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Domingo 29 de septiembre de 2019: “Jehová solicitando lo mejor para el tabernáculo”

Domingo 29 de septiembre de 2019: “Jehová solicitando lo mejor para el tabernáculo”

Lección: Éxodo cap. 25, versículos 1 al 9. 1Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. 3Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. 8Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. 9Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.

   Comentario: Los Planos Del Tabernáculo Y Las Leyes Del Sacerdocio La Forma Correcta De Acercarse A Dios Y Adorarlo (Éxodo 25:1 — 31:18). (esto sirve para comprender los capítulos siguientes de la lección de la Esc. Dominical).

   (Éxodo 25:1—31:18): Perspectiva General De La División — tabernáculo — simbolismo — Jesucristo, cumplimiento del simbolismo: El tabernáculo fue el centro de adoración de los israelitas durante su peregrinaje por el desierto. De hecho, era una tienda grande, hermosa y portátil, construida de tal manera que pudiera desmontarse y transportarse fácilmente.

   (1). El tabernáculo fue el centro de adoración de los israelitas por un largo tiempo: casi quinientos años, desde Moisés hasta terminado el reinado de David, cuando se construyó el templo de Salomón.

   (2). La Santa Palabra de Dios dedica una sección extensa al tabernáculo: cincuenta capítulos enteros. El libro de Éxodo habla del tabernáculo y su sacerdocio en trece capítulos. Levítico dedica dieciocho capítulos al sistema sacrificial del tabernáculo. En Deuteronomio, dos capítulos estudian exclusivamente el tabernáculo. En el Nuevo

Testamento, vemos que el libro de Hebreos trata del tabernáculo en cuatro de sus trece capítulos, es decir, en más del 30 % de, la totalidad del libro. Veamos qué proporción del libro de Éxodo está dedicada al estudio del tabernáculo:

   Þ La liberación, de la esclavitud egipcia toma catorce capítulos (Ex. 1-14).

   Þ El peregrinaje del desierto desde el Mar Rojo hasta el monte Sinaí ocupa solo cinco capítulos (Ex. 15-19).

   Þ Israel recibe la ley en tan solo cinco capítulos (Ex. 20-24).

   Þ Las instrucciones, la construcción y el montaje del tabernáculo consta de trece capítulos (Ex. 25-31 y Ex. ).

   (3). El tabernáculo era el centro de adoración para los israelitas, pero también era un elemento que Dios usaba para darles una gran lección gráfica. Era una muy buena herramienta para la enseñanza, un lugar que estaba lleno símbolos, tipos, ilustraciones y sombras que señalaban verdades espirituales para el creyente. El simbolismo del tabernáculo es realmente muy significativo. Sin embargo, cuando examinamos los significados simbólicos, debemos tener cuidado y guardarnos de caer en los excesos en los que han caído tantos intérpretes.

   Þ Hay comentarios bíblicos muy conocidos y respetados que encuentran significados específicos para todos los objetos que se mencionan del tabernáculo. Muchas veces, parece que esos comentarios intentan forzar una interpretación particular sobre un término determinado.

   Þ En el otro extremo del espectro interpretativo, encontramos muchos otros comentarios respetados que se concentran únicamente en el propósito histórico del tabernáculo y admiten muy pocas enseñanzas simbólicas (si es que admiten alguna) del tabernáculo.

   ¿Qué debemos hacer con estos dos excesos? El deber de todo creyente y todo estudioso bíblico sincero es ser fiel a la Palabra de Dios. La Biblia está llena de símbolos, imágenes y sombras que esperan a que alguien las estudie y las enseñe, sin por eso tener que inventarlas. Nuestro objetivo en este volumen será:

  • dejar que la Biblia hable por si misma;
  • dejar que “las Escrituras interpreten las Escrituras”;
  • extraer aplicaciones prácticas, útiles y significativas;
  • estudiar, con el Espíritu Santo como guía, el diseño que Dios le mostró a Moisés.

   (4). El Espíritu Santo de Dios inspiró a Moisés para que escribiera todo lo que el pueblo de Dios necesitaría saber para acercarse a Dios y adorarlo de la forma en que Dios quería. El tabernáculo y su sacerdocio fueron elementos que Dios usó para la enseñanza durante casi quinientos años. Fue una ilustración, una lección gráfica, el foco de atención de la vida israelita, desde los tiempos de Moisés hasta la construcción de templo de Salomón. El pueblo en aquel entonces apenas podía comprender el mensaje, la realidad que, detrás de símbolos y sombras, aguardaba a ser descubierta. Israel tuvo que conformarse con un tabernáculo abstracto e imperfecto, hecho con las manos del hombre. El creyente hoy en día tiene una perspectiva mucho más amplia del gran plan de redención que Dios había expresado en el tabernáculo. Ya no estamos limitados a ver una mera sombra del tabernáculo y el sacerdocio; tenemos frente a nosotros la realidad del mensaje del tabernáculo, a la misma persona a la que el tabernáculo señalaba y anticipaba, al Señor Jesús, a Cristo, el Salvador y Redentor de mundo.

   “Todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Col. 2:17).

   “Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (He. 8:5).

   “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; […] así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:23-24, 28).

   “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. […] Y […] luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de

Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (He. 10:1-5, 9-12).

   (5). El tabernáculo simboliza o ilustra tres realidades esenciales. Esos símbolos e ilustraciones se verán claramente cuando estudiemos cada porción de las Escrituras en particular.

   (a). El tabernáculo simboliza el ministerio de Jesús. Los materiales que se emplearon para edificarlo ilustran la redención que Dios llevo a cabo en Cristo Jesús. Los diversos elementos del mobiliario muestran el gran plan de salvación de Dios para el pecador arrepentido. El tabernáculo de Moisés revela todos los aspectos de la obra de Jesús, el Verbo que se hizo carne y habitó (“acampó” cual tabernáculo) entre nosotros (Jn. 1:14).

   (b). El tabernáculo simboliza el ministerio de la iglesia. Era el centro de adoración en el que Dios moraba y un testimonio para el mundo. Lo mismo es la iglesia. La presencia de Dios y su testimonio habitan en la iglesia de dos maneras:

   Þ El Espíritu de Dios mora dentro del creyente.

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   Þ El Espíritu de Dios habita entre los creyentes -en la presencia misma de los creyentes- cuando dos o tres de ellos se reúnen.

   “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20).

   “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros [plural que hace referencia a la iglesia, el cuerpo o la asamblea de los creyentes]?” (1 Co. 3:16).

   “En quien vosotros [plural, el cuerpo de creyentes] también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2:22).

   (c). El tabernáculo simboliza al creyente cristiano, la persona que sigue a Dios con un corazón genuino. El tabernáculo era la habitación de Dios, el lugar donde moraba la presencia de Dios en la tierra y, por ende, un fuerte testimonio del Señor. El creyente —su cuerpo— es el templo mismo de Dios, el santuario y la morada de la presencia y el testimonio de Dios sobre la tierra.

    “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Jn. 17:23).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Co. 6:16).

   “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).

   “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

   “[…] vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3).

   El sobresaliente expositor de la Biblia Stephen Olford dice lo siguiente acerca del paralelismo que hallamos entre el tabernáculo y el creyente cristiano:

   “La persona entera del cristiano representa, de una forma excepcional, las tres partes del tabernáculo. El cuerpo corresponde al atrio: es la parte externa y visible de nuestra personalidad; es el lugar del sacrificio y la purificación (vea Romanos 12:1-2; I Juan 1:7, 9). El alma responde al lugar santo y, por lo tanto, es aquel aspecto de nuestra personalidad que adora y se regocija en la comunión con otros creyentes, en sentarse a comer a la mesa, caminar en la luz e interceder en oración. El espíritu habla del lugar santísimo del creyente, la vida interna, escondida y más profunda, la comunión personal e individual de quien está cubierto por la sangre (Juan 4:23; Romanos l:9),’ es el lugar de la victoria espiritual. Así, el tabernáculo habla de todo el ministerio del cristiano del Nuevo T estamento”.

   (6). El tabernáculo tenía un gran propósito, que se dividía en dos partes.

   (a). Había un propósito a corto plazo, que era edificar a Dios un santuario donde el pueblo pudiera adorarlo y que permitiera que él habitara en medio de su pueblo.

   “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Ex. 25:8).

   “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel” (Éx. 25:22).

   (b). Había un propósito a largo plazo, que era incitar al pueblo de Dios a poner su mirada en el Mesías prometido, que vendría y seria él mismo la consumación de cada figura del tabernáculo. Gracias a la vida de Jesucristo, el pueblo de Dios ya no tendría que conformarse con un modelo hecho con manos humanas. Cristo Jesús es el verdadero tabernáculo que vino a morar, a “acampar” en medio

de su pueblo, a habitar y vivir entre ellos.

   “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó [como tabernáculo] entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

   “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (He. 1:1-3).

   (7). La palabra que se traduce al español como “tabernáculo” (mishkan) significa morada, tienda, lugar de alojamiento o residencia. La raíz de la palabra significa armar una tienda. La ilustración es gráfica:

   Þ Dios literalmente levantó su tienda, el tabernáculo, en medio de su pueblo, los israelitas.

   Þ Jesucristo levantó su tienda, el tabernáculo de su cuerpo, y vivió y habitó entre nosotros.

   (8). Stephen Olford expone de forma gráfica el mensaje del tabernáculo cuando dice:

   El mensaje que nos enseña el tabernáculo […] puede resumirse en dos enunciados:

Dios se aparece al hombre por la gracia. El hombre se acerca a Dios por la fe.

   Hay un hecho que es muy importante que apreciemos en estos pasajes: al dar las instrucciones para la construcción del tabernáculo, Dios empieza por el arca y termina por el altar de bronce, mientras que, de acuerdo con la práctica religiosa del tabernáculo, el hombre empezaba por el altar de bronce y avanzaba hasta llegar al lugar santísimo y el arca del pacto. Así es el evangelio cristiano.

   El cristianismo es único: es la única religión que afirma que Dios ha tomado la iniciativa de revelarse a sí mismo al hombre. Todas las demás religiones describen la búsqueda del hombre, que intenta hallar el camino hacia Dios. No obstante, habiéndose revelado él mismo al hombre, dejando su trono y humillándose hasta la muerte —y muerte de cruz—, Dios ha llevado a cabo un plan de salvación para que el hombre pueda acercarse a él por la fe. Ese camino sencillo hacia la salvación se ilustra de una forma hermosa en siete pasos, que consideraremos en detalle más adelante.

   Por lo pronto, observemos que el pecador penitente se acerca a Dios por la fe dando los siguientes pasos, ilustrados en los elementos del tabernáculo:

(a). La presentación: la puerta del atrio. Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; […] porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida” (Mateo 7:13-14).

(b). La reconciliación: el altar de bronce. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo […]. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:19, 21).

(c). La separación: el velo externo, la puerta del lugar santo. Hablando con sus discípulos, Jesús dijo: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio” (Juan 13:10). Más adelante, también dijo:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3).

(d). La iluminación: el candelero de oro. Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

(e). La satisfacción del hambre: la mesa del pan de la proposición. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

(f) La intercesión: el altar del incienso. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15).

(g). La comunión: el arca del pacto. “Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (I Juan 1 :3).

   Comentario 2: Los materiales necesarios para edificar el tabernáculo: el llamado de Dios a la mayordomía y a dar voluntariamente y de corazón (Ex. 25:1-9)

   (Éxodo 25:1-9) Introducción _ hombre, necesidades del: Un lugar donde encontrarse con Dios: esa es una de las necesidades más imperiosas del hombre. Cuando el ser humano se ve bombardeado por las dolorosas pruebas y los sufrimientos de la Vida, solo Dios puede ayudarlo. Solo Dios puede ayudarlo a enfrentar los momentos de:

  • soledad y desesperación; • desesperanza e impotencia; • vacío y descontento; 0 desempleo y pobreza; • accidentes y enfermedades- • tentación y pecado; • sufrimiento y dolor; 0 vejez y muerte; • hambre y sed.

   A lo largo de toda su vida, el ser humano necesita la presencia de Dios y la seguridad que solo él puede darle. Necesita la confianza que solo en Dios puede hallar; necesita saber que Dios lo ama, está interesado en su bienestar, lo cuida y lo protege. Sin embargo, el hombre tiene una necesidad aún más básica que todas las anteriores: necesita la paz de Dios y la reconciliación con él. Necesita saber que sus pecados son perdonados, que Dios lo acepta y lo recibirá en el cielo por la eternidad.

   Dios sabe que el hombre tiene estas necesidades. Por eso, él ha establecido un lugar muy especial para su pueblo:

  • un lugar donde él pudiera vivir en medio de su pueblo;
  • un lugar donde habitara una manifestación especial de su presencia;
  • un lugar al que su pueblo pudiera acudir para adorarlo y pedirle ayuda.

   Ese lugar era el tabernáculo. De eso se trata el presente pasaje: Los materiales necesarios para edificar el tabernáculo: el llamado de Dios a la mayordomía y a dar voluntariamente y de corazón (Ex. 25: 1-9).

  1. El arquitecto del tabernáculo: Dios mismo (v. 1).
  2. El proveedor de los materiales: el pueblo (v. 2).
  3. La lista de materiales (vv. 3-7).
  4. El objetivo: construir un santuario para que Dios habitara en medio de su pueblo (V. 8).
  5. Los planos y el diseño del tabernáculo fueron dictados por Dios: solo Dios determina cómo debe acercarse a él el ser humano (v. 9).

   Referencias: 1 Co. 6:19-20; 1 Co. 3:16; Ef. 2:22; He. 3:3; Sal 74:4; Is. 2.3.

“Texto: 1° de Crónicas Cap. 29, versículo 3 Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios”.

1er Titulo:

Dios Enseña A Ofrendar Con Buena Voluntad Y De Corazón. Versíc. 1-2. Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. (Léase 1ª de Crónicas 29:9. Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente. y 17. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente. — Éxodo 36:5 al 7. y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba). 

   Comentario: (Éxodo 25:1) tabernáculo — adoración: El arquitecto del tabernáculo fue Dios mismo. Cuando se planifica y se construye un edificio, la persona más importante es el arquitecto, puesto que él es:

  • el maestro mayor de obras;
  • quien conoce la ciencia, las reglas y los principios de la construcción y la arquitectura;
  • quien sueña y traza los planos del edificio;
  • quien piensa, diseña y elabora los planos de la estructura del edificio;
  • quien supervisa la construcción;
  • quien inspecciona y aprueba el edificio construido

   Más que ninguna otra persona, el arquitecto es responsable por la construcción de un edificio. El determina si un edificio se mantiene en pie o se derrumba, si funciona o si tiene fallas, si no tiene problemas o si está plagado de problemas, si es duradero o si requerirá reparaciones al poco tiempo de haberse erigido, si traerá alegría o decepción a los usuarios.

   El tabernáculo era tan importante -tan imperiosamente necesario para el pueblo de Dios- que Dios mismo decidió ser el arquitecto. No podía dejar el diseño y la planificación de la estructura en manos del hombre. ¿Por qué? Porque el tabernáculo sería:

  • la habitación de su morada entre los hombres, el mismísimo lugar donde se manifestaría su presencia en medio de su pueblo;
  • el lugar especial al que pueblo se acercaría para adorar a Dios;
  • el lugar especial donde el pueblo aprendería sobre Dios.

   Solo Dios sabía qué tipo de edificación necesitaba y quería para manifestar su presencia, para recibir la adoración del hombre y para enseñar al pueblo más sobre sí mismo. Ningún hombre lo sabía. Por lo tanto, Dios mismo tenía que ser el arquitecto.

   “Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno este [Cristo Jesús], cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo” (He. 3:3).

   “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos” (Ro. 11:33).

   “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4).

   “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Sal. 122:1).

   “Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Is. 2:3).

   Comentario 2: (Éxodo 25:2) ofrendas – mayordomía — dar — regalos: ¿Quién debía proveer los materiales para la construcción del tabernáculo? El pueblo. Moisés debía recoger las ofrendas del pueblo, que a su vez debía dar voluntariamente y con generosidad. La palabra “ofrenda” (terumah) expresa la idea de un presente, un regalo que se hace de forma sacrificada, la entrega de un regalo especial, valioso y costoso.

   Recuerde que los israelitas habían sido esclavos en Egipto por unos cuatrocientos años y, como tales, habían adquirido y acumulado pocas riquezas, si es que habían ganado algo siquiera. Sin embargo, ahora tenían recursos suficientes para dar ofrendas para la construcción del tabernáculo. ¿De dónde había venido su riqueza? De los egipcios. Justo antes de liberar a los israelitas, Dios despertó en los egipcios un intenso deseo de deshacerse de ellos, una desesperación tan profunda que estuvieron dispuestos a pagarles solo para que se fueran, de modo que les dieron su oro, plata, y otras riquezas (Ex. 11:2; 12:35-36). Dios se había encargado de suplir las necesidades de su pueblo. Por eso, ahora tenían la posibilidad de ofrendar para construir el tabernáculo.

   El punto es el siguiente: Dios había provisto para el pueblo. Lo que tenían se lo debían a él: tenían dinero -oro, plata y otros bienes_ porque Dios había movido a los egipcios a darles riquezas. Ahora podían devolverle a Dios parte de esas riquezas:

   Þ voluntariamente;

   Þ de forma sacrificada;

   Þ con regalos valiosos y costosos.

   Pensamiento 2. Este pasaje nos deja varias lecciones importantes.

(1) En última instancia, todo pertenece a Dios. Todo lo que tenemos viene de él.

   “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados” (Sal. 50:10).

   “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hag. 2:8).

(2) El mejor regalo que podemos darle a Dios es nuestro corazón entero, totalmente rendido a él.

   “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:19-21).

   “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:24).

   “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

(3) Todos tenemos algo que ofrecer a Dios. No importa lo poco que una persona posea, siempre tendrá algo que darle a Dios.

   “Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales” (Esd. 2:69).

   “Y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, pues no tuvieron qué responder” (Neh. 5:8).

   “Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca” (Mr. 12:42-43).

   “Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Hch. 11:29).

(4) Debemos compartir nuestros bienes con los necesitados.

   “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch. 2:44-45).

   “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).

   “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guar-

dado desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Lc. 18:18-25).

(5) Debemos dar voluntariamente, de una forma sacrificada y con alegría.

   “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,» y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch. 4:34-35).

   “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).

   “Cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado” (Dt. 16:17).

   Referencias: Sal. 50.10; Hageo 2:8; Mt. 6:19-21; 24; Lc. 9:23

2° Titulo:

Debemos Entregar A Dios Los Mas Noble Y Excelente. Versíc. 3 al 7. 3Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

   Comentario: (Éxodo 25:3-7) tabernáculo — construcción — adoración: En el pasaje podemos ver la lista de materiales para el tabernáculo. A lo largo de las Escrituras se nos dice que el tabernáculo está lleno de ricos simbolismos, que señalan en particular a Cristo. Esa es la razón por la que:

  • algunos autores se esfuerzan por hallar en todo un significado simbólico o un tipo;
  • otros autores pasan por alto los símbolos y tipos.

   Cuando examinamos los símbolos y tipos, es sumamente importante ser siempre fieles a las Escrituras. Jamás debemos forzarlas ni distorsionarlas con tal de extraer un significado que no está en el pasaje. Por otro lado, tampoco debemos mostramos tercos 0 reticentes cuando otras personas hacen una interpretación simbólica 0 ven un tipo que no está especificado claramente en las Escrituras. Siempre debemos recordar que, cuando las personas miraban hacia el tabernáculo, Dios quería que pensaran en ciertas verdades espirituales. Cuando una persona veía los metales preciosos, los valiosos materiales y los hermosos colores del tabernáculo, Dios quería que su mente se concentrara en las cosas espirituales. Por consiguiente, vemos en el tabernáculo una riqueza de significados y símbolos que a veces es clara para el ser humano, aunque no está especificada en las Escrituras. Cuando la interpretación simbólica es clara, apunta a la persona de Cristo y a las verdades espirituales. Ahora bien, consideremos los materiales que se emplearon en la construcción del tabernáculo.

   (a). Oro, plata y bronce (v. 3).

      (1) El oro es un símbolo del valor material, de aquello que es preciado y valioso por sobre todas las demás posesiones. En las Escrituras, es un símbolo del gran valor del Señor mismo, de su deidad y justicia.

   “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro [justicia] refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Ap. 3:18).

      (2) La plata es un símbolo de la redención, del rescate de un alma por medio del pago de la expiación.

   “Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Jehová, para hacer expiación por vuestras personas” (Ex. 30:12-16).

   “De un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras” (Nm. 18:16).

     (3) El bronce o cobre es un símbolo de la muerte de Cristo, de que él cargó con el juicio por el pecado del hombre, tal como lo apreciamos en el altar de bronce, el lugar donde se sacrificaba el cordero en holocausto por el pueblo.

   “Harás también sus calderos para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros; harás todos sus utensilios de bronce” (Ex. 27:3).

   “Y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas” (Ap. 1:15).

   (b). Azul, púrpura, carmesí y lino fino (V. 4). Esta combinación de colores fue el principal esquema de colores que se usó en el tabernáculo. Los mismos colores, se mencionan cerca de veinticinco veces solo en el libro de Éxodo.

      (1) El azul es el color de los cielos; por lo tanto, se dice que es el símbolo del carácter celestial de Cristo.

   “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (He. 7:26).

      (2) El púrpura es el color de la realeza; por lo tanto, es un símbolo de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.

   “Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!” (Mr. 15:17-18).

   “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap. 19=16).

      (3) El carmesí (rojo) simboliza el sacrificio e ilustra toda la escena del sacrificio y la redención. Jesucristo es el Cordero de Dios, Aquel que fue ofrecido en sacrificio para quitar los pecados del hombre.

   “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:11-14).

   “Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado” (He. 9:19-20).

   “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos” (He. 9:23).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

      (4) El lino blanco simboliza pureza y justicia: la pureza, justicia y santidad de Dios y la pureza y justicia que Dios exige.

   “Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas [justicia], con coronas de oro en sus cabezas” (Ap. 4:4).

   “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas [justicia], y con palmas en las manos” (Ap. 7:9).

   También se utilizó pelo de cabras (izzim) (v. 4) para hacer la cubierta de la tienda (vea Ex. 26:7). Estas cortinas de pelo de cabra muy probablemente hayan sido de color negro. Se unieron unas once cortinas para hacer una cortina extensa que cubriera la tienda. Parece haber un simbolismo directo entre el pelo de cabra y la relación de Cristo con el pecado: es un símbolo que señala que Cristo es la persona designada por Dios para cargar con los pecados del mundo. Stephen Olford comenta lo siguiente sobre el significado de la cabra en las Escrituras:

   […] En las Escrituras, la cabra se menciona en relación con los pecadores y la ofrenda por el pecado [expiación]. Leemos a lo largo de la Biblia: “Tomad un macho cabrío para expiación” (Levítico 9:3);

   “Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación” en el gran día de la expiación (Levítico 16:5-28); “Y un macho cabrío en expiación se ofrecerá a Jehová” (Números 28:15); “Y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”, que representan respectivamente a los salvos y a los perdidos en el juicio a las naciones (Mateo 25:32). De modo que es bastante claro que la tienda de pelo de cabra habla de que el Señor Jesús es quien cargaría con el pecado de la humanidad por designio divino.

   Pensamiento 1. Jesús se convirtió en el chivo expiatorio del mundo. En lugar de permitir que el aguijón del pecado siguiera amenazando a los pecadores, Cristo se ofreció a sí mismo como Sacrificio, como el Sustituto y Salvador del mundo, quien cargó con el pecado de todos los pueblos de todas las generaciones.

   “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is.- 53:12).

   “El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).

   “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

   (c). Pieles de carneros teñidas de rojo (v. 5). El comentario bíblico The Expositor ‘s Bible Commentary describe estas pieles de carneros de la siguiente manera: “[eran] pieles a las que se les quitaba la lana y luego se las teñía de rojo; eran parecidas a lo que nosotros llamamos cuero marroquí”. El propósito de estas pieles de carnero teñidas era servir como cobertura protectora de la tienda. Se la extendía entre la capa de pelo de cabras y la de pieles de tejones o marsopas (vea Ex. 36: 19).

   (d). Pieles de tejones (marsopas) (v. 5). El origen de esta cubierta externa para el tabernáculo probablemente haya sido el Mar Rojo.3 Era una piel duradera y resistente a los cambios climáticos, ideal para proteger la tienda del calor del sol, las lluvias torrenciales y las despiadadas tormentas de arena que azotaban el desierto. 

   (e). Madera de acacia (v. 5). Acacia o Sitim era una región de las llanuras de Moab, a una corta distancia al noreste del mar Muerto. La madera de acacia provenía de un árbol que Florecía en el desierto. Era una madera extremadamente dura y resistente, de un color que mezclaba tintes marrones y naranjas. Durante el período del Antiguo Testamento, estos árboles eran muy abundantes, ya que crecían en arboledas a orillas de corrientes de aguas de curso rápido. Era la elección del artesano por excelencia para construir muebles, debido a su durabilidad. La Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento hebreo) traduce “acacia” denominándola la madera “incorruptible”.

   Pensamiento 2. En un mundo lleno de corrupción, Jesucristo es la única persona incorruptible. Así como el árbol de acacia habla de durabilidad y fuerza, Jesús es el arquetipo de la durabilidad y la fuerza. Cristo es el único Hombre que reúne la fuerza suficiente para:

  • vivir una vida libre de pecado y quitar nuestros pecados;
  • derrotar al pecado y la muerte en la cruz.

   “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   (f). Aceite para el alumbrado (v. 6). El aceite se obtenía triturando aceitunas de los árboles de olivos y sería necesario para mantener encendida la luz del santuario de fonna continua en el candelero de oro (vea Ex. 27:20). A lo largo de las Escrituras, vemos que el olivo es símbolo de plenitud y productividad, uno de los árboles más importantes para el pueblo. Por consiguiente, el aceite es un símbolo de la plenitud y la abundancia del fruto del Espíritu de Dios, un símbolo de la unción del Espíritu de Dios.

    “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Jn. 2:27).

   “Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” (Jueces. 9:9).

   “Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre” (Sal. 52:8).

   “Olivo verde, hermoso en su fruto y en su parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de recio estrépito hizo encender fuego sobre él, y quebraron sus ramas” (Jer. 11:16).

   “Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano” (Os. 14:6).

   (g). Especias para el aceite de la unción y el incienso de la unción; vea en Éx. 30:34-38 las cuatro especias que se utilizaban para la preparación del incienso).

   (h). Piedras de ónice (v. 7). Estas piedras eran semipreciosas y su color es incierto. Las Escrituras especifican claramente su propósito: adornar el efod y el pectoral de los sacerdotes (vea en Ex. 28:6-25 más información sobre el propósito de estas piedras). La palabra hebrea que traducimos como “ónice” (shoh-ham) proviene de una raíz que significa destello de esplendor. En dos piedras de ónice se grababa el nombre de las doce tribus de Israel para ilustrar que, a los ojos de Dios, su pueblo resplandecía con el esplendor de piedras preciosas.

   (i). Piedras preciosas para el efod y el pectoral de los sacerdotes (v. 7).

   Tipos, Símbolos e Ilustraciones: (Éxodo 25:1 al 9):

   Término Histórico: Pieles de tejones (marsopas) (Éxodo 25:5).

   Tipo de Ilustración: (fundamento Bíblico de cada uno): Las pieles de tejones o marsopas servían como escudo protector para el tabernáculo. Eran una cobertura externa que protegía la tienda de las despiadadas tormentas de arena, del agobiante calor del sol y de las lluvias esporádicas. La protección que proveía frente al clima hostil del desierto simbolizaba la separación entre Israel y el mundo, la protección del pueblo de Dios.

    “E hizo para la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y otra cubierta de ‘pieles de tejones encima” (Ex. 36:19).

   Aplicación para la vida del creyente hoy en día:

   (a). Jesucristo protege al creyente del mundo. Nos protege de: • el vacío; • la soledad; • el miedo; • la culpa;

  • el pecado; • la maldad; • la muerte.

   (b)Jesucristo es la barrera que nos separa y protege del mundo. Él nos guarda de los peligros y las tentaciones del mundo:

  • santificándonos y apartándonos para Dios;
  • santificándonos con su Palabra;
  • cuidando de nosotros, velando por nosotros con su mirada de amor;
  • rodeándonos con su presencia.

   “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2).

   “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:14-17).

   “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn. 15:19).

   “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4).

   “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado

con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (He. 11:24-25).

   “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en el” (1 Jn. 2:15).

   Término histórico

   Piedras de ónice (Éxodo 25:7)

      Tipo o ilustración (fundamento bíblico de cada uno)

   ÞLas piedras de ónice estaban colocadas en el efod que vestía el sumo sacerdote cuando ministraba al Señor

en el tabernáculo. Simbolizaban que el sumo sacerdote representaba al pueblo de Dios y cargaba sobre sí mismo el nombre de todos ellos delante de la presencia de Dios, para intervenir como su mediador e intercesor.

   “Piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral” (Ex. 25:7).

   Aplicación para la vida del creyente hoy en día:

   ÞA los ojos de Dios, su pueblo resplandece con un esplendor tan precioso como el de invaluables piedras preciosas. Jesucristo, nuestro gran sumo sacerdote, siempre intercede por nosotros y lleva sobre sí mismo el nombre de los creyentes delante de Dios. Las personas deben presentar sus necesidades a Cristo para que él pueda actuar como su Mediador delante de Dios.

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que tras paso los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He. 4:14-16).

   “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré pues, hombres por ti, y naciones por tu vida” (Is. 43:4).

   “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Ex. 19:5).

   “Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya” (Sal. I35:4).

   Referencias: Sal. 50.10; Hageo 2:8; Mt. 6:19-21; 24; Lc. 9:23

3er Titulo:

Propósito Del Altísimo, Que Nuestro Corazón Sea Su Morada. Versíc. 8-9. 8Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. 9Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis. (Léase 1ª a los Corintios 6:19 -20. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios; — 2ª a los Corintios 6.16. ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo.).

   Comentario 1: El (Éxodo 25:8) tabernáculo — adoración — Dios, presencia de: El propósito principal por el que Dios mandó a edificar el tabernáculo era habitar de una forma muy especial en medio de su pueblo.

   La palabra “santuario” (miqdash) significa lugar santo, consagrado, santificado o apartado para Dios. Dios quería que el tabernáculo fuera un lugar santo y consagrado:

  • que estuviera santificado o apartado para Dios;
  • que el pueblo contemplara sabiendo que era un lugar donde Dios moraba de una forma muy especial;
  • donde Dios pudiera habitar de una forma especial en medio de su pueblo;
  • donde Dios pudiera encontrarse con su pueblo y su pueblo pudiera encontrarse con él;
  • donde el pueblo adorara a Dios, recibiera el perdón de Dios y rindiera su vida a él.

   Observe que Dios tomó la iniciativa de forjar una relación con Israel. El anhela estar en íntima comunión con su pueblo. ¿Cómo puede lograrlo? Creando un lugar especial donde pueda encontrarse con ellos y adonde ellos puedan acudir a encontrarse con él. Para los israelitas de la antigüedad, ese lugar fue el tabernáculo, el santuario de Dios.

   Pensamiento 1. Hoy en día, el cuerpo del creyente es el templo y santuario de Dios. Por lo tanto, debemos santificar y apartar nuestro cuerpo para vivir en santidad y justicia. Nuestro cuerpo debe ser un santuario adecuado, un “lugar santo” donde el Espíritu de Dios pueda vivir (vea bosquejo y notas de 1 Co. 3:16, acerca de la iglesia como templo de Dios).

   “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Co. 3:16-17).

   “Y vosotros [sois] de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Co. 3:23).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

   “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

   “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Lv. 11:45).

   “Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (Lc. 1:74-75).

   “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14).

   “Si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

   Comentario 2: (Éxodo 25:9) tabernáculo _ adoración: El modelo y el diseño del tabernáculo fue dictado por Dios. Solo él determina cómo debe acercarse a él el ser humano.

   Este es el primer pasaje de las Escrituras en el que encontramos la palabra “tabernáculo” (mishkan), que significa morada, habitación, residencia, tienda. Las Escrituras ilustran a Dios levantando su tienda en medio de su pueblo para habitar y vivir de una forma especial con ellos. Tenga en cuenta que el tabernáculo es la tienda de Dios, su residencia. El punto es categórico: puesto que el tabernáculo es la residencia de Dios, solo él tiene el derecho a planificar y diseñar tanto la tienda como todo su mobiliario. Eso es exactamente lo que dice el pasaje: “conforme a todo lo que yo te muestre, […] así lo haréis”, es decir, “yo les mostraré los planos y el diseño”.

   Pensamiento 2. La aplicación de este pasaje es clara: el tabernáculo era el lugar donde las personas se acercaban a Dios, donde acudían para encontrarse con él. Solo Dios determina cómo deben acercase a él las personas y hay una sola forma de hacerlo: por medio de su Hijo, el Señor Jesús.

   “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn. 3:16-18).

   “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? [Solo] tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

   “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy [él], en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).

   “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9).

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

   “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).

   Pensamiento 3. Dios descendió a la tierra para habitar entre nosotros en la persona de Jesucristo. En Cristo, Dios se ha acercado al hombre. Ahora podemos acercamos a él acercándonos a Cristo y Dios puede salirnos al encuentro cuando nos acercamos a él por medio de Cristo. Dios y el pueblo se encuentran en el santuario, que es la santa persona de su Hijo, Señor Jesucristo.

   “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14; vea Ju. 2:19-22).

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).

   “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co. 3:11).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:11-14).

   Referencias: 1 Co. 3:16-17 y 23; 1Co. 6:19-20; 2Co. 7:1; Hebreos 9:11 al 14.

   Comentario del Texto: 1° de Crónicas Cap. 29, versículo 3 Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios.

   Lo que se haga en obras de piedad y caridad debe realizarse voluntariamente y no por obligación, porque Dios ama al dador alegre. David dio un buen ejemplo. David ofrendó, no por obligación ni para exhibirse, sino porque había puesto su afecto en la casa de Dios y pensaba que nunca haría bastante para fomentar esa buena obra. Quienes quieran atraer a otros al bien, deben ir adelante ellos mismos.

   29.1 Salomón tomó el trono en 970 a.C. 29.1 Es posible obsesionarse con la construcción del edificio de una iglesia y descuidar la iglesia real: el pueblo de Dios. Pero también es malo lo opuesto: olvidarse del edificio de la iglesia. David aclaró este punto cuando dijo del templo: “Porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios”. Si bien debemos evitar las extravagancias costosas, debemos recordar que todo edificio de una iglesia es un testimonio visible de Dios. ¿Cómo puede ser usado mejor el edificio de su iglesia para hablar al mundo acerca de Dios? 29.3-5 David dio de su fortuna personal para el templo. Alentó a los demás para que siguieran su ejemplo, y lo hicieron con gusto. Tanto el tabernáculo (Éxodo 35.5-36.7) como el templo fueron construidos con las ofrendas voluntarias del pueblo. Podemos hacer como David y reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios (29.14-16). Quizá no tengamos la riqueza de David, pero podemos desarrollar su disposición de dar. Lo que tenemos no es lo que cuenta delante de Dios, sino nuestra disposición para darlo. 29.6-9 Estos líderes mostraron una actitud correcta hacia su dinero al darlo con gozo para la obra de Dios. Esta actitud está descrita por Pablo en 2ª a los Co 9:7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Cuando somos generosos porque estamos agradecidos, nuestra actitud puede inspirar a otros. Dé con generosidad para la obra de Dios. 29.15 David hace un contraste entre la naturaleza eterna de Dios y las vidas fugaces de los miembros de su pueblo. Nada perdura a menos que tenga sus raíces en el carácter inmutable de Dios. Si nuestros hechos más destacados se desvanecen como polvo delante de Dios, ¿dónde depositaremos nuestra confianza? Sólo en una relación con Dios podemos encontrar algo permanente. Su amor nunca desaparece ni nada nos lo podrá quitar. 29.19 “Corazón perfecto” significa estar enteramente dedicado a Dios. Esto es lo que David quería para Salomón: Que él deseara servir a Dios por encima de todo. ¿Encuentra difícil hacer lo que Dios quiere o más difícil aún querer hacerlo? Dios puede darle un corazón perfecto. Si cree en Jesucristo, esto ya está sucediendo en usted. Pablo escribió: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Flp 2:13). 29.21 La libación era una pequeña cantidad de vino que debía ser derramada en los sacrificios que se hacían a Dios como reconocimiento de que El proveía para su pueblo. 29.25 Salomón superó la riqueza y el honor de su padre. El legado de David se originó en su relación vital con Dios, y dio sus valores espirituales como herencia a Salomón. El dinero y el poder que dejamos a nuestros hijos son menos importantes que el legado espiritual que podemos darles. ¿Qué clase de herencia recibirán sus hijos? 29.29 Un vidente era alguien que recibía mensajes de Dios para la nación por medio de visiones o sueños. 29.30 El primer libro de Crónicas ilustra vívidamente la importancia de mantener una relación con Dios. Las genealogías de los capítulos 1-9 enfatizan la necesidad de una herencia espiritual. La segunda parte del libro detalla la vida de David. Pocos hombres o mujeres de la Biblia estuvieron tan cerca de Dios como David. Su contacto diario con Dios incrementó su capacidad de adoración y fortaleció su deseo de construir el templo de Dios. La vida de David nos muestra la importancia de permanecer cerca de Dios: por medio del estudio y la obediencia a su Palabra y la comunicación diaria con El. El segundo libro de Crónicas, por otro lado, revela cuán rápido pueden deteriorarse nuestras vidas (en lo espiritual, mental y social) cuando no podemos permanecer en contacto con Dios. PRINCIPIOS POR LOS CUALES VIVIR El rey David dio a su hijo Salomón los principios para guiarlo a lo largo de su vida (véase 1Cr 28:9-10). Estas mismas ideas son las que cualquier padre cristiano quisiera presentar a su hijo: 1. Conocer a Dios personalmente. 2. Aprender los mandamientos de Dios y descubrir lo que Él quiere que usted haga. 3. Adorar a Dios con corazón perfecto. 4. Servir a Dios con un ánimo voluntario. 5. Ser fiel. 6. No desalentarse.

Amen, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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