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“La Iglesia Edifica Por Medio De Las Enseñanzas De Los Apóstoles Y Profetas”

“La Iglesia Edifica Por Medio De Las Enseñanzas De Los Apóstoles Y Profetas”


Lunes 21 de enero de 2019:  Lectura Bíblica: Efesios Cap. 2, versículos 20 al 22. edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

   Comentario: Versículos 19– Tema: La iglesia gloriosa ▬ Adoración por su Universalidad (abarcando tanto a judíos como a gentiles), evidenciada por el hecho de que la iglesia de judíos y gentiles crece para ser un edificio, un templo santo en el Señor, del cual Cristo mismo es la principal piedra del ángulo.

19Así que ya no sois extranjeros y forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, 20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la principal piedra del ángulo, 21en quien todo el edificio, armoniosamente ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, 22en el cual también vosotros junto con (todos los demás) estáis siendo edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Un santuario de judíos y gentiles

   En consecuencia, ya que Cristo ha reconciliado tanto a gentiles como judíos con Dios por medio de sus sufrimientos en la cruz, y que ambos tienen su acceso en un Espíritu al Padre, de modo que ha cesado toda desigualdad entre estos dos grupos en lo que concierne a su posición frente a Dios, surge un pensamiento natural al cual Pablo da expresión con las siguientes palabras: Versíc. 19. Así que ya no sois extranjeros y forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios … Los efesios, en su mayoría creyentes de entre los gentiles, habían sido “extranjeros” (véase el v. 12), como si hubiesen sido ciudadanos de otra nación, pero ya no debían ser considerados más como meros extranjeros que estuviesen visitando al pueblo de otra nación. Tampoco debían ser mirados como alienados o peregrinos, meros gabaonitas morando en medio de Israel sin haber obtenido los plenos derechos de ciudadanía. Cf. Ex. 2:22; Hch. 7:6. Al contrario, son “conciudadanos” (palabra que ocurre únicamente aquí en el Nuevo Testamento) de los santos, vale decir, de todos aquellos que se hallaban separados del mundo y consagrados a Dios como pueblo de su propia posesión. La iglesia no ha de dividirse en miembros de primera clase (judíos convertidos al cristianismo) y de segunda clase (gentiles convertidos al cristianismo). Las condiciones de admisión son iguales para todos: fe en el Señor Jesucristo, fe que obra por el amor. La categoría o rango es también la misma. Expresando este concepto en un lenguaje aún más íntimo, el apóstol declara que éstos que antes eran gentiles son ahora “miembros de la familia” de Dios. familia es una unidad más íntima que un estado. “Hermanos y hermanas” (miembros familiares) es un término más cariñoso que “conciudadanos”. Versíc. 20. El doble sentido de la palabra griega oikos (familia, casa) hace que para el apóstol sea natural, mediante una fácil transición, cambiar su metáfora de vida familiar a un sentido arquitectónico. De ahí que, prosigue: edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. El sentido en que los apóstoles y profetas eran, indudablemente, el fundamento de la iglesia, aunque en forma secundaria, ha sido tratado ya en la introducción p. 52. Esta declaración no constituye en manera alguna contradicción a 1 Co. 3:11, donde Pablo enseña que el fundamento real o primario es, y no puede ser otro que, Jesucristo. En realidad, al llamar a Cristo la “piedra angular”, vale decir, aquella parte de este fundamento por medio de la cual lo demás adquiere la super-excelencia, se añade brillo a la metáfora. El gozoso testimonio dado por los apóstoles y profetas confirmando el hecho mismo de que el fundamento básico o primario es Cristo hace posible que, en sentido secundario, ellos, también, puedan ser llamados el fundamento de la iglesia. En lo que respecta al término apóstoles véase sobre 1:1; 4:11. La opinión de que el término profetas según se usa aquí tiene referencia a los poseedores de este apelativo en el Antiguo Testamento, tales como Moisés, Elías, Isaías, Jeremías, etc., queda expuesta a serias objeciones como las siguientes: (1) Se mencionan primero los apóstoles, luego los profetas; (2) el nombre “fundamento” de la casa, morada compartida igualmente por judíos y gentiles, se adapta mejor a los profetas del Nuevo Testamento que a los de la antigua dispensación; (3) de acuerdo a 4:8–11 los profetas se mencionan allí inmediatamente después de los apóstoles, tal como aquí en 2:20, son “dones” otorgados a la iglesia por el Cristo ascendido; por tanto, profetas de la era del Nuevo Testamento; y (4) 3:5 donde la misma expresión “apóstoles y profetas” ocurre en un contexto del cual se excluye en forma definida la referencia a los profetas del Antiguo Testamento, parecería remachar el argumento en favor de los profetas del Nuevo Testamento. Con respecto al oficio o a la función que estos profetas del Nuevo Testamento realizaban, a diferencia de los apóstoles, véase 4:11.

   Pablo prosigue: Siendo Cristo Jesús mismo la principal piedra del ángulo.

Otras referencias a esta piedra, que claramente muestran que ella simboliza a Cristo, son Is. 28:16; Sal. 118:22; Mt. 21:42; Hch. 4:11. Además de ser la piedra angular de un edificio parte del fundamento y por tanto soporte de la superestructura, ella determina su forma final, puesto que, al estar colocada en la esquina formada por la unión de dos muros primarios, fija la posición de estos muros y de los que los cruzan en el resto del edificio. Todas las demás piedras deben ajustarse a ella. Así también la casa espiritual, además de descansar en Cristo,queda determinada en cuanto a carácter por él. Es él quien define lo concerniente a lo que esta casa debe ser ante Dios y cuál ha de ser su función en Su universo. Es Cristo el que da a la casa su correcta dirección. Los creyentes, como “piedras vivas” (1 P. 2:5), han de regular sus vidas en conformidad con la voluntad de la piedra angular, Cristo. Versíc. 21. El Apóstol añade: en quien todo el edificio, armoniosamente ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.

   Se añade ahora otro pensamiento al ya expresado. Aprendemos ahora que Cristo, a más de ser el principio de la estabilidad y dirección de la iglesia, es también el principio de su crecimiento. Todo el edificio está “creciendo” o “levantándose” por razón de una unión vital con él. No hay nada estático tocante a este edificio. Es una construcción viva formada por piedras vivas: los creyentes. Y siendo que cada piedra viva aporta su propia contribución al crecimiento y belleza del edificio, lo último se describe como “armoniosamente ajustado”. Compárese 4:16. Así el edificio se está perfeccionando siempre como “un templo santo en el Señor”. Es santo, esto es, limpio y consagrado, a causa de la sangre y el Espíritu de Cristo.

   Volviendo ahora del concepto general hacia la aplicación especial, Pablo declara: Versíc. 22. en el cual también vosotros juntos con (todos los demás) estáis siendo edificados para morada de Dios en el Espíritu. Esta seguridad es muy alentadora. Es como si el apóstol dijese,Este aspecto de ser edificados corresponde a vosotros, efesios, como también a los demáscreyentes; tiene relación con vosotros, que en mayor parte sois gentiles, como también conlos judíos. El amor de Dios es tan amplio como el mar. Lo abarca todo. Además, vosotros estáissiendo edificados juntos, en estrechísima asociación el uno con el otro, mediante activacomunión. Es así como se levanta gradualmente la iglesia. No será terminada hasta el día dela consumación de todas las cosas. Llegará entonces a su perfección lo que ahora está enprincipio, a saber, “un lugar para morada de Dios en (es decir, en virtud de la operación delavamiento y transformación de) el Espíritu”.

   No necesita ser probado el hecho de que esta casa (familia) de Dios que se levanta y edifica para ser un templo santo en el Señor, el lugar donde El habita, es una entidad espiritual y no física. Pablo está hablando claramente acerca de la iglesia gloriosa, reunida de entre todas las naciones, hasta que al fin “el número de los elegidos se haya completado”. Surge, sin embargo, una interrogante, ¿Existe acaso aquí alguna alusión, aunque fuese débil, a un templo físico, de modo que la imagen de él sirviese como una especie de trasfondo? Y si hubiese tal alusión, ¿no sería posible que pudiera proyectar alguna luz sobre el significado del pasaje? En favor de la idea de que haya implicada una referencia indirecta a un templo literal o a templos literales se halla el hecho de que cuando, durante su segundo viaje misionero, el apóstol dio una vuelta por la ciudad de Atenas, observando muy de cerca sus lugares y objetos sagrados, señaló, “El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay … no vive en templos hechos por manos (humanas)” (Hch. 17:24). En el contexto el significado debe haber sido: “No puede él ser localizado en (o restringido a) uno de vuestros templos (paganos)”. No obstante, se aplican las mismas palabras al templo de Jerusalén, según se ve por el uso que de ellas hace Esteban en Hch. 7:46–50. Parecería quedar establecido entonces que cuando el apóstol concentró su atención en el lugar como morada de Dios, no estaba ausente de su mente el contraste entre lo verdadero y lo falso; y además siendo judío, es indudable que sabía apreciar muy bien el contraste entre la sombra y la realidad, entre tipo y antitipo. Era “de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos” (Fil. 3:5), había recibido sus primeras enseñanzas en Jerusalén, a los pies de Gamaliel (Hch. 22:3). Después de su conversión, la voz celestial le había hablado mientras oraba en el templo (Hch. 22:17–18). Además, fue en aquel mismo templo, al final de su tercer viaje misionero, donde fue tomado por la turba y arrestado (Hch. 21). Como resultado vino su encarcelamiento, primero en Cesrea, luego en Roma, en su primer período, ocasión en que fue escrita Efesios, y lo fueron también Colosenses, Filemón, y Filipenses. Habría sido casi imposible, por tanto, para Pablo haber escrito Ef. 2:21, 22 sin al menos hacer alguna alusión al templo de Jerusalén. La mayoría de los que en cualquier sentido se refieren al asunto—muchos lo eluden totalmente—concuerdan con esta posición. “El (Pablo) piensa en el santuario de Jerusalén, que era tipo y símbolo tanto de Cristo (véase Jn. 2:18–22) como de la iglesia”. El mismo autor rechaza terminantemente la idea de que Pablo pudiese, en sus palabras, haber hecho también alguna referencia indirecta a algún santuario pagano. Otros, sin embargo, enfatizan la idea de que “la famosa imagen del templo espiritual, en la cual tal vez podemos hallar algunas reminiscencias del magnífico templo de Artemisa, a la cual toda Asia y el mundo adoraban, pertenece solamente a Ef. 2:20–22, y a ningún otro lugar”. Aunque no es posible probar que haya alusión a la imagen la cual, conforme a la creencia popular, había caído del cielo, hay, no obstante, ciertos hechos que parecen favorecer tal concepto. Obsérvese lo siguiente: (1) Ya ha sido señalado que las palabras de Pablo citadas en Hch. 17:24 son aplicables a cualquier templo hecho por mano humana, sea el de Jerusalén u otro lugar. (2) El apóstol escribió esta epístola a personas que vivían en los alrededores de la ciudad misma que contenía el templo de Artemisa (que los romanos identificaban con Diana), una de las siete maravillas del mundo antiguo. (3) Durante el ministerio de Pablo en Éfeso su predicación chocó de frente con el culto de la diosa, hecho que comprendieron en toda su magnitud Demetrio y los artífices que con él trabajaban. Al arengar Demetrio a sus colegas, había señalado que por causa de la predicación de Pablo había “peligro de que el templo de la gran diosa Diana cesara de infundir respeto”. Este discurso había provocado una revuelta tan agitada y acalorada que por espacio de dos horas la turba gritó, “Grande es Artemisa (Diana) de los efesios” (Hch. 19:23–41). Después que el alboroto hubo cesado Pablo partió para continuar su viaje misionero (el tercero), el cual, según se indicó, le condujo a su arresto y encarcelamiento.

   Ahora bien, si aceptamos como probable la teoría de que en 2:20–22 el apóstol está, por implicación, contrastando el santuario espiritual con cualquiera de los demás, sea el de Jerusalén o el de Éfeso, ¿en qué aspecto es, precisamente, que hay un contraste? ¿Cuál era la función más importante de todo templo terrenal que el apóstol tenía en mente cuando escribió en esa forma? La respuesta debe ser que el templo literal—más específicamente, la parte interior o santuario—“no fue construido para los adoradores, sino como santuario para la deidad” (Moffatt). De esta manera, aun cuando Salomón tenía clara convicción del hecho que “los cielos y la tierra no pueden contener a Dios”, no obstante, creía que Jehová revelaría en alguna forma especial su gloriosa presencia en el templo recién terminado (2 Cr. 6:1, 2, 41; 7:1; cf. Ex. 40:34ss). El santuario de Sion es la morada de Dios (Sal. 132:1–5, 8, 13, 14; 135:21; etc.). Similarmente, el “cella” (santuario interior) del templo de Éfeso era el lugar de más importancia en todo ese edificio maravilloso. Superaba al resto del templo en cuanto al valor que se le concedía, y la razón era que contenía la estatua de la diosa. Ella moraba allí. Verdad es, por supuesto, que entre el lugar de morada de Jehová y el de Artemisa en Éfeso existía un enorme contraste, a saber, que el primero era, realmente el Dios viviente que hizo de Sion su especial morada, mientras que, por el contrario, lo que se adoraba en Éfeso era una mera estatua, tal vez un meteorito de gran proporción, al que un hábil artista le había dado forma humana. Sin embargo, a diferencia de ambos, lo que Pablo está haciendo resaltar es este hermoso y confortante pensamiento: “Vosotros mismos, efesios, sois ahora el santuario terrenal de Dios” (Is. 57:15; 66:1, 2; 1 Co. 3:16, 17; 2 Co. 6:16; Ap. 21:3). “Vosotros sois su morada, su hogar”.80 “Morada, hogar” indica permanencia, belleza, íntima comunión, protección, amor. Aquella morada es muy vasta. Es un hogar “donde no puede haber griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, esclavo, libre” (Col. 3:11), y en donde la “nueva humanidad” (Ef. 2:15) se halla en paz con su Hacedor-Redentor.

1er Titulo:

Antigua Enseñanzas Que Tienen Plena Vigencia En Estos Días. Romanos 15:4 al 6. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

   Comentario: Versíc. 4. Porque todo lo que fue escrito en tiempos antiguos fue escrito para nuestra instrucción, para que, a través de una perseverante paciencia y el aliento de las Escrituras, tengamos esperanza

   ¡He aquí un pasaje práctico e inolvidable! En pocas palabras nos informa que, si la religión ha de significar algo para nosotros, debemos practicarla. Todo lo que fue escrito en las Escrituras—que para Pablo era lo que hoy

llamamos el Antiguo testamento—fue escrito “para nuestra instrucción”.

   Como sucede con frecuencia, también aquí la palabra “instrucción” indica mucho más que la comunicación

de conocimiento intelectual. El énfasis, de hecho, recae en el conocimiento práctico, conocimiento que puede ser, y debe ser, aplicado a vivir la vida como creyente.

   Dos cosas son necesarias para que los escritos sagrados nos sean de beneficio:

a. perseverante paciencia. Cualquiera que estudie diligentemente las Escrituras, pidiéndole a Dios que aplique sus enseñanzas a su corazón y vida, será herido por ellas una y otra vez, porque se dará cuenta cada vez más de que la distancia entre su propia conducta y el ideal con que las Sagradas Escrituras la confrontan es verdaderamente grande. Y, sin embargo, debe orar pidiendo fuerzas para persistir en este estudio, aprendiendo cada vez más como aplicarlo a su vida.

b. el aliento de las Escrituras. Aquellos que por gracia y poder de Dios persisten en ese estudio práctico descubrirán que estos escritos sagrados, escritos en tiempos pasados, no sólo hieren, sino que también curan. En efecto, ellos están llenos de promesas alentadoras que, cuando se las acepta por medio de la fe que Dios da, resultan en el nacimiento y crecimiento, en los corazones de los hombres, de la esperanza cristiana firmemente enraizada.

   Por consiguiente, lo que Pablo dice es que el modo de lograr que la Escritura se transforma en bendición para nosotros y por medio de nosotros para otros es ponerla en práctica.

   En la conmovedora conclusión de su libro, el Coronel E. W. Starling enfatiza que para el bienestar nuestro y de la nación debemos comenzar a entender que el cristianismo no es solamente una teoría que hay que creer sino una fuerza vital.

   Versíc. 5, 6. Que el Dios (que es fuente) de la perseverante paciencia y del aliento os conceda vivir en armonía los unos con los otros, de acuerdo con Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola boca glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

   En el presente pasaje se retoman del v. 4 los dos conceptos, la “perseverante paciencia” y el “aliento”. El apóstol, dirigiéndose a los miembros de la iglesia de Roma y a todos los otros que entonces o después conocerían el contenido de esta epístola, pronuncia la solemne plegaria y deseo que sus lectores, por medio del uso práctico y devocional de las Escrituras, y habiendo sido hechos receptores de las dos preciosas bendiciones ya mencionadas, puedan alcanzar la meta de vivir en armonía los unos con los otros. Cf. Ro. 12:16.

   El agrega una frase que ha sido causa de mucha controversia, pero cuya mejor traducción probablemente sea “de acuerdo con Cristo Jesús”. ¿Pero qué quiere decir Pablo con esto?

   Algunos dicen que esta pequeña frase significa “de acuerdo con la voluntad de Cristo Jesús”. Otros, “de acuerdo con el patrón o ejemplo de Cristo Jesús”. Si fuera necesario elegir entre estas dos opciones, mi preferencia sería la última, dado que el contexto se refiere dos veces a Cristo como ejemplo de los creyentes (vv. 3 y 7). Sin embargo, ¿no es posible que “de acuerdo con Cristo Jesús” sea una expresión lo suficientemente amplia como para abarcar ambas ideas? ¿No significa: “de acuerdo con aquello que Cristo Jesús ha revelado respecto a sí mismo por medio de precepto y ejemplo”? Al intérprete presente le parece que Murray está en lo cierto cuando afirma que lo que está en consonancia con el ejemplo de Cristo debe siempre concordar con su voluntad

   En consecuencia, Pablo expresa la oración-deseo de que los verdaderos creyentes en todas partes y de toda clase, sean “fuertes” o “débiles”, se esfuercen por alcanzar la meta de vivir en armonía los unos con los otros y también de ese modo vivir de acuerdo con el ejemplo y la voluntad de Cristo Jesús.

   No es necesario que los cristianos piensen exactamente lo mismo sobre cada asunto. Pero es necesario que en las vidas de todos los hijos de Dios el amor de Cristo Jesús sea reflejado y su voluntad hecha. Será así que lleguen a estar verdaderamente unidos en una comunión santa y poderosa, un cuerpo. Cf. Ef. 4:1–6. Es de este modo, y solamente de este modo, que el propósito expresado se cumplirá, a saber, que “con un solo corazón y una sola boca (cf. Hch. 1:14; 2:46) glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Sobre el tema de glorificar a Dios véase también Sal. 150; Jn. 17:1; Ro. 11:36; 1 Co. 10:31.

   La expresión: “El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (cf. 2 Co. 1:3; 11:31; Ef. 1:3; 1 P. 1:3) no debe presentar dificultades. El título “Dios de nuestro Señor Jesucristo” pone el énfasis en la naturaleza humana de Cristo, y lo de “Padre de nuestro Señor Jesucristo” llama la atención a la naturaleza divina del Hijo, porque no se alude aquí a una filiación nativista sino trinitaria, el tipo de filiación en la cual Cristo, por cualquier nombre que se lo llame, es puesto en pie de igualdad con el Padre y el Espíritu. Hay más sobre esto en el comentario sobre Ro. 8:9–11, y sobre 9:5. Véanse también Mt. 27:46 (= Mr. 15:34) y Jn. 20:17.

   Si no detuviéramos en este punto, todavía no le habríamos hecho justicia a esta hermosa oración-deseo de los vv. 5 y 6. Para captar el verdadero significado del pasaje debe ser puesta en relación con la persona de Pablo, el apóstol; es decir, con la situación en que estaba Pablo en el momento en que dictó esta epístola.

   Como se demostró anteriormente (en la introducción), cuando Pablo escribió Romanos se encontraba trabajando en Corinto. De ninguna manera puede decirse que vivía acomodado en dicha ciudad; ni ahora (Hch. 20:3), ni anteriormente. Respecto a la situación anterior en Corinto véanse Hch. 18:6, 12; cf. 1 Co. 1:11s; 2:3; 3:1; 5:1s; 10:14; 11:20s. Además, aun antes de redactar Romanos el apóstol había experimentado una serie de aflicciones (véase la introducción) tan penosas y amargas que bien podemos preguntarnos si bajo circunstancias similares muchos pastores de hoy en día no hubieran enviado su carta de renuncia.

   No obstante, la resolución de Pablo de continuar está tan firmemente anclada que, pase lo que pase, él igual se regocija en el Señor, y habla aquí en Ro. 15:5, 6 de Dios como fuente de la “perseverante paciencia y aliento” de los creyentes. Además, cuando se pone a pensar en el Salvador, su entusiasmo no conoce límites, de modo que su lenguaje se mueve hacia una culminación impresionante: “Cristo” (15:3), “Cristo Jesús” (v. 5), “nuestro Señor Jesucristo” (v. 6). ¡Qué maravilloso líder cristiano, este Pablo! Más bien, ¡qué maravilloso Dios, fuente de perseverante paciencia y aliento, este Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!

2° Titulo:

Debemos Amar Y Conservar Celosamente La Sana Doctrina. Romanos. 16:17 y 18. Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. 

   Comentario: “Os exhorto, hermanos, a estar en guardia contra los que causan divisiones”.: 16:17–18

   Versíc. 17. Os exhorto, hermanos, a estar en guardia contra los que causan divisiones y que ponen en vuestro camino obstáculos que son contrarios a la enseñanza que habéis aprendido. Evitadlos.

   Hay quienes sostienen que el pasaje que va del v. 17 al 20 no puede haber sido parte de la epístola de Pablo a los romanos porque su tono es diferente al que encontramos en el resto de esta carta. Ellos sostienen que está “fuera de contexto”. (Algo ya se ha dicho sobre esto en la introducción). Preguntan:

   “Visto que el apóstol le ha estado prodigando una efusiva alabanza a los miembros de la iglesia de Roma (1:8;

15:14), ¿cómo puede ser que ahora, de buenas a primeras, los esté regañando?”

   Los que así piensan deben volver a leer con más cuidado. Una examinación más minuciosa les permitirá ver que lo que Pablo dice aquí en 16:17–20 está definitivamente “dentro de contexto”. En el versículo precedente “el les ha dicho que se saluden los unos a los otros “con un beso santo”. Este beso era evidentemente una señal de amor, unidad y armonía. Y por eso ahora, en el v. 17, advierte a la congregación que se cuide de la gente cuyo propósito es turbar esta armonía y crear divisiones. La conexión es evidente.

   Además, Pablo acaba de referirse a “todas las iglesias de Cristo”. ¿Será posible que al pensar en las condiciones en que se encuentran dichas iglesias él pueda haber dejado de lado el hecho que algunas de ellas habían sido alborotadas, o lo estaban siendo, por falsos maestros que le pisaban los talones y que hacían todo lo posible por derribar la doctrina de la salvación sólo por gracia? Estas personas estaban constantemente causando divisiones y poniendo obstáculos (véase sobre 14:13) en el camino, con el propósito de obstruir la enseñanza verdadera que los romanos habían aprendido.

   En ningún lado dice o da a entender el apóstol que estos alborotadores eran miembros de la iglesia de Roma.

Probablemente eran forasteros, propagandistas itinerantes del error.

   No hace falta pensar que todo fueran del mismo cuño. Algunos pueden haber sido legalistas (judaizantes), otros antinomianistas o quizá ascetas, o propugnadores de alguna combinación de dos o más “ismos” desorganizadores.

   Pablo no dice: “Oponeos a ellos”; ya que, aunque algunos de aquellos a quienes se dirige podrían haber hecho esto con éxito, otros podrían haber sido fácilmente descarriados si entraran en debate. Por lo tanto, Pablo insta a los hermanos (sobre esto véase Ro. 1:13; 7:1) a evitar totalmente a estos disidentes. Él tenía plena conciencia de que la posibilidad de que algunos miembros pudiesen perder el rumbo era real si no seguían este plan de evitar estas personas, especialmente si se tienen en cuenta los astutos métodos empleados por los propagandistas, tal cual se los señala en el versículo

   versic.18. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo sino a sus propios vientres; y con suaves palabras y lisonjas engañan el corazón de los ingenuos.

    La expresión que se usa en el original y que traducimos “tales personas” contiene en este caso un dejo de desprecio. Quizá podría traducirse “gente de esta laya”, o “esta clase de personas”. Pablo evidentemente los considera impostores, charlatanes.

   Al afirmar que: “tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo sino a sus propios vientres”, es como si el apóstol dijese: “O servimos a nuestro Señor Jesucristo”—nótese la plenitud de este glorioso título—“o nos servimos a nosotros mismos. Hacer ambos a la vez es imposible. Rendimos nuestra lealtad al uno o al otro”. Cf. Mt. 6:24.

   Así en el marco de unas pocas palabras Pablo expone el error fundamental de la pandilla contra la cual hace la advertencia. Ya que en el caso de estos falsos maestros la primera alternativa, a saber, servir a nuestro Señor Jesucristo, está fuera de toda posibilidad, debe ser que están sirviendo a sus propios vientres. Cf. Fil. 3:19. ¿Quiere esta expresión, “sus propios vientres”, decir que necesariamente estos perturbadores son todos libertinos,sensualistas? Probablemente no sea así, ya que en tal caso la advertencia habría sido dirigida solamente contra un cierto tipo de alborotadores. Por lo tanto, el verdadero significado probablemente sea: “egoístas de toda clase, gente que es esclava de su propio ego”. Trátese de judaizantes, antinomianistas, ascetas, o lo que sea, ¡cómo les gusta oírse hablar! Están hinchados por la exaltada opinión que tienen de sí mismos (cf. Co. 2:18, 23). Viven “según la carne”, permitiendo que sus vidas sean determinadas por los apetitos de su pecaminosa naturaleza humana (cf. Ro. 8:4, 5).

   Que lo dicho es cierto se evidencia también por los métodos que utilizan para capturar sus auditorios. Hacen uso de suaves palabras y de la lisonja. Cf. Judas 16. Son los que algunos considerarían “oradores elocuentes”, aunque son en realidad “engañadores hábiles”. En realidad, no están ayudando a nadie, aunque pretenden hacerlo.

Son embaucadores porque alejan a la gente de la plenitud de la salvación en Jesucristo. Son los corazones de los simples, confiados, ingenuos, crédulos, los que son descarriados por estos charlatanes.

   Cabe hacerse la pregunta: “¿Es la advertencia de los vv. 17, 18 todo lo que se necesita para hacer que aquellos a quienes se habla continúen viviendo vidas de gloria a Dios el Padre y al Señor Jesucristo (15:6), vidas ricas en bondad (15:14), y que estén de acuerdo con la enseñanza que han aprendido (16:17)?” Probablemente que no. Es por eso que Pablo agrega,

3er Titulo:

La Proliferación De Enseñadores En Los Diversos Medios De Comunicación Debe Ser Examinada. 2a de Juan 1:7 al 11. Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.

   Comentario: 1. Descripción y amonestación Versíc. 7–8

   El propósito de la carta de Juan es alertar a los lectores acerca de los peligros espirituales que enfrentan.

Deben reconocer a los falsos maestros que adulteran la verdad de la Palabra de Dios. Deberían además guardar celosamente la herencia de la verdad de Dios.

   Juan llama al falso maestro un engañador y un anticristo. Lo describe a sus lectores y los previene en contra de perder sus posesiones espirituales.

Es más, si los creyentes obedecen los preceptos de Dios, demuestran su amor y protegen la verdad, Dios los bendecirá. Alfred Plummer escribe: “La verdad no es menos que el amor como condición para recibir la triple bendición de la gracia, misericordia y paz”.

   Versíc. 7. Muchos engañadores, que no reconocen que Jesucristo ha venido en la carne, han salido al mundo. Cualquier persona de este tipo es el engañador y el anticristo. 8. Tened cuidado de no perder aquello por lo cual trabajasteis, sino que podáis ser plenamente recompensados.

a. “Muchos engañadores … han salido al mundo” Los traductores de la Nueva Versión Internacional han omitido la palabra porque, que se encuentra al principio de la oración en griego. Dejando de lado algunas variantes menores, esta oración se asemeja mucho a 1 Juan 4:1. “Porque muchos falsos profetas han salido al mundo”. Juan llama a estos falsos profetas engañadores, puesto que están llenos del espíritu del engaño y buscan la destrucción espiritual de los cristianos. Hay muchos engañadores. Suponemos que anteriormente los mismos habían sido parte de la comunidad cristiana. Dejaron la iglesia (véase 1 Jn. 2:19) para hacer del mundo el ámbito de sus perniciosas doctrinas. Y en el mundo tratan de persuadir a los cristianos a aceptar sus puntos de vista.

b. “Que no reconocen que Jesucristo ha venido en la carne”. Nótese que Juan menciona el nombre completo del Hijo de Dios, Jesucristo, para recordarle a sus lectores la naturaleza divina y humana de éste. Dichos engañadores siguen proclamando su oposición a la enseñanza de que Jesucristo vino en la carne.

   Ya en su primera epístola, Juan advierte a los lectores que deben probar los espíritus: “Todo espíritu (enseñanza) que reconoce que Jesucristo ha venido en la carne es de Dios, pero todo espíritu que no reconoce a Jesús no es de Dios” (4:2–3). Aunque hay semejanza entre este pasaje y el de 2 Jn. 7, la diferencia entre las formas verbales ha venido (1 Jn. 4:2) y viniendo (2 Juan 7 en el griego) es obvia. Un verbo está en tiempo pasado, el otro en el presente. ¿Hay alguna diferencia de significado? Casi ninguna. El tiempo pasado describe el ministerio terrenal de Jesús, y el tiempo presente es un término que describe a Cristo mismo. En el Nuevo Testamento la expresión el que viene es una designación mesiánica (p. ej. Mt. 11:2; Jn. 1:15, 27; 12:13; Ap. 1:4). Por eso Juan aplica el tiempo presente del participio (en el griego) viniendo a Jesucristo como testimonio ante cualquiera que niegue esta verdad.

c. “Cualquier persona de este tipo es el engañador y el anticristo”. Juan no tiene miedo de adjudicarle nombres al maestro falso. Aquí lo llama no solamente el engañador, sino también el anticristo— vale decir, la persona que viene en lugar de Cristo (cotéjese con 1 Jn. 2:18, 22; 4:3). Al principio del versículo (v. 7), Juan se refiere a muchos engañadores; por consiguiente, debemos entender el apelativo el anticristo como un nombre colectivo.

d. “Tened cuidado de no perder aquello por lo cual trabajasteis”. En estas palabras discernimos un eco del discurso de Jesús acerca de las señales del fin de los tiempos. Jesús comienza su enseñanza con la advertencia: “Cuidaos de que nadie os engañe” (Mr. 13:5; véase también vv. 9, 23, 33). De modo similar, Juan les dice a sus lectores que tengan los ojos puestos en sus posesiones espirituales para no perderlas. El ya no les solicita que hagan algo; al contrario, les da una orden.

   Tenemos tres diferentes traducciones para el versículo 8. Algunas aparecen en las traducciones al inglés y otras también en las traducciones al español:

1. que no perdamos aquellas cosas por las que trabajamos, sino que recibamos una plena recompensa (NKJV; y véase la KJV).

2. para que no perdáis el fruto de nuestro trabajo, sino que recibáis abundante recompensa (BJ—véase en inglés las siguientes traducciones: NASB, ASV, RV, GNB y JB).

3. para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. (RVR, VP—en inglés: NIV, y ver NAB, RSV, MLB Y Moffatt).

   Los mejores manuscritos griegos tienen la segunda persona plural en vez de la primera. Por consiguiente, los traductores prefieren la segunda a la tercera traducción. La diferencia entre estas dos traducciones estriba en la frase “trabajamos” por un lado y “trabajasteis” por el otro. Aunque los traductores están divididos casi en partes iguales en este punto, la lectura más difícil es “trabajamos” y se la debe preferir.

¿Cuál es el significado de plenamente (totalmente) recompensados? No significa la salvación puesto que esta es un don, no puede ser ganada (Ef. 2:8–9). Merecemos una recompensa por la fidelidad, la obediencia y la diligencia. No obstante, una recompensa es también un don de Dios y por lo tanto “una señal adicional de la gracia de Dios”. Las Escrituras enseñan que un obrero en el reino de Dios recibe su recompensa completa (cotéjese con Mt. 20:8; Jn. 4:36; y véase Stg. 5:4).

2. Instrucción: Versíc. 9

   Juan toma su responsabilidad pastoral con seriedad. Sabe que los falsos maestros están abriendo brechas en la iglesia cristiana. Por lo tanto, advierte a los lectores que deben estar en guardia. 9. Cualquiera que se excede y no continúa en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; todo el que continúa en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo.

a. “Cualquiera que se excede”. Aunque una traducción literal del griego dice “que se adelanta”, las palabras dan a entender que a veces un miembro se aventura más allá de la doctrina establecida. Cuando esta persona ya no está dentro de la esfera de la enseñanza de Cristo, ha transgredido los límites. Por supuesto, Juan no está en contra del progreso en el desarrollo de la doctrina. Tampoco está despreciando el crecimiento en la gracia y en el conocimiento de Cristo (2 P. 3:18). Lo que hace es más bien advertir a los lectores que no deben pasarse de largo y abandonar la religión cristiana, y que no deben rechazar la instrucción de Cristo. Si alguien se pasa de largo y deja la fe, en realidad retrocede y se enfrenta con la ruina espiritual. El progreso genuino siempre está enraizado en la enseñanza de Cristo.

b. “La enseñanza de Cristo”. Esta frase puede significar “la enseñanza que se origina con Cristo y que le pertenece” (genitivo subjetivo) o “la enseñanza acerca de Cristo” (genitivo objetivo). Los eruditos han propuesto argumentos a favor de cada una de estas posiciones, pero las evidencias de los escritos de Juan favorecen al genitivo subjetivo. Por ejemplo, Jesús les dice a los judíos: “Mi enseñanza no es mía … mi enseñanza proviene de Dios” (Jn. 7:16–17, bastardillas añadidas).

c. “(Este) tiene tanto al Padre como al Hijo”. En este versículo Juan también enseña la doctrina fundamental de la divinidad de Cristo. En vez de escribir “la enseñanza de Jesús”, escribe “la enseñanza de Cristo”. El desea poner el énfasis en la palabra Cristo. Nótese entonces que Juan coloca al Hijo en el mismo nivel del Padre. Es decir, nadie tiene al Padre sin el Hijo y nadie puede tener a Dios sin Cristo (véase 1 Jn. 2:23–24; 5:12). El Padre y el Hijo son divinos. Todo aquel que persevera en la instrucción de Cristo tiene comunión con el Padre y el Hijo (1 Jn. 1:3).

3. Prohibición: 10–11

   Versíc. 10. Si alguien llega a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en vuestra casa ni le deis la bienvenida. 11. Todo el que le da la bienvenida comparte sus malas obras.

   Tenemos las siguientes observaciones:

a. Llegar. Juan declara un hecho en una oración condicional, y dice virtualmente: “La cosa es así: los falsos maestros llegan a todos ustedes”. Su afirmación no transmite posibilidad o probabilidad, sino un hecho. Juan escribe acerca de un falso maestro que niega la instrucción de Cristo y que viene con el propósito primordial de extraviar a los creyentes. Juan llama a tal engañador “el anticristo” (v. 7; y véase 1 Jn. 2:22; 4:3).

b. Prohibir. Cuando el engañador llega a los creyentes, éstos no deben franquearles la entrada a sus hogares ni darle la bienvenida. ¿Pero no es esta prohibición un desvío de la antigua norma cristiana de albergar a los forasteros (Heb. 13:2), es decir, a los viajeros que buscan alojamiento y comida?

   Es por esta razón que algunos expositores han sugerido que nosotros podemos “no aceptar la decisión que aquí toma el Presbítero como guía suficiente para la conducta cristiana”. A esto objetamos. Juan no está hablando aquí acerca del viajero que necesita albergue nocturno. Se está refiriendo al maestro que intenta destruir la iglesia de Jesucristo.

   Tal cual lo evidencia el Nuevo Testamento (Ro. 16:5; 1 Co. 16:19; Co. 4:15; Film. 2), las iglesias frecuentemente se reunían en los hogares de determinadas personas. En otras palabras, la expresión casa puede haber tenido una connotación más amplia.

   ¿Debe un cristiano preocuparse por el alma de este maestro? Sí, debe tomar pleno control de la situación e instruir a dicho maestro en las doctrinas de Cristo. ¡Pero nunca debe permitir que el maestro entre en el hogar cristiano ni permitirle que enseñe! La palabra maestro era un título que en los círculos judíos y en los de la primitiva iglesia cristiana demandaba deferencia y sumisión. “Los alumnos … estaban moralmente obligados a respetar y obedecer a su maestro”. Los cristianos, en consecuencia, deben mostrar respeto al maestro, pero nunca a un falso profeta.

   Si un cristiano le da la bienvenida en su hogar a un falso profeta, está de acuerdo en someterse a la instrucción de ese profeta y destruye por lo tanto su propia fe. Es por eso que Juan advierte a los lectores que no deben recibir a ningún maestro falso en su hogar.

c. Compartir. Además, el cristiano que le da la bienvenida a su hogar a tal instructor, de hecho, promueve el propósito de su visitante. En realidad, el cristiano le está dando su bendición a la obra que cumple el maestro falso. Nótese que Juan no considera que éste sea un hecho inocente e insignificante. Dice que es compartir una mala obra que se origina en Satanás (cotéjese con 1 Jn. 3:12).

Consideraciones prácticas acerca de 9–11

   Jesús y los apóstoles enseñan y aplican el mandamiento del amor mutuo. Es más, Jesús extiende el mandamiento del amor hasta alcanzar aun al enemigo (Mt. 5:44). Y Pablo les dice a los cristianos que alimenten a su enemigo cuando tenga hambre y que le den de beber cuando tenga sed (Ro. 12:20; y véase Pr. 25:21). ¿Está Juan entonces en lo justo cuando enseña al cristiano que no debe recibir a alguien en su hogar? La respuesta es sí.

   Permítaseme explicar por medio de una ilustración. Un comandante de la marina que tenía acceso a secretos

militares los vendió al enemigo. Fue capturado y subsecuentemente sentenciado. Los periodistas entrevistaron al

padre de este hombre y le preguntaron cuál era su reacción. El padre contestó que su hijo, a quien él amaba, había traicionado a su país y debía ser ahora procesado con todo el rigor de la ley. El padre, en el presente caso, se apartaba de su hijo y lo consideraba como un conciudadano que había transgredido la ley.

   Juan está señalando a una persona que ya no persevera en la enseñanza de Cristo, que niega que Jesucristo haya venido en la carne y que desea entrar en los hogares de los cristianos con la intención de destruir su fe. Tal persona ha traicionado a Jesucristo y es ahora determinadamente anticristiano. Y aunque Juan afirma que los cristianos deben amarse unos a otros (1 Jn. 4:7), formula una advertencia en contra de permitir que el falso maestro aparte a los creyentes de Cristo y los entregue al maligno.

4° Titulo:

La Bíblia, Fundamental Fuente Para Nuestra Enseñanza. 2 a Timoteo 3:15 al 17. y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 

   Comentario: Versic.14, 15. Sin embargo, debes continuar en las cosas que has aprendido y de las cuales te has convencido.

   Tú (nótese la posición enfática en el original, al principio mismo de la oración, como en el v. 10) debes seguir un camino que es el opuesto al que siguen los falsos maestros y sus adherentes. Entonces, Timoteo es amonestado a continuar o permanecer en “las cosas” (las doctrinas basadas en las Sagradas Escrituras, véase vv. 15, 16) que ha aprendido y de las que se ha convencido. ¿Cuándo las aprendió? Y ¿cuándo se convenció de ellas? El tiempo usado en el original no lo especifica. Sencillamente declara el hecho histórico de que Timoteo había aprendido y se había convencido159. Por el contexto (v. 15) deducimos que los dos hechos (aprender y convencerse) habían comenzado a producirse a muy temprana edad, en la niñez. Es natural suponer que habían continuado hasta este mismo momento en que Pablo lo amonesta a permanecer en estas cosas. Lo aprendido ha aumentado con los años y se ha profundizado la convicción.

   Nótese que aprender no basta. Lo aprendido debe ser aplicado al corazón por el Espíritu Santo, para que uno también llegue a estar convencido, con una convicción que transforma la vida.

   Según la construcción gramatical más natural, Pablo declara dos razones por las que Timoteo debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales ha quedado convencido. En realidad las dos razones son solamente una, porque el testimonio de seres humanos respecto de los asuntos de fe nada significan aparte de la Palabra; sin embargo, puesto que agradó a Dios dar a entender a la mente y al corazón de Timoteo el mensaje de la Palabra por medio de piadosos individuos humanos, es completamente adecuado hablar de dos razones:

a. El carácter digno de confianza de quienes habían instruido a Timoteo en estas doctrinas (vv. 14b); y

b. La superior excelencia de las Sagradas Escrituras sobre las cuales están basadas estas doctrinas (v. 15).

   La primera razón la expresa en estas palabras: sabiendo de quién (las) has aprendido. Timoteo no debe olvidar jamás que había aprendido estas cosas de una persona que era nada menos que Pablo mismo (véase vv. 10 y 11) y, retrocediendo en el tiempo, de aquellas dos apreciadas dignidades: la abuela Loida y la madre Eunice (2 Ti. 1:5), mujeres que, antes de su conversión a la fe cristiana, habían instruido al pequeño Timoteo en “las sagradas escrituras”, y que, luego de haber recibido a Jesús como su Salvador y Señor, habían sido usadas como instrumentos en las manos de Dios para cooperar con Pablo en la importante tarea de llevar al joven a ver en Cristo el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento.

   Es claro que Pablo, Loida, Eunice y otros que pudieran haber alimentado a Timoteo, no son considerados como autoridades independientes, separadas de la Palabra, sino como fuentes secundarias o intermedias de conocimiento, avenidas de instrucción, y esto aún, ¡sólo porque aceptaban las Escrituras! Por eso, aquí no se consideran básicamente autoritarias la tradición y las Escrituras (lo que realmente significa que la tradición se impone por sobre las Escrituras). La Escritura sola (véase vv. 15 y 16) es la autoridad final, y la tradición es importante solamente en la medida que se adhiere a las Escrituras y las imparte. Cuando así ocurre, es de importancia considerable, y esto especialmente en la educación de los hijos que aún no saben leer o no saben interpretar las Escrituras por sí mismos.

   En consecuencia, la segunda—y única que es realmente básica—razón por la que Timoteo debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales se ha convencido es: Y que desde tu infancia has conocido (las) sagradas escrituras, las que pueden hacerte sabio para la salvación por la fe (que es) en Cristo Jesús

Principios y métodos de educación en Israel

Antecedentes para la comprensión de 2 Ti. 3:15

(1) Entre los judíos la educación era definitivamente teocéntrica en cuanto a principios, contenido y métodos. El israelita piadoso enseñaba a sus hijos porque Jehová le ordenaba hacerlo. Instruía a sus hijos con respecto a las verba et gesta Dei (palabras y hechos de Dios), registrados en las “sagradas escrituras”. Esto es evidente a través del Antiguo Testamento (Gn. 18:19; Ex. 10:2; 12:26, 27; 13:14–16; Dt. 4:9, 10; 6:7, 9; 11:19; 32:46; Is. 38:19; y muchos otros pasajes; cf. también Josefo, Antigüedades, IV. viii. 12).

(2) Naturalmente el contenido de este cuerpo de educación teocéntrica era “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Pr. 1:7; 9:10). Ese era también su propósito: “El fin de todo el discurso es … Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre” (Ec. 12:13).

(3) Al principio, como se desprende claramente de muchos de los pasajes citados, la dirección física, mental, moral y espiritual del niño estaba centrado exclusivamente en el hogar, con participación tanto del padre como de la madre. Los hijos pequeños, niños y niñas, recibían enseñanza de su madre, a la cual quedaba encargada la educación de las niñas en edades más avanzadas. Por otra parte, los niños pronto quedaban bajo el cuidado del padre. Aun en épocas posteriores (cuando el padre y la madre recibían ayuda externa en la educación de sus hijos; véase (14)) la influencia de los padres piadosos y sus esfuerzos de guiar sus hijos en el temor de Dios siguió siendo prominente.

(4) A su vez, se amonestaba a los hijos a oír la instrucción de su padre y a no desechar la enseñanza de la madre (Pr. 1:8; 6:20). Se les enseñaba a honrar y a obedecer a sus padres (Ex. 20:12; 21:15–17; Lv. 20:9; Dt. 21:18; Pr. 30:17; cf. Ef. 6:1–3). Las Escrituras refutan la falsedad destructora del alma que afirma que se debe permitir al niño hacer “lo que le plazca”. Los padres piadosos no infligían esta crueldad a sus retoños tiernos.

(5) La razón por la cual no se dejaba todo a criterio del niño era que el pequeñito era considerado no solamente inmaduro (esa era razón suficiente por sí misma) sino también pecador por naturaleza, y por lo tanto, incapaz de elegir por sí mismo lo bueno (Sal. 51:5).

(6) Con el entendimiento de que ninguna sabiduría humana o piedad humana puede poner atajo a los tremendos estragos del pecado, los padres piadosos entregaban sus hijos en las manos de Dios y a su bondadoso cuidado (Job 1:5).

(7) La educación teocéntrica en Israel comenzaba cuando el niño era todavía muy, muy pequeño (1 S. 1:27, 28; 2:11, 18, 19; cf. Josefo, contra Apión, I. 12; Susana 3; 4 Macabeos 18:9). El propósito de este comienzo a temprana edad lo expresa en forma hermosa Pr. 22:6: “Instruye al niño en su carrera (literalmente, “según su camino”), y aun cuando fuere viejo no se apartará de ella”.

(8) En medio de la difícil tarea de educar adecuadamente a sus hijos, los israelitas recibían mucho aliento de la promesa del pacto de Dios: “Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de tien sus generaciones, por pacto perpetuo para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gn.17:7; Sal. 74:20; 105:8, 9), promesa que se realiza orgánicamente en los corazones y vidas de todos losque por el poder fortalecedor de la gracia soberana de Dios están firmemente resueltos a rendirsecompletamente [p 336] a él (cf. Hch. 2:38, 39; Gá. 3:9, 29).

(9) Dado que se consideraba al niño pecador por naturaleza, pero capaz de un cambio interior por gracia, no se desechaba la disciplina como algo inútil o injusto. No se detenía la vara de la corrección, pero se usaba con discreción, puesto que generalmente se consideraba que una reprimenda sabia era mejor que un centenar de azotes (Pr. 13:24; 23:13, 14; luego, 17:10).

(10) Por sobre todo, los padres amaban a sus hijos, y los criaban en el espíritu de amor (Sal. 103:13). No se obligaba a los niños judíos a dedicar todo el tiempo al trabajo y al estudio. Tenían sus juegos (Zac. 8:5; Mt. 11:16–18).

(11) Aun cuando los israelitas piadosos hacían muchas decisiones por sus hijos, los preparaban para que eligiesen por sí mismos (Jos. 24:15).

(12) La educación en Israel era de un carácter muy práctico. Parecería que aun a los niños más pequeños se les enseñaba a leer y a escribir (Is. 10:19; cf. Josefo, Contra Apión, II. 25), aunque es imposible determinar la extensión de esta habilidad (cf. Is. 29:11, 12). Es bien sabido que enseñaban a los niños un trabajo y se les animaba a aprender un oficio.

(13) En cuanto a metodología, como regla general, los israelitas no tenían aversión a la memorización. Hasta cierto punto, la necesidad exigía y el sentido común dictaba que la memorización recibiera un lugar de prominencia en el sistema educativo (Is. 28:10). A veces este método puede haber recibido un énfasis indebido, así como en la actualidad se pone “demasiadopoco énfasis en él.

   La noción de que los educadores debieran solamente hacer preguntas a las que nadie sino el niño debe responder(!) era favorecida solamente por hombre como Elí (“¿Por qué hacéis estas cosas?” 1 S. 2:23), quien fracasó miserablemente en la tarea de criar sus hijos. Dios exigía que al hacer preguntas se dieran respuestas definidas (Ex. 13:8; Dt. 6:7; 6:20–25; 11:19; Jos. 22:26–28); que a los hijos se les enseñaran los estatutos de Jehová; que se trasmitiera de generación en generación un cuerpo de verdad con respecto a las palabras y hechos de Jehová.

(14) Aunque al principio la educación del niño era considerada como la tarea y responsabilidad solamente de los padres, en períodos posteriores sacerdotes y levitas, profetas y tutores especiales (especialmente en el caso de las familias acomodadas, Nm. 11:12; 2 S. 12:25; 2 R. 10:1; 1 Cr. 27:32; Is. 49:23), “hombres sabios”, escribas y rabinos, todos ponían su parte en levantar el nivel cultural de la juventud y de la nación.

   Después del exilio (especialmente en el tiempo de Simón ben Shatah, 70 a.C., aproximadamente), debido a la influencia de los escribas, surgió en forma gradual un nuevo orden de instituciones educacionales o “escuelas”. La escuela era llamada “casa” o “lugar” (hebreo, Beth). La escuela primaria o elemental se denominaba Beth‐Ha‐Sefer (“lugar de escribir”); la escuela a que asistían los jóvenes talentosos se llamaba Beth‐Ha‐Midrash (“lugar de estudio”), mientras para las masas surgió la Beth‐Ha‐Keneseth (“lugar de asamblea”). En el curso del tiempo este “lugar (o “casa”) de asamblea” comenzó a ser conocido por su nombre griego, de igual significado, “sinagoga”.

(15) Por el libro de Daniel es evidente que el sistema de educación religiosa centrado en el hogar, fuera formal (impartiendo instrucción específica y sistemática) o informal (enseñanza por medio del ejemplo)—en conexión con las fiestas, se unieron la educación formal y la informal—realmente tuvo eficacia. Aun en las tierras del exilio, los jóvenes que habían sido criados en los caminos de Jehová se negaron, aun con peligro de perder la vida, a contaminarse o a rendir homenaje a persona o cosa que no fuera el Dios de sus padres. De este modo, a través de la oscura noche de la cautividad y del dominio extranjero, el ejemplo de piedad paternal, el adoctrinamiento en los estatutos de Jehová (Sal. 119:33), sirvió como una lámpara a los pies y luz al camino (Sal. 119:105). También sirvió para estrechar la unidad del pueblo, y donde se practicaba con diligencia, evitó la pérdida de su identidad espiritual y, en muchos casos, hizo que fueran una bendición para sus vecinos paganos.

   Entonces, la abuela Loida y la madre Eunice habían instruido al “pequeño” Timoteo (2 Ti. 1:5) a la manera de los israelitas piadosos. Nótese la expresión “desde la niñez”. Literalmente, Pablo dice, “desde infante”. En algunos pasajes la palabra usada en el original se refiere a un niño aún no nacido (Lc. 1:41, 44); en otros lugares simplemente a un niño muy pequeño, bebé o infante (Lc. 2:12, 16; 18:15; Hch. 7:19; 1 P. 2:2). Sin embargo, cuando Pablo escribe: Sin embargo, debes continuar en las cosas que has aprendido y de las que te has convencido (porque) … desde tu infancia has conocido (las) sagradas escrituras”, no está pensando solamente en la infancia de Timoteo, sino que se refiera a la vida de Timoteo desde la infancia hasta ese mismo momento. A través de todo el período Timoteo había conocido las sagradas escrituras, habiendo aprendido a conocerlas cada vez mejor.

   Esto también indica que la palabra “sagradas escrituras” no solamente significa el “ABC que aprendiste de la Biblia cuando eras pequeño” (como muchos intérpretes dicen). Por “sagradas escrituras” el apóstol simplemente quiere decir el Antiguo Testamento. Las palabras tienen una historia. El hecho de que γράμμα, tenga el sentido primario “lo que se dibuja o traza” (de donde, carácter, letra, escrito) de ningún modo nos obliga a aceptar ese sentido aquí. Véase C.N.T. sobre Jn. 7:14, 15. En Josefo “sagradas escrituras” significa el Antiguo Testamento (Antigüedades, X. x. 4; Contra Apión, I. 10). Da la lista de los libros correspondientes a ellas en Contra Apión. I. 8. Esta lista muestra que su Antiguo Testamento era el mismo que el nuestro (véase explicación en mi Bible Survey, pp. 19, 20).

   Pablo usa la expresión “sagradas escrituras” aquí en el v. 15, pero “toda la escritura” en el v. 16, por la sencilla razón de que desea establecer una distinción entre el Antiguo Testamento (v. 15) y cualquiera otra que tenga el derecho de ser llamada escritura divinamente inspirada (v. 16). La última comprende más que la primera. Sin embargo, Pablo no hubiera estado en lo correcto si hubiera afirmado que Timoteo había sido instruido en “toda la escritura” desde los días de su infancia, porque cuando era niño pequeño Loida y Eunice conocían solamente el Antiguo Testamento. Pero era definitivamente cierto que, desde la temprana niñez hasta el momento que Pablo está escribiendo estas palabras, Timoteo había estado constantemente aumentando su conocimiento del Antiguo Testamento. Entonces, que permanezca firme en la fe. Que siga aferrado de lo que ha aprendido tan completamente y de lo cual ha llegado a convencerse de corazón.

   Que esta es la explicación correcta, también queda claro por las palabras que siguen, a saber, “las sagradas escrituras … las que te pueden hacer sabio para salvación”. Las letras del alfabeto (aun cuando se aprendan de la Biblia misma), el puro ABC, no puede hacer que uno llegue a ser sabio para salvación; ¡las sagradas escrituras, sí! Es el testimonio de Jehová y son sus mandamientos los que pueden hacer sabio al hombre (Sal. 19:7; 119:98; en ambos casos se usa el mismo verbo en la septuaginta, el mismo usado aquí en 1 Ti. 3:15; véase LXX Sal. 18:8; 118:98). Son éstas las que llevan a una persona a elegir el mejor medio con el fin de lograr la meta más alta. Y esa es verdadera sabiduría. Nótese: “sabio para salvación” (Ro. 11:11; Fil. 1:19; 2:12; etc.). Lo que se incluye en este rico concepto se ha explicado en conexión con 1 Ti. 1:15.

   Ahora bien, esta maravillosa obra de Dios por la cual los pecadores son emancipados del mayor de los males y entran a poseer el mayor de los bienes, no se produce de una manera mecánica a través de solamente oír, leer o estudiar “las sagradas escrituras”. Uno debe aprender a ver Cristo Jesús en el Antiguo Testamento. Uno debe rendir su vida (nótese: “por la fe”) al Salvador Ungido, sin el cual “las sagradas escrituras” no tienen sentido (Cristo como cumplimiento del Antiguo Testamento, véase al respecto Lc. 24:27, 32, 44; Jn. 5:39, 46; Hch. 3:18, 24; 7:52; 10:43; 13:29; 26:22, 23; 28:23; 1 P. 1:10).

   Versíc. 16, 17. Ahora Pablo amplía la idea que acaba de expresar. Lo hace de tres maneras:

a. No solamente “las sagradas escrituras” (v. 15) son de inestimable valor; también lo es “toda la escritura”.

b. Esta literatura sagrada no solamente “hace sabio para salvación” (v. 15) sino que es definitivamente inspirada por Dios y como tal capaz de hacer a una persona enteramente apta “para toda buena obra”.

c. No solamente beneficiará a Timoteo (v. 15), sino que hará lo mismo por todo “hombre de Dios”. En consecuencia, Pablo escribe: Toda la escritura161 (es)162 inspirada por Dios y útil para enseñar, para entrenar en justicia.

   Toda la escritura, distinta de “(las) sagradas escrituras” (acerca de lo cual véase comentario sobre el v. 15), quiere decir todo lo que, por medio del testimonio del Espíritu Santo en la iglesia, es reconocido por la iglesia como canónico, esto es, con autoridad. Cuando Pablo escribió estas palabras, la referencia directa era a un cuerpo de literatura sagrada que aun entonces comprendía más que el Antiguo Testamento (véase comentario sobre 1 Ti. 5:18; además, nota 160). Después, al final del primer siglo d.C., “toda la escritura” había sido completada. Aunque la historia del reconocimiento, la revisión y ratificación del canon fue algo complicada, y la aceptación de los sesenta y seis libros en forma virtualmente universal no ocurrió inmediatamente en todas la regiones en que la iglesia estaba representada—siendo una de las razones que por largo tiempo ciertos libros más pequeños aún no habían llegado a todos los rincones de la iglesia—, sin embargo, sigue siendo cierto que los creyentes genuinos que fueron los receptores originales de los diversos libros inspirados por Dios los consideraron inmediatamente como que estaban investidos de autoridad y majestad divina. Sin embargo, lo que se debe enfatizar es que estos libros son la Biblia inspirada no porque la iglesia, en cierta fecha, largo tiempo atrás, hizo una decisión (la decisión del Concilio de Hipona, 393 d.C.; de Cartago, 397 d.C.); por el contrario, los sesenta y seis libros, por su mismo contenido, inmediatamente dan testimonio a los corazones de los hombres que tienen el Espíritu Santo viviendo en ellos, de que son los oráculos vivientes de Dios. Por eso los creyentes se llenan de una profunda reverencia cuandoquiera que oyen bla voz de Dios. Que les habla desde la Santa Escritura (véase 2 re. 22 y23). ¡Toda las Escrituras es canónica porque Dios la hizo así!

   La palabra que se traduce inspirada por Dios, y ocurre solamente aquí, indica que “toda la escritura” debe su origen y contenido al aliento, al Espíritu de Dios. Los autores humanos fueron guiados poderosamente por el Espíritu Santo. Como resultado, lo que ellos escribieron no solamente carece de errores, sino que es de valor supremo para el hombre. Es todo lo que Dios quiso que fuera. Constituye la infalible regla de fe y práctica para la humanidad.

   Sin embargo, el Espíritu no reprimió la personalidad humana del autor, sino que la elevó a su mayor nivel de actividad (Jn. 14:26). Y debido a que la individualidad del autor humano no fue destruida, encontramos en la Biblia una amplia variedad de estilo y lenguaje. En otras palabras, la inspiración es orgánica, no mecánica. Esto también implica que no debiera considerarse aparte de las muchas actividades que sirvieron para traer al autor humano al escenario de la historia. Al hacerlo nacer en determinado lugar y tiempo, al otorgarle algunos dones específicos, al equiparlo con un tipo definido de educación, al hacerlo pasar por experiencias predeterminadas y al hacerlo recordar ciertos hechos y sus implicaciones, el Espíritu preparó su conciencia humana. Luego, el mismo Espíritu lo impulsó a escribir. Finalmente, durante el proceso de la escritura, el mismo Autor Primario, en una conexión completamente orgánica con toda la actividad precedente, sugirió a la mente del autor humano ese lenguaje (las palabras mismas) y el estilo que sería el más apropiado vehículo para la interpretación delas ideas divinas para el pueblo de todo rango, posición, edad y raza. Por eso, aunque cada palabra es verdaderamente de un autor humano, es más ciertamente la Palabra de Dios.

   Aunque la palabra que se traduce inspirada por Dios aparece solamente aquí, la idea se encuentra en muchos otros pasajes (Ex. 20:1; 2 S. 23:2; Is. 8:20; Mal. 4:4; Mt. 1:22; Lc. 24:44; Jn. 1:23; 5:39; 10:34, 35; 14:26; 16:13; 19:36, 37; 20:9; Hch. 1:16; 7:38; 13:34; Ro. 1:2; 3:2; 4:23; 9:17; 15:4; 1 Co. 2:4–10; 6:16; 9:10; 14:37; Gá. 1:11, 12; 3:8, 16, 22; 4:30; 1 Ts. 1:5; 2:13; Heb. 1:1, 2; 3:7; 9:8; 10:15; 2 P. 1:21; 3:16; 1 Jn. 4:6 y Ap. 22:19).

   Ahora, en virtud del hecho de que “toda la escritura” es inspirada por Dios, es útil, beneficiosa, o provechosa. Es un instrumento o herramienta muy práctica, sí, indispensable para el maestro (implícito aquí). Timoteo debiera hacer buen uso de ella:

a. para enseñar. Lo que se quiere decir es la actividad de impartir conocimiento acerca de la revelación de Dios en Cristo. Véase comentario sobre 1 Ti. 5:17. Esto es siempre básico para todo lo demás.

b. para reprender (cf. Sal. 38:14; 39:11). Se deben hacer advertencias basadas en la Palabra. Los errores en doctrina y en conducta deben ser refutados en el espíritu de amor. Se deben señalar los peligros. Hay que denunciar a los falsos maestros (cf. 1 Ti. 5:20; Tit. 1:9, 13; 2:15; luego Ef. 5:18; y véase C.N.T. sobre Jn. 16:8–11).

c. para corregir (véase M.M., p. 229). Si reprender enfatiza el aspecto negativo de la obra pastoral, la corrección enfatiza el lado positivo. No solamente se debe advertir al pecador que deje el mal camino, sino que debe ser orientado hacia el camino correcto o derecho (Dn. 12:3). “Toda la escritura” también puede hacer esto. La Palabra, especialmente cuando la usa en siervo consagrado de Dios que es diligente en la realización de sus deberes pastorales, tiene un carácter restaurador (cf. Jn. 21:15–17).

d. para entrenar en justicia (cf. 2 Ti. 2:22). El maestro debe entrenar a su gente. Todo cristiano necesita disciplina para que pueda prosperar en la esfera en que la santa voluntad de Dios se considera normativa. Tal es el carácter de entrenar en justicia (cf. Tit. 2:11–14).

   El maestro (en este caso Timoteo, pero la palabra se aplica a cada persona a la que se confían las almas humanas) necesita “toda la escritura” para adquirir la capacidad de realizar su cuádruple tarea (enseñar, administrar la reprensión, corregir, entrenar en justicia), con un glorioso propósito en mente, un propósito que a su manera y a su tiempo Dios hará que sea comprendido en el corazón de todo su pueblo: para que el hombre de Dios esté equipado, completamente equipado para toda buena obra.

   El hombre de Dios (véase comentario sobre 1 Ti. 6:11) es el creyente. Todo creyente, considerado como perteneciente a Dios e investido con el triple oficio de profeta, sacerdote y rey, recibe aquí este título. Para ejercer adecuadamente este triple oficio, el creyente debe ser equipado (nótese el énfasis en el original; literalmente, “… que equipado pueda ser el hombre de Dios”); sí, de una vez por todas, completamente equipado (cf. Lc. 6:40) “para toda buena obra” (1 Ti. 5:10; 2 Ti. 2:21; Tit. 3:1). Pablo (y el Espíritu Santo hablando por medio de él) no está satisfecho hasta que la Palabra de Dios haya cumplido completamente su misión, y el creyente haya alcanzado “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:12, 13).

   El ideal por realizarse es ciertamente glorioso. El poder para lograrlo viene de Dios. Por eso, que Timoteo permanezca firme. Que permanezca en la verdadera doctrina, aplicándola cuando quiera que la oportunidad se presente.

Síntesis del capítulo 3 (Este es un aporte para una mayor comprensión del tema).

   Timoteo debe permanecer en la sana doctrina. Debe poner todo esfuerzo a hacerlo en vista del hecho de que en estos últimos días—esto es, en la edad introducida por la primera venida de Cristo—vendrán tiempos peligrosos. Debe comprender esto. ¿No están ya ahora haciendo su aparición los mercaderes de siniestras falsedades? Tales individuos se caracterizan por el amor al yo y a sus propios placeres en vez de amar a Dios, por la desobediencia a sus superiores, ingratitud hacia sus benefactores, actitud implacable hacia las personas que les son desagradables, y una disposición a no refrenar sus propios malos deseos. Sin embargo, ponen la religión como fachada. Son farsantes, porque, aunque mantienen una fachada religiosa, niegan su poder. Timoteo debe apartarse de tales personas.

   De estos círculos proceden los hombres que se introducen furtivamente en los hogares de los miembros de iglesias con el propósito de cazar a mujeres débiles de mente, mujeres que están cargadas con una mala conciencia, sin embargo, son impenitentes, arrastradas de diversos impulsos, y quienes, pese a toda la “instrucción” que reciben, no pueden llegar al conocimiento de la verdad.

   Estos hombres que andan a la caza de mujeres y los demás que pertenecen a los mismos círculos, hacen que uno recuerde a Janes y Jambres, hombres que según la tradición eran los cabecillas de los magos del faraón. De la manera que aquéllos se oponían a Moisés, éstos se oponen a la verdad. Tienen la mente corrupta y son completamente inútiles y descalificados en lo que se refiere a la fe. Sin embargo, no irán muy lejos, porque su necedad se hará obvia a todos como lo fue la de Janes y Jambres.

   Otra razón por la que Timoteo debe esforzarse por todos los medios por permanecer en la sana doctrina es el hecho de que está basada en el fundamento más digno de confianza, como ha aprendido de personas dignas de confianza. ¿No ha tenido Timoteo al apóstol como modelo de obediencia activa (“mi enseñanza, mi conducta”, etc.) y pasiva (“mis persecuciones, mis sufrimientos”)? ¿No ha tenido un vivo interés en las persecuciones que Pablo ha pasado, comenzando con el primer viaje misionero—Antioquía, Iconio y Listra—, el viaje que había significado tanto a Timoteo mismo? Pablo recuerda vívidamente especialmente este hecho, el cual debiera animar a Timoteo, a saber, que, aunque la persecución es la porción de quienquiera que desee vivir una sincera vida cristiana, a causa de que los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados, el Señor protege a sus fieles. ¿No libró a Pablo de todas estas persecuciones? Timoteo, entonces, debe perseverar en las cosas que ha aprendido y de las cuales se ha convencido, recordando constantemente de qué tipo de personas recibió este conocimiento, a saber, de quienes fueron sus sabias monitoras desde su primera infancia. Desde la infancia hasta este mismo día él ha conocido las sagradas escrituras—el Antiguo Testamento—, habiendo aprendido a conocerlas mejor con el transcurso del tiempo. Estos son los escritos que pueden hacer que un hombre sea sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús. Además, esto no sólo con respecto de los escritos inspirados del Antiguo Testamento, sino también con respecto a la otra parte de la revelación especial de Dios dada por escrito. En realidad, toda la escritura (hoy diríamos: el Antiguo y el Nuevo Testamento) es inspirada por Dios y útil—indispensable para el maestro—para enseñar, para advertir al pecador que se aparte de la injusticia, para guiarle al sendero de la justicia; por eso, para instruirlo en justicia, para que, como resultado, “el hombre de Dios”, esto es, el creyente, así instruido y dirigido, pueda estar equipado, sí, completamente equipado para toda buena obra.

Amen, para gloria de Dios

1a de Corintios 10.31. 31 si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP 2019. Comentario Mundo Hispano

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.