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“El Evangelio, Buenas Noticias Enviadas Desde El Cielos”

“El Evangelio, Buenas Noticias Enviadas Desde El Cielos”

Lunes 28 de enero de 2019

   Lectura Bíblica: Isaías Cap. 61, versículos 1 al 3. El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. 

   Comentario: Al final del comentario de la sección de 59:16–21 indicamos que las promesas del v. 21 pueden haber sido para el profeta y sus descendientes: Mi Espíritu que está sobre ti y mis palabras que he puesto en tu boca no se apartarán… Estas palabras pueden ser la base para la declaración del profeta en el v. 1: El Espíritu del Señor Jehovah está sobre mí…

   El profeta, que antes se viera desprovisto de la capacidad para interceder (59:16), se vio de pronto investido del poder del Espíritu de Dios para encarnar el mensaje de liberación para Sion (59:21; 61:1). Sus palabras en los vv. 1 y 2 fueron leídas por nuestro Señor Jesús en la sinagoga de Nazaret, para luego basar en ellas su testimonio mesiánico (ver Luc. 4:18 y 19). Las figuras literarias que describen el efecto o consecuencias del ministerio del profeta, se convierten en hechos concretos en la persona y ministerio de Jesús. No obstante, pasemos a considerar el sentido de las palabras del profeta a la luz de su mismo desempeño profético.

   El profeta ha adquirido conciencia de su misión profética y se siente ungido por el Espíritu de Dios para anunciar las buenas nuevas de liberación a una comunidad sumida en la humillación y la desesperación de la pobreza (comp. Neh. 5:3), en la desilusión y desaliento o “quebranto de corazón” (comp. Neh. 5:1), de la esclavitud (comp. Neh. 5:5) y de la cárcel que constituye el perder la visión).

   La meta de su ministerio profético es hacer resurgir la vida en medio del duelo nacional. La ceniza, que es señal de duelo, va a ser reemplazada por una diadema de gloria. Va a haber aceite de regocijo y manto de alabanza.

Verdades prácticas

   Jesús leyó este pasaje (Isa. 61:1, 2) cuando entró a la sinagoga de Nazaret. Era un plan de acción a corto plazo, que lo puso en vigencia cuando comenzó su ministerio terrenal. Tres años duró el ministerio del Señor Jesús y alcanzó cada uno de estos puntos en este plan redentor. ¿Quiénes son los pobres, los quebrantados, los cautivos, los prisioneros? Los predicadores contemporáneos de la llamada “justicia social” dirán: “Son los explotados por la sociedad capitalista, los pobres, porque la sociedad los margina, y los políticos que sufren persecución por defender los intereses del pueblo”. Pero, ¿qué tipo de mensaje encontramos en este pasaje de Isaías, de tipo políticosocial o netamente espiritual? No se pretende desconocer las condiciones socioeconómicas de las grandes mayorías de los pueblos del Tercer Mundo. Pero el tono con el que son escritas y pronunciadas por Jesús es de contenido espiritual. ¿Quién es el que liberta al hombre sumergido en la pobreza espiritual; quién anima a los quebrantados de corazón; ¿quién proclama libertad a los cautivos de Satanás, quién?” El profeta responde; “El Ungido de Jehovah”. “El Mesías, Jesucristo,” nos dirá el NT (Luc. 4:20b).

Semillero homilético

El Salvador como la luz

61:1–3

   Introducción: Temprano en la historia del cristianismo comenzaron a celebrar el nacimiento de Jesús. Clemente de Alejandría en el tercer siglo y Crisóstomo en el cuarto siglo se refieren a la celebración como algo que ya tenía una historia. Celebraron en varias fechas, y al fin escogieron el 25 de diciembre como la fecha universal. Lo importante de todo es que es una época para ver brillar la luz de Dios en el mundo. (Pero la fecha exacta del nacimiento del mesías no se sabe, el 25 de diciembre era una fiesta pagana y se reemplazo por la navidad.).

La necesidad del Salvador como la luz.

La naturaleza de la oscuridad.

(1) Oscuridad es símbolo del pecado.

(2) El hombre pecador prefirió la oscuridad a la luz (Juan 3:19).

(3) La oscuridad simboliza la ausencia del conocimiento de Dios, de la luz y de la paz.

La extensión de la oscuridad.

(1) Abarca todas partes del mundo.

(2) Efesios 2:1–4 se refiere al control de las tinieblas bajo el poder de Satanás.

La esperanza y la espera en el Salvador como la luz.

Las profecías reflejan esa esperanza (v. 1).

Su esperanza no tiene egoísmo (v. 4).

Su esperanza lleva certidumbre, comunicada en el mandato de levantarse y resplandecer (v. 1).

La realización de la luz por la llegada del Salvador.

Llegó en la plenitud del tiempo (Gá. 4:4).

Alumbra el camino de todos los que quieren llegar a él (Juan 1:9).

Los que siguen a Cristo nunca andarán en tinieblas, tendrán la luz de la vida (Juan 8:12).

   Conclusión: Aunque las tinieblas espirituales perduran en algunas partes, la luz de Cristo se ha esparcido hasta los lugares más retirados del mundo. Tenemos el deber de seguir llevando esta luz hasta que Cristo venga otra vez.

1er Titulo:

La Eficacia Del Evangelio Está En El Poder Del Espíritu Santo. Los Hechos 1:8: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

   Comentario: 8. Pero recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Aquí, Lucas presenta el tema de todo el libro. Este pasaje contiene la promesa de Pentecostés y el mandato de ser testigos de Jesús en las siguientes áreas geográficas: Jerusalén, Judea y Samaria, y todo el mundo.

   a. La promesa. Jesús y los discípulos están en un inconfundible paralelo al momento de comenzar sus respectivos ministerios. Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre él y lo fortaleció para hacer frente al poder de Satanás (véase Mt. 3:16). Antes que los apóstoles estuvieran capacitados para asumir su tremenda responsabilidad de construir la iglesia de Cristo y conquistar las fortalezas de Satanás, ellos reciben el poder del Espíritu Santo. El Domingo de Resurrección en el aposento alto, Jesús sopló sobre los apóstoles y dijo:

“Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22). Pero inmediatamente antes, les dijo: “Como el Padre me envió, así también yo os envío” (v. 21).

   El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Por ejemplo, Jesús informa a los discípulos en su discurso de despedida: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Jn. 15:26). El Espíritu Santo, entonces, no es una fuerza inanimada, sino que es la tercera persona de la Trinidad. Y la promesa del Espíritu se origina con el Padre: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros” (Lc. 24:49a).

   b. El mandato. Sólo a través de la llenura de la persona y el poder del Espíritu Santo, pueden los discípulos ser testigos de Cristo Jesús. Pero no sólo los discípulos reciben el don del Espíritu, sino que, como Lucas lo señala en Hechos, numerosas personas son llenas con el Espíritu Santo y llegan a ser testigos de Cristo. “Un testigo efectivo sólo puede estar donde el Espíritu está, y donde el Espíritu está, el testigo efectivo siempre leseguirá”. La palabra de Jesús: “Recibiréis poder” se aplica primero a los doce apóstoles y luego a todos los creyentes que son efectivamente testigos de Cristo Jesús.

   “Me serán testigos”. En Hechos, el término testigos tiene un significado doble. Primero, se refiere a la persona que ha observado un hecho o acontecimiento. Y segundo, se refiere a la persona que presenta un testimonio por medio del cual defiende y promueve una causa. De acuerdo con esto, los apóstoles eligen a Matías para que suceda a Judas Iscariote porque como testigo ocular, había seguido a Jesús desde los tiempos de su bautismo por Juan hasta el momento de la ascensión. Por tanto, Jesús encarga a Matías proclamar el mensaje de su resurrección (1:21–22).

   En el sentido estricto de la palabra, la expresión testigo no se aplica a Pablo y a Bernabé, quienes durante su primer viaje misionero proclamaron el mensaje de la resurrección de Jesús a la gente de Antioquía de Pisidia (13:31). Pablo y Bernabé declaran que ellos no son testigos, sino que anuncian las Buenas Nuevas. En el día de

Pentecostés Jesús envía a los doce apóstoles como verdaderos testigos de todo lo que él había dicho y hecho.

   Estos doce han visto y oído a Jesús y ahora hablan a otros de él (compárese 1 Jn. 1:1). Llenos del Espíritu

Santo, empiezan a proclamar las Buenas Nuevas en Jerusalén (véase Lc. 24:47). Luego predican el evangelio en

las regiones de Judea y Samaria, y hasta llegan a Roma. Roma era la capital del imperio desde donde salían todos los caminos, como los rayos de una rueda, y llegaban a todos los rincones del mundo hasta entonces conocido (cf. Is. 5:26: “el extremo de la tierra”). En el tercer Evangelio, Lucas dirige la atención a Jerusalén, donde Jesús sufre, muere, resucita de la muerte, y asciende. En Hechos, enfoca la atención sobre Roma, como el destino del evangelio de Cristo. De Roma, las Buenas Nuevas alcanzan a todo el mundo.

2° Titulo:

Adversidades Que El Cristiano Debe Sortear. San Mateo 10:16 al 20. He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

COMENTARIO:

   Es difícil, si no imposible, leer los vv. 14 y 15 sin sentir que el Señor ya está sugiriendo que la proclamación del mensaje del reino encontrará seria oposición. En lo que ahora sigue, se definen en forma más clara la naturaleza de esta oposición y las formas en que se expresará, y los apóstoles reciben instrucciones de cómo enfrentarla. 16. Fijaos bien, os estoy enviando como ovejas en medio de lobos. Cf. Lc. 10:3. Enviarlos como “ovejas” (Jn. 10:11, 14, 27, 28) es maravilloso, pero “en medio de lobos” o “entre lobos”, malignos y destructores, equivale a peligro. Véase sobre 9:36; cf. Ez. 22:27; Sof. 3:3 y Hch. 20:29. Sin embargo, hay un consuelo en el anuncio de que él, Jesús mismo, es quien los envía. Él debe tener su sabio propósito:

a. que ellos puedan proclamar allí el evangelio del reino;

b. que al hacerlo puedan reunir las “ovejas” de entre la misma gente que ahora todavía se llaman “lobos”;

c. que de ese modo la fe de los apóstoles sea fortalecida; y

d. que todo esto pueda redundar a la gloria de Dios. Además, el hecho de que él mismo los está enviando significa que está profundamente envuelto en el ministerio de ellos, porque la frase “Yo os envío” significa “yo mismo os estoy comisionando para que seáis mis apóstoles, esto es, mis representantes oficiales, así que yo estaré trabajando a través de vosotros”. Esto ciertamente implica protección. Venga lo que venga, están bajo su cuidado amoroso. Si no fuera por esto, estarían indefensos, porque, ¿qué pueden hacer las ovejas cuando están en medio de lobos?

   Sin embargo, al extender este maravilloso cuidado, Jesús no los exime de su responsabilidad personal. Así prosigue: Por lo tanto, sed sagaces como las serpientes, inocentes como las palomas. En cuanto al primero, aquí se considera a la serpiente como la encarnación misma de la perspicacia o astucia intelectual (Gn. 3:1). La cautela y la prudencia de las serpientes se había hecho proverbial. La sagacidad que aquí se recomienda como cualidad humana incluye el poder captar la naturaleza de lo que a uno lo rodea, trátese de personas o de cosas, circunspección, sentido común santificado, sabiduría para hacer lo que corresponde en el momento y lugar oportunos y del modo correcto, un esfuerzo serio para descubrir siempre el mejor medio para lograr las metas más elevadas, una búsqueda ferviente y honesta de una respuesta a preguntas tales como: “¿Qué aspecto tendrá ‘al final’ esta palabra o esta acción mía?” “Cómo afectará mi propio futuro, el de mi prójimo, la gloria de Dios?” “¿Es éste el mejor modo de enfrentar el problema o hay otro modo que es mejor?” Véase Ef. 5:15.

   Esta sagacidad nunca incluye un compromiso con el mal. Jesús enseña que es deber del hombre no solamente ser sagaz como las serpientes, sino también inocente (irreprensible, cf. Fil. 2:15) como las palomas. En cuanto a las palomas, véase sobre Mt. 3:16; cf. Cnt. 5:2 “paloma mía, perfecta mía”.

   Un ejemplo excelente de persona que muestra esta combinación de sagacidad e inocencia es el apóstol Pablo, como lo señalan abundantemente sus epístolas y el libro de Hechos. En verdad, él es “todas las cosas a todos los hombres” (1 Co. 9:22), escogiendo cuidadosamente el método adecuado para cada ocasión distinta. Por ejemplo, véase Hch. 17:22–31 en contraste con Hch. 13:16–41. Es verdaderamente “astuto”. Lo que hace en Hch. 23:6–8 puede ser considerado “ingenioso”. Sin embargo, es inocente (Hch. 24:16) y exhorta a sus lectores también a que se aparten de toda forma de mal (1 Ts. 5:22) y que vivan vidas llenas de bondad positiva (1 Ts. 5:14, 15).

   Entre otros en quienes se combinan estas dos características—astucia e inocencia—están: David, en su relación con el envidioso rey Saúl, quien lo persigue (1 S. 24 y 26); Mardoqueo, en su reacción hacia el arrogante Amán (Est. 3:2–4; 4:12–14); y Abigail, “mujer prudente y sabia”, en sus tratos con su esposo necio Nabal (1 S. 25:3).

   La conexión entre los vv. 16 y 17, lejos de ser abrupta como algunos han pensado, es realmente natural. Jesús ha estado hablando de “lobos”, esto es, de hombres malos que tratarían de causar daño a las ovejas. De modo que ahora prosigue: 17. Y guardaos de los hombres … Estos hombres malos ya estaban presentes antes de la muerte de Cristo en la cruz y de su resurrección. Véanse 8:3; 9:22, 34. Además, ¿no era Judas Iscariote uno de los discípulos de Cristo, y no iba a ser su propósito entregar a Jesús a las autoridades? Y, ¿no había quienes constantemente estaban poniéndole trampas al Salvador para hallar un motivo para acusarlo? Véanse Mt. 12:10; 22:15; cf. Jn. 8:6. ¿No implica el odio a Jesús una actitud de antagonismo hacia sus discípulos? Véanse también 5:10–12; 10:24; Jn. 15:20. La base de la advertencia de Cristo, por lo tanto, es el presente, la condición que prevalecía ahora mismo durante el ministerio terrenal de Cristo.

   En el caso de los seguidores de Cristo el odio continuaría y aun se intensificaría durante el período después de la resurrección. Entre la persecución que ya estaba ocurriendo, y de la cual Jesús mismo era el objeto, y aquella de la cual los discípulos eran e iban a ser objeto, hay una estrecha conexión, de modo que la predicción que se encuentra aquí en Mt. 10:17 es muy natural.

   Es en este contexto que los discípulos oyen la advertencia de Jesús de “guardarse de” los hombres. Quiere decir: “Estad en guardia contra” ellos. Aunque no hay forma de determinar exactamente lo que el Señor pudiera haber estado pensando cuando dijo esto, probablemente quiso decir que los discípulos debían estar vigilantes contra las malas intenciones de los hombres. Probablemente uno o más de los siguientes rubros podrían ordenarse bajo esta idea general:

a. No os confiéis cándidamente a los hombres;

b. No los hagáis enojar sin causa justificada;

c. No caigáis en las trampas de sus preguntas capciosas, sino orad por la gracia de darles una respuesta apropiada; y/o

d. Nada hagáis que les permita haceros una acusación válida (cf. 1 P. 4:15, 16). Continúa: porque os entregarán a concilios, y en sus sinagogas os azotarán. Estos concilios eran probablemente los tribunales locales de los judíos, que tenían su clímax en la corte suprema judía, el Sanedrín (véase sobre 2:4). Los que eran declarados reos por la corte de cierto delito definido eran azotados en la sinagoga.

   Las fuentes judaicas contienen reglas bien detalladas acerca de tales azotes. Un juez debía recitar un pasaje adecuado de Deuteronomio o de los Salmos, un segundo debía contar los azotes (véase Dt. 25:1–3), un tercero impartiría una orden antes de cada latigazo, etc. En el libro de Hechos (22:19) se nos da a saber que Saulo (= Pablo) de Tarso hacía que los creyentes en Cristo recibiesen este horrible castigo. Después de su conversión él mismo sería torturado de un modo similar. Escribiría: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno” (2 Co. 11:24). Era el siervo de la sinagoga (“el ministro”, Lc. 4:20) quien estaba encargado de la responsabilidad de dar los latigazos.

   La predicción se amplía cuando Jesús continúa: 18. Por mi causa seréis arrastrados ante gobernadores y reyes para testimonio a ellos y a los gentiles. En cuanto agobernadores, piénsese en procuradores tales como Poncio Pilato, Félix y Festo; en cuanto areyes, piénsese en Herodes Agripa I (Hch. 12:1) y Agripa II (Hch. 25:13, 24, 26). Aun HerodesAntipas, que técnicamente no era rey, también recibía ese título a veces (Mt. 14:9; Mr. 6:14).Fue Poncio Pilato quien sentenció a Jesús a morir en la cruz, después de haberlo enviado al“rey” Herodes Agripa I quien mató a Jacobo (hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan).Véase Hch. 12:1. De Hch. 25:13 se desprende que Pablo fue llevado ante el rey Agripa II y elprocurador Festo. Dio un maravilloso testimonio como también lo había hechoanteriormente ante el procurador Félix. Se comprende que tales testimonios también fuerondados delante de otros gentiles, a saber, aquellos que o estaban presentes o posteriormenteoyeron lo que se había dicho. Cf. Fil. 1:12, 13; 4:22. Así las buenas nuevas seguiríandifundiéndose.

   Así, a. el cumplimiento inicial de esta profecía era un asunto del futuro inmediato, como es claro por las condiciones y actitudes ya existentes; y b. se registran detalles de su cumplimiento posterior en el libro de Hechos y las epístolas. Véanse también Ap. 1:9; 2:8–11; 6:9–11; 12:6, 13–17; etc.

   De suma importancia es que Jesús dice que esto ocurrirá “por mi causa”. Cuando alguien persigue a los discípulos de Cristo lo está persiguiendo a él, hecho estampado tan indeleblemente en la mente y el corazón de Pablo (y por medio de él en la consciencia de Lucas) que, aunque hay variaciones en los relatos de la conversión de Saulo, las palabras “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” se encuentran en los tres relatos (Hch. 9:4, 5; 22:7, 8; 26:14, 15). Eso significa que el perseguido jamás es apartado del amor de Cristo y de la fuerza y el consuelo que él imparte.

   A este consuelo se le da una hermosa expresión en los vv. 19, 20. Ahora cuando quiera que os entreguen (a las autoridades) no os preocupéis en cuanto a cómo o qué debáis hablar, puesto que lo que debáis decir os será dado en aquella hora; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre (quien está) hablando en vosotros. Ser llevado a la corte es un asunto grave. El cómo conducirse delante de los jueces,incluyendo a gobernadores y reyes, particularmente el cómo dirigirse a ellos, y qué decir ensu defensa, podría bien llenar a estos hombres de aprehensión y terror. Muysorprendentemente Jesús dice: “no os preocupéis” (véase sobre 6:31); esto es, “Cuando quieraque la preocupación comience a levantar la cabeza, abatidla de inmediato”. Aquí, como en elSermón del Monte, Jesús prohíbe no solamente el hábito de preocuparse, sino también suprincipio mismo. Razón: en aquella hora os será dado. Esto no significa que la mente delapóstol perseguido es una tabula rasa (tablilla en blanco) y que entonces de alguna maneramágica Dios repentinamente comenzará a escribir palabras sobre el espacio en blanco. Por elcontrario, ni cuando estos testigos son llevados a juicio ni cuando ellos—por ejemplo, Mateo,Juan y Pedro—escriben libros o epístolas serán suprimidas sus personalidades ni anuladatoda la preparación apostólica previa recibida de Jesús. Todo esto será avivado y agudizado ylevantado a un plano más elevado de actividad. Es en ese sentido orgánico que lo que ellosdeberán hablar les será dado en aquella hora. El Espíritu del Padre estará hablando en ellos,y ese mismo Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santa Trinidad, “lesrecordará todas las cosas” que Jesús mismo les dijo (Jn. 14:26). Ese Espíritu ya estaba enacción mucho antes de Pentecostés (Sal. 51:11). Pero en Pentecostés y después de ese día ibaa ser “derramado” en toda su plenitud.

    Por los discursos de Pedro, o de Pedro y Juan (Hch. 4:8–12, 19, 20, con el efecto sobre el auditorio descrito en 4:13, 14) es evidente que esta profecía se cumplió gloriosamente, como también lo confirman los discursos de Pablo (Hch. 21:39–22:21; 23:1, 6; 24:10–21; 26:1–23).

3er Titulo:

Evidencias Del Poder Del Evangelio De Cristo. Los Hechos 3.6-8. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 

   Comentario: (3:6–10). *6. Mas Pedro dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.

   Pedro continúa siendo el vocero mientras Juan se mantiene en silencio. Y mientras el mendigo sigue expectante por lo que espera recibir, Pedro le dice: “No tengo plata ni oro”; es decir, entre mis posesiones, no hay dinero. El dinero, producto de la venta de propiedades y otros bienes, no pertenecía a él (véase 2:44–45; 4:34–35; 5:1–2). En el servicio de Cristo, Pedro no era un hombre acomodado (véase Mt. 10:9–10). Vivía según el mandamiento del Señor, que dijo: “… los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Co. 9:14).

   Lo que Pedro da al paralítico es tremendamente más valioso que cualquier cantidad de plata y oro. Lo sana en el nombre de Jesús de Nazaret y le ordena que camine. Después de cuarenta años de estar tullido, este pobre

hombre se apresta a usar sus piernas. Pedro clama en el nombre del Señor para mostrar que el poder sanador de Jesús, conocido a todos en Israel, fluye al paralítico a través suyo. Por eso, no es Pedro quien concede la restauración, sino Jesús.

   El uso del término nombre es significativo porque comprende la total revelación de la persona mencionada. Así, el nombre Jesús se refiere a su nacimiento, ministerio, sufrimiento, muerte, resurrección, y ascensión. Luego, el nombre Cristo apunta al Mesías, el exaltado Hijo de Dios. Además, para mejor identificación se añade la mención de Nazaret. Este fue el nombre que Pilato ordenó escribir en el letrero que pusieron en la cruz de Jesús (Jn. 19:19). Por último, la frase nombre de Jesús (Cristo) aparece repetidamente en Hechos.

   Ser sanado en el nombre de Jesús de Nazaret demanda fe por parte del inválido. Pedro le manda caminar, pero no podrá hacerlo a menos que ponga su fe en Jesús. El Nuevo Testamento nos enseña que los milagros ocurren en conexión con la fe.

   *7. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos.

   *8. Y saltando, se puso en pie y empezó a caminar; entró con ellos en el templo, caminando, y saltando, y alabando a Dios.

   Cuando Pedro toma al paralítico de la mano derecha para ayudarle a ponerse en pie, estaba siguiendo el mismo procedimiento que Jesús practicó cuando sanó de fiebre a la suegra de Pedro: “Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía” (Mr. 1:31). En ambos casos, el milagro ocurre después que los pacientes reciben ayuda al extenderse la mano hacia ellos. Nótese que Lucas, siendo médico, dice con toda exactitud que Pedro tomó la mano derecha del hombre. El hombre instantáneamente siente la fuerza en sus pies y tobillos y sabe que ha ocurrido el milagro. El adverbio inmediatamente no deja dudas de que el milagro había ocurrido.

   El hombre saltó y, por primera vez en su vida, pudo enderezarse. ¡Qué sensación de gozo y felicidad! Aunque nunca había podido caminar, lo intentó y lo logró sin dificultad. Su caminar se transformó en brincos y saltos porque se da cuenta que Dios había hecho un milagro en su vida. Empieza a pronunciar palabras de alabanzas y gracias a Dios y quiso acompañar a los apóstoles al interior del templo para orar con ellos también. (El lugar donde sus familiares y amigos lo ponían día a día para pedir limosnas no era considerado un patio del templo.) Ahora él entra a los patios del templo para expresar su gratitud a Dios (c.f. Lc. 17:15).

   Es notable el parecido entre este milagro y la sanidad del paralítico de Listra, realizada por Pablo. Lucas nos dice que Pablo miró directamente al hombre y al ver que tenía fe para ser sanado, le dijo que se parara sobre sus pies, con el resultado de que el hombre saltó y empezó a caminar (14:9–10).

   Significativa es la referencia indirecta a la inauguración de la era mesiánica. Profetizando el tiempo de la venida del Mesías, Isaías dijo: Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos 2:38; 3:6; 4:10, 18, 30; 5:40; 8:12, 16; 9:27; 10:48; 16:18; 19:5, 13, 17; 21:13; 26:9. Además, hay numerosas referencias implícitas a Jesús. y los oídos de los sordos se abrirán.

   Entonces el cojo saltará como un ciervo,

   y cantará la lengua del mudo.

   [35:5–6a. Letra bastardilla agregada]

   Jesús inauguró la era mesiánica cuando hizo al ciego ver, al cojo andar, cuando limpió a los leprosos, e hizo oír a los sordos; cuando resucitó a los muertos y predicó el evangelio a los pobres (Mt. 11:5; Lc. 7:22). Después de Pentecostés, esta era mesiánica continúa, como Pedro lo indica al sanar milagrosamente al paralítico en el nombre de Jesús de Nazaret.

   *9. Y todo el pueblo le vio caminar y alabar a Dios. 10. Le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa. Y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.

   No sabemos cuánto tiempo permanecieron orando en el templo los apóstoles y el hombre que había sido sanado. Lucas describe la reacción de la gente que fue testigo del milagro del paralítico, quien comenzó a caminar, a saltar, y a alabar a Dios.

Estos son los hechos:

a. Por muchos años, la gente ha conocido al pobre hombre sentado mendigando en la puerta llamada la Hermosa. Sabían que su mal era congénita, lo que significa que nunca había caminado.

b. Le reconocen al verle caminar y saltar, lleno de gozo. Lo oyen alabando a Dios por haberle sanado.

c. Se llenan de asombro y espanto como reacción a un hermoso acto de Dios. Como Jesús hizo milagros cuando estuvo entre ellos, ahora sus apóstoles los realizan en su nombre. Así, lo que Jesús comenzó durante su ministerio terrenal es ahora continuado a través de sus seguidores inmediatos. Maravillada y sorprendida, la gente se abre al mensaje de las buenas nuevas de Cristo Jesús, que Pedro está proclamando.

Consideraciones doctrinales en 3:6

Nuestros nombres tienen el propósito de distinguirnos de otras personas. Tener los mismos nombres a veces se presta para confusiones y aun para incomodidades. Pero nuestros nombres personales no revelan mucho respecto de nuestro ser, características, y habilidades. Las Escrituras nos enseñan que cuando Dios da nombre a las personas, esos nombres describen sus personalidades. Por ejemplo, Dios llama a Abram Abraham, que quiere decir “padre de muchas naciones” (Gn. 17:5). El ángel del Señor instruye a José a ponerle Jesús al hijo de María, “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). El nombre Jesús revela su carácter y su misión. Adoptando la forma humana, Jesús como Hijo de Dios tiene poder para perdonar pecados.

   Los discípulos de Jesús profetizan, echan fuera demonios, y realizan milagros en su nombre (Mt. 7:22; Mr. 9:39; Lc. 10:17). Ellos han recibido autoridad para predicar arrepentimiento y perdón en el nombre de Jesús (Lc. 24:47) y para actuar en su nombre. Cuando Dios derrama el Espíritu Santo en ese nombre (Jn. 14:26), los apóstoles reciben poder divino y autoridad para realizar milagros (Hch. 3:6; 14:10).

   ¿Estamos nosotros capacitados para profetizar y realizar exorcismos y milagros usando el nombre Jesús? Aunque los apóstoles recibieron poderes milagrosos, el Nuevo Testamento indica que Jesús no nos dio a nosotros mandamientos de echar fuera demonios, sanar a los enfermos y resucitar a los muertos en su nombre. Lo que Jesús nos dice es usar la fórmula en el nombre de Jesús cuando quiera que oremos a Dios el Padre (Jn. 14:13–14; 15:16; 16:23–24). Esta fórmula no será meramente una conclusión formal y habitual en nuestras oraciones. Significa que como seguidores de Cristo pedimos a Dios bendecirnos en glorificar el nombre de Dios, extender su reino y hacer su voluntad (Mt. 6:9–10). Cuando nosotros oramos en armonía con la prescripción que Jesús nos ha dado, Dios oirá y responderá a nuestras oraciones

4° Titulo:

Galardón Eterno Para El Que Persevera En El Evangelio. 1a de Juan 2:24-25. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. 

   Comentario: 3. Comunión y promesa: 2:24–25

   No puede decirse que el escrito de Juan sea impersonal. El uso de la segunda persona plural es frecuente, y en los versículos 24 y 27 se usa el “vosotros” en forma directa, La Biblia de las Américas traduce la segunda persona plural vosotros que aparece a modo introductorio en estos versículos del siguiente modo: “En cuanto a vosotros”. Juan habla directamente a los lectores y, de hecho, dice: “¡Vosotros, prestadme atención!”

   *24. Aseguraos de que lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si así es, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en el Padre. 25. Y esto es lo que él nos prometió—, a saber, la vida eterna.

   Por medio de la repetición de 24 palabras de una sección anterior (v. 7), Juan enfatiza un pensamiento fundamental:

   a. Permanecer. Cuando los lectores oyen a su alrededor ese clamor que niega a Cristo, ¿cómo se defienden frente a sus oponentes? Juan les dice exactamente lo que deben hacer. En cierta forma, él vuelve a expresar lo que ya les ha dicho en la primera parte de la epístola. “Lo que habéis oído desde el principio”, es decir, el evangelio (1:1, 3, 5; 2:7), haced que esa Palabra permanezca en vosotros. Así como Jesús les dice a los creyentes de la iglesia de Filadelfia: “Aferraos a lo que tenéis” (Ap. 3:11), del mismo modo Juan exhorta a los lectores de su epístola a atesorar el mensaje bíblico que han oído a lo largo de todo este tiempo. Esa Palabra debe residir en sus almas, de modo que en toda decisión que ellos efectúan sean guiados por la Palabra de Dios.

   La versión que utilizamos, posiblemente para evitar la repetición, traduce la próxima cláusula con tres palabras: “Si así es”. Traducido literalmente, el texto dice: “Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros”. Juan enfatiza adrede el concepto de permanencia; lo vemos en el hecho que él lo entreteje seis veces en este pasaje (vv. 24–28). Expresa el mismo tema que proclamara el salmista: “He guardado tu palabra en mi corazón para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Juan quiere que el lector medite acerca del contenido de esa Palabra, y que viva según ella de día en día.

   “Si lo hace, vosotros también permaneceréis con el Hijo y con el Padre”. Cuando la Palabra de Dios permanece en vosotros, dice Juan, tendréis como resultado la comunión con el Hijo y con el Padre. El Hijo y el Padre se establecen allí donde reside la Palabra de Dios. Por medio de la Palabra, el Hijo y el Padre tienen comunión con el creyente y pueden comunicarse con él.

   Juan ubica intencionalmente al Hijo antes del Padre para indicar que el creyente llega al Padre por medio del Hijo. Esto está en consonancia con la oración sumosacerdotal que Jesús hizo por los creyentes: “Oro … para que todos ellos puedan ser uno, Padre, así como tú estás en mí y yo en ti. Que ellos estén también en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn. 17:20–21; y comparar con 14:6).

   b. Promesa. Si el creyente atesora la Palabra de Dios y experimenta una íntima comunión con el Hijo y con el Padre, entonces recibe también la vida eterna (1:2–3). Tener comunión con el Hijo y con el Padre es tener vida eterna.

   “Esto es lo que [el Hijo] nos prometió—, a saber, la vida eterna”. La palabra esto es equivalente a la expresión vida eterna. Cristo ha prometido vida eterna a todo aquel que cree en él (véase Jn. 3:15–16, 36; 5:24; 6:33, 40, 47, 54; 17:3). La vida eterna está firmemente anclada en Jesucristo por medio de la Palabra y el Espíritu de Dios.

Amen, para gloria de Dios

1a de Corintios 10.31. 31 si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Bibliografía: Bíblia de Referencias Thompson; C.N.T de William Hendriksen; Expositor Clase de Dorcas IEP 2019. Comentario Mundo Hispano

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.