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Domingo 30 de agosto de 2020. “El Oro, Símbolo De La Pureza Y Majestad De Dios”

Domingo 30 de agosto de 2020. “El Oro, Símbolo De La Pureza Y Majestad De Dios”

   Lección: Éxodo Cap. 36, versículos 31 al 38. 31Hizo también las barras de madera de acacia; cinco para las tablas de un lado del tabernáculo, 32cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo hacia el occidente. 33E hizo que la barra de en medio pasase por en medio de las tablas de un extremo al otro. 34Y cubrió de oro las tablas, e hizo de oro los anillos de ellas, por donde pasasen las barras; cubrió también de oro las barras. 35Hizo asimismo el velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; lo hizo con querubines de obra primorosa. 36Y para él hizo cuatro columnas de madera de acacia, y las cubrió de oro, y sus capiteles eran de oro; y fundió para ellas cuatro basas de plata. 37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador; 38y sus cinco columnas con sus capiteles; y cubrió de oro los capiteles y las molduras, e hizo de bronce sus cinco basas.

Temas a tratar en esta lección:

[5]. La estructura de madera: simbolizaba estabilidad, sustento y un fundamento fuerte

  1. Cada tabla de la estructura medía 4,50 metros de largo por 0,65 metros de ancho.

1) Hicieron dos espigas en cada tabla (para encastrarlas en las basas).

2) Hicieron todas las tablas de igual manera.

  1. La estructura:

1) Levantaron una pared del lado sur, hecha de 20 tablas.

 El apoyo de las tablas eran unas 40 basas (o bases) de plata.

  • Pusieron dos basas debajo de cada tabla.

2) Levantaron la pared del lado norte con 20 tablas.

  • El apoyo de las tablas eran unas 40 basas.
  • Pusieron dos basas debajo de cada tabla.

3) Levantaron una pared del lado occidental, hecha de seis tablas.

  • Hicieron un poste de dos tablas para las esquinas del lado occidental del tabernáculo: las tablas estaban unidas desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne.
  • En total, el lado occidental llevaba ocho tablas y un apoyo de 16 basas de plata, dos debajo de cada tabla.

4) Hicieron barras o travesaños duraderos:

  • cinco barras para el lado sur;
  • cinco barras para el lado norte;
  • cinco barras para el lado occidental;
  • una barra central que pasaba de un extremo al otro por en medio de las paredes hechas con las tablas;
  • cubrieron las barras con oro e hicieron anillos de oro por donde se metían las barras para sostenerlas.

[6]. El velo interno: simbolizaba la majestuosa santidad de Dios y la separación que había entre Dios y el hombre

  1. Los materiales.
  2. Hicieron cuatro columnas de madera de acacia para sostenerlo y las cubrieron de oro.
  3. La sujetaron con anillos de oro.
  4. Las basas eran de plata.

[7]. El velo externo: simbolizaba la puerta a la presencia de Dios

  1. Los materiales.
  2. Hicieron cinco columnas para sostenerlo y anillos de oro para sujetar las cortinas.

1) Cubrieron de oro sus capiteles y molduras.

2) Hicieron cinco basas (bases) de bronce para las columnas.

   Comentario sobre el oro: Centenas de veces vemos al oro, literal o figurativamente, citado en la Biblia. Su uso era muy común entre los hebreos, tanto por su valor monetario como por su significado espiritual, relacionado a Dios.

    Como es un metal muy valioso, los artefactos del Tabernáculo y del Templo de Salomón, por ejemplo, eran hechos de él, o revestidos. El sentido era que todo lo que fuera realizado para Dios debía ser del mejor material posible. Además de eso, el oro simbolizaba a Dios, por ser durable e inmutable. El oro es muy resistente a sustancias que normalmente tienen efecto nocivo para otros metales. Resistente al agua y al oxígeno, por ejemplo, no oxidándose – actualmente vemos objetos de oro que, aun después de años bajo el agua del mar en naufragios, todavía presentan su forma y su brillo, sumergidos después de siglos. Como el oro prácticamente no cambia con el tiempo, eso es usado para simbolizar el carácter inmutable de Dios.

   Otra simbología importante se debe al modo de purificar el oro. El metal dorado, muchas veces, es encontrado mezclado a otros minerales. Para separarlo de la escoria, es sometido al fuego. Derretido, es separado de las impurezas. Se refina cuando es necesario, pudiendo llegar al 99,9% de pureza. Así como el elemento, el ser humano temeroso de Dios muchas veces es “purificado” por el “fuego”, pasando por pruebas que lo vuelven más resistentes y más unido a Él.

    Un factor más le dio popularidad al oro: la practicidad de fabricarse objetos con él. Por ser un metal considerado “blando”, puede ser moldeado, o son hechas con él películas bastante finas, pero resistentes – la foliación, que garantiza la durabilidad a los objetos que reciben una camada dorada.

Cuanto más es sometido al fuego, más puro es el oro. Cuanto más se somete a Dios, más fuerte es el hombre.

“Proverbios 8:10-12: Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella. Yo, la sabiduría, habito con la cordura, Y hallo la ciencia de los consejos”, versión Reina-Valera 1960.

Salmo 119-127: “Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro”.

Proverbios 16:16: Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; Y adquirir inteligencia vale más que la plata”.

Texto: 1ª de Pedro Cap. 1, Versículo 7. para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

   Comentario del texto: 1:7. Y éstas con el fin de probar su fe—que vale mucho más que el oro, el cual perece a pesar de ser acrisolado por el fuego—, para comprobar que es genuina y así resulte en alabanza, gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.

    Nótense los siguientes rasgos distintivos:

-a. Probar. Pedro parece anticipar la pregunta acerca de por qué el creyente tiene que experimentar pruebas en su vida. El responde: “Con el fin de probar su fe … para comprobar que es genuina”. Una traducción literal del griego leería así: “Para que la prueba de vuestra fe … demuestre ser para alabanza y gloria” (MLB).

   Dios prueba al creyente para ver si su fe es genuina. Por eso le pide a Abraham que vaya al monte Moriah para sacrificar a Isaac (Gn. 22:1–19), y lo hace para probar la fe de Abraham. En el caso de Job, Dios permite que Satanás ataque al creyente (Job 1:6–2:10). La prueba de la fe es algo que demanda tiempo. Pero una vez transcurrido el tiempo y concluido el proceso de comprobación, el resultado se hace patente, a saber, una fe genuina.

   Abraham triunfó en la fe cuando oyó decir el ángel del Señor: “Ahora sé que temes a Dios” (Gn. 22:12). Por la fe demostrada por Job, Dios “bendijo la última parte de la vida de Job más que la primera” (Job 42:12). Es más, Dios duplicó las posesiones de Job. Nótese que la palabra prueba aparece dos veces en el Nuevo Testamento, aquí y en Santiago 1:3; —“la prueba de vuestra fe produce perseverancia”. Cada uno de los escritores usa la palabra para su propio propósito.

-b. Perecer. En tanto que Santiago escribe que “la prueba de vuestra fe desarrolla perseverancia” (1:3), Pedro compara esta prueba al proceso del refinamiento del oro. A lo largo de los siglos el oro ha sido atesorado como un artículo de comercio precioso y estable. “Este metal, tan altamente apreciado, es mencionado 385 veces en la Biblia, más que ningún otro”. El oro sirve como norma para la determinación de transacciones monetarias (véase también 1 Pedro 1:18).

   Pedro afirma que la fe tiene mayor valor que el oro; la fe supera a este artículo de intercambio tan universalmente valorado porque se origina en el cielo y es un don de Dios. La fe es perenne (1 Co. 13:13). En esto contraste con el oro, que eventualmente perece por uso o abuso. Este precioso metal es refinado por medio del fuego en el crisol para quitarle todas las impurezas, quedando sólo oro puro de 24 kilates. Pero Pedro señala que, aunque el oro sea refinado por el fuego, igualmente perece. La obvia implicación de la comparación es que, si el oro perecedero es purificado, ¿cuánto más ha de ser probada la fe perdurable en la vida del cristiano? El creyente manifiesta una fe verdadera al confiar completamente en Dios. Sabe que “Dios suplirá todo lo que [le] falta conforme a sus riquezas gloriosas en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

-c. Manifestarse. ¿Cuál es el resultado de la fe que es probada? Pedro contesta que resulta “en alabanza, gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo”. Pero él no está dando esta secuencia de tres respuestas para embellecer la oración. El creyente proclama su alabanza a Dios en oración, salmo e himno. Tal alabanza incluye la gratitud a Dios por el divino favor que le ha sido concedido mediante Cristo Jesús.

   Los términos gloria y honor aparecen en las doxologías (cf. 1 Ti. 1:17; Ap. 4:11). El creyente tendrá su parte en la gloria y honor celestiales cuando al fin de su vida terrenal entre a la presencia de Jesucristo. Pedro dice que estas tres cualidades están presentes “cuando se manifieste Jesucristo”. No nos dice cuándo regresará Jesús, sino que hace referencia al tiempo designado cuando todo ojo verá a Jesús. Entonces todos los creyentes en el cielo y en la tierra cantarán alabanzas y adjudicarán honor y gloria al Hijo de Dios.

Consideraciones prácticas acerca de 1:7

   El oro es la norma monetaria entre las naciones del mundo y sirve para determinar el valor específico de las monedas en uso. Sin embargo, el valor del oro es fijado por los mercados mundiales. En otras palabras, es el hombre quien determina el precio del oro.

   En comparación, la fe, que es más preciosa que el oro, no se origina en las minas de la tierra sino en los cielos. La fe es refinada en el crisol de las pruebas del hombre. La fe es el don de Dios para el hombre. Es Dios, y no el hombre, el que determina el valor de la fe; y él revela que la meta de la fe del hombre es su salvación (1:9).

1er Titulo:

Barras que unen las tablas, signo de la unión entre Cristo y su iglesia. Versíc. 31 al 34. 31Hizo también las barras de madera de acacia; cinco para las tablas de un lado del tabernáculo, 32cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo hacia el occidente. 33E hizo que la barra de en medio pasase por en medio de las tablas de un extremo al otro. 34Y cubrió de oro las tablas, e hizo de oro los anillos de ellas, por donde pasasen las barras; cubrió también de oro las barras. (Léase San Juan 17:23. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado; ▬ Efesios 4:16. de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.).

   Comentario: [5] (Éxodo 36:20-34) tabernáculo, estructura ▬ símbolos de estabilidad, sustento y un fundamento fuerte:

Luego se levantó la estructura del tabernáculo. Esta estructura de madera simbolizaba estabilidad, sustento y un fundamento fuerte. Las cortinas y cubiertas externas habrían sido totalmente inútiles de no haber tenido una estructura que las sostuviera; el mobiliario y los utensilios del tabernáculo, preciosos y ornamentados, habrían quedado a merced de las condiciones climáticas del desierto. Sin esa estructura, habría sido imposible visualizar el mensaje del tabernáculo:

◘ que Dios es santo y justo, pero también misericordioso y bueno;

◘ que el hombre debe acercarse a Dios de la forma exacta y precisa que él determinó: por medio de la sangre sacrificial del cordero;

◘ que el hombre debe vivir apartado del mundo y llevar una vida de justicia, oración y comunión con Dios.

   Sin estructura, no habría habido tienda, ni santuario, ni lugar santísimo donde Dios pudiera habitar.

  1. Cada tabla de la estructura medía 4,50 metros de largo por 0,65 metros de ancho y tenía dos espigas para encastrarse en las basas. Todas las tablas estaban hechas de igual manera (vv. 21-22).
  2. Consideremos algunos detalles acerca de la estructura que sostenía el tabernáculo.

◘ Los trabajadores levantaron una pared del lado sur, hecha de veinte tablas, apoyada sobre una base de cuarenta basas de plata, dos debajo de cada tabla (vv. 23-24).

◘ También hicieron una pared idéntica para el lado norte, apoyada sobre un fundamento igual al que tenía el lado sur (vv. 25-26).

◘ Luego levantaron una pared del lado occidental, hecha de seis tablas. Esta pared también tenía un poste para sus dos esquinas, hecho de dos tablas que estaban unidas desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne (vv. 27-29). En total, el lado occidental constaba de ocho tablas y un apoyo de dieciséis basas de plata, dos debajo de cada tabla (v. 30).

◘ Por último, los trabajadores hicieron barras (o travesaños) fuertes y duraderos: cinco para la pared del lado sur, cinco para la pared del lado norte y cinco para la pared del lado occidental (vv. 31-32). También hicieron una barra central que pasaba de un extremo al otro en medio de las paredes hechas con las tablas (v. 33). Cubrieron

cada barra con oro e hicieron anillos de oro por donde se pudieran meter las barras para sostenerlas (v. 34).

   Pensamiento 1. Uno de los mensajes más contundentes que nos deja el tabernáculo es el simbolismo de la estructura de madera. Esta estructura era el fundamento y sustento que mantenía en pie y estabilizaba la tienda. Jesucristo es el fundamento de la vida del creyente, el sustento que mantiene en pie su vida y le da estabilidad en su camino hacia la tierra prometida del cielo. Jesucristo da al creyente estabilidad y sustento. El Nuevo Testamento nos dice que los pasajes del Antiguo Testamento que hablan de la Roca o Piedra son profecías que apuntan al Mesías, el Señor Jesucristo (1 P. 2:6).

(1) Jesucristo es el fundamento de la vida, la mismísima Roca sobre la que debemos construir nuestra vida.

(a) Jesucristo es la Roca, la Piedra Angular, un cimiento seguro.

   “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado” (1 P. 2:6).

   “Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure” (Is. 28:16).

(b) Jesucristo es la Roca, el único fundamento que permanecerá.

   “[…] Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca” (1 Co. 3:10-12).

(c) Jesucristo es la Roca de nuestra salvación.

   “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Sal. 95:1).

(d) Jesucristo es la Roca que nos da un suelo firme sobre el cual mantenernos en pie.

   “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Sal. 40:2).

(e) Jesucristo es la Roca que nos protege de las tormentas de la vida.

   “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mt. 7:24-25).

(f) Jesucristo es la Roca que nos protege de todos nuestros enemigos.

   “Dijo Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste” (2 S. 22:2-3).

(g) Jesucristo es la Roca que jamás nos avergonzará.

   “Como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado” (Ro. 9:33).

(h) Jesucristo es la Roca que se mantiene firme y nos dará una seguridad eterna.

   “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Ti. 2:19).

(i) Jesucristo es la Roca sobre la cual él edifica la iglesia.

   “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt. 16:18).

(j) Jesucristo es una Roca sin igual.

   “¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado? Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello jueces” (Dt. 32:30-31).

(2) Jesucristo es fiel y tan fuerte como una roca: nos da un sustento firme y nos estabiliza en nuestro caminar diario por esta vida.

(a) Cristo es el para perdonar nuestros pecados.

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

   “[…] Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

(b) Cristo es fiel para reconciliarnos con Dios.

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

(c) Cristo es fiel para fortalecernos y protegernos del mal.

   “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Ts. 3:3).

(d) Cristo es fiel para librarnos de la tentación.

   “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).

(e) Cristo es fiel para guardamos de flaquear en nuestra fe.

   “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (He. 10:23).

(Í) Cristo es fiel para ayudarnos incluso cuando fallamos en nuestra confianza y fe.

   “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2:13).

(3) Dios mismo es fiel, fuerte como una roca, y nos ayuda en nuestro caminar por esta vida día a día.

(a) Dios muestra su fidelidad en que él guarda sus promesas para con los creyentes.

   “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Dt. 7:9).

   “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo ha faltado” (1 R. 8:56).

(b) Dios es fiel a todas las generaciones.

   “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca” (Sal. 89:1).

(c) Dios es fiel al concedernos la comunión de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

   “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9).

(d) Dios es fiel para darnos refugio y consumar la esperanza que ha puesto delante de nosotros.

   “Para que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (He. 6:18).

(e) Dios muestra su fidelidad en que nos guarda y mantendrá segura nuestra alma hasta el final.

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

   “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 P. 4:19).

    Comentario de Efesios 4:16. Pablo concluye esta sección diciendo, de quien todo el cuerpo, armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura que sustenta, conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular, lleva a cabo el crecimiento del cuerpo con miras a su propia edificación en amor. Como cabeza Cristo hace que su cuerpo, la iglesia, viva y crezca (cf. Col. 2:19). Él es su Cabeza Orgánica. Como cabeza ejerce también autoridad sobre la iglesia; realmente, lo hace sobre todas las cosas en favor de la iglesia (Ef. 1:20–23). Él es su Cabeza Gobernante. Cuando a Cristo se le llama cabeza de la iglesia se hace difícil aceptar que alguna de estas dos ideas esté totalmente ausente, no obstante, a veces una connotación recibe mayor énfasis y en otros casos la otra, según lo indica el contexto.

   Y en pasaje tales como 5:23, 24, ambas ideas (crecimiento y guía) se destacan. En el pasaje presente (4:16) es evidente que el énfasis recae en la relación orgánica. Las palabras usadas muestran una marcada semejanza con las que hallamos en Col. 2:19: “… la cabeza, de la cual todo el cuerpo, sostenido y unido por coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento (que es) de Dios”. El hecho de que el cuerpo humano—que es la figura básica—está, en realidad, “armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura” es una maravilla. Es, sin embargo, sabido por todos, y la ciencia más moderna y sofisticada no lo refuta. El mensaje central de Pablo, tanto aquí en el pasaje de Efesios como en el paralelo de Colosenses es éste, que es a Cristo a quien toda la iglesia debe su crecimiento. Tal como el cuerpo humano, al hallarse debidamente sustentado y unido, experimenta un crecimiento normal, así también la iglesia, cuando cada uno de sus miembros sustenta y mantiene contacto con los demás y sobre todo con Cristo, podrá, bajo el providencial cuidado de Dios (o de Cristo, como es aquí en Efesios: “Cristo, de quien”), avanzar de gracia en gracia y de gloria en gloria (cf. 1 Co. 12).

   Hay, no obstante, dos importantes adiciones en el pasaje de Efesios, puntos que no se enfatizan en el pasaje paralelo de Colosenses.

  1. que el cuerpo está ajustado y unido … conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular. Significa que, en la iglesia, también, cada miembro espiritualmente vivo hace su parte, realizando su ministerio conforme a la habilidad que le otorga Dios. Esta es una hermosa repetición del pensamiento introducido a través de todos los versículos precedentes de esta sección, especialmente los vv. 7, 12, 13.
  2. abandonando la figura básica, cuando todas las “partes” individuales (miembros) cooperan, la iglesia entera crece espiritualmente con miras a su propia edificación en amor. El amor al cual se hace referencia es el mismo que se menciona en el v. 2; véase en ese versículo. Con esta maravillosa palabra Pablo pone término a esta notable sección.

   San Juan: 17: 23. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo reconozca que tú me enviaste, y que los has amado como también a mí me has amado.

   Cuando los creyentes están en Cristo (cf. “que también ellos sean uno en nosotros”, versículo 21), entonces Cristo está en ellos. Esta es la gloria de ellos. Con la frase “la gloria que me diste” Jesús se refiere al hecho de que el Padre se manifestó a sí mismo en el Hijo (“tú en mí”, versículo 21). Con las palabras “yo les he dado” quiere decir que él (o sea, Jesús) se manifestó a sí mismo en la vida de los creyentes. El poder decir, “sólo Cristo vive siempre en nosotros”, es la gloria de ellos.

   Los creyentes se convierten en partícipes de Cristo, y en ese sentido, de la naturaleza divina (cf. 1 Jn. 3:2; 2 Co. 3:18; He. 12:10; 2 P. 1:4). La gloria que Jesús da a los creyentes significa que han llegado a ser una sola planta con él; que él no puede concebirse aparte de ellos; que él es la fuente de todas las bendiciones que ellos recibirán jamás; y que ellos, a su vez, desean y se esfuerzan seriamente de hacer todo para complacerlo.

   Cuando Dios mora en el Hijo, y éste (por medio del Espíritu) mora en aquellos que han confiado en él, entonces, naturalmente, estos creyentes pasan a participar de todas las riquezas que hay en Cristo: perdón, justicia, amor, gozo, conocimiento, sabiduría, etc. Y cuando todos los miembros de la iglesia universal se hayan convertido en partícipes de estas bendiciones, la iglesia, desde luego, será una, como el Padre y el Hijo son uno (véase sobre versículo 21). Y esta es la razón misma de por qué Cristo dio toda esta gloria a los creyentes, a saber, “para que sean perfectos en unidad” (literalmente, “para que puedan ser conducidos completamente a la unidad”).

   La unidad por la que Cristo ruega es más que una unidad ética. Es una unidad tan íntima, tan vital, tan personal, que está modelada según, y basada en las relaciones que existen entre las personas de la Santa Trinidad; es una unidad no sólo de fe, esperanza y amor sino de vida misma. Juntos, los creyentes constituyen un cuerpo, del cual Cristo es la Cabeza excelsa (orgánica y gobernante). Cf. Ef. 1:22, 23; 4:4–6.

   La iglesia, unida así por medio de la Palabra y el Espíritu, ejerce una poderosa influencia en el mundo. Al hablar de esta influencia, Jesús repite virtualmente las palabras del versículo 21 (véase sobre ese versículo), y luego agrega: “… y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. En consecuencia, el propósito adicional que Jesús tiene presente cuando pide la unidad es que el mundo lo considera como el producto del amor del Padre, amor que, prescindiendo de las diferencias en los objetos amados, es el mismo que el que el Padre tiene por el Hijo. En cuanto a la elaboración de la posible diferencia en el significado de los verbos que significan amar, véase sobre 21:15–17.

2° Titulo:

Velo interno, acceso a la presencia de Dios, que Cristo abrió con su muerte. Versíc. 35 y 36. 35Hizo asimismo el velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; lo hizo con querubines de obra primorosa. 36Y para él hizo cuatro columnas de madera de acacia, y las cubrió de oro, y sus capiteles eran de oro; y fundió para ellas cuatro basas de plata. (Léase San Mateo 27:51. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;).

    Comentario: [6]. (Éxodo 36:35-36) Tabernáculo De Moisés ▬ Velo Interno ▬ Santidad De Dios ▬ Separación ▬ Símbolo De La Santidad De Dios Y La Separación Entre Dios Y El Hombre: Luego, los trabajadores confeccionaron el velo interno, que separaba el lugar santísimo del resto del tabernáculo. Recuerde que el lugar santísimo era donde estaba el arca, el trono de Dios. El velo cubría y separaba el arca de Dios ▬su presencia, santidad y misericordia▬ de todo lo demás. Por lo tanto, este velo simbolizaba la majestuosa santidad de Dios y la separación que hay entre Dios y el hombre. Considere los detalles sobre la confección del velo:

♦a. Estaba hecho de un lino elegante y decorado con hermosos hilos de colores. Habilidosos artífices bordaron en él querubines (v. 35).

♦b. Se hicieron cuatro columnas de madera de acacia para sostenerlo y se las cubrió de oro (v. 36).

♦c. Los anillos que lo sujetaban estaban hechos de oro (v. 36).

♦d. Las basas que lo sostenían eran de plata (v. 36).

   Pensamiento 1. Hay al menos tres lecciones que podemos extraer del simbolismo del velo interno.

(1) Dios es santo.

   “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?” (Éx. 15:11).

   “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque Jehová nuestro Dios es santo” (Sal. 99:9).

   “Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Is. 6:3).

   “Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel” (Ez. 39:7).

   “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menos preciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él?” (Hab. 1:13).

   “Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Ap. 4:8).

   “¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (Ap. 15:4).

(2) El hombre es pecador y está separado de la santa presencia de Dios. La oscuridad del pecado ha envuelto su corazón y se ha ligado a la imagen de Dios en su interior, de modo que ha destruido su relación perfecta con Dios. El pecado es lo opuesto a la santa presencia de Dios: en un extremo del espectro está el pecado y en el otro extremo está la santidad de Dios. Jamás serán compatibles.

   “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Ro. 3:10-18).

   “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23).

   “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Jn. 1:8).

   “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5).

   “¿Quién podrá decir? ¿Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Pr. 20:9).

   “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is. 59:2).

   “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is. 64:6).

   “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Is. 64:7).

   “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; se apartó de ellos” (Os. 5:6).

(3) Jesús concilió la gran brecha que había entre la santidad de Dios y el pecado del hombre. E1 es la Entrada, el Velo que el hombre debe atravesar para acercarse a Dios y ser acepto delante de él. Ahora podemos acercarnos a Dios por medio del velo que es Jesucristo.

   “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo [el velo interno] se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron” (Mt. 27:50-51).

   “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9).

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino [la puerta, el velo], y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

   “Para que 1…] tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual [la esperanza del cielo, de ser aceptos delante de Dios] tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (He. 6:18-20).

   “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (He. 10:19-22).

    Comentario San Mateo 27:51. La oscuridad se disipó (27:45). La muerte substitutiva de Jesús trae luz (salvación) a un mundo perdido en pecado, es decir, a todos los que le aceptan por medio de una fe viva. Hubo también otras señales, las que se mencionan claramente aquí en los vv. 51. Y, ¡Fíjese!, el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo.

-a. El velo roto

   En base a Heb. 6:19; 9:3 y 10:20 es natural pensar de este velo como el interior, “el segundo velo”, el que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Esta cortina interior es la descrita en Ex. 26:31–33; 36:35; 2 Cr. 3:14. Según se describe en estos pasajes se habían entretejido hilos de azul, púrpura y escarlata en una tela de lino blanco, de tal modo que estos colores formaban un conjunto de querubines, los ángeles guardianes de la santidad de Dios que parecían cerrar simbólicamente el paso hacia el Lugar Santísimo.

   En el momento de la muerte de Cristo este velo se rasgó repentinamente en dos de arriba abajo. Esto ocurrió a las tres de la tarde, cuando los sacerdotes debieran estar atareados en el templo. ¿Cómo ocurrió? No por desgaste natural, porque en ese caso probablemente se habría roto en diversas partes y la rotura se habría producido más probablemente desde abajo hacia arriba. Tampoco es probable que Mateo esté tratando de dar la idea de que la ruptura del velo fue causada por el terremoto. Si esta hubiera sido su intención, ¿no habría mencionado el terremoto antes de la rasgadura del velo? Lo sucedido debe ser considerado un milagro. No se menciona ningún medio secundario usado para efectuarlo y sería inútil especularlo. En cuanto al significado simbólico, esto queda en claro por dos consideraciones: primero, ocurrió exactamente en el momento en que Jesús murió; en segundo lugar, se explica en Heb. 10:19, 20: por la muerte de Cristo, simbolizada por la rotura del velo, queda abierto el camino al “Lugar Santísimo”, esto es, el cielo, para todos los que se refugian en El.

   La lección práctica véala en Heb. 4:16. Podría haber más que esto implícito, pero si limitamos la interpretación a esto estamos pisando terreno firme.

-b. El terremoto, piedras se parten, sepulcros se abren

   Parece haber una estrecha relación entre estas tres cosas; la segunda y la tercera señal mencionadas probablemente fueran resultado de la primera: la tierra tembló, las rocas se partieron y los sepulcros se abrieron. Esto muestra que la muerte del Salvador tenía—y aún tiene—significado para todo el universo. Por lo menos hasta aquí todo es claro.

   Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1), lo cual sin la muerte expiatoria de Cristo no habría sido posible. Véase C.N.T. sobre Col. 1:20; cf. Ro. 8:21; 2 P. 3:13. Otras ideas— tales como la que dice que ahora las piedras estaban clamando porque ningún discípulo estaba cerca de la cruz alabando al Señor (cf. Lc. 19:40); que el temblor del Calvario fue la respuesta al Sinaí, como si se dijera: “La maldición pronunciada en el Sinaí ahora ha sido quitada”—son demasiado especulativas para tener gran valor. Fue Dios quien hizo que en el momento de la muerte de Cristo la tierra temblara.

   Este terremoto fue grande, porque se formaron grandes fisuras en las rocas y aun los sepulcros se abrieron.

3er Titulo:

El lino utilizado en el santuario es símbolo de la justicia. Versíc. 37 y 38. 37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador; 38y sus cinco columnas con sus capiteles; y cubrió de oro los capiteles y las molduras, e hizo de bronce sus cinco basas. (Léase Apocalipsis 19:8. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.).

   Comentario: [7]. (Éxodo 36:37-38) Tabernáculo De Moisés ▬ Velo Externo ▬ Símbolo De La Presencia De Dios: El velo externo simbolizaba la puerta hacia la presencia de Dios. En el camino desde el atrio hasta el lugar santo se interponía el velo externo, la única entrada hacia la presencia de Dios. No había otro camino. Estaba confeccionado con los mismos materiales que el hermoso velo interno, con la diferencia de que no tenía querubines bordados (v. 37). Tenía cinco columnas que lo sostenían y anillos de oro que sujetaban las cortinas. Los capiteles y las molduras estaban cubiertos de oro, y se hicieron cinco basas de bronce que servirían de apoyo para las columnas (v. 38).

   Pensamiento 1. El velo externo simbolizaba la puerta que nos conduce a la presencia de Dios. En eso consistió el acto más misericordioso que podamos imaginar: Dios proveyó al hombre un camino por el cual entrar en su presencia. El hombre ya no tiene que basar su conocimiento de Dios en suposiciones, ni tantear y tropezarse en la oscuridad, preguntándose si hay un Dios y, si existe, cómo encontrarlo. Dios no está lejos, en el espacio exterior, en algún lugar inaccesible e imposible de descubrir. Él se reveló a nosotros en la persona de su Hijo, el Señor Jesucristo. La entrada a la presencia de Dios no es ninguna otra más que Jesucristo mismo.

(1). Jesús vino al mundo para mostrarnos el camino hacia Dios.

   “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es” (Jn. 10:1-2).

   “Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn. 10:7).

   “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9).

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

(2) Jesús vino al mundo para darnos vida, abundante y eterna, llena de amor, gozo y paz.

   “[…] yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

   “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 16:24).

   “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro. 5:1-2).

   “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Co. 9:8).

   “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gá. 5:22-25).

   “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

   “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

(Encontrará el cuadro de “Tipos, símbolos e ilustraciones” correspondiente a este bosquejo al final del capítulo 26 donde se analizan por primera vez estos elementos del tabernáculo).

   Comentario: Apocalipsis 19:8. 8 Y a ella se le dio lino fino que es resplandeciente y limpio para vestirse»

(porque el lino fino representa las obras justas de los santos).

-a. Fiesta. La exhortación a regocijarse, a alegrarse y a dar gloria a Dios se dirige a todo el pueblo que recibe la invitación a la boda del Cordero. El punto ahora es si el pueblo de Dios se describe como la esposa y como los invitados al mismo tiempo. Pero en el marco simbólico de Juan, las imágenes se superponen, de manera que podemos concluir: «los invitados y la esposa son los mismos». Es decir, las imágenes de Juan se funden una con otra y no deberían interpretarse por separado. La representación simbólica de la boda del Cordero no ha de entenderse de manera literal, porque conduciría a absurdos.

   Juan toma sus expresiones del Salterio: «Este es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él» y «Tributen al Señor la gloria que merece su nombre» (Sal. 118:24 y 96: 8a, respectivamente). Dios no sólo destruye el reino del Anticristo, sino que concede salvación a su pueblo y le otorga el honor de unirse en nupcias a su Hijo. Su pueblo se regocija porque Dios ha eliminado a su enemigo, y expresa su gratitud dándole alabanza y gloria.

-b. Desposorios y boda. Los compromisos matrimoniales y bodas difieren según las culturas y las épocas. El cuadro que Juan muestra al lector es el de un desposorio hebreo que, al cabo de un tiempo dado, va seguido de la ceremonia nupcial. El rito del desposorio une al esposo y a la esposa en una relación de compromiso mutuo, relación que se refrenda en presencia de testigos. Pablo escribe que prometió a la iglesia de Corinto como virgen pura a su esposo Cristo (2 Co. 11:2). El Nuevo Testamento presenta a Cristo como el esposo y a la iglesia como a la esposa.18 También el Antiguo Testamento menciona una relación similar entre Dios y su pueblo (Is. 54:5, 6; 62:5; Jer. 3:20; Os. 2:19).

   En un ambiente hebreo, había un período de espera entre el desposorio y la boda, durante el cual vivían separados (Dt. 22:23–24; Mt. 1:18–19). Durante este período las dos familias involucradas acordaban los términos de la dote. Una vez pagada dicha cantidad, se procedía a la boda. Ese día, el esposo, en procesión acompañado de amigos, conducía a la esposa desde el hogar paterno de ella hasta su propia casa. Ahí se celebraba la fiesta nupcial. William Hendriksen ofrece un breve esbozo de esta secuencia nupcial que aplica a Cristo y a la iglesia.

   En Cristo la esposa fue escogida desde la eternidad. Durante toda la dispensación del Antiguo Testamento la boda fue anunciada. Luego, el Hijo de Dios tomó nuestra carne y sangre: tuvo lugar el desposorio. El precio, la dote, se pagó en el Calvario. Y ahora, después de un intervalo que a los ojos de Dios no es sino un poco de tiempo, el esposo regresa y «Ha llegado, la boda del Cordero». La iglesia en la tierra anhela este momento, lo mismo que la iglesia en el cielo.

   Estoy muy consciente de la brevedad de Juan y del riesgo de agregar algo al texto sin que esté en él. Pero puedo sugerir con confianza que el cuadro de boda que Juan describe debe verse dentro del trasfondo cultural judío de ese tiempo.

-c. Preparación. Juan escribe luego, «Y su esposa se ha preparado». ¿Cómo se prepara para la boda? Juan responde diciendo que se le entrega lino fino, que es resplandeciente y limpio, para vestirse. La esposa se puede preparar sólo cuando Dios le da la ropa nupcial, porque esta ropa es hermosa y pura. Sus propias ropas no son sino sucios harapos, pero Cristo la limpia y se la presenta «sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección» (Ef. 5:26, 27); véase Is. 61:10). Sin embargo, ¿cuáles son las obligaciones de la esposa del Cordero mientras está en la tierra? Estas obligaciones son ser fiel al esposo, mostrarle amor y dedicación y esperar con expectación su venida. Pero las ropas que recibe deben verse como un don incondicional de Dios.   Estas finas ropas que recibe no son sino un acto de gracia que Dios le concede. Y hay más. Los santos que lavaron sus ropas en la sangre del Cordero para emblanquecerlas ahora reciben el nombre colectivo de la esposa.21 Y el lino fino resplandeciente y limpio es el mismo ropaje que llevan los ejércitos del cielo cuando siguen a Cristo en la guerra contra las fuerzas del Anticristo (v. 14).

   Apocalipsis delinea de manera gráfica el contraste entre la gran prostituta, vestida de manera llamativa (17:4), y la esposa del Cordero, que recibe lino fino que es resplandeciente y limpio. La prostituta acaba en la destrucción; por el contrario, la esposa es conducida hasta Cristo para ser su esposa. La mujer vestida del sol y con la luna bajo sus pies que, como símbolo de la iglesia, dio a luz al Hijo (12:1–2, 5) es ahora la esposa del Cordero redimida por el Hijo.

   Por último, los invitados que llegaron al banquete nupcial en la parábola reciben ropas apropiadas, símbolo de pureza y santidad. Pero uno de estos invitados se negó a ponerse esa ropa y por ello fue arrojado fuera (Mt. 22:11–13). De ahí que Juan explica la frase lino fino resplandeciente y limpio como «el lino fino representa las obras justas de los santos».

   ¿Cuáles son estas obras justas que los santos pueden realizar? Pablo arroja luz sobre esta pregunta cuando escribe, «Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica» (Ef. 2:10). Estas obras justas, por tanto, resultan posibles por medio de la gracia de Dios que actúa en el corazón de los santos. Liberados de la esclavitud de Satanás, los redimidos dedican la vida a servir a Dios. Alimentan a los hambrientos, dan de beber a los sedientos, ofrecen hospitalidad a los extranjeros, visten a los necesitados y visitan a los enfermos y encarcelados (Mt. 25:37–39). Cristo bendice estas obras, perfeccionándolas por medio de su justicia perfecta.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.