+56 9 5417 6219
contacto@historiaycontingenciaiep.cl

“La Importancia De La Escuela Dominical”

“La Importancia De La Escuela Dominical”

Lunes 11 De marzo De 2019  Lectura Bíblica: 2ª Timoteo Cap. 3, versículos 14 al 17. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 


   Comentario: Versíc. 14, 15. Sin embargo, debes continuar en las cosas que has aprendido y de las cuales te has convencido.

   Tú (nótese la posición enfática en el original, al principio mismo de la oración, como en el v. 10) debes seguir un camino que es el opuesto al que siguen los falsos maestros y sus adherentes. Entonces, Timoteo es amonestado a continuar o permanecer en “las cosas” (las doctrinas basadas en las Sagradas Escrituras, véase vv. 15, 16) que ha aprendido y de las que se ha convencido. ¿Cuándo las aprendió? Y ¿cuándo se convenció de ellas? El tiempo usado en el original no lo especifica. Sencillamente declara el hecho histórico de que Timoteo había aprendido y se había convencido. Por el contexto (v. 15) deducimos que los dos hechos (aprender y convencerse) habían comenzado a producirse a muy temprana edad, en la niñez. Es natural suponer que habían continuado hasta este mismo momento en que Pablo lo amonesta a permanecer en estas cosas. Lo aprendido ha aumentado con los años y se ha profundizado la convicción.

   Nótese que aprender no basta. Lo aprendido debe ser aplicado al corazón por el Espíritu Santo, para que uno también llegue a estar convencido, con una convicción que transforma la vida.

   Según la construcción gramatical más natural, Pablo declara dos razones por las que Timoteo debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales ha quedado convencido. En realidad, las dos razones son solamente una, porque el testimonio de seres humanos respecto de los asuntos de fe nada significan aparte de la Palabra; sin embargo, puesto que agradó a Dios dar a entender a la mente y al corazón de Timoteo el mensaje de la Palabra por medio de piadosos individuos humanos, es completamente adecuado hablar de dos razones:

a. El carácter digno de confianza de quienes habían instruido a Timoteo en estas doctrinas (vv. 14b); y

b. La superior excelencia de las Sagradas Escrituras sobre las cuales están basadas estas doctrinas (v. 15).

   La primera razón la expresa en estas palabras: sabiendo de quién (las) has aprendido. Timoteo no debe olvidar jamás que había aprendido estas cosas de una persona que era nada menos que Pablo mismo (véase vv. 10 y 11) y, retrocediendo en el tiempo, de aquellas dos apreciadas dignidades: la abuela Loida y la madre Eunice (2 Ti. 1:5), mujeres que, antes de su conversión a la fe cristiana, habían instruido al pequeño Timoteo en “las sagradas escrituras”, y que, luego de haber recibido a Jesús como su Salvador y Señor, habían sido usadas como instrumentos en las manos de Dios para cooperar con Pablo en la importante tarea de llevar al joven a ver en Cristo el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento.

   Es claro que Pablo, Loida, Eunice y otros que pudieran haber alimentado a Timoteo, no son considerados como autoridades independientes, separadas de la Palabra, sino como fuentes secundarias o intermedias de conocimiento, avenidas de instrucción, y esto aún, ¡sólo porque aceptaban las Escrituras! Por eso, aquí no se consideran básicamente autoritarias la tradición y las Escrituras (lo que realmente significa que la tradición se impone por sobre las Escrituras). La Escritura sola (véase vv. 15 y 16) es la autoridad final, y la tradición es importante solamente en la medida que se adhiere a las Escrituras y las imparte. Cuando así ocurre, es de importancia considerable, y esto especialmente en la educación de los hijos que aún no saben leer o no saben interpretar las Escrituras por sí mismos.

   En consecuencia, la segunda—y única que es realmente básica—razón por la que Timoteo debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales se ha convencido es: Y que desde tu infancia has conocido (las) sagradas escrituras, las que pueden hacerte sabio para la salvación por la fe (que es) en Cristo Jesús.

Principios y métodos de educación en Israel Antecedentes para la comprensión de 2 Ti. 3:15

(1) Entre los judíos la educación era definitivamente teocéntrica en cuanto a principios, contenido y métodos. El israelita piadoso enseñaba a sus hijos porque Jehová le ordenaba hacerlo. Instruía a sus hijos con respecto a las verba et gesta Dei (palabras y hechos de Dios), registrados en las “sagradas escrituras”. Esto es evidente a través del Antiguo Testamento (Gn. 18:19; Ex. 10:2; 12:26, 27; 13:14–16; Dt. 4:9, 10; 6:7, 9; 11:19; 32:46; Is. 38:19; y muchos otros pasajes).

(2) Naturalmente el contenido de este cuerpo de educación teocéntrica era “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Pr. 1:7; 9:10). Ese era también su propósito: “El fin de todo el discurso es … Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre” (Ec. 12:13).

(3) Al principio, como se desprende claramente de muchos de los pasajes citados, la dirección física, mental, moral y espiritual del niño estaba centrado exclusivamente en el hogar, con participación tanto del padre como de la madre. Los hijos pequeños, niños y niñas, recibían enseñanza de su madre, a la cual quedaba encargada la educación de las niñas en edades más avanzadas. Por otra parte, los niños pronto quedaban bajo el cuidado del padre. Aun en épocas posteriores (cuando el padre y la madre recibían ayuda externa en la educación de sus hijos; véase (14)) la influencia de los padres piadosos y sus esfuerzos de guiar sus hijos en el temor de Dios siguió siendo prominente.

(4) A su vez, se amonestaba a los hijos a oír la instrucción de su padre y a no desechar la enseñanza de la madre (Pr. 1:8; 6:20). Se les enseñaba a honrar y a obedecer a sus padres (Ex. 20:12; 21:15–17; Lv. 20:9; Dt. 21:18; Pr. 30:17; cf. Ef. 6:1–3). Las Escrituras refutan la falsedad destructora del alma que afirma que se debe permitir al niño hacer “lo que le plazca”. Los padres piadosos no infligían esta crueldad a sus retoños tiernos.

(5) La razón por la cual no se dejaba todo a criterio del niño era que el pequeñito era considerado no solamente inmaduro (esa era razón suficiente por sí misma) sino también pecador por naturaleza, y, por lo tanto, incapaz de elegir por sí mismo lo bueno (Sal. 51:5).

(6) Con el entendimiento de que ninguna sabiduría humana o piedad humana puede poner atajo a los tremendos estragos del pecado, los padres piadosos entregaban sus hijos en las manos de Dios y a su bondadoso cuidado (Job 1:5).

(7) La educación teocéntrica en Israel comenzaba cuando el niño era todavía muy, muy pequeño (1 S. 1:27, 28; 2:11, 18, 19). El propósito de este comienzo a temprana edad lo expresa en forma hermosa Pr. 22:6: “Instruye al niño en su carrera (literalmente, “según su camino”), y aun cuando fuere viejo no se apartará de ella”.

(8) En medio de la difícil tarea de educar adecuadamente a sus hijos, los israelitas recibían mucho aliento de la promesa del pacto de Dios: “Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de tien sus generaciones, por pacto perpetuo para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gn.17:7; Sal. 74:20; 105:8, 9), promesa que se realiza orgánicamente en los corazones y vidas de todos losque por el poder fortalecedor de la gracia soberana de Dios están firmemente resueltos a rendirsecompletamente a él (cf. Hch. 2:38, 39; Gá. 3:9, 29).

(9) Dado que se consideraba al niño pecador por naturaleza, pero capaz de un cambio interior por gracia, no se desechaba la disciplina como algo inútil o injusto. No se detenía la vara de la corrección, pero se usaba con discreción, puesto que generalmente se consideraba que una reprimenda sabia era mejor que un centenar de azotes (Pr. 13:24; 23:13, 14; luego, 17:10).

(10) Por, sobre todo, los padres amaban a sus hijos, y los criaban en el espíritu de amor (Sal. 103:13). No se obligaba a los niños judíos a dedicar todo el tiempo al trabajo y al estudio. Tenían sus juegos (Zac.8:5; Mt. 11:16–18).

(11) Aun cuando los israelitas piadosos hacían muchas decisiones por sus hijos, los preparaban para que eligiesen por sí mismos (Jos. 24:15).

(12) La educación en Israel era de un carácter muy práctico. Parecería que aun a los niños más pequeños se les enseñaba a leer y a escribir (Is. 10:19), aunque es imposible determinar la extensión de esta habilidad (cf. Is. 29:11, 12). Es bien sabido que enseñaban a los niños un trabajo y se les animaba a aprender un oficio.

(13) En cuanto a metodología, como regla general, los israelitas no tenían aversión a la memorización. Hasta cierto punto, la necesidad exigía y el sentido común dictaba que la memorización recibiera un lugar de prominencia en el sistema educativo (Is. 28:10). A veces este método puede haber recibido un énfasis indebido, así como en la actualidad se pone “demasiadopoco énfasis en él.

   La noción de que los educadores debieran solamente hacer preguntas a las que nadie sino el niño debe responder(!) era favorecida solamente por hombre como Elí (“¿Por qué hacéis estas cosas?” 1 S. 2:23), quien fracasó miserablemente en la tarea de criar sus hijos. Dios exigía que al hacer preguntas se dieran respuestas definidas (Ex. 13:8; Dt. 6:7; 6:20–25; 11:19; Jos. 22:26–28); que a los hijos se les enseñaran los estatutos de Jehová; que se trasmitiera de generación en generación un cuerpo de verdad con respecto a las palabras y hechos de Jehová.

(14) Aunque al principio la educación del niño era considerada como la tarea y responsabilidad solamente de los padres, en períodos posteriores sacerdotes y levitas, profetas y tutores especiales (especialmente en el caso de las familias acomodadas, Nm. 11:12; 2 S. 12:25; 2 R. 10:1; 1 Cr. 27:32; Is. 49:23), “hombres sabios”, escribas y rabinos, todos ponían su parte en levantar el nivel cultural de la juventud y de la nación.

   Después del exilio (especialmente en el tiempo de Simón ben Shatah, 70 a.C., aproximadamente), debido a la influencia de los escribas, surgió en forma gradual un nuevo orden de instituciones educacionales o “escuelas”. La escuela era llamada “casa” o “lugar” (hebreo, Beth). La escuela primaria o elemental se denominaba Beth‐Ha‐Sefer (“lugar de escribir”); la escuela a que asistían los jóvenes talentosos se llamaba Beth‐Ha‐Midrash (“lugar de estudio”), mientras para las masas surgió la Beth‐Ha‐Keneseth (“lugar de asamblea”). En el curso del tiempo este “lugar (o “casa”) de asamblea” comenzó a ser conocido por su nombre griego, de igual significado, “sinagoga”.

(15) Por el libro de Daniel es evidente que el sistema de educación religiosa centrado en el hogar, fuera formal (impartiendo instrucción específica y sistemática) o informal (enseñanza por medio del ejemplo)—en conexión con las fiestas, se unieron la educación formal y la informal—realmente tuvo eficacia. Aun en las tierras del exilio, los jóvenes que habían sido criados en los caminos de Jehová se negaron, aun con peligro de perder la vida, a contaminarse o a rendir homenaje a persona o cosa que no fuera el Dios de sus padres. De este modo, a través de la oscura noche de la cautividad y del dominio extranjero, el ejemplo de piedad paternal, el adoctrinamiento en los estatutos de Jehová (Sal. 119:33), sirvió como una lámpara a los pies y luz al camino (Sal. 119:105). También sirvió para estrechar la unidad del pueblo, y donde se practicaba con diligencia, evitó la pérdida de su identidad espiritual y, en muchos casos, hizo que fueran una bendición para sus vecinos paganos.

   Entonces, la abuela Loida y la madre Eunice habían instruido al “pequeño” Timoteo (2 Ti. 1:5) a la manera de los israelitas piadosos. Nótese la expresión “desde la niñez”. Literalmente, Pablo dice, “desde infante”. En algunos pasajes la palabra usada en el original se refiere a un niño aún no nacido (Lc. 1:41, 44); en otros lugares simplemente a un niño muy pequeño, bebé o infante (Lc. 2:12, 16; 18:15;Hch. 7:19; 1 P. 2:2). Sin embargo, cuando Pablo escribe: Sin embargo, debes continuar en las cosas quehas aprendido y de las que te has convencido (porque) … desde tu infancia has conocido (las) sagradasescrituras”, no está pensando solamente en la infancia de Timoteo, sino que se refiera a la vida de Timoteodesde la infancia hasta ese mismo momento. A través de todo el período Timoteo había conocido lassagradas escrituras, habiendo aprendido a conocerlas cada vez mejor.

   Esto también indica que la palabra “sagradas escrituras” no solamente significa el “ABC que aprendiste de la Biblia cuando eras pequeño” (como muchos intérpretes dicen). Por “sagradas escrituras” el apóstol simplemente quiere decir el Antiguo Testamento. Las palabras tienen una historia.

   El hecho de que γράμμα, tenga el sentido primario “lo que se dibuja o traza” (de donde, carácter, letra, escrito) de ningún modo nos obliga a aceptar ese sentido aquí. Jn. 7:14, 15. En Josefo“sagradas escrituras” significa el Antiguo Testamento Da lalista de los libros correspondientes a ellas en Contra. Esta lista muestra que su AntiguoTestamento era el mismo que él.

   Pablo usa la expresión “sagradas escrituras” aquí en el v. 15, pero “toda la escritura” en el v. 16, por la sencilla razón de que desea establecer una distinción entre el Antiguo Testamento (v. 15) y cualquiera otra que tenga el derecho de ser llamada escritura divinamente inspirada (v. 16). La última comprende más que la primera. Sin embargo, Pablo no hubiera estado en lo correcto si hubiera afirmado que Timoteo había sido instruido en “toda la escritura” desde los días de su infancia, porque cuando era niño pequeño Loida y Eunice conocían solamente el Antiguo Testamento. Pero era definitivamente cierto que, desde la temprana niñez hasta el momento que Pablo está escribiendo estas palabras, Timoteo había estado constantemente aumentando su conocimiento del Antiguo Testamento. Entonces, que permanezca firme en la fe. Que siga aferrado de lo que ha aprendido tan completamente y de lo cual ha llegado a convencerse de corazón.

   Que esta es la explicación correcta, también queda claro por las palabras que siguen, a saber, “las sagradas escrituras … las que te pueden hacer sabio para salvación”. Las letras del alfabeto (aun cuando se aprendan de la Biblia misma), el puro ABC, no puede hacer que uno llegue a ser sabio para salvación; ¡las sagradas escrituras, sí! Es el testimonio de Jehová y son sus mandamientos los que pueden hacer sabio al hombre (Sal. 19:7; 119:98; en ambos casos se usa el mismo verbo en la Septuaginta, el mismo usado aquí en 1 Ti. 3:15; véase LXX Sal. 18:8; 118:98). Son éstas las que llevan a una persona a elegir el mejor medio con el fin de lograr la meta más alta. Y esa es verdadera sabiduría. Nótese: “sabio para salvación” (Ro. 11:11; Fil. 1:19; 2:12; etc.). Lo que se incluye en este rico concepto se ha explicado en conexión con 1 Ti. 1:15.

    Ahora bien, esta maravillosa obra de Dios por la cual los pecadores son emancipados del mayor de los males y entran a poseer el mayor de los bienes, no se produce de una manera mecánica a través de solamente oír, leer o estudiar “las sagradas escrituras”. Uno debe aprender a ver Cristo Jesús en el Antiguo Testamento. Uno debe rendir su vida (nótese: “por la fe”) al Salvador Ungido, sin el cual “las sagradas escrituras” no tienen sentido (Cristo como cumplimiento del Antiguo Testamento, véase al respecto Lc. 24:27, 32, 44; Jn. 5:39, 46; Hch. 3:18, 24; 7:52; 10:43; 13:29; 26:22, 23; 28:23; 1 P. 1:10).

   16, 17. Ahora Pablo amplía la idea que acaba de expresar. Lo hace de tres maneras:

a. No solamente “las sagradas escrituras” (v. 15) son de inestimable valor; también lo es “toda la escritura”.

b. Esta literatura sagrada no solamente “hace sabio para salvación” (v. 15) sino que es definitivamente inspirada por Dios y como tal capaz de hacer a una persona enteramente apta “para toda buena obra”.

c. No solamente beneficiará a Timoteo (v. 15), sino que hará lo mismo por todo “hombre de Dios”.

   En consecuencia, Pablo escribe: Toda la escritura (es) inspirada por Dios y útil para enseñar, para entrenar en justicia.

   Toda la escritura, distinta de “(las) sagradas escrituras” (acerca de lo cual véase comentario sobre el v. 15), quiere decir todo lo que, por medio del testimonio del Espíritu Santo en la iglesia, es reconocido por la iglesia como canónico, esto es, con autoridad. Cuando Pablo escribió estas palabras, la referencia directa era a un cuerpo de literatura sagrada que aun entonces comprendía más que el Antiguo Testamento (véase comentario sobre 1 Ti. 5:18). Después, al final del primer siglo d.C., “toda la escritura” había sido completada. Aunque la historia del reconocimiento, la revisión y ratificación del canon fue algo complicada, y la aceptación de los sesenta y seis libros en forma virtualmente universal no ocurrió inmediatamente en todas la regiones en que la iglesia estaba representada—siendo una de las razones que por largo tiempo ciertos libros más pequeños aún no habían llegado a todos los rincones de la iglesia—, sin embargo, sigue siendo cierto que los creyentes genuinos que fueron los receptores originales de los diversos libros inspirados por Dios los consideraron inmediatamente como que estaban investidos de autoridad y majestad divina. Sin embargo, lo que se debe enfatizar es que estos libros son la Biblia inspirada no porque la iglesia, en cierta fecha, largo tiempo atrás, hizo una decisión (la decisión del Concilio de Hipona, 393 d.C.; de Cartago, 397 d.C.); por el contrario, los sesenta y seis libros, por su mismo contenido, inmediatamente dan testimonio a los corazones de los hombres que tienen el Espíritu Santo viviendo en ellos, de que son los oráculos vivientes de Dios. Por eso los creyentes se llenan de una profunda reverencia cuandoquiera que oyen la voz de Dios que les habla desde la Santa Escritura (véase 2 R. 22 y 23). ¡Toda la escritura es canónica porque Dios lo así!

   La palabra que se traduce inspirada por Dios, y ocurre solamente aquí163, indica que “toda la escritura” debe su origen y con tenido al aliento divino, al Espíritu de Dios. Los autores humanos fueron guiados poderosamente por el Espíritu Santo. Como resultado, lo que ellos escribieron no solamente carece de errores, sino que es de valor supremo para el hombre. Es todo lo que Dios quiso que fuera. Constituye la infalible regla de fe y práctica para la humanidad.

   Sin embargo, el Espíritu no reprimió la personalidad humana del autor, sino que la elevó a su mayor nivel de actividad (Jn. 14:26). Y debido a que la individualidad del autor humano no fue destruida, encontramos en la Biblia una amplia variedad de estilo y lenguaje. En otras palabras, la inspiración es orgánica, no mecánica. Esto también implica que no debiera considerarse aparte de las muchas actividades que sirvieron para traer al autor humano al escenario de la historia. Al hacerlo nacer en determinado lugar y tiempo, al otorgarle algunos dones específicos, al equiparlo con un tipo definido de educación, al hacerlo pasar por experiencias predeterminadas y al hacerlo recordar ciertos hechos y sus implicaciones, el Espíritu preparó su conciencia humana. Luego, el mismo Espíritu lo impulsó a escribir. Finalmente, durante el proceso de la escritura, el mismo Autor Primario, en una conexión completamente orgánica con toda la actividad precedente, sugirió a la mente del autor humano ese lenguaje (las palabras mismas) y el estilo que sería el más apropiado vehículo para la interpretación de las ideas divinas para el pueblo de todo rango, posición, edad y raza. Por eso, aunque cada palabra es verdaderamente de un autor humano, es más ciertamente la Palabra de Dios.

   Aunque la palabra que se traduce inspirada por Dios aparece solamente aquí, la idea se encuentra en muchos otros pasajes (Ex. 20:1; 2 S. 23:2; Is. 8:20; Mal. 4:4; Mt. 1:22; Lc. 24:44; Jn. 1:23; 5:39; 10:34, 35; 14:26; 16:13; 19:36, 37; 20:9; Hch. 1:16; 7:38; 13:34; Ro. 1:2; 3:2; 4:23; 9:17; 15:4; 1 Co. 2:4–10; 6:16; 9:10; 14:37; Gá. 1:11, 12; 3:8, 16, 22; 4:30; 1 Ts. 1:5; 2:13; Heb. 1:1, 2; 3:7; 9:8; 10:15; 2 P. 1:21; 3:16; 1 Jn. 4:6 y Ap. 22:19).

   Ahora, en virtud del hecho de que “toda la escritura” es inspirada por Dios, es útil, beneficiosa, o provechosa. Es un instrumento o herramienta muy práctica, sí, indispensable para el maestro (implícito aquí). Timoteo debiera hacer buen uso de ella:

a. para enseñar. Lo que se quiere decir es la actividad de impartir conocimiento acerca de la revelación de Dios en Cristo. Véase comentario sobre 1 Ti. 5:17. Esto es siempre básico para todo lo demás.

b. para reprender (cf. Sal. 38:14; 39:11). Se deben hacer advertencias basadas en la Palabra. Los errores en doctrina y en conducta deben ser refutados en el espíritu de amor. Se deben señalar los peligros. Hay que denunciar a los falsos maestros (cf. 1 Ti. 5:20; Tit. 1:9, 13; 2:15; luego Ef. 5:18; y véase sobre Jn. 16:8–11).

c. para corregir. Si reprender enfatiza el aspecto negativo de la obra pastoral, la corrección enfatiza el lado positivo. No solamente se debe advertir al pecador que deje el mal camino, sino que debe ser orientado hacia el camino correcto o derecho (Dn. 12:3). “Toda la escritura” también puede hacer esto. La Palabra, especialmente cuando la usa en siervo consagrado de Dios que es diligente en la realización de sus deberes pastorales, tiene un carácter restaurador (cf. Jn. 21:15–17).

 d. para entrenar en justicia (cf. 2 Ti. 2:22). El maestro debe entrenar a su gente. Todo cristiano necesita disciplina para que pueda prosperar en la esfera en que la santa voluntad de Dios se considera normativa. Tal es el carácter de entrenar en justicia (cf. Tit. 2:11–14).

   El maestro (en este caso Timoteo, pero la palabra se aplica a cada persona a la que se confían las almas humanas) necesita “toda la escritura” para adquirir la capacidad de realizar su cuádruple tarea (enseñar, administrar la reprensión, corregir, entrenar en justicia), con un glorioso propósito en mente, un propósito que a su manera y a su tiempo Dios hará que sea comprendido en el corazón de todo su pueblo: para que el hombre de Dios esté equipado, completamente equipado para toda buena obra.

   El hombre de Dios (véase comentario sobre 1 Ti. 6:11) es el creyente. Todo creyente, considerado como perteneciente a Dios e investido con el triple oficio de profeta, sacerdote y rey, recibe aquí este título.

   Para ejercer adecuadamente este triple oficio, el creyente debe ser equipado (nótese el énfasis en el original; literalmente, “… que equipado pueda ser el hombre de Dios”); sí, de una vez por todas, completamente equipado (cf. Lc. 6:40) “para toda buena obra” (1 Ti. 5:10; 2 Ti. 2:21; Tit. 3:1). Pablo (y el Espíritu Santo hablando por medio de él) no está satisfecho hasta que la Palabra de Dios haya cumplido completamente su misión, y el creyente haya alcanzado “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:12, 13).

   El ideal por realizarse es ciertamente glorioso. El poder para lograrlo viene de Dios. Por eso, que Timoteo permanezca firme. Que permanezca en la verdadera doctrina, aplicándola cuando quiera que la oportunidad se presente.

1er Titulo:

Sanas Enseñanzas Que Se Imparten En La Casa Del Señor. 2ª a Timoteo 4:1 al 3. Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.

   Comentario: 1. Subyacente al pensamiento expresado en el párrafo inicial del capítulo 4 están los “tiempos

peligrosos” de desviación de la fe, que se describieron en el capítulo 3. Aunque, en un sentido, estos tiempos son ciertamente futuros (3:1; 4:3, 4), no se debe pensar que son algo completamente separado y sin relación con las condiciones ya presentes cuando Pablo está escribiendo. El mismo hecho de que Pablo exhorte a Timoteo a cumplir su ministerio, redarguyendo y reprendiendo cuando quiera que sea necesario, y a permanecer sobrio en medio de todas las circunstancias adversas, muestra que la futura herejía es considerada como un desarrollo del error presente. La apostasía futura es una etapa más en el desarrollo de la desviación de la verdad que ya se ha presentado.

   Pero, aunque el trasfondo de los capítulos 3 y 4 es el mismo, se puede discernir una diferencia en la forma del tratamiento. El capítulo 3 enfatiza el hecho de que Timoteo, confrontado con una creciente oposición a la verdad, debe permanecer en la verdadera doctrina. El capítulo 4 da prominencia al deber de Timoteo de proclamar esta doctrina. Debe “hablar” mientras la gente todavía está dispuesta a oír. No siempre tendrán la disposición. El “heraldo” del evangelio debe cumplir al máximo su ministerio.

   En armonía con esto, Pablo escribe: Te encargo delante de Dios y de Cristo Jesús que juzgará a los vivos y a los muertos, y por su aparición y su reino.

   Acerca del sentido de “Te encargo delante de Dios y de Cristo Jesús”, véase comentario sobre 1 Ti. 5:21. Pablo da este encargo final y solemne en la víspera de su muerte. Dirige la atención de Timoteo hacia Dios y Cristo Jesús, en cuya presencia se da y recibe el encargo. Pone a Timoteo bajo el juramento de cumplir el encargo. Es a Dios y al Salvador Ungido que Timoteo (y Pablo también, por supuesto) tendrá que rendir cuenta. Y este es el Cristo que “está por” juzgar. En un sentido, ya ahora se pueden oír sus pasos que se aproximan. Él está en camino. Pablo enfatiza la certeza de su venida y su carácter inminente, pero no fija fecha alguna.

   Ahora bien, este Cristo Jesús juzgará “a los vivos”, esto es, a los que aún estarán viviendo sobre la tierra en el momento de la segunda venida, y “a los muertos”, esto es, a los que para esa fecha hayan muerto (véase también Mt. 25:31–46; Lc. 18:8; Jn. 5:27–29; 1 Co. 15:51, 52; 1 Ts. 4:13–18; Ap. 20:11–15).

   La idea de que Cristo viene a juzgar aparece frecuentemente en el pensamiento de Pablo (Ro. 2:16; 1 Co. 4:5; 2 Co. 4:5; 2 Ts. 1:7–9; cf. Hch. 17:31). La expresión “juzgará a los vivos y a los muertos” podría haberse convertido ya en una fórmula fija, como parece ser debido a fórmulas similares en Hch. 10:42 y 1 P. 4:5. Probablemente haya sido parte de una confesión bautismal, explicada a los catecúmenos y confesada después por ellos en el bautismo. De fórmulas como éstas surgió el Credo de los Apóstoles.

   Pablo además conjura a Timoteo por la gloriosa aparición futura de Cristo, esto es, por su resplandeciente Segunda Venida, considerada como la aparición del sol (véase también el v. 8; 1 Ti. 6:14; Tit. 2:13; véase sobre 2 Ti. 1:10; también. sobre 2 Ts. 2:8; y cf. Mal. 4:2), y por su reinado majestuoso, reinado que entonces asumirá en forma completa (con referencia a este reinado perfecto, véase el v. 18; luego. sobre 1 Ts. 2:12 y sobre 2 Ts. 1:5, especialmente nota e.). Si Timoteo obedece, participará en la gloria de la Epifanía y del Reino (y si desobedece, la perderá) (1 Ts. 4:13–18: cf. 3:13; 2 Ti. 2:12; Ap. 3:21; 22:5).

   Versíc. 2. Por medio de cinco imperativos enérgicos (todos ellos aoristos) se plantea el contenido del encargo: proclama la palabra; debes estar disponible a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, amonesta con toda paciencia y doctrina.

a. “Proclama la palabra”. Este es básico con respecto a los demás imperativos. La traducción “proclama la palabra” es enteramente correcta si se entiende el verbo proclamar en su sentido primario, etimológico(del latín praedicare): proclamar delante del público, y no en un sentido debilitado que actualmentese le da: “dar una charla moral o religiosa de cualquier tipo y de cualquier manera”. La palabra empleadaen el original significa proclamar (cf. Mt. 10:27); literalmente, pregonar, dar a conocer oficial y públicamente un asunto de gran significado e importancia. Desde luego, toda predicación debiera ser proclamación(Ro. 10:14, 15). Pablo se llama a sí mismo heraldo. Por orden de su superiorhacía una declaración autoritativa, abierta, vigorosa. Aquí manda a Timoteo que sea también un heraldo.

  • Entonces, según las Escrituras, “pregonar” o “predicar” es generalmente la proclamación autorizada del mensaje de Dios a los hombres. Es el ejercicio del cargo de embajador.
  • Esto es evidente por los siguientes ejemplos. Estos hombres todos “proclamaron”:
  • Noé
  • “Dios destruirá el mundo. ¡Apartaos de vuestros pecados!” O con palabras similares (2 P. 2:5; cf. 1 P.3:19).
  • Jonás
  • “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jon. 3:4; Mt. 12:41; Lc. 11:32).
  • Juan el Bautista
  • “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
  • “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Mt. 3:1, 2; Jn. 1:29).
  • El endemoniado gadareno sano “Grandes cosas ha hecho Dios conmigo” (Lc. 8:39).
  • El apóstol Pablo
  • “Jesús es el Cristo” (Hch. 9:20).
  • “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gá. 6:14).
  • “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Co.
  • 15:20; cf. vv. 55–58; 1 Ts. 4:13–18).

   Igualmente se dice que “proclamaron” (“pregonaron” o “predicaron”) los doce, Felipe el evangelista, Pedro en Cesarea, “un ángel poderoso”, etc. El verbo se usa aun en relación con Cristo, porque él también estaba trayendo el mensaje de Dios a los hombres.

   El heraldo trae el mensaje de Dios. Actualmente se incluye ciertamente la cuidadosa exposición del texto en la obra de “proclamación” o “predicación”. Pero la proclamación o predicación genuina es viva, no seca; oportuna, no obsoleta. Es la ferviente proclamación de nuevas iniciadas por Dios. No es la especulación abstracta sobre puntos de vista excogitados por el hombre.

   El tímido Timoteo no debe tener miedo de predicar la palabra, esto es, el evangelio (véase comentario sobre 2 Ti. 2:8, 9; cf. Mr. 1:14; 16:15; 1 Ts. 2:9). Es el verdadero mensaje de redención en Cristo, y como tal se opone a toda falsedad (véase v. 4). Además, en agudo contraste con la infiltración furtiva practicada por Satanás y sus siervos (2 Ti. 3:6) está esta proclamación abierta y clara por uno que lleva buenas nuevas y publica la paz (Nah. 1:15; Ro. 10:15)170.

   Los cuatro imperativos que siguen indican la forma en que debe hacerse la proclamación:

b. “Debes estar disponible” a tiempo y fuera de tiempo”. Sea bien recibido o no, Timoteo siempre debe estar al punto con el mensaje de Dios. Debe aprovechar la oportunidad (Ef. 5:16).

c. “Redarguye” o “convence de culpa”. Véase comentario sobre 2 Ti. 3:16 acerca del sustantivo relacionado. El pecado debe hacerse sentir en la conciencia del pecador para que se arrepienta.

d. “Reprende”. En el proceso de redargüir o convencer al pecador, éste debe ser reprendido severamente. No se debe reducir la gravedad de su pecado.

e. “Amonesta”. Sin embargo, las demandas de amor deben quedar plenamente satisfechas. Mano a mano con la reprensión pertinente debe haber una amonestación paternal, tierna.

   Modificando cada uno de los tres imperativos está la hermosa frase “con toda paciencia y doctrina”, que quiere decir “con paciencia suprema y con concienzuda actividad de enseñar”. Cf. Una combinación similar en 2 Ti. 2:24, “amables con todos, apto para enseñar”.

   Esta paciencia es una virtud distintamente cristiana (2 Co. 6:6; Ef. 4:2; Col. 1:11; 3:12 y véase C.N.T. sobre 1 Ts. 5:14), así como (en otros lugares) un atributo divino (Ro. 2:4; 1 Ti. 1:16). Nótese que la paciencia (lentitud para airarse, amable perseverancia con las personas que han errado) y la actividad de enseñanza van juntas. Ninguna está completa sin la otra. El modo en que Pablo trató al fornicario de Corinto ilustra lo que quiso decir con “redarguye, reprende, amonesta con toda paciencia y doctrina” (1 Co. 5:1–8, 13; 2 Co. 2:5–11). Un ejemplo más antiguo es el tratamiento que Natán dio a David (2 S. 12:1–15).

   Versíc. 3, 4. Ahora se da una razón que muestra por qué Timoteo debe ser diligente en la obra de predicar el evangelio y de redargüir, reprender y amonestar: Porque tiempo vendrá cuando los hombres no soportarán la sana doctrina.

   En todo período de la historia (véase comentario sobre 2 Ti. 3:1) habrá un tiempo durante el cual los hombres se niegan a oír la sana doctrina. A medida que la historia avanza hacia la consumación, esta situación se hace peor. Los hombres no soportarán o tolerarán la verdad, la doctrina que es llamada sana porque promueve la salud espiritual (véase sobre 1 Ti. 1:10). Pero, teniendo comezón en los oídos, acumularán para sí maestros adaptados a sus propios caprichos. No es el heraldo del evangelio el que ha fallado, sino el oír de los hombres volubles que forman el auditorio. Tienen oídos con comezón (de un verbo que en su forma activa significa “hacer cosquillas”; de aquí en el pasivo ser hecho cosquillas, de donde “tener comezón”, figura de “tener un deseo irritante”). Su anhelo es tener maestros que se adapten a sus propios caprichos o gustos pervertidos (véase comentario sobre 2 Ti. 2:22). Tan grande es ese anhelo que amontonan maestro sobre maestro. Esto hace que uno se acuerde de Jer. 5:31: “Los profetas profetizaron mentira … y mi pueblo así lo quiso” y de Ez. 33:32: “Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra”. El pueblo aquí descrito está más interesado en algo diferente, algo sensacional, que en la verdad desnuda. Y cuando se les presenta la verdad (como ciertamente lo hizo Ezequiel), no están interesados en la verdad misma, sino en la forma en que se presenta, el “estilo”, la oratoria del predicador, … el predicador mismo, su voz, su porte, su apariencia, sus modales. Aquí en 2 Ti. 4:3, 4 el énfasis está en el anhelo de oír historias fascinantes y especulaciones filosóficas: y apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a los mitos. La verdad redentora de Dios, que trata sobre el pecado y la condenación, con la necesidad de un cambio interior, etc. (cf. 2 Ti. 3:15–17) no la pueden digerir. Se apartan de ella (como en 2 Ti. 1:15), y se vuelven (como en 1 Ti. 1:6) a los “mitos”, aquellas familiares fábulas de viejas mencionadas con anterioridad (véase comentario sobre 1 Ti. 1:4, 7; 4:7; Tit. 1:14; cf. 2 P. 1:16) o cualquier cosa similar a ellas. Siempre hay maestros que están deseosos de “rascar y hacerle cosquillas en las orejas a quienes desean que se les haga así”.

2° Titulo:

Importante Constancia En Nuestra Profesión De Fe. Hebreos 10.25. no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

   Comentario: 25. No dejemos de congregarnos, como algunos habitúan hacer, sino animémonos unos a otros—y tanto más cuando veis que el Día se acerca.

   Una de las primeras indicaciones de una carencia de amor por Dios y por el prójimo es que el cristiano se aleje de los cultos. El miembro abandona las obligaciones comunitarias, deja de asistir a las reuniones y exhibe los síntomas de egoísmo y de egocentrismo.

   Aparentemente algunos miembros de la congregación hebrea a los cuales se dirigió originalmente la epístola mostraban descuido en su asistencia a los cultos. Lo hacían a sabiendas, desertando de “la comunión de los santos”. De fuentes procedentes del primer siglo de la era cristiana sabemos que la falta de interés por los cultos era cosa común. La Didache, un manual de la iglesia para la instrucción religiosa que proviene de la última parte del siglo primero, contiene esta exhortación: “Pero congregaos con frecuencia, buscando las cosas que son provechosas para vuestras almas”.

   En un capítulo anterior, el escritor de Hebreos advierte a los lectores en contra de seguir el ejemplo de los israelitas desobedientes que vagaban por el desierto, y de alejarse del Dios vivo (3:12). El escritor exhorta a los lectores a “alentarse unos a otros diariamente … para que ninguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” (3:13). Él se da cuenta de que el celo ha decaído entre algunos de los miembros. Es así que él dice una vez más: “Animémonos unos a otros” (10:25). No sólo el escritor de esta epístola sino también todos los miembros de la iglesia tienen la tarea comunitaria de alentarse mutuamente todos los días. Juntos llevamos la responsabilidad, puesto que somos el cuerpo de Cristo.

   Como cristianos debemos mirar hacia el futuro, es decir, hacia el día en que Jesús volverá. Cuanto más nos acercamos a dicho día, tanto más activos debemos estar en animarnos unos a otros en cuanto a mostrar amor y hacer obras buenas aceptables a Dios. Nos hubiera gustado tener más información acerca de “el Día”, pero el escritor es tan parco como los otros escritores del Nuevo Testamento que lo mencionan (véanse, por ejemplo, Mt. 25:13; 1 Co. 3:13; 1 Ts. 5:4). Dice Philip Edgcumbe Hughes: “Cuando se habla de él en esta manera absoluta, ‘el Día’ sólo puede significar el último día, el día escatológico final, que es el día para ajustar cuentas y de juicio conocido como el Día del Señor”.

3er Titulo:

El Día Del Señor, Apropiado Para Tal Enseñanza. Los Hechos 20:7. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. 

   Comentario: Pablo había visitado Troas en su segundo viaje misionero. Allí tuvo la visión del hombre de Macedonia que le dijo “ven … y ayúdanos” (16:9–10). En ese tiempo, Pablo no había predicado el evangelio en Troas. Pero durante su tercer viaje misionero, fundó una iglesia allí (2 Co. 2:12).

   Versíc. 7. El primer día de la semana, nos reunimos para partir el pan. Pablo empezó a hablarles; debido a que pensaba partir al día siguiente, continuó dando su mensaje hasta la medianoche.

   Lucas, como testigo ocular, nos da una cronología casi día por día de lo que ocurrió durante el viaje de Pablo desde Filipos hasta Jerusalén. En el versículo 6, registra el hecho que el viaje a Troas tomó cinco días y que Pablo se quedó allí una semana. En este versículo, es igualmente preciso. Cuenta que el primer día de la semana, Pablo asistió al culto de adoración local; al día siguiente planeaba salir de Troas.

   “El primer día de la semana” (es decir, el domingo; esta es la primera referencia que encontramos en el Nuevo Testamento a la adoración dominical) los cristianos se reunieron para celebrar la Cena del Señor, la cual era seguida por una comida comunitaria, la “fiesta de amor”.1258 En Hechos, la expresión partir el pan se refiere a celebrar la comunión (2:42; y véase 2:46). El culto de adoración comenzó con la predicación de la Palabra, y Lucas dice que Pablo predicó hasta la medianoche.

   Los creyentes estaban felices escuchando a Pablo durante un tiempo tan prolongado, aun cuando seguramente muchos de ellos habían trabajado todo el día (véase Consideraciones prácticas en 20:7–12). Ellos veían la visita de Pablo como una extraordinaria oportunidad para recibir instrucción de un apóstol, además que sabían que a la mañana siguiente (lunes) Pablo y sus compañeros partirían para Siria. Por lo tanto, se gozaban escuchándole explicar las Escrituras.

Consideraciones prácticas en 20:7 -12.

   Hoy día, a través del mundo, la gente observa la semana de siete días. Pero en los días de Pablo, sólo los judíos, los piadosos, y los cristianos tenían un calendario en el cual la semana constaba de siete días. Esto hacían en armonía con el relato de la creación que encontramos en los primeros dos capítulos de Génesis y con el mandamiento en el Decálogo de guardar el shabat (sábado) después de trabajar seis días (Ex. 20:8–11; Dt. 5:12–15). Además, los griegos y los romanos no tenían días de descanso. En realidad, el autor romano Séneca se mofaba de los judíos y los ridiculizaba por gastar tiempo en descansar un día de cada siete. Cuando Pablo predicó el evangelio exclusivamente a audiencias gentiles (por ejemplo, en Listra y en Atenas), empezó enseñando la doctrina de la creación. Tuvo que enseñar que Dios creó los cielos y la tierra en seis días y descansó el séptimo.

   Los judíos designaban cinco días de la semana con números ordinales (el primer día, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto). Esto era seguido por el día de la preparación (viernes) y el shabat (sábado). Los primeros cristianos adoptaron esta nomenclatura. Pero hacia el final del siglo I, llamaron al primer día de la semana el Día del Señor para conmemorar que Jesús había resucitado ese día (Ap. 1:10; el documento del primer siglo Didache 14.1). Es interesante que en la moderna Grecia el calendario designa los días de la semana como Día del Señor, segundo, tercero, cuarto, quinto, día de preparación y shabat. En portugués, los días son domingo, segundo día (lunes), tercero (martes), cuarto (miércoles), quinto (jueves), sexto (viernes), y sábado.

4° Titulo:

Deber De Todo Enseñador; Trazar Bien La Palabra De Verdad. Eclesiastés 12:9 al 11. Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. (Is. 50:4. Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.)

   Comentario: Llegamos al epílogo escrito seguramente por un discípulo. Algunos distinguen dos epílogos: uno sobre el hombre (vv. 9–11) el otro sobre su obra (vv. 12–14). El epílogo contiene lo que podemos llamar la primera interpretación del Eclesiastés, la moraleja que nos puede servir de interpretación para nuestra propia interpretación hoy. Hay que buscar maneras de entender una obra tan controvertida como ésta, y poner final a una obra que ha desafiado y desafiará aún la comprensión humana.

   Tanto más enseñó sabiduría (v. 9). A pesar de las limitaciones que tiene sabiduría y que el Predicador ha ido destacando a lo largo de su obra, la nota editorial afirma que lo que el Predicador había alcanzado a conocer, esto también lo enseñó. Los sabios tenían en alta estima las enseñanzas que permiten al hombre orientarse en la vida. Para ellos la fuente primaria de sabiduría está en la misma naturaleza que es el libro de texto de Dios (Job 35:10, 11; Ecl. 12:7, 8), pero no descartaban en absoluto la sabiduría que un hombre prudente podía comunicar a otros.

   Nos han dejado testimonio de la lamentación de quien no oyó los sabios consejos de sus mayores (Prov. 5:11–13). Transmitir la comprensión que se ha logrado era tenido como un deber (Job 4:3, 4). La vida misma es una gran maestra (Job 8:9, 10) y, sobre todo, especialmente en el libro de los Salmos, Dios, sin duda a través de su ley, es el gran maestro de la vida. También sopesó, investigó y compuso muchos proverbios. Estudió el trabajo de sabiduría anterior a él para aquilatar su valor, pero también hizo un trabajo original. Era la manera ordinaria de proceder.

   En el v. 11 vemos que las palabras de los sabios son como aguijones. Es decir, estimulan el pensamiento del interlocutor y hacen progresar el pensamiento ético. De ahí la forma enigmática que tienen. Forman parte de una colección significa que debían existir en aquellos tiempos series de proverbios para educar a los jóvenes en las diversas circunstancias que les tocaba vivir. Primero debieron circular en forma oral y luego en la forma escrita que ahora presentan. La literatura universal de este tipo pasó por ese proceso. Expuestas por un Pastor (v. 11): Pastor de almas, aunque el epíteto no deja de llamar la atención. Algunos suponen que la expresión está

sugerida por el término “aguijón” usado anteriormente. Los pastores del rebaño que es Israel, según Ezequiel eran las clases dirigentes del pueblo. El texto de Ezequiel 34 es el que usa Jesús para expresar la naturaleza de su persona y su misión, resulta de esta forma un texto mesiánico.

   El Salmo 23:1 es muy conocido para no recordar en esta circunstancia. Teme… guarda (v. 13). Temer a Dios, en el sentido de contar con él en toda circunstancia. Dios es comienzo, contenido y final de la verdadera sabiduría. Esto es el todo del hombre (v. 14).

   Así el epiloguista contesta a la pregunta que inició el camino del Predicador: ¿Dónde encontrar el sentido de la vida? El sentido de la vida se ha de encontrar en la manera de vivir de cara a Dios, quien finalmente ha de juzgar la vida del hombre.

   Comentario 2: 12:8-14 Salomón repite su texto, vanidad de vanidades, todo es vanidad. Estas son las palabras de uno que podía hablar por experiencia querida comprados de la vanidad del mundo, lo que no puede hacer nada para aliviar los hombres de la carga del pecado. Mientras consideraba el valor de las almas, hizo escuchar a lo que hablaba y escribía; palabras de la verdad siempre serán palabras agradables. Las verdades de Dios son como aguijones de quienes son como son aburrido y retroceder, y las uñas a como están vagando y dibujan a un lado; medios para establecer el centro, que es posible que nunca se siente suelto a nuestro deber, ni se quitarán de ella. El Pastor de Israel es el dador de la sabiduría inspirada. Los maestros y los guías reciben todas sus comunicaciones de él. El título se aplica en las Escrituras que el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Los profetas buscaron con diligencia, qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo en ellos hizo significar, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias después de ellas. Para escribir muchos libros no se adaptaba a la brevedad de la vida humana, y sería el cansancio al escritor y al lector; y luego era mucho más de lo que tanto de lo que es ahora. Todas las cosas serían vanidad y aflicción, salvo que condujeron a esta conclusión, de que temer a Dios y guarda sus mandamientos, es el todo del hombre. El temor de Dios incluye en él todas las afecciones del alma hacia él, que se producen por el Espíritu Santo. Puede haber terror donde no hay amor, no, donde hay odio. Pero esto es diferente del miedo gracia de Dios, como los sentimientos de un niño cariñoso. El temor de Dios, se pone a menudo para el conjunto de la verdadera religión en el corazón, e incluye sus resultados prácticos en la vida. Vamos a asistir a la única cosa necesaria, y ahora venimos a él como un Salvador misericordioso, que pronto vendrá como juez todopoderoso, cuando él sacará a la luz las cosas de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones. ¿Por qué no en el registro a Dios en su palabra, que todo es vanidad, sino para evitar que engañarnos a nosotros mismos a nuestra ruina? Él hace que nuestro deber de ser de nuestro interés. Que se graven en todos nuestros corazones. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es todo lo que concierne al hombre.

Amén, para la gloria de Dios

1a a los Corintios 10.31. sí, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

1ª a los Corintios 16:14. Todas vuestras cosas sean hechas con amor.


DESCARGUE AQUÍ ESTUDIO COMPLETO  

Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP 2019; Comentario Mundo Hispano; Comentario de Matthew Henry.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.