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Domingo 3 de mayo de 2020 “Falsa Adoración Provoca Indignación En El Siervo De Dios”

Domingo 3 de mayo de 2020 “Falsa Adoración Provoca Indignación En El Siervo De Dios”

   Lección: Éxodo Cap. 32, versículos 15 al 22. 15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. 18Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. 19Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel. 21Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? 22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.

   Referencias Bíblicas: Lucas 16:15. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; más Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. ▬1ª Co. 10:7. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. ▬Gálatas 5:19-21. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 

   Temas a tratar en lección: [3]. La ira justa contra el terrible pecado

-a. Moisés descendió de la montaña y volvió al campamento: llevaba las dos tablas del testimonio de Dios (los diez mandamientos):

1) escritas a ambos lados;

2) escritas por Dios (vea Ex. 31:18; 34:28).

-b. El ruido del jolgorio: era tan fuerte que se podía oír desde lo alto de la montaña.

  1. l) Josué pensó que eran alaridos de guerra o peleas.

2) Moisés simplemente afirmó que era el sonido de cantico y fiestas.

-c. La imagen de la maldad, la adoración falsa y el jolgorio enfureció Moisés.

  1. l) El arrojó las tablas y las quebró.

2) Quemó el becerro de oro.

  • Lo molió hasta reducirlo a polvo.
  • Esparció el polvo sobre las aguas.
  • Hizo que el pueblo bebiera de esa agua.

   [4]. Las vergonzosas excusas por el pecado

-a. Moisés confrontó a Aarón: le pidió explicaciones.

-b. Las cuatro excusas de Aarón: culpó al pueblo y a Moisés.

  1. l) Acusó al pueblo de ser inclinado a hacer el mal.

2) Acusó al pueblo de forzarlo a pecar y a hacer el mal.

3) Acusó a Moisés de haberse ido demasiado tiempo.

4) Dio a entender que había ocurrido un milagro cuando dio forma al oro y surgió el becerro, o más probablemente se haya burlado de Moisés, en rebelión contra su liderazgo.

   Comentario general: c. La ira de Moisés, 32:15–29. Moisés descendió del monte trayendo consigo las dos tablas del testimonio… escritas por ambos lados …y la escritura era escritura de Dios (vv. 15, 16). Los descubrimientos arqueológicos indican que los asirios y babilonios solían escribir sus tablillas por ambos lados mientras que las de los egipcios no eran así. La cultura israelita se acerca más a la de Mesopotamia y de Canaán que a la de Egipto, aunque, en ciertos aspectos, Egipto hizo una fuerte impresión sobre Israel. No obstante, las tablas del testimonio eran únicas: al contrario de la costumbre egipcia estaban escritas por ambos lados, y la escritura era de Dios. El autor acentuó la autoridad del Decálogo, pues fue revelado y grabado divinamente; entonces, el contenido era de Dios mismo.

   Al acercarse al campamento, Moisés y Josué escucharon el estruendo de la fiesta, y al llegar vieron el becerro y toda la actividad corrupta (v. 19a). El texto dice que la ira de Moisés se encendió, y arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte (v. 19b). Más allá de la frustración y el enojo de Moisés, el romper las tablas fue un símbolo de que el pueblo había quebrantado la alianza con Dios. Israel había repudiado la obra de Dios (v. 16). ¡El convenio había sido anulado por la idolatría y el paganismo de la gente! El carácter de Moisés se mostró con gran fuerza; tomó el becerro y lo quemó. Luego lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua, y lo hizo beber a los hijos de Israel (v. 20).

   Parece que estaba hecho de madera y cubierto de oro, y el pueblo bebió la mezcla de las cenizas y el oro molido. La bebida amarga era un castigo y, a la vez, una manera de deshacerse del ídolo. El relato de la conversación de Moisés y de Aarón es gracioso y a la vez trágico. Moisés se dio cuenta del problema de la gente. Sin embargo, ¿cómo pudo haber participado Aarón en el episodio sin haber tenido presión de parte del pueblo? Para excusarse, Aarón echó la culpa sobre el pueblo (v. 22); después culpó a Moisés por la demora en volverse (v. 23); y finalmente, al decir que era un milagro, culpó a Jehovah: Dijo que simplemente arrojó el oro al fuego; y salió este becerro (v. 24). ¡Le había declarado que la fiesta era para Jehovah (v. 5)! Únicamente la Biblia hubiera incluido unas excusas tan ridículas; sin embargo, la evidencia de su culpa y responsabilidad como líder religioso fue condenada aún más seriamente en el v. 25; la desenfrenada locura y frenesí que Aarón permitió llegaron a ser una vergüenza entre los enemigos de Israel. El culto a Jehovah nunca debió haber degenerado en excesos emocionales ni en prácticas inmorales, sino que debió hacerse todo decentemente y con orden (1 Cor. 14:40).

   Fue un momento decisivo. Aunque no hay evidencia en el texto de que algunos se hubieran opuesto al culto falso, es evidente que no todos estuvieron de acuerdo. Moisés hizo un llamado al pueblo a definirse: ¡Quien esté de parte de Jehovah únase conmigo! Y se unieron con él todos los hijos de Leví (v. 26); eran más leales a Jehovah que Aarón. A ellos Moisés les dio la orden de matar a los culpables, fueran parientes o amigos, y aquel día cayeron del pueblo como 3.000 hombres (v. 28).

   Evidentemente no todos los que participaron fueron ejecutados: No murió Aarón, por ejemplo. El hecho de perdonar a muchos fue evidencia de la misericordia de Dios, ya que en aquella época la infidelidad era considerada como un crimen capital. Al mismo tiempo, la fidelidad a la palabra de Dios no era fácil para los levitas. La tarea era sumamente difícil. Sin embargo, debido a la lealtad suprema de los levitas aquel día, el Señor les concedió el derecho del sacerdocio, o el de ser los futuros líderes de Israel (comp. Núm. 25:10–13).

   Aunque la sentencia fue dura, la situación era muy crítica; si sobrevivía el pueblo, si llegaba a cumplir con la voluntad divina, y si alcanzaba finalmente la revelación final de Dios en Cristo Jesús, el pueblo (o un remanente) tendría que aprender la importancia de obedecer las estipulaciones del pacto. Además, el pecado siempre traerá el castigo, aunque exista la posibilidad de la gracia.

   Comentario 2: La falsa adoración y sus frutos Por lo tanto cuando vemos a los modernos adoradores y toda su fanfarria, desparpajo y mundanalidad no podemos menos que decir que esa gente está adorando a Dios en forma incorrecta, carnal y anti bíblica por que la falsa  adoración produce precisamente eso, si los “adoradores de esta moderna adoración” luego de ministrar a Dios siguen mundanos, carnales, vanidosos, inmorales y cada vez con menos ropa, es porque ellos son tan falsos como la adoración que entregan. Hoy tenemos una extraña y extravagante manera de bendecir a Dios y exaltar en los cultos, donde la sencillez, humildad, santidad y temor del Señor se han reemplazado por la extravagancia, la vanidad, la frivolidad, el griterío, la imitación a las cosas del mundo, la carnalidad, bombas de humo, luces sicodélicas, gritos de carnalidad, saltos en la carne, movimientos sensuales, el culto al “yo” y formas grotescas y ridículas que la biblia jamás podrá aprobar y que por el contrario son abominable ante los ojos del Eterno y Santo Dios, Como dijo el gran Maestro; “…porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” Lucas 16:15.

Texto: San Lucas Cap. 19, versículos 45 y 46. Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

   Comentario del texto Bíblico: El Nuevo Testamento relata dos purificaciones del templo. La aquí narrada no puede identificarse con la que se presenta en Jn. 2:13–17. Aquella ocurrió al principio del ministerio público de Cristo, y está al final. Además, las palabras dichas en conexión con la segunda purificación no tienen parecido con aquellas pronunciadas en relación con la primera.

   De la segunda purificación Lucas presenta un relato muy abreviado. Para un relato mucho más detallado uno debe leer Mr. 11:15–19.

   Lucas ni siquiera dice cuando ocurrió esta purificación. Sin embargo, Mr. 11:11, 12, 15 aclara que ocurrió el lunes de la semana de la pasión.

   [45]. Y habiendo entrado en el área del templo, Jesús empezó a echar fuera a los que estaban vendiendo.

   Jesús, pues, ha entrado en el área del templo, es decir, en el atrio de los gentiles. ¡Qué espectáculo lamentable les llega a los ojos, oídos y aun narices! El nota que el atrio está siendo profanado. Parece un mercado. El negocio está floreciente, también lucrativo. Algunos hombres están vendiendo bueyes y ovejas. En esta época del año, con la Pascua tan cerca y los peregrinos llenando los atrios de todas partes, hay muchos compradores. Ellos pagan elevados precios por estos animales para el sacrificio. Es verdad que un adorador puede traer un animal de su propia elección. Pero si lo hace está corriendo el riesgo que no sea aprobado. Los mercaderes del templo han pagado generosamente a los sacerdotes para recibir esta concesión. Parte de ese dinero finalmente llega a las arcas del astuto y rico Anás y del mañoso Caifás. Por lo tanto, es comprensible que los comerciantes y la casta sacerdotal fueran socios en este negocio. Al entrar Jesús, nota el ajetreo de todos estos compradores y vendedores; además, el ruido, la suciedad y el mal olor producido por todos los animales.

¿Podría esto, en algún sentido, ser llamado adoración?

   No es difícil formar un cuadro de la justa indignación que debe haber fulgurado en los ojos de Jesús cuando expulsó a todos los que estaban comprometidos en este infame comercio. No sabemos si también en esta ocasión, como en la primera purificación del templo, él hizo un azote con cuerdas que había por allí y luego lo enarboló para hacer salir a la gente. Una cosa es cierta: Jesús se reveló como el verdadero Señor del templo (cf. Mt. 12:6).

   [46]. Él les dijo: Está escrito: mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

   El relato más completo de Marcos dice: “… casa de oración para todas las naciones”. Las palabras en cursivas no se encuentran en Lucas.

   Las palabras citadas se encuentran en Is. 56:7b y significan que “para todas las naciones (o pueblos)” el templo tenía el propósito de ser un santuario de quieta devoción, oración y meditación espiritual. Véanse además 1 R. 8:29, 30, 33; Sal. 27:4; 65:4; Cf. 1 S. 1:9–18; Lc. 18:10; Hch. 3:1.

   La segunda parte de la declaración: “pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” es comentario de Cristo en el cual pone en contraste el ideal divino de adoración en la forma descrita en Is. 56:7b con la situación presente, condición que hace que Jesús recuerde Jer. 7:11, lo cual cita.

   También en los días de Jeremías, como lo demuestra el famoso discurso del Templo que pronunció el profeta, los judíos estaban oprimiendo a los forasteros, robando, asesinando, etc. Sin embargo, seguían ofreciendo sacrificios en el templo, como si una adoración a Jehová puramente formalista fuera a ser de algún provecho, y como si la sola presencia del templo fuera a protegerlos del derramamiento de la ira de Dios. Fue entonces que Jeremías dijo: “No fieis en palabras de mentira diciendo: ‘Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es éste …’ ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre?” En los días de la peregrinación terrenal de Cristo la historia se estaba repitiendo: nuevamente el templo se había convertido en “cueva de ladrones”, quizás una alusión a cuevas rocosas de los montes de Judea, donde generalmente se reunían los ladrones y salteadores. Los ladrones estaban empujando fuera a los gentiles o “naciones”.

   Las lecciones enseñadas por esta purificación del templo se pueden resumir como sigue:

▬a. Jesús castigó la degradación de la religión e insistió en la reverencia.

▬b. Reprendió el fraude, en el caso presente especialmente el tráfico “religioso” (¿?), y exigió la honradez.

c. Al declarar que el templo debe ser una casa de oración para todas las naciones, dio su apoyo a la maravillosa causa de las misiones cristianas. Cf. 1 R. 8:41–43; Mt. 28:19.

▬d. Por medio de todo esto glorificó a su Padre celestial. ¿No era el templo la casa de su Padre?

   Si es verdad que aun en general la inmensidad inspira temor y la belleza conduce a la adoración, y estando ambas condiciones para despertar estos sentimientos ampliamente presentes en el complejo del templo, como se ha mostrado, y con mucho mayor razón, considerando el hecho de que el Señor había apartado específicamente ese espacio con el propósito de ser dedicado a la oración y la devoción, no era de ningún modo el lugar adecuado para llevar a cabo empresas comerciales, especialmente una fraudulenta como aquella. Por eso Jesús lo purificó.

1er Titulo:

Recomendación de santificación completa, espíritu, alma y cuerpo. Versíc. 15-16. 15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. (Léase 1ª a tesalonicenses 5.23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.).

   Referencias Bíblicas: Dt. 10:4; 31:24; Éx. 34:28; Da. 5:5; Is. 38:9; 1ª Cr. 28:19; Esdras 6:18. (todas estas citas se refieren a las Escrituras). ▬ Jn. 17:17; 1ª Co. 1:30; Ef. 5:26; 4.24; 2ª Ti. 2:21; He. 13:12; 1ª Pe. 1:2; 2a Co. 7:1;

   Cementerio: [3]. (Éxodo 32: 15-20) ira ▬ becerro de oro: En estos versículos vemos la imagen de la justa ira de Dios contra el terrible pecado de Israel.

-a. Después de elevar su oración intercesora, Moisés descendió de la montaña y volvió con el pueblo. Llevaba consigo las dos tablas del testimonio de Dios, los diez mandamientos (vv. 15-16). Este es el único pasaje que nos dice que las tablas estaban escritas a ambos lados (v. 15) y que Dios mismo las había escrito (v. 16). Otro pasaje nos dice que estaban escritas por el dedo de Dios (Ex. 31:18); sin embargo, otro versículo nos dice que Moisés mismo escribió sobre, las tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos (Ex. 34:28). El significado es que, simplemente, Dios inspiró a Moisés para que él escribiera: el Autor de los mandamientos es el Señor, Dios mismo.

   Comentario 2: 1ª a tesalonicenses 5.23. Y que él, el Dios de paz, os santifique enteramente, y sin defecto sea vuestro espíritu, y vuestra alma‐y‐cuerpo sin reproche en la venida de nuestro Señor Jesucristo sea guardado.

   En este pasaje el autor apunta hacia la fuente de poder para el creyente. Es como si quisiera decir, con vuestra propia fuerza vosotros no podéis cumplir los preceptos que os acabo de ordenar. Necesitáis a Dios, el Dios de paz (cf. Ro. 15:33; 16:20; 2 Co. 13:11; Fil. 4:9; 2 Ts. 3:16; He. 13:20), una paz establecida por la cruz, una paz que implica prosperidad espiritual en su más alto sentido (véase sobre 1:1). Que este Dios os santifique, es decir, os separe de la vida de pecado y obre en vosotros el deseo de consagrar vuestras vidas a él (cf. Ro. 15:16; 1 Co. 1:2; 6:11; 7:14; Ap. 22:11; y véase más arriba sobre 3:13; 4:3, 7; también C.N.T. sobre Juan 17:17, 19) enteramente. Este “enteramente” (ὁλοτελεῖς, de ὅλος entero, y τέλος fin) es una palabra rara, que ocurre en el Nuevo Testamento solamente aquí. Es un adjetivo plural, de tal manera que el significado literal de la palabra en conexión con el nombre que modifica es vosotros enteros, esto es, “la totalidad de cada uno de vosotros, cada parte de cada uno de vosotros” (A. T. Robertson, Word Pictures (Palabras ilustradas), Vol. IV, p. 38). M.M., p. 447 indica que tanto aquí en 1 Ts. 5:23 como en el decreto de Epaminondas el adjetivo tiene fuerza adverbial.

   Ahora bien, este proceso de santificación tiene lugar en la vida presente, vale decir, la vida aquí en la tierra. Pablo expresa un deseo estrechamente relacionado que pertenece al día del juicio. Ambos pensamientos constituyen una unidad. El deseo que expresa—que tiene la solemnidad de una oración—es que también “en la venida del Señor Jesucristo” (véase sobre 2:19), cuando otros sean sentenciados a condenación eterna incluyendo tanto sus cuerpos como sus almas (toda su persona), el espíritu de los creyentes de Tesalónica (junto con todos los demás creyentes, por supuesto) sea sin defecto, sí, que su alma-y-cuerpo sea preservado de esta terrible condenación, esto es, sea guardado irreprensiblemente (2:10; cf. 3:13).

   Hasta ahora no hay gran dificultad. La idea principal está clara. El problema aparece al interpretar los detalles. Véase la nota gramatical. Si se desea una contestación a las preguntas, “¿Era Pablo tricotomista?” “¿Está enseñando en 1 Ts. 5:23 que el hombre consiste de tres partes, espíritu, alma, y cuerpo?” debe leerse la nota mencionada.

   La idea de totalidad se enfatiza en todo el pasaje. Queda demostrado por la posición de preferencia que ocupa la palabra “entero” o “sin defecto”, y también por expresiones tales como “enteramente” y “vuestra alma-y-cuerpo”. Aunque determinadas personas de Grecia y Macedonia hubiesen tenido un bajo concepto del cuerpo considerándolo como simplemente una mera prisión de la cual el alma debía ser liberada, y aunque los creyentes de Tesalónica, al hacer duelo por sus amados se sintiesen embargados por la incertidumbre de si sus cuerpos ya sepultados llegarían de alguna manera a participar de la gloria del regreso de Cristo (véase 4:13–18), Pablo asegura a los creyentes que Dios en Cristo es un Salvador perfecto.

2° Titulo:

Celo santo manifestado ante tan grande pecado. Versíc. 17 al 20. 17Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. 18Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. 19Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel. (Léase 2ª a los Corintios 11:2. Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.).

    Referencia Bíblica: Éx. 20:5; 34:14; Dt. 4:24; 29:20; Jos. 24:19; 1ª Re. 14:20; 1ª Corintios 10:22.

   Definición de CELOS En las Escrituras la palabra se emplea en tres sentidos: (1) como intolerancia hacia rivalidad o infidelidad, (2) como actitud que sospecha rivalidad o infidelidad y (3) como hostilidad o envidia para con un rival o para con alguien que se supone goza de ventajas, una sensación de envidia. Dios es celoso para con Su pueblo Israel en el sentido (1), es decir, Dios no tolera dioses rivales (Ex. 20:5; 34:14; Deut. 4:24; 5:9). Una manifestación de que Dios es celoso de Su pueblo es cómo lo protege de los enemigos. De modo que los celos de Dios incluyen vengar a Israel (Ezeq. 36:6; 39:25; Nah. 1:2; Zac. 1:14; 8:2). A Finees se lo describe como celoso con los celos de Dios (Núm. 25:11,13, se traduce “celo por su Dios”). A Elías también se lo caracteriza diciendo que era celoso para con las cosas de Dios (1 Rey. 19:10,14). En el NT Pablo habla de su celo divino por los cristianos de Corinto (2 Cor. 11:2).

   En Núm. 5:11-30 vemos el proceso por el cual el esposo podía poner a prueba a su esposa si sospechaba que esta le había sido infiel. Es frecuente que los celos humanos incluyan hostilidad hacia el rival. Los hermanos de José tuvieron celos (Gén. 37:11) y lo vendieron como esclavo (Hech. 7:9). En Hech. 17:5 un grupo celoso de entre los judíos incitó a la multitud contra Pablo. Los celos, así como la envidia, aparecen en la lista de vicios (Rom. 13:13; 2 Cor. 12:20; Gál. 5:20,21). Se considera que los celos son peores que la ira o el enojo (Prov. 27:4). Santiago consideró que los celos (o la envidia con amargura) son característica de la sabiduría terrenal y demoníaca (3:14) y además la fuente de todo desorden y maldad (3:16).

   Comentario: (continuación título anterior) ▬b. El ruido del festejo y el jolgorio era tan fuerte que podía escucharse desde lo alto del monte (w. 17-18). Josué pensó que eran alaridos de peleas, pero Moisés le informó que era el ruido de cánticos y festas. Recuerde que Dios acababa de hablarle a Moisés sobre el terrible pecado que el pueblo estaba cometiendo (vv. 7-8).

▬c. Al ver la imagen de la maldad, la adoración falsa y el jolgorio, Moisés se enfureció (vv. 19-20). Mientras se acercaba al campamento, lo vio todo: el becerro, los bailes, la gente bebiendo, la borrachera de algunos y la conducta impía e inmoral de todos. Veamos cuál fue su reacción.

1) Moisés arrojó las tablas y las quebró (v. 19). Obviamente, su reacción file producto de una ira profunda, pero también fue un acto deliberado, que simbolizaba que el pueblo no merecía los santos mandamientos de Dios. Habían quebrantado el pacto con Dios, su acuerdo y compromiso a obedecer la santa Palabra de Dios. Por lo tanto, no recibirían la copia escrita de los mandatos.

2) Moisés quemó el becerro de oro (v. 20). Lo molió hasta reducirlo a polvo, esparció el polvo sobre las aguas y dio a beber esas aguas al pueblo. Lo más probable es que haya sido un acto intencional que simbolizaba la desobediencia, inmoralidad e idolatría del pueblo, que los habían vuelto impuros y habían corrompido todo su ser.  

   Pensamiento 1. Hay una ira justificada, una ira justa que se desata contra el pecado y la maldad de este mundo y que debería despertarse en nuestro interior, en todos nosotros y cada vez más. Deberíamos enfurecernos al ver el pecado y la maldad que destruyen a nuestros seres queridos, amigos y el resto de las personas que pueblan el mundo, creadas por la mismísima mano de Dios.

   “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef. 4:26).

   “Y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume” (Jn. 2:14-17).

   “Pues de justicia se vistió como de una corana, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto” (Is. 59:17).

   Comentario 2: 2ª a los Corintios 11:2. Porque el celo que tengo por vosotros, proviene de Dios. Os tengo prometidos a un solo hombre, a Cristo, para presentaros a él como una virgen pura.

▬a. «Porque el celo que tengo por vosotros, proviene de Dios». Por razones de estilo, muchos traductores omiten la palabra griega gar (porque) en esta oración. Sin embargo, esta palabra señala la razón por la que Pablo anima a sus lectores a que lo toleren. Él cuida su gente con celo divino.

   Murray J. Harris observa hábilmente que «el celo humano es un vicio, pero compartir el celo divino es una virtud». El Decálogo contiene registrado el celo, «Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso», como un mandamiento a los israelitas para que sepan bien claro que la idolatría no será tolerada (Éx. 20:5; Dt. 5:9). El celo de Dios por su pueblo produce bendiciones cuando ellos obedecen, y maldiciones cuando desobedecen (Dt. 28).

   Dios le impartió a Pablo celo para que cuidara a su pueblo. El término celo resume la pasión que Pablo tiene por los corintios y su disposición a protegerlos de los ataques de sus rivales. El apóstol demostró el amor intenso que tenía por ellos a través de sus enseñanzas, visitas pastorales, cartas y oraciones en favor de ellos. En calidad de padre espiritual de ellos (1 Co. 4:15), posee un interés personal por los cristianos de Corinto. Los protege como un padre que cuida de cerca a su hija antes de ser entregada en matrimonio a su futuro marido.

▬b. «Os tengo prometidos a un solo hombre, a Cristo, para presentaros a él como un virgen pura». Cada palabra en este segmento está cargada de significado y ha sido escogida con mucho cuidado. Pablo se presenta a sí mismo como un padre que ha buscado y ha encontrado un marido idóneo para su hija, que ya está lista para ser desposada. Él es responsable de la pureza espiritual de la congregación corintia, la cual desea presentarla a Cristo. El Antiguo

Testamento describe a Israel como la novia prometida y a Dios como el novio (p. ej., Is. 50:1; Ez. 16:23–33; Os. 2:19). Además, el Nuevo Testamento menciona con frecuencia la relación espiritual que la novia, la iglesia, tiene con el novio, Cristo (Mt. 9:15; Mr. 2:19; Lc. 5:34–35; Jn. 3:29; Ef. 5:25–32; Ap. 19:7–9).

   Nótese que Pablo dice «os tengo prometidos», lo cual es una traducción del término griego hermosamen. El significado básico de este verbo es «encajar juntos» (de este término se deriva la palabra armonía) y, también, «unir en matrimonio o prometer en noviazgo». La iglesia de Corinto ha sido prometida para casarse, mientras que Pablo sirve como amigo del novio y guardián de la novia. Él desea que la novia sea fiel a su futuro esposo.

   La frase a un solo hombre ilustra la norma divina de la monogamia, en la cual un hombre y una mujer se juran fidelidad. El hombre es Cristo y la mujer es la iglesia corintia. La lealtad de Cristo a la iglesia es perfecta y no es necesario mencionarla; pero la fidelidad de los corintios requiere del cuidado y la protección de Pablo.

   En la cultura oriental de esa época, prometerse en noviazgo era equivalente al matrimonio sin consumarlo. El período de noviazgo duraba un año, durante el cual la novia y el novio se preparaban para la boda. Desde el día en que se convertía en novia, la mujer se volvía legalmente en esposa de su futuro marido, pero continuaba siendo virgen hasta el día de la boda. Además, no se permitía quebrantar el noviazgo. Si esto ocurría, entonces el acto era considerado un divorcio. Solo la muerte podía terminar con el noviazgo. Infidelidad de parte de cualquiera de las partes, era considerada adulterio y recibía la disciplina adecuada. La novia tenía que permanecer virgen, para ser presentada a su marido.

   Por todo ello, Pablo se esforzaba por mantener a la iglesia incontaminada de toda doctrina contraria al evangelio y, así, presentarla a Cristo.

   La última parte de este versículo ofrece augurios para un mejor futuro, en el cual Cristo, en calidad de esposo, y la iglesia, en calidad de novia, estarán juntos en plena comunión. Usando una expresión prestada, el pueblo de Dios ve «sólo una sombra de los bienes que vendrán» (véase Heb. 10:1). Sin embargo, durante su presencia en la tierra, la iglesia debe estar lista para aparecer delante de Cristo sin ninguna arruga o mancha, en santidad y pureza (Ef. 5:27).

3er Titulo:

Llamado de atención por consentir el mal. Versíc. 21 y 22. 21Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? 22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. (Léase Los hechos 5:7 al 10. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.).

   Referencias Bíblicas: Génesis 20:9. Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. Génesis 3.17. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. ▬1ª Samuel 2:29; 13:13; 2ª Sam. 12:7-9; 1ª Reyes 21.20; 2ª Crónicas 24:20; Esd. 10.10-11; Lc. 23:39-40.

   Comentario: [4] (Exodo 32:21-24) excusas ▬ vergüenza ▬ pecado: A continuación, leemos las vergonzosas excusas que intentan justificar el terrible pecado israelita.

-a. Moisés confrontó a Aarón y le pidió explicaciones por su comportamiento (v. 21). Recuerde que Aarón había quedado a cargo del pueblo y, por ende, era el primero que tendría que rendir cuentas por el gravísimo pecado cometido. En un principio, él no estuvo entre los cabecillas de la multitud rebelde, pero se convirtió en su líder desde el momento en que cedió ante la presión de la muchedumbre. Aarón merecía ser repudiado por Dios, castigado y disciplinado con severidad, quizás incluso ejecutado, debido a su participación en el grave pecado israelita. Tenga en cuenta que Moisés lo acusó de haber guiado al pueblo hacia el enorme pecado que cometió (v. 21). Solo una cosa podía salvarlo: un tiempo muy especial de intercesión. En determinado momento, Moisés se apartó a solas con Dios e intercedió específicamente por Aarón (Dt. 9:20).

-b. Lo que sucedió después fue trágico: Aarón puso una excusa tras otra y culpó al pueblo y a Moisés por el terrible pecado del becerro (v. 22-24). Hizo algo que es muy común para el ser humano: echó la culpa a otras personas por su propia mala conducta y su fracaso. Intentó atribuir la falta a los demás y transferir su propia culpa a otros (vea notas de Gn. 3:10-13, pasaje que relata que Adán culpó a Eva, y Eva a la serpiente, por su terrible pecado). Consideremos las cuatro excusas de Aarón.

1) Acusó al pueblo de ser inclinado a hacer el mal (v. 22).

2) Acusó al pueblo de forzarlo a pecar y a hacer el mal (v. 23).

3) Acusó a Moisés de haberse ido demasiado tiempo (v. 23). Le contó que el pueblo empezó a estar inquieto, a cuestionar y a preguntarse qué le había sucedido a Moisés y por qué se había ido por tanto tiempo sin enviar siquiera un aviso para informarles acerca de su demora.

4) Dio a entender que había ocurrido un milagro cuando dio forma al oro y surgió el becerro, o más probablemente se haya burlado de Moisés, en rebelión contra su liderazgo (v. 24). La idea de que haya sido un milagro tal como se lo describe aquí suena muy disparatada y, en particular, es descabellado pretender que otra persona crea semejante idea. Además, si pensamos que Aarón se estaba enfrentando a un acusador, es de lo más improbable que haya planteado una idea tan ridícula esperando que Moisés la creyera. Recuerde que la vida de Aarón, se había visto amenazada (vea notas, pto. 2, de Ex. 32:1-6). Es probable que Aarón pensara que él había hecho lo mejor que alguien podría haber hecho en esas circunstancias. Visto de ese modo, habrá estado cansado de que Moisés lo cuestionará en vez de comprender la situación y, en consecuencia, se habría burlado de él para poner fin a la conversación. 

   Pensamiento 1. No debemos poner excusas por nuestro pecado. Debemos confesarlo y arrepentimos. Dios ha provisto la salvación -el perdón de nuestros pecados-, pero nosotros debemos ser honestos, dejar de echarle la culpa a los demás y hacer exactamente lo que las Escrituras nos mandan: arrepentimos y confesar nuestros pecados.

   “Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 3:2).

   “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lc. 13:3).

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

   “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch. 3:19).

   “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón” (Hch. 8:22).

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

   “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr. 7:14).

   “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).

   “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá” (Ez. 18:21).

   Comentario 2: Los Hechos 5: [7]. Pasando un lapso como de tres horas, entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. [8]. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿en este precio vendieron tú y Ananías el terreno? Y ella dijo: Sí, lo es.

   El relato que hace Lucas es, en realidad, muy esquemático; sin embargo, provee suficientes detalles como para seguir la secuencia sin mayor dificultad. Safira se pone inquieta por la ausencia de su marido. No se sabe cuán lejos estaba su casa del lugar donde se reunían los apóstoles. La cosa es que tres horas después, ella se aparece ante los apóstoles. Nadie le ha dicho nada sobre el trágico fin de su marido; ella misma, cegada por el pecado, no se aparta del camino de engaño que junto con aquél decidieron andar.

   Cuando se dirige a Pedro, aparentemente para preguntarle dónde estaba Ananías, el apóstol le pide que le conteste una pregunta. “Dime”, le dice, y menciona una cifra, “¿este es el monto que tú y Ananías recibieron por la tierra que vendieron?” Quizás la bolsa con el dinero que su marido había llevado estaba ahí, sobre la mesa, y Pedro apuntaba a ella. Ya Safira se había dado cuenta de la ausencia de su marido. Aun así, es difícil creer que tanto este hecho como la pregunta de Pedro le hayan hecho reflexionar en el pecado que ellos habían cometido. Su ceguera espiritual le hizo mantenerse en su actitud pecadora. Por eso afirma que esa es, precisamente, la suma que ella y su marido recibieron por la venta de la propiedad. Con esa respuesta, ella está demostrando no sólo persistencia en el pecado sino ninguna actitud de admitir su culpa. Con su respuesta, sella su propia condenación.

[9]. Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué convinieron los dos en tentar al Espíritu del Señor? ¡Mira! A la puerta están los pies de los que sepultaron a tu marido, y te sacarán también a ti.

   Qué experiencia más triste, especialmente para Pedro, quien se da cuenta que marido y mujer se han puesto de acuerdo para perpetrar una mentira. Le hace una pregunta a Safira, aunque no espera una respuesta. Su pregunta es, en verdad, equivalente a una afirmación definitiva. Nótese que la pregunta apunta al corazón del pecado cometido: “¿Por qué conviniste en tentar al Espíritu del Señor?”

   Dios dio a su pueblo el mandamiento: “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentaste en Masah” (Dt. 6:16). El clásico ejemplo de tentación al Espíritu del Señor es aquel de los israelitas en el desierto de Masah y Meriba. Diez veces tentaron a Dios por lo que se hicieron acreedores a la pena de muerte, la que les fue aplicada mientras aún permanecían en el desierto (por ejemplo, Nm. 14:21–23; Sal. 95:7–11; He. 3:16–19). Cuando fue tentado por Satanás, quien le dijo que saltara desde lo alto del templo, Jesús también recurrió al mandamiento de no tentar a Jehová Dios (Mt. 4:7).

   Sabemos que Lucas presenta una síntesis de los comentarios de Pedro. Escuchando al apóstol, es probable que Safira haya sospechado que su marido había muerto y que su cuerpo había sido retirado para su sepultación. Pedro le dice, usando una descriptiva figura hebraica, que los pies de los jóvenes que sepultaron a Ananías están ahí, a la puerta. El término pies es un modismo en el cual parte del cuerpo representa a toda la persona. Así, los hombres que han servido de cortejo mortuorio para su marido han regresado. Pedro completa la frase, diciendo: “Y ellos te llevarán también a ti”. ¿Es Pedro el ejecutor de Safira? Claro que no. Pedro pronuncia el veredicto y Dios ejecuta el castigo. El caso de Safira difiere del de su marido en que, en el caso de Ananías, Pedro no pronuncia juicio. Nótese, sin embargo, que informa a Safira que aquellos hombres la llevarán a sepultar. Deja a Dios la ejecución de la pena de muerte.

[10]. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró. Cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta, y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.

   En la primera parte de este versículo, Lucas enfatiza la inminencia de la muerte de Safira. Le informa de la tarea de los jóvenes y ella cae muerta a sus pies. De veras que Isaías profetiza acerca del Mesías y lo proyecta en toda su terrible magnificencia: “con el espíritu de sus labios matará al impío” (11:4).

   Los jóvenes tienen que repetir lo que ya habían hecho hacía sólo unas horas: sacan a Safira y la sepultan junto a su marido. De nuevo, Lucas no menciona nada acerca de honras fúnebres o notificación a los parientes.

   La consecuencia de esto es que los creyentes vieron el juicio de Dios cayendo sobre los impíos. Y porque se dan cuenta que fue la obra de Dios para disciplinar, guardaron silencio. El efecto positivo de todo es que Dios quiere una iglesia que se conserve como un bastión de verdad e integridad y en la cual la mentira y la hipocresía no tengan lugar.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.