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Domingo 28 de junio de 2020: “Fiestas Sagradas ordenadas por Dios”

Domingo 28 de junio de 2020: “Fiestas Sagradas ordenadas por Dios”

Lección: Éxodo Cap. 34, versículos 18 al 26. 18La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.19Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho. 20Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. 21Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás. 22También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año. 23Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel. 24Porque yo arrojaré a las naciones de tu presencia, y ensancharé tu territorio; y ninguno codiciará tu tierra, cuando subas para presentarte delante de Jehová tu Dios tres veces en el año. 25No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua. 26Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. 

Temas A Tratar:

5) Debían celebrar la Pascua: debían guardar la fiesta de los panes sin levadura:

  • comer panes sin levadura por siete días;
  • celebrar la gran liberación con que Dios los había sacado de Egipto (símbolo del mundo).

6) Siempre debían entregar a Dios el primogénito:

  • debían entregar los primogénitos de cada rebaño y ganado; debían entregar un cordero sustituto para redimir el primogénito del asno; debían entregar un cordero sustituto para redimir al primogénito de sus hijos.

7) Debian guardar el día de reposo, incluso durante la temporada de más trabajo.

8) Debian guardar y celebrar las fiestas religiosas: la fiesta de las semanas y la fiesta de la cosecha.

9) Todos los hombres debían presentarse delante de Dios tres veces al año.

  • Para guardar las fiestas religiosas anuales.
  • La promesa de Dios: él protegería a su pueblo de sus enemigos mientras ellos lo adoraran.

10) Debían guardar la Pascua:

  • no debían usar pan leudado;
  • no debían dejar nada del sacrificio hasta la mañana.

11) Debian llevar a la casa de Dios las primicias.

l2) No debían cocer el cabrito en la leche de su madre.

   Comentario General: Las obligaciones positivas (vv. 18–26). Se indican las siguientes obligaciones: (1) El guardar la fiesta de los panes sin levadura (v. 18; ver 12:14–20; 13:3–10; 23:15), (2) el ofrecimiento de los primogénitos (vv. 19, 20; ver 13:1, 2, 12, 13; 22:29), (3) el guardar el sábado (v. 21; ver 20:8–11; 23:10–12); se incluye en la ordenanza la sociedad agrícola también; el servir a Dios era más importante que el servirse a sí mismo, (4) la celebración de las tres fiestas de peregrinaciones anuales (vv. 22–24; ver 23:14–17), (5) indicaciones varias (vv. 25, 26; ver 23:19 donde se trata de cocer el cabrito en la leche de su madre).

   Una vez por semana deben reposar, aunque sea en la temporada de siembra y de cosecha. Todos los negocios del mundo deben dar lugar al reposo santo; aun la siega prosperará para mejor por la observancia sagrada del día de reposo en la temporada de la cosecha. Debemos demostrar que preferimos nuestra comunión con Dios y nuestro deber para con Él antes que los negocios o la alegría de la cosecha. —Tres veces al año ellos debían presentarse ante el Señor Dios, el Dios de Israel. Canaán era una tierra deseable y los pueblos vecinos eran codiciosos; pero Dios dice: ―Ninguno codiciará tu tierra. Controlemos todos los deseos pecaminosos de nuestro corazón contra Dios y su gloria y, entonces, confiemos en que Él controle todos los deseos pecaminosos en el corazón de otros en contra de nosotros. El camino del deber es el camino de la seguridad. Quienes se aventuran por él, nunca pierden. —Aquí se mencionan tres fiestas: —1. La Pascua, que recuerda la liberación desde Egipto. —2. La fiesta de las semanas o fiesta de Pentecostés; agregada a esta está la ley de las primicias. —3. La fiesta de la cosecha o fiesta de los Tabernáculos. —Moisés tenía que escribir estas palabras para que el pueblo las conozca mejor. Nunca podemos estar suficientemente agradecidos de Dios por la palabra escrita. Dios haría un pacto con Israel con Moisés como mediador. Así, el pacto de gracia lo hace con los creyentes por medio de Cristo.

Texto: 1ª a los Corintios Cap. 5, versículo 8. “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. 

1er Titulo:

Fiesta que recuerda la liberación de su pueblo. Versíc. 18 al 20. 18La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.19Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.20Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. (Léase 1ª a los Corintios 11:23 al 25. 23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.).

   Comentario: 5) El pueblo debía festejar la Pascua: debían guardar la fiesta de los panes sin levadura (v. l8), durante la cual debían comer panes sin levadura por un período de siete días, mientras celebraban la gran liberación con que Dios los sacó de, Egipto (símbolo del mundo) (vea bosquejo y notas Ex. 12: 14-20).

6) El pueblo debía entregar los primogénitos a Dios (vv. 19-20).

⏩ Debían entregar los primogénitos de cada rebaño y ganado (v. 19).

⏩ Debian entregar un cordero sustituto para redimir el primogénito del asno (v. 20).

⏩ Debian entregar un cordero sustituto para redimir a los primogénitos de entre sus propios hijos (v. 20).

   Las ofrendas son importantes para Dios porque revelan cuáles son las verdaderas intenciones del corazón de una persona. Quien verdaderamente ama a Dios, entrega a él todo lo que es y todo lo que tiene. Todos los recursos que exceden las necesidades básicas de la vida con totalmente necesarios para suplir las necesidades extremas y urgentes de los sufridos y perdidos del mundo. Dios dice: “ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías” (v. 20).

   “Cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado” (Dt. 16:17).

   “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primacías de todos tus frutos” (Pr. 3:9).

   “Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Hch. 11:29).

   “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Co. 16:2).

   “Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene” (2 Co. 8:12).

   Comentario de 1ª a los Corintios:  b. Institución 11:23–26

   Cuando las iglesias celebran la Santa Comunión, escuchan las palabras que Pablo recibió del Señor y que él pasó a los creyentes. Las palabras de este pasaje particular son la fórmula usada para observar la Cena del Señor. Lo que queremos decir es que usamos las palabras que Pablo escribió a los corintios y no las que están en los Evangelios.

   Tanto las palabras como la secuencia que presentan los Evangelios son distintas a las que Pablo coloca en este capítulo. En el comentario de los siguientes versículos (vv. 23–26) discutiremos estas diferencias.

[23]. Porque yo recibí del Señor lo mismo que os transmití, que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan [24]. y, habiendo dado gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo, que es por vosotros. Haced esto en memoria de mí».

-a. «Porque yo recibí del Señor lo mismo que os transmití». Cuando Pablo dijo a los corintios que no sabía qué decirles (v. 22) les estaba diciendo que estaba perplejo, pero no afirmaba que no tenía nada que decir. Por el contrario, como padre de la iglesia de Corinto, les enseña el significado y la manera correcta de celebrar la Cena del Señor. Los creyentes deben entender que cuando comen el pan y beben de la copa del Señor, en esos momentos son invitados a su mesa. Si los cristianos participan sin amar a los demás miembros de la iglesia, deshonran al Señor mismo. Por esa razón, deben aprender las palabras que el Señor pronunció cuando instituyó la Cena.

   Pablo dice que recibió del Señor la fórmula de la Comunión. ¿Quiere decir que Jesús le comunicó esta fórmula cuando Pablo se convirtió o en alguna visión subsiguiente? Cualquiera de estas dos alternativas podría ser cierta. Pero el Señor Jesús también comunicó a Pablo su palabra indirectamente, como lo hizo por medio de Ananías en Damasco (Hch. 9:17). Así que, Pablo podría estar diciendo que alguno de los apóstoles le enseñó las palabras de la institución de la Santa Cena. De hecho, Pablo estuvo quince días en compañía de Pedro (Gá. 1:18). Conjeturamos que Pablo recibió la información a través de los apóstoles. No obstante, la revelación primero vino de Jesús, quien es el Señor de esta tradición y el que en persona dirige el desarrollo de la iglesia.

   Las palabras recibí y transmití son términos técnicos que denotan los eslabones individuales de la cadena de la tradición. (En otro lugar Pablo alude a esta transmisión de revelación divina [véase 15:3]. Un ejemplo perfecto es su predicación en Tesalónica, donde oralmente transmitió el evangelio a los tesalonicenses. A su vez, ellos lo comunicaron oralmente a la gente por toda Macedonia y Acaya [1 Ts. 1:5–8].) Las palabras de la institución se originaron con el Señor, no con Pablo. Por lo tanto, son palabras divinas que deben honrarse, obedecerse y transmitirse. Pablo afirma que recibió del Señor las palabras de la Santa Comunión a través de los apóstoles y que él ahora las transmite a los corintios. Espera que acepten este sagrado depósito y tradición que deberán pasar a otros.

-b. «Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado». Confiamos que los destinatarios estaban familiarizados con el relato acerca de los hechos relacionados con la traición y arresto de Jesús. Al añadirle Jesús a Señor, Pablo dirige la atención de sus lectores a la vida terrenal de Jesús y a la humillación que tuvo que experimentar. Pero notemos el contraste: mientras que los adversarios de Jesús tramaban sus intrigas para arrestarlo y matarlo, el Señor instituía el sacramento de la Santa Comunión.

   Para describir el acto de la traición, Pablo usa un verbo griego en tiempo imperfecto, y así indica a una acción que estaba en progreso. Sólo Pablo da esta información como introducción a las palabras que Jesús pronunció. Los evangelistas colocan la institución en el contexto inmediato de la fiesta de la Pascua y en el contexto más amplio de la agonía de Jesús en Getsemaní y de su sufrimiento y muerte en el Calvario. De esta manera la Cena del Señor se coloca dentro de su contexto histórico. Pero Pablo revela que la Comunión también es el repetido acto de entregar y recibir el sacramento hasta que el Señor vuelva (v. 26).

-c. «[Jesús] Tomó pan y, habiendo dado gracias, lo partió». El griego tiene las mismas palabras que Lucas 22:19. La narración de Mateo 26:26 y de Marcos 14:22 son casi idénticas en la traducción, excepto por una forma verbal distinta para «dio gracias». Los relatos de los Evangelios especifican que Jesús entregó el pan a sus discípulos. Pero Pablo omite este detalle, pues quizá quería suministrar un contexto más general aplicable a todo el que participe del pan.

   Las palabras de la fórmula hacen eco de otras tradiciones o acontecimientos. Por ejemplo, en la alimentación de los cinco mil, Jesús tomó pan, miró al cielo, dio gracias y lo partió. Los padres judíos seguían el mismo ritual para la comida o en la Pascua. Cerca del final de la celebración de la Pascua, Jesús instituyó la Cena del Señor tomando pan, lo cual era una referencia a su propio cuerpo que dentro de poco sería entregado al sufrimiento y a la muerte.

-d. «Y dijo: ‘Este es mi cuerpo, que es por vosotros. Haced esto en memoria de mí’». Los evangelistas también registran este dicho de Jesús. Comparemos sus palabras con las de Pablo, para lo cual ofrezco mi propia traducción:

   Los relatos de Mateo y Marcos son casi idénticos, como lo son los de Lucas y Pablo. Una diferencia entre Mateo y Marcos es que el primero registra el imperativo comed. De la misma forma, Lucas tiene el verbo dado que Pablo omite. Lucas y Pablo no registran el mandato tomad y comed al principio del dicho de Jesús. Por otra parte, sólo Pablo y Lucas registran el mandato de Jesús: «haced esto en memoria de mí». Los cuatro tienen las palabras esto es mi cuerpo.

   Desde el tiempo de la Reforma, los teólogos han discutido el significado de las palabras esto es mi cuerpo. Un comentario no es el lugar para un largo ensayo teológico. Pero haré algunas observaciones. El pedazo de pan que Jesús sostenía en su mano no se convirtió en su cuerpo físico; el pan siguió siendo pan. Fue un símbolo que representaba la realidad de su cuerpo. Así como la paloma que descendió sobre Jesús el día en que fue bautizado representaba al Espíritu Santo, así el pan representa el cuerpo del Señor.

   Jesús dijo a sus discípulos: «Este es mi cuerpo, que es por vosotros». En la víspera de su muerte, el Señor habló en forma profética acerca de su cuerpo físico que sería clavado a una cruz como expiación por el pecado. Su cuerpo sería entregado por todos los que creen en Cristo y participan del pan en la Comunión. Jesús afirmó que moriría en el lugar de ellos (cf. Ro. 5:7, 8).

   ¿Qué podemos decir acerca del exaltado e invisible cuerpo del Cristo que ascendió al cielo? El pan que el creyente come es un símbolo de ese cuerpo glorificado que ahora está en el cielo. A través del Espíritu Santo y por la fe, los que participan en el pan se unen en comunión con Cristo y experimentan su presencia y poder sagrados.

    El mandamiento «haced esto en memoria de mí» se puede entender en sentido subjetivo y objetivo. Desde el punto de vista objetivo, apunta a la oración que elevamos a Dios para pedirle que en su gracia recuerde al Mesías y que traiga su reino cuando él aparezca. En sentido subjetivo, quiere decir que al participar de la Cena del Señor, recordamos su muerte en la cruz. De estas dos interpretaciones, la segunda parece más pertinente al contexto. La iglesia de Corinto no celebraba correctamente la Cena del Señor (vv. 20, 21). Necesitaban recordar la muerte de Jesús y reflexionar en las implicaciones que tenía para ellos. Por consiguiente, Pablo repite las palabras de Jesús para recordarles a los corintios que la Cena del Señor es un acto recordatorio.

   Pablo afirma que al comer el pan y beber de la copa, proclamamos la muerte del Señor (v. 26). Jesús mandó que lo hiciéramos repetidamente, para que recordemos su muerte. Pero la Comunión significa mucho más que recordar la muerte de Cristo. También recordamos su obra redentora, su resurrección y ascensión, su promesa de que estará siempre con su pueblo y su segunda venida.

Consideraciones prácticas en 11:23–24

   ¿Cuál es el significado de la Cena del Señor cuando un cristiano participa de los elementos? Recuerdo la primera vez que tuve el privilegio de participar. Por semanas había estado esperando a la celebración de la Santa Cena, pero se me apagó el espíritu de expectación cuando comí y bebí con el resto de los comulgantes. Esperaba una descarga sobrenatural de poder divino, pero no ocurrió nada milagroso durante el culto. Pensé acerca de la muerte de Cristo en la cruz del Calvario, el perdón de los pecados y en la presencia del Señor. En un sentido, esa primera experiencia moderó mis expectaciones y no tuvo nada mágico.

   Con el tiempo, maduré espiritualmente y empecé a experimentar la presencia de Cristo en los servicios de Comunión. Como anfitrión, Jesús me invitaba a su mesa. Como Mediador del nuevo pacto que Dios hizo, me tuvo como una de las partes de dicho pacto. Como el Cordero de Dios inmolado en el Gólgota, me limpió de mis pecados. Como mi hermano y amigo, me mostró cómo vivir para la gloria de Dios y cómo expresarle mi gratitud. Como fuente de bendición, no me llenó de pesar y tristeza por su muerte, sino con gozo y alegría por su presencia.

   ¿Cuál es el significado de la Comunión? Es un tiempo de reflexión, de regocijo y acción de gracias. Al experimentar en la mesa la presencia espiritual del Señor, con la iglesia de todos los siglos y lugares oramos con fervor Maranata, esto es, «Ven, oh Señor» (16:22; véase también Ap. 22:20).

[25]. De la misma forma, tomando también la copa después de cenar, dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí».

-a. Variaciones. Las palabras de este versículo son casi idénticas a las del relato de Lucas. En el texto griego de los Evangelios sinópticos, sólo Lucas tiene la expresión de la misma manera, y sólo él omite el verbo tomando (22:20; cf. con Mt. 26:27; Mr. 14:23). Para que el texto sea meridiano, al versículo 25 es necesario añadirle la palabra tomando.

   Mateo escribe que Jesús tomó la copa y mandó a sus discípulos: «bebed de ella todos» (26:27). Marcos tiene una oración declarativa que dice: «todos bebieron de ella» (14:23). Pero Lucas anota el comentario de Jesús, que dice: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lc. 22:20b). Pablo registra la primera parte de la oración de Lucas, pero no la segunda. De todos los relatos de la última cena, sólo Pablo tiene las palabras: «haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Por otro lado, los tres sinópticos muestran un equilibrio respecto a los beneficiarios del pan y de la copa, pues añaden: «derramada por muchos/vosotros» (Mt. y Mr./Lc.).

   Tanto Mateo como Marcos escriben: «mi sangre del pacto». Pero en Lucas las palabras de Jesús aparecen como: «el nuevo pacto en mi sangre». ¿Dijo Jesús «nuevo pacto» en cumplimiento de la profecía de Jeremías (Jer. 31:31) y Lucas registró el adjetivo nuevo? ¿Suprimieron Mateo y Marcos este adjetivo? Aparte de las interrogantes acerca de las variaciones, Lucas y Pablo muestran notable similitud en sus relatos.

-b. Significado. «De la misma forma, tomando también la copa después de cenar, dijo». Pablo usa la frase de la misma manera para formar un económico paralelo entre las palabras sobre administración del pan y de la copa. El adverbio también afirma que con la copa Jesús usó el mismo procedimiento que con el pan. Cuando Pablo escribe «después de cenar», da a entender que después de que se distribuyó y se comió el pan, se llenó la copa por tercera vez, como era la costumbre.76 Después se pasó la copa a los discípulos. En la cena de la Pascua judía, a intervalos los participantes bebían de cuatro copas (véase el comentario a 10:16). Cuando Jesús tomó la copa, tomó la tercera copa conocida como la «copa de bendición». En ese momento instituyó la segunda parte de la Cena del Señor. A su vez, la frase después de cenar (v. 25) hace posible que cuando la iglesia de Corinto celebraba la Comunión, lo hacía colocando un intervalo entre la distribución del pan y la de la copa.

   «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre». Según Pablo y Lucas, Jesús no dice que el líquido de la copa sea su sangre, lo que hace que esta oración no sea del todo paralela a las palabras esto es mi cuerpo. Aunque Mateo y Marcos mantienen un equilibrio entre cuerpo y sangre, Lucas y Pablo dejan fuera el paralelismo porque para ellos la frase central es nuevo pacto. Esta expresión le da a la palabra sangre un significado espiritual más profundo. La copa representa el nuevo pacto que Pablo ratifica con su sangre. Cuando Moisés confirmó el primer pacto en el monte Sinaí, roció sangre sobre el pueblo, y dijo: «He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros» (Éx. 24:8; véase también Zac. 9:11). En el primer pacto se roció la sangre de un animal, en el nuevo pacto la sangre de Cristo.

   ¿Qué es un pacto? «La palabra ‘pacto’ apunta a una disposición unilateral que Dios hace en favor del hombre, y no debe de entenderse como un acuerdo mutuo entre dos partes que están en las mismas condiciones».78 En los días de Moisés, Dios instituyó el primer pacto (Éx. 24:4b-8) y a los israelitas les hizo promesas que cumplió. El pacto exigía ciertas obligaciones a los israelitas, las cuales eran obedecer la ley, lo cual no hicieron. Cuando Dios hizo un nuevo pacto con su pueblo, el antiguo quedó obsoleto (Heb. 8:13). Dios ratificó el nuevo pacto con la sangre de Cristo derramada una vez para siempre (Heb. 9:26; 10:10). Además, nombró a Jesús como mediador de este pacto (Heb. 7:22; 8:6) y Jesús cumplió el pacto entregando su cuerpo y sangre. En suma, en la palabra pacto radica el paralelo implícito entre el cuerpo de Cristo, que fue sacrificado por nosotros y la sangre rociada de Jesús, la cual confirma este nuevo pacto con su pueblo (cf. Ro. 3:25).

   Todo creyente que bebe de la copa en la mesa del Señor es un miembro del pacto que Cristo ratificó en su sangre. Lo mismo corre en cuanto al comer el pan. Todos los que participan del único pan están diciendo que participan en el cuerpo de Cristo (10:17). Juntos forman la comunidad del pacto.

-c. Mandamiento. «Haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Por segunda vez, Jesús ordena observar el sacramento de la Comunión. Pero este mandamiento lo da en forma más específica. Le ordena a su pueblo que lo celebren y, cuando lo hagan, que lo recuerden a él en conexión con su derramamiento de sangre por el perdón de sus pecados.

   En el Antiguo Testamento se les ordenaba a los israelitas que observaran la Pascua el día catorce del mes hebreo de Nisan. Por contraste, Jesús manda a su pueblo que coma del pan y beba de la copa regularmente, pero no les da una fecha específica. Algunas congregaciones celebran la comunión cada tres meses, otras una vez al mes, y otras una vez a la semana. Aunque numerosas iglesias celebran la Cena del Señor el jueves o viernes santo, su celebración no está limitada a un día en especial. Jesús más bien dice: «tan a menudo como observen la Comunión, recordad que yo me ofrecí por vosotros».

   [26]. Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, proclamáis la muerte del Señor hasta que él venga.

-a. «Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa». De todos los escritores del Nuevo Testamento que registran las palabras de la institución de la Santa Cena, sólo Pablo anota este mandamiento de Jesús, que dice: «haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí». Pablo añade ahora su propio resumen y entendimiento de la Cena del Señor. Con la conjunción porque resume la fórmula dada por Jesús. Repite las palabras todas las veces que y las conecta con la acción de comer el pan y la acción de beber de la copa. Estas dos acciones deben ser siempre elementos que están a la par. En las fiestas de amor y en los cultos de Comunión que los corintios celebraban se daban irregularidades que Pablo desea rectificar.

-b. «Proclamáis la muerte del Señor». Pablo enseña que todos los que comen el pan y beben de la copa proclaman simbólicamente la muerte de Jesús.80 Por medio de su muerte, Cristo los hizo partícipes del nuevo pacto que Dios estableció con su pueblo y del cual Cristo es el Mediador. Pablo les recuerda los beneficios espirituales que provienen del sacrificio de Jesús en la cruz y cuando ellos participan del pan y de la copa están reconociéndola unidad que todos tienen en Cristo.

   Cuando la iglesia celebra la Cena del Señor en el contexto del culto, los ministros deberían proclamar el significado de la muerte de Cristo. Cada vez que exponen a viva voz la Palabra de Dios, los que participan en el culto lo hacen en silencio al participar de los elementos del sacramento.

-c. «Hasta que él venga». Los miembros de la iglesia proclaman tanto la muerte como la segunda venida de Jesús. Miran expectantes al día cuando Cristo vuelva y estén para siempre con el Señor. En la iglesia de la segunda mitad del primer siglo, los creyentes celebraban la Comunión y oraban Maranata (ven, Señor).

   Los cristianos no pueden suprimir su deseo por estar con el Señor, deben proclamar su muerte, resurrección y regreso. En forma similar, el profeta Isaías habla de su incapacidad para suprimir este deseo:

Por amor de Sión no callaré,

y por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que salga como resplandor su justicia,

y su salvación se encienda como una antorcha

(Is. 61:1).

2° Titulo:

Celebraciones ordenadas para recordar la bendición de Dios. Versíc. 21 al 24. 21Seis días trabajarás, más en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás.22También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año. 23Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel.24Porque yo arrojaré a las naciones de tu presencia, y ensancharé tu territorio; y ninguno codiciará tu tierra, cuando subas para presentarte delante de Jehová tu Dios tres veces en el año. (Léase Nehemías 8:18. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.).

   Comentario: 7) El pueblo debía guardar el día de reposo, incluso durante la temporada de más trabajo (v. 21) (vea bosquejo y notas de Ex. 31: 12-17; vea también notas de Ex. 20:8-l l).

8) El pueblo debía guardar y celebrar todas las fiestas religiosas: la fiesta de las semanas y la fiesta de la cosecha. La fiesta de las semanas se corresponde con Pentecostés, que tenía lugar siete semanas después de la Pascua. La fiesta de la cosecha se corresponde con la fiesta de los tabernáculos (vea bosquejo y notas de Ex. 23: 14-17; He. 12:1-2).

   “Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria” (Sal. 26:8).

   “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4).

   “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Sal. 95:6).

   “Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra” (Sal. 96:9).

9) Todos los hombres del pueblo debían presentarse delante de Dios tres veces al año (vv. 23-24), siendo los primeros en guardar las fiestas religiosas. Esta ordenanza exigía un sólido compromiso por parte de los hombres, puesto que implicaba que tenían que dejar a sus esposas e hijos, su trabajo y sus propiedades para ir a adorar a Dios. Todos sus seres queridos y todos sus bienes quedarían expuestos a la amenaza de los pueblos impíos que los rodeaban, desprotegidos ante la posibilidad de un ataque o un robo. Sin embargo, Dios hizo una promesa a Israel: él protegería a su pueblo de sus vecinos impíos mientras ellos lo adoraban (v. 24). Dios quitaría de su mente los pensamientos sobre ataques y robos o bien evitaría de alguna manera que esos actos se llevaran a cabo.

   “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti” (2 Cr. 16:9).

   “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Sal. 34:7).

   “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad” (Sal. 91:4).

   Comentario 2: Nehemías: El v. 17b no quiere decir que Israel no había celebrado la fiesta en absoluto. La celebraron regularmente antes del cautiverio babilónico (ver Jue. 21:19, 20; 1 Rey. 8:2, 65; 12:32; 2 Crón. 7:8–10; 8:13) y de nuevo desde el retorno (ver Esd. 3:4). Sin embargo, no la habían celebrado acampados todos en enramadas. Esta costumbre se había observado en el reino del norte (ver Ose. 12:9), pero la fiesta allí no era la genuina fiesta de los Tabernáculos (ver 1 Rey. 12:32).

   Los judíos cumplieron una serie de leyes relacionadas con la fiesta (8:17b, 18): celebración con alegría (Deut. 16:13–15), lectura pública de la Ley (Deut. 31:10–13), duración de siete días (Lev. 23:34–36, 39; Núm. 29:12–38) y clausura con un feriado el octavo día (Lev. 23:36, 39; Núm. 29:35). A la luz de Deuteronomio 31:10–13, tal vez era un año sabático. Sin embargo, también puede haber sido otro año, pues desde tiempos inmemoriales la lectura de la Ley ha sido una parte destacada de la celebración de la fiesta todos los años. El hebreo no tiene el nombre Esdras al inicio del v. 18. Si bien es posible interpretar Esdras leía sobre la base de 8:2, 3, es más natural entender el verbo en forma impersonal: “se leyó”. De todas formas, la omisión del nombre desvía la atención del gran líder hacia la Ley y el pueblo. La expresión asamblea festiva incluye la idea de día de asueto (ver Lev. 23:36; Núm. 29:35), y conforme a lo establecido significa “conforme a la ley” (ver el uso de la expresión, y otras similares, en 1 Crón. 15:13; 24:19; 2 Crón 4:7, 20, 8:14; 35:13).

3er Titulo:

Real valor que Dios da a las primicias. Versíc. 25 y 26. 25No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua. 26Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. (Léase Proverbios 3:9-10. 9Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; 10Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.)

   Comentario: 10) El pueblo debía guardar la Pascua (v. 25). Era la fiesta más importante para los israelitas, por lo cual Dios quería que la celebraran de la forma correcta. Jamás debían profanar la fiesta usando pan leudado, ni debían dejar que ninguna parte de la cena de Pascua quedara de la noche hasta la mañana (vea bosquejo y notas de Ex. 12:1 13; 12:14-20).

11) Israel debía llevar a la casa de Dios las primicias de su labor (v. 26) (vea bosquejo y notas de Ex. 22:29-30).

   “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal. 3:10).

   “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Co. 16:2).

12) El pueblo no debía cocer el cabrito en, la leche de su madre (v. 26) (vea notas, pto. 2, de Ex. 23:19).

   Pensamiento 1. Si buscamos empezar de nuevo con Dios, debemos renovar nuestro pacto con él y nuestro compromiso de obediencia. Esa es la parte del trato que el hombre debe cumplir cuando busca establecer una relación renovada con Dios: la obediencia. El ser humano debe obedecer a Dios para poder tener una buena relación con él; debe guardar los mandamientos de Dios para agradarle y ser acepto delante de él.

   “Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 26:16).

   “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).

   “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14:23).

   Comentario de Proverbios: El contenido de los vv. 9 y 10 trata con un tema totalmente nuevo, ya que se encuentra un diálogo sobre las posesiones. Se une a los pasajes anteriores con la mención de Jehovah: Confía en Jehovah (v. 5), teme a Jehovah (v. 7) y ahora, honra a Jehovah (v. 9). El verbo honra sobresale porque recibe el énfasis del orden en la oración, siendo la primera palabra en el texto hebreo, y porque se encuentra en el modo verbal de piel, es decir el verbo está intensificado. Se puede leer el versículo: “Honra profundamente a Jehovah con tus riquezas…”

   El v. 9 entrega el desafío mandato al joven y el v. 10 propone la promesa divina cuando se logra. La presencia de la palabra riquezas no debe entenderse como un dicho sólo para los ricos, pues este proverbio está dirigido a todos los jóvenes. Sin duda muchos de los jóvenes varones, recibiendo las enseñanzas del maestro del tiempo de Salomón y del tiempo de Ezequías, eran jóvenes que iban a tener la responsabilidad de manejar los bienes, o de su familia o del estado (1 Rey. 4). La palabra primicias puede significar “los primeros frutos” o “los mejores frutos”. Las riquezas representan lo acumulado durante años y las primicias de todos tus frutos representa el esfuerzo del trabajo.

   En el texto no se dice cómo honrar a Jehovah con las riquezas y las primicias. Quizá el maestro sabe que el sacerdote ya ha enseñado el porqué y el cómo de la ofrenda a Dios (Lev. 27:30; Núm. 15:21; 18:12 s.; Deut. 14:22 ss.; 18:4; 26:1 ss.; Isa. 43:23; Mal. 3:10–12).

   Al cumplirse el v. 9, el joven podría esperar las bendiciones de Dios en una forma muy concreta. La escena de graneros llenos y lagares rebosando pinta una imagen deseada por cualquier hebreo del tiempo de Salomón. Los graneros se llenaban de trigo y de cebada. Los lagares se llenaban del vino nuevo, recién hecho de las uvas buenas. Todavía hoy en día tantos factores de la cosecha dependen de la naturaleza y, por ende, de Dios.

   Comentario del texto: [8]. Por tanto, celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, a saber, la levadura de malicia y maldad, sino con el pan no leudado de sinceridad y verdad.

-a. Declaración negativa. «Celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, a saber, la levadura de malicia y maldad». Pablo no está exigiéndole a la iglesia de Corinto que celebre la pascua judía. Si lo hiciera, estaría negando el significado de la expiación de Cristo. Además, estaría pidiendo a los gentiles que se conviertan en judíos para que él pueda aceptarlos. Tampoco les está pidiendo que celebren la Santa Cena, ya que en un capítulo más adelante (11:17–34) les enseñará acerca de la Santa Comunión. Lo que Pablo hace es hablar figuradamente acerca del gozo que los creyentes tienen al saber que son limpiados de sus pecados. La exhortación implica que celebremos nuestra libertad en Cristo Jesús, ocupándonos de nuestra propia salvación (Fil. 2:12) y consagrándonos a hacer su voluntad (Ro. 12:1, 2; 1 P. 2:5).

   La exhortación a celebrar una vida de obediencia a la voluntad de Cristo excluye la vieja levadura, esto es, la malicia y la maldad. Las palabras malicia y maldad son explicaciones de la expresión vieja levadura, la cual sirve para describir la antigua naturaleza pecaminosa.

   El inconverso se caracteriza por los vicios de la mala voluntad y la maldad. La mala voluntad es la impía disposición que tiene una persona y la maldad es el ejercicio siniestro de dicha disposición. En griego, Pablo usa la palabra ponēria (=maldad), la que apunta a las actividades del diablo.

-b. Declaración positiva. «[Celebremos la fiesta] con el pan no leudado de sinceridad y verdad». El lenguaje que Pablo usa es obviamente metafórico. Insta a sus lectores a que celebren la fiesta de consumir «pan no leudado», esto es, no contaminado ni impregnado de maldad. El «pan» con el que deben alimentarse los corintios consiste en «sinceridad» o pureza de mente. Cuando Pablo escribe sinceridad apunta a lo contrario de la expresión malicia.   La pureza de mente es un bien que goza el creyente santificado, cuyo propósito es amar al Señor y a su prójimo como a sí mismo.

   Además, el término verdad es lo contrario a maldad. Jesús se llamaba a sí mismo «la verdad» (Jn. 14:6), pero describe al diablo como el malo (Mt. 13:19) y como padre de mentira (Jn. 8:44). En un pasaje anterior, Pablo les decía a los corintios que ellos tenían comunión con Cristo (1:9). Ahora les dice que coman el pan de la verdad, lo que significa que deben vivir una vida nueva que no esté manchada por las influencias malignas de la impureza y la hipocresía.

   En vez de decirle a los corintios que adopten normas de moralidad exclusivas, lo que Pablo hace es dirigirlos a la verdad que está en Cristo. Con esa verdad serán capaces de vivir en armonía con todas las normas de Dios incluyendo los principios morales.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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