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Lunes 09 de julio de 2018: “Llamado de Dios que nos lleva a la comunión con Cristo Jesús”.

Lunes 09 de julio de 2018: “Llamado de Dios que nos lleva a la comunión con Cristo Jesús”.

Lectura Bíblica: 1a a los Corintios Cap. 1, versículos 4 al 9. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

 

  • Comentario:

Con toda fidelidad Pablo agradece a Dios por todas las bendiciones espirituales y materiales que él y los destinatarios de esta carta han recibido.

 

  1. Sin cesar agradezco a mi Dios por vosotros, por la gracia de Diosque os ha sido dada en Cristo Jesús.

Pablo deja entrever su corazón de pastor cuando escribe «Sin cesar agradezco a mi Dios por vosotros». Ora por las iglesias que fundó y agradece a Dios por ellas. Usa el adverbio sin cesar para calificar al verbo agradezco. ¿Pero cómo es que Pablo puede agradecer a Dios por la iglesia de Corinto? Las divisiones que se dan en la congregación, la inmoralidad, los problemas matrimoniales y los litigios han llenado su corazón de aflicción. ¿Está Pablo usando con precisión la expresión sin cesar? ¿Está usando un simple formalismo para comenzar su carta? No, el corazón de Pablo está lleno de gratitud porque Dios decidió llamar a su pueblo para que se apartaran del ambiente inmoral e idólatra de Corinto. Aun en esa ciudad, Dios estableció a la iglesia en comunión con Jesucristo (v. 9). Por esa razón es que agradece a Dios sin cesar.

«Por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús». Ésta es la segunda vez que en sólo dos versículos (vv. 3 y 4) Pablo usa el término gracia. El griego registra palabras de la misma raíz, como es el caso del verbo agradezco (v. 4) y del sustantivo dones (v. 7). En suma, lo que Pablo hace en estos versículos es subrayar el concepto de la gracia de Dios. ¿Qué importancia tiene este concepto? Pablo ha quedado maravillado ante tal exhibición de la gracia de Dios, en la forma de dones espirituales concedidos en abundancia a los creyentes de Corinto (véase, p. ej., los dones enumerados en 12:4–11). La gracia de Dios se hace patente en los dones que entrega a su pueblo.

En la segunda parte de este versículo, Pablo usa una construcción pasiva. La gracia fue dada por Dios a los corintios. Él es el agente implícito y los corintios son los recipientes pasivos (véase Ro. 12:6; 2 Co. 8:1). Mientras que Pablo agradece a Dios por su fidelidad hacia los corintios, no menciona para nada alguna supuesta virtud inherente que los corintios pudieran tener. Además, Pablo afirma que la gracia de Dios ha sido dada en Cristo Jesús. Esto quiere decir que los que han recibido esta gracia, han sido redimidos y ahora separados del mundo pagano en el que viven.

 

5. Porque en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento.       

  • Traducción:

Este versículo registra dos palabras cruciales que se podrían entender de diferentes maneras. La primera palabra de esta oración puede traducirse por que (una conjunción que podría estar introduciendo una afirmación que completa la frase sin cesar agradezco a mi Dios por vosotros) o porque (una conjunción causal que explicaría la frase anterior en Cristo Jesús). Los traductores por lo general prefieren la segunda alternativa.

La segunda expresión podría traducirse «en él» (RV60, BJ) o «por él» (BP). Debemos preferir la traducción en él, dado que la frase está en aposición a una frase similar («en Cristo Jesús») que aparece en la oración precedente. El sentido es, pues, que en Cristo los creyentes han recibido maravillosas riquezas espirituales.

  • Mensaje:

Cuando Pablo escribe «en él habéis sido enriquecidos en todo», no se refiere específicamente a las posesiones materiales de los corintios. Aunque algunos de ello serán gente acomodada (v. 26), Pablo apunta más bien a los tesoros espirituales que tenían en Cristo (véase 3:21–23; en un pasaje paralelo, Pablo desea que los corintios lleguen a ser ricos a través de la pobreza de Cristo [2 Co. 8:9; 9:11]). A través de Cristo, Dios quiere entregar a los redimidos las incomparables riquezas que tiene para ellos.16 Según las Escrituras, Dios es rico en bondad, paciencia, misericordia y gracia (Ro. 2:4; 9:23; Ef. 1:7; 2:4). Cristo mismo posee insondables riquezas (Ef. 3:8), porque en él están escondidos todos los tesoros del conocimiento y la sabiduría (Col. 2:3). Dios satisface las necesidades del creyente con las riquezas gloriosas que están en Cristo Jesús (Fil. 4:19).

Dios ha adornado a los corintios con la riqueza que está en Cristo, la cual no es escasa, sino que nos enriquece «en todo». En lugar de mencionar una lista de dones espirituales (véase 12:4–31), en el versículo 5 Pablo centra su atención en la cantidad de dones que los corintios han recibido. En este breve versículo, prefiere resaltar las palabras en todo, para así indicar que aquellos que reciben las bendiciones de Dios han sido enriquecidos sin medida.

Después Pablo ilustra respecto a qué los corintios han recibido dones espirituales: «en toda palabra y en todo conocimiento». Como parte de esos dones especiales, menciona la destreza de palabra y el conocimiento. El término griego logos se refiere a la habilidad que ellos tenían para comunicar oralmente el conocimiento (gnosis) del evangelio. A viva voz comunicaban la verdad del evangelio que ya habían entendido interiormente. En otras palabras, confesaban con sus labios el conocimiento espiritual que ya tenían en sus corazones. Ésta es la primera vez que la palabra conocimiento ocurre en esta carta; ocurre con frecuencia en ambas cartas a los corintios y está íntimamente relacionada con el término sabiduría. «Contextos particulares ponen de relieve ciertos matices de la palabra, pero la idea de la aprehensión y aplicación de la verdad se mantiene constante». Cuando se usan en forma apropiada, los dones de la palabra y el conocimiento son un testimonio elocuente de Cristo (2 Co. 8:7). En otra carta, Pablo escribe que está convencido de que los cristianos «abundan en conocimiento y están capacitados para instruirse unos a otros» (Ro. 15:14).

 

  1. Así como el testimonio que se da de Cristo ha sido confirmado en vosotros.

El mensaje de este versículo es una idea que se acopla para explicar lo dicho en el versículo precedente o es la introducción al versículo que sigue. Prefiero la primera alternativa por las siguientes razones: las palabras así como equilibran e introducen una comparación con el versículo anterior. La voz pasiva del verbo ha sido confirmado insinúa que Dios es el agente de la acción. Esta construcción está en paralelo con el verbo en voz pasiva habéis sido enriquecidos del versículo 5. Además, el don de la palabra es similar al testimonio que se da de Cristo. Y finalmente, la frase en vosotros se asemeja al vosotros (v. 5) que apunta a quienes recibieron los dones espirituales.

Algunas versiones traducen testimonio de Cristo (BJ, NC, CB), lo que permite entender la frase como un genitivo subjetivo que se refiere al evangelio mismo. En otras palabras, se estaría diciendo que Dios confirmó la verdad del evangelio en el corazón de los corintios. Otras versiones traducen «testimonio acerca de Cristo» (RV60), o «testimonio sobre el Mesías» (BP). Esta opción interpreta la frase como un genitivo objetivo que se refiere a la predicación del evangelio por parte de los apóstoles y evangelistas. Si se tiene en cuenta la afirmación general en toda palabra (v. 5), debemos preferir la segunda traducción.

Lo que interesa es saber cómo es que Dios confirmó en el corazón de los corintios, el testimonio que se daba de Cristo. Aunque Pablo no lo explica, nos aventuramos a decir que, mediante la obra del Espíritu Santo, Dios confirmó por la fe el mensaje del evangelio en los creyentes.

 

  1. De manera que no os falta ningún don espiritual, mientras aguardáis deseosos la revelación de nuestro Señor Jesucristo.

Póngase atención en estos dos puntos:

  • Resultado:

«De manera que no os falta ningún don espiritual». Debido a que Dios había otorgado numerosos dones espirituales a los corintios, no estaban carentes de ninguna de estas bendiciones. Esta oración consecutiva contiene el verbo en tiempo presente: no os falta; lo cual indica que ellos realmente poseían esos dones. Con todo, a Pablo no le interesa mencionar al principio de su carta una lista de los dones específicos a los que se refiere (véase los capítulos 12–14). Con este verbo Pablo no está sugiriendo que a los corintios no les falta ningún don, lo que quiere decir es que, en comparación con otras congregaciones, no han quedado rezagados.21 La gracia de Dios les ha concedido habilidades espirituales en abundancia.

Si interpretamos el versículo 7 dentro del flujo de pensamiento del presente párrafo, debemos concluir que es gracias al evangelio que a los corintios no les falta ningún don espiritual. La mención de dones espirituales se conecta más con el verbo habéis sido enriquecidos (v. 5), que con el verbo ha sido confirmado (v. 6).

Ésta es la primera vez que ocurre la palabra don dentro de la epístola, y en el presente contexto no significa «milagros» (véase 12:9, 28, 30). Interpretar la palabra de esta forma tan estrecha, como si hablara de milagros que servían para confirmar la predicación del evangelio, sería pecar de reduccionismo. En lugar de limitar el sentido del término don, aquí debe entenderse en la forma más amplia posible.

  • Expectación:

«Mientras aguardáis deseosos la revelación de nuestro Señor Jesucristo». Pablo vincula los dones espirituales con la espera expectante del regreso de Jesucristo.En este pasaje, Pablo menciona dos veces el fin del tiempo: aquí y en el siguiente versículo(v. 8), donde habla del día del Señor Jesucristo. Este énfasis es significativo, dada la extensa explicación que da de la resurrección del cuerpo en 15:12–58, donde explícitamente discute el día escatológico. El interés que los corintios habían demostrado por el inminente retorno del Señor se había enfriado (cf. 15:12, 33, 34), así que desde el mismo comienzo de su carta, Pablo anima a su audiencia a que esperen deseosos el regreso de Cristo.

En griego, el verbo aguardar deseoso es un verbo compuesto que connota intensidad y anhelo en relación a la esperanza cristiana, lo cual se puede ver por la forma en que Pablo lo usa en otras epístolas. A continuación entrego una traducción directa del griego:

«la creación espera con ansiosa expectación» (Ro. 8:19)

«esperamos deseosos nuestra adopción como hijos» (Ro. 8:23)

«pacientemente lo esperamos» (Ro. 8:25)

«Pero por fe esperamos ansiosamente,

mediante el Espíritu, la justicia que esperamos» (Gá. 5:5)

«del cual (cielo) esperamos deseosos un Salvador» (Fil. 3:20)24

Este verbo particular por lo general aparece en el Nuevo Testamento con referencia a creyentes que muestran un real anhelo escatológico por la restauración final de todas las cosas. Pablo usa la palabra revelación para comunicar que en su venida, Cristo quitará el misterio de su ser por medio de revelar su presencia (2 Ts. 1:7; 1 P. 1:7, 13; 4:13). Los corintios miran ansiosos hacia el día de la revelación.

 

  1. Él también os confirmará hasta el fin y os preservará irreprensibles en el díade nuestro Señor Jesucristo.

«Él también os confirmará hasta el fin».¿Quién confirmará a los corintios? ¿Dios o Jesús? La persona que acaba de ser mencionada en la oración precedente es Jesucristo. Con todo, el hilo de pensamiento del presente párrafo (vv. 4–9) provee de cuatro consideraciones que obligan a pensar en que el sujeto del versículo 8 es Dios, no Jesús. Primero, el pasaje empieza y termina con una referencia a Dios (véase vv. 4 y 9). Segundo, es Dios quien enriquece en todo a los corintios y el que los confirma mediante la predicación acerca de Jesucristo (vv. 5, 6). Tercero, la frase con la que empieza el versículo 9 («Dios es fiel») no introduce un nuevo sujeto, sino la bendición que cierra un párrafo que tiene a Dios como el agente de la acción. Por último, Dios también es el sujeto en un versículo paralelo: «Dios es el que nos mantiene firmes en Cristo, tanto a nosotros como a ustedes. Él nos ungió» (2 Co. 1:21).

El griego muestra que en este pasaje Pablo usa dos veces el verbo confirmar/establecer (vv. 6, 8). Así como la predicación del evangelio confirma a los creyentes en su fe, así también la promesa de que el poder de Dios siempre estará con ellos, los confirma hasta la consumación. La frase os confirmará no es sólo un deseo de parte de Pablo, sino que una promesa que Dios cumplirá.

«Y os preservará irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo». Pablo no está diciendo que los corintios son irreprensibles en el momento que él escribe. Por el contrario,mira hacia el futuro y expresa su certeza de que Dios los presentará irreprensibles, cuando llegue el día del juicio final. En otras palabras, no habrá nadie que pueda acusarlos, porque en aquel día ellos serán irreprensibles. En otro lugar, Pablo enseña cómo es que los creyentes serán presentados irreprensibles ante el excelso tribunal: es a través de la muerte del cuerpo físico de Cristo que Dios se reconcilió con el pecador y lo declara libre de toda acusación (Col. 1:22).

En el Antiguo Testamento, la expresión el día de Jehová apunta al día del juicio (Jl.3:14; Am. 5:18–20). En el Nuevo Testamento, la expresión se refiere al regreso de Cristo (p. ej., Fil. 1:6,10; 2:16; 1 Ts. 5:2). El regreso de Cristo también incluye el juicio, en el cual tanto Dios como Cristo servirán de jueces (Ro. 14:10; 2 Co. 5:10). En aquel día, los creyentes serán declarados inocentes «por el veredicto del juez».

 

  1. Dios es fiel, a través de quien habéis sido llamados dentro de la comunión de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

«Dios es fiel». Por si alguno dudara de la veracidad de lo dicho en los versículos precedentes,Pablo afirma incondicionalmente que uno puede confiar en que Dios cumplirá lo que promete. Para subrayar el concepto fiel, en el griego Pablo pone esta palabra en posición enfática, al principio de la oración. Una traducción literal diría: «fiel es Dios» (RV60), quien sin sombra de duda sostiene a su pueblo hasta el final (v. 8). El eco de esta verdad resuena a lo largo de toda la Escritura. Uno puede confiar plenamente en Dios.

«A través de quien habéis sido llamados dentro de la comunión de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor». Dios Padre lleva a cabo su plan de salvación a través de su Hijo, Jesucristo;el Padre concibe el plan, el Hijo lo ejecuta (cf. 8:6). ¿Pero es eficaz el llamamiento de Dios en todos? Difícilmente, pues «muchos son llamados, y pocos escogidos», dijo Jesús (Mt. 22:14, RV60). Sólo aquellos que fueron llamados dentro de la comunión de su Hijo experimentan la permanente fidelidad del Padre. El llamamiento siempre está relacionado a Jesucristo, como en el caso del apostolado de Pablo (v. 1) y como en el caso del llamamiento de los corintios a la santidad (v. 2).

El llamamiento es real cuando el creyente tiene una verdadera comunión con Cristo. Esta comunión demanda, sin embargo, una vida de santidad en la cual el cristiano es, en cuerpo y alma, conformado a la imagen del Hijo de Dios (véase Ro. 8:29). Tal como Charles Hodge lo ha dicho: «La comunión incluye unión y tener en común». La comunión como unión y participación incluye tanto el tomar parte del sufrimiento y la gloria de Cristo, como el pertenecer al cuerpo de Cristo. Significa aceptar el sacramento de la Santa Comunión: recordando que Cristo murió por nosotros (10:16). Cuando el creyente es completamente transformado en el centro mismo de su ser, tiene también una genuina comunión con Cristo. Juan dice que cuando se acepta la proclamación del evangelio con fe verdadera, uno entra en comunión con el Padre y el Hijo (1 Jn. 1:3).

«Su Hijo, Jesucristo nuestro Señor». Pablo reconoce que Dios el Padre llama al creyente a la comunión y que el creyente tiene comunión con el Hijo, que es Jesucristo, a saber,nuestro Señor. Pablo termina su acción de gracias haciendo una compilación de nombres y funciones divinas. El Hijo, eternamente engendrado por el Padre (Sal. 2:7), se hizo carne y se le dio el nombre de Jesús. En el Antiguo Testamento aparece el nombre de Josué, el cual se escribe Jesús en el Nuevo, y recibe esta explicación: «Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). Mientras que el nombre que el Hijo recibió era Jesús, su nombre oficial es Cristo, esto es, el Ungido o Mesías. El nombre señala a su oficio de profeta, sacerdote y rey. Por último, cuando Pablo llama a Jesucristo «nuestro Señor», se está refiriendo a su estado de exaltación: «Rey de reyes y Señor de señores» (1 Ti. 6:15).

 

  • Consideraciones Prácticas en 1:4–9:

Según Lucas, Pablo permaneció en Corinto sólo un año y medio, mientras fundaba la iglesia (Hch. 18:11; se puede suponer en el año 50–52 d.C.). En los años que siguieron, Apolos enseñó sobre la Escritura a los corintios y continuó fortaleciendo a los creyentes (1:12; 3:4–6). La iglesia había sido bendecida con un grupo de gente excepcionalmente talentosa (12:7–11, 27–31), pero a la vez estaba afligida por las contiendas, las divisiones, los problemas morales y las irregularidades que se daban en los servicios religiosos.

Cuando Pablo escribió 1 Corintios, abordó pastoralmente a sus lectores agradeciendo a Dios, quien los llamó a una vida de santidad. Muchos de ellos habían vivido en la oscuridad espiritual, pero por la gracia de Dios ahora tenían comunión con Jesucristo. Pablo se regocija en la salvación de ellos. Pablo busca una forma positiva de recordarles que tienen un compromiso con Cristo y de exhortarles a subir el nivel de su servicio al Señor en la iglesia y la sociedad. Al dar gracias a Dios, el apóstol se dirige a los corintios en forma positiva, a pesar de que ellos muestran falta de amor a Dios y a su prójimo. De esta forma gana su confianza y su interés.

Al hablar del regreso de Cristo al fin del tiempo (vv. 7, 8), Pablo lleva el párrafo de acción de gracias a un clímax que funciona como introducción a toda la carta. El cuerpo de la epístola consiste en amonestación, reprensión, enseñanza y corrección. Pero en el capítulo más largo de esta carta (cap. 15), Pablo discute la doctrina de la resurrección y el destino eterno de los creyentes. En suma, Pablo establece la nota dominante para el resto de la epístola usando este pasaje para llamar nuestra atención al día de Señor.

Pensamiento: La importancia del llamado de Dios a la comunión, pero debemos resumir solo en el llamado a la santidad y pureza en Jesucristo, advertir que para tener comunión con Cristo, debe haber un cambio de vida, una limpieza del corazón, confesión de pecados, para obtener perdón de pecados, y un arrepentimiento verdadero.

 

1er Titulo: “Permaneciendo en obediencia el llamado de Dios, obtendremos la bendición.”

Lectura Bíblica: 1a de Pedro 3:8-9. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 

 

  • Comentario: 

a. La armonía 3:8.

Tenemos aquí la conclusión de Pedro del tema de la sumisión que inició en 2:13. En esta conclusión, él describe cómo han de vivir los cristianos; por consiguiente, les ofrece un patrón para la conducta cristiana. Vale la pena destacar que tanto al principio como al final de este tema, Pedro se dirige a todos sus lectores. Para que no queden dudas de que está llevando esta consideración a su fin, él escribe lo siguiente:

  1. En fin, vivan todos ustedes en armonía unos con otros; sean comprensivos, ámense como hermanos, sean compasivos y humildes.

Las exhortaciones de Pedro con que termina son para todos los recipientes de su carta. De manera que amonesta a todos a que sigan sus instrucciones. En este versículo, Pedro escribe cinco consejos, los cuales, al atenderlos ellos, presenten “un retrato ideal de la iglesia”.

  1. “Vivan en armonía unos con otros”. En el griego, este texto tiene la lectura [sean] unánimes. ¿Quiere decir Pedro que todos los cristianos tienen que pensar del mismo modo? No del todo. Pablo centra su atención en el mismo asunto en su carta a los filipenses: “y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (3:15). Si tenemos en cuenta la variedad de dones y talentos que Dios ha dado a su pueblo, es de esperar que existen diferencias de opinión. Pero Pedro quiere que los cristianos sean gobernados por la mente de Cristo, a fin de que las diferencias no dividan la iglesia sino que la enriquezcan. Por eso exhorta a los creyentes a “vivir en armonía unos con otros” (cf. Ro. 12:16; 15:5; Fil. 2:2).
  2. “Sean comprensivos”. Los cristianos deben demostrar su preocupación y su interés por el prójimo, especialmente en tiempos de alegría y de dolor. Deben “alegrarse con los que se alegran, [y] lamentarse con los que se lamentan” (Ro. 12:15; véase también 1 Co. 12:26).
  3. “Amense como hermanos”. Pedro repite lo que ya ha escrito anteriormente, dado que ya en el primer capítulo él observa que los lectores tienen “sincero amor por los hermanos” (v. 22). El término griego que Pedro utiliza es general, de modo que abarca tanto a las hermanas como a los hermanos de la casa de Dios (Ro. 12:10; 1 Ts. 4:9–10; Heb. 13:1).
  4. “Sean compasivos”. En griego, la palabra traducida como “compasivo” es mucho más descriptiva. Describe sentimientos que parecen provenir de la parte interior de nuestro cuerpo (literalmente, de nuestros intestinos), en especial cuando somos testigos del sufrimiento que otra persona soporta. Los traductores generalmente asocian el vocablo griego con el corazón y por eso lo traducen “de tierno corazón”. El término compasivo aparece en un listado de virtudes cristianas (Col. 3:12).
  5. “[Sean] humildes”. La humildad es una virtud que Jesús enseñó al lavar los pies de sus discípulos (Jn. 13:4–17). Jesús dio el ejemplo de servicio abnegado al mostrarse dispuesto a ser el menor en la compañía de sus discípulos y a ser el siervo de todos. En el capítulo cinco de su epístola, Pedro repite su exhortación a ser humildes al dirigirse a los jóvenes: “Revístanse de humildad en su trato mutuo” (5:5; véase también Ef. 4:2; Fil. 2:6–8).

Estas virtudes reflejan la gloria de la iglesia cuando los hermanos y hermanas viven en armonía. Los hermanos y hermanas espirituales ejemplifican estas virtudes cuando juntos reconocen a Dios como Padre y conocen a Cristo como hermano (Heb. 2:11). Entonces, como cuerpo de Cristo, los creyentes experimentan ciertamente las maravillosas bendiciones de Dios.

 

b. La herencia 3:9

No devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto; bendigan más bien, porque se les llamó a esto, para que hereden una bendición.

¿Se interesan los cristianos solamente por sus hermanos en la fe? No, sino que ellos también demuestran su amor por quienes los abusan e insultan. Los cristianos siguen las enseñanzas de Cristo: “Amad a vuestros enemigos y orad por aquellos que os persiguen” (Mt. 5:44; Lc. 6:27).

En la iglesia primitiva, los apóstoles reformularon la enseñanza de Cristo en sus propias palabras. Por eso encontramos que en en su carta a los Romanos Pablo escribe: “No devolváis mal por mal a nadie” (12:17); en su primera epístola a la iglesia de Tesalónica, él también enseña: “Mirad que ninguno pague a otro mal por mal” (5:15). En su epístola, Pedro escribe una exhortación similar.

Pedro señala que los lectores están tratando de cobrarse daños e insultos por su propia cuenta. Les dice que dejen de desquitarse; el devolver mal por mal e insulto por insulto es algo que no tiene lugar en la religión cristiana. En los versículos 10 y 11 Pedro refuerza su enseñanza con una cita del Salmo 34:12–16, en la cual la palabra mal aparece tres veces.

El apóstol enseña a los lectores a bendecir a sus adversarios en vez de pagarles con su propia moneda (cf. Lc. 6:28). Si así lo hacen, imitan a Dios mismo y demuestran ser sus hijos. Dios hace salir el sol y hace caer la lluvia aun sobre los impíos y sobre gente mala (Mt. 5:45). ¿Cuál es el significado del término bendecir? Significa orar por nuestros enemigos, ser amables para con ellos en palabra y hecho, y buscar promover su bienestar.

“Porque se les llamó a esto, escribe Pedro. Pero, ¿a qué se refiere la palabra esto? Puede referirse a una de dos cosas: al deber de bendecir al adversario o a la perspectiva de heredar la bendición.

El creyente no gana una bendición. La hereda. Por eso Pedro escribe: “Para que hereden una bendición”. El concepto de heredar se origina en los tiempos patriarcales en los que, por ejemplo, Isaac bendijo a sus hijos y les dio la herencia de la tierra (Gn. 27:27–29, 39–40). “Una herencia nunca se gana; se recibe como don. La herencia que nuestro escritor tiene en mente es la salvación, esto es, la salvación final, más que su presente goce”.

Pensamiento: hay dos cosas importante en dos versiculos Armonía y la herencia (la herencia de la enseñanza de Jesús). advierta que la obediencias es importante aquí en la enseñanza de su palabra, para poder obtener la bendición de Dios, porque sin armonía y comunión entre los hermanos difícil obtener la aprobación de Dios. Pedro nos aconseja que busquemos las virtudes: como por ejemplos: sean comprensivo; Compasivo, sean humildes; Amense como hermanos; no devolvamos mal por mal, sino hagamos el bien. Que recomendaciones tan importante. No nos la pasemos por alto Para obtener la bendición.

 

2° Titulo: “Llamado a vivir en la esperanza bienaventurada”. 

Lectura Bíblica: Efesios 4:3 y 6. solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. 

 

  • Comentario:

Ahora bien, si con la ayuda del Espíritu Santo y la oración, alguien se esfuerza verdaderamente en conducirse así de modo que su vida resplandezca con estas virtudes, la unidad, de la cual Pablo hablará en seguida será verdaderamente promovida. La unidad espiritual indicada aquí es un requisito indispensable para adelantar la salud y felicidad de la iglesia, para promover la causa de las misiones, y para ganar la victoria sobre Satanás y sus aliados. No viene por sí sola sino que es resultado de esfuerzo y oración; esfuerzo, puesto que el apóstol dice, “haciendo todo esfuerzo” (“siendo diligente”, “poniendo el mayor empeño”, cf. 2 Ti. 2:15), y haciéndolo constantemente (obsérvese el participio presente, continuativo); y la oración, ya que se refiere a una unidad “del Espíritu” (expresado literalmente, pero que significa: impartida por el Espíritu); de ahí que es el resultado de intensa oración (Lc. 11:13). Se trata de la unidad de judíos y gentiles, según fue enfatizado por Pablo (2:11–22; 3:6), de propósito muy elevado (3:10, 18, 19), y de afecto verdadero (4:2; 5:1–2).

Esta unidad es promovida por la paz. Cf. 1 Co. 14:33; 2 Co. 13:11; Fil. 4:7; Col. 3:15; 2 Ts. 3:16; 2 Ti. 2:22. Aquí en Efesios el apóstol se ha referido ya a ella en 1:2; 2:14, 15, 17; y lo hará otra vez en 6:15, 23. Cuando existe contienda hay falta de unidad. Por otro lado, la paz promueve la perpetuidad de la unidad. De ahí que, después de todo, no hemos de sorprendernos cuando Pablo escribe, “haciendo todo esfuerzo para preservar la unidad impartida por el Espíritu mediante el vínculo (“de”, vale decir, que consiste en) la paz”. Este vínculo o lazo que une a los creyentes es la paz, tal como en Col. 3:14 es el amor. Esto no encierra ninguna contradicción, puesto que es justamente el amor el que hace posible la paz. De ahí que tanto aquí en Ef. 4:2, 3 como en Col. 3:14, 15, el amor y la paz se mencionan en estrecha sucesión. Por cierto, si es correcto decir que la estabilidad del techo depende en cierto sentido del fundamento que sostiene toda la superestructura, luego es correcto también decir que la estabilidad del techo depende de la seguridad de los muros que directamente lo sostienen. Y siendo que especialmente en Efesios el apóstol se preocupa tan detalladamente de la paz establecida entre Dios y el hombre, produciendo así la paz entre judíos y gentiles, resulta perfectamente natural que aquí hable de la paz como el vínculo. Cualquiera sea el sentido en que se prefiera tomar, la paz espiritual es siempre el don del amor. Da como resultado la unidad.

La exhortación para que los lectores vivan en amor y unidad (vv. 1–3) es seguida por una descripción de esta unidad. En esta descripción la unidad y todas aquellas características relacionadas con ella se consideran primero derivadas del Espíritu, que ha entrado a morar en los corazones de los creyentes; de allí retrocede al Señor (Jesucristo), cuyo sacrificio vicario ha hecho posible el don del Espíritu, y, finalmente, va hasta Dios el Padre, que ha dado a su Hijo y quien, junto con el Hijo, fue también el Dador y el que envió el Espíritu. En relación estrecha con el Espíritu se mencionan otros dos elementos de unidad cristiana, haciendo tres en total: “un cuerpo, un Espíritu, una esperanza”. Igualmente, en relación con el Señor, se agregan dos más, resultando otra vez una tríada: “un Señor, una fe, un bautismo”. El Padre se menciona en forma separada, ya que las seis que ya han sido mencionadas tienen su origen en él, en el sentido de que todo lo que esté asociado con el Espíritu y con el Hijo debe, necesariamente, estar también asociado con el Padre, puesto que él “está sobre todos y por todos y en todos”. En consecuencia, lo que aquí tenemos es una séptuple descripción de una triple unidad, una declaración del carácter de la unidad cristiana y de su fuente trinitaria.

a. La primera tríada es (Hay) un cuerpo y un espíritu, así como también fuisteis llamados en una esperanza que vuestra vocación os trajo. Por supuesto, el “un” cuerpo es la iglesia constituida por judíos y gentiles (2:14–22), la “una” familia en el cielo y en la tierra (3:15). Aunque en un sentido somos muchos, no obstante somos un cuerpo en Cristo (Ro.12:5). Hay un solo pan, un cuerpo (1 Co. 1:17). Además, este cuerpo o iglesia no es de origen terrenal ni una institución de hechura humana sino producto del Espíritu Santo; de ahí que es, “un cuerpo y un Espíritu”. La urgente invitación del evangelio (el llamado externo) ha sido aplicada a los corazones de los efesios por medio del Espíritu, produciendo el llamado interno o eficaz. Véase en 1:18 y 4:1. Su llamado les brindó esperanza, una esperanza firmemente arraigada en las promesas de Dios que no pueden fallar. Fue la esperanza de recibir la herencia entre los santos en la luz (cf. 1:18 con Col. 1:12), como recompensa bondadosa de Dios por una vida consagrada a él. Creo que la razón principal de porqué este llamado les hinchió de esperanza fue que la posesión misma del Espíritu en sus corazones constituía una prenda anticipada de su herencia (1:14), y como tal una promesa o garantía de la gloria venidera, gloria que llegaría no sólo al separarse el alma del cuerpo sino especialmente en el gran día de la consumación de todas las cosas al regreso de Cristo. Los frutos (Gá. 5:22, 23) que el Espíritu, que mora en y santifica a los creyentes, estaba otorgándoles eran “las primicias” (Ro. 8:23), un goce anticipado de un futuro e inefable deleite.

El Espíritu, en el proceso mismo de impartir a los efesios el llamado eficaz, produjo en ellos también la unión, de modo que llegaron a ser un organismo espiritual: “Porque por un mismo Espíritu todos nosotros fuimos bautizados para ser constituidos en un solo cuerpo, ora seamos judíos o griegos, ora seamos siervos o libres; y a todos se nos hizo beber de un mismo Espíritu”. (1 Co. 12:13; cf. 3:16; 6:19; Ro. 8:9, 11). Tal como el cuerpo humano está enteramente impregnado por su espíritu y por eso es uno y puede funcionar como unidad, cooperando los miembros entre si, así sucede también con la iglesia que, al morar en ella el Espíritu y siendo totalmente influenciada por él, constituye un solo organismo y funciona como tal.

b. Luego la segunda tríada: un Señor, una fe, un bautismo. Este Señor es “el Señor Jesucristo”. Es nuestro Señor en el sentido de que habiéndonos comprado le pertenecemos. El es nuestro dueño, nos ama, nos cuida, y nos proteje. Aceptamos su señorío, le reconocemos como nuestro Libertador y Soberano, confiamos en él, le obedecemos, le amamos, y le adoramos (1:2, 3, 15, 17; 2:21; 3:11, 14; 4:1; etc.; cf. 1 Co. 6:13–15, 20; 7:23; 12:3, 5; Fil. 2:11; 1P. 1:18, 19; Ap. 19:16). Ora judío o gentil, siervo o libre, hombre o mujer (Gá. 3:28; Col. 3:11), ora en el cielo o todavía en la tierra (Ro. 14:9), todos confesamos al único Señor como nuestro. Le abrazamos con una fe. ¿Qué se quiere significar por esta única fe? ¿Es acaso la fe en el sentido objetivo, cuerpo de doctrina, credo (Gá. 1:23; 6:10; Fil. 1:27 y frecuentemente en las Epístolas Pastorales) o es la fe en su sentido subjetivo, confianza en nuestro Señor Jesucristo y en sus promesas? Existe entre los comentaristas gran diversidad de opiniones con respecto a este problema. A mí me parece que el sentido que aquí se indica es el subjetivo. Es una fe—no es histórica, ni de milagros, ni temporal sino de confianza genuina—por medio de la cual nos entregamos al único Señor Jesucristo. Es verdad que no podemos separar lo subjetivo de lo objetivo: cuando alguien se rinde a Cristo como su Señor, está aceptando al mismo tiempo el cuerpo de doctrina en relación con él. Sin embargo, esto no es lo mismo que decir que el término fe se esté usando aquí con doble sentido. El hecho de que la fe se mencione inmediatamente después de Señor y que sea seguida inmediatamente por bautismo, todo en una muy breve oración, parecería indicar que la tríada es una unidad estrechamente entretejida (lo que es verdad también con respecto a la primera tríada, mencionada en el v. 4). En consecuencia, concuerdo con Scott, op. cit., p. 204, que declara, “Es mejor considerar toda la oración como expresión de un solo hecho fundamental: ‘un Señor en quien todos creemos y en cuyo nombre hemos sido bautizados’ ”.

Con respecto al “un” bautismo Grosheide declara, “Existe solamente un bautismo al cual es recibido por muchos (tal vez un número de personas simultáneamente). Todos los miembros de la congregación son bautizados en la misma forma, y bien podemos asumir que es después o en conexión con el mismo sermón y su enseñanza”. Por medio del bautismo fue sellada la comunión de los creyentes con su Señor (Gá. 3:27). “En el bautismo reposa la evidencia de que toda clase de personas (cf. Gá. 3:28), sin discriminación alguna, participan de la gracia de Cristo”.

Con el objeto de mostrar la unidad dentro de la Trinidad como base fundamental de la unidad de la iglesia, el apóstol, volviéndose ahora al Padre, escribe, un Dios y Padre de todos, quien (está) sobre todos y por todos y en todos. El énfasis aquí, como en 1:3, 17; 2:18; 3:14, 15, está en la paternidad redentora. La primera persona de la divina Trinidad es nuestro Padre en Cristo. El es “el Padre de quien toda la familia en el cielo y en la tierra recibe su nombre”. Por cierto, como nuestro Padre él es también nuestro Creador, puesto que es el creador de todas las cosas (3:9). Este hecho hace que la paternidad se destaque en forma aún más maravillosa en la esfera de la redención. Dios volvió a crear lo que ya había creado, de modo que le pertenecemos en sentido doble, y por tanto le debemos con mayor razón toda nuestra devoción. Pero el énfasis está puesto aquí en su paternidad con relación a la familia de los creyentes, lo cual es evidente no sólo por el hecho de que tal es el sentido predominante del uso del término Padre en Efesios sino también por el contexto inmediato. La primera persona de la Trinidad es, por tanto, Padre de todos, vale decir, de todos aquellos que pertenecen a la familia de la fe. El que éstos sean convertidos de origen judío o gentil no tiene importancia, pero sí que sean convertidos. Como tal tiene con todos sus hijos una relación triple: Como Padre está “sobre todos”, porque ejerce control sobre todos. Está, no obstante, también “por todos”, puesto que nos bendice a todos por medio de Cristo nuestro Mediador. Y está “en todos”, porque nos atrae hacia su corazón en el Espíritu. Es así como las tres hebras forman un solo hilo, y percibimos que el Espíritu en quien está centrado el v. 4, y el Señor (Jesucristo), centro del v. 5, no deben ser considerados entidades separadas. Adoramos a un Dios (Dt. 6:4), no a tres dioses. Aunque es cierto que las Escrituras atribuyen la elección especialmente al Padre, la redención especialmente al Hijo, y la santificación especialmente al Espíritu, no obstante, en cada uno de estos aspectos cooperan los tres. Nunca obran con propósitos conflictivos. Como a menudo se ha recalcado, el Padre ideó nuestra salvación, el Hijo la compró, el Espíritu la llevó a cabo. Además, la unidad en diversidad que pertenece a la Trinidad es la base de la unidad esencial en medio de la variedad circunstancial que caracteriza a la iglesia, y a la cual Pablo ahora dirige la atención.

 

3er Titulo: “Llamado bajo explicito propósito de Dios”.

Lectura Bíblica: Romanos 8.28. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Definición de explicito /a: “Que está dicho o especificado de forma clara y detallada, sin insinuar ni dar nada por sabido o conocido”.

 

  • Comentario:

Este pasaje es una especie de resumen de 8:1–27. El mismo prepara, y en alguna forma se asemeja a, la gran culminación que encontramos en los vv. 37–39. No puede ser totalmente comprendido a menos que sea a la luz de los vv. 1–27. Extrae una conclusión; en realidad una conclusión muy consoladora.

Pablo ha demostrado que para todos los que están en Cristo Jesús ya no hay condenación (vv. 1–8). Ellos son morada del Espíritu que aun resucitará sus cuerpos gloriosamente (vv. 9–11). Reciben la seguridad de ser hijos de Dios, y como tales, de ser sus herederos (vv. 14–16). Su actual sufrimiento por Cristo y por su causa significa que algún día ellos compartirán su gloria, una gloria tan maravillosa que en comparación con ella las dificultades se desvanecen en la nada (v. 18). Vivirán en ese nuevo cielo y nueva tierra que anhela, con sus gemidos, toda la creación (vv. 19–22). Ellos mismos también gimen mientras esperan ansiosamente su adopción (vv. 23–25). Ese Espíritu siempre intercede por ellos en armonía con la voluntad de Dios, de modo que dicha intercesión, acompañada de gemidos indecibles, será sin duda efectiva (vv. 26, 27).

Así que Pablo dice: “Y sabemos—véanse también 3:19; 7:14; 8:22; 1 Co. 8:1, 4; 13:9; 2 Co. 5:1; 1 Ti. 1:8 que a los que aman a Dios todas las cosas colaboran para bien …”. ¿En qué otra cosa basa él este conocimiento? Probablemente en dos fundamentos adicionales: (a) La experiencia; es decir, el efecto que en él mismo ha tenido el saber cómo Dios lo ha tratado a él y a otros en el pasado. Véanse pasajes tales como Gn. 46:30; 48:3, 4; Dt. 5; Jos. 24:1–15; 1 S. 7:1–12; 2 S. 23:1–15; 1 R. 8:22–24; Is. 63:9; Hch. 26:1–23; Gá. 2:19, 20. Y (b) El conocimiento de pasajes bíblicos específicos que enseñan que en la providencia de Dios todas las cosas resultan en bendición para los hijos de Dios, siendo el mal invalidado para bien (Gn. 45:5, 7, 8; 50:20).

Hay quienes hallan difícil aceptar la afirmación: “Todas las cosas colaboran para bien”. Parecen pensar que semejante expresión atribuye a meras “cosas” las cualidades—como ser sabiduría e inteligencia—que las mismas no poseen. Para superar esta dificultad, estos expositores sugieren que la afirmación lea así: “En todas las cosas [o: en todo] Dios obra para bien”; o bien: “Dios hace que todas las cosas colaboren para bien”. De alguna manera la palabra Dios debe quedar incluida en esta cláusula. De otro modo, según algunos opinan, la misma resultaría en herejía, en una filosofía de la vida y la historia que sería materialista, quizá evolucionista. Aun cuando discrepemos, ¿no deberíamos amar y honrar a esta gente por su motivación? Y si les contestamos diciendo: “No tienen el derecho de insertar la palabra Dios donde el original no la tiene”, ellos prestamente responden que han hallado una lectura que sustenta su opinión”.

La respuesta a esto es la siguiente: Aunque nadie sabe cómo se originó esta lectura alternativa, su aceptación resulta en una frase que haría de Pablo un estilista torpe. Además, si Pablo realmente dictó, y si Tercio realmente copió: “En todas las cosas Dios obra para bien”, o “Dios hace que todas las cosas colaboren para bien”, ciertamente es muy difícil creer que esta segunda mención de la palabra Dios—la primera está en la cláusula “que aman a Dios”—hubiese sido alguna vez quitada del texto.

Otros, correctamente descontentos con hacer de Dios el sujeto de la cláusula, toman prestado un sujeto del contexto precedente. Retroceden hasta “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad … intercede por nosotros”, etc., y luego continúan la oración como sigue: “y en todo, como sabemos, él [es decir, el Espíritu] colabora para bien con aquellos que aman a Dios”.

Pero esta lectura, si uno se apega a ella coherentemente, cae en dificultad al llegar al v. 29, puesto que ese versículo leería entonces como sigue: “Porque a los que él [el Espíritu, si la traducción que citamos es la correcta] conoció de antemano, de antemano los predestinó a ser conformados a la imagen de su Hijo [del Espíritu]”. ¡Esto, por supuesto, es imposible, que en ninguna parte de la Escritura se llama a Jesucristo Hijo del Espíritu Santo! En consecuencia, en este punto la N.E.B. inserta la palabra Dios: “Porque a los que Dios conoció …” Pero aquí la palabra Dios no se encuentra en el texto griego original.

Según lo veo yo, todo intento por evitar hacer de “todas las cosas” el sujeto de la cláusula ha fracasado. La antigua—sí, ¡muy antigua!—traducción, a saber: “… todas las cosas colaboran para bien” debe permanecer. No es más que justo añadir que ya sea que uno traduzca de una manera u otra—es decir, ya sea que uno (a) equivocadamente acepte la palabra “Dios” o “él” [el Espíritu] como sujeto de la cláusula; o que (b) uno correctamente considere que “todas las cosas” es el verdadero sujeto (de allí, “todas las cosas colaboran para bien”)—el resultado es más o menos el mismo, a saber, que en la abarcadora providencia de Dios todas las cosas colaboran para bien a los que aman a Dios.

Lo que es más importante y necesario es que aceptemos los tres hechos siguientes:

a. “Todas las cosas”—¡nada menos!—colaboran para bien.

No sólo la prosperidad es incluida sino también la adversidad; no sólo el gozo y la felicidad sino también el sufrimiento y la tristeza (Ro. 8:18, 35–37). Malvadas intenciones quedan contrarrestadas por Dios, quien las usa para bien (Gn. 50:20; Neh. 4:15). No sólo se incluye lo que los santos mismos experimentan sino también todo lo que queda fuera de su experiencia personal. Hablando más específicamente, los entes que a continuación se mencionan están entre los que son divinamente ordenados y guiados para que colaboren para bien a los que aman a Dios: los ángeles buenos (Heb. 1:14) y Satanás junto con sus huestes (Ro. 16:20; Ef. 6:10–16); las naciones del mundo y sus gobernantes (Sal. 2:2–9; 48:4–8; 149:9; Hch. 9:15); la lluvia y el trueno (1 S. 12:18–20); los arroyos, las montañas y las nubes (Sal. 46:4; 72:3; Mt. 24:30; Ap. 1:7); y aun las estrellas en sus órbitas (Jue. 5:20).

b. Es solamente a los que aman a Dios que todas las cosas colaboran para bien.

En el original tal como en la VRV 1960, en la versión al ingles A.R.V. y en mi propia traducción las palabras “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas colaboran para bien” Están al principio mismo de la oración. El significado es éste: ellos, y solamente ellos, tienen derecho a ser consolados por este hecho. Solamente en el caso de los que aman a Dios está cierto que todas las cosas colaboran para bien. Esto es claro al leer pasaje tales como Ex. 20:6; Dt. 7:9; Neh. 1:5; Sal. 37:17,20,37-40; 97:10; 116:1; Is. 56:6, 7; 1Co. 2:9; 8:3; Stgo 1:12; 2:5. todas estas referencias enfatizan la importancia de amar a Dios y/o deleitarse en él.

c. Ellos aman a Dios porque él les amo primero.

Ciertamente eso es el significado de las palabras: “…a los que aman a Dios, todas las cosas le colaboran para bien; es decir, a los que son llamados según (su) propósito”. Aunque es cierto que la palabra “su” es decir, de Dios no aparece, a saber, 9:11 (“para que el propósito de Dios según la elección permaneciese”, demuestra que Pablo estaba pensando en los propósitos de Dios, y no en los del hombre.

Los que fueron llamados según el propósito de Dios son, por consiguiente, los que fueron eficazmente llamados. Son los cuyos corazones y mentes fueron tan totalmente influenciado por el Espíritu Santo que se dieron cuenta de su pecado, comenzaron a comprender su necesidad de Cristo y le abrazaron como su Señor y Salvador. Véase Ro. 1:7. Véanse Ro. 8:30; 9:24; 1 Co 1:2, 24; 7:17.

Pablo sintió la necesidad de añadir las palabras: “a los que son llamados según (su) propósito (el de Dios)”, a efectos de que los romanos y todos aquellas que leyeran esta carta o a quienes la misma les fuese leída, se dieran cuenta que nadie puede realmente amar a Dios si no es primeramente eficazmente llamado. En otras palabras, el apóstol a los gentiles expresa aquí, en sustancia, el mismo pensamiento que tuvo el apóstol Juan al escribir: “Nosotros amamos a Dios porque él nos amo primero” (1 Jn. 4:19).

En realidad, lo que Pablo dice en Ro. 8:28. es esto: “Sabemos que a los que aman a dios y lo hacen a causa de la obra de Dios en ellos obra determinada por su soberano propósito de elección a estos todas las cosas colaboran para bien”. De este modo la responsabilidad humana es plenamente mantenida, pero el trino Dios recibe toda la honra. Cf. Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13.

 

4° Titulo: “Generoso llamado universal de Dios”.

Lectura Bíblica: 1a Timoteo 2:3-4. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

 

  • Comentario:

3, 4. Ahora se dice cómo son consideradas por Dios estas oraciones: Esto es excelente y agradable delante de Dios nuestro Salvador, quien desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Ante los ojos de Dios esta oración es excelente o admirable. Es agradable, bien recibida en su corazón. Esto es razonable, porque su nombre es “Dios, nuestro Salvador” (véase el comentario sobre 1 Ti. 1:1). Aun cuando los hombres a veces pudieran sentirse inclinados a eludir la oración por los reyes y los que están en eminencia, especialmente cuando la cooperación por parte de los príncipes no es la que debiera ser, ante los ojos de Dios la cuestión es diferente. El no ve las cosas como nosotros las vemos (1 S. 16:7). En más de una manera, las condiciones de tranquilidad y paz promueven la extensión del evangelio de la salvación. Y es El quien desea que “todos los hombres sean salvos”. La expresión “todos los hombres” aquí en el v. 4 debe tener el mismo sentido que en el v. 1; véase la discusión allí. En un sentido la salvación es universal, esto es, no está limitada a cierto grupo en particular. Las iglesias no deben empezar a pensar que hay que hacer oraciones por los súbditos y no por los gobernantes; por los judíos y no por los gentiles. No, la intención de Dios nuestro Salvador es que “todos los hombres” sin distinción de rango, raza o nacionalidad sean salvos. Lo que implica este “ser salvos” ha sido tratado en relación con 1 Ti. 1:15.

Ahora bien, en el proceso de ser salvos (tomado como un todo) los hombres no son pasivos. Por el contrario, llegan a ser activos. Es la voluntad de Dios que ellos vengan al conocimiento de la verdad, esto es, del camino de salvación revelado en la Palabra. Este conocimiento es más que un conocimiento intelectual (γνῶσις). Es el reconocimiento (ἐπίγνωσις) con gozo, discernimiento espiritual profundo. Véase su uso en Fil. 1:9; Col. 1:9; 2:2; 3:10. Así podemos también entender la expresión “arrepentimiento para conocer la verdad” (2 Ti. 2:25). Es posible que una persona aprenda muchas cosas buenas de un modo puramente intelectual, pero que jamás llegue realmente al reconocimiento o la apropiación de la verdad (2 Ti. 3:7). Hay un “conocimiento” que es diferente de un “conocimiento pleno” (véase el verbo relacionado en 1 Co. 13:12). El propósito de la oración por todos los hombres, sin distinción de rango, raza y nacionalidad, es para que sean salvos y puedan llegar al conocimiento “pleno”, un conocimiento en que no participa solamente la mente, sino también el corazón. El propósito de esa oración corresponde con el deseo soberano de Dios.

 

  • Referencias:

1 Samuel 16:7. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

2 Timoteo 1:9. quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

Filipenses 3:14. prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Hebreos 7:25. Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

 

Amén, para Gloria de Dios.

 

Bibliografía:

  • Comentario del Nuevo Testamento William Hendriksen.

 

 

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.