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Domingo 29 de noviembre de 2020“Instalación Del Tabernáculo Para Adorar A Dios”

Domingo 29 de noviembre de 2020“Instalación Del Tabernáculo Para Adorar A Dios”

   Lección: Éxodo Cap. 40, versículos 17 al 23. 17Asi, en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fue erigido. 18Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y coloco sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. 19Levanto la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo, como Jehová había mandado a Moisés. 20Y tomo el testimonio y lo puso dentro del arca, y coloco las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca. 21Luego metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo extendido, y oculto el área del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés. 22Puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la cortina, fuera del velo, 23y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés.

TEMAS A TRATAR EN ESTA LECCIÓN:

[2]. La obediencia de Moisés: hizo todo lo que Dios le había mandado»

♦a. Erigió el tabernáculo el primer día del primer mes del segundo año.

1) Asenté las basas, coloco las tablas, puso las barras y alzo las columnas.

2) Levanté la tienda sobre el tabernáculo y puso la cubierta sobre la tienda.

3) Hizo todo tal come Dios se lo había mandado.

♦b. Puso el testimonio (los diez mandamientos) dentro del área: colocó las varas en el área y el propiciatorio sobre ella.

♦c. Metió el arca en el tabernáculo

1) extendió el velo interno;

2) oculté el área del pacto;

3) hizo todo como Dios se lo mando.

♦d). Puso la mesa en el tabernáculo de reunión.

1) la puso del lado norte por fuera del velo interno;

2) puso sobre ella el pan delante del Señor;

3) hizo todo como Dios se lo mandó.

   COMENTARIO GENERAL DE LA LECCIÓN: [2]. (Éxodo 40: 17-23) tabernáculo de Moisés ▬ obediencia ▬ fidelidad: Ante las instrucciones de Dios, Moisés respondió con obediencia: hizo todo lo que Dios le había mandado. Este es uno de los puntos y temas principales de este capítulo: la obediencia a Dios. Moisés hizo todo tal como el Señor se lo había ordenado. Este pasaje menciona su obediencia ocho veces, después de cada uno de los pasos para montar el tabernáculo (vv. 16, 19, 21, 23, 25, 27, 29, 32). En este pasaje de las Escrituras, podemos ver una y otra vez la sabiduría de Dios al escoger a Moisés. Dios no necesitaba:

◘ un hombre que titubeara entre una y otra postura;

◘ un hombre que bien pudiera no seguir sus instrucciones;

◘ un hombre que bien pudiera no terminar la obra.

   Dios necesitaba un hombre precisamente como Moisés, que fuera fiel, le obedeciera y siguiera sus instrucciones.

Dios necesitaba un hombre que hiciera exactamente lo que él le dijera y ese hombre era Moisés.

-a. Moisés levantó el tabernáculo siguiendo todas las instrucciones de Dios al pie de la letra: lo hizo en el primer día del primer mes del segundo año de su peregrinaje por el desierto (vv. 17-19). Asentó las basas, colocó las tablas, puso las barras y alzó las columnas (v. 18). Luego levantó la tienda sobre el tabernáculo y puso la cubierta sobre la tienda. En todo, Moisés hizo exactamente lo que Dios le había mandado (v. 19).

   Pensamiento 1. Es muy significativo que la primera instrucción de Dios haya sido levantar el tabernáculo. Antes de que pudiera descender la gloria de Dios, antes de que su presencia pudiera habitar con los hombres, antes de que se pudieran ofrecer sacrificios por los pecados, era necesario levantar el tabernáculo. Lo mismo sucedió con Jesús. Antes de que fuera a la cruz a hacer expiación por nuestros pecados, antes de poner su gloria en nosotros, Cristo nació y vino a habitar (como en un “tabernáculo”) con nosotros. Según la concordancia de Strong, Jesucristo “acampó”, en sentido figurado, con nosotros. Jesús habitó con nosotros “como Dios lo hizo en la antigüedad en el tabernáculo, un símbolo de protección y comunión”. El tabernáculo tenía que estar en su lugar antes de que Dios pudiera hacer cualquier otra cosa.

   “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

   “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Is. 7:14).

   “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is. 9:6).

   “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS” (Lc. 1:31).

-b. Luego, Moisés puso el testimonio (Los diez mandamientos) dentro del arca, colocó las varas en su lugar y puso el propiciatorio encima del arca (v. 20). Una vez más, consideremos la enorme importancia de estos elementos: el arca y el propiciatorio eran centrales para la adoración a Dios. Había una manifestación especial de la presencia de Dios y su gloria que reposaba justo sobre el arca y el propiciatorio. El arca simbolizaba la presencia de Dios: su gobierno, su reinado y su misericordia. El hecho de que la misericordia fluyera desde la presencia de Dios es relevante: significa que el hombre podía hallar la misericordia y ayuda de Dios entrando en su presencia, yendo al tabernáculo. El propiciatorio anticipaba la demostración perfecta de la misericordia y la gracia de Dios: él entregaría a su Hijo para que muriera por los pecados del mundo.

   “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:16).

   “Porque la gracia de Dios será manifestada para salvación a todos los hombres” (Tit. 2:11).

   “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tit. 3:5-6).

-c. Moisés metió el arca en el tabernáculo (v. 21) y entonces extendió y colgó el velo interno para cubrir con él el arca del testimonio, tal como Dios se lo había mandado (v. 21). Podemos imaginar las emociones que llenaron el corazón del pueblo al observar lo que estaba sucediendo. Esta sería la última vez que Bezaleel, el constructor del arca, vería el arca en toda su vida. El mayor de los hitos de su vida quedaría oculto de su vista para siempre. Los demás trabajadores observaron, maravillados ante la belleza del cofre cubierto de oro. Para ellos también sería la última vez que la vieran antes de que Moisés la escondiera de su vista. Desde ese momento en adelante, en tanto el arca siguiera en el lugar Santísimo, solo un hombre podría verla y seguir vivo: el sumo sacerdote. Una vez más, Moisés hizo todo tal como Dios se lo había ordenado (v. 21).

   Pensamiento 1. Es por medio del ministerio de Jesucristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, que ahora tenemos acceso al mismísimo trono de Dios. En su nombre podemos atravesar el velo y contemplar la gloria de Dios.

   “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron” (Mt. 27:51).

   “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9).

   “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1)

   “[…] para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros [la esperanza del cielo y de la aceptación de Dios]. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo” (He. 6:18-19).

   “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Ef. 2:18).

   “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Ef. 3:12).

   “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne […]” (He. 10:19-20).

-d. Luego, Moisés puso la mesa de la proposición en el tabernáculo de reunión (vv. 22-23), del lado norte, por fuera del velo interno (v. 22). También puso el pan delante de la presencia del Señor (v. 23). Todo lo hizo tal como Dios se lo había mandado (v. 23).

   “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:32-35).

   “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Jn. 6:51).

   Texto: “yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” (Isaías Cap. 56, versículo 7).

    Comentario de Isaías: PROFECÍAS DE JUICIO Y REDENCIÓN.

  1. Exhortación a los creyentes gentiles, 56:1-8

   Como dijimos antes, esta sección está estrechamente relacionada con el llamado del cap. 55. El v. 8 es paralelo a 55:12 que expresa la convicción del profeta de que sus gestiones en Babilonia tendrán los resultados anhelados: El Señor reunirá otros más con sus ya reunidos. La referencia a una nueva ola de inmigración a Judá es evidente, e incluiría también prosélitos al judaísmo.

   Decir que el llamado dirigido a los prosélitos sea resultado nada más que de un desesperado esfuerzo por incrementar la población de Jerusalén y de los territorios desolados de Judá es desconocer el espíritu sincero y universal del profeta. A la verdad, el llamado completo de 55:1– 56:8 ha sido utilizado como una proclama evangelística, desconectada totalmente de su contexto histórico. Sin embargo, esto no está mal porque el profeta mismo la reviste de un carácter universal.

   En esta sección el profeta se refiere a los creyentes gentiles, aquellos asirios, babilonios, persas, y a personas de otros orígenes étnicos, que habían abandonado la esclavitud de los ídolos y habían optado por la fe de Israel (vv. 1, 2, 4). Ahora que los judíos vuelven de la cautividad a su tierra prometida, estos prosélitos pueden tener la inquietud de que ahora, sin duda, Jehovah los separaría de su pueblo (v. 3). Pero no; no sucederá así, pues ellos también tienen acceso al monte de la santidad de Jehovah y a su templo.

   Dijimos, al comentar el cap. 55, que el pensamiento del profeta allí fluye paralelo a la oración de David en 2 Samuel 7:11–29. La presente sección es paralela con la oración de Salomón en 1 Reyes 8, sobre todo el párrafo que se refiere a los extranjeros que acudan a Israel de tierras lejanas a causa del nombre de Jehovah (1 Rey. 8:41–43). El acceso de los gentiles al templo de Jehovah en Jerusalén hará que sea llamado casa de oración para todos los pueblos (v. 7).

   Como hemos demostrado, hay una estrecha secuencia en las ideas de la sección 55:1–56:8. Vemos que los gentiles creyentes mencionados en esta sección están en Babilonia o en Persia, no en la tierra de Judá. Algunos inclusive eran eunucos en la corte del rey de Persia (comp. Est. 7:9, 10), y eunucos aquí bien puede referirse, no sólo a meros funcionarios de la corte real, sino también a personas castradas (vv. 3–5). No hay razón para seguir a aquellos comentaristas que trazan una línea divisoria entre los caps. 55 y 56 y que piensan que en 56:1 empieza un material literario atribuido a otro profeta, aún más desconocido, al que algunos llaman “Tercer Isaías”, quien a partir de 56:9 amonesta duramente a los pecadores de Sion con un tono parecido al del profeta Hageo.

1er Titulo:

Lugar santo erigido conforme a lo ordenado por dios. Versíc. 17 al 19. 17Asi, en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fue erigido. 18Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y coloco sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. 19Levanto la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo, como Jehová había mandado a Moisés. (Léase 1ª de Reyes 5:5. Yo, por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.).

    Comentario del texto complementario: (1) Construcción del templo, 5:1–5. En este capítulo se comienzan los preparativos para la primera de las obras de construcción del rey Salomón: el templo o casa de Dios (2 Crón. 2:1–18). Del viejo tabernáculo solo quedaba un recuerdo: el arca del pacto. Hasta ahora Israel no tenía un lugar fijo de adoración, sino que estaba distribuido en varios lugares. Había una gran necesidad: centralizar la adoración.

   Esto serviría, además, para unificar al pueblo de Dios. No debe olvidarse que Israel era un pueblo profundamente religioso. A la vez, no se puede descartar la idea de que en tiempos de guerra David no pudo darse el lujo de construir templos grandiosos. Sólo con el advenimiento de la estabilidad y la paz Salomón pudo pensar

en estos términos. Bien señala Brueggemann que la construcción del templo no tan sólo era señal de piedad religiosa, sino también un símbolo de estabilidad social. Para dicho comentarista, un desmedido interés en la construcción, materialmente hablando, puede conducir a un letargo espiritual y carencia de crítica social.

   Puede servir como un activismo que corta el ministerio. Por interesante que sea su opinión, ciertamente el escritor bíblico no recalcaba este matiz de la construcción del templo por Salomón.

   La construcción del templo fue el gran sueño de David; no pudo realizarlo por haber estado siempre en pie de guerra. David fue un rey guerrero; nunca hubo paz durante su reinado. Este gran honor y la realización de este sueño (2 Sam. 7:13) y profecía le estaba reservado al hijo y sucesor, Salomón. De modo que la construcción del templo sería la obra más grande de Salomón.

   Para lograr su propósito Salomón acudió a un viejo amigo de su padre: Hiram, rey de Tiro. Este había ayudado a David en la construcción de obras públicas dentro de su reinado al enviar obreros y madera procedente de las montañas del Líbano (2 Sam. 5:11; 1 Crón. 2:3, 4).

  1. 1. Hiram parece ser uno de varios reyes que enviaron emisarios al enterarse de la coronación de Salomón. Tiro era una ciudad fenicia, la más importante de su tiempo. Porque Hiram siempre había estimado a David es una expresión hebrea para confirmar que Hiram y David eran aliados políticos. Salomón hizo un acuerdo muy bueno y oportuno con Hiram. Este convenio consistía en que Hiram le suministrase a Salomón materiales de construcción y obreros especializados. También era necesario transportar y colocar esos materiales en el lugar conveniente.

2° Titulo:

Arca del pacto en el lugar Santísimo. Versíc. 20 y 21. 20Y tomo el testimonio y lo puso dentro del arca, y coloco las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca. 21Luego metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo extendido, y oculto el área del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés. (Léase Número 7:89. Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión, para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y hablaba con él.).

   Comentario de Numero: La voz divina desde encima del arca, 7:89. Al terminar la erección del tabernáculo, Moisés entra y escucha la voz de Jehovah que le habla desde encima del propiciatorio del arca (7:89). El verbo indica que Dios hablaba así con Moisés por costumbre; no fue en solamente una ocasión.

   ¿Por qué se menciona aquí? En 7:1–4 vemos que Moisés erigió, ungió y consagró el tabernáculo, y que las tribus demostraron su apoyo por el centro de adoración con la ofrenda de las carretas y bueyes. La mención de la voz de Dios aquí cumple la promesa de Exodo 25:22, confirmando que Jehovah se complace en las ofrendas del pueblo y acepta el tabernáculo, producto del trabajo y de las ofrendas del pueblo, como su morada en la tierra. El santuario llega a ser en realidad una “tienda de reunión” (ver comentario sobre 1:1) donde Dios se reúne con el hombre Moisés, líder del pueblo de Dios. Este pasaje afirma que mientras Moisés antes consultaba con Dios en una tienda fuera del campamento (Exo. 33:7–11), ahora lo hace en el tabernáculo, el centro del culto de todo el pueblo.

3er Titulo:

Mesa y panes de la proposición. Versíc. 22 y 23. 22Puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la cortina, fuera del velo, 23y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. (Léase Levítico 24: 5 y 6. Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa. Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová; ▬ Hebreos 9:1 y 2. Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición).

   Comentario de Levítico: (1) Atención semanal de la mesa del pan de la proposición (24:5–9) 24:5–9. El pan colocado sobre la mesa limpia delante de Jehová se llamaba ―el pan de la proposición‖ (Éx. 25:30). Este párrafo complementa el relato de Éxodo 25:23–30 (cf. Éx. 37:10–16) que enseña pocas cosas acerca del pan en sí. El pan consistía de doce hogazas, aparentemente de gran tamaño a juzgar por los detalles de la receta que se da para prepararlo (Lv. 24:5) y era colocado en dos hileras. El incienso era colocado sobre la mesa, al lado del pan, para luego quemarlo sobre el altar como memorial (cf. 2:2, 9, 16) cada día de reposo, cuando el pan viejo era reemplazado por el nuevo y se daba a los sacerdotes como su porción regular de alimento.

   (2) Los panes de la Presencia, 24:5–9. Siguen las instrucciones sobre la preparación de los panes de la Presencia. La mesa de los panes estaba en el mismo lugar santo. Las instrucciones requieren doce panes grandes. Estos panes representan las doce tribus de Israel. Los panes serán puestos en dos hileras, con incienso en cada hilera. El incienso será quemado como un memorial.

   Cada sábado hay que ponerlos en orden. Es decir, tenían que colocar panes frescos. Los sacerdotes comieron el pan que sacaron de la mesa. Tenían que comerlo en el Tabernáculo porque es cosa muy sagrada (v. 9; ver el comentario sobre 2:3).

   Los panes de la presencia eran el símbolo del pacto eterno entre Dios y su pueblo. Cuando cambiaban el pan, tenían que quemar el incienso ante Dios. El estatuto perpetuo era el pacto que Dios hizo en Sinaí con su pueblo (v. 9).

   Cristo menciona que David comió del pan del sacerdote cuando él y sus hombres tenían hambre (Mat. 6:4; ver 1 Sam. 21:1–6). Era contra la Ley, pero fue permitido en este caso.

   Comentario de Hebreos:(1). El primer pacto y el tabernáculo 9:1–5

   Cada capítulo de la epístola a los hebreos tiene su propio mensaje central. Por ejemplo: en el capítulo 5, Cristo es superior a Aarón, el sumo sacerdote; en el capítulo 7, Cristo es sumo sacerdote según el orden de Melquisedec; y en el capítulo 9, Cristo se ofrece a sí mismo como sacrificio una vez para siempre. Si bien el tema del pacto ha llegado a ser, a estas alturas, parte integral de la epístola, el escritor debe de todos modos ligar este tema con la exposición continuada del sacerdocio de Cristo. En el capítulo 9 el escritor de Hebreos reúne estas dos hebreas y las entreteje para formar un gran diseño. El describe la construcción del tabernáculo en el período del desierto, enumera los accesorios diversos que hay dentro del santuario, y menciona el Lugar Santísimo con el arca y los querubines.

   [1]. Ahora bien, el primer pacto tenía reglas para el culto y también un santuario terrenal.

   En el último versículo del capítulo anterior, el escritor de Hebreos contrasta el antiguo pacto con el nuevo. Consistentemente él llama al antiguo pacto “el primero” (8:7, 13; 9:1, 15, 18). Dado que ya ha hablado acerca del tabernáculo que se le mandó a Moisés construir (8:5), él tiene ahora que mostrar la conexión existente entre pacto y tabernáculo.

   Como teólogo capacitado que es, el escritor tiene las Escrituras del Antiguo Testamento a la mano. El primer pacto había sido confirmado por el pueblo de Israel justamente antes de que Moisés recibiese el modelo para la construcción del tabernáculo (Ex. 24). El modelo del tabernáculo y su contenido, las reglas del culto, y la construcción del “santuario terrenal” se encuentran detallados en los capítulos subsiguientes. Entre paréntesis, el adjetivo descriptivo terrenal debe ser considerado como contrapartida de la descripción más grande y más perfecto que se le adjudica al “tabernáculo no hecho por el hombre” (9:11; véase también 8:2).

   El pacto, dice el escritor, incluye dos elementos.

-a. “Reglas para el culto”. Dios no dejó que la práctica del culto fuese determinada por la ingeniosidad de los israelitas. Junto con el modelo del tabernáculo, Dios también le dio a Moisés detalladas ordenanzas para el culto (véanse, por ejemplo, Ex. 29, 30). En otras palabras, Moisés les transmitió a los israelitas las reglas instituidas por Dios para el culto.

-b. “Santuario terrenal”. Las reglas del culto y la orden para la erección del santuario se encuentran estrechamente vinculadas en Éxodo 25–30. Y aun en Hebreos 9:1, las frases reglas para el culto y santuario terrenal se encuentran vinculadas por una partícula de conexión que se traduce “y también”.

   La palabra santuario puede haber sido escogida por razones de estilo. El escritor usa el término tabernáculo en el versículo siguiente, pero a todo lo largo de su epístola evita emplear la expresión templo.

   Algunos expositores ven en esta elección de términos una clara indicación de que cuando el escritor escribió Hebreos el templo ya había sido destruido. Otros expositores dicen que la elección tiene que ver con un asunto de reducción de la temática a sus elementos básicos: el tabernáculo es el fundamento del templo. Aunque esta observación tiene sus méritos, pienso que el elemento determinante en la elección de términos que el escritor usa, al menos en lo que respecta a los capítulos 8 y 9, es la estrecha vinculación que existe entre la confirmación del pacto (Ex. 24) y el mandato para la construcción del tabernáculo (Ex. 25–27).

   El escritor recogió la información para su descripción del interior del tabernáculo y de sus accesorios mayormente de pasajes como Exodo 16, 25, 26, y 30, como también de Números 17. Nótese que describe el tabernáculo como una estructura con dos compartimientos: el primero es llamado el Lugar Santo, y el segundo es conocido como el Lugar Santísimo.

-a. El primer compartimiento. En el Lugar Santo, el más grande de los dos compartimientos, se encontraban el candelabro, la mesa y el pan consagrado. El candelabro, según Exodo 25:31–39, era un artefacto exquisitamente labrado. Estaba hecho de treinta y cuatro kilogramos de oro, y consistía de una base y una columna de la cual se extendían seis brazos—tres hacia cada lado de la columna. En la punta de cada uno de los brazos y de la columna había copas decoradas “como flores de almendro con brotes y flores” (Ex. 25:34). El candelabro estaba situado en el lado sur del Lugar Santo (Ex. 40:24).

   La mesa, hecha de madera de acacia, era de aproximadamente un metro diez centímetros de largo por setenta centímetros de ancho. Estaba cubierta de oro puro (Ex. 25:23, 24), y el “pan de la presencia” (Ex. 25:30) estaba colocado sobre ella. La mesa situada en el lado norte del Lugar Santo (Ex. 40:22).

   Doce panes, que representaban a las doce tribus de Israel, se colocaban sobre esta mesa (Lv. 24:5–9). Al pan se le llamaba “pan de la presentación” o “pan consagrado” (véanse Mt. 12:4; Mr. 2:26; Lc. 6:4). El escritor de la epístola menciona a la mesa y al pan conjuntamente para indicar que eran cosas que iban juntas.

   Comentario 2: [1]. Lo inadecuado del orden antiguo comparado con el nuevo se explicita ahora con referencia, primero, al arreglo del santuario bajo el pacto antiguo y luego al ritual sacrificial asociado con ese santuario. Bajo el antiguo pacto se había previsto que el pueblo de Dios lo adorase, pero el santuario erigido para esta adoración era material. El santuario particular que nuestro autor tiene en mente es claramente el tabernáculo en el desierto, descripto detalladamente en el libro de Exodo. El hecho de que él tome al tabernáculo como base de su argumento aquí, y no al templo de Jerusalén, puede sugerir que ni él ni sus lectores pertenecían a Jerusalén, pero no puede tomarse como prueba de ello. Ni puede tomarse como prueba de que el templo ya no estaba en pie, ni que los lectores no eran siquiera judíos. Lo que sí prueba es que el argumento de nuestro autor es bíblico del principio hasta el fin. Aun el templo de Salomón no es tan adecuado para su propósito como el tabernáculo mosaico, que es presentado (en Ex. 25: l.) inmediatamente después de la inauguración del pacto (Ex. 24). Aquí no se sugiere, como en el discurso de Esteban (Hch. 7:44ss.), que el tabernáculo móvil de las peregrinaciones por el desierto era un altar más apropiado para un pueblo peregrino que la casa permanente que construyó Salomón.! O El punto de vista de nuestro autor es diferente: el santuario del antiguo pacto, en su mismo moblaje y arreglos sacrificiales, proclamaba su mismo carácter terrenal; y mientras que esto se muestra con referencia más explícita al tabernáculo, el principio es igualmente válido para el templo, sea el de Salomón o el de Herodes.

[2]. El tabernáculo del desierto consistía de un atrio, el compartimiento exterior y el compartimiento interior. Aunque los templos sucesivos que lo reemplazaron eran mucho más trabajados, preservaban el mismo plan básico; los atrios pueden haberse multiplicado en número, pero la casa santa misma, establecida hacia el lado oeste del atrio más interno, consistía de dos compartimientos esenciales: el exterior (“Lugar Santo”) y el interior (“Lugar Santísimo”). Aquí se llama “tabernáculo” a cada uno de los compartimientos del santuario en el desierto. El compartimiento exterior tenía veinte codos de largo (aproximadamente), diez codos de ancho y diez codos de alto; aquí simplemente se lo describe en términos de su mobiliario. El “candelabro” estaba ubicado en el lado sur del Lugar Santo; estaba hecho de oro, con tres brazos que surgían de los dos lados de la caña central; la caña central y los seis brazos tenían cada uno una portalámpara en forma de flor (Ex. 25:31ss.; 37: 17ss.). Los candelabros de siete brazos de los santuarios posteriores parecen haber sido más trabajados que el prescripto para el tabernáculo en el desierto; alguna idea acerca de su apariencia puede obtenerse de las representaciones de las monedas asmoneas y en un bajorrelieve muy conocido del Arco de Tito, en Roma. “La mesa, y los panes de la proposición” (un hendíadis para “la mesa para los panes de la proposición”) estaba al lado norte del lugar santo. La mesa era de madera de acacia, cubierta con oro; tenía dos codos de largo, un codo de ancho y un codo y medio de alto, y estaba provista de platos de oro, cucharas, cubiertos y tazones (Ex. 25:23ss.; 37:10ss.). El “pan de la proposición” (literalmente, “la presentación de los panes”) se componía de doce tortas, hechas de harina seleccionada, colocadas frescas sobre la mesa cada día sábado (Lv. 24:5-8); las tortas viejas, que se quitaban cuando se ponían las tortas nuevas sobre la mesa, se convertían en una ganancia extra para los sacerdotes, quienes los comían en el Lugar Santo; ningún laico podía comerlos porque ellos eran “cosa muy santa” (Lv. 24:9).

Amen, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.