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Domingo 6 de junio de 2021“Ofrenda Ordenada Por Dios Para El Día De La Unción Del Sacerdote”

Domingo 6 de junio de 2021“Ofrenda Ordenada Por Dios Para El Día De La Unción Del Sacerdote”

   Lección: Levítico Cap. 6, versículos 19 al 25. 19Habló también Jehová a Moisés, diciendo: 20Esta es la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán a Jehová el día que fueren ungidos: la décima parte de un efa de flor de harina, ofrenda perpetua, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde. 21En sartén se preparará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová. 22Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será quemada. 23Toda ofrenda de sacerdote será enteramente quemada; no se comerá. 

Semillero homilético

La tarea del ministro

6:19–23

   Introducción: Levítico contiene muchas instrucciones para los sacerdotes, que pueden aplicarse a los ministros hoy en día. Miremos tres facetas del ministerio:

   El llamado para ministrar es reconocido por otros.

   Esto despierta sentido de responsabilidad en el ministro.

   Esto inspira a la congregación para aceptarlo.

   El ministro es motivado a actuar de acuerdo a su llamado.

   Expresa gratitud a Dios por su llamado (vv. 20, 21).

   Reconoce que es mayordomo de los dones que Dios le ha dado (v. 22).

   El ministro sirve en forma abnegada.

   Sin exigir recompensa.

   Reconoce que Dios proveerá para sus necesidades.

Conclusión: Es un gran privilegio participar en la obra del Señor. Es un desafío a ser fiel en lo que Dios nos ha encomendado. Cada creyente debe descubrir qué es lo que Dios quiere para su vida y servir así al Señor.

   Los vv. 19–23 hablan de la ofrenda vegetal ofrecida el día en que sean ungidos (v.19). La diferencia es que los sacerdotes pueden comer una parte de la ofrenda ofrecida para el pueblo, pero toda la ofrenda para el sacerdote debe ser quemada (vv. 22, 23).

  Este sacrificio del sacerdote es el de consagración: … en el día en que sean ungidos (v. 20).

  Esta ofrenda vegetal para los sacerdotes era sacrificada solamente cuando se ungía un sumo sacerdote nuevo. Ofrecía una mitad sobre el altar en la mañana y la otra en la tarde y toda la ofrenda era quemada como símbolo de consagración a Jehovah.

   Esto es un estatuto perpetuo de Jehovah (v. 22). La ofrenda tenía el propósito de recordarles que mientras que ofrecieran sacrificios por los pecados de la gente, ellos mismos debían estar conscientes de su propia persona y su propia necesidad de ser aceptables ante Jehovah. El sacrificio les recordaba de su dedicación al servicio a Jehovah. Hebreos 7:27 tiene estos sacrificios en mente cuando dice que nuestro sumo sacerdote (Jesucristo) no tiene que sacrificar por sus propios pecados antes de hacerlo por la gente, como hicieron los sacerdotes anteriores.

   La ofrenda vegetal, 2:1–16. El cap. 2 trata del tema de la ofrenda vegetal. Es la segunda ofrenda de importancia en la lista de sacrificios en el libro de Levítico. Una ofrenda vegetal es la traducción de las palabras hebreas corbán minjah. Ya hemos visto que corbán 7133 es una palabra general para ofrenda. La palabra minjah 4504 fue usada en el mundo secular para indicar una ofrenda para agradar a alguien. Está usada con pueblos que quieren agradar a su rey. Puede ser cualquier tipo de ofrenda, como un obsequio para demostrar su sumisión a él. En la Biblia la palabra está usada en contraste con ‘olah 5927 (ofrenda de sangre) y puede ser cualquier tipo de sacrificio que no incluye el derramamiento de sangre. Puede ser ofrecida en relación con la ofrenda de sangre. La RVA utiliza la palabra vegetal para distinguir esta ofrenda de la de animales. Otra traducción puede ser “ofrenda de trigo”, aunque no hay palabra que explique bien la idea de esta ofrenda. Esta ofrenda aparece temprano en la Biblia. La ofrenda de Abraham a Melquisedec es una minjah (Gén. 14:20) y probablemente la ofrenda ofrecida por Caín (Gén. 4:3).

Joya bíblica

Es una ofrenda quemada de olor grato a Jehovah. Es lo más sagrado de las ofrendas quemadas a Jehovah (2:2, 3).

   Texto: Hebreos Cap. 5, versículo 4. Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

   Comentario del texto áureo: Cumplimiento del oficio sumo sacerdotal 5:4

   Los eruditos discuten si Hebreos 5:4 debe formar parte versículo precedente o del siguiente. ¿Termina el párrafo en el versículo 4, o es que comienza uno nuevo con ese versículo? Los versículos 4 y 5 forman una unidad por la simple razón de que demuestran paralelismo—así como Aarón fue, así también Cristo. Por consiguiente, será preferible comenzar un nuevo párrafo con el versículo 4.

[4]. Nadie se arroga este honor; debe ser llamado por Dios, tal como lo fue Aarón. 5. De igual modo, Cristo no tomó para sí mismo la gloria de ser sumo sacerdote. Pero Dios le dijo:

“Tú eres mi Hijo;

hoy he llegado a ser tu Padre”.

  1. Y le dice en otro lugar:

“Tú eres sacerdote para siempre,

según el orden de Melquisedec”.

   En estos versículos el escritor de Hebreos centra su atención en el sacerdocio de Cristo, destacando los siguientes puntos.

▬a. La honra del cargo. El cargo de sumo sacerdote es un honor que Dios confiere a la persona que asume los deberes del oficio. El sumo sacerdote, desde los tiempos de Aarón hasta la destrucción del templo en el año 70 d.C., disfrutaba de un adecuado reconocimiento por parte de la comunidad hebrea. Más allá de toda duda, el sumo sacerdote ocupaba, junto con el líder civil, el cargo más alto del país.

   El escritor, sin embargo, enfatiza que nadie se arroga tal honor para su propia satisfacción. Nadie ocupa el cargo de sumo sacerdote simplemente para entrar a la presencia de Dios en el Día de la Expiación, para recibir el respeto de la comunidad israelita, o para usar la hermosa vestidura y turbante del sumo sacerdote. (Lv. 8:7–9). La honra asociada con el cargo proviene del cumplimiento de los deberes asignados al sumo sacerdote. Él debe servir a Dios en nombre de su pueblo. Él es su representante. El cumple el papel de mediador como intercesor por la remisión del pecado.

▬b. El llamado de Dios. Además, el sumo sacerdote debía ser llamado por Dios a este honroso cargo. Por supuesto, esto no significa que no hubiera excepciones en la historia de Israel. Pero el escritor de Hebreos no está interesado en aberraciones; él menciona el nombre de Aarón para recordar que Dios inauguró el sumo sacerdocio con Aarón.

   En términos contemporáneos, esto significa que sólo aquel que haya sido llamado por Dios debe asumir el cargo de pastor o ministro del evangelio. El presidente de cierto seminario se dirigió una vez a un grupo de estudiantes de nuevo ingreso y, tras las palabras de bienvenida, les dijo lo siguiente a estos aspirantes a teólogos: “A menos que Dios les haya llamado para el ministerio, no los queremos aquí”.

   Todo aquel que es conscripto para un oficio sagrado debe ser llamado por Dios. De no ser así, el mismo se constituye en una afrenta a Dios y en una provocación para su pueblo. Es decir, él se eleva a sí mismo por sobre el pueblo a quien quiere representar, exhibe un espíritu orgulloso en vez de humilde; y, a causa de que su concepto de la santidad es deficiente, tiene una percepción pervertida de Dios.

▬c. Semejanza con una diferencia. El paralelismo entre Aarón y Cristo es expresado en términos del cargo que estos ocupan. Nótese, por ejemplo, que el escritor no usa el nombre Jesús, sino que usa Cristo, nombre que describe el cargo y la tarea del Hijo de Dios. Así como Aarón fue llamado y designado por Dios (Ex. 28; Nm. 16–17) para servir como sumo sacerdote, del mismo modo “Cristo tampoco tomó sobre sí la gloria de ser sumo sacerdote”. Nótese que el termino honra en Hebreos 5:4 es sinónimo de la palabra gloria.

   Sin embargo, la diferencia entre Aarón y Cristo es profunda, puesto que Dios (tal como este versículo lo implica) ha coronado a Cristo con gloria y honra como sumo sacerdote. Jesús no se apropió presuntuosamente del cargo de sumo sacerdote.

▬d. El Hijo de Dios. El escritor de Hebreos parece anticipar la objeción que alguien podría presentar, a saber, que Jesús y Aarón, aparte de algunas pocas semejanzas que tienen que ver con la función de sumo sacerdote, tienen muy poco en común. Eso es cierto, dice el escritor; y una vez más cita el Salmo 2:7, donde Dios le dice al Hijo:

Tú eres mi Hijo

hoy he llegado a ser tu Padre.

   El escritor usó por primera vez esta cita para comparar al Hijo con los ángeles (Heb. 1:5). Ahora, esta cita del sumo del salmo contrasta indirectamente a Cristo con Aarón. Jesús es el Hijo de Dios, y sin embargo es llamado y designado por Dios para servir como sumo sacerdote.

   En Hebreos 4:14, el escritor combina los conceptos de hijo y de sumo sacerdote. Dice Geerhardus Vos: “Él le da un valor excepcionalmente alto al sumosacerdocio de Cristo, y deriva su eminencia del hecho de ser Hijo”.

   Ahora bien, es cierto que el Salmo 2 enfatiza el estado real de Hijo, que recibió las naciones como herencia y las gobierna con un cetro de hierro. Pero entonces, objeta alguien, ¿puede el Cristo ser al mismo tiempo sumo sacerdote? El escritor anticipa la pregunta y, como ya lo ha hecho anteriormente, usa el Antiguo Testamento para dar una respuesta y probar lo que está diciendo.

▬e. El sacerdote de Dios. La idea del rey-sacerdote aparece en el Antiguo Testamento en varios lugares. La primera referencia que notamos se encuentra en Génesis 14:18, donde se introduce a Melquisedec como rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Más adelante, en el Salmo 110:1 David habla de la realeza: “Siéntate a mi diestra hasta que haga de tus enemigos una tarima para tus pies”.

   En el Salmo 110:4 la referencia que se hace apunta al sacerdocio: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”. Finalmente, Zacarías, que simbólicamente menciona al Renuevo (es decir, al Mesías), escribe lo que dice el Señor Todopoderoso:

Es él quien edificará el templo del SENOR, y él será revestido de majestad y se sentará en su trono y gobernará. Y él será sacerdote en su trono. Y habrá armonía entre los dos. [6:13]

   El escritor de Hebreos estaba completamente familiarizado con la enseñanza del Antiguo Testamento. A fin de ser preciso en cuanto al tipo de sacerdocio que Jesús asumió, él cita el Salmo 110:4: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”. Debemos notar que, así como Dios se dirige a su Hijo en el Salmo 2:7, también se dirige a él en el Salmo 110:1 y 4. De este modo Dios anuncia la realeza y el sacerdocio de su Hijo. “La epístola a los hebreos es la única de entre los libros del Nuevo Testamento que llama a Cristo sacerdote”. La causa de esta falencia quizá pueda ser hallada en la historia del pueblo judío. Durante muchos siglos los judíos habían esperado un rey de la casa de David. Este rey los libraría de la opresión extranjera. Y este rey no podía ser sacerdote porque el linaje de David provenía de la tribu de Judá; los sacerdotes eran descendientes de Aarón, de la tribu de Leví. Por consiguiente, Jesús era conocido como rey. Al nacer, los magos lo llamaron “rey de los judíos” (Mt. 2:2), y este apelativo fue común durante el juicio y la crucifixión de Jesús. Él no era conocido como sacerdote.

   Ya en el primer capítulo de Hebreos, el escritor citaba el Salmo 110:1 como evidencia irrefutable de la realeza de Cristo. Ahora en el capítulo 5 él cita el Salmo 110:4 para describir la singular función y propósito del sacerdote de Cristo. El escritor deja ya en claro, aunque explica los detalles en el capítulo 7, que el sacerdocio de Jesús difiere del de Aarón. Jesús es “un sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.

1er Titulo:

Ceremonia que marca el inicio del sagrado oficio sacerdotal. Versíc. 19 al 21. 19Habló también Jehová a Moisés, diciendo: 20Esta es la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán a Jehová el día que fueren ungidos: la décima parte de un efa de flor de harina, ofrenda perpetua, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde. 21En sartén se preparará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová. (Léase Levítico 8:6 al 9. Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. 
7 Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim. Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés.).

   Comentario: 1. Lavar: personas pecadoras que necesitan ser limpiadas (8:6)

   La investidura comenzó realmente cuando Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavo con agua. Era esencial que aquellos que iban a acercarse a un Dios de pureza debían estar físicamente sin defecto (21:16–23) y totalmente limpios. Así que en todas las ocasiones importantes los sacerdotes se lavaban en la pila que había en el patio interior (16:4, 24, 26, 28). Esta “acción exterior física”, como la ha llamado Gordon Wenham, representa “el deseo de una limpieza interior espiritual”. Una acción representaba a la otra. Recuerdo un hombre que después de conocer a Cristo experimentó un cambio tan grande en su corazón que lo primero que hizo fue ir a casa y darse un baño. Me dijo que había sido limpiado por dentro así que quería limpiarse por fuera también.

   En algunos aspectos este acto es un anticipo de la limpieza profunda del pecado que recibirán Aarón y sus hijos más tarde, cuando se presente por ellos la ofrenda por el pecado. Pero hace frente inmediatamente a los que aspiran a ocupar puestos de liderazgo y les pone el reto de no proceder mientras hay pecado no reconocido en su vida, como la suciedad en su cuerpo. Mientras que no hace falta ser perfecto, como hemos visto (sino solamente Cristo podría ser llamado), es esencial tratar nuestros pecados y defectos. Es triste cuando los líderes cristianos tropiezan en su ministerio, a menudo a un alto precio para otros, porque se saltaron este paso con las prisas de ser investido. El hecho de negar que exista un pecado que un día podría resultar fatal es una forma necia de comenzar un ministerio. Aun así, la limpieza es necesaria no sólo por los pecados grandes sino también por las pequeñas motas de suciedad. Ningún pecado es trivial en la presencia de un Dios santo. Nuestra forma de acercarnos a Él debe hacernos conscientes de que somos indignos y debemos desear ser limpios de nuestro

  1. Las vestiduras: personas que no están a la altura y que necesitan estar preparadas (8:6–9)

   Si los sacerdotes eran hombres pecadores que necesitaban ser limpiados, también eran hombres que no estaban a la altura de la tarea y necesitaban vestiduras. Así que, después de ser bañados, Aarón y después sus hijos, se vistieron con la ropa del oficio. El sumo sacerdote tenía ocho prendas y cuatro de ellas eran únicas para él. Sus hijos se vestían con ropa interior más simple, túnicas que se ataban con un cinturón, y llevaban también una tiara. Levítico sólo hace una lista de las prendas. Para ver una descripción detallada debemos leer Éxodo 28. Este último pasaje nos muestra sin lugar a dudas que el sumo sacerdote tenía un aspecto resplandeciente con sus vestiduras e impresionaría mucho a los israelitas, contribuyendo al esplendor y la majestad de la adoración a Dios.

   Pero, aunque se mencionan muchos detalles, no se dice nada acerca del calzado. Los sacerdotes llevarían a cabo sus trabajos descalzos, tal y como correspondía a aquellos que pisaban tierra santa en la presencia del Señor.

a. Descripción de las vestiduras

   Wenham piensa que ahora es imposible saber con certeza lo que simbolizaba cada prenda, pero esto no ha impedido que muchos hayan intentado explicarlo. Encima de la ropa interior de Aarón, que cubría su desnudez, se colocaba una túnica. Ambas prendas estaban hechas de lino fino y se ataban con un cinturón “para gloria y hermosura”. Sin embargo, merecen especial atención la túnica, el efod, el pectoral y la tiara.

   La túnica estaba hecha de una sola pieza de tela azul y una campanilla y una granada alternativamente a lo largo del borde. La granada “se asociaba con fertilidad y abundancia”. La razón por la que se usaban campanas no está tan clara. Algunos sugieren que se utilizaban en otros lugares para ahuyentar a los demonios, pero esto no parece ser consistente con la forma en la que Israel trataba lo demoníaco. Es más probable que fueran para avisar de que venía el sacerdote y llamar así a Israel para poner atención al servicio que estaba llevando a cabo el sumo sacerdote por ellos.

   El efod era un delantal de colores, atado a la cintura con un cinto tejido, que formaba una pieza con el efod mismo. La tela de oro, azul, púrpura y escarlata era idéntica a la del tabernáculo. Dos piedras de ónice, con los nombres de seis tribus de Israel grabados en cada uno, iban en las hombreras del efod para que cada vez que Aarón se pusiera la túnica ceremonial, llevara sus nombres delante del Señor sobre sus dos hombros por memorial. Las piedras llevaban cadenillas de oro puro. De esta manera las preocupaciones del pueblo de Dios se llevarían constantemente a su presencia y Él nunca olvidaría a su pueblo, aunque esto fuera imposible. El pectoral del juicio, obra de hábil artífice, era cuadrado y medía 22 centímetros en cada lado. Llevaba cuatro hileras de piedras preciosas, tres en cada hilera, con los nombres de las tribus de Israel grabadas en cada una de ellas. Evidentemente era una manera que tenía Dios de demostrar que nunca olvidaba las esperanzas y temores de Israel, al llevar Aarón los nombres tan cerca de su corazón. En los bolsillos del pectoral iban los curiosos Urim y Tumim. Aunque no está muy claro lo que eran y para qué servían, serían piedras planas, quizás de diferentes colores, o con cada lado de un color, “a modo de dados o para echar a suertes”. “Tumim” conlleva el significado de “finalización” o “perfección”. El significado de “Urim” se ha perdido, pero podría significar “maldición”. Sabemos que se utilizaban como medio para adivinar la voluntad de Dios, porque como dice Éxodo 28:30: “y Aarón llevará continuamente el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante del Señor”.

  En la tiara se colocó una lámina de oro puro. En la lámina se grabaron las palabras “SANTIDAD AL SEÑOR”, para recordar a Israel que era un pueblo especial, separado para su servicio exclusivo. Esta espléndida diadema real imprimía el toque final a las vestiduras que daba aspecto de realeza, “indicando que el sumo sacerdote ministraba en el altar para un pueblo que era el reino de Dios en la tierra”.

   El efecto total de las vestiduras mostraba a Israel la presencia de Dios entre ellos, su preocupación y amor por ellos y su autoridad sobre ellos. También recordaban a Israel que por su gracia tenían que acercarse a Dios cautelosamente y vivir como pueblo santo en obediencia diaria a su voluntad.

b. Aplicación de las vestiduras

   La belleza y la gloria de las vestiduras revelan la gracia de Dios que provee un sacerdocio para suplir nuestras necesidades y apuntan al perfecto sacerdocio de Cristo, que había de venir. La imagen del sumo sacerdote con sus vestiduras oficiales nos recuerda al Señor ascendido, a quien describe el apóstol Juan en Apocalipsis 1. Allí, “el que vive”, “el primero y el último”, el que murió, pero ahora está vivo para siempre, se sienta en el trono sobre el mundo atribulado, donde sus súbditos se enfrentan a aflicciones y persecución. La imagen de Él vestido en majestad, sosteniendo los símbolos de la autoridad, con los ojos, voz y pies de aquel que puede hacer juicio muestra que Dios continúa estando atento a las necesidades de su pueblo y tiene las preocupaciones cerca de su corazón. El final de los acontecimientos que ocurren en la Tierra será determinado por Él y no por los que hacen alarde de su falsa dignidad en las altas esferas del poder humano. La dignidad y el poder le pertenecen sólo a Él.

  La imagen de las vestiduras se utiliza frecuentemente en la Biblia como metáfora de las virtudes que debe mostrar el pueblo de Dios. La preocupación real de la Biblia no es del diseño o aspecto de la tela, sino de las cualidades del carácter de la persona. Las vestiduras de nuestra propia valía se deben desechar considerándose como “trapo de inmundicia”. En lugar de eso, los sacerdotes deben vestirse de justicia; el pueblo de Dios debe vestirse de ropas de salvación; los discípulos cristianos deben revestirse de “tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”; y los guerreros cristianos deben vestirse con “las armas de la luz”: es decir, con “la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación”. Sobre todo, aquellos que quieran servir al Señor deben revestirse del Señor Jesús y no pensar “en proveer para las lujurias de la carne”.

2° Titulo:

Requisitos sacerdotales exigidos por Dios que no cambian con el tiempo. Versíc. 22. 22Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será quemada. (Léase Hebreos 13: 7 y 8. Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.).

   Comentario: 7. Acordaos de vuestros dirigentes que os hablaron la palabra de Dios. Considerad el resultado de su forma de vivir e imitad su fe. 8. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.

   El escritor de Hebreos emplea el verbo que Pablo usa cuando escribe: “Acordaos de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David” (2 Ti. 2:8). El verbo significa “traer de nuevo a la mente aquello que sabéis acerca de una persona”. El escritor exhorta a su pueblo a pensar en aquellos dirigentes a quienes la muerte ya se ha llevado. La expresión dirigente es bastante amplia y algo vaga, de modo que no alcanza a contribuir en nada a nuestra comprensión del trasfondo histórico de la epístola a los hebreos. El término mismo no nos da la seguridad de que el escritor tenía a los apóstoles en mente. Sin embargo, esa probabilidad no queda excluida. Es simple especulación que el autor se pueda estar refiriendo a Pablo y a Pedro. Lo que sabemos es que los líderes “hablaban la palabra de Dios” al pueblo. Ellos eran entonces predicadores del evangelio de Jesucristo y habían sido instrumentos de Dios en la edificación de la iglesia, es decir, del cuerpo de Cristo. Estos padres fundadores habían fallecido, pero los lectores todavía recordaban su labor.

   El siguiente mandato es el de considerar “el resultado de su forma de vivir”. El verbo considerar significa en realidad “mirar una y otra vez”, “observar cuidadosamente”. El escritor insta al pueblo a mirar cuidadosamente las vidas que estos dirigentes vivieron, y a la totalidad, vale decir el resultado, de sus vidas. “Observad como ellos concluyeron una vida bien vivida” (MLB). ¡Mirad sus vidas desde el principio al fin!

    Y entonces viene el tercer mandato: “Imitad su fe”. El escritor desea dar la impresión de que estos líderes deben ser considerados héroes de la fe, semejantes a los que se mencionaron en el capítulo 11.

   Seguid en sus huellas, haced obras de fe y hablad palabras de fe. No se nos dice si estos dirigentes sufrieron el martirio o no. Eso no es lo importante. Los lectores de la epístola deben imitar su fe. La fe es de suma importancia. “Es más fácil contemplar y admirar la feliz muerte de los hombres piadosos que imitar la fe por la cual ellos llegaron a la misma”.

   En este mundo de rápidos cambios nada parece confiable y permanente. Los dirigentes vienen, y los dirigentes se van. Hay un dirigente, sin embargo, que no se cambia: Jesucristo. El escritor dice: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre”. Se han predicado más sermones acerca de este texto que de cualquier otro versículo de Hebreos, de modo tal que este versículo casi ha llegado a obtener estado confesional en la iglesia.

   En primer lugar, notemos que el escritor usa ambos nombres: “Jesús” y “Cristo”. El nombre Jesús abarca la obra y palabra del Hijo de Dios sobre la tierra. Él ha venido a salvar a su pueblo de su pecado.

  El nombre Cristo es el título oficial que expresa la divinidad del Hijo. El doble nombre unido aparece solamente tres veces en Hebreos (10:10; 13:8, 21).

   Además, el escritor explica en el primer capítulo de su epístola no sólo la divinidad de Cristo sino también su carácter inmutable. Por ejemplo, al citar el Salmo 102:27, él dice: “Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin” (1:12; y véase 7:24).

   Nótese adicionalmente la secuencia temporal: pasado, presente y futuro. El término ayer está relacionado con la obra mediadora de Jesús en la tierra, proclamada y confirmada a los lectores por aquellos que le oyeron (2:3). La expresión hoy se refiere a la obra de intercesión que Jesús ejecuta en el cielo, donde representa al creyente ante la presencia de Dios (Ro. 8:34; Heb. 7:25; 9:24). Y la palabra siempre está relacionada con el sacerdocio de Cristo. Él es sacerdote para siempre (5:6; 6:20; 7:17, 21, 24, 28).

   Para los lectores es esta epístola, Jesús es el mismo. Eso presupone fe de parte de los creyentes, ya que deben depender de él, puesto que él sigue siendo fiel a sí mismo. Él es el primero y el último, aquel que “es, y era, y ha de venir, el Todopoderoso” (Ap. 1:8).

3er Titulo:

Dios demanda ofrenda total: Símbolo de consagración completa a Dios. Versíc. 23. 23Toda ofrenda de sacerdote será enteramente quemada; no se comerá. (Léase San Lucas 10.27. Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. ▬ 1ª a los Tesalonicenses 5: 23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.).

    Comentario 1: 27. El respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

   La respuesta del experto en la ley fue una reafirmación correcta de Dt. 6:5 y Lv. 19:18. Estos pasajes dan a entender que la esencia misma de toda verdadera religión es el amor, la generosidad; que este amor debe tener como sus objetos tanto a Dios como al prójimo; que en relación con Dios debe ejercerse con todas las facultades que Dios ha dado al hombre, y debe ser de todo corazón—nótese el cuádruple “con todo”—y que con respecto al prójimo no puede ser menor en extensión ni inferior en calidad que el amor por uno mismo.

   Comentario 2: [23]. Y que él, el Dios de paz, os santifique enteramente, y sin defecto sea vuestro espíritu, y vuestra alma‐y‐cuerpo sin reproche en la venida de nuestro Señor Jesucristo sea guardado.

   En este pasaje el autor apunta hacia la fuente de poder para el creyente. Es como si quisiera decir, con vuestra propia fuerza vosotros no podéis cumplir los preceptos que os acabo de ordenar. Necesitáis a Dios, el Dios de paz (cf. Ro. 15:33; 16:20; 2 Co. 13:11; Fil. 4:9; 2 Ts. 3:16; He. 13:20), una paz establecida por la cruz, una paz que implica prosperidad espiritual en su más alto sentido (véase sobre 1:1). Que este Dios os santifique, es decir, os separe de la vida de pecado y obre en vosotros el deseo de consagrar vuestras vidas a él (cf. Ro. 15:16; 1 Co. 1:2; 6:11; 7:14; Ap. 22:11; y véase más arriba sobre 3:13; 4:3, 7; también N.T. sobre Juan 17:17, 19) enteramente. Este “enteramente” (ὁλοτελεῖς, de ὅλος entero, y τέλος fin) es una palabra rara, que ocurre en el Nuevo Testamento solamente aquí. Es un adjetivo plural, de tal manera que el significado literal de la palabra en conexión con el nombre que modifica es vosotros enteros, esto es, “la totalidad de cada uno de vosotros, cada parte de cada uno de vosotros” indica que tanto aquí en 1 Ts. 5:23 como en el decreto de Epaminondas el adjetivo tiene fuerza adverbial.

   Ahora bien, este proceso de santificación tiene lugar en la vida presente, vale decir, la vida aquí en la tierra. Pablo expresa un deseo estrechamente relacionado que pertenece al día del juicio. Ambos pensamientos constituyen una unidad. El deseo que expresa—que tiene la solemnidad de una oración—es que también “en la venida del Señor Jesucristo” (véase sobre 2:19), cuando otros sean sentenciados a condenación eterna incluyendo tanto sus cuerpos como sus almas (toda su persona), el espíritu de los creyentes de Tesalónica (junto con todos los demás creyentes, por supuesto) sea sin defecto, sí, que su alma-y-cuerpo sea preservado de esta terrible condenación, esto es, sea guardado irreprensiblemente (2:10; cf. 3:13).

   Hasta ahora no hay gran dificultad. La idea principal está clara. El problema aparece al interpretar los detalles. Véase la nota gramatical. Si se desea una contestación a las preguntas, “¿Era Pablo tricotomista?” “¿Está enseñando en 1 Ts. 5:23 que el hombre consiste de tres partes, espíritu, alma, y cuerpo?” debe leerse la nota mencionada.

   La idea de totalidad se enfatiza en todo el pasaje. Queda demostrado por la posición de preferencia que ocupa la palabra “entero” o “sin defecto”, y también por expresiones tales como “enteramente” y “vuestra alma-y-cuerpo”. Aunque determinadas personas de Grecia y Macedonia hubiesen tenido un bajo concepto del cuerpo considerándolo como simplemente una mera prisión de la cual el alma debía ser liberada, y aunque los creyentes de Tesalónica, al hacer duelo por sus amados se sintiesen embargados por la incertidumbre de si sus cuerpos ya sepultados llegarían de alguna manera a participar de la gloria del regreso de Cristo (véase 4:13–18), Pablo asegura a los creyentes que Dios en Cristo es un Salvador perfecto.

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

 

 

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.