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“El Espíritu Santo En El Mundo”

“El Espíritu Santo En El Mundo”

Semana del 10 al 16 de diciembre de 2018

Lectura bíblica: Los Hechos Cap. 10, versículos 44 al 46. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.

   Comentario: Versíc. 44. Mientras Pedro aún estaba hablando estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que estaban oyendo el mensaje.

   Pedro no ha terminado su sermón cuando es interrumpido por el derramamiento del Espíritu Santo. Para que no quedara ninguna duda, Pedro mismo explica a la iglesia en Jerusalén lo que había ocurrido. Dijo, “No bien había empezado a hablar, el Espíritu Santo cayó sobre ellos, así como cayó sobre nosotros al principio” (11:15).

   Pedro había experimentado el derramamiento del Espíritu en Jerusalén el día de Pentecostés. En aquella ocasión, los apóstoles y todos los que estaban allí reunidos oyeron un ruido como de un viento violento, vieron lenguas de fuego sobre sus cabezas y, llenos con el Espíritu Santo, “empezaron a hablar en otras lenguas” (2:4).

   En la casa de Cornelio, Pedro de nuevo es testigo del derramamiento del Espíritu Santo. Pero ahora el Espíritu desciende sobre los gentiles con lo que indica que éstos son parte de la iglesia lo mismo que los cristianos judíos. El Espíritu Santo viene sobre los gentiles antes de que sean bautizados. Si alguno de los acompañantes de Pedro en Cesárea hubiese preguntado si los gentiles serían bautizados antes de recibir el Espíritu Santo, el mismo Espíritu actuó de repente como para evitar la pregunta. Además, la venida del Espíritu declara obsoleto el rito de la circuncisión, un rito que por cierto el Concilio de Jerusalén posteriormente abolió (15:8–11).

   Pedro predica la palabra a los gentiles y estos casi no tienen tiempo de responder al evangelio. De repente, Dios envía su Espíritu como una señal de que Dios acepta a estos gentiles creyentes como su pueblo. Nótese que el Espíritu Santo desciende sobre Cornelio, su familia y los invitados allí presentes, pero no sobre los cristianos judíos que acompañan a Pedro (véase v. 46). De esta manera, Dios está demostrando que el desarrollo de la iglesia cristiana entra en una nueva fase.

   Versíc. 45. Y todos los creyentes circuncidados que habían venido con Pedro se maravillaron que también el don del Espíritu Santo haya sido derramado sobre los gentiles. 46a. Porque los oían hablar en lenguas y alabar a Dios.

   Aunque Jesús había encomendado a los apóstoles la tarea de predicar el evangelio a todas las naciones, los compañeros de Pedro se maravillan al ver que Dios acepta a los gentiles, al concederles el don de su Espíritu. Debido a que el derramamiento del Espíritu en esta ocasión es idéntico a la experiencia de Pentecostés en Jerusalén, los creyentes judíos ahora ven que los creyentes gentiles son iguales ante los ojos de Dios. Y aun cuando el propio Pedro comienza su sermón diciendo que Dios no tiene favoritismo con nadie (véase vv. 34–35), los compañeros de Pedro están asombrados que Dios mismo confirme esta verdad al derramar su Espíritu sobre los creyentes gentiles. En ese momento, Pedro recuerda lo que Jesús había dicho, “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo” (11:16; véase también 1:5; Mt. 3:11; Mc. 1:8; Lc. 3:16).

   Los seis miembros de la delegación de Jope (11:12) escuchan a los gentiles hablar en lenguas y alabar a Dios. Ven las señales visibles del derramamiento del Espíritu Santo (c.f. 2:4, 11; 19:6). Lucas no explica la forma de este hablar en lenguas, sólo registra el informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén. Allí, Pedro relata que el Espíritu vino sobre los gentiles exactamente como había descendido sobre los apóstoles en Pentecostés (11:15), y que Dios había dado a los gentiles el mismo don que había dado a los judíos (11:17). La única diferencia entre el relato que hace Lucas de Pentecostés y el de Cesarea es el uso de la palabra otras. Es decir, en Jerusalén los apóstoles hablan en otras lenguas (idiomas), pero Cornelio y los que estaban en su casa “hablaron en lenguas”. Lucas no explica si los gentiles se expresaron en idiomas conocidos o en palabras extáticas. No podemos conocer el significado exacto de la expresión hablar en lenguas usada en este versículo y en 19:6. De hecho, la dificultad con la que tenemos que bregar radica en lo extremadamente rara que es esta expresión en los escritos del Nuevo Testamento.

   Con el uso de los tiempos verbales en griego, Lucas indica que la explosión de gozo y felicidad tomó tiempo. Los cristianos judíos continuaron escuchando a los gentiles alzando sus voces en alabanza a Dios (véase 13:48). Lucas parece sugerir que los judíos oyeron a los gentiles hablar en lenguas, pero no necesitaban interpretación para entender lo que decían.

   Versíc. 46b. Entonces Pedro dijo, Cuando Pedro ha oído a los gentiles hablar y cantar alabanzas a Dios, él sabe que nadie puede impedir que sean bautizados y sean incorporados a la iglesia como miembros. La pregunta que hizo fue meramente retórica que, por supuesto, ha de obtener una respuesta negativa. En otras palabras, ni los cristianos judíos o samaritanos pueden impedir que los cristianos gentiles lleguen a ser miembros plenos de la iglesia. La frase, “¿Puede alguien impedir que estas personas sean bautizadas con agua?” quizás fue un formulismo que se usaba normalmente en el momento del bautismo. El eunuco etíope hizo la misma pregunta a Felipe antes de ser bautizado (8:36).

   Cuando Pedro y Juan viajaron a Samaria, oraron para que los samaritanos recibieran el Espíritu Santo. Después pusieron las manos sobre ellos, quienes entonces recibieron el Espíritu (8:15–17). Pero en Cesarea, Dios interrumpió el sermón de Pedro haciendo que el Espíritu descendiera sobre los gentiles. Después que Cornelio y los suyos hubieron terminado su adoración a Dios, Pedro hace la pregunta si habría algún impedimento para que fueran bautizados. Eso nos permite entender la soberanía de Dios al trastrocar la secuencia del bautismo primero y del derramamiento del Espíritu luego.

   Pedro, como lo explica el texto griego, ordenó a los seis cristianos gentiles que bautizaran a los convertidos gentiles. En Samaria, no fueron los apóstoles sino Felipe que bautizó. Pablo, escribiendo a los corintios, afirma que en Corinto él no bautizó a nadie, salvo a Crispo, Gayo, y la familia de Estéfanas (1 Co. 1:14, 16; y compare Jn. 4:2). Incluso Pablo escribe que no quiere que su nombre sea asociado con los bautismos (1 Co. 1:15). Los apóstoles, de esta manera, ponen el énfasis no en ellos mismos sino en el nombre de Jesús; por eso Pedro instruye a sus acompañantes bautizar a los gentiles en el nombre de Jesucristo. Sigue la forma común de bautizar de aquellos días (2:38; 8:16; 19:5).

   El nombre Jesucristo significa la revelación total de todo lo que Jesús hizo y dijo. Además, indica todo lo que las Escrituras revelan acerca de la venida, el oficio, y la función del Mesías. Por lo tanto, cuando en los tiempos apostólicos un creyente era bautizado en el nombre de Jesucristo, él declaraba que como candidato para el bautismo se estaba identificando completamente con ese nombre.

   Cornelio y sus amigos invitan a Pedro a quedarse en Cesarea unos pocos días más. Le hacen numerosas preguntas y desean ser instruidos en la fe cristiana. Lucas sugiere que los compañeros de viaje de Pedro también se quedan en Cesarea y posteriormente lo acompañan a Jerusalén. Explícitamente afirma que estaban en Jerusalén (11:12) cuando Pedro dio su informe a la iglesia allí. Por el hecho de hospedarse en hogares gentiles, Pedro y sus amigos judíos demostraron que estaban aceptando plenamente a sus hospedadores como miembros iguales de la iglesia cristiana. Y de esta forma el tiempo que quedaron en esos hogares sirvió para fortalecer a aquellos creyentes gentiles

Texto: 1a de Juan Cap. 5, versículo 8. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

1erTitulo:

Restringe El Desarrollo Del Mal. (2 a los Tesalonicenses 2.7. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.).

   Comentario: Versíc. 6, 7. Pablo continúa: Y lo que ahora está reteniendo (‐le) vosotros sabéis, a fin de que él sea revelado en su tiempo apropiado. 7 porque el misterio de desafuero está ya obrando, (pero como misterio) solamente hasta que el que ahora (le) retiene, sea quitado de en medio.

   Gramaticalmente hablando se puede traducir también: “Y ahora vosotros sabéis lo que le está reteniendo”. Surge entonces la pregunta, “¿Modifica ahora al participio (reteniendo) o al verbo (vosotros sabéis)?” La lógica de todo el pasaje (cf. versículo 7 con versículo 6) parece apuntar en el sentido de vincularlo con el participio. El contraste parece estar entre los dos conceptos “ahora retenido o refrenado” y “entonces revelado”.

   Entendemos fácilmente que “el misterio de desafuero” esté ya en operación. Aun en los días de Pablo la rebelión contra Dios y sus ordenanzas se hallaba presente en el mundo. Sin embargo, no era evidente de que algún día este espíritu de desafuero se encarnaría en “el hombre de desafuero”. Esto era todavía un misterio (cf. Ro. 11:25; 1 Co. 15:51; Ef. 5:22); vale decir, una verdad desconocida aparte de la divina revelación especial. En la malvada oposición al evangelio, que mostraron algunos de los que conocían el camino, Pablo vió, como resultado de divina revelación e iluminación, una clara señal de aquel siniestro movimiento que algún día culminaría en el reinado del anticristo. Lo que el apóstol escribe se puede [p 208] comparar con la declaración de Juan diciendo que el espíritu del anticristo está ya en el mundo, y que ahora muchos anticristos se han levantado (1 Jn. 4:3; 2:18).

   Mucho más difícil de contestar es la pregunta, “¿Qué significa lo que o el que ahora está reteniendo (-le)” de ser revelado como “el hombre de desafuero”?

   A fin de acercarnos correctamente a esta pregunta, es necesario ante todo determinar la traducción correcta. En las obras de comentaristas el verbo en cuestión (κατέχω) ha sido traducido en tres formas diferentes: a. retener o refrenar, b. sujetar o aferrar, y c. dominar o gobernar.

   Comenzando por la última, el significado podría llegar a ser:

   “Y lo que ahora está dominando (es decir, el misterio de desafuero) vosotros sabéis, a fin de que él (Cristo) sea revelado en su tiempo apropiado. Porque el misterio de desafuero está ya obrando, solamente hasta que el que ahora domina (es decir, Satanás) sea quitado de en medio”.

   Podemos rechazar ésta de inmediato. No solamente es difícil de ajustar este significado al contexto presente, sino también: aunque el verbo aparece más o menos frecuentemente en el Nuevo Testamento, ni una vez (en cualquiera de los otros pasajes del Nuevo Testamento) tiene este significado (dominar).

   El segundo significado (sujetar, aferrar) y el primero (retener, refrenar) están estrechamente relacionados, y al fin es probable que lleguen al mismo resultado en la interpretación de todo el pasaje. Recurriendo a pasajes tales como Job 7:12 (colocando guarda sobre un monstruo marino), Apocalipsis 20:1–3 (atando al dragón por mil años), y pasajes de los apócrifos, se pretende defender el punto de vista de que al hombre de desafuero se le compara aquí con un ser mitológico (un dragón o un monstruo marino) el cual es retenido por ahora. Sin embargo, debe tenerse presente que el “dragón” en Apocalipsis 20 es un símbolo, y no representa al instrumento de Satanás sino a Satanás mismo. Y aun así el significado resultante del símbolo es el refrenamiento de Satanás, de modo que no pueda engañar más a las naciones hasta que los mil años sean cumplidos. Por lo tanto, una apelación a Apocalipsis 20, si es legítima, parecería apoyar la traducción retener, refrenar tan fácilmente como aferrar, sujetar. Algo parecido puede decirse en lo que respecta al pasaje de Job 7:12. Y en cuanto a los pasajes de los apócrifos, éstos ofrecen muy poco que sea de algún valor al respecto. Además, si el hombre de pecado está siendo sujetado, es con un propósito, propósito que en el contexto presente (en vista de lo que sigue inmediatamente en los versículos 8 y 9) es refrenarlo por el momento para impedir que sea revelado.

   En el Nuevo Testamento los varios significados del verbo pueden ser clasificados como sigue (aunque en lo que respecta a algunos existe cierta duda):

(1) poseer, tener, sujetar: 1 Corintios 7:30; 2 Corintios 6:10.

(2) tomar posesión de: Lucas 14:9.

(3) aferrar, guardar: Lucas 8:15; Romanos 7:6 (pero algunos clasificarían esto bajo el cuarto encabezamiento); 1 Corintios 11:2; 15:2; 1 Tesalonicenses 5:21 (véase sobre ese pasaje); Hebreos 3:6, 14; 10:23. Es posible que el sentido de la palabra según se usa en Hechos 27:40 no esté muy alejada de éste. Ellos “enfilaron hacia” (o fueron rumbo a) la playa.

(4) retener, refrenar, detener: Lucas 4:42 (la multitud procuraba detenerle, para impedirle que se fuera de ellos); Romanos 1:18 (hombres malvados que detienen o suprimen la verdad); Filemón 13 (Pablo hubiera deseado retener a Onésimo). En el contexto presente este significado tiene excelente sentido.

   Tiene abundante apoyo en los pergaminos.

   Adoptando el significado (4) como el más natural en el contexto presente, nos hallamos cara a cara con el problema de identificar al que retiene. En este punto, sin embargo, los tesalonicenses estaban más adelantados que nosotros en su conocimiento de la escatología. Ellos sabían. Nosotros no. Agustín en sus días confesó francamente que aun haciendo grandes esfuerzos no se hallaba en condiciones de descubrir lo que el apóstol quiso decir (Concerniente a la ciudad de Dios. XX. xix).

   Algunas interpretaciones muestran su error aun a simple vista (tales como, “Pablo”, “Dios”, “el Espíritu Santo”). Dios o el Espíritu Santo no son “quitados de en medio” (expresión que a pesar de las objeciones que se han presentado, es buen equivalente del griego ἐκ μέσου γίνεσθαι); cf. también Col. 2:14.

   De todas las teorías propuestas hasta ahora, la que parece tener más peso a su favor es aquella según la cual el que retiene es “el poder del bien ordenado gobierno humano”, “el principio de la legalidad contrapuesto al de la ilegalidad. Según este punto de vista Pablo quiere decir que en tanto que la ley y el orden prevalezcan, el hombre de desafuero no puede aparecer en la escena de la historia con su programa de injusticia, blasfemia, y persecución sin precedentes.

   En favor de este punto de vista nótese lo siguiente:

  1. En cierto modo el contexto a su favor: “el hombre de desafuero” está siendo detenido por el dominio de la ley.
  2. Explica como Pablo puede hablar a la vez de “lo que retiene” y “el que retiene”. Piénsese en el imperio y el emperador, en la justicia y el juez, en la ley y el que la hace cumplir.
  3. Esto (o algo por el estilo) es el punto de vista más frecuentemente expresado por los padres de la iglesia. Tertuliano, comentando sobre este pasaje, declara: “¿Qué obstáculo hay sino el estado romano?”
  4. Está a su favor el hecho de que Pablo se sentía orgulloso de su ciudadanía romana, que le fue útil vez tras vez, aun aquí mismo en Corinto en donde esta epístola fue escrita (Hch. 18:12–17). Además, en un bien conocido capítulo de otra epístola habla del poder del estado romano como “ministro de Dios para tu bien”, y de los gobernantes como “un terror no en contra de la buena sino de la mala conducta” (Ro. 13).124 Podemos decir sin temor a equivocarnos, por lo tanto, que el apóstol consideró al gobierno y sus administradores como un freno para el mal.
  5. Es una teoría razonable también dado al hecho de que en cierto sentido ni la ley romana ni su orden murieron cuando el imperio cayó. En el mundo civilizado de hoy está todavía en vigencia. Sin embargo, cuando la estructura básica de justicia desaparece, y cuando los juicios falsos y las confesiones fraudulentas llegan a ser la norma del día, el escenario se halla preparado para la revelación del hombre de desafuero.

   La teoría según la cual Miguel o algún otro ángel es el que ata, refrena o retiene al anticristo (los que la favorecen apelan a pasajes tales como Dn. 10:13 y Ap. 20:1–3) no explica cómo tal ángel puede ser llamado a la vez “el que” y “lo que” retiene. Sin embargo, estas dos últimas teorías mencionadas—es decir, a. que lo que retiene es la ley y el orden y los que la hacen cumplir, y b. lo que retiene es un ángel—podrían no ser tan dispares como aparentan serlo. ¿Acaso las disposiciones de los gobernantes no son influidas por los ángeles? (véase Dn. 10:13, 20).

   Repetimos, no obstante, que el punto de vista que hemos considerado como el mejor que se haya ofrecido hasta ahora, según nuestra opinión, bien podría no ser el correcto. No hay certeza alguna en cuanto a este punto.

   En consecuencia, el sentido de todo el pasaje (versículos 6 y 7) parece ser el siguiente: En tanto que Satanás está perfectamente enterado de que él mismo no puede encarnarse, sin embargo, quisiera imitar a la segunda persona de la Trinidad también en este aspecto hasta donde le fuese posible. Desea ardientemente la presencia de un hombre sobre el cual pueda tener completo control, y que cumplirá su voluntad, así como Jesús cumplió la voluntad del Padre. Ha de ser un hombre de talentos sobresalientes.

    Pero hasta el momento el diablo ha fracasado en su intento de poner este plan en operación. Algo y alguien

está siempre “reteniendo” al hombre de desafuero, necesario instrumento del engañador. Esto, por supuesto está ocurriendo bajo dirección divina. De ahí que, por el momento, lo máximo que Satanás puede hacer es promover el espíritu de desafuero. Pero esto no le satisface. Es como si él y su hombre de pecado estuviesen aguardando el tiempo. En el momento divinamente decretado (“el tiempo apropiado”) cuando, en castigo por la cooperación voluntaria de los hombres con este espíritu, el designado como “alguien” y “algo” que ahora retiene sea quitado, Satanás comenzará a llevar a cabo sus planes.

 

2° Titulo:

Convence De Pecado, De Justicia Y De Juicio. (San Juan 16:8 al 11. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.). 

   Comentario: Versíc. 8. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

   La acción del Espíritu en el mundo se describe en los versículos 8–10. A través de la predicación y las obras de los discípulos (2 Ti. 3:16; 4:2; Tit. 1:9, 13; 2:15) ese Espíritu, una vez constituida su morada en el corazón de los creyentes (véase Hch. 2; 2 Co. 6:16), convencerá al mundo.

   Pondrá públicamente de manifiesto la culpa del mundo y lo invitará al arrepentimiento. Lo convencerá respecto a tres asuntos: pecado, justicia, y juicio. El resultado de esta operación del Espíritu no se indica aquí. Por Hch. 2:22–41; 7:51–57; 9:1–6; 1 Co. 14:24; 2 Co. 2:15, 16; Tit. 1:13, sabemos que en algunos casos el resultado será la conversión; en otros, el endurecimiento y el castigo eterno.

   Versíc. 9. De pecado, por cuanto no creen en mí.

   Por medio de la labor de testimonio, que llevarán a cabo los apóstoles y sus seguidores (15:27), el Espíritu Santo no sólo pondrá al descubierto el pecado del mundo, sino que, en el caso de algunos, despertará la conciencia de culpa que conduce a verdadero arrepentimiento (cf. 1 Jn. 3:8). Habrá pesar genuino y un acudir al Salvador en busca de refugio y perdón.

   Habrá muchos casos de verdadera conversión. Aunque el mundo en general seguirá persiguiendo a la iglesia (Hch. 7:51ss), habrá millones de personas que en el curso de la historia se despertarán al conocimiento de su culpa. Como consecuencia de la operación de la gracia soberana de Dios, hombres de todas las latitudes y naciones aceptarán a Jesús como su Señor y Salvador.

   Cuando el Espíritu Santo, por medio de la predicación del evangelio, convenza a los hombres de su pecado, un número considerable exclamará, “Hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37). Sentirán que la esencia de su pecado (el gran pecado que abarca todos los demás, de aquellos que han oído el evangelio) es éste: no haber aceptado a Jesús como su Señor y Salvador sino haberlo rechazado (véase sobre 3:18; 12:37, 48). En cuanto al significado del verbo πιστεύω véase sobre 1:8; 3:16; 8:30, 31a.

   Versíc. 10. De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más.

   La expresión “convencerá al mundo de justicia” debe explicarse a la luz de lo que sigue de inmediato: “porque voy al Padre, y no me veréis más”.

   El mundo, representado por los judíos, iba a crucificar a Jesús. Iba a decir, “Debe morir” (19:7); por ello, en el nombre de la justicia iba a darle muerte. Proclamaba en voz alta que él era injusto. Lo trataba como malhechor (18:30). Pero la verdad era precisamente lo contrario. Aunque el mundo lo rechazó, el Padre lo acogió, lo acogió en casa por el camino de la cruz, la cruz que condujo a la corona. Los discípulos ya no iban a observar sus actividades diarias como cuando andaba con ellos. Iba a morir, iba a recibir su recompensa (Fil. 2:9–11). Por medio de la resurrección el Padre pondría el sello de su aprobación en su vida y obra (Hch. 2:22, 23, 33; Ro. 1:4). El, el mismo a quien el mundo había llamado malhechor, por medio de una ida victoriosa al Padre sería señalado como el Justo (8:46; Hch. 3:14; 7:52; 2 Co. 5:21; 1 P. 3:18; 1 Jn. 2:1; y cf. Lc. 23:47). Así pues, el mundo sería convencido de justicia. Y esta convicción resultaría en la condenación del mundo (es decir, en la condenación de Satanás y de todos los que se negaron a arrepentirse):

   Versíc. 11. Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido juzgado. El príncipe de este mundo ya estaba condenado (véase sobre 12:31; 14:30; cf. Col. 2:15). Al condenar a Cristo (¡el acogido por el Padre!) se condenó a sí mismo. En el último día esta sentencia se manifestaría a todo el universo cuando “el diablo que los engañaba es lanzado en el lago de fuego y azufre” (Ap. 20:10). En consecuencia, el mundo, al seguir el consejo de Satanás de condenar a Jesús, resulta condenado.

   Resumiendo, resulta evidente que, a través de la predicación del evangelio, el Espíritu Santo ayuda a la iglesia, y que lo hace convenciendo al mundo con respecto a su propio pecado de no creer en Cristo, con respecto a la justicia de Cristo, que al ir al Padre queda totalmente vindicado, y con respecto al juicio de Dios pronunciado sobre el príncipe del mundo.

   Nótese cómo esta profecía de Jesús realmente se cumplió. El sermón de Pedro el día de Pentecostés (Hch. 2) trata exactamente de estos tres temas: a. pecado, el pecado de rechazar a Cristo (“vosotros … prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole … a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”); b. justicia, la justicia de Cristo (“Jesús nazareno, varón aprobado por Dios”); c. y juicio, el juicio de los hostiles a Cristo (“Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies … sed salvos de esta perversa generación”). El resultado fue: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron: Varones hermanos, ¿qué haremos?… y se añadieron aquel día como tres mil personas”.

3er Titulo:

Da Testimonio De La Verdad De Dios En La Predicación Y El Testimonio Del Mensajero. (San Juan 15:26-27. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.).

   Comentario: Versíc. 26. Cuando venga el Ayudador, a quien yo os enviaré del Padre, es decir el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

   Jesús ha venido hablando del odio que los discípulos tendrán que soportar de parte del mundo, que odia al Padre y al Hijo. En consecuencia, no sorprende que en relación con esto vuelva a consolarlos recordándoles su promesa anterior (véase sobre 14:16, 17, 26) respecto a la venida del Espíritu, el Ayudador. Jesús mismo enviará a este Ayudador. Será enviado del Padre. En esencia, aunque con diferencia en énfasis, es lo mismo que decir: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Ayudador” (14:16); “El Ayudador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre” (14:26). Aquí en 15:26 se realiza la actividad del Hijo en el envío del Espíritu, y el hecho de que este Espíritu procede eternamente del Padre. El envío del Espíritu era futuro. Pentecostés no había llegado todavía. Por ello, se utiliza el tiempo futuro: “enviaré”. La procesión estaba ocurriendo en el mismo momento en que Jesús hablaba (si lo que en realidad trasciende el tiempo puede considerarse desde la perspectiva temporal); en consecuencia, se utiliza el tiempo presente.348 Si dijéramos, “El hecho de que 15:26 afirme que el Hijo enviará al Espíritu demuestra que el Padre no lo envía”, estaríamos equivocados (véase 14:26). Así también, si dijéramos, “El hecho de que 14:26 afirme que el Espíritu procede del Padre demuestra que no procede del Hijo”, erraríamos (véase Hch. 5:9; Ro. 8:9; 2 Co. 3:17; Gá. 4:6; Fil. 1:19; 1 P. 1:11; donde se llama al Espíritu, Espíritu de Cristo).

   Después de todo, ¿resulta tan raro que Jesús, hablando como Mediador entre Dios y el hombre, y siendo hombre él mismo, hablara, durante su período de humillación, del Espíritu como procedente del Padre?

   Al Espíritu Santo se le llama aquí el Espiritual de verdad, igual que en 14:17; véase ese pasaje. Ese Espíritu dará testimonio (véase sobre 1:7, 8). En medio del mundo malvado dará testimonio contra el mundo (16:8, 9).

   En medio del género humano dará testimonio respecto a la necesidad del mismo. En medio de la iglesia consolará a la iglesia. No debe restringirse la esfera de su testimonio. Siempre que un verdadero siervo de Dios da testimonio contra el mundo, este testimonio es obra del Espíritu. Siempre que un simple creyente, con su palabra y ejemplo, atrae a otros hacia Cristo, también ello es obra del Espíritu. Ese Espíritu siempre da testimonio en relación con la Palabra, la Palabra de Cristo (14:26; 16:14, 15). En general, el mundo que es abiertamente hostil a Cristo no lo recibirá (14:17).

   Sin embargo, hay excepciones. De entre los que hoy día son abiertamente hostiles algunos serán atraídos. Serán transferidos del reino de las tinieblas al de la luz eterna. ¿Hubo alguna vez un perseguidor más violento que Saulo (o Pablo) de Tarso? El Espíritu lo iba a cambiar (y a otros como él) para que se convirtiera en celoso misionero de Cristo. Véase también en 16:7–11.

   Ahora bien, en esta obra de testimonio el Espíritu Santo utiliza medios, como lo indica el versículo siguiente.

   Versíc. 27. Y vosotros debéis dar testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.        El verbo que se utiliza en el original puede leerse o como presente de indicativo (“estáis dando testimonio”) o como presente de imperativo (“dad testimonio” o “seguid dando testimonio,” o simplemente, “debéis dar testimonio”). En defensa del indicativo se han utilizado los siguientes argumentos:

(1) Hch. 1:8 (cf. 5:32) enseña que los discípulos de hecho estaban dando testimonio.

(2) La razón que se da—a saber, “porque habéis estado conmigo desde el principio”— suena raro después de imperativo, “dad testimonio”.

Pero se podría responder:

(1) Hch. 1:8 (cf. 5:32) no enseña que los discípulos daban testimonio en ese entonces, sino que iban a dar testimonio después de que hubiera sido derramado el Espíritu.

(2) Tomado en el sentido, “debéis dar testimonio, porque estáis dotados para ello, ya que habéis estado conmigo desde el principio”, la lógica de la frase, lejos de parecer rara, resulta muy clara.

   Otros argumentos en favor del imperativo son los siguientes:

  1. Después del futuro, “dará testimonio”, el imperativo “dad testimonio también”, o “también debéis vosotros dar testimonio”, parece más natural que el indicativo. El significado parece ser, “Vosotros debéis también hacer lo que el Espíritu va hacer”.
  2. Es muy lógico que el precepto, “permaneced en mí” (15:4), que indica cuál debería ser la relación de los discípulos con Cristo, y el precepto “que os améis unos a otros” (15:12), que muestra cuál debe ser su actitud entre sí, vayan seguidos de “dad también testimonio” (15:27), que describe su deber respecto al mundo perseguidor. Además, en un contexto repleto de preceptos, expresos o implícitos, en un marco que enfatiza tanto el deber de los discípulos (véase 15:4, 7, 8, 10, 12, 14, 16, 17, 20) parece muy natural el imperativo.

(3) Muy poco hay en el contexto inmediato que indique que los discípulos estuvieran ya entonces cumpliendo su deber respecto a la obra de dar testimonio. Por el contrario, durante esa misma noche fallaron en dar testimonio; se “escandalizaron” de él. Por ello, (véase su traducción) tomamos este verbo como imperativo: “¡dad también testimonio!”

   Es cierto que en los testigos oculares (los que habían estado con Cristo desde el principio de su ministerio) recae el deber de dar testimonio respecto a lo que han visto. Sin duda, la obra del Espíritu Santo de dar testimonio no se limita al testimonio de los discípulos. Sin embargo, éste último (el testimonio de los discípulos) es un medio muy importante mediante el cual el Espíritu consigue su fin.

   Comentario un aporte del contexto: Jesús y el Espíritu: 1a de Juan 5:6–8

   Versíc. 6. Este es el que vino por agua y sangre—Jesucristo. No vino por agua solamente, sino por agua y sangre. Y es el Espíritu el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 7. Porque hay tres que dan testimonio: 8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan.

   Obsérvense los siguientes puntos:

  1. Vino. La persona a quien Juan alude es obviamente Jesucristo, el Hijo de Dios. Los términos Cristo (v. 1) e Hijo de Dios (v. 5) son sinónimos. Juan utiliza el tiempo pasado para indicar que la venida de Jesús es un evento histórico que es irrefutable.

  ¿Cómo vino Jesús? Juan dice: “Por agua y sangre”. En sí mismas, las palabras agua y sangre son fácilmente comprensibles; pero ¿qué significan con referencia a Jesús? Aunque las interpretaciones son muchas y diversas, por lo general los eruditos concuerdan en que la frase se relaciona con la historia de Jesús. Es decir, los términos agua y sangre se refieren respectivamente al comienzo del ministerio de Jesús marcado por su bautismo en el Río Jordán y a su muerte en la cruz del Calvario.

   Hay otros dos puntos de vista que merecen reconocimiento. En primer lugar, hay algunos estudiosos que vinculan los términos agua y sangre con los dos sacramentos: el bautismo y la Santa Cena. Pero en tanto que la palabra agua literalmente representa el bautismo, la expresión sangre sólo tiene un significado simbólico en la Santa Cena. Además, el término sangre nunca es utilizado para representar el sacramento de la Santa Comunión. Y esta es una objeción seria.

   En segundo lugar, hay otros expositores que piensan que la frase agua y sangre se refiere a la herida del costado de Jesús, de la cual fluyeron agua y sangre (Jn. 19:34). Pero una de las mayores objeciones a esta teoría es que la misma no contesta la pregunta acerca de por qué Jesús vino por medio de agua y sangre.

   “No vino por agua solamente, sino por agua y sangre”. Juan puede haber escrito estas palabras vara combatir el movimiento hereje conocido como gnosticismo. Uno de sus representantes, Cerinto, enseñaba que el Cristo divino descendió sobre Jesús en el momento de su bautismo y le abandonó antes de morir en la cruz (véase los comentarios a 2:22). Los gnósticos afirmaban que Cristo no experimentó la muerte. En oposición a esta herejía gnóstica que probablemente recién había comenzado a ejercer su influencia cuando Juan escribió esta epístola, Juan enseña la veracidad histórica de Jesucristo: el Hijo de Dios comenzó su ministerio terrenal cuando fue bautizado; completó este ministerio cuando derramó su sangre y murió.

  1. Testifica. Juan prosigue: “Y es el Espíritu el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad”. Las palabras dan testimonio son muy significativas en este párrafo. El Espíritu da testimonio como testigo del nacimiento (Mt. 1:20 [concepción] Lc. 1:35; 2:25–32), del bautismo (Mt. 3:16; Lc. 3:22), de la enseñanza (Jn 6:63) y del ministerio (Lc. 4:1, 18). Juan afirma las palabras de Jesús: “Cuando venga el Consejero, a quien yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de Verdad que sale del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Jn. 15:26). El Espíritu sigue dando testimonio de Dios con respecto a la persona y obra de Jesús.

   Juan declara la razón de esta obra de testimonio del Espíritu. El escribe; “Porque el Espíritu es la verdad”. Juan identifica al Espíritu con la verdad y alude a las palabras de Jesús: “Yo soy … la verdad”. Es decir, tanto Jesús como el Espíritu tienen su esencia en la verdad. El Espíritu da testimonio a causa de su identidad con la verdad en Jesús. “Porque hay tres que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre”. De las traducciones conocidas en español, solamente dos (RVR, BdA) tienen la versión ampliada (vv. 7–8). “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra el Espíritu, el agua y la sangre”. Los traductores de la Biblia de las Américas, empero, aclaran en una nota que “los manuscritos más antiguos y fidedignos no incluyen estas palabras entre corchetes”. Sólo cuatro o cinco de los manuscritos griegos muy tardíos contienen estas palabras.

   Juan en realidad escribe que son tres (el Espíritu, el agua y la sangre) los que dan testimonio. ¿Pero por qué será que Juan coloca los hechos históricos del bautismo de Jesús (el agua) y de su muerte (la sangre), en los cuales da testimonio el Espíritu, en el mismo nivel del Espíritu? ¿Cómo pueden el agua y la sangre dar testimonio junto con el Espíritu? Es necesario que miremos al texto desde un punto de vista semita. Los objetos impersonales pueden dar testimonio; por ejemplo, el montón de piedras que Jacob y Labán levantaron juntos fue llamado un testimonio (Gn. 31:48). Y según la ley mosaica (Dt. 19:15), “Un testigo no es suficiente.… un asunto debe quedar establecido por el testimonio de dos o tres testigos”.

  1. Concuerdan. Juan escribe que “los tres concuerdan”. Él quiere decir que los tres testigos dicen lo mismo; ante una corte legal la evidencia de los hechos del bautismo de Jesús (el agua) y de su muerte (la sangre) está en completa consonancia con el Espíritu Santo. Una persona no puede aceptar uno o dos de los testigos y omitir el tercero. Los tres van juntos.

   Muchos eruditos sugieren que los términos agua y sangre del versículo 8 se refieren a los sacramentos del bautismo y la Santa Cena.304 Sin embargo, la dificultad con este punto de vista es que el Espíritu a quien Juan menciona en primer lugar, no puede transformarse en un tercer sacramento. Dado que Juan no da indicación de que la frase agua y sangre tenga un significado diferente al que tiene en el versículo 6, hacemos bien en aceptar la misma interpretación que para los versículos 6 y 8.

Consideraciones doctrinales acerca de 5:5–8

   Si damos por sentado que el agua y la sangre representan el bautismo y la muerte de Cristo, entonces estamos pensando en todo el ministerio terrenal de Jesucristo. Jesús se identificó con su pueblo cuando fue bautizado, y lo redimió cuando murió en la cruz. El agua y la sangre, por consiguiente, son símbolos salvíficos para el creyente.

   El creyente acepta la verdad de que Jesucristo vino por agua y sangre. Él sabe que el Espíritu da testimonio de esta verdad. Además, cree que el Hijo de Dios vino a limpiar a su pueblo del pecado y a redimirlo por medio de su muerte. Para el creyente, entonces, estas verdades son esenciales. Ni bien reducimos la muerte de Jesús a la de un mero hombre, en ese mismo momento perdemos la doctrina cardinal del Nuevo Testamento acerca de la expiación, de que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo … Esas supuestas teologías, que reducen el lenguaje de la encarnación a la categoría de mito, pueden resultar atrayentes para los hombres modernos, pero nos quitan la certidumbre de que el carácter de Dios es el del amor que carga con el pecado.

Amen Para Gloria De Dios.

Bibliografía: El Espíritu Santo Por Edwin H. Palmer; Estudio De Doctrina Cristina Por George Pardington; El Triunfo Del Crucificado Por Erich Sauer; Comentario Al Nuevo Testamento Por Simon J. Kistemaker; Biblia De Referencia Thompson VRV 1960.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.