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Domingo 26 de abril de 2020: “Moisés intercediendo por el pueblo de Israel”.

Domingo 26 de abril de 2020: “Moisés intercediendo por el pueblo de Israel”.

   Lectura bíblica: Éxodo Cap. 32, versículos 9 al 14. 9Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. 11Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. 14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

   Tema a estudia en el contexto bíblico: [2]. Una gran intercesión por terribles pecadores

-a. Dios vio el terrible pecado de su pueblo y estaba muy enojado.

1) Le dijo a Moisés que descendiera con el pueblo: Dios los iba a repudiar.

2) Dios los condenaba por:

  • corromperse;
  • apartarse pronto de sus mandamientos;
  • incurrir en una adoración falsa;
  • proclamar que la salvación y liberación vienen de otros dioses;
  • ser un pueblo obstinado y rebelde.

-b. Dios amenazó con derramar su juicio:

1) los destruiría;

2) cumpliría la promesa de su pacto con Abraham de una forma distinta: por medio de los descendientes de Moisés, no de Abraham.

-c. La poderosa intercesión del siervo de Dios: Moisés hizo cuatro peticiones.

1) Que Dios recordara que había salvado y libertado a su pueblo: tenía una relación especial con ellos, mediada por un pacto.

2) Que Dios presentara su propio honor y fiabilidad a los ojos del mundo, para que su nombre no fuera difamado falsamente con acusaciones de maldad.

3) Que Dios se volviera del ardor de su ira y no destruyera a su pueblo.

4) Que Dios recordara las grandes promesas que hizo a los antiguos patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob):

  • que multiplicaría a los creyentes como las estrellas del cielo;
  • que daría a los creyentes la tierra prometida para siempre.

5) El resultado de la intercesión: Dios retiró su amenaza de aniquilación.

   Comentario 2: La justicia y misericordia divinas, 32:7–14. Abruptamente, hubo un cambio del escenario. Jehovah informó a Moisés, con detalles, de la apostasía, y le dijo, Anda, desciende porque tu pueblo… se ha corrompido (v. 7). El Señor dijo que Israel no era pueblo de él; era pueblo de Moisés, y era uno de dura cerviz (v. 9). Israel había rechazado a Dios; consecuentemente, Jehovah repudió a Israel.

    ¿Cuál fue el problema? En primer término, el pueblo, tan recientemente consagrado a Dios, se había corrompido (v. 7 shachath 7843). La palabra significa “echarse a perder”, “estar podrido”, o “estar corrompido moralmente” (ver el mundo de Noé en Gén. 6:12). En segundo lugar, deliberadamente se había apartado del camino ordenado (v. 8); hizo un becerro de fundición. Finalmente, lo habían adorado y decían que era él que los había sacado de la tierra de Egipto (v. 8). La dura cerviz sugiere un animal que lucha contra la soga que lo detiene; era el símbolo de una desobediencia obstinada.

   La consecuencia normal de abandonar el pacto tan pronto (v. 8) debía haber sido la destrucción de la nación. El Señor dijo a Moisés: … deja que se encienda mi furor contra ellos y los consuma, pero yo haré de ti una gran nación (v. 10; comp. Gén. 12:2). El versículo lleva dos implicaciones: la ira o la justicia divina caería, y la posibilidad de una intercesión que abriría la puerta para la misericordia: Deja que encienda mi furor… Moisés fue puesto a prueba y su respuesta revela la nobleza de su persona; no buscaba ventajas personales por medio de su relación con Dios, sino que se preocupaba por su pueblo. Si Dios decía que era su pueblo, entonces, demostró un amor sin egoísmo hacia ellos. Imploró el favor de Dios (v. 11) y le pidió que desistiera del ardor de su ira (v. 12). Su ruego se basaba en tres argumentos: (1) Rogaba a Jehovah que no repudiara las grandes hazañas hechas a favor de su pueblo al rescatarlo (v. 11; nótese que Moisés se refirió al pueblo como tu pueblo); (2) ¿qué dirían los egipcios del rescate del pueblo? ¿Era Jehovah un Dios caprichoso? (v. 12); (3) recordó al Señor sus juramentos a los patriarcas: La palabra dada era sagrada e inviolable (v. 13). La apelación no trataba del valor ni del mérito de Israel, sino que apelaba a la naturaleza de Dios y a su misericordia.

   Del encuentro se ve un resultado inesperado, pues el Señor prestó atención a la palabra de su siervo. El texto dice que cambió de parecer en cuanto al mal que dijo que haría a su pueblo (v. 14); el Señor iba a darles otra oportunidad (ver 33:19b; 34:6–7). No obstante, habría un castigo por la apostasía (vv. 27–32).

   La expresión cambió de parecer viene del verbo naham 5162 y aparece tres veces en el libro (13:17; 32:12, 14); aparece más de 35 veces en el AT. Algunas versiones emplean el verbo “arrepentirse” para traducir el vocablo (ver RVR-60 y BC). El verbo naham 5162 (“cambió de parecer” o “arrepentimiento”) no es el mismo que se usa para el cambio o el arrepentimiento del hombre, lo cual es shub 7729. Naham 5162 no lleva una connotación de culpabilidad ni de un cambio de propósito de uno. La raíz del verbo significa “respirar hondamente” o “a fondo”.    Es una palabra de un sentir profundo. Al estar preocupado o asustado, se respira más rápido y a fondo; al estar aliviado, se exhala con un respiro de alivio, porque ha pasado la crisis. La desobediencia exige el castigo, y Dios “respira con tristeza”, no es lo que quiere hacer. Al arrepentirse (shub 7729) el hombre, Dios se alivia (naham 5162) para perdonarlo (lo que quiere hacer). Moisés no dijo que Dios se arrepintió (shub 7729), o Dios no sería absoluto y perfecto; no se arrepiente como el hombre. Sin embargo, Moisés tocaba el deseo de Dios de ser misericordioso. La culpabilidad de Israel sería castigada; habría la necesidad del arrepentimiento (shub 7729) del pueblo; sin embargo, Dios naham 5162: “Cambió de parecer”, “respiró”, “alivió” de la necesidad de destruir al pueblo e hizo lo que hace mejor: Se ofreció la gracia. ¿Era posible que la gracia abundara aun por el pecado de aquel que había dicho sí al Señor? ¡Sí! Había esperanza por la vía de arrepentimiento y la gracia divina, pero siempre habría las consecuencias y el pago por el mal. (Comentario Bíblico del mundo hispano Tomo 2).

   Definición: Intercesión – Diccionario Bíblico Sencillo

tip, DOCT vet, En general, la acción de uno que busca el bien de otro, interviniendo en su favor, para conseguirle un beneficio, perdón, etc. Hay muchos casos de intercesión en las Escrituras, y se puede señalar en el AT la intercesión de Abraham ante Dios por Sodoma (Gn 18:23-33); las múltiples intercesiones de Moisés buscando el perdón de Dios hacia una nación rebelde (Ex 32:11-14),(Ex 21-24),(Ex 33:12-16) cfr.( Dt 9:13-29) y muchos otros ejemplos, como los de Samuel, Daniel, Esdras y Nehemías, orando por la bendición y restauración de su pueblo.

En el NT nos encontramos con el gran Intercesor, Cristo. El término gr., «entunchanõ», significa «encontrarse con», interceder. Se refiere a la intercesión de Cristo en favor de sus santos, mientras se hallan en su estado presente, para llevarlos a ser como corresponde a la posición que les ha sido dada por el perdón justificador, y también para levantarlos por encima de sus pruebas, y conducirlos como sacerdotes a los goces y actividades correspondientes al santuario espiritual (Ro 8:34), (He 7:25). El Espíritu Santo también intercede por los creyentes, cuando ellos no saben orar como debieran, y lo hace con gemidos indecibles (Ro 8:26, 27). En (1 Ti 4:5) se nos ordena que intercedamos por todos los hombres.

Texto: Y trató de destruirlos, De no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de él, A fin de apartar su indignación para que no los destruyese. (Salmo 106:23).

1er Titulo:

Por la terquedad del pueblo se enciende la ira de Dios. Versíc. 9 y 10. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. (Léase Jeremías 32: 33 y 34. Y me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para recibir corrección. Antes pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es invocado mi nombre, contaminándola.).

   Comentario: [2]. (Éxodo 32:7-14) intercesión ▬ oración ▬ juicio: Lo siguiente que vemos en las Escrituras es la imagen de una gran intercesión por el terrible pecado cometido.

-a. Dios vio el grave pecado de Israel y estaba muy enojado (v. 7). Él no es ciego; él ve todo lo que el ser humano hace y vio lo que los israelitas estaban haciendo.

l) Dios interrumpió de forma abrupta el intercambio que estaba manteniendo con Moisés, dio por terminado el encuentro y puso delante de Moisés una situación que lo dejó totalmente consternado: le dijo que descendiera con “su pueblo” (es decir, “el pueblo de Moisés”). Dios estaba repudiando a su pueblo. Cambió el pronombre: ya no los estaba llamando “mi pueblo”, como los había llamado en el pasado (Ex. 3:7-10; 5:1; 7:4; 7:16; 8:1; 8:20; 8:21; 8:22; 8:23; 9:1; 9:13; 9:17; 10:3; 10:4). Desde el principio habían recibido el título de pueblo de Dios, pero ya no. El terrible pecado que habían cometido los había separado del Señor. Tal era la gravedad de sus actos que Dios estaba dispuesto a repudiarlos.

2) Considere los cargos que Dios presentó en contra del pueblo.

Þ Los acusó de haberse “corrompido” (síhet) (v. 7), palabra que significa correr hacia la destrucción, la ruina, la devastación y la decadencia. Esa misma palabra se usa para describir el terrible pecado de la humanidad en tiempos de Noé (vea notas de Gn. 6:11-12).

Þ Los acusó de haberse apartado pronto de sus mandamientos (v. 8). Acababa de dárselos. Además, habían hecho un pacto o acuerdo con Dios: se habían comprometido a obedecerle y a guardar sus mandamientos. Sin embargo, ahí los vemos, pronto apartándose de él. Los vemos caminando en una dirección y luego dando la vuelta rápidamente para correr en la dirección opuesta.

Þ Los acusó de incurrir en una adoración falsa (v. 8). El vio el ídolo que levantaron, pero lo más trágico es que los vio postrarse ante ese ídolo y ofrecerle sacrificios.

Þ Los acusó de proclamar un mensaje falso: que la liberación y la salvación vienen del hombre y no de Dios (v. 8). Dios vio a una multitud de más de tres mil personas declarando que fueron los dioses falsos quienes los libertaron (esta declaración estaba representada en la fuerza y el poder del becerro de oro). El vio su rebelión, apostasía e incredulidad.

Þ Dios los acusó de ser un pueblo de dura cerviz: un pueblo obstinado, terco, tenaz, insolente y testarudo, que no estaba dispuesto a escuchar los mandamientos de Dios, ni a apartarse de los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (vea 1 Jn. 2:15-16).

-b Dios no tenía otra opción: tenía que lidiar con el pueblo Por eso, amenazó con derramar su juicio sobre ellos

1) Observe lo que Dios dijo a Moisés: “Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma”. Sin embargo, Moisés no estaba molestando a Dios ni hablándole. Solo estaba allí estupefacto ante la interrupción abrupta de su intercambio con Dios y los graves cargos que él estaba presentando contra el pueblo debido al terrible pecado que estaban cometiendo. Entonces ¿por qué Dios pronunció su juicio contra Israel con las palabras Moisés, déjame?

   Dios tuvo dos razones para hacer su planteo en esos términos: estaba llamando a Moisés a la oración, para que intercediera por el pueblo. Solo la intercesión podía salvarlos. Así, Dios estaba enseñando a Moisés la increíble importancia de la oración intercesora.

Þ Dios estaba poniendo la intercesión de Moisés en medio de él y su pueblo. Moisés fue el intercesor que medió entre Dios y el pueblo. De esa manera, él representaría (simbolizaría) al gran Intercesor, el Señor Jesucristo.

   “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17; vea He. 2:14-15).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

2) Luego, Dios le dijo a Moisés algo que lo dejó totalmente pasmado: amenazó con cumplir la promesa de su pacto con Abraham de una forma distinta (vea bosquejo y notas de Gn. 12:1-3). El levantaría una nación por medio de los descendientes de Moisés y no los de Abraham (v. 10).

   Solo eso bastó: Moisés había quedado anonadado, completamente perplejo, pero ya no podía guardar silencio. Dios había logrado su cometido: mover a Moisés a elevar una oración intercesora.

Þ Moisés no quería que el pueblo tuviera que enfrentar el aterrador juicio de Dios ni que Israel fuera destruido.

Þ Moisés no quería que Dios modificara su pacto. Quería que Dios cumpliera la promesa que hizo a Abraham bendiciendo a los descendientes de Abraham.

   Pensamiento 1. La oración -la oración intercesora- es absolutamente imprescindible para la salvación y la liberación de las personas. Sin lugar a dudas, la falta de oración intercesora es la razón por la que tantas personas:

  • no son alcanzadas para Cristo;
  • no toman una decisión por Cristo;
  • no son salvas del juicio;
  • no son libradas de la tentación y el pecado.

   Debemos interceder por nuestros seres queridos y los perdidos del mundo. Debemos presentarnos constantemente delante del Señor y pedir, buscar, tocar la puerta, clamar, rogar, suplicar.

   “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mt. 7:7).

  “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Stg. 5:17).

   “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Dt. 4:29).

   “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

   “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis” (Am. 5:4).

   “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sof. 2:3).

   Pensamiento sobre la Terquedad: En el original hebreo terquedad es shabar que significa reventar fuertemente y de forma violenta; esto nos indica que la terquedad es altivez de espíritu y un grave pecado del alma que pone en problemas al terco que con su actitud muchas veces violenta saca el mal que lleva dentro. Esta persona llega a ser altanera con Dios y humillante con su prójimo, por eso Dios se encarga de quebrantarlo severamente, Proverbios 29:1, Efesios 4:18. Terquedad y altivez van de la mano como docilidad y humildad.           

   La terquedad es aquella obstinación tenaz, porfiada, e inflexible que se arraiga en el corazón de una persona y que la lleva a actuar neciamente sin permitirle atender razones prudentes. Para tratar a un terco se necesita carácter, templanza, firmeza de espíritu y personalidad, para no caer en la misma red en que él está, ni complacerse en su necedad Proverbios 26.4-5.                                       

Una persona terca es porfiada, obstinada en su manera de pensar, en su estilo de vida y su carácter; no admite reproche ni presta atención a los razonamientos de otros; ella no hace nada por cambiar ni mejorar, creyendo que tiene la razón y asumiendo que está en lo correcto, alguien que no se detiene a analizarse y confrontarse consigo mismo, 2 Reyes 17:14.

   Quizá a ti a mi nos han dicho en algún momento que somos tercos o necios, porque esos defectos de carácter se reflejan en nuestras palabras, acciones y manera de ser y de vivir. Somos tercos cuando nos mantenemos fijos en una opinión o actitud equivocada dándole la razón a la necedad. La terquedad es peligrosa para nuestra vida porque con ello demostramos que nuestro corazón está lleno de soberbia, Porque YO sé que eres muy obstinado; que tu cuello es tendón de hierro, y que tu frente es de bronce…Isaías 48:4-8.

   Alguien terco siempre defiende a capa y espada sus ideas y su posición a veces errada; en muchos casos se torna insoportable porque con él no se puede contar; no coopera en beneficio de una familia, un grupo o una comunidad. Son personas conflictivas, e inflexibles que no quieren servir ni sacrificarse en ciertos momentos; la verdad y lo novedoso les causa escozor y molestia y se niegan a acatar las instrucciones de otro, no prestando atención y demostrando desinterés e indiferencia, aún a un niño…Nuestros padres obraron con soberbia, endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos, Nehemías 8:16.

   El pecado de la terquedad no se queda ahí, avanza si no se corrige rindiendo el alma al dulce Dios, Él nos pide ser humildes y mansos de corazón, Mateo 11:29, porque sabe a lo que conlleva la arrogancia, la terquedad se va transformando en obstinación y ésta llega a la obcecación, lo cual la Biblia llama ceguera espiritual y dureza de corazón con una mente cerrada que esparce grandes tinieblas, llegando al punto de no razonar ni pensar sino altercar y agredir, Jeremías 44:16. La terquedad es insensatez que proviene de una raíz de iniquidad, Salmos 79:8.

   Como hijos de Dios tenemos la capacidad para transformar nuestra mente, entender la reprensión cuando nos exhortan y nos llaman la atención por errores que estemos cometiendo, mirándonos en el espejo de Jesús y su palabra, y arrepentirnos, pedir perdón a Dios por ese pecado, cambiar de actitud y ampliar nuestra mente para mejorar nuestra vida reconociendo que la terquedad no es buena y que bíblicamente es malsana, y que por lo tanto debemos ser dóciles, humildes y enseñables ante la instrucción y la corrección, Efesios 4:23-32 y Filipenses 4:8-9.

Preguntémonos:

  1. ¿Qué imagen estoy proyectando a quienes me rodean, soy obstinado y terco o soy humilde y manso?
  2. ¿En qué circunstancias me cuesta guardar silencio, aceptar flexibilidad y dominio propio? Si no lo puedo hacer, ¿es acaso una señal de terquedad en mí?
  3. ¿Cómo puedo mantener mi posición de dominio propio ante los demás?
  4. ¿Qué cambios debo hacer para ser una persona como Jesús lo demanda: mansa y humilde de corazón cuando soy confrontado o alguien se me opone?
  5. ¿Soy servidor manso, dócil y enseñable para recibir corrección e instrucción de otros?
  6. Si les preguntaran a las personas que mejor me conocen si soy terco o humilde, ¿qué dirían ellos de mí?
  7. ¿Estoy agradando a mi Creador y Salvador con mi actitud ante la vida y mi prójimo?

   Comentario de Jeremías. La respuesta de Dios, 32:33–34. Dios responde a la oración de su siervo, y se ve un paralelismo entre la oración y la respuesta. En el v. 17 Jeremías ha afirmado: “Nada hay que sea difícil para ti”, y ahora Jehovah hace una pregunta retórica, afirmando que no hay nada imposible para él. No hay nada demasiado difícil o duro para Dios, el Creador de todo. Como resultado de su poder él va a entregar a Israel en manos de los babilonios. Ellos van a quemar la ciudad, y las azoteas de las casas donde quemaron incienso a Baal y a otros dioses. Tanto el pueblo de Judá como el de Israel han provocado al Señor por su maldad continua. Él declara culpables a todos los ciudadanos de Jerusalén, sus líderes, los reyes, los príncipes, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo en general. En lugar de adorar a Dios dándole la cara, le han rechazado y abandonado dándole la espalda, una afrenta y pecado terribles. Ellos tienen su recompensa.

   A pesar de que Dios les había estado enseñando persistentemente no habían escuchado, ni habían recibido su corrección. Ellos se han visto a sí mismos como autónomos, con la determinación de hacer lo que les parecía mejor. En lugar de ver a su templo como un lugar santo habían puesto sus ídolos en el mismo templo de Jehovah, contaminándolo. Y peor de todo, habían edificado altares a Baal donde habían sacrificado a sus propios hijos al dios Moloc. Aquí, Jehovah hace una doble afirmación de que jamás hubiera mandado tal cosa: lo cual no les mandé ni me vino a la mente que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá (v. 35c). Jehovah quiere el sacrificio del corazón contrito, una vida que demuestra por las acciones la justicia para con él y su prójimo, no el sacrificio de sus hijos.

2° Titulo:

Oración necesaria para evitar la destrucción de Israel. Versíc. 11 al 13. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. (Léase 2ª de Crónicas 7:13 y 14. Si yo cerrare los cielos, para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.).

   Comentario:

-c. Moisés oró. Empezó a interceder, a pedir, a tocar a la puerta del corazón de Dios (vv. 11-13). Su oración se resume en cuatro grandes pedidos.

1). Moisés pidió a Dios que recordara que había salvado y libertado a su pueblo, que tenía una relación especial con ellos, mediada por un pacto (v. 11). Tenga en cuenta que Moisés declaró que el pueblo era el pueblo de Dios (“tu pueblo”). El clamó: “Tú, Dios, eres Aquel que los sacó de la esclavitud; tú, Dios, los salvaste y los libertaste. Recuerda todo lo que hiciste, las maravillas que hiciste en favor de ellos”.

 2). Moisés pidió a Dios que preservara su propio honor y fiabilidad a los ojos del mundo (los egipcios), para que su nombre no fuera difamado falsamente ni se volviera objeto de acusaciones de maldad (v. 12). Si Dios borraba al pueblo de la faz de la tierra después de haberlo salvado y libertado, ¿qué habría dicho el mundo? Habrían declarado que el Dios de los israelitas era débil, vengativo y malvado.

3). Moisés pidió a Dios que se volviera del ardor de su ira y no destruyera al pueblo (v. 12).

4). Moisés pidió a Dios que recordara las grandes promesas que había hecho a los antiguos patriarcas, Abraham, Isaac e Israel (Jacob) (v. 13). ¿Cuáles eran esas promesas?

Þ Que él multiplicaría a los descendientes de Abraham como las estrellas del cielo.

Þ Que él le daría a su pueblo la tierra prometida como heredad para siempre.

   “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos” (Nehemías 1:4-5). 

“Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa”. (Nehemías 1:8-10).   

    Comentario 2: 2ª Cr. 7:13-14. El pacto, 7:11–22. La aparición de Jehovah y el pacto con Salomón (7:11– 22), ameritan consideración detallada, ya que aquí se encuentra el versículo que más atención ha recibido en los cultos de oración y avivamientos (v. 14). El paralelo se encuentra en 1 Reyes 9:1–9.

   Después de los 21 años del reinado de Salomón, Dios volvió a aparecérsele, al concluir la construcción del templo y el palacio real, entre el 947 y 946 a. de J.C. (v. 11). Esta aparición, en la que Dios le hace promesas condicionadas y advertencias, tuvo lugar sin duda alguna porque Salomón se encontraba viviendo constantemente en pecado. Al principio Dios le hizo recordar que su oración había sido oída y que aceptaba el templo construido y consagrado a su gloria, como casa de sacrificios, nueve años antes (v. 2; ver 1 Rey. 9:2; 2 Crón. 1:3–13).

   La respuesta de Dios se hizo patente mediante cuatro promesas. En primer lugar, Dios prometió perdonar a su pueblo y sanar su tierra si Israel se arrepentía de sus malos caminos (7:13–15). Como ningún otro pasaje en las Escrituras, el v. 14 menciona las estipulaciones que Dios establece para que una nación experimente sus bendiciones. Los escogidos de Dios, para formar parte de su pueblo, deben abandonar el pecado, dejar a un lado el egoísmo, orar a Dios y someter sus deseos a la autoridad de la Palabra y a su voluntad. Solamente así contestará Dios desde los cielos (v. 15).

   Si se humilla mi pueblo indica también que Israel ha sido llamado a formar parte de un pacto con Dios, basado en la confianza y la obediencia, el cual los hacía su especial tesoro, pueblo misionero y santo (Éxo. 19:4–6). Dios se había comprometido formalmente con su pueblo, confiándole su nombre; así, pues, si Israel no lo honraba, Dios lo reprendería (Deut. 28:15–18). El castigo incluiría invasión por fuerzas extranjeras, expulsión de la tierra y exilio en tierras extrañas. No obstante, Dios todavía lo amaría (Deut. 30:1–10); 2 Sam. 7:12–16; Sal. 89:34 36).

Si se humilla mi pueblo indica, además, que el pueblo de Israel y los creyentes hoy se distinguirían por el nuevo estilo de vida que se desprende de una asociación santa con Dios. Si oran y buscan mi rostro reclama una acción de postración reverente ante el trono de Dios, pidiéndole sus bendiciones.

   Sus malos caminos hacen referencia a la praxis pagana que Israel había incorporado a su vida nacional. Son los malos caminos de los cananeos de los que Dios desea preservar a su pueblo. Según Jueces 2:11, el “hacer lo malo ante los ojos de Jehovah” era practicar lo que Dios desaprobaba; según Levítico 18:1–30 serían cosas tales como tener relaciones sexuales con una mujer que fuera una parienta, con una mujer menstruosa, con la mujer del prójimo, con una persona del mismo sexo, o con animales.

   El pecado de Israel tiene implicaciones ecológicas cuando Dios dice que el arrepentimiento del pueblo le movería a sanar su tierra. Según el 6:28, “el tizón y el añublo” se habían sumado a las plagas en las Sementeras.

Los frutos de la fidelidad 7:13-14.

   Introducción: La obediencia es la madre de la bendición. La desobediencia engendra la calamidad. La maldición de la humanidad vino por la desobediencia. Moisés sufrió las consecuencias de la desobediencia (Núm. 20:8–12). David fue reprendido y desechado por la desobediencia (1 Sam. 15:22, 23).

Por qué fue prosperado hasta un momento de su vida Salomón (1ª Crón. 29:25).

Porque fue honesto, honrado con las posesiones (2 Crón. 5:1).

Porque honró a su padre.

Porque fue fiel a la empresa recibida de Dios, a la de su padre (1 Crón. 28:10; 2 Crón. 6:10).

Porque fue diligente en la ejecución de las obras del templo (2 Crón. 2:4, 5, 7).

Porque quiso lo mejor para Dios (2 Crón. 2:9).

   Conclusión: La culminación feliz de la construcción del templo se debió a que Salomón respetó los planos recibidos de su padre (1 Crón. 28:10–12), que es lo mismo decir que obedeció a Dios. Y es que la prosperidad llega cuando andamos en el camino obedeciendo las leyes divinas.

3er Titulo:

Dios responde la oración de su siervo. Versíc. 14. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo. (Léase 1ª de Reyes 18:37 y 38. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.). 

   Comentario: (5). Dios respondió a la oración intercesora de Moisés: aplacó su ira y retiró la amenaza de destruir a todo el pueblo (v. 14).

   Pensamiento 1. La oración ▬la oración intercesora▬ es absolutamente imprescindible para la salvación y la liberación de las personas. Sin lugar a dudas, la falta de oración intercesora es la razón por la que tantas personas:

  • no son alcanzadas para Cristo;
  • no toman una decisión por Cristo;
  • no son salvas del juicio;
  • no son libradas de la tentación y el pecado.

   Debemos interceder por nuestros seres queridos y los perdidos del mundo. Debemos presentarnos constantemente delante del Señor y pedir, buscar, tocar la puerta, clamar, rogar, suplicar.

   “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mt. 7:7).   “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (Stg. 5:17).   “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Dt. 4:29).

   “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

   “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis” (Am. 5:4).

   “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sof. 2:3).

   Comentario 2: 1ª Reyes 18: Vv. 36–38. ¡Oh, Jehovah, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel… Luego, el hombre de Dios eleva una sola, sencilla pero poderosa, oración intercesora; y esta “plegaria del hombre justo” es suficiente para que suceda el milagro. Desde el cielo cae el fuego sobre el sacrificio y lo consume todo. Un comentarista hace más dramática la escena: “Las nubes que anunciaban la lluvia se juntaron. Hubo un rayo o una descarga eléctrica que cayó para consumir el sacrificio”. Es interesante, no obstante, que The Interpreter’s One-Volume Bible Commentary, no conocido por su postura demasiado conservadora, comenta al respecto: “Es una insensatez intentar racionalizar esta historia, identificando así el fuego como un rayo o relámpago.

   El punto esencial es la divina intervención milagrosa. Para los hebreos, así obraba Dios”. El profeta demuestra que, si Jehovah respondía, no era por medio de un ritual, sino por medio de un milagro. Venía en respuesta al clamor de un hombre justo para que todo el pueblo supiese quién era el verdadero y único Dios de Israel.

Verdades prácticas

   Esta oración anónima da ánimo a los que han cruzado la línea para tener los dos pies plantados en el lado de Dios: “Padre, haznos parte del compañerismo de los no avergonzados. Ayúdanos a recordar que tenemos el poder del Espíritu Santo. Hemos emitido el voto. Hemos cruzado la línea. La decisión hecha está. Somos tus discípulos. No vamos a mirar atrás, aflojar el paso, flojear, retractarnos ni quedarnos quietos.

   “Padre, gracias te damos que en ti nuestro pasado está redimido, nuestro presente tiene sentido, y nuestro futuro está seguro. Hemos terminado con la bajeza, con el camino seguro, pero sin fe, con la planificación a medias, con rodillas suaves, con sueños de blanco y negro, con visiones domesticadas, con el hablar mundano, con la vida barata y con las metas empequeñecidas.

   “Como líderes tuyos, ayúdanos a no necesitar preeminencia, prosperidad, posición, popularidad, ascensos y aplausos. Llénanos con tu Espíritu para que no tengamos que tener la razón, o ser el primero, el mejor, el reconocido, el alabado o el recompensado. Ayúdanos a vivir por la fe, depender de ti, caminar con paciencia, ser animados por la oración y trabajar por medio de tu poder.

   “Padre, nuestra cara está puesta, nuestro paso es veloz, nuestra meta es el cielo, nuestro sendero es angosto, nuestro camino es difícil, nuestros compañeros son pocos, nuestro Guía confiable, nuestra misión clara. No podemos ser comprados, comprometidos, desviados, desilusionados, ni atrasados.

   No titubearemos en el momento del sacrificio, a vacilar en la presencia del adversario, a negociar en la mesa del enemigo, a ponderar sobre la popularidad ni a serpentear en el laberinto de la mediocridad.

   “Ayúdanos, Padre, a no rendirnos, callarnos, cansarnos, ni darnos por vencidos hasta que hayamos orado, vigilado, predicado y pagado todo para la causa de Cristo. Somos tus discípulos. Ayúdanos a ir hasta que tú vengas, dar hasta que muramos, predicar hasta que todos hayan escuchado y trabajar hasta que tú nos des descanso; cuando tú vengas por los tuyos, Padre, rogamos que no tengas ningún problema en reconocernos. Nuestras banderas estarán claras y visibles. Y nuestros pies estarán en el lado tuyo. Amén”.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN PERSONAL (por Hno. Sergio Jeria Carrasco).

¿Cuánto de su oración está dedicada a sus necesidades y cuánto de ella es para interceder por otros?

¿Usted cree en su corazón que la realidad por adversa que sea puede ser alterada por medio de la oración?

¿Usted utiliza la gracia de la oración como primer o último recurso ante sus necesidades?

¿Qué lugar debe ocupar la oración en medio de la adversidad y la catástrofe?

Amén, Para La Honra Y Gloria De Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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