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Domingo 23 de febrero de 2020: “Dios ordenando cumplir con los sacrificios establecidos”.

Domingo 23 de febrero de 2020: “Dios ordenando cumplir con los sacrificios establecidos”.

Lección: Éxodo Cap. 29, versículos 38 al 46. 38Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente. 39Ofiecerás uno de los corderos por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. 40Además, con cada cordero una décima parte de un efa de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas; y para la libación, la cuarta parte de un hin de vino. 41Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su libación, en olor grato; ofrenda encendida a Jehová. 42Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí. 43Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria. 44Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. 45Y habitare’ entre los hijos de Israel, y seré su Dios. 46Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios.

   Temática a estudiar:  [13].Los sacrificios de la mañana y del atardecer

  1. Se ofrecían dos corderos de un año cada día:

1) uno a la mañana;

2) otro a la caída de la tarde.

  1. El primer cordero se ofrecía con una décima parte de efa de harina (el equivalente a 2,2 litros) amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas (equivalente a un litro), junto con un cuarto de hin de vino presentado como libación.
  1. El segundo cordero se ofrecía igual que el primero.
  2. El efecto sobre el Señor:

1) era olor grato y sacrificio agradable al Señor;

2) satisfacía el fuego (la santidad) del Señor.

  1. La importancia crucial del sacrificio de la mañana y del atardecer: sería un holocausto continuo y perpetuo por todas las generaciones.
  2. Resultados del sacrificio:
  3. l) El Señor se reuniría con su mensajero (Moisés) y le hablaría.

2) El Señor se reuniría con su pueblo y le hablaría.

3) El Señor santificaría el tabernáculo con su gloria.

4) El Señor santificaría (apartaría como cosa santa) para su servicio el tabernáculo, el altar y a los sacerdotes.

5) El Señor habitaría en medio de su pueblo y seria su Dios.

6) El pueblo sabría que el Señor es el Dios que los liberta.

   [13]. (Éxodo 29:38-46) Tabernáculo De Moisés —Sacerdocio —Sacrificios, Mañana Y Atardecer: Por último, Dios mandó en esta porción de las Escrituras que se ofrecieran sacrificios diarios por la mañana y el atardecer.

   Debía ofrecerse un cordero en el altar cada mañana, y el otro cordero a la caída de la tarde. Esto tipifica la intercesión continua de Cristo que siempre vive para interceder por su iglesia. Aunque se ofreció a sí mismo de una vez para siempre, esa sola ofrenda se vuelve ofrenda continua. Esto nos enseña también a presentar a Dios sacrificios de oración y alabanza cada día, mañana y tarde. Nuestras devociones diarias son nuestras obras diarias más necesarias, y los más placenteros de nuestros consuelos diarios. El tiempo de oración debe observarse como se respeta la hora de las comidas. Hambrean sus almas aquellos que no se presentan en forma constante ente el trono de la gracia; la constancia en la religión produce el consuelo en ella.

Verdades prácticas

  1. La fidelidad del pueblo, simbolizada por el holocausto continuo a la entrada del tabernáculo hacía posible que el Señor santificara el lugar y habitara en medio de los suyos (29:42–46).
  2. La Biblia afirma que Dios quiere habitar entre toda la humanidad y ser su Dios. Habitó entre Israel en el desierto; vino por medio del Verbo y habitó en el mundo (Juan 1:14); su nueva comunidad llegó a ser edificada “para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2:22); el Espíritu de Dios entró en el mundo para morar en el creyente (1 Cor. 3:16), y últimamente, con el cielo nuevo y la tierra nueva, el tabernáculo de Dios estará con su pueblo y habitará con él (Apoc. 21:3).
  1. La sangre del sacrificio era necesaria para poder acercarse a Dios, y significaba una vida entregada por el pecado. La redención era costosa y prefiguraba el sacrificio perfecto de Cristo que lograría la eterna redención mediante la sangre vertida en la cruz (Heb. 9:11–14).

   Pensamiento: Mirando este cuadro del sacrificio establecido por Dios en el tiempo del A. T., debemos entender que esto sacrificios fueron imperfecto por causa del pecado, pero para el tiempo de la Iglesia estos sacrificios se refundieron todo en el sacrificio de Jesucristo que es perfecto, por lo tanto, no debemos hacer sacrificios ni presentar ante un altar sacrificios de animales. Sino ahora es en espíritu y verdad, sacrificios de olor fragante de santidad y consagración por medio de nuestro Señor Jesucristo. Ahora debemos presentar nuestro propio cuerpo en sacrificio en santidad, debemos negarnos al pecado y obedecer a los mandamientos de Dios y someternos a la su voluntad. Pero en su voluntad por medio de Jesucristo que nos ha dado las arras del Espíritu Santo en nosotros, porque somos templo del Dios vivo.

   Referencias Bíblicas: Apocalipsis 21:3. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Efesios 5.2. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó asimismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. ▬ Romanos 12:1Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. ▬ 1ra Pedro 2:5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. ▬ Hebreos 8:5-6 5 los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. 6 pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

   Texto: San juan Cap. 14, versículo 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

   Comentario del texto: (San Juan 14:21).  21. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama. El reconocimiento gozoso y obediente de la soberanía de Cristo—y en consecuencia, la observación (véase 8:51) de sus preceptos (véase sobre 13:34)—es la prueba de discipulado genuino. La estructura gramatical de la frase es tal que uno puede volverla al revés y conservar la verdad, ahora vista desde un ángulo opuesto: “El que me ama, tiene mis mandamientos y los guarda”. También se puede formular así: el versículo 21, tal como está (con “el que tiene mis mandamientos” como sujeto y “el que me ama” como predicado) es el anverso del versículo 15 (“si me amáis, guardaréis mis mandamientos”). Pero ¿por qué Jesús, habiendo hablado de la dispensación del Espíritu en los versículos 16–20, vuelve al pensamiento del versículo 15, es decir, la observación de sus preceptos (los de Cristo)? Probablemente porque aparte del Espíritu, no es posible ninguna observancia de los preceptos. Nótese que la simple posesión de estos preceptos no es suficiente. Uno debe tenerlos y guardarlos. Cf. Mt. 7:24; Stg. 2:14–26.

   Ahora bien, el que constantemente guarda los preceptos que tiene como posesión permanente, él (él solo, el pronombre _κε νος es enfático) muestra con ello que ama constantemente al Señor Jesucristo (nótense los tres participios presentes). En cuanto al significado de la palabra que se traduce por ama (en _κε_νός _στιν _ _γαπ_ν με; literalmente, “ése es el que me está amando”) remitimos a la explicación de este verbo y de su principal sinónimo en relación con 21:15–17.

   Y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo también le amaré, y me manifestaré a él. Nótese el tiempo futuro. Pero ¿acaso el amor del Padre no precede al nuestro? ¿No es cierto que todo nuestro amor no es sino la respuesta a su amor? No solamente es cierto, sino que esto es exactamente lo que el apóstol Juan recordaba de la enseñanza de Jesús (1 Jn. 4:19). Pero ¿por qué no puede el amor de Dios tanto preceder como seguir al nuestro? Esto es exactamente lo que hace, y esto es lo hermoso de él primero, al preceder a nuestro amor, crea en nosotros el deseo intenso de guardar los preceptos de Cristo; luego, al seguir a nuestro amor, nos recompensa por guardarlos. Nada podría ser jamás tan maravilloso como un arreglo así. En cuanto a un comentario del amor del Padre por su pueblo véase Ro. 8:28–32. Nótese también que en ese famoso capítulo Pablo cambia de énfasis, de modo que habiendo hablado del amor de Dios (en los versículos indicados), de inmediato pasa a enfocar la atención en el amor de Cristo (Ro. 8:35–37).

   Concluye indicando que en realidad los dos son una sola cosa (aunque las dos personas divinas permanecen siempre distintas) de modo que pueden sintetizarse en la hermosa expresión “el amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ro. 8:39).

   Así también, Jesús aquí, habiendo mencionado el amor del Padre, de inmediato agrega, “y yo también lo amaré”. Este amor inteligente y que tiene propósito determinado es hecho manifiesto por el Espíritu. La expresión, “y me manifestaré a él” se realiza una y otra vez en la vida de los creyentes (véase sobre 15:26; 16:13, 14; cf. 1 Co. 2:10, 11; 12:3–7), de modo que puedan decir, “Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas” (2 Ti. 4:17, 18). Véase también Sal. 23 y Ap. 3:20. Esta manifestación de Cristo al creyente es siempre en el Espíritu y por medio de la Palabra.

1er Título

Necesaria comunión con Dios todos los días. Versíc. 38 al 40. 38Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente. 39Ofiecerás uno de los corderos por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. 40Además, con cada cordero una décima parte de un efa de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas; y para la libación, la cuarta parte de un hin de vino (Léase Salmo 5:3. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.).

   Comentario 1er Titulo: (a). Los sacerdotes debían ofrecer dos corderos de un año cada día, uno a la mañana y otro al atardecer (vv. 38-39).

   Estas ofrendas no reemplazaban los otros sacrificios, sino que se sumaban a ellos. Estos sacrificios, de mañana y con la caída del ocaso, marcaban la pauta de cómo debía ser la adoración del pueblo de Dios: debían adorarlo desde la mañana hasta la noche, todo el día, todos los días.

   Pensamiento 1. Necesitamos ser renovados a la mañana antes de empezar nuestro día y a la noche antes de ir a dormir. Ese es el claro mensaje que nos dejan las Escrituras.

   “Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella” (1 S. 1:19).

   “Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5).

   “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Sal. 5:3).

   “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Sal. 55:17).

   “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová” (Sal. 113:3).

   “Siete veces al día te alabo a causa de tus justos juicios” (Sal. 119:164).

   “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr. 1:35).

   “Orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe” (1 Ts. 3:10).

   “Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día” (1 Ti. 5:5).

(b). Los sacerdotes debían ofrecer el primer cordero junto con una décima parte de efa de harina (el equivalente a 2,2 litros) amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas (el equivalente a un litro), junto con un cuarto de hin de vino presentado corno libación (v. 40).

   Comentario del salmo 5:3: Salmo 5: Suplica Individual Por La Protección De Dios

   Después de un salmo para la noche (Sal. 4), tenemos otro para la mañana. Podría ser escrito por David o en honor a él.

   [1]. Clamor a Dios en la mañana, vv. 1–3: Lo primero que hace el salmista es buscar la presencia, dirección y protección de Dios. Uno de los dones más extraordinarios que Dios ha dado a los seres humanos es la habilidad de usar palabras, de comunicarse, y sobre todo comunicarse personalmente con él. Mi suspiro es un habla apenas audible, un murmurar; en el v. 2 se amplía a un clamor.

   Rey mío y Dios mío (v. 2). Si el rey David lo escribió, muestra claramente su humildad en reconocer su dependencia de Dios. De mañana (v. 3) destaca la importancia de empezar el día en comunión con Dios.

   Me presentaré traduce un vocablo que significa “preparar”; se usa para preparar lo que uno va a decir y también para poner en orden la madera del sacrificio. Algunos piensan que el salmista está preparándose para el sacrificio de la mañana. También el orar en la mañana puede ser un paralelo a ofrecer sacrificio. ▬ Hechos 28:23. Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 

2° Título

Ofrenda permanente a Jehová. Versíc. 41 y 42. 41Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su libación, en olor grato; ofrenda encendida a Jehová. 42Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí. (Léase Job 1:5. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.).

   Comentario 2° título: c. El segundo cordero se ofrecía de la misma manera que el primero (v. 41).

  1. El efecto sobre el Señor seria doble:
  2. l) sería olor grato y sacrificio agradable al Señor (v. 41);

2) satisfaría el fuego (la santidad) del Señor (v. 41).

  1. La importancia crucial del sacrificio de la mañana y el atardecer radicaba en que este acto era el latido que daba

vida a la relación diaria del creyente con Dios. Era un mandato que se observaría de forma continua y perpetua por todas las generaciones (v. 42).

  1. Si el pueblo de Dios guardaba con fidelidad el mandato del sacrificio diario —con un corazón genuino y confiado en él—, los resultados serían extraordinarios.
  2. l) El Señor se reuniría con su mensajero (Moisés) y le hablaría para darle su guía e instrucción (v. 42).

   “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Sal. 73:24).

   “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Is. 30:21).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

  Comentario de Job 1:5. Un hombre devoto, 1:4, 5. Cada hijo de Job tenía su casa y todos mantenían un estilo real de vida (2 Sam. 13:7, 20, 23, 27; 14:28, etc.). La familia era bien unida: los varones celebraban habitualmente banquetes tomando turnos “en la casa de cada uno” e invitaban a sus hermanas. La participación de las hermanas en las celebraciones era algo excepcional en aquellos días. Probablemente las hijas vivían todavía en casa con los padres.

   La frase “en su día” es imprecisa: algunos opinan que los siete hijos tomaban turnos y tenían una fiesta cada día de la semana; otros sugieren que se elegía un día, tomando turnos cada uno (v. 4); algunos piensan que se trata de los siete días de la fiesta del Año Nuevo o la Fiesta de los Tabernáculos (pero, en la época patriarcal no había tal festival) o posiblemente se refiere a los cumpleaños de cada uno. De las sugerencias, la última parece ser la preferida.

   En cuanto a Job, se preocupaba por sus hijos y los festines: al terminar los llamaba y los santificaba a todos para que no se olvidaran de Dios (Deut. 8:7–14, 17, 18). Como caudillo o jefe de familia, servía también como sacerdote (Gén. 22:13; 31:54, etc.), y “ofrecía holocaustos conforme al número de todos” (v. 5b). Hacía que los hijos asistieran y participaran en ellos: esto lo solía hacer continuamente.

   Los sacrificios expiatorios no eran simplemente ritos o actividades superficiales. Al contrario, significaban algo mucho más profundo: más que la vida religiosa externa de sus hijos, Job se preocupaba por lo que pensaran de Dios “en sus corazones” (v. 5c).

   El verbo “maldecir”, barak 1288 (o “blasfemar”) usado en el versículo 5c (“maldecido”) también significa, “bendecir”; sin embargo, en el Antiguo Testamento se lo emplea como un eufemismo para decir lo contrario (v. 11; 2:5, 9; 1 Rey. 21:10, 13; Sal. 10:3). Se determina del contexto la traducción apropiada. Aunque Job se preocupaba por sus hijos, aparentemente no sentía nada malo en su propia vida: no sentía la necesidad de ofrecer holocaustos por sí mismo; no sentía una necesidad de arrepentirse ni tampoco una necesidad personal de la misericordia divina. El texto es claro en esto: no la pedía (Luc. 18:9–14). No obstante, el autor dejó bien claro y demostrada la rectitud moral del patriarca.

   Con estos versículos se termina la presentación de Job y se deja enfocado un elemento esencial para el drama: la prosperidad lleva su amenaza y la adversidad su peligro. Lo que Job temía para su familia se le acercó insidiosamente. El pecado de blasfemar contra Dios, lo que Job temía de parte sus hijos, es lo que Satanás dijo que haría Job (v. 11).

3er Título

La presencia de Dios santifica a su pueblo. Versíc. 43 y 46. 43Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria. 44Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. 45Y habitare’ entre los hijos de Israel, y seré su Dios. 46Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios.

 (Léase Hebreos 10:10. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.).

   Comentario del 3er título: 2) El Señor se reuniría con su pueblo y le hablaría (v. 43).

   Pensamiento 2. Dios prometió hablarle a su pueblo con una voz que ellos reconocieran, de una forma que ellos pudieran entender.

   “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:27).

   “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (He. 1:1-2).

   “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16).

3). El Señor santificaría el tabernáculo (el lugar de la adoración) con su gloria (v. 44).

   Pensamiento 3. El creyente cristiano (su cuerpo y su vida) es el tabernáculo que Dios ha santificado para su gloria.

   “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ez. 36:27).

   “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Co. 3:16).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Co. 6:19).

   “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí” (Gá. 2:20).

   “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

   “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2 Ti. 1:14)

   “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn. 3:24).

4). El Señor santificaría (apartaría como cosa santa) el tabernáculo, el altar y a los sacerdotes para su servicio (v. 44).

   Pensamiento 4. El objetivo de todo creyente debería ser servir a Dios y ser un instrumento útil para él. Dios solo usa a aquellos que él santifica (hace santos), y solo santifica a quienes puede usar.

   “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

   “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

   “Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:26).

   “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21).

   “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (He. 10:10).

   “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (He. 13:12).

5) El Señor habitaría en medio de su pueblo y seria su Dios (v. 45).

   Pensamiento 5. Esta promesa anuncia una bendición doble:

(l) Dios habitará en medio de su pueblo. El vivirá con ellos, tendrá cuidado de ellos y los amará.

   “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Gn. 28:15).

   “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (ls. 43:2).

(2) Dios será su Dios. Él será su Padre, su Señor y su Salvador.

   “[…] porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Is. 43:1).

6) El pueblo sabría que el Señor es el Dios que los liberta (v. 46).

   Pensamiento 6. Jesucristo es el Único que nos puede librar de las ataduras del pecado y hacernos libres.

   “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mi [Jesucristo], porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel” (Is. 61:1).

   “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).

   “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 6:23).

   “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.

   “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro. 8:1-2).

   Comentario de Hebreos 10:10. 10. Y en virtud de esta voluntad hemos sido santificados mediante el sacrificio del cuerpo del Jesucristo una vez para siempre.

   Tal como lo ha demostrado en otros lugares, el escritor es un experto en la comprensión del significado de las Escrituras del Antiguo Testamento (véanse, por ejemplo, 2:8–9; 3:16–19; 7:2–3). Ahora, después de citar el Salmo 40:6–8, nos presenta un breve comentario acerca de estos versículos. El transforma la poesía de la cita del salmo en prosa, y va a la médula del asunto. El divide la cita en dos partes.

   En primer lugar, Cristo dijo: “Sacrificios y ofrendas, holocaustos y ofrendas por el pecado no deseaste, ni estuviste complacido con ellos”. La primera parte, entonces, expresa la noción de que Dios no hallaba placer en las ofrendas que la gente le presentaba. E inmediatamente el escritor añada una concesión, “aunque la ley demandaba que fuesen hechos”.

   Pero retrocedamos a los comienzos de la historia humana que encontramos en Génesis. Dios miró con agrado la ofrenda que Abel le trajo, pero con desagrado la ofrenda de Caín. Por qué fue la ofrenda da Abel —“la grosura de algunas de las primicias de su rebaño”— aceptable, y la ofrenda de Caín — “algunos de los frutos de la tierra” inaceptable (Gn. 4:3–5). El escritor de Hebreos responde diciendo: “Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín. Por la fe fue reconocido como justo, cuando Dios habló bien de su ofrenda” (11:4).

   El escritor de Hebreos no dice que Dios tenga aversión a los sacrificios que se le presentan, sino que los sacrificios ofrecidos sin fe y obediencia le son un abominación (Is. 1:11–14; Am. 5:21–22). Por medio de Oseas Dios le dice a Israel: “Porque misericordia quiero, no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (6:6).

   En segundo lugar, Cristo dijo: “Aquí estoy, he venido para hacer tu voluntad”. El término voluntad aparece cuatro veces en el contexto de este capítulo (10:7, 9, 10, 36). Sólo vuelvo a aparecer una vez más en Hebreos, en la bendición (13:21). La voluntad de Dios tiene prioridad en la vida de Cristo, y el escritor de Hebreos exhorta a sus lectores a perseverar en la voluntad de Dios y a cumplirla.

   Dios no se complace en sacrificios. Se complace en la inquebrantable confianza y obediencia de sus hijos. Cristo, el Hijo de Dios, vino a este mundo con el propósito de demostrar sumisión, y de aprender “la obediencia por medio de lo que sufrió para que, una vez perfeccionado, se convirtiese en fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Heb. 5:8–9).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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