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Semana del 14 al 20 de Mayo de 2018: » El Espíritu Santo Es Espíritu De Vida»

Semana del 14 al 20 de Mayo de 2018: » El Espíritu Santo Es Espíritu De Vida»

Lectura Bíblica: Ezequiel Cap. 37, Versículos 1 al 10. 1La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. 8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. 9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. 10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

 

Comentario: Visión profética sobre la restauración de Israel, 37:1–14

     Posiblemente el cap. 37 de Ezequiel sea uno de los pasajes más conocidos de este libro; al mismo tiempo es uno de los que ha recibido un número de interpretaciones más diversas. Se lo ha leído como un texto de prueba para la vida futura, una forma de interpretación literal, hasta encontrando en cada aspecto del capítulo algún sentido simbólico.

    Este capítulo introduce dos figuras para presentar la restauración de Israel. La primera es la que presentan en los vv. 1–14; conocida como “el valle de los huesos secos”. La segunda se encuentra en los vv. 15–28 y se la ha llamado el mensaje de las dos varas o palos. Una es presentada como una visión y la otra se introduce como una acción simbólica. Pero la diferencia va más allá; después de una visión tan dinámica y con un tremendo contenido espiritual como lo es 37:1–14, la presentación de las varas parece prosaica, lo que marca una diferencia en el ritmo de la profecía. La enseñanza que quiere enfatizar Ezequiel en esta profecía, es la unidad del pueblo de Dios. Esta unión no sería posible si antes no son restaurados como pueblo, de allí que se pueda decir que estas dos figuras siguen una secuencia. La división natural del capítulo está relacionada con las dos figuras literarias que usa.

    Acerca de la primera parte del capítulo (vv. 1–14) se deben hacer algunas aclaraciones introductorias. Este texto presenta la figura de la resurrección, lo que ha llamado la atención especialmente en los que tienen interés en saber si este pasaje enseña sobre la resurrección del cuerpo. Se debe mencionar que no hay en el AT ningún pasaje que tenga una enseñanza semejante a los del NT (1 Cor. 15:1–58) en relación con esta doctrina o enseñanza de las Escrituras. En cuanto a lo que enseña el AT sobre la resurrección se podría decir lo siguiente. En primer lugar esta doctrina, aunque no está expresada claramente, es la consecuencia lógica de la visión que tiene el hebreo del ser humano. Este es una unidad y cualquier futuro que Dios tenga para él incluiría necesariamente su cuerpo; pues para el hebreo el hombre no tiene cuerpo, es un cuerpo viviente.

    En segundo lugar, dos profetas clásicos como Elías y Eliseo estuvieron involucrados en la resurrección de personas (1 Rey. 17:17–24; 2 Rey. 4:18–37). Ezequiel no fue el primer profeta que presentó la restauración nacional en estos términos (Ose. 6:1–3; Isa. 26:19). En conclusión, el propósito no es enseñar sobre la resurrección sino sobre la restauración de Israel por medio de la imagen de los huesos secos. En un sentido inmediato se refiere solamente a la restauración de Israel; sin embargo, puede aplicarse a la restauración espiritual del pecador en Cristo.

    (1) Presentación de la visión: El valle de los huesos secos, 37:1–6. Este pasaje comienza con estos versículos (vv. 1–6) que contienen una introducción a la visión. Su propósito es proveer el contexto, elementos que la componen y lo que Dios ordenó al profeta, en relación con la visión.

    En cuanto al contexto de la visión (v. 1) el pasaje comienza con la frase la mano de Jehová vino sobre mí …, una expresión que usa el profeta cuando está introduciendo una experiencia especial con Dios (1:3; 3:14, 22; 8:1–3; 33:22: ver comentario en 8:1). Hay que notar que como frase introductoria a una visión solo se repite en 40:1.

    Es necesario preguntarse por qué se llama visión a este relato que, como dijimos, cuenta una experiencia que tuvo el profeta Ezequiel con Dios. Si se lee cuidadosamente la palabra visión no aparece en el texto, la primera aparición del verbo mirar (raah7200) es en el v.8. El texto se presenta como una experiencia del profeta donde intervienen otros sentidos además que lo visual (por ejemplo, “poner en medio”). Sin embargo, podemos considerar que se trata de una visión en el sentido de que fue capaz de percibir una realidad que estaba oculta a los ojos meramente humanos.

    La presencia de la mano de Dios que lo llevó fuera (literalmente, hizo salir) por el Espíritu de Jehová significa que se trata de un viaje o experiencia no física. La palabra hebrea que se traduce Espíritu (ruaj7304), tiene dos características para mencionar. La primera es su amplio uso (10 veces en los vv. 1–14). En segundo lugar se utiliza en estos versículos en tres diferentes sentidos: En este v. 1 se lo usa para referirse al Espíritu de Dios, quien toma al profeta y literalmente lo lleva a tener una experiencia especial. En el v. 5 espíritu debe traducirse con minúscula, pues se refiere al aliento de vida. Por último, en el v. 9 se lo usa en el sentido de viento, se debe tener presente que en hebreo la palabra tiene estos dos posibles significados.

    El profeta afirma que fue llevado en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Es interesante notar que está en medio (recordar el énfasis que Ezequiel hace de este término: ver Introducción) y no al margen del valle lleno de huesos. Debía caminar entre ellos, tenía algo que hacer de parte de Dios allí, no podía ministrar si no estaba allí.

    En cuanto a este valle no se menciona el nombre del mismo, aunque el sustantivo hebreo tiene artículo, es un valle específico. Se lo ha interpretado de dos maneras diferentes: Relacionándolo con 3:22, 23, donde se usa la misma expresión, de esta forma se trataría del mismo valle que antes recibió un mensaje de juicio el que ahora recibe uno de esperanza. La otra manera de interpretarlo es que está viendo los restos de la matanza de la destrucción de Jerusalén.

    En cuanto a los elementos de la visión (v. 2) el texto menciona que Dios lo hizo pasar junto y alrededor de ellos (los huesos secos). Hay que notar la fuerza intensiva de la repetición del hebreo; el profeta debía ver de cerca los huesos. En el trasfondo personal del profeta (Ezequiel era sacerdote) esta acción era para él algo que iba en contra de su preparación. De acuerdo a la ley tenía la prohibición de tocar cadáveres (Lev. 21:11). Es decir que por esta simple acción debió vencer sus propias prevenciones.

   Otro aspecto que resalta en este versículo es la mención de que eran muchísimos sobre la superficie del valle aunque parece una frase irrelevante, sin embargo, en el v. 10 encuentra su explicación. La cantidad señala el número de cuerpos a los que pertenecían. La matanza que estuvo relacionada con la toma de Jerusalén fue muy importante, de manera que aquí hay una referencia velada a este aspecto.

    Un tercer elemento a señalar es que estaban sobre la superficie del valle, Ezequiel conocía muy bien la importancia que para un israelita tenía el respeto por el cadáver. Que el cuerpo de una persona quedara expuesto es presentado como un castigo (Deut. 28:25, 26;Jer. 34:17–20, 36:30); y él mismo ve el hecho de poder enterrar los cadáveres como una bendición (Eze. 39:12–16). Finalmente, cuando el profeta escribe que estaban muy secos, lo que indica es que habían estado expuestos por mucho tiempo.

    Como se puede notar los vv. 1, 2 sirven como una introducción a lo que va a presentar a partir del v. 3; cambia el estilo del relato, de la acción (Dios llevando, guiando) a la palabra (Dios hablando u ordenando al profeta).

    En primer lugar Dios le pregunta: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Hay dos aspectos a mencionar. El primero es la referencia al profeta como hijo de hombre, que en este pasaje (y por la respuesta del profeta) tiene relevancia, le está preguntando a un simple ser humano y como tal no puede tener más que una respuesta. El segundo aspecto de la pregunta tiene que ver con la construcción de la misma. La partícula interrogativa usada en esta oración indica que se trata de una pregunta retórica, que no requiere respuesta dado que la misma es obvia (otro ejemplo es Jer. 18:14); esta era una pregunta que desafiaba la fe del profeta. En un sentido humano no había posibilidad de que estos huesos muy secos, que como ya se ha mencionado estaban allí desde hacía mucho tiempo, pudieran vivir (los ejemplos de resurrecciones mencionados eran casos de muertes recientes).

    Si el pasaje hace referencia a los cadáveres del pueblo de Israel que había caído en la destrucción de Jerusalén, probablemente se trataba de personas a las que tanto el profeta como sus oyentes habían amado, y seguramente querían que volvieran a la vida. Cuando Ezequiel responde tú lo sabes está afirmando su confianza en Dios. Reconocía que tenía el poder.

    En segundo lugar, recibe la orden de Dios de profetizar sobre los huesos (v. 4). Como ya se ha mencionado por esta palabra (profetizar) [p 315] se debe entender como anunciar el mensaje de Dios; es la Palabra de Dios la que dará vida a los que están muertos y secos como esos huesos. Los israelitas habían llegado a esa situación por su desobediencia a las demandas que Dios les había hecho. Profetizar a los huesos secos representa un desafío para el profeta, pues les habla de la vida que van a tener, en algún sentido es algo así como un absurdo.

    El contenido del mensaje era que Dios les daría vida. En este sentido se usa la palabra espíritu, en el v. 5 y luego tendones y carne (v. 6), y vuelve a repetir la frase espíritu … y viviréis, enfatizando no solo la seguridad del cumplimiento, sino también el origen del mismo: sabrán que yo soy Jehová. La secuencia de cómo llegarán a la vida (tendones, carne, piel, espíritu), como escribió un autor, muestra el proceso inverso de descomposición.

 Los huesos secos: Los huesos secos en nuestra época son de interés solamente al arqueólogo e historiador. A veces a los detectives, que quieren analizarlos por ser de una víctima de un crimen. Gracias a la arqueología los expertos pueden saber la edad y el sexo de la persona, algo de su dieta y muchas veces hasta la causa de su muerte. Pero nada más, ¡los huesos secos en nuestra época tienen un pasado pero no un futuro! Solamente aquellos que conocen a Cristo como su Salvador personal pueden esperar el futuro eterno con él.

     (2) Los resultados de la predicación profética, 37:7–10. El medio usado por Dios para que estos huesos vuelvan a la vida fue la predicación del profeta. La obediencia produjo resultados inmediatos que el profeta pasa a describir.

    Estos versículos se pueden dividir en dos partes: En la primera se presenta el comienzo del cumplimiento (vv. 7, 8) y en la segunda la plenitud del mismo (vv. 9, 10).

    El profeta dice que hizo como se me ordenó, no lo que le pareció: Esto quiere decir que no agregó ni quitó nada al mandato de Dios. La clave del siervo de Dios es obedecer y hacer, decir como y lo que le es ordenado. Un siervo obedece, no discute ni toma decisiones por su propia cuenta. El ministerio de la iglesia como de los que están al frente de la misma es reconocer el camino que Dios ya ha abierto para ellos y lo que Dios quiere que hagan y hacerlo. Es interesante notar que la frase del v. 7 utiliza el verbo “profetizar” de manera pasiva con un sufijo de primera persona, como si dijera me profeticé o profeticé para mí, es decir parte del mensaje estaba dirigido a él mismo.

    Aún no había terminado su tarea cuando percibió dos cosas: un ruido … un temblor, es decir que se trató de dos sensaciones, una auditiva y otra sensorial. A estas habría que agregar que Ezequiel pudo ver a los huesos en movimiento: se juntaron, cada hueso con su hueso. Este movimiento fue ordenado, era necesario que cada hueso estuviese en su lugar para que pudiera formar un cuerpo. La construcción de las frases indica una acción inmediata, lo que debió causar una profunda impresión en él.

    Sin embargo, ante una visión tan especial el proceso parece frustrarse; termina esta primera etapa del cumplimiento diciendo que no había espíritu en ellos (v. 8). No se había completado la tarea de restauración. Era necesario que el espíritu les diera vida, pero no podía hacerlo sin que se juntaran hueso con hueso y fueran recubiertos de carne, piel, etc.

    Como ya se ha mencionado, la segunda parte representa la plenitud del cumplimiento (vv. 9, 10). Aunque el v. 8 termina con un proceso que parece interrumpido, el v. 9 inicia la etapa final del mismo. Allí se enfatiza la tarea del profeta por la repetición del término profetizar. Si antes se dirigió a los huesos ahora debe dirigirse al espíritu, también un desafío para el profeta como lo fue antes hablar a los huesos.

    Se debe tener cuidado con la interpretación de esta frase o la aplicación “espiritual” (o simbólica en extremo) de estos versículos. La interpretación debe tener en cuenta que el término espíritu se usa en más de un sentido; como por ejemplo como una referencia a la vida, el profeta está pidiendo que venga sobre esos cuerpos aliento de vida.

    Hay tres aspectos que mencionar en este pasaje. El primero es que la palabra se dirige al espíritu; en este versículo a diferencia de los anteriores el término tiene artículo, que en hebreo significa que es definido. No se trata de cualquier espíritu, sino aquel que da vida. En segundo lugar, este espíritu viene de los cuatro vientos (la palabra viento también es ruaj), que en general se usa en la Biblia para referirse a las cuatro orientaciones o direcciones; como término inclusivo significa de todas las direcciones: Dios es nuevamente presentado como el Señor de toda la tierra. En tercer lugar, es muy importante señalar la semejanza de este versículo con Génesis 2:7, donde se usa el mismo verbo “soplar” (nafaj5301) para referirse al aliento de vida en la creación del hombre. En aquel relato Dios creó al hombre del polvo de la tierra, y luego le dio vida, algo semejante a lo que ocurre aquí.

    Es evidente que el profeta quiere mostrar que es Dios quien da vida a esos cuerpos, por eso clama a él para que estos puedan vivir. La conclusión es que se puso en pie un gran ejército. Hay que recordar que los ejércitos eran sinónimos de poder. El pueblo de Dios estaba de nuevo de pie. Es interesante notar la relación de este ponerse en pie con lo que le ocurrió al profeta en 2:1, 2; 3:24; de la misma manera que el profeta había perdido la energía para realizar su tarea, la presencia del Espíritu (con mayúscula) en su vida lo levanta, así el pueblo de Dios necesita una acción directa del mismo para llevar adelante la tarea que este quiere que cumplamos

Semillero Homilético

Los huesos secos y el Espíritu de Dios 37:1–14

Introducción: Este pasaje es uno de los más conocidos del libro de Ezequiel. Sin embargo, no tiene que ver con los huesos de una persona. Es la nación a la que Dios recoge y da nueva vida. Esto puede ser interpretado como dirigido a la iglesia local también, veamos cómo.

  1. Una iglesia muerta.
  2. Sus miembros esparcidos. Han dejado de asistir y colaborar.
  3. No hay señales de vida en los cultos, en el programa de enseñanza, en el servicio a la comunidad, en las ofrendas.
  4. Han perdido toda esperanza (37:11).
  5. La obra de Dios.
  6. Dios da primero su Espíritu a los que todavía asisten y colaboran.
  7. Ellos buscan a los extraviados y mejor aún, a nuevas personas.
  8. Dios obra de forma poderosa para hacer que los “muertos” salgan de su sepulcro espiritual.
  9. Dios da su espíritu a cada miembro de la congregación.
  10. Todos se gozarán de “vivir” de nuevo.

    Conclusión: El cambio espiritual tiene que comenzar en la persona. No hemos de mirar a otros. Hemos de examinar nuestro corazón y pedir que Dios obre un “milagro” en cada uno para hacernos instrumentos útiles para buscar a los que están “muertos”.

    3.(Esto es para entender el tema de los huesos Secos)El mensaje de la visión: La transformación espiritual de Israel, 37:11–14. Esta primera figura del capítulo termina con una explicación de la visión de los huesos. La interpretación de la visión toma la forma de una controversia entre Dios y su pueblo. Se muestra por un lado la opinión que tenía el pueblo de sí mismo (v. 11), y por el otro lo que Dios quería hacer con ellos (vv. 12–14).

   Esta presentación e interpretación comienza con Dios diciendo que los huesos son toda la casa de Israel. La última parte del libro de Ezequiel tiene especial interés en referirse a todo el pueblo de Israel y no solo a un grupo, los exiliados o habitantes del reino del sur. El sentido de unidad se va a presentar, especialmente en los vv. 15–28.

   Dios dice cuál es la situación de los israelitas, según ellos mismos (v. 11). Ellos consideraban que sus huesos se han secado. Como sabemos, esta es una idea que se usa en los Salmos (22:14, 5; 31:10; 102:3; etc.), la referencia era (en los Salmos) a la vida interior, el dolor causado por el pecado.

    Al mismo tiempo afirman que se ha perdido nuestra esperanza ¿En qué habían puesto su esperanza? Por un lado habían confiado en la permanencia en la tierra, pensaban que nunca saldrían de allí. Por otro lado habían confiado en sus ejércitos, y la ayuda de otros pueblos como Egipto, en esto también habían fracasado. También habían confiado en sus instituciones, ya sea religiosas (como el templo) o políticas como la monarquía. La destrucción de la ciudad que no pudo ser evitada por sus ejércitos, la muerte del rey y la nobleza y la destrucción del templo los había enfrentado con la realidad de que habían puesto su confianza en el lugar inadecuado.

    Finalmente llegan a la conclusión: somos del todo destruidos. Esta frase muestra el clímax de las emociones que estaban viviendo. Las emociones suelen llevarnos a exclamaciones de seguridad o a la profundidad del desánimo. Las distintas invasiones, de los asirios primero y los babilónicos después, los habían terminado de desanimar. La expresión destruidos (gazar1505) significa separar, dividir. Pensaban que el problema era que estaban totalmente disgregados. Aún no habían llegado a comprender qué eran los huesos secos, su visión de sí mismos seguía siendo limitada.

    Por eso el profeta recibe nuevamente la orden de profetizar, ahora directamente al pueblo (vv. 12–14). Es algo así como la respuesta de Dios a la opinión que ellos tenían. Esta réplica de Dios es presentada de manera positiva, como una esperanza; pero ella misma denuncia la gravedad del problema del que todavía no eran conscientes.

    Comienza diciendo: yo abriré vuestros sepulcros (hay dos referencias a los sepulcros en el v. 12). La figura de los sepulcros indica que estaban muertos, no solo disgregados. La recuperación comienza cuando tenemos consciencia de nuestro estado. Dios los abriría, hecho inicial para la recuperación, al que luego le sigue os haré subir de vuestros sepulcros. No sólo habla de la liberación del exilio (los sepulcros pueden significar el lugar de su exilio), sino de una vuelta a la vida de la nación (subir), no por sus propios medios sino por obra de Dios mismo.

   Dios promete os traeré a la tierra de Israel. Este subir del sepulcro tiene como sentido volver a la tierra. El verbo subir (vv. 12, 13: elah5927) se utiliza habitualmente para el viaje de Egipto a Canaán, de tal manera que aparece 62 veces en el libro del Éxodo. El nuevo éxodo está presente en la mente del profeta.

    El profeta promete que Dios pondrá su propio Espíritu en ellos y entonces viviréis (v. 13). Él les dará vida pues ellos no podían darse vida a sí mismos; siguiendo sus pautas estaban condenados a muerte ya que es Dios el único que podía darles vida. El pueblo restaurado es un pueblo que tiene una relación especial con su Dios, y eso es solo posible por medio de la obra de su Espíritu.

    Estas tres promesas se compensan con la expresión sabréis que yo soy Jehová (v. 13). La nueva etapa que se iniciaría estaría acompañada de un conocimiento o relación especial del pueblo con su Dios. El uso de pueblo mío muestra esto.

    Como se mencionó, este pasaje está dirigido a Israel de manera literal, pero puede aplicarse a todos aquellos que están lejos de Dios. Algunas de las enseñanzas que resultan del pasaje son: En primer lugar, que no hay nada que esté tan seco que Dios no pueda restaurar. Ninguna persona o pueblo está fuera del alcance del poder de Dios.

    En segundo lugar, los que actúan de acuerdo a lo ordenado por Dios deben descansar porque este es el que les dará la victoria, no importa lo “imposible” que parezca a los ojos humanos. El pasaje también muestra que se debe aprender a confiar en Dios; la confianza en las propias fuerzas solo produce frustración; por el contrario poner la confianza en Dios produce vida y esperanza dado que el futuro está en sus manos.

El entierro

Un entierro digno era muy importante. La persona era una unidad de cuerpo, alma y espíritu y al morir el cuerpo y el alma quedaron unidos esperando una posible resurrección, mientras el espíritu volvió a Dios. Amós 2:1 indica que fue un pecado horrible el quemar los huesos del rey de Edom, aunque Edom fue un enemigo implacable de Israel.

     Citas: San Juan 6:63. El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

    Romanos 8:11.Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

     2 Corintios 3:6.el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

   1 Pedro 3:18.Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu

 

1er Titulo:

El Espíritu De Vida Nos Liberta De La Muerte Espiritual. Romanos 8:11 al 13. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

    Comentario:  El significado de todo el pasaje, visto a la luz del contexto que lo antecede, puede ser resumido así:

   Vosotros, por el contrario, no estáis básicamente bajo el control de la pecaminosa naturaleza humana sino del Espíritu. Vosotros por lo tanto no sóis incapaces de agradar a Dios, ya que el Espíritu de Dios mora en vosotros. (Ahora bien, si hubiere alguno que por su vida y acciones demostrara no poseer el Espíritu de Cristo, tal persona no pertenece a Cristo. No es de ningún modo un cristiano). Pero si Cristo vive en vosotros, entonces, aunque por causa del pecado el cuerpo deba morir, aun así, por haber sido vosotros justificados, el Espíritu, que es en sí mismo vida, vive en vosotros. Y si ese Espíritu, a saber, el que resucitó a Jesús de entre los muertos, mora en vosotros, entonces aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos también impartirá vida, en el día de la resurrección, a vuestros cuerpos mortales. El lo hará por medio del Espíritu que mora en vosotros.

    Breve comentario sobre palabras y frases:

  1. “Vosotros, empero, no estáis en la carne sino en el Espíritu …”

Con amor Pablo asegura a sus lectores que en lo que respecta a la dirección básica de su vida, ellos no están

bajo el control de la pecaminosa naturaleza humana sino bajo él del Espíritu. Esto implica que, hablando en términos colectivos, ellos no pertenecen a la categoría de aquellos sobre los cuales el apóstol acaba de afirmar (v. 8) que no pueden agradar a Dios.

  1. “dado que el Espíritu de Dios mora en vosotros”.

La traducción “si el Espíritu de Dios mora en vosotros”, que indicaría que Pablo no estaba seguro de que el

Espíritu Santo morara colectivamente en los corazones de esta gente, es incorrecta. Visto lo que el apóstol dice

sobre ellos en 1:6, 8; 15:14, una evaluación tan pobre de su parte debe ser rechazada.

  1. “(Cualquiera que no posee el Espíritu de Cristo no pertenece a Cristo)”.

Aunque al hablar colectivamente en apóstol ha asegurado a la congregación de Roma que él considera que

ellos están bajo el control del Espíritu, que mora en ellos, esto no quiere decir que cualquier miembro de la iglesia pueda dar por sentada su salvación, en el sentido que ya no sería necesario un autoexámen. Además, no todo era perfecto en la iglesia de Roma. Véanse 11:17–25; 14:10–15, 19; 15:1s.

Pablo afirma que si la vida de alguien lo señala como persona que carece del Espíritu de Cristo, tal persona no tiene derecho a considerarse cristiana.

Nótese en este versículo el intercambio de designación entre “el Espíritu de Dios” y “el Espíritu de Cristo”.

Ello ciertamente indica que en el pensamiento de Pablo Cristo era plenamente divino.

  1. “Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el Espíritu es vida debido a (vuestra) justificación”.

Significado: no solamente es cierto que debido al pecado el cuerpo de cada uno de vosotros seguramente va a morir, sino que también es cierto que debido a vuestra justificación podéis estar seguros del hecho que el Espíritu, que es vida y autor de la vida, mora en vosotros.

La palabra Espíritu, que aparece en el v. 10, no debería ser escrita con minúscula, como si la referencia fuera a la entidad invisible de cualquier persona, sino con “mayúscula, ya que el apóstol ciertamente está pensando en el Espíritu Santo. Comprobación:

(1) En las ocho instancias en que se la usa (v. 1–9), la palabra pneuma (palabra griega usada tanto para el Espíritu divino como para el espíritu humano) se refiere al Espíritu Santo. En el v. 11 el apóstol se refiere dos veces a este Espíritu (el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos”, “su Espíritu que mora en vosotros”). Sería muy extraño, entonces, que el pneuma intermedio (aquí en el v. 10) tuviera un significado diferente.

(2) El pneuma del v. 10 es nuevamente mencionado en el v. 11. Nótese el parecido: el v. 11 se refiere al Espíritu dador de la vida, naturalmente, el Espíritu Santo. Esto corresponde al “pneuma de vida” del v. 10.

(3) También en el v. 2 del presente capítulo se llama al Espíritu Santo “el Espíritu de vida”. Del mismo modo en Jn. 14:6 Jesús se denomina a sí mismo “la vida”.

  1. “Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también impartirá vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu, que mora en vosotros”.

    Los vv. 9–11 dejan en claro que las designaciones “Espíritu”, “Espíritu de Dios”, “espíritu de Cristo”, “el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos” y “su Espíritu que mora en vosotros”, se refieren todas al mismo Espíritu Santo. La variedad de títulos dista de ser de escaso significado. Indica la gloriosa unidad que existe entre Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad que no es sólo de esencia (unidad ontológica) sino también de operación en beneficio de nuestra salvación.

   Del mismo modo, Jn. 14:26 nos informa que el Padre iba a enviar al Espíritu Santo; y Jn. 16:7 que el Hijo lo enviaría. No hay aquí contradicción sino una gloriosa armonía. Tómese nota de Jn. 14:16, “Yo rogaré al Padre, y el os dará … el Espíritu de verdad”. También 14:26, “El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre”.

    En el v. 11 el sujeto: “Aquel que resucitó a Jesús—o Cristo—de entre los muertos”, se refiere, por supuesto, al Padre. ¿No es una consecuencia lógica de pasajes tales como Ro. 6:4; Gá. 1:1 y Ef. 1:20 que en la actividad de resucitar al Salvador de entre los muertos fuera el Padre quien, se puede decir, tomara la iniciativa?

    Pero nótese cuán estrechamente relacionadas están las otras dos personas de la Santísima Trinidad con el Padre y por ende la una con la otra. Que el Padre actúa por medio del Espíritu es algo que se afirma claramente en el v.11. Que aun el mismo Jesús no permaneció totalmente pasivo en su resurrección lo está implícito en Jn. 10:17, 18. Es él quien reclama para sí el poder no sólo de poner su vida sino de volverla a tomar. Además, el mismo que en Ro. 8:11 es descrito como el Espíritu del Padre, es él que en el v. 9 es llamado Espíritu de Cristo. De hecho, como si fuera en un mismo aliento, el Espíritu del Padre es llamado en el v. 9 Espíritu de Cristo. La relación entre Padre, Hijo y Espíritu Santo es tan estrecha, la unión tan intima e indisoluble, que es imposible deshonrar al Hijo sin deshonrar también al Padre y al Espíritu Santo. Cf. Jn. 5:23.

   Esta verdad está cargada de significado práctico. Vivimos en un tiempo en que en algunos círculos evangelísticos se muestra un desproporcionado interés por Jesús, como si el honor y la gloria sólo le pudieran ser adjudicados a él. Otros, por su parte, llenos de una errónea suerte de fervor ecuménico, que trata de unificar a todos los cuerpos religiosos en una gran iglesia mundial, minimizan la obra del Salvador y enfatizan que todos los hombres son hermanos, ya que Dios es Padre de todos ellos. Y un tercer grupo, que últimamente se muestra muy vocal, magnifica los dones carismáticos y no pueden dejar de hablar del Espíritu.

     Como lo demuestra Ro. 8:9–11 y como lo comprueba todo el resto de la Escritura, es el trino Dios, es decir, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el único y verdadero Dios, quién debería ser el objeto central de nuestro amor y adoración.

    versículos 12, 13. Por lo tanto, hermanos, tenemos una deuda, pero no para con la carne, de vivir de acuerdo a su norma. Porque si vivís según su norma estáis condenados a morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las vergonzosas obras del cuerpo, viviréis.

     En este punto hay una transición de la exposición a la exhortación; de la concentración en las bendiciones otorgadas por el Dador al enfoque en las obligaciones en que incurren los recipientes, Pablo inclusive. Sin embargo, a los recipientes no se los presenta de ninguna manera como personas capaces de actuar por sí mismas. La salvación no es un asunto de porcentajes, digamos 50–50. Es un don de Dios desde el principio hasta el fin. Es por medio del Espíritu que los hijos de Dios deben hacer morir a los vergonzosas obras del cuerpo (v. 13), que son dirigidos (v. 14) y que son movidos a clamar: “¡Abba!” (v. 15). Es del Espíritu de quien reciben la certeza de que ciertamente son hijos de Dios (v. 16). Pero todo esto no significa que los recipientes de estos favores no deban ponerse en acción. Tienen una obligación que cumplir; pero aun así, no pueden cumplirla por su propio poder. ¿Cómo, entonces? Como ya se ha indicado, “por el Espíritu”, y véase también Fil. 2:12, 13.

    El apóstol fija la atención de sus lectores en esta obligación al decir “Por lo tanto”; en otras palabras, vistas todas las bendiciones que nosotros hemos recibido, que recibimos y que vamos a recibir, que se extienden desde una eternidad hasta la otra (véanse vv. 29, 30), nosotros—nótese como él mismo se incluye, una sugerencia para pastores, etc.—tenemos una obligación.

   No tenemos esta obligación para con la carne (naturaleza humana corrupta), sin embargo, para vivir de acuerdo con su norma. Que no le debemos a la carne favor alguno es claro del hecho que fue precisamente a causa de esa carne que la ley fue incapaz de salvarnos (8:3). Lo cierto es que tener la mente o disposición de la carne significa a muerte (v. 6), un pensamiento que Pablo, en forma algo diferente, repite en el v. 13, al decir: “Si vivís según su norma, estáis condenados a morir”. De allí que, en vez de halagar la carne, esta enemiga debe ser muerta. ¿O no ha afirmado esto claramente el apóstol ya en 6:1, 6, 11, 12–14?

    Se promete una rica recompensa a quienes “por el Espíritu”—ya que no tienen poder propio—dan muerte a las vergonzosas obras del cuerpo: ellos vivirán, y lo harán, por supuesto, de la manera más gloriosa; véase sobre 2:7.

    Para Pablo todo esto no es un fragmento de teología abstracta, seca como el polvo. Al contrario, su corazón está enraizado en esta epístola. El ama a estos romanos y anhela del modo más intenso evitar que se extravíen. Tanto así, que también desea que ellos eviten que otros hagan la elección equivocada. Que su alma está de veras profundamente conmovida es claro del hecho que él vuelve a usar aquí el cariñoso término “hermanos” (v. 12). Véase lo que se ha dicho anteriormente respecto a esta palabra (7:1).

    Nótese el agudo contraste: los que viven según la norma de la carne están condenados a morir. Los que por medio del Espíritu están haciendo morir las vergonzosas obras del cuerpo vivirán.

La Escritura está llena de ilustraciones respecto a

La alternativa inescapable

He aquí yo pongo hoy delante de vosotros

una bendición   ÞÞ    una maldición (Dt. 11:26s)

vida y prosperidad   ÞÞ   muerte y destrucción (Dt. 11:26s)

construir la casa sobre la roca   ÞÞ   construirla sobre la arena (Mt. 7:24–27)

    Podrían agregarse muchos otros ejemplos sin mayor esfuerzo. Entre ellos estarían aquellos a los que se hace referencia en pasajes tales como Sal. 1; Mt. 25:31–46; 2 Co. 2:16; Gá. 5:19–22; 1 Jn. 4:2, 3; Ap. 22:14, 15.

    Un hecho que debiera enfatizarse es que la elección correcta es algo que debe realmente efectuarse porque está en juego el lugar en que uno pasará la eternidad. Lo que es aun más importante es que la posibilidad de que la vida de una persona alcance la que debiera ser su meta depende, en un sentido, de su decisión (1 Co. 10:31; cf. 1 Co. 7:32; Fil. 1:20, 21; 1 Ts. 4:1). “Escogeos hoy a quién sirváis, si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del río … pero yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15).

    Aquellos, y solamente aquellos, que por el Espíritu hacen morir las vergonzosas obras del cuerpo pueden regocijarse en el hecho de ser dirigidos por el Espíritu, y que por lo tanto vivirán verdaderamente.

    Pensamiento: advierta que el Espíritu Santo nos libertas de la muerte espiritual, de la esclavitud del pecado. Por eso la importancia del creyente que debe buscar Bautismo y llenura del Espíritu Santo. Porque digo Bautismo: porque el bautismo es una experiencia única y por una sola vez en la vida del creyente;  y la llenura del Espíritu Santo es en toda la vida del creyente, la vasija debe permanecer llena, ¿por qué? en la lucha cotidiana va bajando el nivel, nuestro deber es estar todos los día rogando al Señor que llene nuestra vasija (Corazón)

    Citas: Tito 3.5.nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo; Hechos 8:15-17. 15l os cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 

 

2° Titulo:

Búsqueda Del Espíritu Santo Que Da Vida Al Creyente. San Lucas 11:13.Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? ; y Efesios 3:16.para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 

   Comentario: Si un hijo le pide pescado a su padre, ¡por cierto que el padre no le dará una serpiente! O si el hijo le pide un huevo, es inconcebible que el padre le dé en cambio un terrible escorpión, con su cola venenosa que pica a su víctima hasta dejarlo inconsciente. Ahora si aun un padre terrenal, aunque malo por naturaleza (Sal. 51:1–5; 130:3; Is. 1:6; Jer. 17:9; Jn. 3:3, 5; Ro.3:10; Ef. 2:1), provee a sus hijos solamente cosas buenas, y no con cosas que pudieran causarles daño, con cuánta mayor razón el Padre celestial—literalmente, el Padre del cielo—que está libre de toda maldad y es, en realidad, la fuente de toda bondad, dará … ¿qué? Aquí la versión de Mateo dice “buenas dádivas”, mientras que Lucas dice “el Espíritu Santo”. Estas dos están en perfecto acuerdo, porque, ¿no es el Espíritu Santo la Fuente misma de todo lo que es bueno?

    Significativamente tanto Mateo como Lucas terminan la oración con “a los que le piden”, enfatizando nuevamente en forma hermosa el énfasis principal de todo el pasaje, a saber, “Pedid y se os dará … ¡quienquiera que pide, recibe!

  1. 13 “Cuanto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo”. La gente a veces se queja porque Dios no les dio exactamente lo que le pidieron. ¿Pero pidieron el Espíritu Santo y la gracia que él imparte, gracia suficiente para hacer que nos regocijemos en medio de nuestros pesares y aflicciones?

Un paralelo con San Mateo 7:11. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan

    Comentario: Efesios 3:16.para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 16, 17a. Pablo ha introducido esta conmovedora oración trinitaria diciendo, “Por esta razón doblo mis rodillas ante el Padre, de quien la familia entera en el cielo y en la tierra recibe su nombre: la familia del Padre”, y prosigue, (orando) que conforme a las riquezas de su gloria os conceda ser fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior, para que Cristo habite en vuestros corazones por medio de la fe. Dios es glorioso en todos sus atributos, según se ha indicado. Véase sobre 1:17. Su poder (1:19; 3:7) es infinito; su amor (1:5; 2:4) es grande; su misericordia (1:4) y su gracia (1:2, 6; 2:7, 8) son ricas; su sabiduría (3:10) es iridiscente; etc. Obsérvese especialmente expresiones tales como “las extraordinarias riquezas de su gracia (expresadas) en bondad” (2:7) y compàrense “las insondables riquezas de Cristo” (3:8). Nunca es correcto enfatizar un atributo a expensas de  Hodge está en lo cierto al declarar, “No se trata de su poder excluyendo su misericordia, ni de su misericordia excluyendo su poder, sino que es todo el conjunto lo que le hace glorioso, el objeto propio de adoración”. Pablo ora, por tanto, que todos los esplendorosos atributos de Dios sean abundantemente aplicados al progreso espiritual de aquellos a quienes escribe. En forma especial pide que Aquel que, según se mostró en 1:19 (cf. 3:7, 20; Col. 1:11), es la fuente misma de poder en sus diversas manifestaciones, conceda a los efesios que, de acuerdo a la medida de la gloria de Dios, sean fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el hombre interior. Este “hombre interior” no es la parte racional del hombre contrastada con los bajos apetitos de éste. La terminología no es la misma de Platón o de los estoicos. Al contrario, el “hombre interior” es el opuesto al hombre “de afuera” (o: externo). Cf. 2 Co. 4:16. El primero se esconde a la observación pública. El último está a la vista de todos. Es en los corazones de los creyentes donde el principio de la nueva vida se ha implantado por el Espíritu Santo. Véase sobre 3:17. El escritor está orando entonces por lo siguiente, que se ejerza dentro de estos corazones tal influencia directiva que puedan ser fortalecidos más y más con el Espíritu que les ha sido impartido. Véase sobre 1:19; cf. Hch. 1:8. Otra forma de expresar el mismo pensamiento es: “que Cristo more en vuestros corazones por medio de la fe”. Es errónea la idea, bastante popular entre algunos comentaristas, de que primero, por un poco de tiempo, el Espíritu imparte fortaleza a los creyentes, después de los cual llega un momento en que Cristo establece su morada en estos corazones ya fortalecidos. Cristo y el Espíritu no pueden ser separados así. Si los creyentes tienen el Espíritu dentro de sí, entonces tienen a Cristo dentro de sí, lo cual es claro según Romanos 8, 9, 10. “En el Espíritu” es como Cristo mismo habita en el ser interior del creyente. Cf. Gá. 2:20; 3:2. El corazón es la fuente central, tanto de las disposiciones como de los sentimientos y pensamientos (Mt. 15:19; 22:37; Fil. 1:7; 1 Ti. 1:5). De él mana la vida (Pr. 4:23). Este precioso habitar de Cristo es “por medio de la fe”, que equivale a la mano que acepta los dones de Dios. La fe es la total rendición a Dios en Cristo, de modo que se espera todo de Dios y se entrega todo a él. Obra por medio del amor (Gá. 5:6).

     Es provechoso observar que la extensa lista de exhortaciones (4:1–6:7) por medio de las cuales el apóstol va a instar a los efesios a llevar a cabo su salvación (Fil. 2:12) se halla incrustada entre dos referencias de oración; la primera, aquí en 3:14–19, la propia oración de Pablo; la segunda, en 6:18ss, una exhortación a la oración, en cuya relación Pablo recuerda a los efesios que así como él ora por ellos, ellos a su vez, deben orar por él. Es como si el escritor dijese: Sin duda alguna, los creyentes deben esforzarse por alcanzar su meta. Han de esforzarse al máximo. No obstante, deben recordar siempre que aparte del poder del Espíritu Santo—o, diciéndolo en otra forma, sin que Cristo more en ellos—serán absolutamente impotentes. “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupáos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Fil. 2:12, 13). Y ya que tanto—en un sentido todo—depende de Dios, se sigue que la oración por su poder que imparte fortaleza es de suma importancia.

   Pensamiento: Esta búsqueda no es fácil porque hay que dedicar mucho tiempo, entrega, humillación, oración, ayuno, abstinencia. Advierta que esta labor es muy importante del creyente en esto día, es muy importante para el creyente la búsqueda de la llenura del Espíritu Santo, porque cuando hay llenura del Espíritu santo, comienza ha amar a Dios de todo corazón, y sirven a Dios de todo corazón. La oración eficaz es con mucho ruegos y suplicas y conforme a la dirección divina (Voluntad directiva). No conforme como nosotros queremos que haga el Señor con nosotros, sino como el Señor quiere hacer con nosotros , y no decepcionarlos si las cosas no resultan como nosotros queríamos.

   Citas: Gálatas 2:20. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí;  1 Tesalonicenses 1:5. pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

 

3 Titulo:

Urgente Llamado a Mantenerse Vivo En El Espíritu. Efesios 5:14.Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.

    Comentario: No existe buena razón para interpretar “(él) dice” en forma distinta a 4:8; de ahí que debe ser, “Dios dice”, puesto que el apóstol obviamente considera estas palabras como inspiradas. ¿De dónde provienen? Entre las muchas respuestas las dos más conocidas son: a. Is. 60:1 (y tal vez ciertos pasajes algo semejantes como, Is. 9:2; 26:19; 52:1); b. un antiguo himno cristiano.

    En cuanto a la primera, favorecida por Calvino, Findlay, Hodge, y otros, parece que hoy tiende a ser abandonada de inmediato al considerar la observación de que no hay, o hay muy poca semejanza entre Ef. 5:14 e Is. 60:1. En lo que a mi concierne, cuanto más estudio Is. 60:1 a la luz de su propio contexto tanto más comienzo a ver ciertas semejanzas. Tal vez sería de utilidad colocar los dos pasajes uno al lado del otro:

    Isaías 60:1.  Levántate, resplandece;Þporque ha venido tu luz, Þy la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

    Efesios 5:14. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes,Þ Y levántate de los muertos,Þ Y te alumbrará Cristo.

  1. En el contexto del pasaje de Isaías a la hija de Sion se la representa como abandonada, su tierra como desolada (Is. 62:4). Leemos acerca de cautivos y prisioneros (Is. 61:1). También el pasaje de Efesios presupone una condición de miseria, el sueño de la muerte que ha o había descendido sobre los lectores.
  2. En ambos pasajes se les manda a los que se describen como yacentes en sueño o muerte que se levanten. Cf. Ro. 13:11; 1 Ts. 5:6.
  3. En los dos casos los exhortados reciben aliento.
  4. La esencia de este aliento es la misma en ambos casos, vale decir, que se otorgará luz al que hasta este momento ha estado en tinieblas.
  5. En Isaías El que imparte esa luz es Jehová, en un contexto que Jesús interpretó como referencia a él mismo. Cf. Is. 61:1, 2a con Lc. 4:16–21. Véase también nota 108. En Efesios el que resplandece sobre el que antes se hallaba en miseria es Cristo.
  6. En Isaías 40–66 la liberación de la cautividad babilónica mediante Ciro, ungido de Jehová (véase especialmente cap. 40–48) parece ser símbolo de la liberación de la cautividad espiritual mediante el “siervo de Jehová” ungido gloriosamente (véase especialmente cap. 49–57). Los cap. 58–66, en los cuales ocurre 60:1, hablan de la gloria de la Sion redimida. No es imposible, por tanto, que la iglesia primitiva de la nueva dispensación viera a Cristo en este pasaje (Is. 60:1) como Aquel que hace que la luz de la salvación resplandezca sobre los que se levantan de su mortal sueño de pecado. Si a Jesús le fue posible interpretar el pasaje del capítulo 61 como una referencia a sí mismo, como ya se ha indicado (véase bajo 5), ¿por qué habría de considerarse imposible explicar o al menos aplicar un pasaje del capítulo inmediatamente precedente similarmente?

    Mi propia convicción es, por tanto, que la teoría de acuerdo a la cual, sea directa o indirectamente, el pasaje de Efesios en cuestión tiene su base en Is. 60:1 no debe ser tan rápidamente descartada como asunto ya definido. Puede que no haya suficiente razón para considerar totalmente establecida la conexión entre estos dos pasajes, pero no existe ciertamente base alguna para rechazar aun la posibilidad de tal conexión.

    Aun así, no obstante, podría haber un elemento de verdad en la teoría b. Es concebible que aunque Ef. 5:14 está en su análisis final basado en Is. 60:1, la forma en que el pasaje se reproduce aquí por Pablo corresponda a algunas líneas de un himno cristiano primitivo. En otras palabras, el himno pudo haber estado basado en el pasaje de Isaías. Es claro de todos modos que cuando Pablo escribía lo que ahora llamamos capítulo de Efesios, tenía presente algunos himnos, puesto que los menciona muy luego, a saber, 5:19. Ahora bien si Ef. 5:14 fue tomado de algún himno, ¿no puede acaso haber sido de un himno de Pascua de Resurrección, según el cual la conmemoración de la resurrección física de Cristo recordaba al lector vivir una vida en armonía con su resurrección espiritual, estando ambas resurrecciones relacionadas entre sí como causa y efecto? ¿O era tal vez una canción que se cantaba en conexión con el bautismo de los que profesaban haber sido despertados de su sueño y levantados de entre los muertos cuando aceptaban a Cristo, y que por medio de este himno se les instaba a morir más plena y constantemente al “viejo hombre” y vestirse crecientemente día a día “del nuevo hombre”? Debemos confesar que nadie sabe realmente en forma segura ni el origen de estas líneas ni el alcance y la forma de su uso en la iglesia primitiva. De lo que estamos ciertos, sin embargo, es el hecho que en el presente contexto no se hallan fuera de lugar. Se aplican al hombre que todavía vive según las costumbres paganas. Cuando las obras malvadas de tal persona quedan expuestas, debe señalársele claramente la forma única de escapar, de modo que pueda despertar de su sueño, levantarse de entre los muertos (cf.Lc. 15:32) y Cristo pueda resplandecer sobre él.

    Sin embargo, a la luz de todo el contexto precedente (véase especialmente vv. 3–11) es evidente que el apóstol no sólo tiene presente al pagano sino también y especialmente al convertido. El interés de Pablo es mostrar que el que ha renunciado a los perversos caminos del mundo debe vivir una vida consistente con su nueva posición. Por lo tanto, en lugar de seguir tomando parte en las obras infructuosas de las tinieblas, debe salir totalmente de su sueño y levantarse y abandonar todos los aspectos de los perversos caminos de los que se hallan espiritualmente muertos. El glorioso resultado será que Cristo resplandecerá sobre él. Este parece ser el significado del pasaje.

    Sin embargo, esto conduce a otra pregunta. Estas líneas que el apóstol cita y a las cuales da su aprobación, ¿no estarán realmente invirtiendo el orden de los elementos en el proceso de salvarse? ¿No parecen enseñar que es el hombre quien se vuelve a Dios antes que Dios al hombre? Pareciera que es al pecador a quien se le insta a despertar de su sueño espiritual, y levantarse de entre los muertos (implicando una resurrección de su muerte en pecado), y solamente entonces Cristo resplandecerá sobre él. La respuesta es: a. Hay una larga lista de pasajes tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento a los cuales se podría aplicar la misma objeción, si ésta fuera válida (p. ej., Dt. 4:29; 30:1–10; Sal. 50:14, 15; 55:16; Is. 55:6,7; Jer. 18:5–10; Mt. 11:28–30; Hch. 16:31; Ap. 3:20). b. Estos pasajes enfatizan la responsabilidad humana, c. Ninguno de ellos enseña que el hombre es capaz, en sus propias fuerzas, de despertarse y levantarse de entre los muertos. Esto lo puede hacer solamente mediante la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. El hecho mismo de ser llamado a levantarse de entre los muertos lo implica (véase lo que se dice acerca de esto en la interpretación de 2:1–9). En el proceso de salvación es Dios quien toma siempre la iniciativa. Nadie es capaz de convertirse a menos que Dios le haya regenerado. Asimismo, después que la verdadera conversión ha tenido lugar no existe momento alguno en que la persona pueda hacer algo de valor espiritual aparte de su Señor, d. Hemos de recordar también que Cristo no es solamente el Alfa (principio) de la salvación; es también la Omega (fin); es decir, no es solamente el que origina la salvación; es también el que galardona. Por lo tanto, cuando mediante la gracia y el poder divinos el pecador se despoja de la naturaleza vieja y se viste de la nueva, cuando se despierta y se levanta más y más de entre los muertos, entonces la luz de Cristo resplandece sobre él, iluminando su vida entera con tierno, maravilloso, suave resplandor, el resplandor de la amorosa presencia del Salvador. Es así que “la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Pr. 4:18).

    Pensamiento: advierta el llamado es urgente a mantenerse vivo, porque Cristo ya viene a buscar a su Iglesia. Un llamado al joven creyente a mantenerse vivo en el espíritu, hay que hacer resaltar este llamado con “Urgencia” Lucas 14:21.Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Colosenses 4:5. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.

    Citas: 1 Corintios 15:34. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo;  Isaías 52:1.Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo;  Isaías 51:17. Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos.

 

Texto: Romanos Cap. 8, Versículo 2. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

   Comentario: Pablo habla de “la ley del Espíritu de vida”. Que el Espíritu Santo es vida en su misma esencia y que también imparte vida, tanto física como espiritual, es bien claro de un gran número de pasajes de la Escritura. La base de esta doctrina puede ya ser hallada probablemente en Gn. 1:1; Sal. 51:11; 104:30. Para referencias más cercanas véanse Jn. 6:63; 2 Co. 3:6; Gá. 6:8; y no olvídese Ro. 8:11. La ley del Espíritu de vida es la operación poderosa y efectiva del Espíritu Santo en los corazones y vidas de los hijos de Dios. Se trata precisamente de lo opuesto a “la ley del pecado y de la muerte”, respecto a la cual véase sobre 7:23, 25. Así como la ley del pecado produce muerte, del mismo modo la ley, o el factor gobernante, del Espíritu de vida produce vida. Cf. Ro. 6:23. Lo hace “por medio de Cristo Jesús”, es decir, en base a los méritos de su expiación y por medio del poder vivificante de la unión con él.

    La pregunta que se impone es esta: Si a lo largo de Ro. 7:14–8:2 Pablo habla de sí mimo como creyente, ¿cómo es que puede decir por un lado: “Yo soy carnal, vendido como esclavo al pecado … un prisionero” (7:14, 23); y luego por el otro: “Por medio de Cristo Jesús la ley del Espíritu de vida me ha hecho libre de la ley del pecado y de la muerte”? ¿Cómo puede alguien que es esclavo y prisionero ser también una persona libre? ¿No demuestra esta contradicción que hemos interpretado erróneamente Ro. 7:14, 23?

   La respuesta es “¡De ningún modo!” Al contrario, cuando leemos estos pasajes—tanto 7:14, 23 como 8:1, 2—decimos: “¡Qué maravillosa es la Palabra de Dios! ¡Qué verdadero retrato hace de la persona que en realidad soy! Por un lado soy esclavo, prisionero, por que el pecado tiene un control tal sobre mí que no puedo llevar una vida sin pecado (Jer. 17:9; Mt. 6:12; 1 Jn. 1:8, 10). Pero por otra parte, soy una persona libre, ya que aunque Satanás trate con todo su poder y astucia de evitar que yo haga lo bueno—como ser confiar en Dios para mi salvación, invocarle en oración, regocijarme en él, actuar a favor de su causas, etc.—él no puede evitar totalmente que yo lo haga. No puede prevenir completamente que yo experimente la paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento. Ese sentido de victoria que ya ahora poseo en principio y que poseeré en perfección en el futuro, me sostiene en todas mis luchas. ¡Me regocijo en la libertad que Cristo ha obtenido para mí!” (cf. Gá. 5:1).

    Cuando el que interpreta 7:21–8:2 limita la experiencia cristiana a lo que se encuentra en 7:22, 25a, 8:1, 2, y deja de lado 7:21, 23, 24, 25b, ¿no se asemeja a un músico que trata de tocar una pieza muy difícil en un órgano con un número muy restringido de octavas, o en un arpa con muchas cuerdas rotas?

 

 

AMÉN, SOLO A DIOS LA GLORIA.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.