+56 9 5417 6219
contacto@historiaycontingenciaiep.cl

Domingo 28 de noviembre de 2021“Instrucciones Divinas Que El Pueblo Debía Obedecer”

Domingo 28 de noviembre de 2021“Instrucciones Divinas Que El Pueblo Debía Obedecer”

    Lección: Levítico Cap. 11, versículos 26 al 32. Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo. Y de todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta la noche. Y el que llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; los tendréis por inmundos. Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie, el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón. Estos tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche. Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se trabaja, será metido en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces quedará limpio. 

   Comentario: En primer lugar, están las preguntas sobras las personas que entraran en contacto con la muerte (vv. 24–30). ¿Qué ocurre cuando una persona toca el cadáver de un animal muerto? La respuesta es: “Todo el que levante parte de sus cadáveres lavará sus vestidos y quedará inmundo hasta el atardecer” (v. 25). La misma pena se impone de forma general al principio y después se repite para dar énfasis, primero en relación con los animales que andan sobre cuatro patas (vv. 26–28) y, segundo, en relación con aquellos que se mueven sobre la tierra (vv. 29–31). Quien entrara en contacto con animales muertos se contaminaba, pero no de manera importante, puesto que la contaminación era temporal, sólo hasta el atardecer. La mancha se podía limpiar y había que ofrecer un sacrificio.

   En segundo lugar, hay preguntas sobre objetos que entraban en contacto con los animales muertos (vv. 32–38). La respuesta muestra una lógica aplastante. Si un animal caía sobre una prenda de ropa, la prenda se volvía inmunda y necesitaba ser lavada (v. 32).

   Pensamiento: El pueblo de Dios no sólo debía guardarse cuidadosamente de comer lo inmundo, sino que aún el simple contacto le estaba prohibido (Véanse los Vers. 8, 24, 26-28, 31-41). Era imposible que un miembro del Israel de Dios tocara lo que era inmundo sin contraer inmundicia. Este principio está ampliamente desarrollado en la ley y los profetas: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: si llevare alguno las carnes sagradas en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare el pan, o la vianda, o el vino, o el aceite, u otra cualquiera comida, ¿será santificado? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: No. Y dijo Haggeo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será» (Hag. 2:11-13). Jehová quería que su pueblo fuese santo por todos conceptos. No debían comer, ni tocar nada que fuera inmundo. «No ensuciéis vuestras personas con ningún reptil que anda arrastrando, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos». Después viene la poderosa razón de esta detallada ordenanza: «Porque yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificareis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no ensuciéis vuestras personas con ningún reptil que anduviere arrastrando sobre la tierra. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para seros por Dios; seréis, pues, santos, porque yo soy santo».

  Es conveniente observar que la santidad personal de los siervos de Dios, su entera separación de toda especie de inmundicia, proviene de sus relaciones con El. No se basa en el principio: «retírate, no te acerques a mí, porque yo soy más santo que tú»; sino sencillamente sobre éste: «Dios es santo», por esto todos los que están en relación con El, deben ser santos también. Por todos conceptos es digno de Dios que su pueblo sea santo. «Tus testimonios son firmes; la santidad reside en tu casa, ¡oh Jehová! por largos días». ¿Qué puede convenir a la morada de Jehová sino la santidad? Si se hubiera preguntado a un israelita «¿Por qué retrocedes así ante ese reptil que se arrastra por el sendero? hubiera contestado: «Jehová es santo, y yo le pertenezco: Él ha dicho: «No lo toques». Igualmente, ahora, si se pregunta a un cristiano por qué se mantiene alejado de tantas cosas en las que los hombres del mundo toman parte, su respuesta debe ser sencillamente: «Mi Padre es santo». Esta es la verdadera base de la santidad personal. Cuanto más contemplemos el carácter divino y comprendamos la potencia de nuestras relaciones con Dios en Cristo por la energía del Espíritu Santo, tanto más santos seremos en la práctica. No puede haber progreso en el estado de santidad en que entra el creyente; pero hay y debe haber progreso en la apreciación, en la experiencia y en la manifestación práctica de esta santidad. Estas cosas nunca deberían confundirse. Todos los creyentes están en la misma condición de santidad o de santificación, pero su medida práctica puede variar hasta lo infinito. Esto es fácil de comprender; nuestra condición resulta de que fuimos hechos cerca de Dios por la sangre de la cruz; la santidad práctica depende de la medida en que nos mantenemos cerca de Dios, por la potencia del Espíritu. Esto no es pretender un grado de santidad personal más elevado que el de otros, ni ser de algún modo mejor que el prójimo. Tales pretensiones son, desde luego, despreciables a los ojos de toda persona inteligente. Pero si Dios, en su gracia infinita, se baja hasta nosotros y nos eleva a la santa altura de su presencia bendita, en unión con Cristo, ¿no tiene el derecho de prescribirnos cuál ha de ser nuestro carácter? ¿Quién osaría poner en duda una verdad tan evidente? Y por otra parte ¿no debemos procurar conservar este carácter que nos prescribe? ¿Debernos ser acusados de presunción si lo hacemos? ¿Era presunción para un israelita el rehusar tocar «un reptil»? No, pero habría sido una audaz y peligrosa presunción el hacerlo. Podía ser, es verdad, que no pudiera hacer comprender y apreciar a un extranjero incircunciso, el motivo de su conducta, pero lo que importaba era que Jehová había dicho: «No lo toques». No era que un israelita, por si mismo, fuese más santo que un extranjero, sino porque Jehová era santo, e Israel le pertenecía. Eran necesarios el ojo y el corazón de un discípulo circunciso de la ley de Dios, para discernir lo que era limpio y lo que no lo era. Un extranjero no veía en ello ninguna diferencia. Así debe ocurrir siempre: únicamente los hijos de la sabiduría son los que la pueden justificar y aprobar sus celestes enseñanzas.

Texto: “De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés”.  (Josué Cap. 11, versículo 15).

    Comentario del texto áureo: Resumen de los objetivos alcanzados, 11:15.

   Esta sección recuerda que Josué ha tenido éxito en esta nueva campaña debido a la obediencia total a la voluntad de Dios, «sin omitir nada de todo lo que Jehovah había mandado a Moisés» (v. 15). De esta forma, el autor está diciendo que la historia de Israel es un continuo cumplimiento de las promesas divinas hechas a Moisés como principal protagonista de la liberación de la esclavitud. Hay todo un proyecto, un destino delineado por la omnisciencia de Dios que si bien encuentra tropiezos en la desobediencia del ser humano aún esto es usado para cumplir con las promesas que Dios hizo en beneficio de estos mismos hombres.

    No es fácil comprender cómo se lleva a cabo el cumplimiento de estas promesas, porque lo más importante no es comprenderlo para creerlo sino creerlo para comprenderlo. El objetivo del autor del libro de Josué (“el maestro”; ver Introducción) era alimentar la fe de los israelitas antes que confundirlos acerca del cómo se llevaron a cabo las tomas de estas tierras y para ello se presuponía que había fe en Israel.

   Los relatos históricos fortalecían la esperanza y la confianza en que Dios actuaría de la misma forma en el “hoy” (yom 3117; ver 4:9; 5:9; 6:25; 7:26; 8:28, 29; 9:27; 10:27; 13:13; 14:14; 15:63; 16:10; 22:3, 16, 18, 22, 29, 31; 23:9; 24:15) de los primeros lectores, pero que al mismo tiempo esperaba una respuesta igualmente obediente de ellos como lo hizo Josué.

1er Titulo: necesario lavamiento de todo lo que contaminaba a Israel. Versíc. 26 al 28. Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo. Y de todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta la noche. Y el que llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; los tendréis por inmundos. (Léase Isaías 1:16. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; ▬ Salmos 51.7. Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.).

    Comentario: 11:24–28. Tocar el cadáver de cualquier animal inmundo de la tierra—incluyendo los que andan sobre sus garras (lit. ―manos‖, v. 27), por ejemplo, gatos, perros y osos— hacían a la persona ceremonialmente inmunda y tenía que lavarse y esperar hasta la noche. El concepto de ser inmundo hasta la noche, no sólo restringía la participación en el culto, sino también la convivencia dentro de la comunidad.

   Comentario 2: En esta sección el profeta nos presenta el culto de Israel, el servicio a su Dios. Se trata de un culto imponente, real, con “multitud de sacrificios”, oraciones, festividades y asambleas festivas. Sin embargo, Dios desecha tanta vanidad, tanto gasto y dice: Cuando extendáis vuestras manos [en oración], yo esconderé de vosotros mis ojos… ¡Vuestras manos están llenas de sangre! (v. 15). La referencia no es a la sangre de los sacrificios, sino a los hechos de violencia, adulteración y falsedad (vv. 21, 22) perpetrados por los gobernantes (vv. 10, 23); y también por el pueblo mismo, a los cuales el profeta compara con Sodoma y Gomorra, ciudades que han llegado a ser prototipos de violencia y de corrupción (v. 10).

   Pero, ¿cuáles son las demandas del Dios santo? Estas son expuestas en los vv. 16 y 17:

“Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos…”

    La pureza de las motivaciones y de las acciones es la condición para luego saldar la cuenta con Dios. ¿Es que esto es posible? Sí lo es, nos lo muestra Isaías. Es más: El v. 18 expresa el llamado vehemente de Dios a aquellos cuyas manos están manchadas de sangre, roja como la grana o como el carmesí. Tras la purificación de uno mismo, que es la expresión más acendrada de una santa motivación, Dios ofrece la confirmación de tal pureza: “Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos…” (v. 18) Sin embargo, el rechazo del llamado y de la oportunidad que da Jehovah tendrá consecuencias trágicas: “Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada” (1:20; comp. vv. 24 y 25).

    Pero como es característico de Isaías, en esta misma sección, está puesta también la promesa de la redención postrera de Sion, cuando el contenido del derecho y la justicia sea realidad en ella (vv. 25 y 27).

   Comentario 3: En este párrafo el salmista de nuevo pide limpieza, pide restauración, pide que Dios olvide sus pecados, pide un cambio en su vida, una comunión constante con Dios y gozo.

   El hisopo (v. 7) fue usado en la Pascua para aplicar la sangre del cordero al dintel y postes de la casa (Exo. 12:22). También se usaba en la limpieza ritual del leproso (Lev. 14) y para la purificación del que tocara a un muerto (Núm. 19:18). La petición lávame nos hace recordar Isaías 1:18. Ciertamente la redención y la limpieza de pecados es el tema central de la Biblia.

2° Titulo: Dios declara lo inmundo, para no participar de ello. Versíc. 29 y 30. Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie, el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón. (Léase Apocalipsis 18:4. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; ▬ Isaías 52:11. Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.).

   Comentario: 11:29–30. Se incluye un grupo especial de animales, los que se mueven sobre la tierra (lit. pululan, i.e., que aparecen en enjambre y se mueven de manera errática). La misma palabra hebr. se trad. insecto en el v. 20. De hecho, los animales que “pululan” pueden caer en cualquiera de las tres categorías principales, dependiendo de si se mueven en la tierra, el agua o el aire. Todas esas criaturas son inmundas y si se las encontraba muertas dentro de un recipiente doméstico o si sus cadáveres llegaban a tocar cualquier cosa, ese objeto quedaba inmundo y debía ser destruido o purificado. Se exceptuaba de lo anterior a una fuente o cisterna, quizá por la apremiante necesidad de suministros de agua.

   Comentario: Apocalipsis 18: 4. Y escuché otra voz del cielo que decía, «Pueblo mío, salid de ella, de modo que no participes en sus pecados, y para que no recibas sus plagas».

   Juan no escribe en forma concreta que el que habla fuera otro ángel. Aunque se puede argüir que Dios o Cristo es quien habla debido a la expresión «pueblo mío», el contexto del anuncio sugiere que fue un ángel el que pronunció estas palabras. El versículo siguiente, «Dios ha recordado sus crímenes», parece indicar que el mensajero de Dios es un ángel (v. 5).

   El mensaje divino dirigido al pueblo de Dios es claro y preciso: «Salid de ella, de modo que no participes de sus pecados». Es un lenguaje conocido que recuerda las advertencias que hicieron Isaías y Jeremías:

– «¡Salgan de Babilonia! ¡Huyan de los caldeos!» (Is. 48:20)

– «¡Pónganse en marcha, salgan de allí!… ¡No toquen nada impuro!» (Is.52:11).

– «¡Huye de ella, pueblo mío! ¿Sálvese quien pueda de mi ardiente ira!» (Jer. 51:45; véase 2 Co. 6:17).

   La voz no dice que el pueblo de Dios deba vivir aislado del resto del género humano. Si este fuera el caso, no podrían influir en el mundo con el evangelio de salvación. Jesús oró para que los suyos estuvieran en el mundo, pero no fueran del mundo (Jn. 17:14–18).

    En la época del exilio, cuando Ciro autorizó a que los judíos dejaran Babilonia, Dios dijo a su pueblo que no tomaran consigo nada que fuera impuro o que tuviera que ver con el culto de los ídolos. Quería que los judíos salieran de Babilonia para ser puros y santos. De igual modo, Pablo exhortó a los cristianos corintios que habían salido del paganismo a que se apartaran del culto de los ídolos para dedicar su vida a Jesucristo (2 Co. 6:17). En el caso de los receptores de Apocalipsis, la exhortación no significaba salir del mundo romano o de Roma misma. En lugar de ello, tenían que «romper con la cultura idólatra del imperio y con su estilo de vida y evitar cualquier compromiso» como resulta evidente por las siete cartas que Juan dirigió a las iglesias en la provincia de Asia (caps. 2 y 3). Para los cristianos de hoy el mensaje es separarse espiritual y moralmente del mundo secular y no participar en sus pecados. Aunque están en este mundo, deben vivir en completa armonía con la palabra de Dios y con el testimonio de Cristo como ciudadanos del reino de los cielos. Pero si no lo hacen y adoptan los caminos del mundo, también recibirán sus plagas. Estas plagas son aquellas en que Dios manifiesta su enojo en el día de su ira (16:19).

   Comentario 3: 52:1-12 El evangelio proclama la libertad a quienes están sometidos a los temores. Que los cansados ​​y cargados bajo la carga del pecado, encontrar alivio en Cristo, sacudirse el polvo de sus dudas y temores, y perderse a sí mismos de esas bandas. El precio pagado por el Redentor por nuestra salvación, no era de plata o de oro, o cosas corruptibles, sino su propia sangre preciosa. Teniendo en cuenta la gratuidad de esta salvación, y lo hiriente a los pecados de confort son temporales, que se valora más la redención que es en Cristo. ¿Buscamos la victoria sobre todo pecado, recordando que la gloria de Dios requiere santidad en todo seguidor de Cristo? La buena noticia es, que el Señor Jesús reina. El mismo Cristo trajo por primera vez estas noticias. Sus ministros proclaman estas buenas nuevas: mantenerse limpios de las contaminaciones del mundo, son hermosos a aquellos a quienes son enviados. Atalayas de Sion apenas podían discernir una cosa del favor de Dios a través de la nube oscura de sus aflicciones; pero ahora que la nube se dispersa, ellos verán claramente el rendimiento. Lugares asolados de Sión se regocijará a continuación; todo el mundo va a tener el beneficio. Esto se aplica a nuestra salvación por Cristo. Babilonia no es lugar para los israelitas. Y es una llamada a todos en la esclavitud del pecado y de Satanás, para usar la libertad con que Cristo ha proclamado. Tenían que ir con prisas diligente, para no perder tiempo ni quedarse; pero no estaban para ir con prisas desconfiados. Los que están en el camino del deber, están bajo la protección especial de Dios; y el que cree esto, no se apresurará para el miedo. (Comentario de Matthew Henry)

3er Titulo: Advertencia a no contaminarse, para no perder la comunión con Dios. Versíc. 31 y 32. Estos tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche. Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se trabaja, será metido en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces quedará limpio. (Léase 1ª de Juan 3:3. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.).

   Comentario: 11:31-32 “todo el que toque sus cadáveres…y todo el que levante parte de sus cadáveresNotemos que se incurre en impureza ceremonial simplemente al tocar los animales mencionados como “impuros”, lo cual puede ser una indicación del propósito higiénico o de la distinción ceremonial. Sin embargo, no existe certeza al respecto. Había un ritual para lograr la restauración a un estado de “limpieza/santidad” (cf. Lv 11:25, 28, 31, 32, 40).

  1. Lavar sus ropas
  2. Estar excluido del culto o de toda participación en adoración durante un período.
  3. Si se trata de un vaso o vasija, debía quebrarse (Lv 11:33)
  4. Si estaba hecha de piedra, debía romperse (Lv 11:35)

¡Dios había provisto un procedimiento claro y reiterativo para la restauración! El sistema sacrificial era un medio para restaurar la comunión entre seres humanos pecadores y un Dios santo.

   Comentario 2: 1ª de Juan 3:3. 3. Y todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, así como él es puro.

   ¿Como enfrenta el creyente el futuro? Ha recibido de Dios la promesa de una completa restauración, y vive ahora en la esperanza de que Dios cumplirá su promesa.

   Juan declara un hecho: “Todo el que tiene esta esperanza … se purifica a sí mismo”. El evita expresar un deseo (“puede purificarse”), o una posibilidad (“podría purificarse”) o un mandato (“debería purificarse”). Juan formula el hecho en términos positivos. El creyente vive en la esperanza de verse transformado en semejanza a Jesucristo, y cuanto más contempla esta verdad tanto más se purifica del pecado. Busca limpiarse a sí mismo del pecado que contamina el cuerpo y el alma; se esfuerza constantemente en la santidad por reverencia a Dios (2 Co. 7:1. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.).

   “Así como él es puro”. En los capítulos precedentes, Juan ha escrito que, si tenemos comunión con Jesús, él nos limpia del pecado por medio de su sangre (1:7); y que, si declaramos que tenemos comunión con él, “debemos andar como Jesús anduvo” (2:6). Por eso Juan enfatiza ahora la pureza moral que todo creyente debe demostrar por medio de una vida de santidad. Juan indica cuál ha de ser la medida: así como Cristo es puro, así se esfuerzan los creyentes por ser puros.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

 


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.