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Domingo 23 de junio de 2019: “Actos de violencia que tienen justo castigo”

Domingo 23 de junio de 2019: “Actos de violencia que tienen justo castigo”

Lección: Éxodo Cap. 21, versículos 12 al 17. El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. El que hiriere a su padre o a su madre, morirá. Así mismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá. Igualmente, el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. 

   Comentario general introducción: Éxodo 21:12-17: LEYES SOBRE LA VIOLENCIA

  1. Leyes sobre la violencia

a_ Homicidio intencionado: el criminal era sentenciado a la pena de muerte.

b. Homicidio accidental: la persona podía vivir en una ciudad de refugio.

c. Homicidio premeditado: el criminal era sentenciado a la pena de muerte.

d. Homicidio de los padres: el criminal era sentenciado a la pena de muerte.

e. Secuestro: el criminal era sentenciado a la pena de muerte.

f. Maldecir a los padres: la persona es sentenciada a la pena de muerte.

   Comentario: (Éxodo 21:12-17). Ley civil — Violencia — Homicidio — Secuestro — Maldecir — Embarazo — Discutir — Pleito: La ley incluye leyes acerca de la violencia. No hay sociedad que pueda sobrevivir si sus ciudadanos no acatan la ley y se permite que el accionar ilegal aumente desenfrenadamente. Tampoco hay civilización que pueda sobrevivir frente a la anarquía, si los líderes y ciudadanos no hacen cumplir la ley. Cuando un pueblo desprecia la ley de su tierra y transgrede los límites del comportamiento civilizado, el caos gobierna. Dios lo sabe y, por eso, era imperativo cumplir lo que las siguientes leyes establecen. El pueblo de Dios —quienes creen en él y lo siguen— deben ser quienes más respeten la ley entre los ciudadanos de su comunidad.

   Vv. 12-21. Dios que por su providencia da y conserva la vida, por su ley la protege. Un homicida intencionado debe ser sacado, aunque esté aferrado a los cuernos del altar de Dios. Sin embargo, Dios proveyó ciudades de refugio para protección de quienes tuvieran la desgracia de causar la muerte de otro, sin que fuera su culpa; como cuando por accidente, el hombre realiza un acto legítimo, sin intención de herir, y mata a otro. Que los niños escuchen la sentencia de la palabra de Dios para el ingrato y desobediente; y que recuerden que Dios ciertamente les dará su retribución si hubieran maldecido a sus padres, aunque sea en silencio, o si hubieran levantado la mano contra ellos, salvo que se arrepientan y huyan a buscar refugio en su Salvador. Que los padres aprendan de aquí a ser muy cuidadosos en la formación de sus hijos, dándoles un buen ejemplo, especialmente en el control de sus pasiones, y al orar por ellos, teniendo cuidado de no provocarlos a ira. A veces los israelitas se vendían ellos mismos o sus hijos debido a la pobreza; los magistrados vendían a algunas personas por sus delitos y los acreedores tenían permiso, en algunos casos, para vender a sus deudores que no podían pagar. Pero “secuestrar un hombre”, con el objeto de forzarlo a la esclavitud, es algo que el Nuevo Testamento cataloga junto con los delitos más graves. Aquí se cuida que se satisfaga el daño hecho a una persona, pero no se seguía de ello la muerte. El evangelio enseña a los amos a tener paciencia y a moderar las amenazas, Efesios 6:9, reflexionando con Job. ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase?, Job 31:13, 14.

   Referencias: Sofonías 2:12-13. También vosotros los de Etiopía seréis muertos con mi espada. Y extenderá su mano sobre el norte, y destruirá a Asiria, y convertirá a Nínive en asolamiento y en sequedal como un desierto. 

San Juan 8:44. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 

2 a de Juan 2:6-10. y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 

Apocalipsis 21:7-8. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Apocalipsis 20:15. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

   Texto: “Jeremías 2:19. Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos”. 

   Comentario del texto: ¿Es Israel siervo? No, ellos son la simiente de Abraham. Podemos aplicar esta espiritualmente: ¿Es el alma del hombre un esclavo? No, no lo es; pero ha vendido su propia libertad, y esclavizados en sí a diversas concupiscencias y pasiones. Los príncipes asirios, como leones, prevaleció contra Israel. La gente de Egipto destruyó su gloria y poder. Trajeron estas calamidades sobre sí mismos por apartarse del Señor. El uso y la aplicación de la presente es, Arrepiéntete de tu pecado, para que tu corrección no puede ser tu ruina. ¿Qué tiene que hacer un cristiano en los caminos del placer prohibido o gozo pecaminoso vano, o con las actividades de la codicia y la ambición?

1er Titulo:

Justicia Que Se Aplicaba Según Las Circunstancias. Versíc. 12-13. El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. 13 Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. (Léase Génesis 4:9 al 12. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.).

   Comentario1: (a). El homicidio intencional se juzgaba de una forma muy severa (vv. 12, 14). ¿Por qué? Por la sacralidad de la vida humana y el valor eterno de un alma humana. Dios exige que haya justicia verdadera y equitativa: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada” (Gn. 9: 6a).

   Recuerde lo siguiente: Dios ya había dejado bien en claro su sentencia frente al homicidio en los diez mandamientos. El sexto mandamiento dice claramente: “No matarás” (Ex. 20:13). El homicidio destruye de una forma maliciosa una vida que fue creada a imagen de Dios. No hacer recaer toda la fuerza de la ley sobre la persona que perpetra un crimen tan atroz es burlarse del claro mandamiento de Dios.

   Pensamiento 1-1. El homicidio no se reduce a un acto externo, sino que es también interno. Es ira, amargura y enemistad. Nace dentro del corazón humano. Cristo mismo declaró:

   “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mt. 5:22).

(b). Quienes cometían un homicidio involuntario o provocaban una muerte por accidente tenían permitido mudarse a una ciudad de refugio (V. 13). Es importante considerar que Dios hace una distinción entre el homicidio premeditado e intencional y la muerte accidental. En el homicidio accidental, la pérdida de una vida es una completa desgracia: es imprevista y no es intencional ni premeditada; no hay conocimiento de que ese accidente ocurriría ni forma de preverlo (vea Nm. 35:22-23; Dt. 19:4-5) (vea Estudio a fondo 2, acerca de las ciudades de refugio).

   Pensamiento 1-2. En el mundo caído en el que vivimos hay accidentes, que a veces provocan la muerte de un ser querido (v. 13). Cuando perdemos un ser querido, nuestra esperanza descansa solo en Dios. Él es nuestro refugio y nuestra fuerza. Nos ama y tiene cuidado de nosotros incluso en las situaciones más dolorosas y tristes de la vida.

   “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28).

   “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Sal. 28:7).

   “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes” (Sal. 40:17).

   “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Is. 41:10).

   Comentario 2 del texto complementario: Vv. 8-15. La maldad del corazón termina en el asesinato hecho con las manos. Caín mató a Abel, su propio hermano, el hijo de su propia madre, a quien debiera haber amado; a su hermano menor, a quien debiera haber protegido; un hermano bueno, que nunca le había hecho nada malo. ¡Qué efectos fatales del pecado de nuestros primeros padres fueron estos, y cómo deben de haberse llenado de angustia sus corazones! Observe el orgullo, la incredulidad y la soberbia de Caín. Niega el crimen, como si pudiera ocultarlo de Dios. Trata de tapar un homicidio deliberado con una mentira deliberada. El asesinato es un pecado que clama. La sangre pide sangre, la sangre del asesino por la sangre del asesinado. -¿Quién conoce el alcance y el peso de una maldición divina, cuán lejos llega, cuán profundo penetra? Los creyentes se salvan de ella sólo en Cristo, y heredan la bendición. Caín fue maldecido por la tierra. Él halló su castigo ahí donde eligió su suerte y puso su corazón. Toda criatura es para nosotros lo que Dios la haga, un consuelo o una cruz, una bendición o una maldición. La maldad del malo trae maldición a todo lo que hacen y a todo lo que tienen. Caín se queja, no de su pecado, sino de su castigo. Se muestra gran dureza de corazón cuando nos preocupan más nuestros sufrimientos que nuestros pecados. Dios tiene propósitos sabios y santos al prolongar las vidas hasta de los hombres más malos. Vano es inquirir cuál fue la señal puesta sobre Caín. Indudablemente era conocida tanto como marca de infamia sobre Caín, y como señal de Dios para que no lo mataran. Abel hablaba aun estando muerto. Habla de la odiosa culpa del crimen y nos avisa que debemos reprimir los primeros accesos de ira y nos enseña que el justo debe esperar persecución. También, que hay un estado futuro y una recompensa eterna para disfrutar, por fe en Cristo y su sacrificio expiatorio. Él nos habla de la excelencia de la fe en el sacrificio y la sangre expiatoria del Cordero de Dios. Caín mató a su hermano porque sus propias obras eran malas y las de su hermano, justas, 1 Juan 3:12. Como consecuencia de la enemistad puesta entre la Simiente de la mujer y la simiente de la serpiente estalló la guerra, que se ha librado continuamente desde entonces. En esta guerra estamos todos comprometidos, nadie es neutral; nuestro Capitán ha declarado que él que no es conmigo, contra mí es. Apoyemos decididamente, pero con mansedumbre, la causa de la verdad y justicia contra Satanás.

   Referencias: Genesis 9:6. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre; levítico 24:17. Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte. 1ª de Juan 3:15. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él; Salmo 82:3-4. Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos.

Isaías 56:1-2. Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse. Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.

2° Titulo:

Soberbia Que Enceguece Al Hombre Y Causa La Muerte. Versíc. 14. Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. (Léase Deuteronomio 19: 11-12. Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere a alguna de estas ciudades, entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera.). 

   Comentario2: (c). Los asesinos culpables de homicidios premeditados debían sufrir la pena de muerte sin excepción (V. 14). La vida es sagrada: no se le puede poner ningún precio. Es la posesión más valiosa que hay sobre la tierra: su valor es incalculable, supremo e ilimitado. Por lo tanto, si una persona planificaba o premeditaba deliberadamente asesinar a alguien, debía ser ejecutada. Incluso si el asesino corría al centro de adoración, al mismísimo altar de Dios para refugiarse, ni aun allí se le perdonaría el castigo. Debía ser llevado a rastras desde el altar para pagar la pena por su terrible maldad, su violenta y maliciosa ira. Al asesino violento y malvado no le estaba permitido jamás refugiarse ni tener seguridad. ¿Por qué? Para que jamás volviera a tener ocasión de matar (v. 14). La ley exigía justicia pura: el asesino debía ser ejecutado por su acto de homicidio.

   Pensamiento 2-1. El homicidio premeditado no es tan solo un acto de violencia cometido al azar. Es la mal- dad más ruin que se pueda imaginar. Ha sido:

• pensado;

• planificado de antemano;

• ensayado mentalmente una y otra vez.

   “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mt. 15:19).

   Todo homicidio premeditado siempre ha comenzado en el corazón humano; por eso, Dios da al hombre

una severa advertencia:

• que guarde su corazón con mucha cautela:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Pr. 4:23).

• que conozca la verdadera condición de su corazón:

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).

• que controle lo que salga de su corazón:

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre” (Mt. 15:18).

   Pensamiento 2-2. Muchas personas se escudan en la religión cuando se meten en problemas con la ley. Algunos llaman a esta experiencia la “conversión penitenciaria”: el criminal de pronto se aferra a la “religión” en un intento de influenciar al juez, el jurado y el público. Sin embargo, debemos tener siempre en mente lo siguiente: saber algunos clichés religiosos, memorizar ciertas porciones de las Escrituras y tener el nombre escrito en la lista de los miembros de una iglesia no confiere a una persona una relación salvífica con Jesús. Solo hay una cosa que realmente salva a la persona: el verdadero arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. No obstante, en Israel, una profesión de fe, fuera verdadera o falsa, no cambiaba en absoluto la realidad ni las consecuencias del crimen cometido. Desde luego, esto no significa que no haya algunas experiencias salvíficas genuinas en las cárceles, y gracias damos a Dios por ellas; pero eso no cambiaba ni cambia la necesidad de cumplir la pena debida por el acto de maldad cometido.

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

   “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch. 3:19).

   “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9).

   “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de

él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (ls. 55:7).

   Comentario del texto complementario: v.13.Aquí se establece la ley que rige entre la sangre del asesinado y la sangre del homicida; se hace provisión de que las ciudades de refugio sean una protección, para que no muera el hombre por un crimen que no fue intencional. En Cristo, el Señor que es nuestra Justicia, se da refugio a los que por fe acuden a Él. Pero no hay refugio en Jesucristo para los pecadores presuntuosos que siguen en sus transgresiones. Los que acuden a Cristo de sus pecados, se encontrarán a salvo en Él, pero no así los que esperan que Él los escude en sus pecados.

   Referencias: Proverbios 15.24. Jehová asolará la casa de los soberbios; Pero afirmará la heredad de la viuda; Santiago 4:16-17. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. Número 15.30. Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. 

3er Titulo:

La Deshonra Filial Castigada Severamente. Versíc. 15 al 17. 15 el que hiriere a su padre o a su madre, morirá. 16 asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá. 17 igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. (Léase Levítico 20:9. Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.).

   Comentario 3: (d). Maldecir y tratar con malicia a los padres era un acto castigado con la muerte (v. 15). El hijo que aborrecía a sus padres hasta el punto de maldecirlos sobrepasaba los límites de la conducta aceptable, tanto que merecía el castigo de la ejecución (vv. l5, 17). Quizás sea chocante para algunas personas escuchar eso en nuestra sociedad moderna. ¿Cómo es posible que una pena tan grave como la ejecución se justificara frente al maltrato o la maldición a los padres, incluso cuando hubiera malicia de parte del hijo? Leamos lo que dicen varios de los grandes estudiosos y comentaristas bíblicos:

Þ George Bush dice:

   La [relación] entre padre e hijo […] se halla en el [centro] de la sociedad humana. Dios la guarda con un cuidado particular. Vulnerar esa relación es vulnerar todo. Cualquiera que la menosprecie demuestra que ninguna relación es sagrada a sus ojos; quien transgrede una relación tan sagrada y tierna [como la de un padre con su hijo] es incapaz de moverse entre las distintas relaciones humanas.

Þ El gran erudito bíblico Matthew Henry afirma:

  El comportamiento [malvado] de los hijos hacia sus padres es una enorme provocación a Dios, el Padre que todos tenemos en común; si los hombres no castigan esta conducta, Dios sí lo hará. Quienes actúan así han perdido toda virtud, están abandonados a todo tipo de maldad, [y] han quebrantado los lazos [del amor,] la reverencia y el deber hasta tal punto que […] maldicen a sus propios padres. ¿Qué yugo llevarán quienes se hayan deshecho de este yugo? Dejen que los hijos hagan caso de […] pensamientos o pasiones hacia sus padres como […] el desprecio: el Dios justo es quien escudriña el corazón.

Þ El gran comentario Pulpit Commentary asevera lo siguiente:

   El rigor de la ley […] hace un fuerte énfasis en la dignidad y autoridad de los padres. No hay nada comparable en ningún otro código civil conocido, aunque, desde luego, la patria potestad concedía al padre romano el poder de castigar con la pena capital al hijo que lo golpeara.

Þ El comentario bíblico Expositor’s Bible Commentary dice:

   La autoridad parental es tan valorada en la ley bíblica que agredir o maldecir a los padres era una ofensa criminal y capital. Los versículos 15 y 17 son ilustraciones del quinto mandamiento. Observe que se menciona al padre y a la madre juntos, de modo tal que se hace hincapié en la igualdad básica que hay entre los dos padres.

   El odio y la agresión maliciosa hacia los padres es un ataque personal a la autoridad de Dios y quien sea culpable de tal acto no será librado del castigo que merece. Fue Dios quien ordenó y estableció la institución de la familia. A lo largo de las Escrituras, Dios ha establecido el orden de autoridad que hay dentro de la familia. En orden descendente:

• primero está Dios:

“Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Ef. 4:6).

• luego está el padre:

“Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Ef. 5:23).

• luego la madre:

“Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:24).

• después los hijos:

   “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Ef. 6:1-3).

   Cualquier hijo que aborreciera, agrediera, maldijera o asesinara a uno de sus padres, en efecto, también estaba atacando a Dios. Dios declara que el ataque malicioso sobre uno de los padres es el mayor acto de rebelión, rechazo y alienación, que sería juzgado entre los hombres como una grave ofensa. Así lo juzga Dios y así lo castigará él en el juicio que ha de venir.

   Pensamiento 3-1. La forma en que un hijo trata a sus padres es de importancia crucial para Dios. El hijo que se rebela constantemente contra sus padres o los maldice una y otra vez estará en oposición a Dios. La sociedad moderna bien haría si prestara atención a este punto: el colapso de la sociedad empieza con el desmoronamiento de la familia. Lejos estamos ya de los días en que exigíamos respeto y obediencia por parte de los hijos. Gran parte de la sociedad moderna permite que los hijos dicten los horarios y el calendario de la familia e incluso las normas y principios que rigen su vida. Si los padres fueran más firmes con sus hijos desde el principio y les enseñaran la Palabra de Dios y sus mandamientos, serían muchos menos los hijos que llegan de punto de maltratar y maldecir a sus padres. Consideremos lo que dicen varios pasajes de las Escrituras:

   “Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él” (Lv. 20:9).

   “Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá” (Dt. 21:18-21).

   “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén” (Dt. 27:16).

   “Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice” (Pr. 30:11).

   “El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila” (Pr. 30:17).

   “Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa” (Mi. 7:6).

   “Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente” (Mt. 15:4).

   e. El castigo por secuestrar a una persona era la pena de muerte (v. 16). Además, cuando una persona secuestra a otra:

• agrede a la víctima;

• deshumaniza a la víctima;

• pone en riesgo la vida de la víctima;

• despoja a la víctima de su capacidad de tomar decisiones;

• destroza a los seres queridos de la víctima;

• muchas veces asesina a la víctima o le provoca una muerte prematura.

   Pensamiento 3-2: Dios guarda un registro preciso de las agresiones y no tardará en juzgar al secuestrador.

   “Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, ole hubiere vendido, morirá el tal ladrón, y quitarás el mal de en medio de ti” (Dt. 24:7).

   “Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Sal. 103:6).

   f. El castigo por maldecir a los propios padres era la pena de muerte (V. 17) (vea notas, pto. 4 de Ex. 21:15).

   Comentario del texto complementario: v. 1-9. ¿Nos espanta la crueldad contra naturaleza de los antiguos idólatras que sacrificaban a sus hijos? Podemos espantarnos con razón. Pero, ¿no hay muchísimos padres que, por malas enseñanzas y malos ejemplos, y por los misterios de la iniquidad que demuestran ante sus hijos, los dedican al servicio de Satanás y adelantan su ruina eterna en forma mucho más lamentable? ¡Qué cuenta deberán rendir a Dios esos padres, y qué reunión tendrán con sus hijos en el día del juicio! Por otra parte, que los hijos recuerden que el que maldecía a padre o madre era ciertamente condenado a muerte. Cristo confirmó esta ley. Aquí se reiteran leyes que ya fueron hechas y se les anexan castigos. Si los hombres no evitan las malas costumbres, porque la ley ha hecho pecado estas costumbres, y es bueno que nos fundamentemos en ese principio, ciertamente las evitarán cuando la ley las hace muerte, por un principio de propia conservación. En medio de estas leyes hay un encargo general: Santificaos y sed santos. El Señor es quien santifica, y aunque sea difícil, su obra será hecha. Pero su gracia está tan lejos de desanimar nuestro esfuerzo, que más bien los estimula enfáticamente. Ocupaos en vuestra salvación porque Dios es quien la obra en vosotros.

   Referencia: 1ª a Corintios 15:43. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Proverbios 11:2-3. Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría. La integridad de los rectos los encaminará; Pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos. 

   Honra filial: 1ª de Timoteo 5.4. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. 

Genesis 47:11-12. Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón. Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos. 

   Definiciones de frases y palabras usada en el contexto bíblico:

21.12 Él morirá: Esta frase se va a repetir cuatro veces en esta sección con pequeñas variantes. La propuesta de TLA y DHH, «será condenado a muerte», es también correcta, aunque se aleja de una traducción más literal del texto hebreo.

21.13 Dios lo puso en sus manos: Es una expresión que indica que la persona murió no por un acto deliberado del agresor, sino de manera fortuita. Se entendía que, si sucedía algo sin intención del ser humano, correspondía a la voluntad de Dios, y cuando esa acción podía ser imputada al agresor, se asumía que éste había sido puesto por Dios en el camino, pero que no se le debía asignar responsabilidad. Sin embargo, esto era difícil de determinar y muchas veces la familia de la víctima no aceptaba este argumento y buscaba vengar a su pariente. La propuesta de TLA es clara y puede utilizarse, si es necesario.

Yo te señalaré el lugar al cual ha de huir: No hay problemas para traducir esta frase, pero es preciso saber que puede hacer referencia a dos tipos de lugares de refugio. Por un lado, las ciudades establecidas por Dios como refugio para casos de homicidio involuntario, a fin de preservar la vida del acusado (Dt 4.41-43). Por otro lado, el altar a Dios erigido en la ciudad. Es probable que ambos lugares existieran de manera simultánea, uno como lugar permanente de refugio y el otro como espacio al que recurría el condenado en su desesperación.

21.14 De mi altar lo apartarás: Es probable que remita al hecho de que el agresor, habiendo cometido un asesinato premeditado, quisiera protegerse mediante la permanencia en el altar a Dios. No tenemos certeza respecto a esto, pero, según parece, el altar era un lugar de refugio (ver el versículo anterior) que preservaba al agresor de ser ajusticiado. En ese lugar sagrado no podía ser apedreado y, por esa razón, debía ser apartado del mismo para que se cumpliese la condena.

21.15 Hiera a su padre o a su madre: Este versículo y el 17 están vinculados temáticamente. Ambos son un complemento del mandamiento de honrar a los padres (20.12). El verbo usado es “herir”, pero también puede traducirse «pegue» (BJ) o «golpee» (TLA).

21.16 Y la venda: Es una ley que protege el derecho a no ser raptado y vendido. Sucedía con los niños y los jóvenes, quienes, una vez vendidos a las caravanas, eran esclavizados y perdían todo contacto con su familia. Se castiga el hecho y también la intención (o si es hallada en sus manos), aunque la misma aún no haya sido concretada.

21.17 Maldiga: La maldición de alguien era una ofensa, pero también era una especie de agresión física. Se creía en la eficacia de las maldiciones y, por tanto, se temía que pudiera suceder una desgracia como consecuencia de tales palabras. La propuesta de TLA, «insulte», es menos fuerte y no implica ese temido efecto posterior sobre la vida del que ha sido maldecido.

Amen, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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