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Lunes 08 de junio de 2020: “La Mentira: pecado sutil que aleja al creyente de Dios”

Lunes 08 de junio de 2020: “La Mentira: pecado sutil que aleja al creyente de Dios”

   Lectura Bíblica: Salmo 101, versículos 6 al 8. 6Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá.7No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. 8De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, exterminar de la ciudad de Jehová a todos los que hagan iniquidad.

   Comentario: Principios de integridad y justicia, vv. 5–8

   En este párrafo se explica la necesidad de escoger bien a los ayudantes y rechazar a los que pueden traer corrupción e injusticia al reino. Aun cuando parece apoyar su proyecto el líder no debe bajar la guardia contra el chismorreo y la difamación. A menudo un  colaborador difama a otro para conseguir su puesto. El buen líder tieneque rechazar este tipo de ayudante; asimismo no le conviene el que es arrogante u orgulloso.

   El v. 6 presenta el lado positivo; el buen líder tiene que rechazar cierto tipo de colaboradores, pero también debe usar sus principios de integridad para escoger a los que van a ayudarle. El líder también es responsable por la integridad de los que escoge como colaboradores.

   El v. 7 de nuevo habla de cuidarse de ciertos peligros. Debe cuidar las influencias que entran en su familia y no debe estar en liga con los que hacen fraude. En nuestro contexto contemporáneo son dos desafíos grandes.

   Por las mañanas (v. 8) alude a la costumbre oriental de convocar la corte por las mañanas (Jer. 21:12). Habla de administrar justicia rápidamente al pueblo, estar disponible para resolver los problemas de la gente.

   El Salmo presenta un modelo del buen liderazgo. Si fue escrito por David, parece que lo vivió bien en la primera parte de su reinado, pero después falló en varios de estos aspectos. Reconociendo esto, todo el AT mira hacia el Mesías que tendrá un reino de verdadera justicia (cf. Apoc. 21:27). No obstante, el Salmo sigue siendo un ideal y un modelo que se debe tomar en serio en nuestro tiempo porque es el tipo de líder que Dios quiere.

   Definiciones: Mentir: Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. II Inducir a error. ♦ Irreg. Se conj. como sentir II FAM. mentidero, mentido, mentira, mentirijillas, mentiroso, mentis.

Mentira f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa. II Mancha blanca de pequeño tamaño que aparece en las uñas. II mentira piadosa Mentira que se dice con intención de no causar pena. II de mentira loc. adj. De broma, que finge lo que no es. II parece mentira loc. Indica sorpresa o incredulidad.

MENTIR, MENTIRA, MENTIROSO

  1. Verbo
  2. pseudo (ψεύδω, 5574), engañar mediante mentiras; siempre en la voz media en el NT. Se usa: (a) en forma absoluta (Mt 5.11: «mintiendo»; Ro 9.1; 2 Co 11.31; Gl 1.20; Col 3.9, donde el verbo va seguido por la preposición eis, a, hacia; 1 Ti 2.7; Heb 6.18; Stg 3.14, donde va seguido por la preposición kata, contra; 1 Jn 1.6; Ap 3.9); (b) transitivamente, con un complemento directo, sin preposición posterior (Hch 5.3, con el caso acusativo: «Para que mintieseis al Espíritu Santo»; v. 4, con el caso dativo: «No has mentido a los hombres, sino a Dios»).
  3. Nombres

(I) Mentira

  1. pseudos (ψεῦδος, 5579), falsedad, mentira. Se traduce así en Jn 8.44 (lit.: «la mentira»); Ro 1.25, donde se usa como metonimia para significar un ídolo, como, p.ej., en Is 44.20; Jer 10.14; 13.25; Am 2.4 (plural); en 2 Ts 2.11, con una referencia especial a la mentira del v. 4, que el hombre sea Dios (cf. Gn 3.5); 1 Jn 2.21,27; Ap 21.27; 22.15; en Ef 4.25 se refiere a la práctica de la mentira; en Ap 14.5 se usa en los mss. más comúnmente aceptados, en lugar de dolos (TR), que significa «engaño»; 2 Ts 2.9, donde «prodigios mentirosos» es, lit.: «maravillas de mentira», esto es, maravillas calculadas para engañar a la gente a reconocer las falsas pretensiones a la deidad de parte del hombre de pecado.
  2. pseusma (ψεύσμα, 5582), falsedad, o mentira actuada (Ro 3.7), donde «mi mentira» no es la idolatría, sino o bien la actitud falsa universal del hombre hacia Dios o aquello con lo que detractores acusaban al apóstol; lo primero parece ser el sentido.
  3. dolos (δόλος, 1388), anzuelo, trampa, engaño. Se halla en Ap 14.5 en el TR, en lugar de pseudos, que aparece en los mss. más comúnmente aceptados, «mentira». Se traduce «engaño», y se usa en Mt 26.4; Mc 7.22; 14.1. En Jn 14.1 se usa, negativamente, de Natanael; Hch 13.10, de Barjesús; 2 Co 12.16, en una acusación hecha en contra de Pablo por parte de sus detractores, de atrapar a los convertidos corintios por engaño; es evidente que el apóstol está citando las expresiones de sus críticos; 1 Ts 2.3, en sentido negativo, de la enseñanza del apóstol y de sus compañeros de misión; 1 P 2.1, de aquello de lo que deben estar exentos los cristianos; 2.22, del habla sin engaño de Cristo; 3.10, de la necesidad de que el habla de los cristianos sea sin engaño. Véase ENGAÑO. Cf. adolos (1 P 2.2: «la leche espiritual no adulterada».

(II) Mentiroso

pseustes (ψεύστης, 5583), mentiroso. Aparece en Jn 8.44,55; Ro 3.4; 1 Ti 1.10; Tit 1.12; 1 Jn 1.10; 2.4,22; 4.20; 5.10.

  1. Adjetivos
  2. pseudologos (ψευδολόγος, 5573), denota hablando falsamente (pseudes, falso; logos, palabra) en 1 Ti 4.2, donde se traduce el adjetivo «de mentirosos», y se aplica a «demonios», siendo emitidas las falsas declaraciones por agentes humanos.
  3. pseudes (ψευδής, 5571), mentiroso, falso; cf. el prefijo castellano «pseudo–». Se traduce «falso» en Hch 6.13. Se traduce «mentirosos» en Ap 2.2; 21.8. Véase FALSO.

Nota: Se forman muchos nombres compuestos mediante el prefijo pseudo–; p.ej., véanse CRISTOS, HERMANO, MAESTRO, PROFETA, TESTIGO.

  1. apseudes (ἀψευδής, 893), denota libre de falsedad (a, privativo; pseudes, falso), veraz (Tit 1.2), de Dios, «que no miente» (RV: «que no puede mentir»).

Nota: El nombre pseudos, mentira, se traduce en 2 Ts 2.9, «prodigios mentirosos» (RVR, RVR77; RV: «milagros mentirosos»; VM: «maravillas mentirosas»; Besson: «prodigios de mentira»); véase bajo B (I), N.º 1.

MENTIRA

Heb. 3577 kazab, זָב 􀁖ָ = «falsedad, engaño, mentira»; gr. 5579 pseûdos, ψε􀀀δος = «falsedad, mentira», lo contrario de la verdad o alétheia, 􀀀λ􀀀θεια. El otro vocablo griego para «mentira», hypokrino, 􀀀ποκρ􀀀νω, procede del campo del teatro, sig. «fingir», como cuando el actor, identificado con su papel, finge ser lo que no es, de donde > hipocresía (hypókrisis, 􀀀π􀀀κρισις), hipócrita (hypokrités, 􀀀ποκριτ􀀀ς).

    La mentira está prohibida repetidamente en la Palabra de Dios (p.ej. Ex. 23:7). Debe ser aborrecida por el justo (Prov. 13:5); se anuncia castigo sobre el que la practica (Prov. 19:5, 9). El convertido a Cristo se aparta de su antigua forma de vivir y, andando en novedad de vida, debe desechar la mentira y abrazar la verdad como un acto supremo de amor al prójimo: «hablad la verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros» (Ef. 4:25; cf. Mt. 5:33-37).

   Los hombres se pueden mentir a sí mismos (Stg. 1:22), confundiendo los propios deseos con la realidad; pueden mentirse entre sí (Lv. 19:11); pueden mentir a Dios (Hch. 5:3, 4), aunque desde luego no puedan engañarlo.

   La mentira es aborrecida por Dios porque destruye la recta comprensión de la realidad («andamos en tinieblas», cf. 1 Jn. 1:6), con lo que el hombre se desvía del verdadero conocimiento y comunión con Dios. La mentira destruye la confianza entre los hombres, oscurece el entendimiento, y lleva a la destrucción eterna, por eso en la Jerusalén celestial no habrá lugar para la mentira (Ap. 21:7; 22:15).

   Dios no miente ni puede mentir (Nm. 23:19) por cuanto él es la realidad primera y última absoluta contra la que atenta toda mentira (cf. 1 Sam. 15:29; Tit. 1:2; Heb. 6:18). Por su parte, Jesús, Dios mismo manifestado en carne, es la misma «verdad», la verdad acerca de Dios y la verdad de lo que Dios quería que fuera el hombre, el cúmulo de todas las perfecciones (cf. Jn. 14:6). Por ello, aquel que tiene comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, exclama de corazón: «la mentira aborrezco y abomino; tu ley amo» (Sal. 119:163). Por el contrario, > Satanás es padre de mentira (Jn. 8:44), el primer mentiroso, que engañó a Eva empujando a la primera pareja a la muerte (Gn. 3:1-6). Véase HIPOCRESÍA.

    HIPOCRESÍA Pretensión de ser lo que uno no es, ante todo en el sentido de ser mejor persona de lo que uno realmente es. La palabra proviene del griego hupokrisis, que originalmente significa dar una respuesta.    En el concepto griego, un hipócrita podría ser un intérprete de sueños, un orador, un recitador de poesía o un actor. Originalmente un término neutral, la palabra “hipócrita” adquirió la connotación negativa de simulación, duplicidad o falsedad.

   En la Biblia domina el sentido negativo. Con frecuencia, la palabra se refiere al mal o al pecado en general y no a la simulación en particular. En el AT, las versiones tradicionales usaban “hipócrita” en pasajes donde versiones posteriores dicen “impío” o “falso” (Job 8:13; 15:34-35; 17:8; Isa. 9:17; 33:14, etc.). Esta persona “impía” manifiesta oposición a Dios o no lo tiene en cuenta.

   La palabra hebrea que a menudo se traduce hipócrita se refería a contaminación o corrupción. Aunque los hebreos se preocupaban por la falsedad o la simulación (Isa. 29:13; Jer. 12:2), no existe una palabra hebrea que equivalga exactamente a “hipocresía”.

   En el NT (en especial las enseñanzas de Jesús en los Evangelios sinópticos) se destaca la hipocresía en el sentido más limitado de representar un papel. Jesús criticó a los hipócritas por ser piadosos en público (Mat. 6:2,5,16). Estaban más interesados en ser alabados por los hombres cuando daban limosna, oraban o ayunaban que en recibir recompensa de Dios. También eran culpables de juzgar las faltas de otros e ignorar las propias (Mat. 7:1-5). Jesús a menudo llamaba hipócritas a los fariseos por la contradicción que había entre sus acciones externas y las actitudes interiores (Mat. 15:1-9). Sus verdaderas actitudes saldrían a la luz (Luc. 12:1-3). Los hipócritas podían interpretar las condiciones climáticas, pero no las señales de los tiempos (Luc. 12:56). Se preocuparon más de las reglas del día de reposo que de la salud de una mujer (Luc. 13:15). Lucas señaló que los líderes religiosos simulaban ser sinceros cuando le preguntaron a Jesús sobre el pago de impuestos a César (Luc. 20:20). Es probable que el debate más famoso sobre la hipocresía sea Mat. 23. Los líderes religiosos no practicaban lo que predicaban (Mat. 23:3), y Jesús los comparó con vasos limpios por fuera, pero sucios por dentro, y con sepulcros blanqueados (Mat. 23:25-28).

   La preocupación por la hipocresía se advierte a lo largo del NT. Aunque el término en sí no aparece, esta característica formó parte del pecado de Ananías y Safira (Hech. 5:1-11). Pablo acusó a Pedro de hipocresía por negarse a comer con los cristianos gentiles de Antioquía (Gál. 2:12,13), y le advirtió a Timoteo sobre los falsos maestros hipócritas (1 Tim. 4:2). Pedro incluyó la hipocresía entre las actitudes que los cristianos debían evitar (1 Ped. 2:1).

   En seis oportunidades, los escritores del NT señalan que la sinceridad (sin hipocresía, anupokritos) debía ser característica de los cristianos. En ellos, el amor (Rom. 12:9; 2 Cor. 6:6; 1 Ped. 1:22), la fe (1 Tim. 1:5; 2 Tim. 1:5) y la sabiduría (Sant. 3:17) debían ser sinceros. (Warren McWilliams)

1er Titulo:

No mentir: es una orden y no una sugerencia de Dios. Levítico 19:11 y 12. 11No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. 12Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

   Comentario: Tienen implicaciones religiosas, porque la vida es una unidad. La primera ley social trata de la honestidad (vv. 11, 12). Hay cuatro palabras importantes aquí: ▬robar, mentir, engañar, jurar falsamente profanando el nombre de Dios▬. Las primeras tres tratan de relaciones honestas con el prójimo. La cuarta tiene que ver con la honestidad para con Dios: No juraréis… por mi nombre.

   No explotar a tu prójimo (vv. 13, 14). Explotar al prójimo puede ser por oprimir, robar, guardar el salario, maldecir al sordo o poner tropiezo delante del ciego. Estas leyes dicen que la persona que está en posición de ventaja no debe aprovecharse del otro. Justicia en el juicio (vv. 15, 16), o sea en el tribunal, es un mandamiento importante para mantener un orden social. Se debe tratar a todos igualmente, sea pobre o rico, humilde o poderoso. No favorecer al pobre porque es pobre, ni al rico porque puede devolverle un favor.

2° Titulo:

La mentira empaña, rápidamente, la reputación del cristiano. Tito 1:12 y 13. 12Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. 13Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe,

   Comentario: [12]. Así el pensamiento ha vuelto al del v. 8: la fidelidad de Pablo al evangelio como ejemplo para Timoteo. En conformidad con esto, el segundo párrafo de esta sección es de carácter muy personal. El apóstol dice: Por esta razón, estoy también sufriendo estas cosas.

   Debido al cumplimiento de mi tarea de apóstol de Jesucristo, yo sufro aquí, en esta terrible prisión romana, una lúgubre mazmorra subterránea con un agujero en el techo para que, entre luz y aire, con la perspectiva de ser ejecutado como criminal. Pero no me avergüenzo. Aunque Pablo ha estado sujeto a ignominia, no se siente desgraciado. Junto con otros, como José, Jeremías, Daniel, Juan el Bautista y Pedro, se ha unido a las filas de los prisioneros de la mejor de las causas. Después de todo, el lugar de deshonra puede ser el lugar del honor más elevado. ¿No fue crucificado Jesús entre dos malhechores? Cf. 1 P. 4:16.

   La razón por la que Pablo no se avergüenza se declara en estas palabras memorables: Porque yo sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido que es poderoso para guardar para aquel día lo que le he confiado.

    Pablo ha puesto, de una vez por todas, su confianza en el Dios soberano (véase vv. 8, 9). Uno podría también traducir como Reina Valera, “porque yo sé a quién he creído”, es decir, yo conozco a Dios, quien se reveló en su precioso Hijo, “nuestro Salvador Cristo Jesús” (v. 10). El apóstol ha llegado a estar permanentemente convencido del poder infinito, el tierno amor y la absoluta fidelidad de Dios.

    Literalmente traducido, el apóstol dice: “… y yo estoy convencido que él es capaz de guardar mi depósito (τὴν παραθήκην μου) con miras (o hacía, εἰς) aquel día”. Esto conduce a la pregunta sobre la cual los comentaristas están divididos sin esperanzas de acuerdo: ¿Qué significa mi depósito? ¿Es el depósito que me ha sido confiado? o ¿es “ese depósito que yo le he confiado a él”? o, expresándolo en forma diferente, ¿es el evangelio o soy yo y mi completa salvación?

   Como yo lo veo, el punto de vista último merece la preferencia por las siguientes razones:

(1) Es claro que este depósito lo guarda (“él es capaz de guardar”) no Pablo, sino Dios (en Cristo). Por eso, el punto de vista de que es el depósito que Pablo ha confiado a Dios tiene las probabilidades de su parte. En el v. 14 (véase comentario sobre ese versículo) y también en 1 Ti. 6:20, no es Dios, sino es Timoteo quien debe hacer de custodio. Por eso, en ese caso es el depósito que Dios ha confiado a (Pablo y a) Timoteo.

   Ahora bien, si el v. 12 tiene que ver con el depósito que Pablo ha confiado a Dios, entonces el punto de vista en que la referencia es a mi alma o a mi espíritu o a mí y mi completa salvación tiene apoyo lógico por su parte. Aquí algunos comentaristas favorecen mi alma; otros, mi salvación. Pero la diferencia no es muy importante: “yo y mi completa salvación” incluye ambas cosas.

(2) El contexto inmediato favorece esta interpretación. Pablo acaba de escribir: “yo sé a quién he creído”, que significa a la luz de la oración que sigue: “yo sé que este Dios en quien yo he confiado es digno de confianza, y ciertamente guardará en forma completamente segura lo que le he confiado para guardar y proteger”.

(3) Las palabras del v. 10 también apoyan este punto de vista. El apóstol acaba de referirse a la “vida e incorruptibilidad”. Pero, como se hizo notar en la explicación del v. 10, el creyente no recibe completamente esta bendición hasta el día glorioso del regreso de Cristo. Por eso, la idea del v. 12 es que esta vida verdaderamente inmortal, poseída ya en principio, y depositada en las manos de Dios para ser guardada, le será devuelta a Pablo más gloriosamente que antes en “aquel día”, el día de la gran consumación (cf. v. 18; también 2 Ti. 4:8; luego, 2 Ts. 1:10).

(4) La idea de un tesoro guardado por Dios se encuentra también en otros lugares; a veces con un sentido ligeramente diferente (1 P. 1:4).

(5) Cf. las palabras de nuestro Señor cuando murió en la cruz (Lc. 23:46; cf. Sal. 31:5; 1 P. 4:19). El espíritu de Cristo, habiendo sido encomendado al Padre, es reunido el tercer día con el cuerpo, ahora gloriosamente resucitado.

   En la nota se responde a los argumentos de quienes defienden el punto de vista opuesto.

[13]. Pablo ha estado hablando de sí mismo y de su fiel Señor quien va a recompensarlo en el Día de los días.   Entonces, que Timoteo imite a Pablo. Que complete los detalles en el boceto que Pablo ha trazado. Así, en el tercer párrafo (vv. 13, 14) de esta sección (vv. 8–14), el autor vuelve nuevamente a la cuestión del deber de Timoteo. Dice Pablo: En cuanto al patrón de las sanas palabras retén las que has oí do de mí (y haz esto) en (el espíritu de) fe y amor (que están centrados) en Cristo Jesús.

   De la manera que un artista tiene su boceto (véase comentario sobre 1 Ti. 1:16), así Timoteo también tiene un patrón por el cual guiarse. Este boceto, modelo o forma consistía de las palabras que había oído de Pablo. Que él se sujete a éstas usándolas siempre como ejemplo, sin apartarse jamás de ellas. Esto es importante, porque la enseñanza de Pablo estaba formada por palabras sanas. Nótese el énfasis sobre la enseñanza de Pablo (en contraste con la de los seguidores del error en Éfeso): literalmente, “que de mí has oído”. Y es exactamente la necesidad de permanecer sano y de transmitir sana doctrina lo que se enfatiza a través de la epístola y hasta cierto punto, en todas las Pastorales (cf. 1 Ti. 1:10; 6:3; 2 Ti. 4:3; Tit. 1:9, 13; 2:1, 2, 8). El lema que actualmente es tan popular: “No importa lo que crees, basta con que seas sincero en lo que crees”, lo contradicen de plano las Pastorales. Sin embargo, el espíritu en que uno se aferra de la verdad y la pasa a otros, sí que importa. Por eso el apóstol añade: “(Haz esto) en fe y amor (que están centrados) en Cristo Jesús”. La fe en Dios y en su revelación redentora, el amor a él y a los hermanos es el espíritu en que Timoteo debe aferrarse a la verdadera doctrina. Es evidente por sí mismo que éstos están centrados “en Cristo Jesús”. Sin sus méritos, su Espíritu y su ejemplo, no puede haber fe ni amor.

3er Titulo:

Clara lección de juicio sobre la mentira. Los Hechos 5:3 al 5. 3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

   Comentario: [3]. Pero dijo Pedro: “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses para ti parte del precio del terreno? [4]. Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No mentiste a los hombres, sino a Dios”.

   Es posible encontrar en el Antiguo Testamento ciertos paralelos con este relato. En la pureza del Paraíso, Satanás entró para tentar a Eva para que pecara contra Dios (Gn. 3:1). Su pecado afectó a toda la raza humana. Cuando los israelitas se consagraron a Dios observando el rito de la circuncisión y celebrando la fiesta de la Pascua (Jos. 5:1–12), el pecado de Acán de robarle a Dios tenía el efecto de destruir la pureza moral de Israel. Y así su pecado afectó a cada israelita. El engaño de Ananías igualmente pudo haber destruido la pureza de la naciente iglesia, la que se manifestaba a través de la unidad, el amor, y la armonía. Estos tres ejemplos nos sirven de advertencia.

    Guiado por el Espíritu Santo, Pedro percibe a Satanás obrando en el corazón de Ananías y por eso le hace algunas preguntas certeras y categóricas.

-a. “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón?” Por su propia experiencia, Pedro sabe cómo Satanás le persuadió a negar a Jesús tres veces (Lc. 22:31–32) y que puso en el corazón de Judas Iscariote la determinación de traicionar al Maestro (Lc. 22:3; Jn. 13:2, 27). Se da cuenta que Satanás tiene mucho interés en entorpecer el crecimiento de la iglesia a través de entrar en el corazón de un creyente. De paso, cuando Satanás viene a un creyente para hacerlo pecar, toda la responsabilidad recae en la persona si le permite a Satanás entrar en su vida. El creyente debe estar prevenido contra el poder del diablo y resistirle por fe (1 P. 5:8–9).

-b. “[¿Qué hizo que] mintieses al Espíritu Santo?” Con esta pregunta, Pedro pone en evidencia el corazón mismo del pecado de Ananías. Aun aceptando el hecho que Satanás influye en el corazón de cada uno de vez en cuando, en el caso de Ananías Satanás ha llenado completamente su corazón. Como consecuencia de ello, Ananías mintió al Espíritu Santo, echó a Dios de su vida y pecó conscientemente.307 Su pecado, entonces, no es sólo una mentira, sino un engaño total. Él quiere que la iglesia crea que él está donando dinero para complacer a Dios. Su mentira, como lo dice Pedro, no es a los hombres, sino a Dios (v. 4). Ananías actúa como si creyera que Dios no está al tanto de las actividades diarias de la iglesia y, en consecuencia, no tiene idea de su plan engañoso.

-c. “[¿Qué hizo] que sustrajeras para ti parte del precio del terreno?” Como Pablo informa a los cristianos de Corinto, “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7); es decir, Dios se regocija cuando un creyente da de corazón. Dios desea que todos sus hijos den generosamente y no por la fuerza. Hace algunos años, asistí a un culto de adoración durante el cual los diáconos pasaron con los platos recibiendo la ofrenda. Una mujer que estaba precisamente frente a mí tomó el plato de la mano del diácono y con toda delicadeza le preguntó si podía cambiarle un billete que tenía en su mano. Cuando el diácono lo hizo, ella puso en el plato la cantidad que se había propuesto dar y conservó el resto. Ella sin duda fue una dadora alegre que contribuyó con lo que propuso en su corazón. Igualmente, Ananías pudo haber guardado parte del producto de la venta. Pero porque trató de engañar a Dios, Pedro tuvo que hacerle unas preguntas más.

-d. “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba el dinero en tu poder?” Estas preguntas revelan que los primeros cristianos no practicaban la posesión comunitaria de las propiedades, sino que sólo compartían sus bienes para eliminar la pobreza entre los creyentes (c.f. 2:44–45; 4:32, 34–35).

   La respuesta de Ananías a Pedro debió de haber sido afirmativa. Como la parte culpable, Ananías no puede decir una palabra. Guarda silencio (compárese Mt. 22:12) porque ha cometido un grave pecado contra Dios y ahora se enfrenta al castigo.

   El pecado es un misterio que hace que el hombre actúe irracionalmente. Si Ananías hubiese sido honesto y franco, él tendría que haber sabido que la propiedad y, después de su venta, el dinero pertenecía a él mientras estuviera en su posesión. Él pudo haber hecho con él lo que le hubiera placido y no habría tenido que dar cuentas a nadie.308 Sin embargo, dejó que Satanás llenara su corazón, rehusó adorar a Dios y en cambio hizo al dinero el objeto de su adoración. Aunque estaba sirviendo a su ídolo, él todavía deseaba la alabanza del pueblo de Dios por su aparente generosidad fingida. Debe haber sabido que el hombre no puede servir a dos señores, a Dios y al Dinero (Mt. 6:24; Lc. 16:13).

-e. “¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No mentiste a los hombres, sino a Dios”. Algunos antiguos manuscritos sustituyen las palabras esta maldad por “esto”. Ananías ha cometido una maldad a los ojos de Dios y del hombre. Él tenía que haber sabido que Dios es verdad y luz y que la mentira tiene su origen en el diablo. Pedro llega a la conclusión de que Ananías trató de mentir al hombre, pero terminó mintiéndole a Dios. El hombre siempre está delante de Dios, quien lo ve todo (véase Pr. 15:3).

   Pedro no hace distinción entre Dios y el Espíritu Santo. En el versículo 3, afirma que Ananías ha mentido al Espíritu Santo, y en el versículo siguiente dice que la mentira fue a Dios. Pedro, por lo tanto, identifica al Espíritu Santo con Dios. En un versículo más adelante (v. 9), hace referencia al Espíritu del Señor. Para él, entonces, el Espíritu Santo es Dios; es la tercera persona de la Trinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

[5]. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. [6]. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

-a. “Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró”. El griego indica que mientras Ananías escuchaba las palabras que hablaba Pedro, cayó al suelo y expiró. Aquí tenemos un caso en que el juicio de Dios se ejecuta de inmediato. Hay otros casos en las Escrituras en que los pecadores son castigados con la muerte súbita. Por ejemplo, cuando Nadab y Abiú, los hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño a Jehová, Dios lanzó contra ellos fuego que los quemó, y murieron inmediatamente (Lv. 10:1–2). Cuando Uza trató de sujetar el arca de Dios que había sido puesta en una carreta en vez de ser trasladada por los sacerdotes, y extendió la mano hacia ella, Dios lo castigó de manera que murió allí mismo, al lado del arca (2 S. 6:7). El veredicto de Dios en contra de Ananías (y Safira) también resultó en una ejecución sumaria. En cada ejemplo, la pena capital aplicada por decisión divina transmite en una verdad fundamental: el pueblo de Dios debe saber que existe para servirle a él y no a la inversa.

   Fue Dios, no Moisés, quien mató a los hijos de Aarón (Lv. 10:2) y fue Dios, no David, quien ejecutó a Uza (2 S. 6:7). Por lo tanto, Dios usa a Pedro como su vocero, pero es Dios mismo quien ejecuta la pena de muerte contra Ananías. En el caso de Safira, Pedro dicta el veredicto que Dios ejecuta (v. 9). El énfasis en el relato de la muerte de Ananías no cae en ciertos factores físicos y sicológicos que resultan en un ataque de corazón, sino en la ejecución del veredicto de Dios (c.f. Is. 11:4).

-b. “Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron”. Dios quiere que su iglesia se mantenga pura y sin mancha. Él quita la culpa por el pecado de Ananías quitándoles a él y a su esposa de en medio de la comunidad de los cristianos primitivos. Si Dios hubiera dejado este pecado sin su castigo, la iglesia no habría tenido defensa contra la acusación de que Dios toleraba un engaño contra él y contra su pueblo. Ahora, en el comienzo de su ministerio, la iglesia está libre de tal cargo.

   Con frecuencia Lucas describe el miedo y el pavor del pueblo (2:43; 5:11; 19:17). Los creyentes que vieron la muerte de Ananías fueron llenos de temor, y otros que oyeron la noticia por boca de estos testigos fueron también presa de un santo pavor. Todos entendieron aquella verdad de que “la venganza de Dios es terrible los engañadores”.

-c. “Y levantándose los jóvenes”. La Escritura no nos dice que los jóvenes hayan tenido un oficio especial o que la tarea de sepultación haya estado confiada a ellos. En la primera epístola de Pedro encontramos otro pasaje que usa la expresión jóvenes. Allí Pedro exhorta a los jóvenes a “estar sujetos a los ancianos” (1 P. 5:5; y 1 Ti. 5:1; Tit. 2:1–6).

   Las costumbres y prácticas de aquellos tiempos difieren de lo que es convencional en el día de hoy (en climas fríos). Debido al calor en Israel, las sepultaciones tenían lugar el mismo día que la persona moría. Especialmente cuando un cuerpo estaba bajo juicio divino, era sepultado de inmediato (c.f. Lv. 10:4 [el contexto amplio]; Dt. 21:23; Mt. 27:57–59; Jn. 19:31; Gá. 3:13)). Es más, el cadáver de alguien condenado por Dios profanaba el santuario donde se reunían los creyentes. Los apóstoles pidieron a los jóvenes sacar de allí el cuerpo y prepararlo para ser sepultado. Los jóvenes envolvieron el cuerpo de Ananías y lo sepultaron, probablemente en una tumba labrada en la roca en las afueras de Jerusalén. Es probable que cubrieran la tumba con una piedra.

Consideraciones doctrinales en 5:1–6

   Dos asuntos en el relato sobre la muerte de Ananías exigen un análisis. Primero, ¿por qué no se le dio a Ananías la oportunidad de arrepentirse? Recuérdese que cuando Pedro confrontó a Simón el mago, quien les ofreció dinero para comprar el poder del Espíritu Santo, él le mandó a que se arrepintiera (8:22; también 2:38). Nos atrevemos a pensar que quizás Ananías era un judío que conocía las Escrituras desde su infancia y más tarde en su vida llegó a conocer la verdad cuando fue bautizado en el nombre de Jesús. Por contraste, Simón vivía en completa oscuridad espiritual al ser un practicante de la hechicería. Él fue bautizado porque creyó (8:13) aun cuando su fe no era genuina. Cuando quiso comprar el poder del Espíritu, Pedro lo reprendió y lo llamó a que se arrepintiera para ser librado de las garras de Satanás.

   Tanto Ananías como Safira mintieron al Espíritu Santo (vv. 3–4) y se pusieron de acuerdo para tentar al Espíritu de Dios (v. 9). Aunque no blasfemaron contra el Espíritu, ellos deliberadamente tentaron al Espíritu Santo. Y como los israelitas que tentaron a Dios perecieron en el desierto, así Ananías y su mujer sufrieron las mismas consecuencias. El autor de la Epístola a los Hebreos comentando sobre la muerte de un blasfemo, pregunta: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (10:29). Y concluye diciendo que “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (v. 31). Ananías y Safira insultaron al Espíritu Santo, y lo tentaron. Como consecuencia de ello, perecieron.

   Tomemos una simple ilustración del diario vivir como paralelo de la disciplina aplicada por Dios a Ananías y Safira. Cuando un padre enfrenta la tarea de disciplinar a uno de sus hijos que se ha portado mal, los otros niños de la familia que observan la acción disciplinaria guardan silencio. Saben que la disciplina es necesaria y justificada. También saben que hay tiempo para hablar y tiempo para callar. Cuando la disciplina está siendo aplicada, es tiempo de enmudecer.

   Consideremos un segundo asunto. ¿Por qué los apóstoles no notificaron a Safira de la muerte y sepultación de Ananías? No tenemos la respuesta exacta a esta pregunta, porque el relato no nos da toda la información al respecto. Sin embargo, podemos entender que cuando la congregación se dio cuenta que Dios había castigado a Ananías con una muerte repentina, ellos sabían que el cuerpo de la persona maldecida por Dios tenía que ser sacado y sepultado ese mismo día. (Dt. 21:23). En el caso de los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, que murieron en el altar, Moisés ordenó a sus primos que sacaran los cuerpos, “aun con sus túnicas” y los sepultaran (Lv. 10:5). A Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar no se les permitió hacer duelo por los muertos. Además, debe recordarse que cualquiera que tocara un cadáver era considerado inmundo por siete días (Nm. 19:11).

   Los jóvenes retiraron el cuerpo de Ananías del lugar para eliminar el peligro de contaminación. Sabiendo que el juicio de Dios había caído, no hicieron ningún intento de duelo ni notificaron a sus parientes cercanos. Al sepultar a Ananías lo más pronto posible, libraron al lugar de la maldición que había caído sobre Ananías.

4° Titulo:

Diferente fin entre el creyente verdadero y el falso. Salmo 1:6. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

   Comentario: Conclusión: La gran diferencia al final, v. 6

   El salmista está mostrando el contraste entre los justos y los malos, pero sólo ahora al final del Salmo, en los vv. 5 y 6 usa la palabra justos. Al principio del salmo el creyente quedó “fuera de moda” porque no participó con los malos, pero al final el malo queda “afuera”.

Semillero homilético

Tres aspectos de la vida

1:1–6

Andar en uno de dos caminos:

El camino de los justos: prosperidad y felicidad.

El camino de los malos: angustia y temor.

Estar en dos situaciones:

Arraigados: presentes, en la congregación de los justos.

Desarraigados: ausentes, no se levantarán los impíos en el juicio, v. 5.

Sentarse en dos sillas:

Con los escarnecedores: Son como el tamo que arrebata el viento, v. 4.

Con los justos: En la ley de Jehovah está su delicia, v. 2.

    Jehovah conoce el camino. Esta frase contiene un mundo de significado. “Conocer” en heb. es mucho más que un saber. Según pasajes como Oseas 13:5; Amós 3:2 y Exodo 1:8, indica una relación especial, un cuidado sobre la persona. Entonces Dios cuida y guía el camino del justo. Esta verdad se nota a menudo en los salmos.

   Otra vez habla del camino. La vida del que sigue a Dios es un camino, significa un estilo de vida, es un andar con Dios. Aquí se usa la misma palabra para el camino de los impíos. La vida de los malos también es una manera de vivir, implica un estilo de vida. Pero este camino está destinado a la destrucción. Entonces, ¿por qué hay tantos cristianos que quieren copiar tal estilo de vida?

   El Salmo 1 presenta dos caminos, dos estilos de vida, con dos destinos. Nos enseña por medio del contraste. Pero este contraste llama a una decisión definida. Cada ser humano tiene que decidir cuál de estos caminos sigue.   Si escoge el del bienaventurado, los demás salmos le ayudarán a seguirlo y desarrollar este estilo de vida, en comunión con Dios. Nos hace recordar la misma decisión que Jesús pidió y enseñó por un contraste: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición… pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! (Mat. 7:13, 14).

Amen, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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