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Domingo 30 de junio de 2019: “Castigos ordenados con el propósito de evitar más violencia”

Domingo 30 de junio de 2019: “Castigos ordenados con el propósito de evitar más violencia”


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Lección Éxodo: Cap. 21, versículos 18 al 25. Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama; si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen. Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo su mano, será castigado; más si sobreviviere por un día o dos, no será castigado, porque es de su propiedad. Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.

   Comentario: Vv. 18-25. Dios que por su providencia da y conserva la vida, por su ley la protege. Un homicida intencionado debe ser sacado, aunque esté aferrado a los cuernos del altar de Dios. Sin embargo, Dios proveyó ciudades de refugio para protección de quienes tuvieran la desgracia de causar la muerte de otro, sin que fuera su culpa; como cuando por accidente, el hombre realiza un acto legítimo, sin intención de herir, y mata a otro. Que los niños escuchen la sentencia de la palabra de Dios para el ingrato y desobediente; y que recuerden que Dios ciertamente les dará su retribución si hubieran maldecido a sus padres, aunque sea en silencio, o si hubieran levantado la mano contra ellos, salvo que se arrepientan y huyan a buscar refugio en su Salvador. Que los padres aprendan de aquí a ser muy cuidadosos en la formación de sus hijos, dándoles un buen ejemplo, especialmente en el control de sus pasiones, y al orar por ellos, teniendo cuidado de no provocarlos a ira. A veces los israelitas se vendían ellos mismos o sus hijos debido a la pobreza; los magistrados vendían a algunas personas por sus delitos y los acreedores tenían permiso, en algunos casos, para vender a sus deudores que no podían pagar. Pero “secuestrar un hombre”, con el objeto de forzarlo a la esclavitud, es algo que el Nuevo Testamento cataloga junto con los delitos más graves. Aquí se cuida que se satisfaga el daño hecho a una persona, pero no se seguía de ello la muerte. El evangelio enseña a los amos a tener paciencia y a moderar las amenazas, Efesios 6:9, reflexionando con Job. ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase?, Job 31:13, 14.

   Los casos aquí mencionados dan reglas de justicia vigentes, entonces y ahora, para decidir asuntos similares. Estas leyes nos enseñan que debemos ser muy cuidadosos de no hacer mal alguno, sea directa o indirectamente. Si hemos hecho mal, debemos estar muy dispuestos a remediarlo, y estar deseosos de que nadie pierda por nuestra culpa.

(g). Herida por un pleito o disputa.

(1) el atacante debía pagar todos los costos médicos hasta que la persona se recuperara por completo;

(2) el atacante debía pagar al herido una compensación por el tiempo y el dinero perdidos en su empleo.

(h). Golpes a un esclavo:

1) si el esclavo moría, el amo seria castigado;

2) si el esclavo no moría, el amo no era castigado;

(i). Herida a una mujer embarazada:

1) si la herida causaba un nacimiento prematuro, el atacante debía pagar lo que sea que el marido demandara y los jueces aprobaran;

2) si la herida era grave, el atacante debía ser castigado de igual manera, pero no más de lo que hirió: el castigo estaría limitado a vida por vida, ojo por ojo.

(j). Herida a un esclavo: si el daño era permanente, el amo debía liberarlo:

1) si le dañaba el ojo, debía liberarlo;

2) si le hacía saltar un diente, debía liberarlo.

   Referencias: Hebreos 12:5-8. y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”.

1ª de Juan 1:4 al 10. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (si Ud. practicas esto versículos, evitara la violencia, porque el hijo de Dios que es nacido de nuevo no practica el pecado).

1er Título:

Dios Establece La Reparación Del Daño Causado. Versíc. 18-19 Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama; si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen. (Léase Romanos12.20. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.).

   Comentario: (g): Cuando un pleito, una pelea o una disputa provocaba una herida a una persona, la ley exigía que se hiciera una restitución o compensación (vv. 18-19). Las Escrituras lo exponen muy claramente:

• el atacante debía pagar todos los costos médicos hasta que la persona se recuperara por completo;

• el atacante debía pagar una compensación por todo el tiempo y el dinero que la persona perdiera en su trabajo.

   Pensamiento 1. Las sociedades son mucho más justas cuando se legaliza y se hace cumplir el principio de la restitución. Tanto la víctima como el criminal reciben un trato mucho más justo cuando esta ley integra el entramado social. El factor crítico que las sociedades y naciones suelen olvidar es el siguiente: la solución al problema del crimen y la delincuencia no es:

  • escribir más leyes;
  • construir más cárceles;
  • invertir más dinero en un sistema fallido.

   La solución al problema del crimen y la delincuencia radica en:

  • imponer la moralidad y la justicia;
  • proteger los derechos de la víctima;
  • exigir que las personas se hagan responsables de sus actos;
  • establecer leyes de restitución y hacerlas cumplir;
  • cambiar los corazones, uno por uno.

   “Cuando una persona pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo, o habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre, entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte [un interés], en el día de su expiación” (Lv. 6:2-5).

   “Pero si [el ladrón] es sorprendido, pagará siete veces; entregará todo el haber de su casa” (Pr. 6:31).

   “Si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá” (Ez. 33:15).

   “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo de- vuelvo cuadruplicado” (Lc. 19:8).

   Comentario del texto complementario: (Romano 12:20. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.). La cita está tomada de Pr. 25:21, 22. Si el enemigo tiene hambre, la persona afectada debe darle algo de comer. Debería darle algo de beber si tiene sed. En otras palabras, debe tratar al enemigo como lo hizo Eliseo (2 R. 6:20–23).

   Con palabras que han dado ocasión a muchas interpretaciones diferentes, el apóstol, continuando su cita de: Proverbios, escribe: “porque haciendo esto, amontonarás ascuas sobre su cabeza”. Hay cuatro opiniones diferentes. Amontonar ascuas sobre su cabeza podría simbolizar:

  1. una forma de tormento auto-impuesta,
  2. un acto de benevolencia (dar ascuas encendidas a los necesitados),
  3. un gesto de dolor por el pecado,
  4. un modo de hacer que el enemigo se avergüence de sí mismo.

   La explicación a. contradice el contexto presente, según el cual uno debe tratar al enemigo con bondad. Tanto

  1. como c. describen la pena de enemigo por el pecado más bien que lo que el ofendido debería hacerle. La interpretación más ampliamente aceptada es d. Las ascuas simbolizan en esta opinión las ardientes punzadas de vergüenza y contrición que resultan de la inesperada bondad recibida. La conducta magnánima del ofendido al devolver bien por mal tiene este efecto.

   En lo que atañe al significado b.—una interpretación mencionada por Ridderbos, y reseñada en un interesante

artículo de E. J. Masselink (aunque sin darle un definido respaldo)—; si se interpreta la frase “los necesitados” de modo que signifique “aunque sean enemigos”, con el significado final que resulta en: “Venced a vuestros enemigos con vuestra bondad” (E. J. Masselink), ¿no sería el efecto final el mismo que el indicado por d.?

   Por consiguiente, cuando expreso una preferencia por d., no estoy rechazando b.

   Razones me mueven a aceptar esta opinión (la de d., y posiblemente b.):

  1. Las palabras “vencer el mal con el bien” (v. 21) apuntan en tal dirección.
  2. Así lo hace 1 P. 2:15: “Porque es la voluntad de Dios que haciendo el bien silenciéis la charla ignorante de los necios”.

   La sección final (vv. 14–21) demuestra cual debe ser la actitud de los creyentes para con los extraños, aun los enemigos. En medio de su propio pueblo, y aun de gente en general, el creyente debe alegrarse con aquellos que se alegran, llorar con los que lloran, permanecer humilde, y demostrar esto último asociándose prestamente con los humildes, y, en la medida que sea consonante con los principios cristianos, vivir en paz con todos. Debe ocuparse de que sus asuntos estén libres de reproche, para que nadie pueda acusarlo de obrar mal, y a todos les llame la atención su alto idealismo moral y espiritual.

   En relación con esto hay una virtud que Pablo elogia por sobre todas, y con diversos cambios de fraseología

menciona una y otra vez (vv. 14, 17, 19–21). Se trata de la virtud de nunca devolver mal por mal sino siempre

bien por mal. Uno debe invocar la bendición de Dios sobre los perseguidores, y por medio de la bondad esforzarse

por “poner ascuas sobre las cabezas” de aquellos que han hecho de los santos objeto de su crueldad. Si, uno debe

hacer que estos acérrimos oponentes se avergüencen a fines de que, como resultado, ellos busquen refugiarse de su dolor en Dios. En relación con este tema estúdiese el ejemplo de José (Gn. 45:1–15; 50:15–21); Eliseo (2 R. 6:20– 23); Esteban (Hch. 7:59, 60) y, por sobre todos, Jesús (Lc. 23:34).

   Referencias: Ejemplo de restitución Saqueo Lucas 19:5 al 10. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Ro. 10:10. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.); Levítico 6.2-5. Cuando una persona pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo, o habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre, entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación; Romanos13.7. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que, impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

2° Titulo:

Ley Aplicada En Tiempos De Esclavitud. Versíc. 20-21. Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo su mano, será castigado; más si sobreviviere por un día o dos, no será castigado, porque es de su propiedad. (Léase Colosenses 4.1. Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.).

   Comentario 1: (h). Una de las leyes castigaba a quien golpeara a un es hasta el punto de herirlo (vv. 20-21; vea pto. 10, vv. 26-27). Fue una ley notable, puesto que despertó un pensamiento totalmente novedoso para la mentalidad del mundo antiguo. Por primera vez en la historia, se le exigía al amo que se controlara en la relación con su esclavo. Al supervisarlo, no debía agredirlo. Si lo maltrataba y golpeaba con malicia hasta matarlo, tendría que cumplir la pena que establecía la ley. El gran comentario bíblico Pulpit Commentary contiene una excelente explicación de esta ley que vale la pena citar en toda su extensión: En los estados más antiguos, el esclavo era pro- piedad absoluta de su amo, quien podía maltratarlo tanto como quisiera e incluso asesinarlo sin que la ley se interpusiera de ninguna manera. Se dice que la situación era distinta en Egipto (Kalisch), pero la evidencia es por demás insuficiente para aseverar con certeza que el esclavo gozara de algún tipo de protección real y efectiva. En Atenas, sin lugar a dudas, la ley protegía la vida del esclavo; un maltrato moderado bastaba para que el esclavo hiciera uso de sus derechos. Por el contrario, en Roma “el amo podía tratar a su esclavo como bien quisiera, podía venderlo, castigarlo y matarlo” (A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, p. 1036). Era normal que así fueran las leyes, en especial en las naciones orientales. La legislación mosaica ha mejorado enormemente la condición de la población esclava. El siervo hebreo estaba casi al mismo nivel que el jornalero (Lv. 25:40); los esclavos extranjeros, ya sea que fueran prisioneros de guerra o personas compradas en el mercado, gozaban de una importante protección. Por medio de los mandatos de los versículos 26 y 27, la ley controlaba en gran medida la brutalidad de los amos, que tenían que emancipar a sus esclavos si les causaban una herida de gravedad. Por medio del mandato establecido en el versículo 20, la ley protegía de la misma manera, o casi de la misma manera, la vida del esclavo en comparación con la vida del hombre libre. Estaba permitido “golpear” al esclavo a modo de disciplina, sin la cual no podría existir la esclavitud; pero si tal golpiza resultaba en la muerte, como regla general, el acto era punible como cualquier otro homicidio. La única excepción era que el esclavo sobreviviera por algunos días (v. 21). En tal caso, se consideraba que el amo no había tenido la intención de matarlo y que era suficiente castigo la pérdida de su propiedad [es decir, el esclavo].

   Vale la pena citar también el comentario bíblico The Expositor’s Bible Commentary:

   Esta ley no tiene precedentes en el mundo antiguo, donde el amo podía tratar a su esclavo como bien le placiera […]. Este mandato está contemplado junto con el resto de lay en los versículos w. 26-27, que regulaba la brutalidad en contra de los esclavos hasta el punto de afectar al amo […], su bolsillo, […], lo cual significó introducir toda una nueva declaración acerca del valor de la persona del esclavo. Por consiguiente, si el amo provocaba a su esclavo una herida de gravedad suficiente para dañar uno de sus miembros, instantáneamente perdía toda su inversión, ya que el esclavo ganaba la libertad total; o si lo golpeaba de tal manera que le provocara la muerte inmediata, se lo juzgaba por haber cometido un crimen capital (w. 18-19). El propósito de esta ley no era poner al esclavo a merced del amo, sino restringir el poder que el amo tenía sobre él.

   Pensamiento 1. Hay una lección muy práctica que podemos aprender de esta ley y a la que todos necesitamos prestar atención: debemos controlar nuestra ira, el tipo de ira que nos hace querer agredir a otra persona, sea un esclavo, empleado, hijo o amigo. El hombre que sepa controlar su ira será un conquistador en la vida; el que no sepa hacerlo:

  • actuará con necedad;
  • tomará decisiones precipitadas e imprudentes;
  • carecerá de buen criterio;
  • estará lleno de ira y furia;
  • desarrollará una baja autoestima;
  • perderá amigos y las personas lo evitarán.

   “Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo” (Sal. 37:8).

   “El que fácilmente se enoja hará locuras; y el hombre perverso será aborrecido” (Pr. 14:17).

   “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Pr. 19:11).

   “No te apresures en tu espíritu a enojarte; por- que el enojo reposa en el seno de los necios” (Ec. 7:9).

   “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Col. 3:8).

   Comentario 2 del texto complementarioColosenses 4:1. Por medio de una suave transición, sigue la última exhortación de esta lista de deberes domésticos: Amosdad a vuestros esclavos lo que es justo y recto, sabiendo que vosotros también tenéis un Amo en el cielo. Traducido en forma literal, la primera parte diría “Amos, aquello que es justo y aquello que es recto, conceded a los esclavos”. Los amos deben recordar que ellos también tienen un Amo. El centurión elogiado lo entendió así (Mt. 8:5–13, en especial v. 9). Pero el siervo despiadado de la parábola de Mt. 18:23–35 no lo entendió. Así que los amos deben darse cuenta que como los esclavos son responsables a ellos, a su vez ellos tendrán que responder al Señor en el cielo. Si entienden esta verdad, no tratarán ásperamente a sus esclavos. Tendrán que “dejar las amenazas” (Ef. 6:9), y en lugar de ello mostrar la misma consideración para con sus esclavos que ellos esperan recibir de Aquel que ejerce autoridad sobre ellos. Por consiguiente, lo que aquí tenemos es la aplicación de la regla de oro (Mt. 7:12) en las relaciones entre amo y esclavo.

   El resumen de las amonestaciones destinadas a grupos separados termina mencionando al todo suficiente, al preeminente Amo, “el Señor Cristo” (cf. 4:1 con 3:24), porque él es la fuente de la vida de los creyentes, Aquel que está presto a capacitar a cada creyente, a cualquier grupo que pertenezca, para vivir para la gloria de Dios.

   El Cristo todo suficiente es también la fuente de vida para los grupos domésticos. Ellos también deben obtener su inspiración de él, ya que es de él que reciben el poder para hacer lo que es propio y justo, el propósito de hacerlo todo en el nombre del Señor, y el modelo de obediencia.

   En el presente párrafo se les dice a las esposas que sean sumisas a sus esposos; a los esposos que amen a sus esposas; después, que los niños obedezcan a sus padres; y que los padres sean amorosos para con sus niños; y finalmente, que los esclavos obedezcan a sus amos, “no sirviendo al ojo como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo al Señor”; y que los amos rindan a su esclavos lo que es justo y recto, recordando que ellos (los amos) también tienen un Amo en el cielo.

   A causa de su carácter recíproco—admoniciones dirigidas no sólo a las esposas mas también a los esposos, no sólo a los niños mas también a los padres, no sólo a los esclavos mas también a los amos—estas exhortaciones son eminentemente justas. Que el consejo dado en cada caso en justo, se evidencia claramente por su contenido. Se manda a esposas que hagan lo que está en armonía con la forma en que fueron creadas. No se les dice a los niños que hagan lo que se les antoje—lo que sería consejo cruel—, sino que obedezcan a aquellos que más los aman y que están más calificados para saber lo que es lo mejor para ellos. Se les muestra a esclavos el único camino a la libertad verdadera espiritual, a saber, que recuerden en medio de todos sus trabajos que realmente están trabajando “para el Señor”. Lo mismo se aplica a las otras clases mencionadas: esposos, padres y amos.

   Estas amonestaciones fueron dirigidas evidentemente a grupos domésticos de creyentes. ¡Qué pasa cuando el esposo o la esposa o el amo no es creyente? ¿Cuál es la regla en tal caso para el esposo o la esposa o el esclavo? La Escritura no nos ha dejado en la oscuridad en cuanto a esta pregunta. Véase Hch. 5:29; 1 Co. 7:12–16; 1 Ti. 6:1 (cf. el v. 2); Tit. 2:9, 10; 1 P. 2:18–21; 3:1, 2.

   Referencias: Dt. 16.20. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da; Salmo 82:3-4. Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos; Proverbios 21.3-4. Hacer justicia y juicio es a Jehová. Más agradable que sacrificio. Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y pensamiento de impíos, son pecado

Isaías 56:1. Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse.

3er Titulo:

Severidad De La Ley Invalidada Por La Gracia. Versíc. 22 al 25. Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. (San Mateo 5:38 al 45. Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

   Comentario 1: (i). Una de las leyes establecía el castigo que correspondía a la persona que hería a una embarazada (w. 22-25). La mujer embarazada es como un vaso muy especial por lo que contiene: lleva una nueva vida en su vientre, una vida que es preciosa e invaluable para Dios. Nuevamente, el comentario bíblico Pulpit Commentary ofrece una excelente exposición sobre esta ley:

   Mujeres de todos los países, al interferir en las peleas de los hombres, se exponen a sufrir heridas que son producto de un accidente más que de la violencia intencional. […] La legislación mosaica buscaba proteger a la mujer embarazada estableciendo, primero, que si la consecuencia de la herida fuera una muerte, el agresor también debería morir (v. 23); y segundo, que si la consecuencia no fuera más allá de un nacimiento prematuro, el agresor aun así tendría que pagar una multa establecida por el marido de la mujer perjudicada con el consentimiento de los jueces (v. 22).

   Los puntos del bosquejo son claros y no requieren explicación: observe la forma en que la ley protegía la preciosa e invaluable vida del niño (feto) que estaba en el vientre de su madre:

Þ si la herida causaba un nacimiento prematuro, el atacante debía pagar lo que sea que el marido de- mandara y los jueces aprobaran;

Þ si la herida era grave, el atacante debía ser castigado de igual manera:

  • vida por vida, ojo por ojo;
  • diente por diente, mano por mano, pie por pie;
  • golpe por golpe, herida por herida, moretón por moretón (vea Estudio a fondo 3, Ex. 21:24-25).

   El comentario bíblico The Expositor’s Bible Commentary plantea una importante pregunta a la sociedad actual.

   Si la mujer embarazada o su hijo murieran, se invocaba el principio del talíón, que demandaba “vida por vida” (v. 23). Ahora bien, ¿por qué se debería invocar este principio, aunque la muerte fuera accidental, si en el v. 13 se exime de la pena de muerte a la persona que comete un homicidio accidental? La respuesta se halla en dos hechos.

(1) La ley del talíón (w. 23-25) es una fórmula estereotípica que simplemente afirma que el castigo debe ser igual al daño provocado, pero no excederlo […].

(2) Números 35:31 permite que un sustituto pague el rescate por todas las ofensas capitales del Antiguo Testamento, excepto los casos de homicidio intencional y premeditado. Por ende, concluimos que el acusado debe entregar al padre del niño fallecido o al esposo de la mujer herida el valor monetario de cada vida (observe el v. 30) si alguno de los dos o ambos resultaran heridos. La ley del talíón que vemos en los w. 2311-25 impone un límite estricto al número de daños que una persona puede acumular; en términos modernos diríamos: parachoques por parachoques, retrovisor por retrovisor. Nadie intentaba enriquecerse con ese tipo de situación. Considere también que esta también debía ser una regla general para los jueces, no una autorización para vengarse por mano propia o tomar represalias personales (cf Lv. 24:19-20; Dt _ 19:21). 1 1

   Pensamiento 1. En nuestra sociedad actual, la vida está bajo un ataque violento. Lo que Dios diseñó para que fuera el lugar de seguridad y refugio para el niño nonato -el vientre materno- se ha vuelto un lugar de grave peligro. Año tras año, millones de bebés nonatos -inocentes e indefensos- son víctimas del pecado del aborto. Mientras que las especies de animales en riesgo de extinción están siendo preservadas a toda costa, el atroz acto del aborto no solo se está llevando a cabo, sino que la sociedad lo trivializa e incluso gobiernos de todo el mundo lo aprueban.

   ¿Cuál es la prioridad de Dios? La misma de siempre: valorar la vida humana por sobre todas las cosas. ¿Qué piensa Dios de los bebés que están en el vientre de su madre? Las Escrituras nos muestran que Dios está obrando de forma muy activa en el vientre de la mujer embarazada.

   “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 139:13-16).

   “Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí” (Is. 44:2).

   “Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo” (Is. 44:24).

   “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jer. 1:5).

   “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Lc. 1:31).

   “Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo” (Lc. 1:41).

   Cuando el esclavo sufría una herida permanente a manos de su amo, el amo debía liberarlo de inmediato (vv. 26-27; vea pto. 8, w. 20-21). Esta ley impedía que el amo tratara a su esclavo como una máquina de hacer dinero y forzara a su esclavo a producir sin cesar, con tal de obtener más y más ganancias, hasta el punto de hacer que resulte herido de forma irreversible, ya sea por explotarlo hasta dejarlo exhausto o por las golpizas. De nuevo, vale la pena citar el gran comentario bíblico Pulpit Commentary y lo que dice sobre esta ley:

   La ley general sobre la retribución no abarcaba también a los esclavos. Se consideraba que el esclavo, al igual que el niño, no tenía derecho a recibir una compensación por golpes normales y moderados, que eran una contingencia natural de su condición. No obstante, en los casos extremos, cuando un órgano o miembro quedaba herido de forma permanente, se consideraba que el esclavo tenía motivos válidos para reclamar y que merecía una recompensa, pero la idea de que se vengara de su amo infligiéndole la misma herida era inconcebible. Habría puesto al esclavo en una posición falsa, habría provocado prolongados maltratos y habría sido una degradación excesiva del amo. Por lo tanto, la pena para todas las agresiones con daño permanente, incluso la más insignificante, era la emancipación obligatoria del esclavo […].

   Al parecer, el ‘ojo’ es considerado el más preciado de nuestros órganos, mientras que el ‘diente’ es […] menos importante. El principio consistía en que cualquier pérdida permanente de cualquier parte del cuerpo daba derecho al esclavo a obtener la libertad, lo que debió haber restringido considerablemente la brutalidad de los amos.

   Pensamiento 2. En la sociedad, muchos de nosotros ocupamos un lugar de autoridad y muchas veces olvidamos que la autoridad conlleva una gran responsabilidad. Cuando olvidamos cumplir con nuestra responsabilidad, solemos hacer un abuso del poder que nos confiere nuestro cargo, y cuando hay abuso del poder, quienes están bajo nuestra autoridad se llevan la peor parte de nuestra frustración e ira (vv. 26-27). Dios ha llamado a todos los creyentes a ser mayordomos buenos y fieles, y para eso debemos:

  • reconocer que Dios es dueño de todas las cosas;
  • actuar como administradores, no como dueños;
  • buscar lo que es mejor para Dios y para los demás antes que para nosotros mismos;
  • pensar en las posibles consecuencias antes de actuar;
  • mantener un corazón abierto a la comunicación, y no un puño cerrado para tomar represalias;
  • velar por los demás como Jesús lo hubiera hecho y no como nuestra naturaleza caída lo desea.

   “Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo” (Lc. 19:13).

   “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12).

   “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

   “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia” (1 Ti. 6:20).

   Comentario 2: del texto complementario: Mateo 5:38–42. Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, al que te golpea la mejilla derecha, ponle también la otra. Y si alguien quiere ponerte a pleito para quitarte la camisa, déjale también el saco. Y a quienquiera que te obliga a ir una milla, ve con él dos. Al que te pide (algo) dale, y al que quiere pedirte prestado, no se lo niegues. En Ex. 21:24, 25 leemos: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. Lv. 24:20 agrega “rotura por rotura”; Dt. 19:21, “vida por vida”. Esta era una ley para los tribunales civiles, puesta con el fin de terminar con la práctica de la venganza privada. Los pasajes del Antiguo Testamento no dicen: “Véngate personalmente cuando te hacen daño”. Quieren decir exactamente lo opuesto: “No te vengues por ti mismo, sino deja que la justicia sea administrada públicamente”. Esto es claro de Lv. 24:14: “Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que lo oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación”. Cf. Dt. 19:15–21.

   Sin embargo, los fariseos apelaban a esta ley para justificar la retribución y la venganza personal. Citaban este mandamiento con el fin de destruir su propósito mismo. Cf. Mt. 15:3, 6. El Antiguo Testamento repetidas veces prohíbe la venganza personal: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lv. 19:18). “No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará” (Pr. 20:22). “No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra” (Pr. 24:29).

   Entonces, ¿qué quiso decir Jesús cuando dijo: “No resistáis al malo; antes, al que te golpea”, ¿etc.? Cuando las palabras de Cristo se leen a la luz de lo que sigueinmediatamente en los vv. 43–48, y cuando se explica el paralelo de Lc. 6:29, 30 sobre la base de lo que precede inmediatamente en los vv. 27, 28, se ve claramente que el pasaje clave, idéntico en ambos Evangelios, es “Amad a vuestros enemigos” (Mt. 5:44; Lc. 6:27). En otras palabras, Jesús está condenando el espíritu de falta de amor, el odio y el deseo de venganza. Está diciendo: “No resistáis al malo con medidas que surgen de una disposición de falta de amor, implacable, despiadada y vengativa”.

   Una vez que se ha entendido esto, se hace evidente que “volver la otra mejilla” significa mostrar en palabra, actitud y hecho que uno está lleno no del espíritu de rencor sino de amor. Ro. 12:19–21 ofrece un excelente comentario.

Algo semejante vale con respecto a la persona que amenaza por medio de un pleito quitarle a uno la camisa, la túnica usada más al interior, pegada al cuerpo, como pago de una pretendida deuda. Nótese que no es la persona a quien Jesús habla la que está presentando el pleito, sino su oponente (cf. 1 Co. 6:1). Más bien que responder conresentimiento a este pleito, dice Jesús, déjale que se quede también con la túnica exterior.

   Esta túnica era considerada tan indispensable que cuando se tomaba en prenda debía ser devuelta antes de la puesta del sol, puesto que también servía como ropa de cama—con frecuencia la única del pobre—durante el sueño (Ex. 22:26, 27; Dt. 24:12, 13; Ez. 18:7; Am. 2:8). En resumen: No tenemos derecho de odiar a la persona que trata de quitarnos las posesiones. Nuestro corazón debiera llenarse de amor hacia tal persona y este amor debiera revelarse en nuestras acciones.

   El primer verbo en “Cualquiera que te obliga a ir una milla …” se refiere a la autoridad de requisición, de obligar al servicio. Es una palabra tomada del idioma persa, que con toda probabilidad la tomó del babilonio. El famoso correo real persa autorizó a sus portadores que cuando quiera que lo estimaran necesario obligasen a hacer servicio a quienquiera que estuviera disponible y al animal de éste, o sólo al animal. No debía haber demora en el despacho y la entrega de los decretos reales, etc. Cf. Est. 3:13, 15; 8:10. Como ocurre frecuentemente, aquí también, el verbo adquirió un sentido más general de obligar a alguien a prestar cualquier tipo de servicio. Se usa en conexión con Simón de Cirene que fue obligado a llevar la cruz de Cristo (Mt. 27:32; Mr. 15:21). Ahora, lo que Cristo está diciendo es que en vez de revelar un espíritu de amargura o de enojo hacia aquel que obliga a una persona a llevar una carga, ésta debiera tomar la carga con una sonrisa. ¿Alguien te pidió que le acompañaras llevando su carga una milla? ¡Entonces ve con él dos millas! Igualmente, cuando alguien que está en angustia pide ayuda, uno no debe hacerse el sordo. Por el contrario, dice Jesús, dele, no de mala gana ni con amargura, sino generosamente; preste, no egoístamente, con mente usurera (Ex. 22:25; Lv. 25:36, 37), sino liberalmente, magnánimamente. No sólo muestre bondad, sino ame la bondad (Mi. 6:8; cf. Dt. 15:7, 8; Sal. 37:26; 112:5; Pr. 19:17; Hch. 4:36; 2 Co. 8:8, 9).

   Ilustraciones bíblicas del espíritu que Jesús aquí recomienda:

(a). Abraham que se apresura a rescatar a su “pariente” Lot (Gn. 14:14ss), aunque éste se había revelado anteriormente como un sobrino muy codicioso (Gn. 13:1–13).

(b). José, que perdona generosamente a sus hermanos (Gn. 50:19–21) que no lo habían tratado muy amablemente (37:18–28).

(c). David, que perdona dos veces la vida de su perseguidor el rey Saúl (1 S. 24 y 26).

(d). Eliseo, que sirvió pan y agua a los sirios invasores (2 R. 6).

(e). Esteban, que intercede por los que lo apedrearon hasta darle muerte (Hch. 7:60).

(f). Pablo, que después de su conversión escribe Ro. 12:21; 1 Co. 4:12; y 1 Co. 13 ¡y lo pone por obra!

(g). Por, sobre todo, Jesús mismo, que ora: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34; cf. Is. 53:12, última frase; Mt. 11:29; 12:19 y 1 P. 2:23).

   Referencias: Mateo 5:17 al 20. No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos; 1ª Timoteo 3:14-15. Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. (aquí el Apóstol esta validando las Sagrada Escrituras).

   “Texto Romanos 13:3. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.”  

   Comentario del texto: Romanos 13, Versíc. 3. Porque los gobernantes no son un terror para la buena conducta sino para la mala.

   En estos versículos Pablo rebate aquella actitud puramente negativa para con las autoridades civiles, como si siempre estuviesen tratando de hacer lo malo, y como si uno siempre debiera tener temor de ellas. Es cierto, los magistrados castigan, pero bajo circunstancias normales los que reciben el castigo sólo pueden culparse a sí mismos de lo que les sucede. “Los gobernantes”, dice Pablo, “no son un terror para la buena conducta sino para la mala”. Se nota que al decir esto él está personificando a estas dos clases de conducta. Él quiere decir, por supuesto, que los gobernantes no son un terror para los que se conducen correctamente sino para los que se conducen mal. Son estos últimos los que tienen causa para temer.

   Se ha dicho que es extraño que Pablo hablase tan favorablemente de los gobernantes. ¿No había sido él mismo tratado cruelmente por las autoridades civiles? Véase Hch. 16:19–24. Cf. 2 Co. 11:25: “tres veces he sido azotado con varas”. ¿Y no había sido acaso el “gobernador” romano Poncio Pilato quien había condenado injustamente a muerte a Jesús?

   La respuesta que generalmente se da es: “Estas son las excepciones que evidencian la regla”. Aunque puede haber algo de mérito en esta respuesta, ¿no se puede añadir algo más a la misma, algo que destaque más claramente que el apóstol tenía razón cuando dijo lo que consta aquí en Ro. 13:3?

   En el caso de la experiencia que Pablo sufrió en Filipos, cabe decir que las autoridades habían sido inducidas por la multitud, de modo tal que pensaban que en realidad estaban castigando a delincuentes. Más tarde, al darse cuenta de su error, trataron de corregirlo (Hch. 16:38, 39).

   En cuanto a Pilato, una y otra vez él se negó a condenar a Jesús a muerte (Lc. 23:4, 13–16, 20, 22). Finalmente, por razones egoístas, sucumbió a las demandas de los judíos (23:24). Con respecto a este asunto, bien vale notar las siguientes palabras, muy significativas: “Vosotros le entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto dejarle en libertad” (Hch. 3:13).

   La declaración de Pablo que dice que, bajo circunstancias normales, los gobernantes no son un terror para la buena conducta sino para la mala, sigue siendo válida a pesar de todo.

   Volviéndose ahora al creyente individual—nótese el cambio del plural al singular (tu, en vez de vosotros)—el apóstol prosigue:

   ¿Quieres ser libre del temor de aquel que está en autoridad? Haz entonces lo bueno, y recibirás su aprobación.

   Esto no significa necesariamente que la persona que hace lo bueno va a recibir una insignia, cinta o medalla de honor o—hablando en términos de la época de Pablo—un monumento. Pero sí quiere decir que el que está en autoridad se formará una opinión favorable de esa persona de buena conducta y la aprobará, ya sea sólo en su corazón o quizá aún por medio de algún encomio expresado abiertamente. Cf. Ro. 2:29; 1 P. 2:14.

   Definiciones de palabras o frases:

   21.18 Riñen: Se refiere en primer lugar a violencia física y no a discusiones legales o familiares. La traducción de TLA, «se pelean», es preferible, pues no deja lugar a dudas. Y este no muere, sino que después de guardar cama: La propuesta de TLA es aún más clara: «Y lo deja tan herido que deba quedarse en cama». La forma de NVI, «se ve obligado a guardar cama», es también clara, pero se aparta del texto hebreo, que no habla de obligación, sino que asume el reposo como una consecuencia.

 Y muere entre sus manos: Esta expresión es muy fuerte y significa que muere inmediatamente como consecuencia de la acción directa del agresor. Al decir que lo arremete con un palo, pero que muere entre sus manos, está enfatizando la responsabilidad del criminal, quien no podrá escudarse en que fue el palo (un arma) lo que mató a la persona. TLA asume el sentido y dice: «Mueren en ese momento». Más explícito es NBE: «Dejándolo muerto en el instante», mientras que BJ prefiere mantener la cercanía respecto al texto hebreo: «Muere a sus manos». DHH omite traducir esta frase y sólo pone «y lo mata». El traductor debe evaluar cuál de estas opciones es las más adecuada en la lengua receptora. En lo posible, se debe preservar la mención de la mano, pues expresa la identidad del responsable.

21.21 Porque es propiedad suya: Esta frase no tiene problemas de traducción, pero necesita alguna consideración. Debido a que el esclavo sobrevivió algunos días a los golpes, se asume que la responsabilidad por la muerte no corresponde al dueño agresor. Se supone que el esclavo pudo morir por otra causa, y ante la duda, se beneficia al victimario. Esta ley se funda en que se entiende que un dueño no desea la muerte de un esclavo o esclava, pues ha invertido en su compra y perdería un valor significativo. Sin embargo, es probable que la ley funcionara como un modo de tolerar la violencia de los amos contra los esclavos y evitar la condena en caso de muerte.

21.22 Y esta aborta: Literalmente, “son expulsados sus hijos”, cuyo plural complica la traducción. Todas las versiones optan por usar el verbo “abortar”. Sólo TLA usa la forma «pero muere el niño que llevaba en su vientre». El traductor debe indagar si hay un verbo para “abortar” en la lengua receptora, o si se llama “niño” al feto, en cuyo caso puede seguir a TLA.

Lo que les imponga el marido de la mujer: Se asume que las decisiones las toma el varón, y por eso el esposo establece la multa. Recordemos que la palabra que corresponde a marido es la misma que se usa para significar “dueño” o “señor”.

Y juzguen los jueces: Esta frase se puede entender de este modo (RV95, DHH, NBE) o en el sentido de que el importe debe ser aprobado por los jueces (TLA, BJ). La frase de TLA, «siempre y cuando los jueces consideren que lo que pide es justo», expresa bien esta segunda postura y es aceptable.

21.23-25 Pero: Es importante retener esta partícula porque expresa la continuación respecto del versículo anterior.

Vida por vida, ojo por ojo […]: Es la versión bíblica de la llamada “ley del talión”, que indica que la pena a aplicar debe ser equivalente al daño físico producido en la víctima. Si la persona agredida muere, el agresor pagará con su vida. Si éste, en cambio, lastima el ojo de la otra persona, se le quitará el suyo, y así sucesivamente. TLA prefiere hacer explícito este sentido: «Se castigará al culpable haciéndole el mismo daño que le hizo a la mujer». Esta explicación no está en el texto, pero el traductor puede evaluar si es necesaria para la correcta comprensión del pasaje en la lengua receptora (Ver abajo, en la sección sobre Aspectos históricos y literarios, nuestro comentario sobre la ley del talión).

21.26-27 Si alguien hiere el ojo de su siervo […]: Estos dos versículos indican que si el dueño hiere el ojo o un diente de su siervo o sierva (que equivalen a esclavos) deberá darles en compensación la libertad. Dado que los versículos tienen una estructura repetida, TLA opta por unir ambos y traducir el versículo 26, para luego poner en lugar del versículo 27: «La misma ley se aplicará en caso de que le rompa un diente». No entendemos el beneficio de esta modificación del texto.

Debe destacarse que estas leyes son de un alto valor social, pues protegen a los esclavos de los excesos en los que podían incurrir sus amos. Al no establecerse atenuantes —como en el caso del versículo 21—, el amo estaba condenado a perder no sólo la propiedad del esclavo sino el trabajo que potencialmente éste iba a realizar. No encontramos una ley similar en toda la legislación antigua del Cercano Oriente.

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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