+56 9 5417 6219
contacto@historiaycontingenciaiep.cl

“El Legalismo: práctica que distorsiona el Evangelio de la Cruz».

“El Legalismo: práctica que distorsiona el Evangelio de la Cruz».

Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. San Mateo 23: 1-4.

 

El legalismo debe ser una de las corrientes heréticas que más daño a hecho a la iglesia. Esta doctrina no es nueva como algunos piensan, tiene su historial, ya desde el primer siglo o incluso antes. Recordemos por ejemplo, cuando Jesús enfrentó a los fariseos por causa de su mala hermenéutica y su equivocada filosofía de  “autosalvación” (cfr. Lucas 18:11-12; Marcos 7:7-8), Pablo tuvo que lidiar con esto en algunas iglesias nacientes (cfr. Gálatas 3:10-11).

 

También debemos recordar la historia de La Reforma, una de las motivaciones de este movimiento fue que Dios, por medio de  las Escrituras le mostró a Martin Lutero la maravillosa doctrina de la justificación por la fe, justo en un momento donde la Iglesia Católica Romana oprimía al pueblo con sus doctrinas falsas, que involucran hasta estos días la salvación por obras. Por tanto el legalismo no tiene nada de nuevo, es algo con lo que la Iglesia de Cristo ha tenido que luchar durante  muchos años.

 

Pero, ¿qué es el legalismo? En palabras sencillas, es creer que la salvación la obtenemos o podemos obtener por nuestras obras, que a través de lo que hagamos en la tierra nos ganamos el favor de Dios. Obviamente esto llevará a añadir muchas cargas pesadas, obedecer a leyes que no están escritas y darle  importancia a tradiciones por sobre la Palabra de Dios. El legalismo llevará a creer que las obras externas son más importantes que las internas; si yo me privo de esto y hago esto otro estoy agradando  a Dios.

 

Finalmente la revelación escrita de Dios nos enseña que la ley de Dios (Ley Mosaica) fue dada para que nos diéramos cuenta lo pecadores que somos y la imposibilidad humana de cumplirla y de ser salvos por ella, ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Romanos 3:20.

 

Seguir esta corriente doctrinal traerá consecuencias terribles para el pueblo de Dios. Los invito a que analicemos algunas de ellas:

 

  • Le “roba” la gloria a Dios:

La Biblia nos enseña que todo lo que hagamos debe glorificar a Dios, ya que todo viene de Él. Nos ha dado la salvación por gracia solamente, nosotros no la merecíamos. El problema que nos sugiere esta doctrina es la de “robarle” la gloria a Dios, ya que estamos confiando en las obras que el ser humano pueda realizar, yo comienzo a ser el centro de todo, porque yo estoy haciendo “méritos” para ganar mi salvación y si recibo el premio al final de la carrera es porque yo logré hacer lo que cada letra de la ley y tradiciones me indicaron, obviamente esto no ocurrirá, pero el enseñar esta doctrina corrompe lo que nos exhorta su Palabra, Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Apocalipsis 4:11.

 

  • Nos “roba” el gozo:

Se nos exhorta a estar siempre gozosos (cfr. 1° Tesalonicenses 5:16). El fundamentar la salvación en nuestras obras y tradiciones humanas, las cuales sabemos que en algún momento será imposible cumplirlas al  pie de la letra, nos producirá una amargura tremenda, viviremos de lamento en lamento, atados y oprimidos por algo que no cumplimos o algo que hicimos y estaba prohibido. El legalismo nos roba el gozo, nos impide avanzar con regocijo. El legalista está tan atento a no infringir la ley que le impide ver la gloria de la Cruz donde allí fueron llevados los pecados del pueblo de Dios. Al perder esto de vista estamos perdiendo lo principal, es decir, que alguien cumplió lo que nosotros no podemos, alguien cargó el castigo que nosotros merecíamos, alguien intercede por nosotros ante el Padre, y este es ¡Cristo! El Evangelio produce gozo, si no hay gozo no está el Espíritu de Dios, si no está el Espíritu de Dios no está Cristo, si no está Cristo no he sido salvo.

 

  • Nos hace vivir bajo una constante condenación:

La cita bíblica señala lo siguiente: ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…” (cfr. Romanos 8:1). El legalista por lo general se sentirá condenado constantemente, cada caída que tenga creerá que ha desagradado tanto a Dios, incluso llegando a pensar que su salvación está en peligro. Esto minimiza la obra de Cristo en la Cruz, ya que con su actuar considera que esta no fue suficiente como para perdonar nuestros pecados pasados, presentes y futuros, olvidando que para el creyente ya no hay condenación. Para el legalista cada día habrá un peligro de ser condenado, cada día buscará no ser condenado, sus obras vivibles serán el fundamento para no recibir tal castigo. ¡Todos merecíamos condenación! Pero gracias Señor por darnos a Tu Hijo, nuestro bendito Salvador.

 

  • Confunde la justificación con la santificación:

Una pequeña aclaración de lo que es la justificación y santificación, para esto haré uso de las palabras de C. J Mahaney en su libro “La vida Cruzcéntrica”: “Justificación es ser declarado justo. Santificación es ser hechos justos, estar conformados a la imagen de Cristo. Justificación es nuestra posición delante de Dios. Santificación es nuestra práctica. ¡Uno no practica la justificación! Ocurre de una vez por todas, una vez que ocurre la conversión. La justificación es objetiva: la obra de Cristo por  nosotros. La santificación es subjetiva: la obra de Cristo dentro de nosotros. La justificación es inmediata y completa en la conversión. Nunca más será justificado de lo que fue en el primer momento en que confió en la persona de Cristo y en su obra consumada, La santificación es un proceso. Será más santificado a medida que continúe en la obediencia motivada por la gracia.”

 

El legalista por lo general confundirá estos términos creyendo que nuestras buenas obras nos conducen a ser justo delante de Dios, pero la Escritura nos enseña claramente lo contrario, somos justos porque Cristo nos imputó su justicia, somos justos porque Cristo logró darnos esto a través de Su obra consumada en la gloriosa Cruz ( cfr. 2° Corintios 5:21). Nuestro proceso de santificación es solo gracias a la obra del Espíritu Santo.

 

Los creyentes somos llamados a obedecer a Dios, esto nos exhorta Su Palabra, nada nos enseña a no obedecer, la cuestión es la forma como obedezco, si todo lo hago para recibir favores de Dios, para que mi entorno vea mi perfecta relación con Dios, para jactarme de cada cosa que hago y si creo que por mis obras me gano mi salvación, lamentablemente estoy pensando y actuando como un legalista. La gracia no ha venido a eliminar la ley, la gracia ha venido a que la ley pueda ser grabada en nuestros corazones. (cfr. Jeremías 31:33: Romanos 2:15). Algunos piensan: “la obediencia a la ley me hace ganar la gracia de Dios”, la Biblia enseña que la gracia nos motiva a obedecer Dios.

 

 

Soli Deo Gloria.

 

 

Autor: Hno Alexi Flores – I.E.P Nueva Imperial.

Revisión y Edición: Administración HyCIEP.


Rodrigo Turra Morales

Miembro de la IEP en San Carlos Poniente. Administrador en Historia y Contingencia IEP & TeAdoramos.Org. Estudiante de Derecho - Universidad de Magallanes.