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Domingo 25 de agosto de 2019: “Símbolo de la crucificación, resurrección y plenitud de vida en Cristo”

Domingo 25 de agosto de 2019: “Símbolo de la crucificación, resurrección y plenitud de vida en Cristo”

Lección: Éxodo cap. 23, versículos 14 al 19. Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor. No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana. Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito en la leche de su madre.

   Comentario: 23:10-19 Cada séptimo año la tierra debía descansar. No deben arar o sembrar; lo que la tierra produce por sí mismo, se debe comer, y no guardada. Esta ley parece haber sido la intención de enseñar la dependencia de la Providencia, y la fidelidad de Dios al enviar el mayor incremento, mientras que mantienen sus citas. También era típico del reposo celestial, cuando todos los trabajos terrenales, preocupaciones e intereses cesará para siempre. Todo el respeto a los dioses de los paganos está estrictamente prohibido. Dado que la idolatría era un pecado al que los israelitas se inclinaron, deben borrar el recuerdo de los dioses de los paganos. Asistencia religiosa solemne sobre Dios, en el lugar que él escogiese, es estrictamente necesario. Ellos deben unirse ante el Señor. ¡Lo que un buen maestro servimos, que ha hecho que sea nuestro deber alegraos delante de él! Dediquemos con placer al servicio de Dios esa porción de nuestro tiempo que se requiere, y el recuento de sus días de reposo y ordenanzas a ser una fiesta para nuestras almas. No habían de venir con las manos vacías; por lo que ahora, no hay que venir a adorar a Dios el corazón vacío; nuestras almas deben estar llenos de santos deseos hacia él, y dedicatorias de nosotros mismos a él; porque de tales sacrificios se agrada Dios.( por Matthew Henry)  

   Pensamiento: Los cristianos no nos avergonzamos de presentar a Cristo crucificado. Pablo mismo lo expresó con rotundidad: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Ga 6:14). Nosotros sabemos que Jesús no merecía la maldición de Dios, sino que era nuestra propia maldición la que él estaba llevando sobre la cruz (Ga 3:13). Y es por esta razón que el recuerdo del amor de Dios expresado en la cruz nos constriñe para vivir diariamente para Cristo (2 Co 5:14-15).

   Referencias: Gálatas 6:14. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Gálatas 3.13. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

2ª de Corintios 5:14-15. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Texto: “1ª los Corintios 5:8. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. 

1er Titulo:

Fiestas Judías Que Representan La Liberación Y Justificación De La Iglesia De Cristo. Versíc. 14 al 16. Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo.  

   Comentario: (Éxodo 23: 14-17) ley civil — Israel, ley de —fiestas religiosas — panes sin levadura, fiesta de los — siega, fiesta de la — cosecha, fiesta de la — tabernáculos, fiesta de los: Israel tenía leyes sobre las tres fiestas anuales que debía celebrar el pueblo. Tres veces al año, todos los hombres de Israel debían hacer un peregrinaje rumbo al tabernáculo para celebrar una de las fiestas. En este pasaje, solo vemos algunas normas sobre estas fiestas; el resto de las normas se encuentran en otros pasajes de las Escrituras:

   En estas fiestas se celebraba, por un lado, el comienzo o la finalización de una etapa del calendario agrario de Israel y, por otro lado, un acontecimiento histórico de la vida de la nación. Cada fiesta estaba ligada a una temporada de la cosecha, que coincidía con un gran suceso histórico. Sin importar lo cerca o lejos que estuvieran, todos los hombres de Israel debían viajar hacia el tabernáculo y presentarse delante de Dios: debían orar, dar gracias y recordar la gran misericordia y gracia que Dios manifestó cuando:

  • les dio la cosecha de sus cultivos;
  • los libertó y guió a su nación a lo largo de la historia.

   (a). La primera de las festividades era la fiesta de los panes sin levadura (v. 15). La ley daba tres instrucciones claras sobre su celebración.

   Þ El pueblo debía comer panes sin levadura por siete días.

   Þ Debía celebrarse en el tiempo designado, en el mes de Abib, en conmemoración de la gran liberación de Israel cuando escapó de Egipto.

   Þ El pueblo debía atender a la advertencia de Dios: no debían acercarse a él con las manos vacías, es decir, sin una ofrenda.

   La fiesta de los panes sin levadura empezaba con la Pascua y continuaba por siete días. En el primer día y el último de la fiesta se celebraba un gran servicio de adoración (Lv. 23:5-8). Como vimos antes, la fiesta conmemoraba que Dios había librado a Israel de la esclavitud egipcia. Los panes sin levadura eran un recordatorio del rápido y apresurado éxodo: simbolizaban la urgente necesidad de escapar pronto de la esclavitud de Egipto (el mundo), la necesidad de comenzar de inmediato la marcha rumbo a la tierra prometida de Dios (símbolo del cielo y de la justicia perfecta). Israel ni siquiera tuvo tiempo para dejar que la levadura leudara el pan.

   Ahora bien, tenga en consideración algo más: Dios había dado una severa advertencia a Israel respecto de esta fiesta. Ningún hombre debía faltar ni olvidar traer consigo una ofrenda de la cosecha de cebada para Dios. Dios había hecho mucho por su pueblo; por lo tanto, ninguno de ellos debía presentarse delante de Dios con las manos vacías, sin una ofrenda generosa.

   “Cada uno [se presentará] con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado” (Dt. 16:17).

   “Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, y me enseñes tus juicios” (Sal. 119:108).

   “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lc. 6:38).

   “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).

   (b). La segunda festividad era la fiesta de la siega (v. 16a), también llamada fiesta de las semanas, puesto que se celebraba siete semanas después de la fiesta de los panes sin levadura (Ex. 34:22), y más adelante también llamada día de Pentecostés, porque se celebraba cincuenta días después de la fiesta de los panes sin levadura. La palabra Pentecostés es un término griego que significa cincuenta (Lv. 23:16; Hch. 2:1; 20:16; 1 Co. 16:8). La fiesta conmemoraba el momento en que Israel recibió la ley en el monte Sinaí, la misma ley que analizamos en estos capítulos de Éxodo. La fiesta de la siega era simplemente eso: un festival de un solo día donde se celebraba por los primeros frutos de la cosecha (vea Lv. 23:15-22; Dt. 16:9-11). La ceremonia principal consistía en presentar a Dios una ofrenda de dos panes con levadura, hechos con la harina de trigo que se acababa de recoger. Esos panes recibían el nombre de primeros frutos de la siega. El hombre debía entregar a Dios lo mejor que tuviera para ofrecer. La fiesta de la siega era una ocasión festiva y alegre en la que se celebraba la maravillosa siega que Dios había provisto a su pueblo.

   Pensamiento 1. La lección de este pasaje es clara: debemos agradecer a Dios por la siega que nos da, por

los ingresos y las bendiciones que él derrama sobre nosotros. No debemos acercarnos a él con las manos vacías: debemos entregarle los diezmos y las ofrendas que le pertenecen.

   “Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas” (2 Cr. 31:5).

   “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Pr. 3:9-10).

   “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal. 3:10).

   (c). La tercera festividad anual era la fiesta de la cosecha o fiesta de los tabernáculos (v. l6b) (Lv. 23:34; Dt. 16:13; 31:10; Jn. 7:2). El pueblo comúnmente la llamaba fiesta de los tabernáculos porque tenían el mandato de

levantar pequeñas tiendas o cobertizos donde refugiarse durante el tiempo de la fiesta (Lv. 23:42-43). Estas tiendas eran un recordatorio de sus andanzas por el desierto, de los cuarenta años que tuvieron que vivir en tabernáculos o tiendas mientras viajaban hacia la tierra prometida. La fiesta también celebraba la cosecha de las vides y los árboles frutales, y duraba siete u ocho días. Al parecer, la celebración se suspendió durante distintos períodos de la historia israelita; no obstante, Nehemías la restauró (Neh. 8:17).

2° Titulo:

Perfecto Sacrificio De Cristo, Nos Lleva A Acercarnos A Él Con Corazón Limpio. Versíc. 17 -18. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor. No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana. (Léase Hebreos 10:22; 1ª a los Corintios 5.6).

    Comentario: (Éxodo 23:17). (d). Observe que las personas responsables de celebrar las fiestas eran todos los hombres sanos de Israel (v. 17). Ninguno estaba exento. Como vimos antes, no importaba lo lejos que viviera un hombre, tenía el deber de asistir a las fiestas. ¿Por qué? ¿Por qué Dios demandaba tal cosa de los hombres de Israel? El propósito de Dios al instaurar las tres fiestas nacionales constaba de tres partes:

   Þ reunir a los hombres en un gran espíritu de unidad y armonía y, de ese modo, edificar una nación unida y fuerte;

   Þ traer a memoria del pueblo las grandiosas bendiciones de Dios, su gran liberación y guía en el día a día;

Þ despertar en ellos el deseo de responder con gratitud y adoración a Dios, trayéndole sus diezmos y ofrendas.

   Pensamiento 1 (17). Crecemos cuando nos relacionamos con otros creyentes. El hombre que se rodea de otros cristianos cuenta con:

  • el beneficio de la sabiduría y el consejo.

   “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; más en la multitud de consejeros se afirman” (Pr. 15:22).

  • el beneficio del aliento y la edificación mutua.

   “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (He. 10:24-25).

  • el beneficio de la seguridad y la protección.

   “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá. 6:1-2).

  • el beneficio de la unidad y un propósito en común.

   “Otra vez os digo, que, si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mt. 18:19).

  • el beneficio de adorar a Dios unánimes con personas de un mismo parecer.

   “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:1-2).

    Comentario: (Éxodo 23:18) ley civil — fiestas religiosas — Pascua: Otra de las leyes religiosas trataba sobre el sacrificio de Pascua. La Pascua era la celebración del mayor acontecimiento de la historia de Israel, la gran liberación de Dios, que los sacó de la esclavitud de Egipto. Hemos visto antes un análisis detallado de la Pascua, pero la vemos también mencionada en este pasaje porque conforma las leyes civiles y religiosas de la nación (vea bosquejo y notas de Ex. 12:1-13:16). Las Escrituras nos dan dos instrucciones básicas:

   (a). El pueblo no debía ofrecer (matar) el cordero del sacrificio teniendo levadura en la casa. ¿Por qué? Porque la levadura es un símbolo del mal y Dios había librado a su pueblo de la maligna esclavitud de Egipto (un tipo del mundo). Consideremos ahora que Dios llama al sacrificio “mi sacrificio”. El cordero de Pascua es un sacrificio muy especial; por lo tanto, se lo denomina el sacrificio de Dios. ¿Qué es lo que hace que el cordero del sacrificio sea tan especial? ¿Qué simboliza el cordero? Al Hijo de Dios, al Señor Jesucristo. El Hijo de Dios es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús libera al pueblo de Dios de la maligna esclavitud del mundo, lo libera del pecado. Es a Cristo Jesús a quien el cordero simbolizaba.

   “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).

   “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).

   “[…] pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (He. 9:26).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda venida sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Y él es la propiciación [sacrificio] por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:2).

   (b). El término “grosura” se refiere a la mejor parte del cordero. Tiempo atrás, Dios había instruido al pueblo que se comiera todo el cordero (vea notas, pto. 5, de Ex. 12:6-11). Ahora, al darles la ley, él hacía hincapié en este punto dando una descripción contundente: ni siquiera la grosura -ni siquiera la mejor parte- del cordero del sacrificio debía quedar. Se debía comer todo el cordero.

   Pensamiento 18. El punto es claro: ninguna persona puede comer y tomar solo una parte de Cristo, sino que debe tomar todo de Cristo. El hombre debe creer en el Cordero de Dios:

  • debe creer que, si come todo el Cordero, Dios lo librará del pecado y la esclavitud al mundo.

   “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29)

3er Titulo:

Deber De Entregar A Dios Lo Primero Y Lo Mejor. Versíc. 19. Las pr1m1c1as de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito en la leche de su madre. (Léase 1ª de Crónicas 29:14).

   Comentario: (Éxodo 23:19) ley civil _ Israel, ley de — ofrendas — mayordomía — dar: Dios también había dado a su pueblo una ley sobre las ofrendas que cada hombre presentaría delante de Dios. Tenga en cuenta que la ley no se ocupa de contabilizar la ofrenda que uno debe ofrecer: la ley se ocupa de señalar qué parte de su cosecha o de sus recursos debía entregar cada hombre a Dios:

   (a). La primera parte de esta ley es clara y directa: cada persona debe ofrecer lo mejor, las primicias de sus primeros frutos o lo mejor de sus recursos a Dios. El hombre debía dar a Dios la primera parte de sus ingresos, no la última. Considere también dónde se debía entregar esta ofrenda: no al pobre o al necesitado, sino en la casa del Señor (el tabernáculo, la iglesia). E1 pueblo debía encargarse primero de proveer para la casa del Señor y su ministerio, y luego ofrendar en obras de compasión, supliendo las necesidades del pobre y el necesitado de la tierra.

   “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Pr. 3:9-10).

   “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal. 3:10).

   “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Co. 16:2).

   “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).

   (b). La segunda parte de esta ley es una advertencia: las personas no deben llevar la ofrenda fuera de la presencia de Dios, ni quitársela al Dador de vida. La imagen que vemos es la de una cría, un corderito o cabrito, que le era quitado a su madre, la que le había dado la vida. Se lo cocinaba en la leche de su madre. El punto quizás sea el siguiente: ninguna persona debe tomar la ofrenda que es de Dios y llevársela fuera de la presencia del Dador de vida, el Señor. Dios es el gran Dador de vida, Aquel que da la leche o el sustento para la vida. Nadie jamás debe tomar la ofrenda de Dios y usarla para ningún otro fin, no importa la exquisitez ni el valor de la ofrenda.

   Advierta lo siguiente: este es un importante principio de la ley de Dios, tanto que lo vemos repetido tres veces en la ley de Moisés (Ex. 34:16; Dt. 14:21).

   Pensamiento 19. No tenemos derecho a tomar la ofrenda que pertenece a Dios. Si lo hacemos, lo que en realidad estamos haciendo es robarle a Dios. La Biblia advierte enfáticamente al hombre que desea robar a Dios.

   “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Mal. 3:8-9).

   “Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor. Y he aquí que batí mis manos a causa de tu avaricia que cometiste, y a causa de la sangre que derramaste en medio de ti” (Ez. 22:12-13).

   “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Si, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido” (Hch. 5:1-10).

   “Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:10).

   Comentario de texto áureo: versic.8. Por tanto, celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, a saber, la levadura de malicia y maldad, sino con el pan no leudado de sinceridad y verdad.

   (a). Declaración negativa. «Celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, a saber, la levadura de malicia y maldad». Pablo no está exigiéndole a la iglesia de Corinto que celebre la pascua judía. Si lo hiciera, estaría negando el significado de la expiación de Cristo. Además, estaría pidiendo a los gentiles que se conviertan en judíos para que él pueda aceptarlos. Tampoco les está pidiendo que celebren la Santa Cena, ya que en un capítulo más adelante (11:17–34) les enseñará acerca de la Santa Comunión. Lo que Pablo hace es hablar figuradamente acerca del gozo que los creyentes tienen al saber que son limpiados de sus pecados. La exhortación implica que celebremos nuestra libertad en Cristo Jesús, ocupándonos de nuestra propia salvación (Fil. 2:12) y consagrándonos a hacer su voluntad (Ro. 12:1, 2; 1 P. 2:5).

   La exhortación a celebrar una vida de obediencia a la voluntad de Cristo excluye la vieja levadura, esto es, la malicia y la maldad. Las palabras malicia y maldad son explicaciones de la expresión vieja levadura, la cual sirve para describir la antigua naturaleza pecaminosa. El inconverso se caracteriza por los vicios de la mala voluntad y la maldad. La mala voluntad es la impía disposición que tiene una persona y la maldad es el ejercicio siniestro de dicha disposición. En griego, Pablo usa la palabra ponēria (=maldad), la que apunta a las actividades del diablo.

   (b). Declaración positiva. «[Celebremos la fiesta] con el pan no leudado de sinceridad y verdad». El lenguaje que Pablo usa es obviamente metafórico. Insta a sus lectores a que celebren la fiesta de consumir «pan no leudado», esto es, no contaminado ni impregnado de maldad. El «pan» con el que deben alimentarse los corintios consiste en «sinceridad» o pureza de mente. Cuando Pablo escribe sinceridad apunta a lo contrario de la expresión malicia. La pureza de mente es un bien que goza el creyente santificado, cuyo propósito es amar al Señor y a su prójimo como a sí mismo.

   Además, el término verdad es lo contrario a maldad. Jesús se llamaba a sí mismo «la verdad» (Jn. 14:6), pero describe al diablo como el malo (Mt. 13:19) y como padre de mentira (Jn. 8:44). En un pasaje anterior, Pablo les decía a los corintios que ellos tenían comunión con Cristo (1:9). Ahora les dice que coman el pan de la verdad, lo que significa que deben vivir una vida nueva que no esté manchada por las influencias malignas de la impureza y la hipocresía.

   En vez de decirle a los corintios que adopten normas de moralidad exclusivas, lo que Pablo hace es dirigirlos a la verdad que está en Cristo. Con esa verdad serán capaces de vivir en armonía con todas las normas de Dios incluyendo los principios morales.

Amén, para gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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