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Domingo 4 de agosto de 2019: “Actuar con limpia conciencia con sus semejantes agrada a Dios”

Domingo 4 de agosto de 2019: “Actuar con limpia conciencia con sus semejantes agrada a Dios”

Lección: Éxodo capítulo 22, versículos 25 al 31. Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura. Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso. No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo. No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos. Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás. Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis.

   Comentario general de contexto bíblico: (Éxodo 22: 16-24) Introducción — ley civil —Israel: Las leyes morales y justas son un requisito absoluto e indispensable para una nación sobreviva. Las páginas de la historia están plagadas de naciones que no lograron imponer la verdadera justicia y moralidad. Las consecuencias han sido desastrosas: la corrupción, la decadencia, la ruina y el colapso. La mayor amenaza para la subsistencia de una nación viene de adentro y no de afuera. Una nación —de hecho, cualquier comunidad de personas— puede permanecer firme solo si promueve la verdadera justicia y moralidad entre las personas que la habitan.

   Los humanistas y los secularistas están equivocados. La historia demuestra que sin la verdad de Dios —es decir, ante la falta de verdadera justicia y moralidad— la sociedad va en declive.

Þ La sociedad sufre el aumento de la inmoralidad, matrimonios rotos y terribles enfermedades de transmisión sexual.

Þ La sociedad sufre de una flagrante distorsión de la religión y la aceptación de lo oculto.

Þ La sociedad sufre los actos que entre hombres y animales cometen en contra de la naturaleza, extendiendo los límites de la maldad y la perversidad.

Þ La sociedad sufre de la adoración falsa (la idolatría y el engaño de los seguidores de cultos falsos).

Þ La sociedad sufre del maltrato hacia quienes son diferentes, ya sea por nacionalidad u alguna otra característica.

Þ La sociedad sufre la indiferencia hacia los débiles e indefensos, tales como las viudas y los huérfanos.

Þ La sociedad padece la avaricia de los hombres que buscan enriquecerse a si mismos y pasa por alto al pobre.

Þ La sociedad sufre de una completa falta de respeto hacia sus líderes y hacia Dios.

Þ La sociedad sufre por las personas que retienen lo que corresponde entregar a Dios, porque no quieren compartir sus recursos para suplir las necesidades de las personas que sufren y están muriendo sin Cristo y sin Dios.

Þ La sociedad padece el estar compuesta por un pueblo que está corrompido en cuerpo y espíritu.

   Dios ama al mundo, a cada persona de cada sociedad y a cada nación del planeta. Por eso, él ha revelado su ley a los israelitas, para enseñarles con exactitud cómo debían gobernar su sociedad y para mostrarles a todas las sociedades futuras el espíritu y los principios que subyacen a esas leyes.

   Dios dio la ley a un pueblo cuyos miembros debían relacionarse entre sí. El Dios de Israel tiene un rol muy importante que cumplir en todas las sociedades. De eso se trata esta porción de la Santa Palabra de, Dios: Las leyes sobre las obligaciones morales y sociales (Éxodo 22: 16-31).

  1. Ley sobre el engaño, la seducción y el sexo premarital (vv. 16-17).
  2. Ley sobre la brujería: todo hechicero debía morir (V. 18).
  3. Ley sobre el bestialismo: el que lo practicara debía morir (V. 19).
  4. Ley sobre la idolatría: el idólatra debía morir (v. 20).
  5. Ley sobre los extranjeros (v. 21).
  6. Ley sobre los débiles e indefensos, como las viudas y los huérfanos (vv. 22-24).

(lo de arriba se estudió la semana pasada; ahora toca estudiar lo de abajo (Éxodo 22:25 al 31).

  1. Ley sobre los préstamos al necesitado (vv. 25-27).
  2. Ley sobre las injurias a Dios y a los gobernantes: está prohibido maldecirlos (v. 28).
  3. Ley sobre las ofrendas para Dios: no retenerlas (vv. 29-30).
  4. Ley sobre los animales muertos debido a las fieras salvajes (v. 31).

   Pensamiento 1: El pueblo de Dios siempre deberá estar listo para mostrar mansedumbre y misericordia, conforme al espíritu de estas leyes. Debemos responder a Dios no sólo por lo que hacemos maliciosamente sino por lo que hacemos despreocupadamente. Por tanto, cuando hemos hecho daño a nuestro prójimo, debemos hacer restitución, aunque no seamos obligados por la ley. Que estas escrituras dirijan nuestra alma a recordar que si la gracia de Dios de verdad se nos ha manifestado, entonces nos ha enseñado y capacitado para conducirnos de tal modo por su santo poder, que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, (Tito 2:12. enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.). Y la gracia de Dios nos enseña que como el Señor es nuestra porción, hay suficiente en Él para satisfacer todos los deseos de nuestra alma. 1ª Timoteo 1:3. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; — 1ª Timoteo 3:9. que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. 

1er Titulo:

Cargo De Usura, Prohibido Entre Los Hermanos. Versículos 25 al 27. Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura. Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.  (Léase Levítico 25:35 al 37: — Deuteronomio 23:19 y 20). 

   Comentario: (Éxodo 22:25-27) ley civil _ préstamos _ pobreza _ sociedad _ necesitado _ pobre: Una de las leyes trataba de los préstamos a los necesitados. En términos muy simples, el mandato era no cobrar intereses al necesitado. Este pasaje no trata de lo que el mundo moderno llama “préstamo comercial”; trata de:

  • el vecino que cayó en la pobreza;
  • la persona de la comunidad que es pobre debido a una discapacidad o a la falta de habilidades que le impide conseguir empleo.

(a). La ley se divide en dos puntos principales:

   1) La persona que prestaba dinero al necesitado no debía cobrarle intereses (v. 25). Los creyentes deben ayudar al pobre y velar por él, no usarlo para obtener ganancias. Lo que el pobre necesita es compasión, no abusos. Dios ha llamado a los creyentes a ser personas compasivas y misericordiosas, que ven las necesidades del mundo y hacen todo lo posible para suplirlas. El verdadero creyente jamás se aprovecharía de la pobreza de una persona: si el pobre necesita dinero, él le da todo lo que puede. No le da un préstamo con intereses; lo trata con compasión y le da todo lo que puede para suplir su necesidad. Eso es exactamente lo que Cristo enseñó: él instruyó a sus seguidores que prestaran a los pobres y que contaran esos préstamos como un regalo sin condiciones.

   “Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos” (Lc. 6:34-35).

   (2). La persona que prestaba dinero al pobre no debía exigirle ningún tipo de garantía, ni siquiera un simple vestido (abrigo) (vv. 26-27). El pobre necesita todo lo que tiene (su abrigo) para suplir sus necesidades básicas. Para el hombre pobre, ese abrigo era más que un, sobre todo: era lo que usaba de manta o sábana de noche. Sin eso, el frío pronto le calaría hasta los huesos. El punto de la ley es claro: el creyente no debe pedir garantía alguna cuando da un préstamo al pobre, ni siquiera algo tan simple como un abrigo. La persona pobre necesita todo lo poco que tiene para sobrevivir.

(b). La razón que subyace a esta ley es alentadora:

Dios oye el clamor del necesitado y es compasivo con él (v. 27). El de verdad se preocupa por los pobres y necesitados, y espera que su pueblo también se preocupe por ellos y haga todo lo posible para suplir sus necesidades.

   Pensamiento 1. Podemos extraer dos lecciones de esta ley: (1) Los creyentes deben mostrar compasión e interés por los pobres de la tierra: deben hacer todo lo que esté a su alcance para suplir sus necesidades.

(2) Los creyentes jamás deben aprovecharse del pobre ni cobrarle intereses por el dinero prestado.

   “Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura [intereses] ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia” (Lv. 25:35-37).

   “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre” (Dt. 15:7).

   “No exigirás de tu hermano interés de dinero, ni interés de comestibles, ni de cosa alguna de que se suele exigir interés. Del extraño podrás exigir interés, más de tu hermano no lo exigirás, para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos en la tierra adónde vas para tomar posesión de ella” (Dt. 23:19-20).

   “Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, pues no tuvieron qué responder. Y dije: No es bueno lo que hacéis. ¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras? También yo y mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano; quitémosles ahora este gravamen. Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés. Y dijeron: Lo devolveremos, y nada les demandaremos; haremos, así como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes, y les hice jurar que harían conforme a esto” (Neh. 5:6-12).

   “Quitan el pecho a los huérfanos, y de sobre el pobre toman la prenda” (Job 24:9).

   “Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Sal. 15:5).

   “El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, para aquel que se compadece de los pobres las aumenta” (Pr. 28:8).

   “Que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre” (E1. 18:8; vea. vv 13, 17).

   “[El que] prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá este? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él” (Ez. 18:13).

   “Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor” (EI. 22:12).

   Pensamiento 2. Dios oye el clamor de todo el que toca fondo. Dios siempre está con el pobre y miserable, todo el tiempo y a cada paso que da. E1 está presente para darle esperanza y ayudarlo en medio de la tormenta Siempre debemos recordar que no importa dónde estemos, Dios siempre sabe dónde estamos, qué necesitamos y cuándo lo necesitamos.

   “Jehová, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor. No escondas de mi tu rostro en el día de mi angustia; inclina a mi tu oído; apresúrate a responderme el día que te invocare” (Sal. l02:1-2).

   “Porque [él] sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Sal. 10729).

   “El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo” (Sal. 113:7-8).

   “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma. Clemente es Jehová, y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios” (Sal. 116:1-5).

   “Desde la angustia invoqué a JAH, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre. Jehová está conmigo entre los que me ayudan; por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen. Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes” (Sal. 118:5-9).

   “A Jehová clamé estando en angustia, y él me respondió” (Sal. 120: l).

   “Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Sal. 121:5-8).

   “Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra” (Sal. 124:8).

   “De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica” (Sal. 130:1-2).

2° Titulo:

Respetando A Las Autoridades Puestas Por Dios. Versículo 28. No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo. (Léase Eclesiastés 10:20; — Judas 1.8).

   Comentario: (Éxodo 22:28) Israel, ley de – obediencia — ley moral — maldecir a Dios y a los gobernantes: Israel también contaba con una ley sobre las injurias a Dios y a los gobernantes. Dicho en términos simples, nadie en el pueblo debía maldecir jamás ni a Dios ni a los gobernantes. Un pueblo que se queja, rezonga, maldice y habla mal de otras personas siempre perturba la paz y hace que las personas vivan enardecidas. Cuando los gobernantes y Dios son receptores de maledicencias e injurias, los fundamentos mismos de la nación empiezan a desmoronarse. Leamos lo que dice la ley: El respeto hacia Dios y las autoridades es indispensable para que la sociedad viva en paz. La nación que maldice a sus líderes es una nación que pronto se desmoronará y quedará hecha pedazos. Ningún pueblo sobrevive si no respeta y honra a sus gobernantes. Por otro lado, las Escrituras nos enseñan que debemos respetar y honrar tanto a Dios como a nuestras autoridades. El no tolera que su nombre sea objeto de injurias, no por mucho tiempo. Su sentencia recae pronto sobre el pueblo maldiciente. Además, nuestros líderes obtienen su posición y autoridad bajo la soberanía de Dios, por lo cual debemos respetarlos —a ellos, su cargo y posición— y no injuriarlos.

   Observe lo importantes que son para Dios el respeto y la honra: el castigo por maldecir a las autoridades y a Dios era la muerte. ¿Por qué una pena tan severa? Porque maldecir y hablar mal de las autoridades perturba la paz del pueblo e incluso puede ocasionar rebelión e insurrección, cuyas consecuencias son un terrible sufrimiento y muertes. Dios es el Dios de la paz y la reconciliación, no de las maledicencias, los disturbios y la guerra. Por lo tanto, él exige respeto y honra tanto para los gobernantes como para sí mismo. Caso contrario -es decir, si una persona insiste en la rebelión y la insurrección contra un gobernante o contra Dios-, sobre el culpable recaerá el juicio. 

   Pensamiento 1. La enseñanza de las Escrituras es clara:

(1) Debemos respetar a quienes están en un cargo de autoridad y orar por ellos.

   “Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra” (Ec. 10:20).

   “Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo” (Hch. 23:5).

   “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Ro. 13:1).

   “Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Ti. 2:1-2).

   “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (Tit. 3:1).

   “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien” (1 P. 2:13-14).

   “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1 P. 2:17).

   “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Judas. 1:8).

(2). No debemos maldecir ni blasfemar el nombre de Dios, jamás debemos hablar mal de él.

   “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éx. 20:7).

   “Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová” (Lv. 19:12).

“Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera” (Lv. 24:15-16).

   “Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mt. 5:34-37).

   “Pero, sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación” (Stg. 5:12).

3er Titulo:

Obedeciendo Oportunamente A Lo Ordenado Por Dios Habrá Bendición. Versículos 29 al 31. No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos. Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás. Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis. (Léase Deuteronomio 26:2; — Proverbios 3.9-10).

   Comentario 1: (Éxodo 22:29-30) Israel, ley de — obediencia _ ley moral — ofrendas — mayordomía: Otra de las leyes trataba de las ofrendas que el hombre presenta a Dios. La ley era clara: el hombre no debía guardar ni retener la ofrenda. Ni siquiera debía demorarse en presentarla delante de Dios. La exhortación es clara: las personas no deben retener aquello que pertenece a Dios. Los israelitas debían presentar tres ofrendas:

(a). La primicia de la cosecha: el hombre había plantado la semilla, la había cuidado y ahora segaba el fruto con el sudor de su frente (v. 29). Todo agricultor, cualquiera sea su generación, se enfrenta a la misma clase de problemas:

1) ¿La semilla, las plantas o los árboles serán buenos?

2) ¿Lloverá lo suficiente para regar los cultivos?

3) ¿Acaso alguna plaga o enfermedad dañará los cultivos?

4) ¿Habrá mano de obra disponible para trabajar en la siega a tiempo?

   El creyente debía confiar en Dios en todo el proceso y, cuando llegara la cosecha, debía entregarle a Dios los primeros frutos. Ya sea que fueran cantidades grandes o pequeñas, Dios debía recibir lo mejor de su cosecha.

  1. El hijo primogénito de cada familia (v. 29), (vea bosquejo y nota de Ex. 13:1-16; Estudio afondo I, Ex. 13:13).

No hay nada más preciado para los padres que sus hijos. Por eso, el punto era claro para el pueblo de Dios: lo primero y lo que más gozo les trajo es lo que debían entregar a Dios. Considere que el pueblo debía redimir a sus hijos con el pago de una suma de dinero.

   “Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos” (Ex. 13:13).

   “Y para el rescate de los doscientos setenta y tres de los primogénitos de los hijos de Israel, que exceden a los levitas, tomarás cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario los tomarás. El siclo tiene veinte gerah. Y darás a Aarón y a sus hijos el dinero del rescate de los que exceden” (Nm. 3:46-48).

  1. Los primogénitos de su ganado (v. 30), que debían ser entregados en el octavo día después de su nacimiento. Los animales que un hombre poseía eran un importante capital para su bienestar financiero. Un buen buey valía muchísimo dinero. No obstante, Dios exigía esta ofrenda sin importar el sacrificio que el hombre debiera hacer para entregarla.

   Pensamiento 1. El pueblo de Dios debe prestar atención a la lección que nos deja esta ley. Hay personas necesitadas en el mundo que claman a viva voz pidiendo socorro. Por eso, debemos obedecer a Dios con nuestros diezmos y ofrendas. Debemos dar y dar, y dar generosamente desde un corazón quebrantado.

   “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:19-21).

   “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto, os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. […] Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:24-25, 33).

   “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mt. 16:26).

   “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, sino os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal 3:8-10).

   “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lc. 6:38).

   “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:6-7).

   Comentario 2: (Éxodo 22:31. 31 Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echareis.) Israel, ley de — obediencia — ley social — leyes de alimentación: Dios dio a Israel una ley sobre los animales muertos por heridas de animales salvajes. Veamos qué dice exactamente:

   “Santo” o “santidad” significa estar consagrado, santificado, apartado para Dios; significa ser distinto y distinguible de todo lo demás. El pueblo de Dios debía ser un pueblo santo, totalmente apartado para Dios, lo cual significa que la santidad debía ser tanto externa como interna. Ese es el punto de esta ley: que el pueblo supiera que los seguidores de Dios no comían animales destrozados por fieras salvajes. Había una razón para abstenerse que estaba relacionada con la salud. La sangre del animal no estaría totalmente drenada, sino que todavía habría algo de sangre en los tejidos. En consecuencia, el animal seria impuro y quizás peligroso para la salud, por lo cual el pueblo debía echarlo a los perros.

   Pensamiento 2. El llamado de Dios es el más alto de los llamados: llevar una vida pura y santa. El pueblo de Dios —quienes de verdad creen en él y lo siguen— debe estar totalmente apartado para él, tanto en su corazón como en sus actos (conducta y comportamientos).

   “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son Las palabras que dirás a los hijos de Israel” (Éx. 19:5-6).

   “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contraminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra” (Lv. 11:44).

   “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios” (Lv. 20:7).

   “Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos” (Lv. 20:26).

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).

   “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti. 1:8-9).

   “Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

   “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las ti- nieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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