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Domingo 29 de marzo de 2020: “Triste consecuencia para quienes mal utilicen la unción”.

Domingo 29 de marzo de 2020: “Triste consecuencia para quienes mal utilicen la unción”.

Lectura Bíblica: Éxodo Cap. 30, versículos 31 al 38. 31Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones. 32Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros. 33Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo. 34Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, 35y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. 36Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. 37Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. 38Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.

   Comentario general del contexto Bíblico: [4]. El incienso aromático: simbolizaba el aroma agradable y acepto de la oración a Dios.

-a. Las instrucciones:

1) tomar especias aromáticas, la misma cantidad de cada una;

2) mezclarlas y refinarlas según el arte del perfumador.

-b. La importancia del incienso:

1) debía ser un incienso puro y santo;

2) debía colocarse delante del arca del pacto, en el mismísimo lugar donde Dios salía al encuentro de su pueblo;

3) debía considerarse un elemento Santísimo;

4) debía ser un incienso distinto, el único preparado de esa manera: estaba hecho exclusivamente para el Señor y era sagrado.

-c. La advertencia: cualquier persona que preparara un incienso como ese sería cortada de entre su pueblo.

-d. El propósito del aceite de la unción era:

  1. l) santificar el tabernáculo y su mobiliario para que todo fuera santo (v. 29);

2) ungir a los sacerdotes y consagrarlos para el ministerio (v. 30).

-e. Dios destacó la importancia del aceite de la unción (vv. 31-32): debía usarse como el aceite de la santa unción de Dios y solo de Dios. No debía dársele jamás un uso distinto, ni derramarlo sobre cualquier persona normal, ni sobre nadie que no hubiese sido escogido y designado por Dios para el servicio. Jamás se le debía dar un uso personal. El aceite de la unción pertenecía a Dios y debía emplearse únicamente para sus propósitos.

-f. Dios dio una severa advertencia: si alguien daba un uso indebido al aceite de la unción, esa persona sería cortada de la comunidad de su pueblo (v. 34).

(2) Dios unge personas: él llama y designa a ciertas personas, las aparta para el servicio a él, les da su Espíritu y las prepara de una forma muy especial para llevar adelante su servicio.

   “Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él” (Lv. 8:30).

   “Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel?” (1 S. 10:1).

   “Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Rama” (1 S. 16:13).

   “Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!” (1 R. 1:39).

   [4] (Exodo 30:34-38) tabernáculo de Moisés ▬ sacerdocio ▬ incienso: Dios mandó a preparar el incienso aromático para la adoración a él y sin ningún otro propósito. El incienso debía quemarse sobre el altar del incienso un altar cubierto de oro, y tenía el propósito de llenar el tabernáculo del aroma más agradable que podamos imaginar. Simbolizaba la complacencia de Dios: que él se complacía en oír las oraciones de su pueblo y aceptaba su clamor.

-a. Consideremos las instrucciones que recibió Moisés para la preparación del incienso.

1) Debía tomar ciertas especias aromáticas y la misma cantidad de cada una (v. 34): gotas de estacte, uña aromática, gálbano aromático e incienso puro.

2) Se debía mezclar y refinar las especias según las técnicas del perfumador (v. 35).

-b. Considere la importancia del incienso:

1) Debía ser un incienso puro y santo (v. 35).

2) Debía colocarse delante del arca del pacto, en el mismísimo lugar donde Dios salía al encuentro de su pueblo (v. 36). E1 incienso simbolizaba las oraciones del pueblo de Dios, y la oración es algo muy especial y preciado para Dios: es la comunión con Dios. Por lo tanto, el olor fragante del incienso debía ascender a los cielos justo desde al lado de la presencia de Dios, es decir, en cercanía al arca de Dios.

3) El incienso debía considerarse un elemento santísimo (v. 36).

4) Debía ser un incienso distinto, el único preparado de esa manera, puesto que estaba hecho exclusivamente para el Señor y se lo debía utilizar como elemento sagrado (v. 37).

-c. Dios dio una advertencia: cualquier persona que preparara un incienso parecido a este sería juzgada, cortada de entre su pueblo, excomulgada de la comunidad y exiliada

de la nación (v. 38).

   Pensamiento 1. Imagine el olor grato del incienso ascendiendo y llenando el tabernáculo de la adoración.

El incienso y su aroma fragante ilustran:

  • las oraciones del creyente, que ascienden a la morada celestial de Dios;
  • la complacencia de Dios, que oye las oraciones de su pueblo, las recibe, las acepta y las responde.

(1) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Gedeón.

   “Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra. Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío” (Jue. 6:39-40).

(2) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Ana.

   “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí” (1 S. 1:27).

(3) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Samuel.

   “Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel” (1 S. 7:9-10).

(4) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Salomón.

   “Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días” (1 R. 9:3).

(5) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Elías.

  “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja” (1 R. 18:37-38).

(6) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Ezequías.

   “Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios” (2 R. 19:19).

(7) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Josafat.

   “Cuando los ‘capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; más Josafat clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él” (2 Cr. 18:31).

(8) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Esdras.

   “Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio” (Esd. 8:23).

(9) Recuerde cuando Dios oyó la oración de Zacarías, el padre de Juan el Bautista.

   “Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan” (Lc. 1:13).

(10) Recuerde cuando Dios oyó la oración de sus discípulos y los primeros creyentes cristianos

   “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hch. 4:31).

(11) Recuerde la promesa que Dios nos da a todos nosotros.

   “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré” (Sal. 91:15).

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (Is. 65:24).

(12) Recuerde la promesa que Dios hace a todo el que ore en el nombre de Cristo.

   “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 16:24).

(13) Recuerde la promesa de Dios para todo el que permanezca en él.

   “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Jn. 15:7).

(14) Recuerde lo que Dios promete a todos los que perseveran en oración.

   “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lc. 11:9).

Término histórico: El aceite de la unción

   El aceite de la unción (Ex. 30:23-33)

Tipo o ilustración (fundamento bíblico de cada uno)

   A lo largo de las Escrituras, el aceite tipifica al Espíritu Santo. En este caso en particular, el aceite de la unción simbolizaba el llamado especial y la designación de una persona por parte de Dios, la unción del Espíritu Santo, que prepara a las personas para el servicio a Dios.

   “Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos

cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta” (Ex. 30:23).

Aplicación para la vida del creyente hoy en día

   La unción del Espíritu Santo para el servicio viene de Dios. No le compete al hombre impartir esta unción, sino que Dios es quien escoge, quien llama, quien designa y quien da el Espíritu Santo.

Aplicación bíblica para el creyente hoy en día

   “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios” (2 Co. 1:21).

   “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” (1 Jn. 2:20).

   “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie as enseñe; así como la unción misma as enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Jn. 2:27).

   “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que ya os he hablado san espíritu y son vida” (Jn. 6:63).

   “Pera cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo la que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Jn. 16:13).

   “Pera recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotras el Espíritu Santa, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

   “Porque todos los que son guiadas’ por el Espíritu deDi0s, estos son hijos de Dios” (Ro. 8:14).

Texto: 1ª de Juan 4.1. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

Comentario: [1]. Queridos amigos, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.

   Como sabio pastor que es, Juan se dirige en primer lugar a sus lectores usando palabras de tierno afecto. Los llama “queridos amigos” (compárese con 3:21; 4:7). Después de esto, Juan, con buen tacto, advierte a los lectores en contra de los falsos maestros y les dice que no deben creer a todo espíritu. Él quiere que se den cuenta de que hay dos esferas espirituales en este mundo: una de ellas es el ámbito del Espíritu Santo; la otra es el ámbito del demonio. El Espíritu Santo mora en los hijos de Dios (3:24), pero el espíritu del demonio mora en los falsos profetas que hablan en su nombre.

-a. “No creáis a todo espíritu” (Consultar Jer. 29:8; Mt. 24:4; Ef. 5:6; 1 Ti. 4:1). Por supuesto, no podemos ver a un espíritu, pero podemos oír y entender las enseñanzas de dicho espíritu. La palabra espíritu es, por lo tanto, equivalente a “enseñanzas”.

   Parecería ser que algunos de los primeros lectores de esta epístola estaban comenzando a creer en los falsos profetas que decían que su enseñanza era una revelación del Espíritu Santo. Juan exhorta a los lectores a distinguir cuidadosamente entre las enseñanzas del Espíritu de Dios y las falsas enseñanzas.

   No toda enseñanza es un oráculo del Espíritu de Dios. Por consiguiente, Juan aconseja a los cristianos a “probar los espíritus para ver si son de Dios” y a verificar toda enseñanza a la luz de la Palabra de Dios (compárese con 1 Ts. 2:4; 5:21).

-b. “Muchos falsos profetas han salido al mundo”. Sabemos que los falsos maestros habían hecho del mundo su sala de conferencias. Deseaban ser oídos por un buen número de cristianos. En su discurso acerca del fin de los tiempos, Jesús nos advierte: “Porque falsos Cristo y falsos profetas aparecerán y harán grandes señales y milagros para engañar aun a los escogidos—si tal cosa fuera posible” (Mt. 24:24; consúltese también Ap. 2:2). 

1er Titulo:

Lo que esta consagrado, no debe usarse humanamente. Versíc. 31 al 33. 31Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones. 32Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros.  (Léase Daniel 5:2 y 3. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas; ▬ Salmo 89: 31 y 32. 31 Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos, Entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades.).

   Referencias Bíblicas: Ro. 2:22; Levítico 19:8; 1ª de Samuel 2:17; 1ª de Corintios 3.17; Hechos 8:19.

  Definición de Sacrilegio: Lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrados.

Acto de profanar o apropiarse por medio del robo de lo que se considera sagrado. En Ro. 2:22, RVR, “comete, sacrilegio” es una traducción del término griego hierosuléÇ, que literalmente significa “robar algo de un templo”. En la versión DHH dice: “Si odias a los ídolos, ¿por qué robas las riquezas de sus templos?” En esa misma versión, Mt. 24:15 y Mr. 13:14, que en la RVR aparece como “abominación desoladora”, leemos en cambio “horrible sacrilegio” como traducción de la frase griega bdélugma tes ermÇseÇs, que significa “abominación de la desolación”. En Hch. 19:37, la versión RVR traduce el término griego hierósulos como “sacrílegos”, aunque la traducción literal sería “ladrones de templos”.

   Comentario: En la actualidad, ¿cuál es, para nosotros, el ungimiento o la unción? Es la unción del Espíritu Santo. Tenemos un ungimiento de ese aceite celestial que nos capacita para comprender la Palabra de Dios. Esta es la razón por la cual la Biblia se convierte en un mensaje real y actual para tantas personas de nuestro tiempo. No se trata de la acción de ningún maestro ni predicador, sino del Espíritu de Dios que utiliza la Palabra de Dios. Solo el Espíritu puede ungirte. No tienes que dirigirte a ninguna persona para que derrame aceite sobre ti. Tú mismo, tu misma, puedes dirigirte a Dios ahora y decirle: “Dios mío, abre mi corazón, mi mente y mi vida para entender tu Palabra”. La primera carta de Juan 2:20, dice: vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis. El Espíritu Santo, derramado sobre nosotros, es nuestra unción.

   Pero la citada primera carta de Juan 2:27 continúa diciendo: Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero, así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado, permanecéis en El. El Espíritu Santo es el que puede abrir tu mente y corazón cuando te acercas a Dios para comprender Su Palabra. Entonces El traerá bendiciones a tu corazón. Y pensar que hay tanta gente en la actualidad que se está formulando preguntas como: “¿Qué es la vida? ¿Para qué vivo? ¿Cómo y a quién le comunicaré mis necesidades?” Estimado oyente, pídele a Dios, con tus propias palabras, que el Espíritu Santo de Dios convierta Su Palabra en una palabra viva y real para tu corazón y experimentarás una verdadera satisfacción.

   Pensamiento: es importante que usted como creyente es una persona consagrada para Dios, Santificada por el Espíritu Santo es el templo del Dios vivo, por eso nosotros como creyente debemos tener cuidado donde y cuando usamos nuestro cuerpo, no debemos usarlos en cosas mundana que no agradan a Dios, porque el anhela celosamente.

 Comentario de Daniel: (1) El banquete de Belsasar, 5:1–4. El escenario del libro cambia con las dos narraciones finales y se presentan dos nuevos reyes: Balsasar y Darío. Probablemente el cambio abrupto tiene el propósito de comparar a los dos reyes babilónicos, Nabucodonosor (3:1 “Nabucodonosor hizo”) y Belsasar (v. 1, “Belsasar hizo”). Nabucodonosor tomó los utensilios del templo en Jerusalén y los puso en el templo de su dios favorito. Por otro lado, escuchó la palabra de Dios y reconoció públicamente la autoridad de Dios. En contraste, se presenta al orgulloso Belsasar por medio de su abuso de autoridad y posición en la hora funesta de la nación, y por su blasfemia al usar los utensilios sagrados del templo de Jerusalén en un gran banquete (v. 1) en donde tomaron vino y alabaron a [sus] dioses … (v. 4).

   La ubicación del período de tiempo de Balsasar como rey de Babilonia ha sido un problema para los intérpretes. Los datos seculares indican que el último rey de Babilonia fue Nabonido (556–539 a. de J.C.). Nabucodonosor falleció en el año 562 a. de J.C. y fue seguido por Awil-Marduk (562–560 a. de J.C., ver Jer. 52:31, Evil-merodac), Neriglissar (560–556 a. de J.C., cuñado de este) y Nabonido. Belsasar, hijo de Nabonido y nieto de Nabucodonosor, nunca tuvo la vestidura oficial de la corona. Sin embargo, debido a otros intereses de su padre con sus frecuentes y largas ausencias de Babilonia, el hijo solía tomar la dirección del reino. El hecho de aparecer el título el rey Belsasar tantas veces en el texto pone énfasis sobre su presunción acerca de sí mismo. Aunque la posición y autoridad más elevada no le correspondía legalmente, se lo llamaba rey. Con habilidad literaria el autor muestra la arrogancia de Belsasar, el rey (corregente) babilónico.

   La interpretación de la expresión, su padre Nabucodonosor (v. 2, 11, 13, 18, 22) normalmente significaría que era un hijo natural de este. Sin embargo, en la lengua hebrea se usa la expresión de varias maneras. La reputación de Nabucodonosor era mejor que la de Nabonido, el padre del Belsasar, y por eso Belsasar pudo llamarse el hijo de Nabucodonosor (refiriéndose a su antepasado). Con fidelidad el autor usó la terminología corriente de la época, y llamó a Belsasar rey e hijo de Nabucodonosor.

   Los historiadores griegos Heródoto y Jenofonte relatan que Ciro tomó Babilonia mientras se estaba celebrando un banquete con un lujo extraordinario. Para los conquistadores, la presencia de las mujeres y … concubinas, más los utensilios de oro y de plata … tomado del templo de Jerusalén (v. 2) presentan el cuadro de un banquete con gran fastuosidad.

   Evidentemente Belsasar quiso levantar la moral de los líderes a pesar de la presencia del ejército enemigo, el cual estaba ya a las puertas de la ciudad.

   Para los lectores del libro en la época de los macabeos, con su respeto por el culto y la adoración a su Dios, el empleo de tal manera de los utensilios consagrados para el Dios santísimo hubiera sido una blasfemia, una abominación increíble, que merecía la destrucción de toda aquella noche, tal como lo merecía Antíoco Epífanes.

   Salmo 89:31 – 32. De los vv. 28–37 el autor de nuevo enfatiza que estas promesas a David y a sus descendientes eran para siempre. Como dice 2 Samuel 7, si los hijos se desvían de la ley serán castigados, pero el pacto sigue firme. Puesto que el salmista está perplejo por el aparente fracaso del pacto en su tiempo, quiere recordar a Dios la promesa de perpetuidad.

2° Titulo:

El incienso llenaba el tabernáculo de aroma agradable a Dios. Versíc. 34 al 36. 34Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, 35y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. 36Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. (Léase San Lucas 1:9 y 10.  conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso).

   Referencias: Ap. 5:8; 8:3; Juan 12:3; Mal 1:11; Cantares 3:6; 4:6 y 11; Ap. 18:13.

   Comentario:

Término histórico: El incienso del altar del incienso

   El incienso del altar del incienso (Ex. 30:35-36)

Tipo o ilustración (fundamento bíblico de cada uno)

   El incienso tiene una cualidad única: disipa todos los demás olores Cuando el incienso estaba encendido en el altar de oro, el tabernáculo se llenaba del aroma más agradable que podamos imaginar. El incienso simbolizaba la dulce fragancia de Cristo delante de Dios y la complacencia y aceptación de Dios al oír las oraciones de su pueblo.

  “Y harás de ello el incienso, un perfume [incienso] según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima” (Ex. 30:35-36).

Aplicación para la vida del creyente hoy en día

   El aroma más agradable que el creyente puede ofrecer y elevar a Dios es el de sus oraciones y el de depositar su confianza y esperanza en la gracia salvífica de Dios, en el sacrificio de Cristo. Así como el incienso se elevaba hasta la morada de Dios, nuestras oraciones, agradables delante de Dios, deben estar constantemente elevándose a su presencia.

Aplicación bíblica para el creyente hoy en día:  

   “Me invocará, y ya le responderé; con él estaré ya en la angustia; lo libraré y le glorificaré” (Sal. 91:15).

   “Y yo os digo: Pedid, y, se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lc. 11:9).

   “Si permanecéis en mí; y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo la que queréis, y os será hecho” (Jn. 15: 7).

   “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro goza sea cumplido” (Jn. 16:24).

   “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ella con toda perseverancia y súplica por todos los santas” (Ef. 6:18).

“Orad sin cesar” (1 Ts. 5:17.

   Comentario de Lucas: Cada día las diversas funciones del sacerdocio eran designadas por sorteo. La parte más solemne de toda la liturgia era el acto de quemar el incienso. Era entonces cuando el sacerdote se encontraba más cerca del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.

   ¿En la estructura de la antigua dispensación, no tenía el Lugar Santísimo “el altar de oro del incienso”? Desde luego, por razones comprensiblemente prácticas ese altar estaba realmente en el Lugar Santo (Ex. 30:6, 10). Pero pertenecía al Lugar Santísimo (Heb. 9:4). ¿No era llevado el incienso en el día de la Expiación, una vez al año, desde este altar dentro del Lugar Santísimo y la sangre que había sido rociada en el propiciatorio no se aplicaba también al altar del incienso? Véase Lv. 16:15–19. ¿No hay una correspondencia entre el derramamiento de la sangre y la ascensión de la nube de incienso? ¿No forman la redención y la acción de gracias un par como causa y efecto?

   Es comprensible que el ser elegido por sorteo para quemar el incienso fuese considerado un privilegio único. Solamente una vez en la vida se permitía a un sacerdote recibir este honor. Después de eso siempre se le consideraba “rico y santo”. Numéricamente hablando, ser escogido por suerte para encender el incienso era un privilegio del que participaban solamente unos pocos.

   El incienso se ofrecía dos veces al día: en la mañana y a la media tarde. Algunos55 creen que este hecho sucedió en la mañana. Otros,56 basando sus puntos de vista en el hecho de que en este día había llegado hasta los atrios del templo una multitud de una magnitud considerable, creen que el hecho que se va a relatar ocurrió en la tarde. Sea como fuere, lo ocurrido se puede introducir como sigue: Zacarías camina hacia el altar de oro. Es acompañado por dos ayudantes. Uno de estos hombres lleva en un tazón de oro carbones encendidos tomados del altar del holocausto y los esparce sobre el altar del incienso. Enseguida se retira. El otro asistente lleva un incensario de oro lleno de incienso. Pone el incienso sobre el altar.

   Ahora se produce un profundo silencio, porque está a punto de celebrarse el acto más solemne del ritual. Se da una señal. El momento sagrado ha llegado en que Zacarías debe poner el incienso sobre las brasas, provocando una nube que sube y se esparce con su grata fragancia. Junto con el perfume que asciende, desde el corazón y los labios del sacerdote se eleva una oración ferviente de gratitud por las bendiciones recibidas y de súplica pidiendo paz sobre Israel. El pueblo, reunido “fuera” del santuario, pero “dentro” de sus atrios (el Atrio de Israel, el Atrio de las Mujeres, estando presentes los sacerdotes y levitas especialmente en el Atrio de los Sacerdotes; véase mapa en C.N.T. sobre Marcos, p. 460), también ora postrado y con las manos extendidas. Luego esperan que Zacarías regrese del altar del incienso y camine hacia el oriente, hacia la escalinata que está frente al santuario (Lugar Santo y Lugar Santísimo). Desde estas gradas, Zacarías, acompañado por otros sacerdotes, debe pronunciar la bendición aarónica sobre el pueblo. Esta bendición debe ser seguida por cantos de alabanza, las ofrendas públicas, etc.

3er Titulo:

Juicio de Dios sobre los imitan las cosas divinas. Versíc. 37 y 38. Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo. (Léase 3ª de Juan 1:11. Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.).

   Referencias: Éx. 23:2; Dt. 12:30; 1ª Sam. 8:19-20; 2 Re. 17:15; Mt. 23:2-3; Lc. 21:34; Col. 3:2; Tito 2:12; Stgo 4:4; Levítico 10:1-2;

   Comentario: Se nos dan los ingredientes del incienso. La mezcla producía una especia aromática que no podía reproducirse ni reemplazarse. Leamos, finalmente por hoy, los versículos 37 y 38: “Y el incienso que harás, no lo haréis en las mismas proporciones para vuestro propio uso; te será santo para el Señor. Cualquiera que haga incienso como éste, para usarlo como perfume será cortado de entre su pueblo.”

   Nadie debía utilizar esa fórmula para sí mismo. Tampoco Dios aceptaba imitaciones.

En cuanto al altar, nos habla de oración y la adoración. Es el lugar donde tenemos que ofrecer a Dios alabanza, gratitud y nuestras peticiones. La citada fórmula no podía reproducirse; no debía utilizarse para intentar que la adoración resultase agradable, humanamente hablando. Debemos adorar a Dios con una verdadera actitud espiritual. Debemos asegurarnos que en una reunión de adoración la Palabra de Dios sea el elemento principal y central.

   Para terminar, quiero recordar que había 2 altares. En el del holocausto, Dios se ocupaba del pecador. Nos hablaba de la tierra y del pecado del ser humano. El altar del incienso señalaba al cielo y la santidad. El altar del holocausto nos ilustraba la obra que Cristo hizo por nosotros aquí en esta tierra. El altar del incienso simboliza lo que Cristo está haciendo por nosotros hoy en el cielo. También nos habla de nuestras oraciones y de la participación en la adoración. Nos comunica que Cristo ora por nosotros. Él es el que verdaderamente alaba a Dios y ora intercediendo por nosotros. Es nuestro intercesor.

   ¿Cómo podemos aprender a adorar? Figurativamente hablando, no será en aquel altar donde se derramaba la sangre y adonde acudimos como pecadores para aceptar a Cristo como Salvador. Sino que tenemos que entrar en el Lugar Santo y presentarnos ante el altar de oro. En éste, no se realiza ningún sacrificio porque el problema del pecado ya ha sido solucionado fuera de aquel lugar. La verdadera razón es que, como creyentes, somos aceptados ante la presencia de Dios para adorar, y El escucha nuestras oraciones, por lo que Cristo ha hecho por nosotros en la cruz, por su sacrificio puro y perfecto, realizado una vez para siempre.

   Comentario de Juan: 11. Querido amigo, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios. El que hace lo malo no ha visto a Dios.

-a. Exhortación. En esta breve carta Juan usa cuatro veces la expresión querido amigo para referirse a Gayo (vv. 1, 2, 5, 11). Y Juan apela a él tres veces de modo directo. Aquí lo anima a que “no imites lo malo sino lo bueno”. Juan no dice que Gayo esté siguiendo el ejemplo de Diótrefes. Él está más bien enfatizando la parte final de su exhortación: “[imita] lo bueno”. Y así, por medio del contraste, Juan da a entender que Gayo no debe imitar lo que es malo”.

   “El que hace lo bueno es de Dios”. La persona que continuamente obedece los preceptos de Dios tiene su origen espiritual en Dios y es su hijo. ¿Cómo reconocemos a los hijos de Dios? En su primera epístola, Juan da la norma para determinar la diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: “Todo el que no hace lo bueno no es un hijo de Dios” (3:10). Por consiguiente, todo aquel que continúa haciendo lo malo—Diótrefes, por ejemplo—no ha visto ni conocido a Dios (compárese con 1 Jn. 3:6). El creyente ve a Dios en Jesucristo. Como le dijera Jesús a Felipe: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn. 14:9; véase también 1:13). Cuando un cristiano ve a Dios, tiene comunión con él por medio de Jesucristo (1 Jn. 1:3).

Amén, para honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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