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Lunes 22 de abril de 2019: “La obra de redención consumada y la puerta de salvación abierta”

Lunes 22 de abril de 2019: “La obra de redención consumada y la puerta de salvación abierta”

“La Obra De Redención Consumada Y La Puerta De Salvación Abiertas”

   Lectura Bíblica: San Mateo Cap. 27, versículos 50 al 53. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 

   Comentario: La muerte: Versíc. 50. Y Jesús, habiendo gritado otra vez en fuerte voz, entregó el espíritu. Nótese “con fuerte voz” mostrando que el Sufriente no dejó que su vida se le escurriera. El no murió a causa del agotamiento físico sino voluntariamente. Dio su vida, la derramó, la puso (Is. 53:12; Jn. 10:11, 15), o, como aquí, la entregó. Sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando se ofreció a sí mismo como sacrificio vicario. Esto es claro por sus dos últimas palabras, la sexta: “Consumado es” (Jn. 19:30), con lo que quería decir que la obra que su Padre le había encomendado ahora se había cumplido; que ahora había dado su vida en rescate por muchos (Mt. 20:28); y la séptima: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46), demostrando que había recobrado completamente la consciencia de la presencia amorosa del Padre y estaba confiando su espíritu al cuidado amoroso del Padre. El Padre lo recibió en gloria y la mañana de la resurrección restauró el espíritu del Hijo a su cuerpo para no volver a morir. Es consolador saber que cuando Jesús se fue al Paraíso no fue solo, sino que llevó consigo el alma del ladrón arrepentido (Lc. 23:43).

Señales

   La oscuridad se disipó (27:45). La muerte substitutiva de Jesús trae luz (salvación) a un mundo perdido en pecado, es decir, a todos los que le aceptan por medio de una fe viva. Hubo también otras señales, las que se mencionan claramente aquí en los vv. 51–53. Y, ¡Fíjese!, el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo.

   a. El velo roto

   En base a Heb. 6:19; 9:3 y 10:20 es natural pensar de este velo como el interior, “el segundo velo”, el que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Esta cortina interior es la descrita en Ex. 26:31–33; 36:35; 2 Cr. 3:14. Según se describe en estos pasajes se habían entretejido hilos de azul, púrpura y escarlata en una tela de lino blanco, de tal modo que estos colores formaban un conjunto de querubines, los ángeles guardianes de la santidad de Dios que parecían cerrar simbólicamente el paso hacia el Lugar Santísimo.

   En el momento de la muerte de Cristo este velo se rasgó repentinamente en dos de arriba abajo. Esto ocurrió a las tres de la tarde, cuando los sacerdotes debieran estar atareados en el templo. ¿Cómo ocurrió? No por desgaste natural, porque en ese caso probablemente se habría roto en diversas partes y la rotura se habría producido más probablemente desde abajo hacia arriba. Tampoco es probable que Mateo esté tratando de dar la idea de que la ruptura del velo fue causada por el terremoto. Si esta hubiera sido su intención, ¿no habría mencionado el terremoto antes de la rasgadura del velo? Lo sucedido debe ser considerado un milagro. No se menciona ningún medio secundario usado para efectuarlo y sería inútil especularlo. En cuanto al significado simbólico, esto queda en claro por dos consideraciones: primero, ocurrió exactamente en el momento en que Jesús murió; en segundo lugar, se explica en Heb. 10:19, 20: por la muerte de Cristo, simbolizada por la rotura del velo, queda abierto el camino al “Lugar Santísimo”, esto es, el cielo, para todos los que se refugian en El. La lección práctica véala en Heb. 4:16. Podría haber más que esto implícito, pero si limitamos la interpretación a esto estamos pisando terreno firme.

   b. El terremoto, piedras se parten, sepulcros se abren

   Parece haber una estrecha relación entre estas tres cosas; la segunda y la tercera señal mencionadas probablemente fueran resultado de la primera: la tierra tembló, las rocas se partieron y los sepulcros se abrieron. Esto muestra que la muerte del Salvador tenía—y aún tiene—significado para todo el universo. Por lo menos hasta aquí todo es claro. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1), lo cual sin la muerte expiatoria de Cristo no habría sido posible. Véase sobre Col. 1:20; cf. Ro. 8:21; 2 P. 3:13. Otras ideas— tales como la que dice que ahora las piedras estaban clamando porque ningún discípulo estaba cerca de la cruz alabando al Señor (cf. Lc. 19:40); que el temblor del Calvario fue la respuesta al Sinaí, como si se dijera: “La maldición pronunciada en el Sinaí ahora ha sido quitada”—son demasiado especulativas para tener gran valor. Fue Dios quien hizo que en el momento de la muerte de Cristo la tierra temblara.

   Este terremoto fue grande, porque se formaron grandes fisuras en las rocas y aun los sepulcros se abrieron.

   c. Santos resucitados

   Y muchos cuerpos de santos que habían dormido fueron resucitados y habiendo dejado los sepulcros, después de la resurrección (de Jesús) entraron a la santa ciudad y aparecieron a muchos. Con referencia a este misterioso acontecimiento hay muchasinterpretaciones diferentes. Véase en la nota algunas que no puedo aceptar. No se dicequiénes eran estos santos. Sin embargo, lo siguiente es claro:

   Primero, fue una resurrección verdadera y no solamente una aparición de cadáveres.

   Segundo, ocurrió en el momento mismo de la muerte de Cristo y junto con las otras señales apuntaba al significado de esa muerte.

   En tercer lugar, es verdad que el original puede ser interpretado de dos maneras, dependiendo de cómo analizamos la frase “después de la resurrección (de Cristo)”; si concebimos el sentido como “habiendo dejado sus tumbas después de su resurrección” o “después de su resurrección se fueron …” Pero, ¿es razonable creer que estos santos con sus gloriosos cuerpos resucitados permanecieron en las tinieblas y corrupción del sepulcro desde la tarde del viernes hasta la mañana del domingo? Con toda probabilidad el sentido es que estos santos fueron resucitados y dejaron sus sepulcros en el momento de la muerte de Cristo. No fue sino hasta después de la resurrección de Cristo que entraron en Jerusalén y aparecieron a muchos. No se explica donde estuvieron desde el momento que dejaron sus sepulcros hasta que aparecieron a muchos en lo que aún se llama “la santa ciudad” (¡!), del mismo modo que no se indica el paradero de Jesús durante los intervalos entre sus apariciones después de su resurrección.

   En cuarto lugar, todo parece señalar hacia el hecho de que estos santos no volvieron a morir. Debe ser que, después de haber aparecido a muchos por algún breve período, Dios los haya llevado—ahora cuerpo y alma—para estar con él en el cielo, donde sus almas habían estado anteriormente.

   Finalmente, esta señal, como las descritas en los vv. 51, 52a, es profética. Muestra que la muerte de Cristo garantiza nuestra resurrección gloriosa en la segunda venida de Cristo.

   Resumiendo, la importancia de estas señales, se puede decir que indican el significado de la muerte de Cristo para los hijos de Dios en todo clima y nación: acceso libre al trono de Dios y a su santuario celestial por medio de la muerte de Cristo; la herencia de un universo maravillosamente renovado; y una gloriosa resurrección a una vida que no verá jamás la muerte. Luego, todas estas señales también enfatizan la majestad de la persona que dio su vida en rescate por muchos. Particularmente pone énfasis en la rica significación de su muerte.

1er Titulo:

Manifiesto Amor Hacia El Salvador Que Tendrá Justa Recompensa. San Juan 19:38 al 40. Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 

   Comentario: Versíc. 19:38, 39, 40. Después de estas cosas, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Así que vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con las especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.

   Unimos estos tres versículos porque José y Nicodemo actuaron de acuerdo. Deben haberse puesto de acuerdo de antemano en cuanto a qué haría cada uno. En consecuencia, llegaron totalmente preparados. Por otros Evangelios resulta claro que estuvieron presentes algunas mujeres. Véase, por ejemplo, Lc. 23:55.

   Después de haberse cumplido todo y de haber determinado que Jesús estaba muerto de verdad, José de Arimatea se presentó en la escena. Era hombre rico (Mt. 27:57), devoto (Mr. 15:43) y miembro del Sanedrín (Lc. 23:51), y que no había consentido (¿quizá por su ausencia durante la votación?) en la trama para condenar y crucificar a Jesús (Lc. 23:51). La Arimatea de la que procedía era probablemente la antigua Ramataim-zofim, situada a un poco más de treinta y cuatro kilómetros al noroeste de Jerusalén, o a veintidós kilómetros directamente desde Joppa.

   Había sido discípulo de Jesús sólo en forma secreta. Se había llenado de un temor pecaminoso; pensando, quizá, que, si hacía algo por Jesús, los otros miembros del Sanedrín lo separarían del consejo, y no sólo de su consejo sino incluso de la sinagoga. Véase sobre 7:13; 9:22; y 20:19. Pero ahora, como fruto de la muerte expiatoria de Cristo y de su amor por él, este hombre de repente se ha vuelto muy valiente. Acude a Pilato para pedir el cuerpo de Jesús. Mr. 15:43 pone de relieve la valentía de este acto. La valentía se manifiesta sobre todo en que actuó a pesar del hecho de que sabía que sus colegas del Sanedrín se enterarían de ello.

   Pilato, habiéndose asegurado de que Jesús había muerto de verdad (Mr. 15:44), le concedió la petición. Así, pues, José regresó al Calvario y, con la ayuda de otros, bajó el cuerpo de la cruz. No se ha revelado cómo lo hicieron. Dejaremos que los artistas llenen este vacío.

    Lo que sí sabemos es que José contó con la cooperación voluntaria de Nicodemo. En cuanto a Nicodemo véase también sobre 3:1–21 y en 7:50–52. En tanto que José proveyó los lienzos y su propio sepulcro nuevo (Mt. 27:60), Nicodemo proveyó las especias aromáticas. Trajo una mezcla de mirra y áloes. La mirra probablemente se extraía de un pequeño árbol de madera olorosa, a saber, el balsamodendron de Arabia; los áloes de un árbol grande, el agalocha, cuya madera contiene resina y proporciona perfume en polvo. Nicodemo había traído una mezcla de los dos, en cantidad no menor a las cien libras. En cuanto a esta medida de peso, véase sobre 12:3. Cien libras de aquellas equivalían a unos treinta y dos kilogramos nuestros, contribución en nada insignificante.

    A medida que se envolvía el cuerpo, miembro por miembro, en los lienzos, se ibanuntándolos con la mezcla de mirra y áloes. Así preparaban los judíos a sus muertos parasepultarlos. No los embalsamaban como los egipcios, quienes les extraían el cerebro y lasentrañas.

   Versíc. 41, 42. Ahora bien, en el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa del día judío de la Preparación, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

   El cuerpo de Jesús fue llevado a un sepulcro. Como este sepulcro ocupa un lugar destacado en el relato de la resurrección, debe prestársele atención más que pasajera. Enumerados los puntos informativos que la Escritura (y en cierta medida la arqueología) suministra respecto a este sepulcro. Hemos seleccionado unos pocos libros de entre una lista de escritos arqueológicos recientes; véase la nota.

   (1) Su ubicación. El sepulcro estaba ubicado en la cercanía inmediata del Calvario: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto”. Como no sabemos dónde estaba el Calvario, tampoco sabemos dónde estaba este sepulcro. Véase sobre 19:17. Algunos viajeros que han visto el “Sepulcro del Huerto”, en un lugar recluido bajo una colina con forma de cráneo humano, están convencidos de que este sepulcro, con su antecámara y la espaciosa cámara sepulcral, con sólo un lugar acabado para que descansara un cuerpo, es el que menciona el Evangelio. Debe admitirse que en muchos aspectos la descripción de este sepulcro concuerda con la información que se saca de los relatos de los Evangelios. Otros que también han visto e investigado el lugar, no están del todo convencidos, y afirman que el sepulcro del huerto es probablemente de fecha mucho más reciente que el siglo primero d.C. Es probablemente imposible llegar a ninguna conclusión concreta respecto a la identidad del sepulcro en el que fue colocado el cuerpo de Jesús. ¿Y por qué habría que considerar que esto es lamentable?

   La amable providencia proveyó un sepulcro próximo. Era el día judío de la Preparación. Véase sobre 19:14, 31. En otras palabras, era viernes. Se acercaba la puesta del sol. En consecuencia, a fin de que todo pudiera concluirse antes del sábado, no se podía perder tiempo. No se podía enterrar el cuerpo de Jesús en un sepulcro alejado. El tiempo no lo permitiría.

   (2) Su novedad.

  Este sepulcro era nuevo. Véase también sobre 13:34. Era nuevo en el sentido de que no se había usado antes. Nunca habían entrado en él el deterioro y la descomposición. Era un lugar adecuado para que descansara en él el cuerpo del Señor. Cf. Sal 16:10.

   (3) Su propietario. Según Mt. 27:60 era el sepulcro del propio José. Y José era rico. En consecuencia, Is. 53:9 viene enseguida a la mente “Con los ricos fue en su muerte”.

   (4) Su aspecto general. Este sepulcro no era una cueva natural. Había sido labrado de piedra sólida (Mr. 15:46). Después de depositar el cuerpo de Jesús, José (con la ayuda de otros, naturalmente) colocó una gran piedra frente a la entrada del sepulcro (Mt. 27:60).

   Esta piedra era muy pesada (o muy grande) (Mr. 16:4). La entrada al sepulcro era baja, como se deduce del hecho de que María tuvo que inclinarse para mirar en su interior (20:11). Lo mismo tuvo que hacer Pedro (20:5; Lc. 24:12). En ambos extremos del lugar en el que se colocaba el cuerpo se había dejado la roca lo suficientemente gruesa como para formar una especie de asiento (20:12).

   Es evidente que la sala de sepultura del sepulcro de José no contenía un nicho (kôk) en el cual se introdujo el cuerpo de Jesús por uno de los dos extremos. En Palestina hay muchos sepulcros de esta clase, pero éste no era uno de esos, porque en ese caso los ángeles no hubieran podido estar sentados a la cabecera y a los pies. Parecería que la cámara sepulcral del sepulcro de José tenía no un escaño o repisa, sino un declive—un lugar en el que se había excavado el piso un poco más hondo—en el cual pudo reposar el cuerpo de Jesús.

   Imaginémonos, por tanto, el sepulcro de José. Tiene: a. una entrada baja a la cámara sepulcral; b. una piedra muy pesada (probablemente redonda, que se desliza sobre un surco) frente a esta entrada; c. un sello pegado a la piedra (a petición de los sanedritas, Mt. 27:66), es decir, una cuerda recubierta de yeso o cera, sobre el cual se había impreso un sello; véase artículo “Sello” en I. S. B. E.; d. una cámara sepulcral con relieves en los que personas se podían sentar, y entre ellos: f. un declive en el que descansó el cuerpo de Jesús.

   Algunos suponen que había un patio al descubierto o antecámara, constituido por un muro semicircular, frente a la cámara sepulcral. Otros lo niegan. Esto crea diferencias esenciales en la interpretación.

   Vemos la piedra tan pesada, el sello, el guarda. “Pongan un guarda; vayan a asegurarse lo más que puedan”, dijo Pilato a los sanedristas que fueron a molestarlo el sábado por la mañana. “El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (Sal. 2:4). Véase el capítulo siguiente (resurrección), Juan 20.

Síntesis de 19:38–42

   El Hijo de Dios muere como sustituto por su pueblo. La sepultura.

   El entierro de Jesús fue un elemento necesario en su humillación. Por medio de ello santificó la tumba para todos sus seguidores. En la sepultura se cumplió la profecía. (Véase la exégesis). Los principales protagonistas fueron José de Arimatea y Nicodemo, cuya valentía debe admirarse. El sepulcro estaba situado en el huerto de José, muy próximo a la cruz. No se puede indicar hoy día el lugar exacto. Por esto podemos dar gracias a Dios. De haberse conocido este lugar, probablemente habría recibido más honra que Cristo mismo. (Algo de esta mentalidad de hecho, prevalece incluso hoy día, en relación con los lugares que se dicen ser auténticos). El sepulcro disponía probablemente de una entrada baja, frente a la cual se había deslizado una pesada piedra, a la que se le había puesto un sello por orden de Pilato a petición del Sanedrín; finalmente, había la espaciosa cámara sepulcral, probablemente con un declive para el cuerpo de Jesús. En este sepulcro, debido a su proximidad, y debido a que se acercaba el sábado, fue colocado el cuerpo de Jesús.

   Si bien la sepultura es un elemento en la humillación de Cristo, sin embargo, proporciona un destello anticipado de su exaltación: es un sepulcro nuevo. Nunca había habido en el mismo ningún deterioro. El cuerpo de Jesús no sufrió corrupción. Dios se ocupó de ello. El sepulcro pertenecía a un hombre rico. Era un sepulcro digno de un rey. Todo apunta hacia la exaltación.

2° Titulo:

El Grito De Victoria Que Recorrió El Mundo: Cristo Ha Resucitado. San Mateo 28:5 y 6. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

   Comentario: La historia de la guardia se continuará en el v. 11. Por el momento Mateo vuelve a las mujeres: 5, 6. El ángel, respondiendo, dijo a las mujeres, no temáis vosotras, pues yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. Lc. 24:4 y Jn. 20:12 hablan de “dos” ángeles; Mateo y Marcos sólo de uno. ¿Por qué esta diferencia? Algunos responden: “Aunque en realidad había dos ángeles presentes, sólo uno habló”. Pero esto difícilmente servirá, ya que según Lucas ambos, “dos varones con vestiduras resplandecientes” se dirigieron a las mujeres. Así también hacen los dos “ángeles” en el relato de Juan. La razón de la diferencia no nos ha sido revelada. Por supuesto, no existe contradicción, ya que ni Mateo ni Marcos afirman que había sólo un ángel.

   “No temáis vosotras”—muy enfático en el original—dice el ángel. En otras palabras, “Vosotras no seáis como los otros que fueron dispersados en todas direcciones, algunos de los cuales hasta es posible los hayáis visto”. ¿Por qué no debían temer estas mujeres? ¿Por qué debían contener su llanto y en lugar de ello regocijarse? El ángel responde: “pues yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado”. En otras palabras, “Vosotras no tenéis razón para temer, puesto que sois leales amigas de Jesús. Sí, vosotras habéis permanecido fieles a él aun cuando el mundo le despreció y le crucificó. Fue para mostrar esa lealtad que vosotras vinisteis aquí esta mañana”.

   Podríamos haber esperado un mensaje diferente, por ejemplo, un duro reproche, en vista del hecho que estas mujeres mostraron por medio de su acción que no habían tomado muy en serio la predicción de Jesús de que resucitaría al tercer día. Un reproche misericordiosamente disimulado—más bien, una reprensión suave, una advertencia amorosa—vino al final del mensaje del ángel: “No está aquí, pues ha sido resucitado, tal como dijo. “Tal como dijo”. El ángel ni siquiera dijo, “tal como dijo vez tras vez”. Es como si el ángel dijera, “En vista de vuestro maravilloso valor y lealtad, vuestra falta de suficiente fe es perdonada”. Además, debe tenerse presente que el mensajero celestial no inventó este mensaje. Le fue dado, como muestra claramente una comparación entre los vv. 5 y 10. De una forma tranquilizadora el ángel añade: Venid, ved el lugar donde yacía. Según Mr. 16:5, en este momento las mujeres ya estaban dentro del sepulcro. Pero el ángel les invita a acercarse aún más para que puedan ver todo lo que está a la vista; no sólo el sepulcro vacío—“no está aquí”—sino, además, “los lienzos puestos allí, y el sudario puesto no con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (Jn. 20:7). Ellas deben convencerse personalmente de que todo está en orden en el sepulcro. Ningún discípulo ha estado aquí para llevarse el cadáver, tampoco un enemigo ha saqueado el sepulcro. En cualquier de los casos los lienzos no habrían estado presentes. Las mujeres—al igual que Pedro y Juan esa misma mañana—debían ver que el Señor, restaurado de muerte a vida, se había quitado los lienzos y el sudario, se había provisto una vestidura tal como usan los vivos, había puesto calmada y majestuosamente todo en su lugar en el sepulcro y luego había salido gloriosamente vivo.

   Creer que Jesús se levantó de los muertos es hermoso para la iglesia, pero no es suficiente. Debe considerarse también qué clase de Salvador fue el que se levantó de los muertos. ¿Es aún el mismo Redentor amoroso que antes de morir sanó al enfermo, limpió al leproso, resucitó al muerto, consoló al afligido, perdonó y murió por el pecador que le acepta con fe viva? Un estudio cuidadoso del relato de la resurrección responde a esta pregunta con un sí atronador.

   Como si quisiera dejar esto aún más claro, el ángel continúa, 7. Por tanto, id pronto y decid a sus discípulos: Ha sido resucitado de los muertos y he aquí él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. El maravilloso mensaje debe ser comunicado. Debe serproclamado por todas partes por aquellos que una vez fueron y pronto nuevamente serían losDoce. Por lo tanto, ellos mismos debían escuchar las buenas nuevas. Deben saber que la repetida predicción de Cristo, “voy a resucitar al tercer día” ahora es un hecho. No sóloaquello, sino que para mayor confirmación de su fe se les debe decir que la promesa de Mt.26:32, “Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”, también va acumplirse. Allí, en la misma región (4:15, 16) donde la muerte y la oscuridad una vezreinaron supremos, pero donde la Luz del mundo había realizado la mayor parte de su obra,era donde él se reuniría nuevamente con sus discípulos. ¡Galilea!, aquella región de rechazo,pero también de la aceptación, región de penas, pero también de alegrías; deincredulidad, pero también de fe, debe regocijarse otra vez. Véase además sobre 26:32. Ya os lo he dicho, añade el ángel, como si dijera, “Ya habéis escuchado las buenas noticias ysabéis qué hacer. Así que ahora es vuestra responsabilidad”.

   Objeción: “Pero la primera aparición de Jesús a sus discípulos no ocurrió en Galilea sino en Jerusalén. Estos hombres no tuvieron que esperar hasta llegar por fin a Galilea, sino que en esta misma tarde iban a ver al Salvador resucitado”. Respuesta: esto simplemente muestra que Dios—o si se quiere, que el Salvador resucitado—hace aún mejor que sus promesas.

   Y Pedro, quien se había jactado de su lealtad en un lenguaje tan desmedido y luego había roto sus promesas en forma tan vergonzosa ¿también debía ser informado? “Sí”, dice “el joven”, es decir, el ángel, “Id, decid a sus discípulos y a Pedro” (Mr. 16:7).

3er Titulo:

El Cristo Resucitado, Bendice A Sus Discípulos Y Asciende A Los Cielos. San Lucas 24: 50 al 53. Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que, bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén. 

   Comentario: 24:50–53 La ascensión de Cristo: Cf. Mr. 16:19, 20 (parte del final); Hch. 1:9–11.

   Versíc. 50. Entonces los llevó fuera hasta Betania, y alzando sus manos los bendijo.

   Si nuestra interpretación del v. 49, en el sentido de que este pasaje y Hch. 1:4 son paralelos, es correcta, entonces v. 50 (en Lucas) sigue en forma muy natural. El punto de vista erróneo que algunos ostentan, según el cual Lucas estaría diciendo que la ascensión de Cristo se efectuó el día de la resurrección, lo dejamos ya de lado.

   Se nos muestra aquí a Jesús que lleva a sus discípulos, los Once (véase Hch. 1:13) hasta Betania en la ladera oriental del monte del Olivar. Habiendo llegado allá mantiene una intensa conversación con ellos. Corrige uno de sus errores. Repite la promesa que recibirán el Espíritu Santo vigorizante, quien los capacitará para su tarea (Hch. 1:6–8). Luego alza sobre ellos sus manos en bendición.

   Esta acción de bendecirlos es más que un mero buen deseo. Les está impartiendo en forma efectiva el bienestar, la paz y el poder. Por cierto, en esto no hay nada mecánico o mágico, sino que es válido para todos aquellos que poseen mentes y corazones verdaderamente receptivos.

   Versíc. 51. Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo.

   El Señor es alzado al cielo a plena vista de los discípulos. Ellos le ven ascender hasta que una nube lo esconde de sus ojos (Hch. 1:9).

   El punto de vista según el cual desde aquel momento el cuerpo de nuestro Señor se hizo difuso o adquirió características divinas, haciéndose omnipresente, no descansa sobre ninguna base bíblica. Lo que la Escritura, sí, enseña es que Jesús “fue arrebatado para Dios y para su trono” (Ap. 12:5), que “se sentó a la diestra de Dios” (Ro. 8:34; Ef. 1:20; Col. 3:1; Heb. 1:3; 8:1; 10:12; 12:2; 1 P. 3:22), y que volverá de la misma manera en que los discípulos le vieron ir al cielo (Hch. 1:11). Todo lo demás es mera especulación.

   Versíc. 52. Ellos le adoraron y volvieron a Jerusalén con gran gozo.

   Los once hombres hicieron tal como se les había dicho. Volvieron a Jerusalén para esperar allí el derramamiento del Espíritu Santo sobre ellos. Con todo, ellos volvieron con gran gozo. ¿Por qué este gran gozo? ¿No deberían haber estado más bien lamentando la pérdida de un Amigo verdadero?

   Su punto de vista era más optimista. No habían perdido nada y habían ganado mucho. Entre las razones que justificaban su gran gozo pueden haber estado las siguientes:

   a. Habían tenido a Jesús con ellos por un tiempo. Iban a tenerle con ellos para siempre, es decir en el Espíritu. De hecho, era esta la promesa que él les había hecho (Mt. 28:20).

   b. Por consiguiente, sabían que habían sido comisionados para llevar a cabo una gran tarea, la difusión del evangelio y que estaban por recibir el poder para asumirla.

   c. Habían recibido la promesa de su glorioso regreso al final de la era (Hch. 1:11)

   d. ¿No debemos añadir también otra razón para su gran gozo, a saber, que se regocijaban en el gozo de Cristo, en su exaltación?

   Versíc. 53. Y estaban continuamente en el templo alabando a Dios.

   Sin la alabanza a Dios el gozo es incompleto. Véanse Ro. 11:36; 1 Co. 10:31; 2 Co. 3:18.

   Lucas comienza su libro con una escena en el templo (1:5–23). Ahora lo finaliza en forma similar. Comienza con cánticos: de Elizabet, de María, de Zacarías, de los ángeles, de Simeón. Así también termina, del modo más apropiado, con alabanzas a Dios, pues “de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos”.

Lecciones prácticas derivadas de Lucas 24:36–53

   V. 38 “¿Por qué estáis turbados y vienen dudas a vuestros corazones?”

   Hágase una comparación de esto con Jn. 14:1 y nótese que el Cristo resucitado es tan compasivo y amoroso como lo era el Cristo anterior a su muerte y resurrección.

   V. 47 “Que se predicase la conversión y el perdón de pecados en su nombre a todas las naciones”. ¿Es esta la versión de Lucas de la Gran Comisión (cf. Mt. 28:19, 20)? Nótese que el mandato misionero de Cristo fue el último que pronunció antes de ascender al cielo. ¿No lo hace esto muy importante?

   V. 50 “Alzando sus manos los bendijo”

   Hch. 1:11 “Este mismo Jesús … así vendrá”.

   Entonces, si él partió mientras bendecía a sus discípulos y si viene nuevamente con bendiciones para su iglesia, ¿no se sigue que también ahora durante el período intermedio, él, cómo representante del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ¿se deleita en ser una fuente de bendiciones para su pueblo? ¿No se sigue, además, que él desea que nosotros en una manera derivada o secundaria seamos una bendición para cada uno de aquellos con quienes tenemos contacto?

   V. 51 “Se separó de ellos”

   Mt. 28:20 “Yo estoy con vosotros día tras día”.

   El partió para quedar con su iglesia; en realidad, ahora esto es más cierto que nunca. Cuando él estaba todavía en la tierra no podía físicamente estar en todas partes al mismo tiempo. Pero ahora que está en el cielo él puede, en y por medio del Espíritu Santo, estar en todo lugar (no corporalmente, por cierto, sino espiritualmente). Además, mientras estaba aún en la tierra él estaba presente con la iglesia. Ahora él está presente en la iglesia. En otras palabras, él ha partido de nosotros para hacerse más cercano a nosotros.

   “En el momento adecuado el llevó a los Once a Betania. Mientras alzaba sus manos y los bendecía fue levantado al cielo. “Ellos le adoraron y volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban continuamente en el templo alabando a Dios” (vv. 50–53).”

Resumen del Capítulo 24

   Cuando el domingo muy de madrugada las mujeres fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, descubrieron que la piedra había sido ya removida. Sin embargo, al entrar no hallaron el cuerpo. Dos varones con vestiduras brillantes (“ángeles”, v. 23) les dijeron, “No está aquí, ha resucitado, como os lo dijo”. Las mujeres relataron su experiencia a los Once. Ellos respondieron “¡absurdo!” Sin embargo, Pedro corrió al sepulcro. Bajando, vio las vendas de lino tendidas allí, correctamente ordenadas, pero no vio el cuerpo. Volvió a casa maravillándose (vv. 1–12).

   En la tarde Cleofas y su compañero, admiradores de Jesús viajaban desde Jerusalén a su casa en Emaús. Iban repasando los tristes acontecimientos de los últimos días. Alguien les estaba alcanzando. El desconocido preguntó a los dos qué era aquello que ocupaba su conversación. Después de expresar sorpresa ante la ignorancia del que preguntaba, respondieron su pregunta. Terminaron con: “Algunas de nuestras mujeres fueron al sepulcro y volvieron diciendo que habían visto una visión de ángeles que afirmaban que él está vivo.

Algunos de nuestros amigos hallaron el sepulcro tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

   El desconocido explicó entonces a los dos que de acuerdo con todo el Antiguo Testamento era la senda del sufrimiento la que llevaría al Mesías a la gloria.

   Al llegar a su destino, los dos le rogaron a aquel que se había unido a ellos que se quedara y comiera con ellos. Mientras partía el pan ellos se dieron cuenta de repente que aquel desconocido era Jesús mismo, resucitado de los muertos. Entonces él desapareció.

   A pesar de lo avanzado de la hora, los dos caminaron los once kilómetros de regreso a Jerusalén para contar a los apóstoles las maravillosas noticias. Al llegar fueron recibidos con el grito “El Señor ha resucitado de verdad y se ha aparecido a Simón”. Entonces ellos también contaron su historia (vv. 13–35).

   En medio de la acalorada conversación Jesús mismo se paró entre ellos y dijo: “Paz (sea) a vosotros”. Para disipar en ellos el temor de estar viendo un espíritu, les mostró sus manos y pies y comió delante de ellos un pedazo de pez asado.

   Después de narrar esta parte de la historia, Lucas hace referencia a palabras de Jesús dichas probablemente en una u otra ocasión durante los cuarenta días entre su resurrección y ascensión. Afirma que el Salvador resucitado abrió las Escrituras a su auditorio a fin de que ellos pudieran entender que aquello que se escribió acerca de él debía cumplirse. La historia de su pasión y resurrección debe hacerse conocer a todas las naciones a fin de que todos los que se vuelvan a él puedan ser perdonados de sus pecados y salvados. El último dicho registrado en esta sección es “Envío sobre vosotros lo que mi Padre prometió; pero permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos con poder desde lo alto” (vv. 36–49).

   En el momento adecuado el llevó a los Once a Betania. Mientras alzaba sus manos y los bendecía fue levantado al cielo. “Ellos le adoraron y volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban continuamente en el templo alabando a Dios” (vv. 50–53).

4° Titulo:

Todo Cristiano Fiel Aguarda Ese Bendito Día. San Juan 12:26. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

   Comentario: Versíc. 25, 26. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará.

   La solemne verdad contenida en el versículo 24 se aplica a Cristo, y sólo a él. Sólo él muere como sustituto, y al hacerlo así produce mucho fruto. Sin embargo, hay un principio análogo que actúa en la esfera de los hombres. Es el que se afirma en los versículos 25, 26. La relación entre las dos leyes (una que se aplica a Cristo, otra a los discípulos) se puede resumir como sigue:

   1. En cuanto a Cristo: para que haya fruto, debe morir (versículo 24).

   2. En cuanto a sus discípulos: deben estar dispuestos a morir por la causa de Cristo (versículos 25, 26). Desde luego, no pueden hacer esto por sí mismos.

   Dado el contexto presente y los pasajes paralelos en los otros Evangelios, el significado de esta importante afirmación (versículos 25, 26) es como sigue:

   El que, cuando el dilema se plantea entre mí y mi evangelio, por una parte, y lo que le es más querido (padre, madre, hijo, hija, cosas materiales, el mundo todo, su propia vida, Mt. 10:37; 16:26; Lc. 17:32) por otro lado, escoge (aquí en 12:25; “ama” véase nota 457 al final del capítulo 21) lo último, perecerá para siempre. A mi venida me avergonzaré de él (Mr. 8:38; Lc. 9:26). Pero el que, en este mundo—o sea, en medio de la generación presente adúltera y mala (Mr. 8:38; y véase nota 26, significado 6)—está dispuesto a sacrificar su vida por mí y mi evangelio (Mr. 8:35) la guardará y preservará (Lc. 17:33), de forma que florecerá en vida eterna en las mansiones celestiales (véase sobre 4:14). Si alguien me sirve, que me siga hasta el fin, aunque sea el camino de la abnegación y la cruz (Mt. 16:24; 10:38; Mr. 8:34), teniendo presente que el camino de la cruz conduce a la corona. Compartirá conmigo la gloria del cielo, permaneciendo para siempre en mi presencia. Además, también mi Padre, quien me ama, lo honrará porque honra a los que me honran.

   Resulta claro que este es, en realidad, el significado cuando el pasaje se compara con sus paralelos, después de haberlo estudiado en su propio contexto. Adviértase lo siguiente.

   Mateo 10:37–39. “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”.

   Mateo 16:24–26. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

   Marcos 8:34–38. “Si alguno quiere venir el pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiere salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

   Lucas 9:23–26. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiere salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre”.

   Lucas 17:32, 33. “Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará”.

Amén para la gloria de Dios.

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Bibliografía a usar como aporte: Comentario Bíblico Mundo Hispano. Bíblia de referencia Thompson. Libro de Éxodo Pablo R. Andiñach; Comentario de toda la Biblia, de Matthew Henry. Comentario del Nuevo Testamento Simon J. Kistemaker de San Mateo; San Juan y San Lucas.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.