglesia cristiana tiene el sagrado deber de cuidar de los pobres y ayudarlos a mejorar sus vidas. Los que han sido bendecidos deben dar gracias a Dios por sus bondades, pero al mismo tiempo proveer ayuda a los menos privilegiados, para que también ellos puedan disfrutar más grandes bendiciones. Pablo pone el término igualdad dentro del marco de la reciprocidad. Él no está abogando por el deterioro de la productividad, sino que trata de levantar el nivel de vida a través de una actividad recíproca de ricos y pobres. «La hermandad no puede ser de un solo lado, sino que tiene que ser mutua y en el intercambio de servicios el resultado es la igualdad».

   [15]. Como está escrito: «El que tiene mucho, no le sobra; y el que tiene poco, no le falta».

   A lo largo de su epístola, Pablo respalda sus discursos con citas del Antiguo Testamento. Para él, las Escrituras son útiles para enseñar (2 Ti. 3:16). Sin embargo, a menudo toma una cita por el sentido de sus palabras y no por su contexto. Esto es cierto aquí. Pablo cita Éxodo 16:18 de la Septuaginta y usa las palabras como una ilustración. Es probable que este versículo se haya usado muy a menudo,46 quizás como un proverbio.

   Con esta referencia, el apóstol dirige la atención a Dios, quien suplió ampliamente las necesidades de cada uno durante la jornada de los israelitas, durante cuarenta años por el desierto. De igual manera, Dios sigue proveyendo adecuadamente para cada uno, pidiéndole a los que tienen abundancia que compartan con alegría con los que tienen necesidad. La iglesia cristiana se caracteriza por su generosidad hacia todas las personas, pero «especialmente a los que pertenecen a la familia de los creyentes» (Gá. 6:10).

2° Titulo:

El pueblo de Dios debe practicar el ofrendar. 1ª a los Corintios cap. 16, versículos 1 al 3. 1En cuanto, a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. 2Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. 3Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. 

Comentario: La ofrenda para el pueblo de Dios 16:1–4

   La carta como tal ha llegado al final, excepto por algunas últimas instrucciones, exhortaciones y saludos. Pablo da a conocer que planea viajar a Jerusalén a aliviar la pobreza de los santos en dicha ciudad (Hch. 19:21; 24:17; 2 Co. 8, 9). Desea recolectar donaciones en dinero de los creyentes de Corinto, tal como lo está haciendo en todas las iglesias gentiles. Lo que Pablo busca con estas ofrendas es promover la unidad de las iglesias judías y gentiles. Su fin es terminar con la animosidad que continúa separando a los cristianos judíos de los cristianos gentiles.

   [1]. Ahora bien, acerca de la ofrenda para los santos, haced lo mismo que ordené a las iglesias de Galacia.

   Las primeras palabras «Ahora bien, acerca de» deben indicar que Pablo está respondiendo a una pregunta que estaba incluida en la carta que los corintios le enviaron (7:1). Con estas palabras de introducción, Pablo contestó las preguntas que le hicieron respecto al matrimonio, la carne ofrecida a los ídolos, los dones espirituales, la ofrenda para los pobres en Jerusalén y Apolos (7:1, 25; 8:1; 12:1; 16:1, 12).

   La iglesia de Jerusalén supervisaba las iglesias que Pablo había fundado (Hch. 15:4; 18:22; 21:17–19). Pero no existe evidencia escritural de que esta iglesia impusiera impuestos sobre los cristianos gentiles, de la misma forma en que los sacerdotes de Jerusalén obligaban a los judíos en Israel y la dispersión a pagar un impuesto anual para el templo. Pablo más bien enseñó a los creyentes gentiles que compartieran con gozo sus dones materiales con los cristianos de Jerusalén, sobre la base de que los santos de Jerusalén habían compartido con ellos bendiciones espirituales (Ro. 15:26, 27). Debían saber que estaban en deuda con la iglesia de Jerusalén.1 Pablo quería que fuesen dadores alegres que, sin desgana y apremio, contribuyesen generosamente para ayudar a los pobres (2 Co. 9:7). La iglesia está obligada a cuidar de su propia gente y de otros en necesidad (Stg. 2:15, 16; 1 Jn. 3:17).

   Después de los primeros años del cristianismo, en los cuales no hubo pobres entre los cristianos (Hch. 4:34), la iglesia de Jerusalén experimentó tiempos duros. La gran persecución que se produjo después de la muerte de Estaban, hizo que la mayoría de los miembros de la iglesia huyeran de la ciudad (Hch. 8:1b). Sin bienes ni negocios, estos refugiados se unieron a las filas de los pobres (Stg. 2:6; 5:1–6). Los creyentes que quedaron en Jerusalén, junto con los que volvieron, sufrieron dificultades económicas. Antes que transcurriese una década, soportaron un prolongado período de hambruna severa (Hch. 11:28). Más adelante, experimentaron adversidades económicas, porque Pablo escribe que había gente pobre entre los santos de Jerusalén (Ro. 15:26). Con todo, algunos cristianos parecían prosperar.

   Pablo estaba presto a ayudar a los pobres, tal como lo prometió la vez que Jacobo, Pedro y Juan les extendieron la diestra «en señal de compañerismo» (Gá. 2:9, 10). Por cierto, la iglesia de Antioquía envió a Pablo y Bernabé para que llevaran ayuda para combatir la hambruna que sufrían los cristianos de Judea (Hch. 11:29, 30). Sea por medio de Timoteo, Tito o por carta, Pablo debió haberle mencionado a la iglesia de Corinto la necesidad de ayudar a los creyentes pobres de Jerusalén. El artículo definido en la expresión la ofrenda, realmente quiere decir «la ofrenda de la cual todos estamos informados». En la carta que le enviaron a Pablo, los corintios debieron haberle preguntado acerca de los detalles de cómo proceder para juntar el dinero.

   Así como instó a los creyentes de Galacia a hacer el bien a toda la gente, pero en especial a los creyentes (Gá. 6:10), así también le dice a los corintios que reúnan dinero para los pobres de Jerusalén. Las iglesias de Galacia son las que Pablo y Bernabé fundaron durante su primer viaje misionero: Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (Hch. 13–14). Además, Lucas menciona que Gayo de Derbe y Timoteo de Listra lo acompañaron a Jerusalén con el donativo (Hch. 16:1; 20:4; 24:17). Como representantes de sus iglesias, iban para salvaguardar el dinero que se enviaba a los pobres de Jerusalén.

   Pablo le dice a los corintios que sigan las instrucciones que él dio a las iglesias de Galacia. Con autoridad apostólica, ordena a los creyentes que cuiden de los santos de Jerusalén golpeados por la pobreza.

   [2]. En el primer día de la semana, que cada uno de vosotros separe algo y guárdelo según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se levante una ofrenda.

a. «En el primer día de la semana». Esta es la forma corriente en que los judíos llamaban lo que nosotros conocemos por Domingo (Mt. 28:1 y paralelos; Hch. 20:7; véase también Ap. 1:10). En la tarde del primer día de la semana, los cristianos se reunían para partir el pan, esto es, para celebrar la Cena del Señor (Hch. 20:7). Los primeros cristianos conmemoraron el primer día de la semana como el día de la resurrección de Jesús. Así que, escogieron ese día como día para adorar y tener comunión.

b. «Que cada uno de vosotros separe algo y guárdelo según haya prosperado». Pablo enseña a los corintios la buena costumbre de dar para el Señor. Usa el tiempo presente del verbo separar, para indicar que cada creyente debe hacer esto en forma regular. Pablo no indica dónde se debe guardar ese «algo», pero da a entender que cada creyente deberá guardar «él mismo» estos donativos hasta que Pablo llegue para recolectarlos.

   Es cierto que la iglesia de Corinto tenía administradores (12:28) y diáconos administraban los fondos y cuidaban de los pobres (Hch. 6:1–6; cf. Fil. 1:1; 1 Ti. 3:8–13). Sin duda que recolectaron donaciones entre los cristianos para ministrar a los pobres. Pero el siguiente versículo sugiere que cada uno debía guardar en casa los donativos para la iglesia de Jerusalén. Pablo les dice a los creyentes de Corinto que hagan su contribución el primer día de la semana, pero no estipula que los donativos sean recogidos por los oficiales de la iglesia. El dinero no estaba destinado para que los diáconos lo distribuyeran según las necesidades locales. Era una ofrenda especial que cada uno pondría aparte para los santos de Jerusalén.

   ¿Con cuánto debía contribuir el creyente de Corinto? Pablo no usa la palabra diezmo, sino que más bien sienta un principio claro de que el creyente debe dar en relación a la prosperidad recibida del Señor. En el griego, el verbo prosperar quiere decir «ser llevado por un buen camino». El agente que trae la prosperidad es el Señor, a quien el creyente debe dar su ofrenda con acción de gracias.

c. «Para que cuando yo vaya no se levante una ofrenda». Esta es la segunda vez que Pablo le anuncia a los corintios que los visitará (4:18–21). La primera fue para reprenderlos, ahora dice que irá para asegurarse de que los corintios hayan hecho su ofrenda. Al darles instrucciones adecuadas, evita presionar a los cristianos a que den precipitadamente. Quiere que todo se haga con propiedad.

   [3]. Y cuando llegue, a quienes vosotros aprobéis, a éstos enviaré con cartas [de recomendación] para que lleven vuestro don a Jerusalén.

   En armonía con lo que dijo sobre sus finanzas personales (9:7–18), Pablo evita involucrarse en la recolección de la ofrenda y en su envío a Jerusalén. Pide que la iglesia de Corinto elija la gente para esa tarea. En Macedonia y en Asia Menor también se eligió una delegación para que llevase el donativo a los santos de Jerusalén. De esta forma, no se acusaría a Pablo de incrementar sus bienes.

   No se menciona una lista de hermanos de Corinto que hayan acompañado a Pablo a Jerusalén (Hch. 20:4). ¿Quién fue el hermano escogido por las iglesias para viajar con Pablo y su compañía para hacer entrega del donativo (2 Co. 8:18, 19)? Esta persona se habría ganado la confianza de los corintios, pero nunca sabremos si fue Bernabé, Lucas u otro colaborador del apóstol.

  Los traductores no se ponen de acuerdo en cuanto a la identidad del autor de las cartas. ¿Fue Pablo el que escribió cartas de recomendación para los hermanos elegidos por los corintios, o fue la iglesia de Corinto la que redactó las cartas? Si se considera la autoridad apostólica de Pablo, el conocimiento de los líderes de Jerusalén y el deseo de promover la unidad eclesiástica, sugiero que fue Pablo quien escribió cartas recomendando a estos cristianos gentiles de Grecia ante los cristianos judíos de Judea. En el tiempo de Pablo, la gente que era enviada con alguna misión, por lo general portaba credenciales emitidas por la persona o institución que la enviaba (Hch. 9:2; 15:23; 22:5; Ro. 16:1; 2 Co. 3:1– 3).

   El término que Pablo usa para «don» es jaris, el que en este versículo denota una donación caritativa como expresión de benevolencia. Es un don de gracia que los cristianos de Corinto envían a Jerusalén.

   [4]. Y si es apropiado que yo vaya, irán conmigo.

   Este versículo revela que Pablo tiene dudas al respecto. Quería estar a cargo de la tarea de enviar a los portadores de la ofrenda, para lo cual escribió cartas para presentarlos a los líderes de Jerusalén. Por otra parte, no quiere involucrarse en el proceso de recolectar la ofrenda, de velar por ella y llevarla a su destino. Con esto buscaba ser irreprochable y estar libre de toda sospecha. Quería ser aprobado por Dios y los hombres (2 Co. 8:20, 21).

Pablo pregunta a los miembros de la iglesia si ellos consideran necesario que él viaje con los representantes. Después de visitar las iglesias de Macedonia y Grecia, Pablo decidió viajar a Jerusalén (Hch. 19:21), pero quería que la congregación lo confirmase.

Consideraciones prácticas en 16:1–2

   Uno de los elementos de la adoración es ofrendar a Dios como respuesta agradecida a sus numerosas bendiciones. Adoramos a Dios los domingos regularmente y aun en algunos días especiales o durante la semana. Vamos a la iglesia para adorar porque Dios quiere encontrarse con nosotros y hablarnos con su Palabra. Cantamos sus alabanzas, confesamos nuestros pecados, damos gracias por oraciones contestadas y presentamos nuestras peticiones. Mostramos nuestro amor a él no sólo haciendo todo esto, sino que también ofrendando.

   Pablo enseña a los corintios a separar sus ofrendas el primer día de la semana y a que lo hagan regularmente. Esta enseñanza refleja la provisión de Dios para su pueblo. Dios provee diariamente las necesidades de su pueblo y les instruye para que oren por el pan de cada día (Mt. 6:11; Lc. 11:3). Así como Dios enseñó al pueblo de Israel que le honrara con sus bienes y con los primeros frutos de todas sus cosechas (Pr. 3:9), el Nuevo Testamento también le enseña al pueblo a honrarle dando con liberalidad (Lc. 6:38; 21:1–4). Dios da fielmente en respuesta a las oraciones de su pueblo (1 Jn. 5:14, 15). De manera similar, su pueblo debe regularmente ofrecerle sus dones como un acto de adoración.

3er Titulo:

Para el que ofrenda hay promesas de bendición. 2ª a los Corintios Cap. 9, versículos 7 al 11. 7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; 9como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.10Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. 

   Comentario: 7. Que cada uno dé como ha decidido en su mente dar, no desganadamente o por necesidad. Porque Dios ama al dador alegre.

Þa. «Que cada uno dé como ha decidido en su mente dar, no desganadamente o por necesidad». Pablo no emite ningún mandato, no establece reglas ni regulaciones ni ejerce coerción. A los corintios les da completa libertad y les dice que decidan en sus propios corazones lo que van a dar. Específica, sin embargo, que la responsabilidad recae en la persona y no en la iglesia como tal. Cada persona debe considerar este asunto en su propio corazón y luego decidir, de este modo, toda la congregación se una para contribuir a la colecta.

   Dice que el acto de dar debe hacerse sin renuencia ni mala gana. Renuencia implica un apego a las posesiones a tal punto que uno difícilmente quiere dar; y cuando da, lo hace quejándose. Dar de mala gana denota las presiones externas que lo compelen a uno a conformarse a las reglas de la sociedad; es decir, uno necesita fuerzas para cumplir con los objetivos de la comunidad. El dar, sin embargo, debe ser voluntario y motivado individualmente (véase 8:3; Flm. 14).

   Al participar en forma voluntaria, cada persona testifica de su fe verdadera en Jesús. Sin duda que, al dar voluntariamente en la colecta, los cristianos gentiles en Corinto están demostrando igualdad con los cristianos judíos en Jerusalén. También certifican su legítima participación en la iglesia universal de Cristo.

b. «Porque Dios ama al dador alegre». Dentro de la comunidad cristiana este versículo se cita con bastante frecuencia en conexión con el acto de dar. El versículo viene del texto griego de Proverbios 22: 8a. «Dios bendice al hombre alegre y dadivoso», del cual Pablo ha borrado las palabras hombre y, y ha cambiado el verbo bendice por «ama». El texto hebreo no tiene este versículo; solo se encuentra en el texto griego de la Septuaginta. Probablemente este dicho circulaba oralmente como un proverbio que Pablo cita de memoria.

   ¿Por qué el apóstol escribiría «ama» en lugar de «bendice»? ¿Le falló la memoria? ¿Habrá tenido, mientras escribía, acceso a algún rollo de Proverbios? No tenemos respuestas específicas, pero al menos hay dos sugerencias que explican la sustitución. Primero, en la epístola de Pablo el concepto amor es mucho más prominente que el grupo de palabras relacionadas a bendecir. Y, además, la fuerza del verbo amar es amplia, mientras que la del verbo bendecir sugiere un acto de beneficencia.

   Desde una perspectiva teológica, Pablo es consciente del amor indescriptible que Dios el Padre imparte a sus hijos. Así como él los ama, ellos deben amarse unos a otros. Por esta razón, Pablo dice a los corintios que él quería probar la autenticidad de su amor considerando la gracia de Cristo Jesús (8:8–9).

   [8]. Porque Dios es capaz de hacer que abunde toda gracia hacia vosotros, de tal manera que en cada cosa podáis tener siempre suficiente de todo y podáis abundar en toda buena obra.

a. Poder. «Porque Dios es capaz de hacer que abunde toda gracia hacia vosotros». Aquí hay dos observaciones preliminares:

   Primero, en el versículo anterior Pablo enseña que Dios es amor, y en el versículo presente, que Dios es todopoderoso. Es decir, Dios expresa su amor hacia su pueblo a través de su poder.

   Luego, en este versículo, el concepto todo aparece cinco veces: toda, cada, siempre, todo y toda. Con este concepto, Pablo intenta describir la bondad y grandeza infinita de Dios.

   Lo primero que Pablo dice es que Dios es capaz de «hacer que abunde toda gracia hacia vosotros». Dios está presente en todas las complejidades de la vida de una persona, aun en la decisión que uno hace para contribuir monetariamente a cierta causa. Pablo escribió que los macedonios recibieron la gracia de Dios para que su decisión de ofrendar resultara en una riqueza de generosidad (8:2). En el servicio del Señor, la gracia produce más gracia, aunque la gracia del creyente que da con gozo difícilmente podría compararse con la gracia abundante de Dios para con el creyente. Dios derrama su amor sobre el dador alegre, quien es incapaz de igualar la gracia de Dios. Él concede el don de la salvación, los dones espirituales, los frutos del Espíritu e innumerables bendiciones materiales. En conclusión, todos los dones espirituales y físicos están incluidos en la palabra gracia. Los corintios estaban plenamente conscientes de la enseñanza de Pablo sobre este punto (véase, p. ej., 1 Co. 1:4–7; 12; 2 Co. 4:15; 6:1).

b. Suficiente. «De tal manera que en cada cosa podáis tener siempre suficiente de todo». Si tomamos estas palabras literalmente, parecen demasiado buenas para que sean verdad. ¿Da Dios al cristiano alegre todo para satisfacer todas sus necesidades materiales (compare Fil. 4:19)? En verdad, la gracia de Dios es todo suficiente para satisfacer cada una de nuestras necesidades todo el tiempo. Pero cuando él nos concede su gracia es siempre para que lo glorifiquemos en su iglesia y reino en la tierra. Se nos la da y la tenemos, no que podamos tenerla, más bien, para que nos vaya bien de ese momento en adelante. Todas las cosas en esta vida, inclusive las recompensas, son semillas a los creyentes para la cosecha futura.

   Un cristiano que por la gracia de Dios siempre tiene suficiente de todo (compare 1 Ti. 6:6–8), debe dar dentro del marco de su amor a Dios y al prójimo (Mt. 22:37–40). La afluencia de dones espirituales y materiales que proviene de Dios al creyente, nunca debe detenerse en el receptor. Debe ser traspasado para aliviar las necesidades de otros en la iglesia y en la sociedad (Gá. 6:10; 1 Ti. 6:17–18; 2 Ti. 3:17). Los creyentes deben ser siempre un canal humano, por medio del cual fluya la gracia divina para enriquecer a otros.

   Pablo usa la palabra autarkeia, la que en este contexto quiere decir «suficiencia». Esto no puede interpretarse como autosuficiencia porque nosotros somos completamente dependientes de Dios en cuanto a la provisión para cada necesidad. Dios nos provee con suficiencia para el propósito de nuestra dependencia de él y el apoyo a nuestros hermanos de la raza humana.

c. Servicio. «Y podáis abundar en toda buena obra». Dos veces en este versículo Pablo relaciona el verbo abundar con Dios y con nosotros. Dios hace que su gracia abunde para que nosotros abundemos en obras buenas.25 Confiando totalmente en que Dios proveerá lo necesario, podemos respaldar las causas que promueven su mensaje en los cultos de los domingos. Respaldamos a las misiones y la evangelización y aplicamos su mensaje divino en la sociedad. La gracia de Dios (sustantivo singular) aparece en diversas formas; de igual manera, nuestra buena obra (también sustantivo singular) incluye todas nuestras actividades.

   [9]Así como está escrito: Él ha esparcido, él ha dado al pobre, su justicia permanece para siempre.

   Tal como lo ha venido haciendo, Pablo refuerza su discurso citando un pasaje del Antiguo Testamento. Recurre al salterio, y de su traducción al griego cita, con una ligera omisión, Salmo 112:9 (111:9, LXX). Quiere describir la bondad ilimitada de Dios hacia el pobre y su justicia que dura para siempre.

   En el salmo 112, el sujeto es «el hombre que teme al Señor» (v. 1). Cuando Pablo cita este versículo, omite cualquiera referencia al hombre, pero en su discurso, los versículos anteriores y posteriores (9:8, 10), presentan a Dios como sujeto. Esta inconsistencia aparente se disipa cuando vemos los salmos 111 y 112 como una unidad. Nótese que en el primer salmo, Dios es el sujeto (Sal. 111) y el hombre es en el segundo (Sal. 112). También, ambos salmos usan palabras similares y frases idénticas, por ejemplo, «su justicia permanece para siempre» (Sal. 111:3; 112:3, 9). Y, por último, el hombre es alentado a vivir en conformidad con los mandamientos de Dios. Así como Dios es clemente y compasivo (Sal. 111:4), debe serlo también el hombre justo (Sal. 112:4).

   La primera línea de la cita dice que una persona reparte con liberalidad sus dones a los pobres, porque ha sido bendecido con riquezas y bienes. Debido a que es generoso y comparte libremente, es beneficiario de una buena voluntad y un alto honor (Sal. 112:3, 5, 9).

   La segunda línea repite las palabras que describen a Dios; aquí se aplican a sus hijos. La cláusula «su justicia permanece para siempre» describe una de las características de Dios, pero difícilmente se aplicaría a un ser humano viviendo en un mundo pecador. Sin embargo, tanto la palabra griega como la palabra hebrea para justicia podrían significar también amabilidad o misericordia, en el sentido de dar por caridad. Y esa connotación se ajusta al salmo y al contexto de Pablo.

  1. El dador agradecido 9:10–11

     [10]. Ahora, el que provee semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra semilla y aumentará la cosecha de vuestra justicia.

a. La Escritura. Aquí tenemos otra cita del Antiguo Testamento, esta vez de Isaías 55:10: «La lluvia y la nieve descienden del cielo y no regresan allá sin regar la tierra y hacerla brotar y florecer, de modo que dé semilla al que siembra y pan al que come». El contexto de la profecía de Isaías muestra que Dios es el sujeto que provee la lluvia y la nieve, para que actúen como sus instrumentos para germinar el grano que se sembró. Sin aun mencionarlo, Pablo hace de Dios el sujeto de esta profecía.

   Este versículo revela aún más del Antiguo Testamento, porque la frase la cosecha de vuestra justicia es una alusión que viene de Oseas 10:12. «Plantad en justicia, y cosechad las bendiciones que vuestra devoción a mí producirá». El profeta exhorta al pueblo de Israel a abandonar la maldad, a arrepentirse y a plantar en justicia y recoger una cosecha de bendiciones. Aunque Pablo no cita al profeta en forma textual, su alusión es clara y compagina con el contexto de su discurso.

b. Trascendencia. Después que ha pasado una devastadora sequía, lo más básico que necesita el agricultor es semillas. Cuando se ha terminado de arar la tierra y sembrar, hay que esperar por la lluvia para que la semilla germine y crezca hasta la cosecha. El agricultor sabe que no puede hacer nada para que la semilla germine y la planta crezca. Ese es el trabajo de Dios. Pero Pablo dice que Dios provee incluso la semilla que será sembrada por lo que el agricultor debe depender de Dios desde el principio hasta el fin. Si no hay semilla, no hay cosecha.

   Los corintios tuvieron que entender que como la semilla y la cosecha vienen de Dios, así todas las bendiciones materiales y espirituales se originan en él y él las multiplica. Dios provee semilla para el beneficio de su pueblo. Su pueblo igualmente debería dar de sus posesiones para beneficio de los pobres, porque entonces entenderán que la semilla que han sembrado Dios la transformará en una cosecha de justicia. Nótese que Pablo no dice que Dios bendecirá al dador con una cosecha de bienes materiales. Aludiendo a la profecía de Oseas, Pablo escribe que, para el dador, Dios aumentará una cosecha de justicia.

   Comparativamente, la semilla que se siembra es solo una fracción de la semilla que el agricultor recoge en el tiempo de la cosecha. El agricultor siembra la semilla y deja a Dios el proceso de crecimiento y maduración. De la misma manera, los creyentes reciben de Dios dones materiales y espirituales, de los cuales deben dar a los que están en necesidad. Pero el aumento y expansión de estos dones se los deja a Dios, que les dará una abundante cosecha de justicia. Indudablemente, Dios hará esto y el pueblo de Dios puede depender por completo en él, que cumplirá su palabra. A su vez, ellos se transforman en fuente de generosidad y, como tales, reflejan la benevolencia de Dios en sus vidas.

   En este contexto, el término justicia es otra palabra para generosidad o liberalidad (véase el comentario al v. 9). Esto incluye alimento y ropa para los pobres, préstamos de dinero, mostrarles amabilidad y misericordia y la defensa de los derechos de los marginados. Pablo escoge cuidadosamente estas palabras y escribe: «vuestra justicia», para especificar que es algo personal. Dondequiera que la justicia se manifiesta, allí abundan las bendiciones, al hacer Dios que aumente más y más la generosidad de su pueblo. «El que es amable con el pobre, presta al Señor, y él lo recompensará por lo que ha hecho» (Pr. 19:17).

   [11]. Vosotros seréis hechos ricos en todo para que seáis enteramente generosos, y a través de nosotros vuestra generosidad producirá acción de gracias a Dios.

a. «Vosotros seréis hechos ricos en todo para que seáis enteramente generosos». Cuando Pablo escribe acerca del ofrendar, usa el adjetivo griego pas (todo), como en el versículo 8 (donde aparece cinco veces). Aquí, la palabra pas aparece dos veces: «en todo» y «enteramente». Esto significa que la mano de Dios nunca está cerrada para las personas que gozosamente pasan algo de sus recursos a aquellos que están empobrecidos, como en el caso de los macedonios (8:2).

   La forma verbal ser hecho rico está en voz pasiva y alude a Dios como el agente que enriquece a los corintios. Dios bendice al dador alegre con riquezas en todo sentido: material, económico, espiritual, intelectual, social, temporal y eterno. Imparte sus bendiciones al dador en varias formas y a menudo en tiempos diferentes. El verbo también puede interpretarse en voz media, y entonces querría decir «enriqueciendo a otros». Sin embargo, se prefiere la voz pasiva porque se ajusta mejor al contexto.

   Que nadie piense que Dios hace a las personas ricas materialmente sólo porque son cristianos, ya que frecuentemente ocurre lo contrario. El concepto hacer rico no significa que Dios nos favorece con bienes materiales para satisfacer nuestros deseos egoístas. Este versículo claramente establece que el enriquecimiento se refiere a que nosotros podremos ser inmensamente generosos. La mayoría de traductores ponen el verbo en futuro, para que coordine con el tiempo futuro del versículo anterior (v. 10). Pero el texto griego lo tiene en el tiempo presente, indicando que Dios ya está enriqueciendo a los corintios para que sean extremadamente generosos cuando dan. Ellos son un canal a través del cual las bendiciones de Dios fluyen hacia las personas en necesidad.

b. «Y a través de nosotros vuestra generosidad producirá acción de gracias a Dios». ¡Qué comentario más penetrante! Pablo está diciendo que él y sus colegas trajeron el evangelio a los corintios, por lo cual éstos deberían ser creyentes agradecidos no solo en palabras sino también en obras. El Señor Jesucristo envió a Corinto misioneros que exaltaron a Dios en su ministerio. Dios inspiró a Pablo a que hablara y escribiera acerca de la colecta para los santos de Jerusalén golpeados por la pobreza. El resultado será que los receptores de estos dones expresarán agradecimiento a Dios, y los dadores en todas las iglesias se gozarán y alegrarán en el Señor (4:14). En resumen, toda la iglesia se goza y da la gloria a Dios.

Consideraciones prácticas en 9:10–11

   Solo dos veces en la Escritura encontramos una época en la que no hubo pobres entre el pueblo de Dios. Primero, el Antiguo Testamento enseña que cuando los israelitas viajaron a través del desierto desde Egipto hasta Canaán, todos tuvieron suficiente comida, ropa y las necesidades básicas para la vida. Dios proveía para las necesidades diarias de su pueblo y en el campamento de Israel no había ni ricos ni pobres. Luego, en los primeros años de la iglesia cristiana en Jerusalén, de tanto en tanto los ricos vendían porciones de sus propiedades y presentaban el producto de la venta a los apóstoles para que fuera distribuido entre los pobres. Lucas escribe esta sorprendente afirmación: «No había personas necesitadas entre ellos» (Hch. 4: 34a). En los albores de la iglesia, el amor de los unos por los otros eliminó la pobreza.

   En años posteriores, Pablo dio el ejemplo en cuanto a ayudar a los demás. Dijo que había trabajado con sus propias manos para satisfacer sus necesidades y las de sus compañeros. Luego instruyó a los ancianos de Éfeso para que ayudaran al débil, para que fueran generosos y para que recordaran las palabras de Jesús: «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch. 20:34–35).

   Y finalmente, el mandamiento apostólico de atender a los pobres es un imperativo permanente para la iglesia (Gá. 2:10; 6:10). Cuando los cristianos obedecen este mandamiento, experimentan el amor de Cristo revelado tanto en el dar como en el recibir de sus dones. Y recogen una cosecha de justicia.

4° Titulo:

La ofrenda produce en el que lo recibe, acción de gracias. 2ª a los Corintios Cap. 9, versículos 12 y 13. 12Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; 13pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; 

   Comentario: Gracia incomparable 9:12–15 [12. Porque el ministerio de este servicio no solo está proveyendo a las necesidades de los santos, sino también está sobreabundando por medio de muchas expresiones de agradecimiento a Dios.

a. «Porque el ministerio de este servicio». En esta epístola más que en cualquiera otra carta, Pablo usa el término diakonia y sus derivados.38 La palabra se relaciona con el ministerio de Pablo, especialmente en referencia a los corintios. Aquí, sin embargo, el enfoque está sobre los cristianos judíos en Jerusalén, que ahora recibirán la atención de las iglesias gentiles. No es la palabra ministerio sino la frase de este servicio que necesita una interpretación clara.

   hay tres explicaciones diferentes: Primero, las palabras ministerio y servicio son sinónimos. Pero si esto es verdad, ¿por qué Pablo cae en redundancia y por qué habría de usar el pronombre demostrativo este para modificar «ministerio»? Luego, el uso secular de la palabra ministerio comunica la idea de distribución pública de fondos al pueblo en Jerusalén. Pero es poco probable que, en este contexto, Pablo tuviera en mente estrictamente el servicio público. Por último, «ministerio» es una palabra que describe los servicios religiosos de los cristianos gentiles a los cristianos judíos en la capital de Israel. Y esta interpretación parece encajar en el contexto y hace justicia a estos términos, incluyendo «don», «gracia de dar» y «bendición». Se refiere a la cosecha de justicia que las iglesias gentiles tienen.

   Esta última interpretación describe al pueblo que obedece a Dios, que da gracias a él por el compañerismo cristiano y que se ayuda mutuamente al participar en la colecta. Sus ofrendas serán interpretadas como sacrificios, y la distribución de estos dones es un verdadero ministerio a los santos.

b. «[Este ministerio] no solo está proveyendo a las necesidades de los santos, sino también está sobreabundando por medio de muchas expresiones de agradecimiento a Dios». En la segunda parte de este versículo, Pablo acentúa dos verbos que están escritos en tiempo progresivo: «está proveyendo» y «está sobreabundando». En vista del tiempo prolongado durante el cual ocurre el dar y el recibir, Pablo apropiadamente escribe el tiempo progresivo.

   Los creyentes de Acaya, Macedonia y Asia Menor dieron ofrendas monetarias que delegados llevaron a Judea y distribuyeron a los necesitados en Jerusalén. En todos estos lugares, cristianos judíos y gentiles, unidos en corazón y en alma, expresaban gozosas alabanzas a Dios. Al ser satisfechas las necesidades de los pobres en Jerusalén, Dios fue glorificado mediante muchas palabras de gratitud que ellos pronunciaron.

   Unos cuarenta años después que Pablo hubo escrito esta epístola, Clemente de Roma dijo algo que es un pálido reflejo del versículo 12: «Que el rico ofrezca su ayuda al pobre y que el pobre dé gracias a Dios, que le otorgó a alguien para que proveyera sus necesidades». El vocabulario (rico, proveer, necesidad, gracias, Dios) es similar en ambos documentos. Ambos escritores enseñan la verdad de aliviar las necesidades del pueblo, quien en cambio agradece a Dios por el dador y la ofrenda (véase 1:11; 4:15). Las características del amor genuino hacia el necesitado se revelan en palabras de alabanza a Dios.

   [13]. Mediante la prueba de este servicio ellos estarán glorificando a Dios, por vuestra sumisión a la confesión que reconoce el evangelio de Cristo y la generosidad de vuestra [prueba de] colaboración con ellos y con todos.

a. «Mediante la prueba de este servicio ellos estarán glorificando a Dios». ¿Quiénes son las personas que están siendo probadas? ¿Quién está haciendo la prueba? ¿Y quiénes son los que glorificarán a Dios? El servicio del ministerio es llevado a cabo por los donantes, en este pasaje, los corintios. Los receptores de sus donativos son los santos en Jerusalén, que probarán el verdadero amor de las iglesias gentiles. Como resultado de ese probar, el pueblo en Jerusalén magnificará el nombre de Dios.

   Pablo conocía las mentes y los corazones de los creyentes en Macedonia y Acaya. Él tenía una prueba positiva del amor genuino demostrado por las iglesias macedonias: la colecta. También no tenía dudas que los corintios no lo defraudarían en demostrar amor en forma tangible. Pero con respecto a los cristianos judíos en Jerusalén, tenía que tener completa confianza. ¿Responderían positiva y espiritualmente a la abundante donación de las iglesias gentiles? La traducción estará glorificando a Dios mira confiadamente al futuro y es más apropiada que el tiempo presente: «están glorificando». Es interesante que el texto griego tiene solo la forma glorificando y no provee un sujeto.

   Otra traducción es «vosotros glorificáis a Dios». Quienes proponen esta forma creen que, debido a la falta de sujeto en el texto griego, el pronombre plural de segunda persona, vosotros, complementa los contextos anterior y posterior. Pero si ponemos en esta cláusula el pronombre vosotros, el versículo se refiere sólo a los corintios. Pablo, sin embargo, trata de subrayar la unidad de las iglesias de Judea y Acaya. Por lo tanto, los eruditos prefieren la traducción «ellos estarán [están] glorificando a Dios» y lo aplican a los santos en Jerusalén.

b. «Por vuestra sumisión a la confesión que reconoce el evangelio de Cristo». Entre los creyentes en la iglesia madre de Jerusalén, había algunos que apoyaban fielmente a Pablo, a sus colaboradores y a los creyentes gentiles. Pero había otros que no creían en los resultados del trabajo misionero de Pablo entre los gentiles (véase Hch. 21:17–25). Ahora Pablo quiere que los corintios sepan que las iglesias de Judea estarán alabando a Dios por la confesión de fe que viene de labios de los corintios. Es verdad que no todos en la comunidad cristiana de Corinto están plenamente sujetos al evangelio de Cristo. Estas palabras de Pablo, entonces, sirven de estímulo a los corintios para alcanzar un alto grado de obediencia a Cristo. De todas maneras, Pablo tiene confianza en que los santos de Jerusalén glorifican a Dios porque los gentiles han creído y son obedientes a la proclamación del evangelio.

   Las buenas nuevas llegaron a los corintios no en forma escrita sino como una proclamación oral. El mensaje fue dado por mensajeros humanos: los apóstoles Pablo y Pedro, con los ayudantes apostólicos Silas, Timoteo, Apolos y Tito. La respuesta de los corintios a la predicación del evangelio vino tanto en palabras como en obras. Cuando Pablo escribe el término confesión, no debemos pensar en términos de una confesión en forma de credo (compare 1 Co. 12:3). Más bien, él tiene en mente acciones por las cuales los creyentes dan a conocer diariamente su obediencia al evangelio de Cristo. Los corintios reconocen las verdades de ese mensaje cuando escuchan y obedecen la voz de Cristo.

c. «Y la generosidad de vuestra [prueba de] colaboración con ellos y con todos». Pablo tiene completa confianza que la colecta en la comunidad cristiana en Corinto será una indicación de generosidad hacia la gente en Jerusalén (v. 11). Según Pablo, estas obras de caridad fortalecerán los lazos de compañerismo entre las iglesias judías y las gentiles. Él quiere ver la unidad de todas las iglesias cuando comparten sus posesiones en forma mutua (compare 8:2–4).

   Los creyentes gentiles compartieron generosamente sus recursos materiales con los santos judíos en Jerusalén como una demostración de un vínculo de compañerismo mutuo. Su acto de compartir hizo que los receptores de estas donaciones alabaran a Dios (Hch. 21:19–20a). Y Pablo no limita la prueba de compañerismo a Corinto y Jerusalén, sino que incluye a todos los cristianos de cualquier lugar. Suponemos que cada vez que se presenta la necesidad, las iglesias gentiles ayudarán. Ellos sabían que la iglesia de Jesucristo es un cuerpo con muchos miembros (1 Co. 12:27).

Para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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