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Domingo 27 de septiembre de 2020. “El Altar Del Holocausto, Símbolo Del Calvario”

Domingo 27 de septiembre de 2020. “El Altar Del Holocausto, Símbolo Del Calvario”

   Lección: Éxodo Cap. 38, versículos 1 al 8. 1Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura. 2E hizo sus cuernos a sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y lo cubrió de bronce. 3Hizo asimismo todos los utensilios del altar; calderos, tenazas, tazones, garfios y palas; todos sus utensilios los hizo de bronce. 4E hizo para el altar un enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta la mitad del altar. 5También fundió cuatro anillos a los cuatro extremos del enrejado de bronce, para meter las varas. 6E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de bronce. 7Y metió las varas por los anillos a los lados del altar, para llevarlo con ellas; hueco lo hizo, de tablas. 8También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Temas a tratar en este capítulo: [1]. El altar del holocausto: simbolizaba la necesidad de la expiación y de la reconciliación con Dios.

-a. Hecho de madera de acacia.

-b. Medía 2,25 metros de largo por 2,25 metros de ancho por 1,35 metros de altura.

-c. Los cuernos:

  1. l) Llevaba un cuerno a cada esquina, hecho de una misma pieza con el altar.

2) Todo el altar estaba cubierto de bronce.

-d. Todos los utensilios eran de bronce.

-e. Tenía una rejilla de bronce.

1) Estaba puesta bajo el reborde, a la mitad del altar.

2) Tenía cuatro anillos de bronce, uno a cada una de sus cuatro esquinas, por donde se metían las varas para transportarlo.

-f. Las varas:

  1. l) Hechas de madera de acacia y cubiertas de bronce.

2) Se metían por los anillos para transportar el altar.

-g. El altar era ahuecado.

[2]. La fuente de bronce: simbolizaba el lavamiento, la purificación y el perdón del pecado.

-a. Llevaba una base de bronce.

-b. Hecha de espejos de las mujeres que servían al Señor.

   Comentario general del tema: D. La construcción del mobiliario del tabernáculo (parte 2): Israel aprende cuál es, la única manera de acercarse a Dios (Ex. 38:1-31).

   (Éxodo 38:1-31) Introducción general: ¿Cuál es el mayor problema al que se enfrenta el hombre? ¿Es posible siquiera señalar un solo problema que sea más grande que los demás? Sí. El mayor problema que enfrenta la humanidad hoy en día es el mismo al que se ha enfrentado a lo largo de los siglos.

◘ ¿Cómo puede el ser humano acercarse a Dios de tal manera que él lo acepte?

   Ese es el mayor de los problemas del hombre. ¿Qué nos permite asegurarlo? Que el destino eterno de las personas está determinado totalmente determinado por cómo se acerquen a Dios.

◘ Si el hombre niega, cuestiona o abandona a Dios, si tiene una relación distante o nula con él, o si se acerca a él de la manera incorrecta, está condenado a lo que la Biblia llama infierno, una vida de eterna separación de Dios.

◘ Si el hombre cree en Dios y se acerca a él de la forma correcta, Dios derrama sobre él las más grandes bendiciones: amor, gozo, paz, reconciliación, perdón del pecado, poder, una mente sensata y la vida eterna, la mayor de las virtudes que le puedan ser concedidas a un ser humano.

   Pensemos lo siguiente: el hombre recibe las mayores bendiciones concebidas por la humanidad ─las más grandiosas virtudes y los mejores dones─ cuando se acerca a Dios de tal manera que él lo acepte. Ahora bien, la clave es presentarse ante Dios de la forma correcta. Las Escrituras hacen una declaración asombrosa: hay una sola forma de acercarse a él y el camino es angosto. Por desgracia, solo unos pocos transitan ese camino, pero ¿Cuál es el sendero correcto? De eso se trata el estudio del presente pasaje: La construcción del mobiliario del tabernáculo (parte 2): Israel aprende cuál es la única manera de acercarse a Dios (Ex. 38:1-31).

  1. El altar del holocausto: simbolizaba la necesidad de la expiación y de la reconciliación con Dios (vv. 1-7).
  2. La fuente de bronce: simbolizaba el lavamiento, la purificación y el perdón del pecado (v. 8).

   Texto: Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, Hebreos 10:12.    

   Comentario del texto: 12. Pero cuando este sacerdote hubo ofrecido para siempre un solo sacrificio por los pecados, se sentó a la diestra de Dios.

   La cita del Salmo 40:6–8 incluye la obra del sumo sacerdote en el Día de la Expiación y los deberes diarios de todo sacerdote. “Sacrificios y ofrendas, holocaustos y ofrendas por el pecado” resumen la totalidad del sistema sacrificial llevado a cabo por el sumo sacerdote y por los sacerdotes. El escritor de Hebreos, por lo tanto, pone de relieve la obra del sacerdote y la contrasta con los logros redentores de Cristo.

   Día tras día los ritos del santuario continuaban, puesto que cuando un sacerdote ofrecía el último sacrificio al fin del día, el próximo sacerdote se ocupaba de la preparación del primer sacrifico de la mañana siguiente. Fluían literalmente ríos de sangre animal a causa de estos continuos sacrificios, y la sucesión de sacerdotes, que servían según su división y eran elegidos por suertes (Lc. 1:8–9), parecía ser interminable. En los tiempos previos a la aparición de Jesús habían servido innumerables sacerdotes y muchos sirvieron durante su ministerio. La obra del sacerdote era esencialmente inútil; tenía que hacer la misma cosa una y otra vez, y así su tarea nunca se terminaba. Nunca podía sentarse para descansar de su tarea. Tal como lo dice el escritor de Hebreos, “Todo sacerdote está de pie (bastardillas añadidas). En el santuario el mobiliario incluía la mesa, el candelabro, el altar de incienso y el arca, pero no había silla. Además, los sacrificios ofrecidos por el sacerdote levítico eran ineficaces en cuanto a liberar al hombre de pecado. La palabra quitar en realidad significa quitar los pecados que completamente cubren al hombre y de los cuales solamente Cristo puede librarlo.

   En contraste con esto, tras ofrecer su único sacrificio para siempre Cristo se sentó porque había terminado con su tarea redentora y había puesto fin al sacerdocio levítico. Su sacrificio quita eficazmente el pecado y rompe el poder del mismo. El entró en un período de descanso después de cumplir obra, así como Dios reposó de sus labores una vez terminada su obra de creación.

   Cristo entro en el cielo y tomó su lugar de honor a la diestra de Dios. Él tenía pleno derecho a dicho lugar como sacerdote que había cumplido su tarea de quitar el pecado y como rey que había conquistado el pecado y la muerte. ¡Qué diferencia entre el sacerdote que cumplía con sus deberes religiosos en el santuario y Cristo, que se sentó a la diestra de Dios!

   El sacerdote del Antiguo Testamento comparece tímido e inquieto en el lugar santo, cumpliendo afanosamente su pasmoso servicio allí, y apresurándose a partir cuando el servicio ha concluido, como de un lugar al cual él no tiene libre acceso y en el cual nunca se podrá sentir cómodo; Cristo, entretanto, se sienta en eterno reposo y bienaventuranza a la diestra de la Majestad en el Lugar Santísimo, con su obra consumada, y a la espera de su recompensa.

   Comentario 2 de Hebreos 10: 11 al 14: (10: 11-14) Jesucristo, muerte ▬ Sacrificio, Animal: La diferencia entre los viejos sacrificios y el sacrificio perfecto de Cristo. Existen cuatro diferencias.

  1. El sacerdote del viejo sacrificio nunca terminaba su obra. Esto se ilustra al tener siempre que repetirlo (v. 11-12). Pero el ministro del sacrificio perfecto descansa; Él completó su sacrificio para siempre. El sacerdote terrenal nunca podía completar su obra, porque el ministerio y sacrificio que él profesaba eran terrenales e imperfectos. Por ende, él nunca podía descansar y dar por terminado el ministerio del sacrificio por el pecado. Pero no sucede eso con Cristo. Jesucristo era impecable, el Hijo perfecto de Dios que vino a la tierra en un cuerpo preparado por el propio Dios. Por ende, Él sí hizo el sacrificio perfecto y Él si completó su obra, y cuando Él terminó, Él pudo regresar al cielo y sentarse allí para siempre.

   “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5:30-31).

   “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1ª Co. 15:3-4).

   “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:6-9).

  1. El sacerdote del viejo sacrificio hacía la misma ofrenda de sacrificio por el pecado una y otra vez, pero Jesucristo hizo un sacrificio por el pecado para siempre (v. 11-l2). ¿Cómo pudo Él hacer esto? Según se planteó anteriormente, porque Él era perfecto y eterno. Los animales que se sacrificaron no lo eran; por consiguiente, nunca podrían ser el sacrificio real por los pecados del hombre. Nunca podrían soportar sobre si los pecados de los hombres y cargar la culpa y juicio por los hombres. Solo podían simbolizar que el hombre necesitaba desesperadamente un sacrificio perfecto. Pero este es el evangelio glorioso: Jesucristo es el sacrificio perfecto y eterno por los pecados. Él sacrificó su vida por nosotros, soportando nuestros pecados y la culpa y castigo de éstos por nosotros.

   “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).

   “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).

   “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18-19).

   “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

   “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

  1. El viejo sacrificio nunca eliminó los pecados, pero el sacrificio perfecto de Jesucristo triunfa sobre todos los enemigos (v. l2b-13). Los enemigos del hombre y de Dios incluían todas las fuerzas del mal, tanto las físicas como las espirituales. Esto es exactamente lo que Cristo enseñó. Incluyen todo lo que se oponga al hombre y a Dios: el pecado, el mal, la enfermedad, la corrupción, la muerte, los espíritus malignos y Satanás. Sucede lo siguiente: No hay forma de que el sacrificio de animales pudiera vencer estas fuerzas y liberar a los hombres del yugo de la esclavitud. Pero Jesucristo puede hacerlo. ¿Cómo? Al obedecer a Dios perfectamente y al convertirse en el sacrificio perfecto por los pecados del hombre. Cuando Jesucristo murió por el hombre, Él demostró el acto supremo de obediencia. No hay otro acto más grande que pueda demostrar la obediencia del hombre que morir en obediencia a la voluntad de su superior. Cuando los Estados Unidos quieren que un joven muera por su país, ese joven no puede demostrar un acto de obediencia mayor que entregar su vida por su país. Y note: Cuando ese joven obedece al grado máximo, él merece el honor más grande que su país le pueda conferir.

   Así sucede con Cristo. Cuando Él obedeció a Dios en el acto supremo de morir por los pecados del hombre, Dios le confirió el mayor honor. ¿Cuál es el mayor honor que Dios puede conferir? Exaltar a Cristo a la diestra de su autoridad y poder. Esto es lo que Dios ha hecho. Jesucristo gobierna y reina con toda la autoridad y poder de Dios Padre. Él se sienta a la diestra de Dios y Él se sentará allí hasta que cada enemigo se encuentre por estrado de los pies de Dios y del hombre. Él se sentará allí hasta que el hombre esté liberado de cada enemigo que lo mantenga esclavizado. Jesucristo no solo elimina los pecados del hombre, Él libera al hombre de todas las fuerzas del pecado, el mal, la enfermedad, la corrupción, la muerte, los espíritus malignos, Satanás, y Él liberará al hombre eternamente. Esto quiere decir algo maravilloso: el hombre es salvo y liberado al máximo. Él recibe vida eterna, fraternidad y comunión con Dios para siempre, todo para ser disfrutado tanto ahora como en el nuevo cielo y tierra.

   “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef. 1:7, 19-22).

   “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:6-11).

   “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (He. 2:14-18).

   “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:14-16).

   “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

  1. Los viejos sacrificios no pudieron perfeccionar al hombre, pero el único sacrificio perfecto de Jesucristo perfeccionó para siempre a aquellos que están apartados para Dios para siempre (v. 14). Si una persona viene a Dios mediante Jesucristo, creyendo realmente que Jesucristo es el sacrificio por sus pecados, Dios aparta a esa persona para siempre como creyente, como un fiel seguidor de su Hijo, el Señor Jesucristo.

=> Dios considera el sacrificio de su Hijo por la persona.

=> Dios considera a la persona como libre de culpa y condenación de pecado.

=> Dios considera a la persona como perfecta y libre de pecado para siempre.

   Pero siempre debemos recordar por qué: Porque Jesucristo realmente cargó sobre sí mismo nuestros pecados. Él soportó realmente la culpa y juicio de nuestros pecados. Él se convirtió realmente en nuestro sustituto y sacrificio. Él realmente dio su vida por nosotros.

   “el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

1er Titulo:

Cuernos que tipifican el perdón y la misericordia. Versíc. 1 al 3. 1Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura. 2E hizo sus cuernos a sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y lo cubrió de bronce. 3Hizo asimismo todos los utensilios del altar; calderos, tenazas, tazones, garfios y palas; todos sus utensilios los hizo de bronce. (Léase 1ª de Reyes 1:50. Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar; ▬ 1ª de Reyes 2:28. Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.)

   Comentario: (este comentario debe leerse para los 2 títulos (1-2) junto para su comprensión): [1]. El (Exodo 38:1-7) tabernáculo ─ altar del holocausto ─ expiación ─reconciliación: El altar del holocausto simbolizaba la necesidad de hacer expiación y de reconciliarse con Dios (vea bosquejo y notas de Ex. 27: 1-8). Allí, tan pronto como se atravesaba la entrada del atrio, yacía el altar abrasador, consumiendo cada sacrificio que se depositara sobre él. Nadie podía pasarlo por alto. Nadie podía pasar por el atrio sin sentirse movido por su ministerio vicario: sacrificar la vida de un animal como sustituto por los pecados del hombre, por su propia vida. Así es como el hombre obtenía la reconciliación y se volvía acepto delante de Dios. Nadie podía evadir la fuerte conmoción que provocaba ver este altar, que era símbolo de la cruz, la cruz de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Veamos los detalles sobre la construcción del altar:

─a. Estaba hecho de madera de acacia (v. 1).

─b. Era de forma cuadrada. Medía 2,25 metros de largo por 2,25 metros de ancho por 1,35 metros de altura (v. 1).

─c. Llevaba cuatro cuernos, uno a cada esquina, hechos de una misma pieza con el altar (v. 2). El altar entero estaba cubierto de bronce (v. 2).

─d. Los utensilios estaban hechos de bronce (v. 3).

─e. Tenía una rejilla de bronce que estaba puesta debajo del reborde, a la mitad del altar (v. 4). También tenía cuatro anillos de bronce, uno a cada una de sus cuatro esquinas, por donde se metían las varas para transportar el altar (v. 5).

─f. Las varas para transportarlo estaban hechas de madera de acacia, cubiertas de bronce, y metidas por los anillos de bronce (vv. 6-7).

─g. El altar estaba hecho de forma ahuecada (v. 7).

   Pensamiento 1. El altar del holocausto simbolizaba la gran necesidad del hombre de hacer expiación por su pecado y así reconciliarse con Dios.

(1) Las Escrituras declaran que necesitamos una expiación y necesitamos reconciliarnos con Dios.

(a) Nuestros pecados nos han separado de Dios.

   “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is. 59:2).

   “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Is. 64:7).

   “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).

(b) Abandonamos a Dios y eso ha creado una separación entre él y nosotros.

   “[…] Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; más si le dejareis, él también os dejará” (2 Cr. 15:2).

   “[…] La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; más su poder y su furor contra todos los que le abandonan” (Esd. 8:22).

   “Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños la obra de sus manos adoraron” (Jer. 1:16).

   “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jer. 2:13).

(c) Nuestras malas obras nos han separado de Dios.

   “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras […]” (Col. 1:21).

(d) Nuestros caminos mundanos y nuestra vida impía nos han separado de Dios.

   “En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef. 2:2-3).

(e) Nuestro rechazo de Cristo nos ha separado de Dios.

   “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef. 2:12).

(Í) Nuestras concupiscencias nos han separado de Dios.

   “Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos” (Sal. 81:12).

“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre si sus propios cuerpos” (Ro. 1:24).

(g) Nuestra infidelidad nos ha separado de Dios.

   “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; se apartó de ellos. Contra Jehová prevaricaron [fueron infieles], porque han engendrado hijos extraños; ahora en un solo mes serán consumidos ellos y sus heredades” (Os. 5:6-7).

(2) Las Escrituras declaran que Dios se reconcilia con nosotros por medio de Jesucristo y solo por medio de él.

   “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Ro. 5:8-11).

   “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Co. 5:18).

   “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:13).

   “Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos [judíos y gentiles] en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:16).

   “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él” (Col. 1:20-22).

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

   Pensamiento 2. Considere en qué lugar no estaba puesto el altar del holocausto: no estaba afuera del atrio, antes de pasar por la entrada. Estaba adentro, rodeado por las paredes del atrio. Solo dentro del tabernáculo es donde la expiación puede aplicarse al corazón pecaminoso del hombre. Solo dentro del tabernáculo puede efectuarse una reconciliación con Dios. Solo allí, en el tabernáculo, puede anularse el poder del pecado por medio de la cruz.

   “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó [como en tabernáculo] entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

   Cada parte, aspecto y detalle del tabernáculo señalaba a la persona de Jesucristo y su obra redentora. El tabernáculo es una clara imagen de la reconciliación, puesto que ilustra la única forma en que una persona puede reconciliarse con Dios: estar en Cristo. No hay beneficio, ni bendición, ni salvación para la persona que no se acerca a Dios en Cristo. Consideremos cuáles son los grandes beneficios de estar en Cristo:

(1) Si estamos en Cristo, recibimos los dones y las bendiciones más grandes que podamos imaginar.

◘ En Cristo, el hombre jamás podrá separarse del amor de Cristo.

   “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? […] Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:35, 37-39).

◘ En Cristo, el hombre es santificado.

   “A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 Co. 1:2).

◘ En Cristo, el hombre recibe sabiduría, justificación, santificación y redención.

   “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

◘ En Cristo, el hombre se convierte en hijo de Dios por la fe.

   “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gá. 3:26).

◘ En Cristo, el hombre obtiene acceso a todas las bendiciones de Dios.

   “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef. 1:3).

◘ En Cristo, el hombre resucita para sentarse con Cristo en los lugares celestiales.

   “Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2:6).

◘ En Cristo, el hombre es acercado a Dios por la sangre de Jesús.

   “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:13).

◘ En Cristo, el hombre se vuelve copartícipe de la promesa de Dios.

   “[…] los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Ef. 3:6).

◘ En Cristo, el hombre será hecho perfecto.

   “A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28).

◘ En Cristo, el hombre recibe la promesa de la vida.

   “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 1:1).

◘ En Cristo, el hombre experimenta la paz de Dios.

    “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27).

   “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33).

   “Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén” (1 P. 5:14).

(2) S1 estamos en Cristo, somos transformados: somos salvos, redimidos y libres.

◘ En Cristo, el hombre es justificado por su gracia.

   “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:24).

◘ En Cristo, el hombre es libre de la condenación.

   “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro. 8:1-2).

◘ En Cristo, el hombre es vivificado.

   “Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Co. 15:22).

◘ En Cristo, el hombre se convierte en una nueva creación.

   “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

   “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gá. 6:15).

◘ En Cristo, el hombre es reconciliado con Dios

   “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2ª Co.5:19).

◘ En Cristo, el hombre es salvo por él.

   “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti. 1:9).

   “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Ti. 2:10).

   “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 3:15).

(3) S1 estamos en Cristo, conquistaremos y triunfaremos para Dios.

◘ En Cristo, el hombre triunfará.

   “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Co. 2:14).

◘ En Cristo, el hombre es creado para hacer buenas obras.

   “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10).

◘ En Cristo, el hombre prosigue a la meta del supremo llamamiento de Dios.

   “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14).

◘ En Cristo, el hombre puede dar gracias por todas las experiencias de la vida.

   “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18).

2° Titulo:

Rejilla de bronce que representa el juicio de Dios sobre el pecado. Versíc. 4 al 7. 4E hizo para el altar un enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta la mitad del altar. 5También fundió cuatro anillos a los cuatro extremos del enrejado de bronce, para meter las varas. 6E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de bronce. 7Y metió las varas por los anillos a los lados del altar, para llevarlo con ellas; hueco lo hizo, de tablas. (Léase Isaías 53:4. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.).

   Comentario de Isaías 53:4. El v. 4 constituyen la revelación más revolucionaria de la teología bíblica. Tratan de su obra expiatoria a favor de su pueblo. Esta obra, a la manera de lo simbolizado en los sacrificios del templo, involucra su muerte.

   En estos versículos hay un relato de los sufrimientos de Cristo; también del propósito de sus sufrimientos. Fue por nuestros pecados y en nuestro lugar que nuestro Señor Jesús sufrió. Todos hemos pecado y caído de la gloria de Dios. Los pecadores tienen su pecado favorito, su propio mal camino que aprecian. Nuestros pecados merecen todas los castigos y dolores, hasta los más severos. —Somos salvados de la ruina a la cual nos obligamos por el pecado, cuando echamos sobre Cristo nuestros pecados. Esta expiación iba a ser hecha por nuestros pecados. Este es el único camino de salvación. Nuestros pecadosfueron las espinas en la cabeza de Cristo, los clavos en sus manos y pies, la lanza en su costado. Fue entregado a la muerte por nuestras ofensas. Por sus sufrimientos adquirió para nosotros el Espíritu y la gracia de Dios para mortificar nuestras corrupciones, que son las insanias de nuestra alma. Bien podemos soportar nuestros sufrimientos más leves, porque Él nos ha enseñado a estimar todas las cosas como pérdida por amor a Él y a amar al que nos amó primero.

3er Titulo:

Necesidad de velar por la limpieza y santidad del lugar sagrado. Versíc. 8. 8También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. (Léase Efesios 5:26. para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; ▬ Hebreos. 10:22. acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.).

   [2]. (Éxodo 38:8) tabernáculo de Moisés ─ fuente de bronce ─ lavamiento ─ purificación ─ perdón ─ espejo ─ Palabra de Dios: La fuente de bronce simbolizaba el lavamiento, la purificación y el perdón del pecado (vea bosquejo y notas de Ex. 30:17-21). Llevaba una base de bronce y estaba hecha de los espejos que habían ofrendado las mujeres que servían al Señor. Este importante elemento del tabernáculo estaba ubicado entre el altar del holocausto y el velo externo, en el atrio. El sacerdote no podía ministrar al Señor sin antes limpiarse, lavarse y ser perdonado por sus pecados.

   Pensamiento 1. La fuente de bronce era un símbolo de Cristo. Dios nos limpia y perdona nuestros pecados por medio de la sangre de su Hijo, el Señor Jesús, y solo mediante su muerte.

   “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

   “A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5:31).

   “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados” (Hch. 13:38).

   “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Ro. 3:23-25).

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1:14).

   “[Cristo,] quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

   “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:12-14).

   “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

   “[…] Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

   “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Is. 53:6).

    Pensamiento 2. Para el ser humano, es fácil pensar mejor de sí mismo de lo que en realidad debería. El orgullo espiritual es tan sutil que cualquiera puede caer en él. Las personas pueden inflar su ego y volverse engreídas por muchas razones: • habilidades; • posición; • conocimiento; • destrezas; • clase social; educación; •honra; • elocuencia; • éxito; belleza; • carisma; • fama; • dinero; • fuerza.

   Necesitamos recordar constantemente quiénes somos: pecadores redimidos que necesitan lavarse y limpiarse con regularidad y que necesitan continuamente el perdón de sus pecados. ¿Qué hace Dios para recordarnos quiénes somos? Él nos hace acordar de lo que somos cuando nos deja ver nuestra condición depravada, reflejada en su Palabra.

   “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Stg. 1:22-25).

(1) Todos nosotros somos pecadores.

(a) El Antiguo Testamento declara esa realidad trágica.

   “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5).

   “Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Sal. 53:3).

   “¿Quién podrá decir Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Pr. 20:9).

   “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Ec. 7:20).

   “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is. 64:6).

(b) El Nuevo Testamento lo reafirma.

   “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Ro. 3:10-19).

   “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23).

   “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros” (Tit. 3:3).

   “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Jn. 1:8).

   “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19).

(2) Debemos ser lavados y limpios del pecado. Todos nosotros necesitamos el perdón de nuestros pecados para poder ser aceptos delante de Dios.

    “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado [acepto delante de Dios] todo aquel que cree” (Hch. 13:38-39).

   “Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:6-7).

   “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Jn. 1:6-10).

   “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado [quien interceda por nuestra aceptación] tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:1-2).

   “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Is. 44:22).

   “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).

   COMENTARIO DE EFESIOS 5-26. Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, 26. para santificarla, separándola para Dios y su servicio, positivamente; y negativamente: limpiándola, es decir, liberándola de la culpa del pecado y la corrupción (Heb. 9:22, 23; 10:29), siendo éste un proceso necesario que se desarrolla simultáneamente y no termina hasta la muerte.156 Prosigue: por el lavamiento de agua. En cuanto al primer sustantivo, aquí como en Tit. 3:5 que es el único otro lugar donde ocurre esta palabra en el Nuevo Testamento, la traducción correcta es con toda probabilidad lavamiento, más bien que lavatorio o fuente para lavar.157 Pero en tanto que en Tit. 3:5 (sobre el cual véase C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 444, 445) se habla de “un lavamiento de la regeneración y renovación por el Espíritu Santo”, el pasaje de Efesios menciona el lavamiento de agua en conexión con la palabra hablada. Aunque estos dos pasajes se hallan indudablemente estrechamente relacionados, no son idénticos. Este “lavamiento de (o: “con”) agua” aquí en Ef. 5:26 difícilmente puede tener relación con algo que no sea el bautismo. Esto es bastante claro. Sin embargo, ¿significa esto que el rito como tal tiene el poder de purificar o santificar? Si así fuese tendría que retractarme de todo lo que dije hace un momento en el sentido de que la santificación y el limpiamiento constituyen dos aspectos de un proceso que dura toda la vida. Entonces el significado llegaría a ser sencillamente el siguiente: “Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella a fin de que por medio del rito del bautismo con agua pudiese santificarla y limpiarla”. En este caso un rito exterior impartiría un beneficio interno. ¡Qué tremendo significado recibiría el bautismo con agua! Este rito sería capaz de solucionar prácticamente todo. Habiendo alguien sido bautizado, muy poco más le sería necesario. La muerte de Cristo habría tenido lugar solamente para hacer posible ésta y única experiencia, de modo que por medio de ella el que la experimentase pudiese ser salvo por la eternidad. No son muchos los que apoyarían tan extremado punto de vista. No obstante debemos cuidarnos de no ir demasiado en aquella dirección general.

    No es el rito del bautismo con agua lo que salva. Es “el lavamiento de agua en conexión con la palabra hablada” lo que se usa como medio de santificación y limpiamiento. Nada existe en el contexto que nos indique que “la palabra hablada” se halle restringida a la fórmula bautismal. Dejemos que Pablo sea su propio intérprete. En el capítulo que viene de inmediato (6:7) dice a los efesios, “Y tomad … la espada del Espíritu que es la palabra hablada de Dios”. ¡Por cierto que no quiso decir que la espada del Espíritu que los creyentes deben esgrimir sea solamente la fórmula bautismal! Por supuesto que es el evangelio, la entera Palabra de Dios. Compárese la petición de Cristo, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). De ahí que en relación con el presente pasaje (5:26) la correcta interpretación es que, cuando el significado del bautismo se explica a, y es entendido por, y es aplicado mediante la operación del Espíritu Santo a la mente y corazón de los que reciben el bautismo—y, por supuesto, que esto tiene lugar durante la vida entera—el propósito de la muerte de Cristo se hace efectivo y los creyentes son santificados y limpiados. No hay duda que el bautismo es importante. Es una bendición maravillosa. No es solamente un símbolo sino también un sello, una representación y una seguridad definida del hecho de que la bondadosa promesa de salvación tendrá indudablemente su cumplimiento en la vida del individuo bautizado que confía en él. Por medio de este precioso sacramento la invitación de gracia a una entrega entera se torna muy vívida y muy personal. Sin embargo, fuera de la palabra aplicada por el Espíritu al corazón no tiene eficacia para salvar. Cf. Jn. 3:5; Ro. 10:8; 1 P. 1:25. Es tal como Calvino, al comentar sobre este pasaje, dice: “Si la palabra es retirada, todo el poder de los sacramentos desaparece. ¿Qué otra cosa son los sacramentos sino sellos de la palabra?… la palabra aquí significa la promesa, que explica el valor y uso de los signos”.

   Comentario de Hebreos 10:21-22. 21. Y dado que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22. acerquémonos con corazón sincero y en plena certidumbre de fe, teniendo nuestros corazones rociados para limpiarnos de una conciencia culpable y teniendo nuestros cuerpos lavados con agua pura.

   El creyente ha recibido una doble certeza de que puede acercarse a Dios; primeramente, porque tiene confianza por medio de la sangre derramada de Cristo; en segundo lugar, porque Jesús es el “gran sacerdote sobre la casa de Dios”. Si hubiera la más mínima vacilación en la mente del creyente, el escritor de Hebreos le está diciendo que mire a aquel único y gran sacerdote, Jesucristo (4:14).

   Se nos exhorta a venir a Dios; en esta vida terrenal lo hacemos en oración. El gran sacerdote toma nuestras oraciones y, como intercesor, las presenta en nombre nuestro a Dios. Este sacerdote ha recibido la responsabilidad de cuidar la iglesia, es decir, la casa de Dios (3:6). La labor sacerdotal de Cristo continúa aún después de haber terminado con su obra expiatoria en la tierra (Jn. 19:30). Él ha sido designado como mediador del nuevo pacto (8:6), y “es capaz de salvar completamente a los que se acercan a Dios por medio de él, porque él siempre vive para interceder por ellos” (7:25).

   Los creyentes están absolutamente seguros ya que tienen un gran sacerdote que los representa. Este gran sacerdote nunca pierde de vista a los que pertenecen a la casa de Dios, puesto que él y ellos pertenecen a la misma familia (2:11).

   Aunque el escritor no sea explícito, se nos exhorta a acercarnos a Dios. En el pasaje paralelo (4:16) él nos dice que vayamos al trono de gracia en oración. El escritor ahora lleva este paralelo un paso más allá y describe cómo hemos de acercarnos a Dios en oración. Aparte de tener confianza hemos de ir con “con corazón sincero y en plena certidumbre de fe”.

   El escritor enfatiza que el corazón debe ser sincero para que la fe sea genuina. La palabra sincero describe el corazón de una persona que es honesta, genuina, comprometida, confiable y sin engaño. Cuando el corazón del creyente es sincero, la fe es evidente con plena certidumbre. El creyente tiene completa confianza en Dios porque acepta plenamente la verdad del evangelio. En contraposición a ello, la duda hace que el creyente no se acerque a Dios. La duda insulta en tanto que la fe exalta.

   Cuando el escritor de Hebreos dice que nos acercamos a Dios “con corazones rociados para limpiarnos de una conciencia culpable” y con “cuerpos lavados con agua pura”, él se está refiriendo a lo interno (corazones) y a lo externo (cuerpos). La frase lavados con agua pura nos hace recordar el bautismo. Pero el bautismo en sí mismo es solamente un acto externo experimentado objetivamente. Su contrapartida es el rociamiento de nuestros corazones con la sangre de Cristo (Heb. 9:14). Este rociamiento es un acto interno que se apropia subjetivamente. Se nos exhorta a acercarnos a Dios con el cuerpo y el alma purificados de pecado.

   El corazón es el centro de nuestra vida moral. Dice el escritor de Hebreos: “Nuestros corazones [están] rociados [con la sangre de Cristo] para limpiarnos de una conciencia culpable”. Esa sangre libera al creyente. Él puede ahora libremente acercarse al trono de gracia porque su conciencia está limpia.

Por fe él se ha apropiado del perdón del pecado por medio de Cristo. Él sabe que Cristo ha quitado para siempre la culpa que le impedía acercarse a Dios.

   El bautismo no era algo desconocido para los judíos. La ley de Moisés estipulaba que el sumo sacerdote, en el Día de la Expiación, debía bañarse antes de ponerse sus vestiduras para entrar al santuario (Lv. 16:4; véanse también Ex. 29:4; Lv. 8:6). Y Ezequiel profetiza que Dios rociará agua limpia sobre su pueblo para lavarlos de las impurezas espirituales (Ex. 36:25). En su epístola, el escritor de Hebreos menciona el “agua pura” usada para lavar nuestros cuerpos. Esa agua limpia simbólicamente al creyente del pecado. “Cristo amó a la iglesia [la casa de Dios] y se dio a sí mismo por ella para santificarla, purificándola por el lavamiento con agua por la palabra” (Ef. 5:25–26).

Amen para la honra y gloria de Dios

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.