+56 9 5417 6219
contacto@historiaycontingenciaiep.cl

Domingo 24 de mayo de 2020: “Llamados a continuar la marcha hacia la Tierra Prometida”

Domingo 24 de mayo de 2020: “Llamados a continuar la marcha hacia la Tierra Prometida”

   Lección: Éxodo Cap. 33, versículos 1 al 6. 1Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo 3(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. 4Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. 5Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. 6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.

   Temas a tratar en este capítulo 33:1-6.

[1]Primer punto: escuchar el llamado de Dios y su advertencia: que el pecado hace que Dios quite su presencia personal

-a. El llamado de Dios: continuar con su viaje hacia la tierra prometida.

-b. La promesa de Dios: su presencia y su guía limitadas. No los guiaría en persona, sino que enviaría a un ángel para que los guiara y conquistara a sus enemigos.

-c. La amenaza y la advertencia de Dios: él quitaría su presencia de en medio de ellos porque:

1) el pueblo era obstinado y pecador;

2) él no podría contener su ira santa y justa.

[2]. Segundo punto: arrepentirse

-a. El pueblo se vistió de luto y se arrepintió: se quitaron sus joyas (símbolo de lo mundano):

1) porque Dios los había llamado obstinados y pecadores;

2) porque Dios les advirtió acerca de su juicio;

3) porque Dios exigió que se arrepintieran: que se qui-taran sus atavíos (símbolos de lo mundano y de su luto por el pecado).

-b. El pueblo obedeció: Israel se arrepintió.

Comentario general: División X

EL BECERRO DE ORO Y LA GRAN INTERCESION DE MOISES: EL QUEBRANTAMIENTO Y LA RENOVACION DEL PACTO EN’I`RE DIOS E ISRAEL

Exodo 32:1-6.

   [B]. La amenaza de una separación entre Dios y su pueblo, y la gran intercesión de Moisés: los puntos esenciales del arrepentimiento y la renovación posteriores al pecado (Ex. 33:1-6)

  [B]. (Éxodo 33:1 – 6). Introducción: El pecado separa al ser humano de Dios. Él es santo, puro y justo; por lo tanto, no puede tener relación alguna con el pecado, sino que debe juzgarlo y condenarlo. Su naturaleza santa lo exige. Sin embargo, hay un atributo de su naturaleza que es aún más importante en este punto: Dios es amor; él es misericordioso y clemente. Él tiene que mostrar su amor al hombre. Por eso, también tiene que hacer justicia a favor de todos los que han sido heridos o han recibido un trato injusto por parte de otras personas. Él tiene que impartir justicia sobre todos los pecadores e impíos de la tierra. Esa es la razón por la que él estableció que habrá un día del juicio: Dios debe hacer justicia sobre la tierra.

   Eso fue lo que experimentaron los israelitas. Acababan de pecar, de quebrantar su pacto con Dios, de desobedecerle y de rechazarlo. Habían transgredido los diez mandamientos; por consiguiente, el juicio de Dios estaba a punto de recaer sobre Israel. No obstante, Moisés se había presentado delante de Dios para interceder a favor de Israel: oró y oró pidiéndole que perdonara al pueblo. El presente pasaje nos muestra a Moisés aún en la presencia de Dios, aun buscando a Dios y rogándole que perdonara y restaurara a su pueblo para que volvieran a gozar del favor divino. De eso se trata el importante pasaje que examinaremos a continuación: La amenaza de una separación entre Dios y su pueblo, y la gran intercesión de Moisés: los puntos esenciales del arrepentimiento y la renovación posteriores al pecado (Ex. 33:1-6).

  1. Primer punto: escuchar el llamado de Dios y su advertencia: que el pecado hace que Dios quite su presencia personal (vv. 1-3).
  2. Segundo punto: arrepentirse (vv. 4-6).

Texto: Éxodo Cap. 14, versículo 15. Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.

   Comentario del texto áureo:  El tercer reto a la hora de enfrentar problemas es sorprendente. Dejar de clamar a Dios y de quejarse: Levántense, adelante, avancen (V. 15). Moisés acababa de proclamar un gran desafío al pueblo: “No temáis, estad firmes; creed en Dios; ved la salvación de Jehová”. Pero tan pronto Moisés terminó de presentar su desafío, caminó en dirección a su tienda y el miedo se apoderó hasta de él mismo. Es obvio que se sintió descorazonado y desamparado, presa de una sensación aterradora al sentirse indefenso. Pero fíjese en lo que sucedió: Dios suplió la necesidad de su siervo. Dios dijo a Moisés en términos bien claros: “¿Por qué clamas a mí? ¡Deja a un lado tu clamor! ¡Levántate! ¡De pie! ¡Di al pueblo que marchen!” Y así lo hizo Moisés.

   Pensamiento 1. Cuando nos enfrentamos a los problemas, hay un tiempo para orar y para clamar a Dios, un tiempo para estudiar y analizar el problema y planificar qué hacer. Pero también hay:

▬ Un tiempo para dejar de clamar y orar.

▬ Un tiempo para dejar de culpar a otros por el problema.

▬ Un tiempo para dejar de analizar y planificar.

▬ Un tiempo para levantarse, marchar adelante y continuar con nuestra vida, confiando en que Dios hará que el problema desaparezca.

Dios exige que nos levantemos y marchemos adelante: Que seamos diligentes, firmes determinados en la  vida.

   “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 10:22).

   “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Co. 4:2).

   “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

   “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá. 6:9).

   “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel” (Jos. 1:2).

   “No obstante, proseguirá el justo su camino, y el limpio de manos aumentará la fuerza” (Job 17:9).

   “Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Sal. 84:7).

2). Dios exige fervor en la vida.

   “¿No decís vosotros: ¿Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35).

   “Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas” (Neh. 4:21).

   “Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha” (Is. 62:1).

“Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lc. 2:49).

   “Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él” (Lc. 8:39).

   “Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Jn. 4:34). –

   “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4).

   “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch. 10:38).

   “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan” (Hch. 18:25)

1er Titulo:

Dios promete enviar a su ángel para proteger a su pueblo. Versíc. 1 al 3. 1Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo 3(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. (Léase Éxodo 23.20. He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.).

   Comentario: [1]. (Exodo 33:1-3). Pecado, Consecuencias ▬ Restauración ▬ Renovación ▬ Advertencia ▬ Guía ▬_Protección ▬Presencia De Dios ▬ Juicio: El primer punto esencial para alcanzar la restauración es claro: el hombre debe dar oídos al llamado de Dios y su advertencia de que el pecado hace que él quite su presencia.

-a. Examinemos el llamado de Dios: él mandó a Moisés que partieran del monte Sinaí y continuaran su camino hacia la tierra prometida (v. 1). Dios había hecho una promesa a Abraham, Isaac y Jacob: si ellos creían a Dios, si realmente le creían y lo seguían, él les daría la herencia gloriosa de la tierra prometida, una tierra que fluye leche y miel y que les daría descanso de todos sus enemigos (un símbolo del cielo).

   Dios siempre cumple sus promesas. El hombre puede ser infiel, pero Dios sigue siendo fiel (2 Ti. 2:13); el ser humano puede quebrantar su compromiso con Dios, pero Dios no quebranta su pacto con él. Los israelitas habían cometido un pecado terrible y deplorable: habían pecado y transgredido su pacto y compromiso con Dios.

   Ellos se habían apartado de Dios y habían vuelto al mundo, a la adoración falsa y a las borracheras, los bailes y la inmoralidad. El juicio de Dios estaba a punto de recaer sobre ellos, pero Moisés intercedió por el pueblo. Oró fervientemente y por mucho tiempo pidiéndole que perdonara el terrible pecado de Israel (Ex. 32:30-34). Dios escuchó la oración de Moisés y perdonó su pecado. Ahora era el momento de levantarse una vez más y reanudar el viaje hacia la tierra prometida.

-b. Ahora bien, consideremos cuál fue la promesa de Dios: darles su presencia y su guía de forma limitada (v. 2).

Dios ya no los guiaría en persona: enviaría a un ángel guardián para que él guiara al pueblo, pero su presencia personal ya no habitaría en medio de ellos ni los guiaría.

   Obviamente, estas noticias trastornaron y horrorizaron a Moisés y los israelitas. Desde el principio de su peregrinaje, la mismísima presencia de Dios, simbolizada por una columna de nube de día y una columna de fuego de noche, los había guiado en el camino hacia la tierra prometida. Obviamente, estas noticias implicaban que Dios quitaría ambas columnas y que ya no los guiarían ni los protegerían (vea Ex. 13:21-22; 14:19-20).

-c. Observemos por qué Dios ya no podía darles su presencia y su guía de forma personal e ilimitada (v. 3). Ten- gamos en cuenta que esto también constituye una amenaza y una advertencia de parte de Dios: él quitaría su presencia, guía y protección personal porque:

  • el pueblo era obstinado, pecador, de dura cerviz, terco y desobediente;
  • Dios no podía habitar en presencia del pecado. Su santidad _su justicia y pureza- es justa. Por lo tanto, cuando una persona peca, Dios tiene que hacer justicia.

   El pueblo era contumaz y obstinado. En el transcurso de su viaje hacia la tierra prometida, era muy probable que siguieran pecando, desobedeciendo a Dios y apartándose de él. Si la presencia especial de Dios ▬la manifestación especial de su presencia▬ habitaba en medio de ellos, la santidad y la justicia de Dios recaerían de inmediato sobre ellos y les impartirían su castigo. El pueblo sería destruido.

   Pensamiento 1. El pecado nos separa de Dios. Cuando permanecemos en el pecado, la presencia de Dios deja de moverse y de estar viva dentro de nuestro corazón y nuestra vida. Nos volvemos insensibles a su voz y dejamos de sentir su presencia, guía y cuidado.

   “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).

   “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is. 59:2).

   “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Is. 64:7).

   “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; se apartó de ellos” (Os. 5:6).

   “No apaguéis al Espíritu” (1 Ts. 5:19).

   “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (He. 10:38-39).

   “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 P. 2:20).

Comentario: (Éxodo 23:20). Señor, Ángel del ▬el Ángel del Señor ▬ protección ▬ guía ▬ beneficios   ▬ obediencia ▬ tierra prometida ▬ promesas: E1 primero (je los tres beneficios de la obediencia era la presencia del Ángel de Dios, su protección y su guía en el camino a la tierra prometida por Dios, hacia donde el pueblo ahora avanzaba.

Acababan de ser librados del malvado yugo de Egipto (símbolo del mundo). Estaban a poco de levantar campamento y embarcarse en el viaje más maravilloso que alguien pudiera imaginar: el camino desde el desierto y la desolación de la tierra que se encuentra entre Egipto (el mundo) y Canaán (la tierra prometida, que simboliza el cielo). Este viaje es lo que los creyentes conocemos como el peregrinaje del desierto (vea notas, “Perspectiva general de la división” de Ex. 13:17-18:27), que duraría alrededor de cuarenta años y sería arduo y difícil. Prueba tras prueba y enemigo tras enemigo atacarían al pueblo de Dios camino a su destino. Muchas veces quedarían agotados y exhaustos. Necesitarían la ayuda de Dios, su protección y guía para poder llegar a la tierra prometida. En eso consiste la primera de las excepcionales promesas que Dios hizo a su pueblo: él los protegería y los guiaría si ellos tan solo obedecieran sus mandamientos.

¿Quién es ese Ángel que protege y guía al pueblo? La palabra “ángel” significa mensajero. Leamos lo que dice el versículo 21 sobre este mensajero de Dios: Israel debía obedecerle y no rebelarse contra él. ¿Por qué? Porque él tiene la autoridad y el poder para perdonar los pecados y porque el nombre de Dios mismo está en él. La descripción es demasiado elevada y grandiosa para referirse a cualquier ángel.

Este Ángel y mensajero es, sin duda, Dios mismo y, más específicamente, la segunda persona de la Trinidad, el Señor Jesús. Él es el gran mensajero del pacto que Dios estableció con su pueblo.

   “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo

el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Mal. 3:1; vea notas de Éx. 3:1-3; vea Estudio a fondo 2, Gn. 16:7).

-a. Ahora bien, ¿cuál es la responsabilidad del creyente? Las Escrituras son muy claras al respecto: el pueblo de Dios debe oír y obedecer al Ángel (el mensajero especial de Dios) y no debe rebelarse contra él. Observe que el Ángel hablaría al pueblo de Dios; les daría instrucciones y los guiaría paso a paso. Por su parte, ellos debían escucharlo y prestar mucha atención a sus instrucciones. La idea que transmite este pasaje es que el pueblo debía atender a la voz del Ángel de Dios, tener sumo cuidado, asegurarse de que estaban obedeciendo y haciendo exactamente lo que él les decía. Israel jamás debía rebelarse contra sus órdenes, nunca debía tomar sus propias decisiones, ni hacer lo que quisiera, ni seguir sus propios caminos. Si el pueblo se rebelaba y desobedecía a Dios, el Ángel no perdonaría su rebelión. Observen lo siguiente: el Ángel tenía la autoridad para perdonar o no sus pecados: el mismísimo nombre de Dios estaba en él.

   Pensamiento 1. Dios nos habla por medio de su Palabra, la Santa Biblia, y por medio de su Espíritu Santo. Dios nos guía y nos dirige en medio del desierto de este mundo mientras caminamos hacia la tierra prometida. Nuestro deber es escuchar, hacer exactamente lo que él dice, obedecer a su Palabra y al liderazgo de su Espíritu.

   “Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Sal. 23:1).

   “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Sal. 73:24).

   “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Is. 30:21).

   “Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé” (Is. 42:16)

2° Titulo:

Necesaria humillación para alcanzar el favor de Dios. Versíc. 4 y 5. 4Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. 5Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. (Léase 1ª de Pedro 5:6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo).

   Comentario: [2]. (Éxodo 33:4-6). Arrepentimiento ▬ luto ▬ mundanalidad: El segundo punto esencial para alcanzar la restauración de Dios es absolutamente imprescindible: arrepentirse. Las noticias de que un simple ángel los guiaría y que Dios mismo -su presencia personal- ya no los guiaría afligió a los israelitas, que quedaron muy preocupados, consternados y atribulados. Sabían que las cosas no marchaban bien -no por completo- en su relación con Dios. Veamos lo que sucedió:

-a. El pueblo empezó a vestirse de luto y se arrepintió (vv. 4-5). Su arrepentimiento está simbolizado en el hecho de que no vistieron joyas, que claramente son un símbolo de lo mundano, una señal de la carnalidad y de que la persona busca atraer la atención de los demás hacia su propia carne. Leemos sobre tres motivos por los que el pueblo se arrepintió (v. 5):

⏩ oyeron que Dios los había llamado obstinados y pecadores;

⏩ oyeron la advertencia del juicio de Dios: que si seguían pecando él los destruiría;

⏩ oyeron que Dios les exigió que se arrepintieran y se despojaran de sus joyas (una señal de mundanalidad), lo cual simbolizaría que estaban verdaderamente arrepentidos y de luto por su pecado.

Comentario 2 del texto complementario: b. Humíllense 5:6

[6]. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo. Aquí tenemos otra exhortación en la serie de instrucciones que encontramos cerca del fin de la epístola de Pedro. El versículo 6 tiene que ver con el versículo precedente, dado el adverbio conectivo pues.

En base a la cita de Proverbios, Pedro insta a los creyentes a humillarse. En el versículo anterior el apóstol enseñaba a los destinatarios a ser humildes los unos con los otros. Pero en el versículo 6 los anima a ser humildes ante Dios (véase Stg. 4:10). Así como el hombre debe amar al mismo tiempo a Dios y al prójimo (Mt. 22:37–39), del mismo modo debe mostrarse humilde ante Dios y el hombre.

▬a. “Humíllense”. ¿Qué quiere decir Pedro con esta palabra? Él quiere que los lectores se sujeten a Dios de tal manera que pongan toda su confianza solamente en él. Deben saber que Dios cuida de ellos y quiere que ellos dependan completamente de él. Ante la presencia de Dios, el hombre debe tener plena conciencia de su propia insignificancia. Es más, Jesús enseña que cuando una persona se humilla como un niñito, es el mayor en el reino de los cielos (Mt. 18:1–5). Jesús mismo demostró verdadera humildad cuando, como rey, entró en la ciudad de Jerusalén montado sobre un asno. Cumplió la profecía: “He aquí tu rey viene a ti … manso y montado en un asno” (Zac. 9:9; Mt. 21:5).

▬b. “Bajo la mano poderosa de Dios”. Este es lenguaje del Antiguo Testamento que describe el gobierno de Dios sobre Israel. Dios mostró su mano poderosa al sacar a la nación de Israel de Egipto (véase p.ej. Ex. 3:19; Dt. 3:24; 9:26, 29; 26:8). También en el Nuevo Testamento la mano poderosa de Dios es evidente. María canta: “Esparció a los soberbios … y exaltó a los humildes” (Lc. 1:51–52 VRV; y véase el paralelo 1 S. 2:7). La mano de Dios disciplina a algunos y defiende a otros.

▬c. “Para que él los exalte a su debido tiempo”. Dadas las pruebas que a los lectores les tocaba sufrir, había verdadero peligro de que perdieran el valor para perseverar. Si bien Dios no va a probar a los cristianos más allá de su capacidad, ellos se dan cuenta que la fortaleza humana tiene sus límites. Por consiguiente, Pedro alienta a los lectores y les dice que Dios responde a su humildad con la exaltación. Dios nunca olvida a los suyos, sino que llegado el momento oportuno él los levanta y les da la victoria. El creyente que pone su confianza en el Señor sabe que Dios sostiene este mundo y controla toda situación. Por consiguiente, canta:

El mundo es de mi Dios, su eterna posesión;

Eleva a Dios su dulce voz la entera creación.

El mundo es de mi Dios, jamás lo olvidaré,

Aunque infernal parezca el mal, mi Padre Dios es Rey.

—Maltbie D. Babcock

Es necesario aclarar que, aunque Pedro enseña a los creyentes a buscar la humildad para que Dios los pueda exaltar, él no está promoviendo un sistema de méritos. Para ser más precisos, un sistema tal promueve una falsa humildad. Implica que el creyente se humilla a propósito para obligar a Dios a exaltarlo. Lo que Pedro le dice a los cristianos es que deben confiar completamente en el Señor, y hace notar que Dios en el momento oportuno los levantará (la expresión a su debido tiempo se refiere también al regreso de Cristo, como Pedro indica en otros pasajes [1:5; 2:12]). Pedro asegura a los lectores que ellos pueden confiar totalmente en la Palabra de Dios, porque los invita a echar todas sus preocupaciones sobre él.

3er Titulo:

Sumisión al mandato divino. Versíc. 6. 6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb. (Léase Génesis 35:2. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.).

Comentario:

-b. Tengamos en cuenta que las Escrituras hacen hincapié sobre este punto nuevamente: el pueblo se despojó de sus joyas. Obedecieron a Dios y se arrepintieron (v. 6).

   Pensamiento 1. El arrepentimiento es esencial para la restauración. Cuando pecamos, debemos arrepentirnos.

⏩ No debemos permanecer en nuestra obstinación y pecado.

⏩ Debemos dar oídos a la advertencia de Dios: si seguimos pecando, su juicio recaerá sobre nosotros.

⏩ Debemos escuchar lo que Dios exige para el arrepentimiento: que nos despojemos de todas las marcas de nuestra mundanalidad.

   “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr. 7:14).

   “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).

   “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá” (Ez. 18:21).

   “Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?” (Ez. 18:31).

   “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento” (Jl. 2:12).

   “Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 3:2).

   “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lc. 13:3).

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

   “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch. 3:19).

   “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón” (Hch. 8:22).

  “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30).

Comentario del texto complementario: Génesis 35:2

(35:2) Avivamiento: La segunda característica del avivamiento es el mensaje de Dios. Después de que Dios le

había hablado a Jacob, Jacob reunió a su pueblo y les anuncio el mensaje de Dios. El mensaje incluía cinco puntos.

  1. Las personas debían quitar de entre ellos todos falsos dios (v. 2). ¡Qué sorpresa para nosotros! ¡Pensar que este hombre de Dios había permitido ídolos, la adoración de falsos dioses, dentro do su propia familia! Estos ídolos probablemente incluyeran…
  • Los dioses tomados por Raquel (Gn. 31:19, 30, 32-35).
  • Los dioses extranjeros tomados del saqueo de Siquem (Gn. 34:27-29).
  • Los dioses de sus siervos.

   Jacob sin dudas le había ensenado a su familia sobre Dios y sus promesas, pero no había logrado exigir obediencia la adoración de Dios. Él no había hecho del Señor el Dios de toda su familia. El aun permitía la adoración de otros dioses allí en su propia presencia.

   Pensamiento 1. ¿Cuántas personas hoy día aún se aferran a los dioses e ídolos de esta tierra? Recuerden, cualquier cosa puede volverse un dios para nosotros. Cualquier cosa que nos consuma —cualquier cosa a la que nos entreguemos, cualquier cosa que nos domine, cualquier cosa a la que nos volvamos por ayuda, cualquier cosa que pongamos por delante del propio Dios—, eso se convierte en un dios o ídolo en nuestras vidas. Puede que sean cosas como…

  • dinero • apariencia • riquezas • deportes • propiedades • astrología • negocios • vehículos • poder • fama • familia • alcohol • drogas • ropas • sexo

   El llamado de Dios es inequívocamente claro y contundente: quiten todos los dioses e ídolos de sus vidas.

  “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (Ex. 20:4).

  “No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios” (Lv. 26:1).

   “Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatué, y os apartéis y servís a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos” (Dt. 11:16).

   “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” (Is. 42:8).

   “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Ro. 1:20-23).

   “Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén” (1 Jn. 5:21).

[2]. Las personas debían limpiarse y purificarse (v. 2). Debian purgar sus corazones de todos los pecados, saquen todo el pecado de sus vidas. Esta exigencia puede haber incluido alguna forma de lavamiento ceremonioso, un lavamiento que simbolizaba el hecho de limpiarse de todo el pecado.

   “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo” (Is. 1:16). –

   “Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva; ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jer. 4:14).

   “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).

   “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

   “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor,

y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21).

   “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Stg. 4:8).

[3]. Las personas debían cambiarse sus ropas (v. 2). Esto simbolizaba que estaban quitándose la vieja vida del pecado y poniéndose la nueva vida de piedad.

   “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17).

   “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:22-24).

  “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creo se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9-10).

Amen, para honra y gloria de Dios.

DESCARGUE AQUÍ ESTUDIO COMPLETO


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

Deja una respuesta