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“Lugar De Castigo Eterno; El Lago Que Arde Con Fuego Y Azufre”

“Lugar De Castigo Eterno; El Lago Que Arde Con Fuego Y Azufre”

Lunes 31 de diciembre de 2018

   Lectura Bíblica: Apocalipsis Cap. 20, versículo 10. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

   Comentario: Versíc. 10. Y el diablo que los engañó fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde se encuentran tanto la bestia como el falso profeta. Y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

   Hay una repetición intencional en Apocalipsis en cuanto al lago de fuego y azufre. Se trata del supuesto lugar donde la gran prostituta fue quemada (17:16); la bestia y el falso profeta son arrojados a este lago abrasador (19:20); y como último, Satanás comparte un destino similar. En la segunda mitad de Apocalipsis (cap.12–22), se menciona primero a Satanás (cap. 12), luego a la bestia que sale del mar y a la bestia que sale de la tierra (cap. 13), y por último a la gran prostituta (cap. 17). Con respecto a su destrucción, Babilonia la grande, como la prostituta que sufre derrota y destrucción, se menciona primero (cap. 18), luego la bestia y el falso profeta (cap. 19) y por último Satanás (cap. 20). Satanás, como primero y último, refleja una imitación de Cristo, quien es el primero y el último, el principio y el fin (1:17; 2:8; 22:13). La diferencia, sin embargo, es la que hay entre vida y muerte.

   Interpreto el cuadro de la perdición de Satanás como que sucede al mismo tiempo que cuando la bestia y el falso profeta son arrojados al lago de fuego. Estos tres hacen la misma guerra en la que todos ellos caen derrotados y son destruidos. Juan describe a Satanás como el perdedor, el que trató de destruir al niño varón, pero fracasó (12:5). Satanás hizo una guerra en el cielo y perdió (12:9), fue encadenado y mantenido en el abismo (20:3), y fue enviado a su destino final al ser arrojado al lago de fuego y de azufre ardiente.

   El odioso trío (Satanás, la bestia y el falso profeta) serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Primero, nótese que la expresión día y noche también aparece en la sala del trono, donde los cuatro seres vivientes cantan loas a Dios día y noche sin cesar (4:8). En contraposición, los que son arrojados al lago de fuego son atormentados día y noche por los siglos de los siglos (véase también 14:11). Luego, todos aquellos cuyos nombres no están registrados en el libro de la vida sufren un destino similar: estarán eternamente con Satanás y las dos bestias (v. 15). Tercero, las Escrituras no enseñan en ninguna parte que su tormento llegará en algún momento a su fin. Por el contrario, Jesús dijo, «Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» (Mt. 25:41, la cursiva indica énfasis). Por último, el tormento que este trío debe sufrir es de angustia espiritual y mental. Entran a este estado eterno de sufrimiento cuando todos los incrédulos se presentan ante el tribunal de juicio. En ese momento todos ellos entran a su «segunda muerte», lo cual significa que quedan por siempre separados del Dios vivo.

1er Titulo:

Lugar De Tormento Preparado, Para El Diablo Y Sus Ángeles. San Mateo 25:41. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 

   Comentario: Jesús ahora se dirige a los de su izquierda y al hacerlo muestra que no solamente los seres humanos sino aun los ángeles son juzgados. Cf. 8:29; 2 P. 2:4; Jud. 6; Ap. 20:10, 14, 15. 41. Entonces hablará también a los de su izquierda (diciendo): Apartaos de mí, malditos, al fuego perpetuo preparado para el diablo y sus ángeles … Este pasaje describe el castigo de los malvados como que consiste de: a. separación (Apartaos de mí); b. asociación (“preparado para el diablo y sus ángeles”); c. fuego (“al fuego perpetuo”), a lo que hay queagregar d. (véase el v. 30) tinieblas (“a las tinieblas más lejanas”).

   Hay que tener presente que los más terribles tormentos del infierno son para quienes, aunque conocían el camino, lo rechazaron (Lc. 12:47, 48). En primer lugar, entonces, el infierno significa separación. Los impíos oirán las terribles palabras, “Apartaos de mí, malditos”, que es lo opuesto de “Venid, benditos”. Además de 25:41, véanse también 7:23; Lc. 13:27. Ellos “irán” al castigo perpetuo (25:46). La morada de ellos será “afuera” del salón del banquete, de la fiesta de bodas, de la puerta cerrada (8:11, 12; 22:13; 25:10–13). Adentro está el esposo. Adentro están también todos los que aceptaron la invitación antes que fuera demasiado tarde. Afuera están los hijos del reino que, habiendo despreciado el llamado de la gracia, ahora llaman en vano a la puerta (Lc. 13:28). Afuera están los perros (Ap. 22:15). Los impíos son arrojados a lo más profundo del abismo sin fondo (Ap. 9:1, 2; 11:7; 17:8; 20:1, 3).

   Así se hunden para siempre alejados eternamente de la presencia de Dios y del Cordero. En segundo lugar, el infierno significa asociación, la más repugnante de todas las compañías. Los impíos habitarán para siempre con el diablo y sus ángeles, para los cuales fue preparado el fuego eterno.

   Entonces, en tercer lugar, el infierno es un lugar de fuego, de las llamas. Este es el lenguaje usado a través de todas las Escrituras (Is. 33:14; 66:24; Mt. 3:12; 5:22; 13:40, 42, 50; 18:8, 9; Mr. 9:43–48; Lc. 3:17; 16:19–31; Jud. 7; Ap. 14:10; 19:20; 20:10, 14, 15; 21:8).

   Este fuego no se puede apagar. Devora por siempre jamás.

   En cuarto lugar, el infierno es la morada de tinieblas (8:12; 22:13), el lugar donde los espíritus malos están guardados “bajo oscuridad, en prisiones eternas” (Jud. 6). Para los inconversos está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas (Jud. 13).

   Esta descripción da lugar a preguntas: a. “¿Cómo es posible que los impíos sean expulsados de la presencia de Dios?” ¿No es Dios omnipresente? (Sal. 139:7–12). Respuesta: Aunque por cierto Dios está en todas partes, su presencia no es en todo lugar una presencia de amor. Es de esta presencia de amor, paciencia y amonestación que los impíos son expulsados para siempre. b. Si el infierno es un lugar de fuego, de llamas, de incendio, ¿cómo puede ser también la morada de tinieblas?” Respuesta: El fuego y las tinieblas no son necesariamente mutuamente excluyentes. Por ejemplo, por cierta forma de radiación una persona puede quemarse gravemente, aunque esté en una sala oscura. Ha ocurrido. Además, hablamos del ardor de la sed y de la fiebre. Por lo tanto, es posible que, en algún sentido literal, semiliteral y por lo menos físico, el infierno sea un lugar de fuego, aunque también sea la habitación de tinieblas. Además, la expresión “fuego eterno” aquí en 25:41 podría ser usada principalmente como un símbolo. Por lo menos el sentido físico no agota su significado. El fuego eterno ha sido preparado para el diablo y sus ángeles, sin embargo, éstos son espíritus. Además, la Escritura frecuentemente asocia otros dos conceptos con el de fuego, a saber, la ira divina y la angustia humana (Dt. 32:22; Sal. 11:6; 18:8; 21:9; 97:3; 140:10; Jer. 4:4; Am. 1:4, 7, 10, etc.; Nah. 1:6; Mal. 3:2 y Ap. 14:10, 11). Véase también sobre Mt. 27:45, 46.

2° Titulo

Triste Fin Del Alma Y Cuerpo Que No Anduvo En La Voluntad De Dios. San Mateo 10:28. Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

   Comentario: La segunda razón porque todo podría ser proclamado sin temor, algunas cosas ahora, otras después, se declara en el v. 28. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma … Sea lo que los enemigos quieran hacer, hay una cosa que no pueden hacer: matar la psique, esto es, el alma, la parte del hombre que es inmaterial e invisible.

    En cuanto a la distinción entre psique (alma) y pneuma (espíritu), cito lo siguiente de mi libro La Biblia y la vida venidera.

    “En ningún lugar dice la Escritura que el hombre está compuesto de tres partes. Léase Gn. 2:7 y se verá que en el relato de la creación del hombre queda manifiestamente afirmada su doble naturaleza. Se podría dar aquí una larga lista de pasajes en los que se ve que los escritores inspirados de la Biblia eran dicotomistas. En dicha lista incluiríamos pasajes tales como Ec. 12:7; Mt. 10:28; Ro. 8:10; 1 Co. 5:5; 7:34; Col. 2:5; y Heb. 12:9452 … Ambos términos hacen referencia a aquella parte de la personalidad humana que es inmaterial e invisible. Sólo existe un elemento nada más, bien que, por lo menos, se le dan dos nombres. Ahora bien, es cierto que cuando la Biblia se refiere a ese elemento inmaterial en su relación con el cuerpo, a las sensaciones y procesos corporales o físicos, a la vida terrenal, en suma, con sus sentimientos, afectos, gustos y aversiones, generalmente emplea el término alma (psique); por ejemplo: ‘los judíos excitaron los ánimos de los gentiles’. Es cierto también que cuando se hace referencia al mismo elemento inmaterial considerado como objeto de la gracia de Dios y como sujeto de culto, se usa el término espíritu (pneuma) más frecuentemente (Pablo siempre lo utiliza cuando su propósito es indicar el significado que acabamos de decir); por ejemplo: ‘Mi espíritu ora’ (1 Co. 14:14). Pero la cuestión no se reduce a algo tan sencillo como esto. En varias ocasiones ambos términos, alma y espíritu, se utilizan de modo intercambiable, con ninguna o casi ninguna diferencia en la connotación. Veamos un ejemplo. Lc. 1:46, 47: ‘Mi alma (psique) engrandece al Señor, y mi espíritu (pneuma) se regocija en Dios mi Salvador’.

   “La conclusión, por tanto, es la siguiente: cuando hablemos del elemento invisible e inmaterial del hombre, tenemos perfecto derecho a llamarlo alma o espíritu. Y si alguien hablando con nosotros nos dice que el alma humana no es otra cosa que la parte o sustancia inmaterial invisible inferior del hombre, algo que vale menos que el espíritu, podemos preguntarle qué opina de la obra de ganar almas, si no cree que su alma es salva, y si no está de acuerdo en que le es mejor al hombre perder el mundo que perder su alma. Una vez dilucidada esta cuestión, pidámosle que cante con nosotros aquel hermoso himno que dice ‘Bendice, alma mía, a Jehová’ (Sal. 103)”.

   En cuanto a los diversos matices de significado que se da en el Evangelio de Mateo a la palabra “alma”, véase nota al pie de esta página.

   Entonces, Jesús está advirtiendo contra el error trágico de estar siempre llenos de temor por causa de quienes pueden matar el cuerpo, como si el cuerpo fuera más importante que el alma. Prosigue: más bien temed a quien puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno. Casi no es necesario añadir que “quien” se refiere a Dios. Al omitir el nombre mismo de Dios se pone más énfasis sobre el carácter y la actividad de Dios, esto es, sobre lo que él es y lo que él puede hacer. La palabra “destruir” se usa aquí no en el sentido de aniquilación, sino en el de infligir un castigo eterno a una persona (25:46; Mr. 9:47, 48; 2 Ts. 1:9). En cuanto a la palabra “infierno”, que en el original de este pasaje es Gehenna (como también en 5:22, 29, 30; 18:9; 23:15, 33; Mr. 9:43–47; Lc. 12:5; Stg. 3:6), generalmente se refiere a la habitación de los malos, en cuerpo y alma después del día del juicio. Cuando la misma habitación se llama Hades, la referencia es al tiempo antes del juicio, aunque Hades tiene también otros significados en las Escrituras.

   Entonces Jesús está diciendo que hay un futuro eterno tanto para el alma como para el cuerpo. Ninguna de las dos partes será aniquilada. Pero a quienes le rechazan les aguarda la “destrucción” eterna. El esfuerzo de salvar el cuerpo para que siga existiendo aquí y ahora por un breve lapso, mientras se descuidan los intereses eternos de la persona eterna, alma y cuerpo, es verdaderamente una necedad, como el cambiar un peligro menor por uno mayor. Véase Lc. 12:13–21. Al proclamar el mensaje del reino con valentía los discípulos recibirán la seguridad de la vida eterna para la gloria de Dios. Además, serán una bendición para sus semejantes. Que tengan pues temor de Dios. Que lo reverencien a aquel en cuyas manos están ellos mismos eternamente seguros, en cuerpo y alma. Que no tengan temor de oponentes terrenales que sólo pueden hacer tan poco daño.

3er Titulo:

Juicio Final Para Los Que Rechazan La Gracia Del Señor. Apocalipsis 20:13-14. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

   Comentario: Versíc. 13. Y el mar devolvió a los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades devolvieron a los muertos que estaban en ellos, y cada uno fue juzgado según sus obras.

1. «Y el mar devolvió a los muertos que estaban en él». La Biblia ve al mar como una fuente de temor. Jonás superó su temor cuando, gracias a una desobediencia voluntaria, subió a un barco que partió en dirección oeste directamente opuesta a Nínive a donde tenía que ir por instrucciones de Dios (Jon. 1:3). Pablo viajó sobre todo por tierra y alguna que otra vez en barco, debido a sus prisas o necesidades.

   Y Juan, cuando escribe acerca de los nuevos cielos y de la nueva tierra, menciona que «el mar ya no existía» (21:1). El caprichoso e impredecible mar no tiene cabida en la nueva creación. Después de haberse apoderado de las vidas de innumerables multitudes, el mar, por orden de Dios, devolvió a los muertos que estaban en él. El mar simboliza un poder demoníaco que contiene los invisibles sepulcros de sus víctimas. Los antiguos daban gran importancia a la sepultura, que no podían recibir quienes eran engullidos por el mar, y cuyos cuerpos se descomponían. Era un acto de irreverencia que un cadáver quedara insepulto, en este caso debido al poder del mar (compárese Jer. 8:1–2; 14:16; Ez. 29:5). Algunos estudiosos comentan que la desaparición del cielo y de la tierra (v. 12) parece entrar en conflicto con la presencia del mar. Pero estamos frente a un asunto de libertad que tiene un autor de situar «eventos en sentido inverso a su orden lógico (véase 3:3, 17; 5:5; 6:4; 10:4, 9; 22:14)».

2. «Y la muerte y el Hades devolvieron a los muertos que estaban en ellos, y cada uno fue juzgado según sus obras». Si el mar es un poder que retiene a los muertos, también lo son la muerte y el Hades, que siempre se mencionan juntos en Apocalipsis (v. 14; 1:18; 6:8). Jesús detenta las llaves tanto de la muerte como del Hades, con lo que les quita su autoridad. Ahora ha llegado el momento de juzgar para determinar el destino eterno de toda persona, sin tener en cuenta si murieron ahogadas, por homicidio o de causas naturales. Aparte del hecho de que multitudes de pecadores están frente al tribunal de Dios, se examinarán con cuidado los registros de cada persona y se pronunciará el veredicto de inocencia o culpabilidad. No hay tiempo ni es el lugar para arrepentimiento, porque este formaba parte del tiempo cósmico. Los veredictos son irrevocables.

   Versíc. 14. Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la segunda muerte, el lago de fuego. 15. Y si alguien no está escrito en el libro de la vida, es arrojado al lago de fuego.

   La expresión lago de fuego se encuentra sólo en Apocalipsis, un total de seis veces (19:20; 20:10, 14 [dos veces], 15; 21:8). Juan explica el significado de esta frase al identificarla con la segunda muerte. Es el lugar donde los malos quedan para siempre separados del Dios vivo y sufren por la eternidad los tormentos del infierno. Es el lugar donde los malvados pasan su eternidad. Pero ¿cómo entendemos los términos muerte y Hades? Primero, muerte es un estado y Hades un lugar. Luego, los dos están íntimamente conectados, como en el cuarto sello donde el jinete en el caballo amarillento es la Muerte, y el Hades lo sigue muy de cerca (6:8). Hades, como el lugar donde permanecen las almas de los incrédulos, no se identifica con el sepulcro en el que descansan tanto creyentes como incrédulos. Por el contrario, el infierno es el lugar de eterno sufrimiento. Cuando tanto la muerte como el Hades son arrojados al lago de fuego, ha concluido la autoridad que ejercían durante el tiempo cósmico.

   Si la muerte y el Hades son arrojados al lago de fuego, que es lo mismo que la segunda muerte, ¿continuará su autoridad en ese estado y en ese lugar? Su poder transitorio se convertirá en permanente en el lago de fuego sobre los incrédulos que sufren en el infierno. La angustia y sufrimiento de los malos en el infierno es inimaginable. La parábola del hombre rico (Lc. 16:19–31) describe el infierno como agonía, fuego y un lugar de tormento. Allá el rico estaba separado de Abraham y Lázaro en el cielo, y allá sufría la segunda muerte que es tanto espiritual como física.

   Juan llega a la conclusión de su visión del juicio, y una vez más subraya la suerte de los malos. Sus nombres no están inscritos en el libro de la vida y, por tanto, son arrojados al lago de fuego. «¡No todas las personas perdidas pasarán por los sufrimientos de Judas! Dios será perfectamente justo, y cada persona sufrirá exactamente lo que se merece».

   El consuelo que recibe el pueblo de Dios es que sus nombres están inscritos en el libro de la vida; son la posesión del Cordero que fue inmolado por ellos. Juan vincula la expresión libro de la vida con el Cordero (13:8; 21:27). Estar para siempre con el Cordero es la recompensa que otorga a aquellos cuyos nombres están en el libro de la vida.

4° Titulo:

Cristo El Señor, Es La Puerta Para Escapar Del Infierno. San Juan 3:17 al 19. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 

   Comentario: Versíc. 17. En estrecha relación con el anterior, el versículo 17 prosigue así: Porque Dios envió a su Hijo al mundo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él.

   Según creían los judíos, cuando el Mesías viniera condenaría a los paganos. El Día del Señor traería castigo para las naciones que habían oprimido a Israel, pero no para Israel.

   Amós ya había censurado con gran severidad esta interpretación equivocada de las profecías (Am. 5:18–20), pero ellos nunca la abandonaron. Las palabras de Jesús van dirigidas contra este exclusivismo judío. El versículo 17 indica claramente:

a. que el propósito redentor de Dios no se limita a los judíos, sino que abarca a todo el mundo (hombres de toda tribu y nación, considerados en conjunto).

b. que el objetivo principal de la primera venida de Cristo no era el condenar sino el salvar.

   Es cierto que el verbo que se tradujo por condenar (κρίνῃ de κρίνω) tiene en el original un sentido muy amplio. Nuestra palabra discriminar, que proviene de la misma raíz, nos señala la idea básica: separar. De ésta, a su vez, viene la idea de seleccionar una cosa y no otra; y de ahí, juzgar, decidir. Aunque en este mundo pecador juzgar significa con frecuencia condenar, la palabra empleada en el original también puede tener ese sentido, que se expresaría más exactamente con el término κατακρίνω. El hecho de que aquí, en 3:17, tenga (o al menos se aproxime a) ese significado está demostrado por el antónimo: salvar. La salvación, en el sentido más completo de la palabra (liberación no sólo del castigo sino del mismo pecado, y la dádiva de la vida eterna), era lo que Dios tenía preparado para el mundo al cual envió su Hijo; no condenación sino salvación.

    Esto hace surgir una pregunta: ¿Hemos de decir, entonces, que el propósito de la primera venida de Cristo fue el traer salvación, mientras que el propósito de su segunda venida será el de traer condenación (o juicio, por lo menos)? Pero, como el versículo 18 indica, el asunto no es tan simple como parece. Nadie tiene que esperar hasta el día de la gran consumación para recibir su sentencia. En aquel día, por supuesto, sucederá algo muy importante: el veredicto será públicamente proclamado (5:25–29). Pero la decisión en sí misma, que es la base de esta proclamación pública, ya se ha hecho hace mucho tiempo:

   Versíc. 18. El que en él cree, no es condenado (o juzgado); pero el que no cree ya está condenado.

   Jesús divide a todos los que oyen el mensaje de salvación en dos grupos, cada uno de los cuales está representado por un individuo:

(1) El que permanece en Cristo por la fe no es juzgado; esto es, nunca se pronunciará contra él una sentencia de condenación. Desde ahora aparece sin culpabilidad ante los ojos de Dios.

(2) El que rechaza a Cristo y no cree en él como el Hijo unigénito de Dios (sobre este término véase 1:14) no tiene que esperar al juicio final, como si el veredicto se aplazara hasta entonces. Por el hecho mismo de su obstinada incredulidad, ya ha sido condenado, y por lo tanto permanece en ese estado.

    Versíc. 19. En este versículo se anuncia el veredicto contra estos obstinados rechazadores. Poco se ha de comentar aquí, por cuanto la mayor parte de las ideas y conceptos de este pasaje ya se han explicado. Y este es el juicio. La palabra juicio (κρίσις) significa (en este contexto) decisión o veredicto divino. (Véase también sobre 3:17, el término κρίνω.) Para la cláusula: que la luz ha venido al mundo, véase 1:4, 5, 9, 10, 11. Sobre el vocablo mundo véase 1:10; nota 26. Sobre tinieblas véase 1:5, y sobre luz, 1:4. Pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

   Podríamos parafrasear el pensamiento del versículo 19 de este modo: Y con respecto a los que rechazan al unigénito Hijo de Dios, éste es el veredicto divino: Que Cristo, que es en sí mismo la Luz—el amor y la verdad, y todos los atributos de Dios, en forma corporal—, a través de la palabra profética y especialmente por medio de su encarnación, vino a morar con la humanidad caída; pero, aunque algunos lo aceptaron, la inmensa mayoría prefirieron las tinieblas morales y espirituales del pecado (ceguera espiritual, aborrecimiento de los hermanos, etc., véase especialmente 1 Jn. 2:11, pero también 8:12; 12:35, 46; y 1 Jn. 2:8, 9). De hecho, amaron realmente esas tinieblas; y la razón no fue que eran ignorantes por no haber oído nunca el evangelio, sino más bien que sus obras eran malas.

Promesa: Numero 23:19-20. Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla. 

Amen, para gloria de Dios

1a de Corintios 10.31. 31 si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

“Espero con ansias la llegada de este nuevo año para seguir avanzando hacia mis sueños.

Deseo para cada uno de ustedes un año propicio para que lleven a cabo sus propósitos, que nada les impida alcanzar sus sueños. Feliz Año Nuevo a todos, mis hermanas/os, amigas/os”.

Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP. Comentario Mundo Hispano.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.