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Domingo 23 de agosto de 2020 “Estructura Del Tabernáculo Que Manifiesta La Firmeza Del Creyente En Jesús”

Domingo 23 de agosto de 2020 “Estructura Del Tabernáculo Que Manifiesta La Firmeza Del Creyente En Jesús”

   Lección: Éxodo Cap. 36, versículos 20 al 30. 20Además hizo para el tabernáculo las tablas de madera de acacia, derechas. 21La longitud de cada tabla era de diez codos, y de codo y medio la anchura. 22Cada tabla tenía dos espigas, para unirlas una con otra; así hizo todas las tablas del tabernáculo. 23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo; veinte tablas al lado del sur, al mediodía. 24Hizo también cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla, para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas. 25Y para el otro lado del tabernáculo, al lado norte, hizo otras veinte tablas, 26 con sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla. 27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas. 28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas, 29las cuales se unían desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne; así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas. 30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.

Tema a tratar en este capítulo: [5]. La estructura de madera: simbolizaba estabilidad, sustento y un fundamento fuerte

  1. Cada tabla de la estructura medía 4,50 metros de largo por 0,65 metros de ancho.

1) Hicieron dos espigas en cada tabla (para encastrarlas en las basas).

2) Hicieron todas las tablas de igual manera.

  1. La estructura:

1) Levantaron una pared del lado sur, hecha de 20 tablas.

 El apoyo de las tablas eran unas 40 basas (o bases) de plata.

  • Pusieron dos basas debajo de cada tabla.

2) Levantaron la pared del lado norte con 20 tablas.

  • El apoyo de las tablas eran unas 40 basas.
  • Pusieron dos basas debajo de cada tabla.

3) Levantaron una pared del lado occidental, hecha de seis tablas.

  • Hicieron un poste de dos tablas para las esquinas del lado occidental del tabernáculo: las tablas estaban unidas desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne.
  • En total, el lado occidental llevaba ocho tablas y un apoyo de 16 basas de plata, dos debajo de cada tabla.

4) Hicieron barras o travesaños duraderos:

  • cinco barras para el lado sur;
  • cinco barras para el lado norte;
  • cinco barras para el lado occidental;
  • una barra central que pasaba de un extremo al otro por en medio de las paredes hechas con las tablas;
  • cubrieron las barras con oro e hicieron anillos de oro por donde se metían las barras para sostenerlas.

   Comentario: [5] (Éxodo 36:20-34) tabernáculo, estructura ▬ símbolos de estabilidad, sustento y un fundamento fuerte:

   Luego se levantó la estructura del tabernáculo. Esta estructura de madera simbolizaba estabilidad, sustento y un fundamento fuerte. Las cortinas y cubiertas externas habrían sido totalmente inútiles de no haber tenido una estructura que las sostuviera; el mobiliario y los utensilios del tabernáculo, preciosos y ornamentados, habrían quedado a merced de las condiciones climáticas del desierto. Sin esa estructura, habría sido imposible visualizar el mensaje del tabernáculo:

◘ que Dios es santo y justo, pero también misericordioso y bueno;

◘ que el hombre debe acercarse a Dios de la forma exacta y precisa que él determinó: por medio de la sangre sacrificial del cordero;

◘ que el hombre debe vivir apartado del mundo y llevar una vida de justicia, oración y comunión con Dios.

   Sin estructura, no habría habido tienda, ni santuario, ni lugar santísimo donde Dios pudiera habitar.

-a. Cada tabla de la estructura medía 4,50 metros de largo por 0,65 metros de ancho y tenía dos espigas para encastrarse en las basas. Todas las tablas estaban hechas de igual manera (vv. 21-22).

-b. Consideremos algunos detalles acerca de la estructura que sostenía el tabernáculo.

◘ Los trabajadores levantaron una pared del lado sur, hecha de veinte tablas, apoyada sobre una base de cuarenta basas de plata, dos debajo de cada tabla (vv. 23-24).

◘ También hicieron una pared idéntica para el lado norte, apoyada sobre un fundamento igual al que tenía el lado sur (vv. 25-26).

◘ Luego levantaron una pared del lado occidental, hecha de seis tablas. Esta pared también tenía un poste para sus dos esquinas, hecho de dos tablas que estaban unidas desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne (vv. 27-29). En total, el lado occidental constaba de ocho tablas y un apoyo de dieciséis basas de plata, dos debajo de cada tabla (v. 30).

◘ Por último, los trabajadores hicieron barras (o travesaños) fuertes y duraderos: cinco para la pared del lado sur, cinco para la pared del lado norte y cinco para la pared del lado occidental (vv. 31-32). También hicieron una barra central que pasaba de un extremo al otro en medio de las paredes hechas con las tablas (v. 33). Cubrieron cada barra con oro e hicieron anillos de oro por donde se pudieran meter las barras para sostenerlas (v. 34).

   Pensamiento 1. Uno de los mensajes más contundentes que nos deja el tabernáculo es el simbolismo de la estructura de madera. Esta estructura era el fundamento y sustento que mantenía en pie y estabilizaba la tienda. Jesucristo es el fundamento de la vida del creyente, el sustento que mantiene en pie su vida y le da estabilidad en su camino hacia la tierra prometida del cielo. Jesucristo da al creyente estabilidad y sustento. El Nuevo Testamento nos dice que los pasajes del Antiguo Testamento que hablan de la Roca o Piedra son profecías que apuntan al Mesías, el Señor Jesucristo (1 P. 2:6).

(1) Jesucristo es el fundamento de la vida, la mismísima Roca sobre la que debemos construir nuestra vida.

(a) Jesucristo es la Roca, la Piedra Angular, un cimiento seguro.

   “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado” (1 P. 2:6).

   “Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure” (Is. 28:16).

(b) Jesucristo es la Roca, el único fundamento que permanecerá.

   “[…] Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca” (1 Co. 3:10-12).

(c) Jesucristo es la Roca de nuestra salvación.

   “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Sal. 95:1).

(d) Jesucristo es la Roca que nos da un suelo firme sobre el cual mantenernos en pie.

   “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Sal. 40:2).

(e) Jesucristo es la Roca que nos protege de las tormentas de la vida.

   “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mt. 7:24-25).

(f) Jesucristo es la Roca que nos protege de todos nuestros enemigos.

   “Dijo Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste” (2 S. 22:2-3).

(g) Jesucristo es la Roca que jamás nos avergonzará.

   “Como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado” (Ro. 9:33).

(h) Jesucristo es la Roca que se mantiene firme y nos dará una seguridad eterna.

   “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Ti. 2:19).

(i) Jesucristo es la Roca sobre la cual él edifica la iglesia.

   “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt. 16:18).

(j) Jesucristo es una Roca sin igual.

   “¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado? Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello jueces” (Dt. 32:30-31).

(2) Jesucristo es fiel y tan fuerte como una roca: nos da un sustento firme y nos estabiliza en nuestro caminar diario por esta vida.

(a) Cristo es el para perdonar nuestros pecados.

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

   “[…] Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

(b) Cristo es fiel para reconciliarnos con Dios.

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

(c) Cristo es fiel para fortalecernos y protegernos del mal.

   “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Ts. 3:3).

(d) Cristo es fiel para librarnos de la tentación.

   “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).

(e) Cristo es fiel para guardamos de flaquear en nuestra fe.

   “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (He. 10:23).

(Í) Cristo es fiel para ayudarnos incluso cuando fallamos en nuestra confianza y fe.

   “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2:13).

(3) Dios mismo es fiel, fuerte como una roca, y nos ayuda en nuestro caminar por esta vida día a día.

(a) Dios muestra su fidelidad en que él guarda sus promesas para con los creyentes.

   “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” (Dt. 7:9).

   “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo ha faltado” (1 R. 8:56).

(b) Dios es fiel a todas las generaciones.

   “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca” (Sal. 89:1).

(c) Dios es fiel al concedernos la comunión de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

   “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9).

(d) Dios es fiel para darnos refugio y consumar la esperanza que ha puesto delante de nosotros.

   “Para que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (He. 6:18).

(e) Dios muestra su fidelidad en que nos guarda y mantendrá segura nuestra alma hasta el final.

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

   “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 P. 4:19).

Texto: 2ª a los Tesalonicenses Cap. 2, versículo 15. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra

   Comentario del texto áureo: 15. Así pues, hermanos, estad firmes y aferraos a las tradiciones que os fueron enseñadas por nosotros, ya oralmente o por carta.

   En vista de todo lo que se ha dicho (nótese “así pues”), especialmente con respecto a los peligros provenientes de parte de Satanás y con respecto a la gloriosa perspectiva de los que se adhieren a la fe, se insta ahora a los tesalonicenses a abandonar sus dudas y temores y a estar firmes (Ro. 14:4; 1 Co. 16:13; Fil. 1:27; 4:1) y aferrarse—esto es, permanecer firmes y continuar aferrándose (nótense los imperativos en presente que aquí, como sucede a menudo, son sin duda continuativos)—a las tradiciones, es decir, a las enseñanzas autoritativas que les fueron dadas (1 Co. 11:2; Gá. 1:14; Col. 2:8; y véase sobre 3:6), ya oralmente, esto es, por palabra o de labios mientras Pablo, Silas, y Timoteo estuvieron entre ellos y después cuando Timoteo los visitó, o por carta (1 Tesalonicenses, pero obsérvese “por nosotros”, vale decir, no por carta alguna pretendiendo ser de Pablo; véase sobre versículo 2 más arriba).

   Con respecto a idea de estar firmes véase el hermoso pasaje de 1 Co. 16:13; también sobre 1 Ts. 3:8. Acerca del asunto de transmitir tradiciones o enseñanzas que han sido recibidas véase también Ro. 6:17; 16:17; 1 Co. 15:1–11; Fil. 4:9; Ap. 2:14, 15.

1er Titulo:

Maderas utilizadas, símbolo de estabilidad espiritual. Versíc. 20 al 23. 20Además hizo para el tabernáculo las tablas de madera de acacia, derechas. 21La longitud de cada tabla era de diez codos, y de codo y medio la anchura. 22Cada tabla tenía dos espigas, para unirlas una con otra; así hizo todas las tablas del tabernáculo. 23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo; veinte tablas al lado del sur, al mediodía. (Léase 1ª a los Tesalonicenses 5:23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo; ▬ 1ª de Pedro 5:10. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.).

   Comentario del texto complementario: 1ª a los Tesalonicenses 5:23. 23Y que él, el Dios de paz, os santifique enteramente, y sin defecto sea vuestro espíritu, y vuestra alma‐y‐cuerpo sin reproche en la venida de nuestro Señor Jesucristo sea guardado.

   En este pasaje el autor apunta hacia la fuente de poder para el creyente. Es como si quisiera decir, con vuestra propia fuerza vosotros no podéis cumplir los preceptos que os acabo de ordenar. Necesitáis a Dios, el Dios de paz (cf. Ro. 15:33; 16:20; 2 Co. 13:11; Fil. 4:9; 2 Ts. 3:16; He. 13:20), una paz establecida por la cruz, una paz que implica prosperidad espiritual en su más alto sentido (véase sobre 1:1). Que este Dios os santifique, es decir, os separe de la vida de pecado y obre en vosotros el deseo de consagrar vuestras vidas a él (cf. Ro. 15:16; 1 Co. 1:2; 6:11; 7:14; Ap. 22:11; y véase más arriba sobre 3:13; 4:3, 7; también C.N.T. sobre Juan 17:17, 19) enteramente. Este “enteramente” (ὁλοτελεῖς, de ὅλος entero, y τέλος fin) es una palabra rara, que ocurre en el Nuevo Testamento solamente aquí. Es un adjetivo plural, de tal manera que el significado literal de la palabra en conexión con el nombre que modifica es vosotros enteros, esto es, “la totalidad de cada uno de vosotros, cada parte de cada uno de vosotros” (A. T. Robertson, Word Pictures (Palabras ilustradas), Vol. IV, p. 38). M.M., p. 447 indica que tanto aquí en 1 Ts. 5:23 como en el decreto de Epaminondas el adjetivo tiene fuerza adverbial.

   Ahora bien, este proceso de santificación tiene lugar en la vida presente, vale decir, la vida aquí en la tierra. Pablo expresa un deseo estrechamente relacionado que pertenece al día del juicio. Ambos pensamientos constituyen una unidad. El deseo que expresa—que tiene la solemnidad de una oración—es que también “en la venida del Señor Jesucristo” (véase sobre 2:19), cuando otros sean sentenciados a condenación eterna incluyendo tanto sus cuerpos como sus almas (toda su persona), el espíritu de los creyentes de Tesalónica (junto con todos los demás creyentes, por supuesto) sea sin defecto, sí, que su alma-y-cuerpo sea preservado de esta terrible condenación, esto es, sea guardado irreprensiblemente (2:10; cf. 3:13).

   Hasta ahora no hay gran dificultad. La idea principal está clara. El problema aparece al interpretar los detalles. Véase la nota gramatical. Si se desea una contestación a las preguntas, “¿Era Pablo tricotomista?” “¿Está enseñando en 1 Ts. 5:23 que el hombre consiste de tres partes, espíritu, alma, y cuerpo?” debe leerse la nota mencionada.

   La idea de totalidad se enfatiza en todo el pasaje. Queda demostrado por la posición de preferencia que ocupa la palabra “entero” o “sin defecto”, y también por expresiones tales como “enteramente” y “vuestra alma-y-cuerpo”. Aunque determinadas personas de Grecia y Macedonia hubiesen tenido un bajo concepto del cuerpo considerándolo como simplemente una mera prisión de la cual el alma debía ser liberada, y aunque los creyentes de Tesalónica, al hacer duelo por sus amados se sintiesen embargados por la incertidumbre de si sus cuerpos ya sepultados llegarían de alguna manera a participar de la gloria del regreso de Cristo (véase 4:13–18), Pablo asegura a los creyentes que Dios en Cristo es un Salvador perfecto.

   1ª de Pedro 5:10: Pedro termina su epístola con una bendición que es al mismo tiempo elocuente y conmovedora. Habla de corazón y a partir de su propia experiencia personal del sufrimiento. Dice:

[10]. Y después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia, que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.

   ¡Qué bendición tan hermosa! Fulgura en su sencillez, y sin embargo tiene gran profundidad. Cada palabra es significativa en esta oración.

-a. “Y Dios mismo, el Dios de toda gracia”. La partícula conjuntiva y, que algunos traductores interpretan como un, pero para marcar contraste con lo que inmediatamente antecede, introduce una oración adecuada para el cierre del epílogo. En esta oración Pedro eleva su voz al “Dios de toda gracia”. Este es el único lugar de todo el Nuevo Testamento en que encontramos esta redacción, excepción hecha de un paralelo que encontramos en 2 Corintios 1:3, donde Pablo escribe: “El Dios de toda consolación”. Pedro da a entender que Dios es la fuente, el poseedor y el dador de toda gracia. El apóstol menciona el concepto gracia repetidamente en su epístola. Enseña que la gracia de Dios es rica y variada (4:10) y que se otorga a los que son humildes (5:5).

-b. “Que los llamó a su gloria eterna en Cristo”. El término llamó no consiste simplemente en una invitación que la persona pueda aceptar o rechazar según le guste. “Es una convocatoria divina”. Es un mandato real que el receptor debe obedecer y no puede dejar al lado.

   Además, Pedro revela que Dios nos llama a la santidad (1:15), a su luz maravillosa (2:9), a servir (2:21; 3:9), y a la gloria eterna (5:10). Este llamamiento es eficaz y es consecuencia de la elección por medio de la cual Dios nos escoge, nos santifica y nos llama a la obediencia (1:2).

   Nótese que Pedro añade el nombre de Cristo cuando dice que Dios llamó a los receptores de esta carta “a su eterna gloria”. Es decir, Dios los llamó eficazmente en Cristo. Dios lo ha escogido en Cristo antes de la creación del mundo” (Ef. 1:4) y los ha llamado en él en la era presente (Ro. 8:30). Las buenas nuevas son que ellos tendrán su parte en la gloria eterna de Dios (4:13; 5:1, 4).

-c. “Después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo”. Pedro especifica que entrar a la gloria eterna de Dios es algo que sucede después que los creyentes hayan experimentado un breve período de sufrimiento. El contraste entre el sufrimiento humano y la eternidad de la gloria de Dios es claro. Por el momento la intensidad del sufrimiento parece severa, pero es a la vez pequeño y de breve duración comparado con la gloria de la eternidad (1:6; Ro. 8:18; 2 Co. 4:17).

-d. “[Dios] los restaurará”. El significado básico de la palabra griega “restaurar” es el de arreglar lo que ha estado roto de tal modo que quede íntegro de nuevo. Pablo insta a los hermanos y hermanas cristianas a restaurar con ternura a la persona que ha caído en pecado (Gá. 6:1). En su misericordia, Dios toma al pecador caído y lo perfecciona; es decir, lo transforma en lo que debiera ser. Una traducción encomiable es la siguiente: “[Dios] se ocupará de que todo esté nuevamente bien” (BJer).

-e. “Y los hará fuertes, firmes, y estables”. La NVI tiene una serie de tres adjetivos, pero el griego tiene tres verbos: “os confirmará, fortalecerá y establecerá” (NASB). Dios sigue con la tarea de restaurar al hombre. Pedro dice que Dios hace fuertes a los creyentes en su fe. El apóstol recuerda las palabras que Jesús dijo en la noche de la traición: “He orado por ti, Simón, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. (Lc. 22:32, bastardillas añadidas). En griego, Pedro utiliza la misma palabra que Jesús usó con él.

   El verbo siguiente, que traducimos “los hará firmes” (NVI), sólo aparece esta única vez en todo el Nuevo Testamento y en toda la literatura griega. El último verbo “hará estables” significa literalmente “poner un cimiento”, y en sentido figurado, “establecer”. Estos verbos son sinónimos y sirven para enfatizar el significado de la obra de Dios en nosotros. Por medio de esta oración Pedro anima a los creyentes, quienes experimentan sufrimientos incontables por Cristo, y les da la certidumbre de que Dios está junto a ellos.

-f. “A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.” Esta es la conclusión de la oración de Pedro. Aparte de la omisión de la palabra gloria, y de la falta del verbo ser en el texto griego, esta doxología es una repetición de un pasaje anterior (4:11). En algunos pasajes aparece la expresión poder (1 Ti. 6:16; 1 P. 4:11; 5:11; Jud. 25; Ap. 1:6; 5:13). Junto con otros términos, se usa para describir majestad y grandeza. Es un término que se utiliza como atributo o título aplicable a gobernantes (reyes y emperadores) y a Dios.

   En esta doxología es necesario suplir un verbo. De allí que muchos traductores inserten el optativo de deseo: “A él sea el poder”. Otros eligen el modo indicativo y escriben “es” (“suyo es el poder” [NBE]), “tiene” (“él tiene el poder [NBE]), “pertenece” (el poder le pertenece” [SEB]), o “perdura” (“su dominio perdura” [BJer]).

   La última palabra de esta doxología es “Amén”. En otras palabras, “¡Así sea!”. Con este último término Pedro da por concluida la parte formal de su carta. En el resto de la epístola él escribe los saludos finales y la bendición.

2° Titulo:

Nuestro rescate, por el hijo de Dios, tiene valor incalculable. Versíc. 24 y 28. 24Hizo también cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla, para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas. 25Y para el otro lado del tabernáculo, al lado norte, hizo otras veinte tablas, 26 con sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla. 27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas. 28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas. (Léase Éxodo 38:27. Hubo además cien talentos de plata para fundir las basas del santuario y las basas del velo; en cien basas, cien talentos, a talento por basa; ▬ 1ª Pedro 1:18 y 19. sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.).

   Comentario del texto complementario: Éxodo 38:27. Se usaron alrededor de 3300 Kilos de plata para hacer las cien basas del santuario y de las columnas que sostenían el velo interno (unos 33 Kilos de plata por basa)

1ª Pedro 1:18. Pues bien, saben que a ustedes se les rescató de la vana manera de vivir que les trasmitieron sus antepasados, no con cosas perecederas, como el oro o la plata, 19. sino con la preciosa sangre de Cristo, cordero sin mancha y sin defecto.

Tomemos nota, entonces, del primer punto de doctrina.

-a. Redención. Este pasaje tiene un aspecto negativo y uno positivo. Para decirlo de otra manera, se comparan cosas perecederas (plata y oro) con Cristo, cuya sangre tiene un significado eterno.

  1. “Pues bien saben que a ustedes se les rescató … no con cosas perecederas como el oro o la plata”. He aquí un amable recordatorio de lo que los lectores saben acerca de su salvación: su conocimiento de la salvación los ha llenado de “un gozo indecible y glorioso” (v. 8). Ellos saben que Dios, por medio de Cristo, los ha redimido a un costo enorme.

   Pedro evalúa el costo de la redención primeramente en términos de cosas creadas; las tales, por supuesto, están sujetas a cambio y corrupción. Menciona dos metales preciosos (plata y oro) que, hablando en términos comparativos, están entre los menos perecederos. Primeramente, menciona la plata. Pero la plata, si se la expone a cualquier tipo de compuestos sulfúricos que pueda haber en el aire, se empaña, se corroe y pierde su valor. A continuación, Pedro menciona el oro, que es más durable que la plata. Pero aun este metal precioso está sujeto a deterioro. En resumen, las posesiones terrenales no sirven como pago para la redención de los creyentes (véase Is. 52:3).

   Cuando usamos hoy en día la palabra redimir, lo hacemos con un sentido reflexivo: “Hoy me redimí ante mis colegas”. Queremos decir que hemos recobrado nuestra posición anterior. También utilizamos esta expresión cuando cambiamos vales por ciertas mercaderías en algunos centros especiales. Y finalmente, podemos decir que hemos redimido algo al volver a comprarlo o al cumplir obligaciones financieras (p. ej. al pagar un préstamo). ¿Qué es lo que dice la Escritura al respecto? En el Antiguo Testamento, Dios redimió a su pueblo del yugo de la esclavitud de Egipto (Ex. 6:6). Lo hizo enviando diez plagas sobre los opresores de Israel. En la antigüedad los esclavos podían obtener su libertad con cierta suma de dinero que podía ser pagada ya sea por ellos mismos o por alguna otra persona.

    En el Nuevo Testamento, el foco gira hasta iluminar a Cristo. Leemos que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gá. 3:13). Pablo dice que Cristo Jesús “se entregó por nosotros para redimirnos de toda maldad y para purificar para sí mismo un pueblo que sea de su propiedad, deseoso de hacer lo bueno” (Tito. 2:14; compárese también Sal. 130:8). Pedro también utiliza la palabra redimir al referirse a la muerte de Cristo y a nuestro rescate del pecado (1:18–19).

  1. “De la vana manera de vivir que les trasmitieron sus antepasados”. La frase vana manera de vivir describe un estilo de vida que carece de propósito, que es infértil e inútil. El texto no da ninguna indicación acerca de si Pedro se está refiriendo a los antepasados de los judíos que vivían según la tradición en vez de la Palabra de Dios (Jesús reprochó a los judíos porque observaban las tradiciones de los ancianos y dejaban de lado los mandamientos de Dios [Mr. 7:5–13]). Otra posibilidad es que Pedro se esté refiriendo a los antepasados paganos de los lectores gentiles; en sus epístolas, Pablo habla acerca de la vida vana de los gentiles (Ro. 1:21; Ef. 4:17). Una tercera opción sería que Pedro esté hablando de los antepasados en general, tanto de los judíos como de los gentiles.
  2. “Sino con la preciosa sangre de Cristo, cordero sin mancha y sin defecto”. Aquí tenemos el aspecto positivo de nuestra redención. Pedro habla como judío totalmente compenetrado de la historia y rito de la Pascua. El pueblo judío había sido liberado de la esclavitud cuando cada familia tomó un cordero sin defecto, lo mató al caer la tarde del día catorce del mes de Nisán, poniendo la sangre en los dos postes laterales y en los dinteles de sus casas (Ex. 12:1–11), y comió la cena pascual.

   Los escritores del Nuevo Testamento enseñan que Cristo es ese cordero de la Pascua. Juan el Bautista señala a Jesús y dice: ¡Mirad, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29). Pablo comenta que nuestra redención ha sido lograda por medio de Cristo Jesús porque “Dios lo presentó como propiciación” (Ro. 3:25). El escritor de Hebreos declara que Cristo no entró en el Lugar Santísimo por medio de la sangre de machos cabríos y becerros, sino que entró “una vez para siempre por medio de su propia sangre, habiendo obtenido eterna redención” (9:12). Y Juan ha registrado en Apocalipsis un nuevo cántico que los santos que están en el cielo cantan a Cristo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (5:9).

   El Nuevo Testamento desarrolla la enseñanza que Cristo Jesús es nuestro redentor. Lamentablemente, en nuestro vocabulario cristiano habitual la palabra redentor no es tan común como la palabra salvador. Reconocemos prestamente que Jesucristo nos ha salvado del poder y de la destrucción del pecado. Pero es de un significado aun mayor la verdad que él nos ha adquirido derramando su sangre preciosa en la cruz del Calvario. De estos dos términos, por lo tanto, la expresión redentor merece mayor prominencia que la palabra salvador.

3er Titulo:

Indispensable unidad, entre los creyentes, dada por el Espíritu Santo. Versíc. 29 y 30. 29las cuales se unían desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne; así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas. 30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla. (Léase Filipenses 2:2. completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.).

   Comentario del texto complementario: 2–4. La conclusión de lo dicho anteriormente es muy natural: “Si, pues, de algún modo tenéis estas experiencias y participáis de estos beneficios, entonces …” y sigue a continuación la triple orientación. No es que sean en realidad tres orientaciones, sino una triple orientación: en esencia el mandamiento es uno, aunque tres gracias estrechamente relacionadas pueden distinguirse. Estas son:

Versículo 2: unidad; Versículo 3: humildad (de mente o disposición); Versículo 4: solicitud

   Pablo dice: llenad (la medida de) mi gozo. Es conmovedora la forma en que inicia la triple orientación. El corazón del apóstol estaba gozoso por las muchas virtudes que adornaban a los filipenses (Fil. 1:4; 4:10). Pero la medida de este gozo no estaba completa. Un grado mayor de unidad, humildad y solicitud “en casa” supliría lo que aún faltaba para que se llenara la copa de gozo del apóstol. Es cierto que a ninguno se le podía exigir la perfección en estas virtudes, pero es que en algunos de ellos su ausencia era tal que se hacía claramente manifiesta

(véase 4:2). Esta era la gran preocupación de Pablo. Su principal anhelo no era su pronta liberación de la cárcel, sino el progreso espiritual de los filipenses, de todos ellos. Esto muestra cuán amoroso era Pablo.

(1) Unidad

   Pablo continúa … teniendo todos el mismo sentir, teniendo el mismo amor, con unanimidad dedicándoos a la unidad. Léase lo que se ha dicho ya con respecto al tema general de la unidad o armonía (comentario sobre Fil. 1:27, 28). La mente (actitud) o disposición interna es básica. Esta actitud fundamental se manifestará por sí sola teniendo el mismo amor (por Dios en Cristo, y en consecuencia por los hermanos, con énfasis sobre este último aspecto), y dedicándose también a la misma cosa, o sea, a la concordia o unidad.

   Nótese que la unidad por la cual Pablo aboga, según el contexto, es claramente de naturaleza espiritual. Es una unidad en disposición, amor, y propósito (véase también el C.N.T. sobre Jn. 17:21). Es la unidad que se manifiesta en todo su esplendor en el Sal. 133.

(2) Humildad

   No puede conseguirse la unidad si no hay humildad. Por lo tanto, Pablo continúa diciendo: No (haciendo) nada por ambición personal o por vanagloria. Si cada uno piensa nada más que en sí mismo, ¿cómo podrá lograrse la unidad? Los filipenses no deben ser movidos por vil rivalidad, por motivos egoístas, buscando su propio honor y prestigio, como ciertos predicadores de Roma (véase lo dicho en Fil. 1:17, donde se emplea la misma palabra— ambición personal). La ambición personal y la vanagloria (cf. Gá. 5:26) van juntas, pues es muy normal eso de que “el que menos sabe más presume”. Como otras muchas veces, Pablo equilibra aquí también, dentro de una misma idea, una declaración negativa con otra positiva.

   Así, el pensamiento progresa: si no, con una actitud humilde, cada uno considerando al otro como mejor que él mismo. La palabra que aparece en el original y que aquí se traduce por humildad (de disposición), era empleada por los no cristianos en un sentido negativo (cobardía, ordinariez, bajeza; véase La Guerra Judía, de Josefo, IV. 494; Epicteto III 24.56).

   Cuando la gracia cambia el corazón, la sumisión por temor se convierte en sumisión por amor, y nace la verdadera humildad. Para Pablo esta virtud está asociada con la ternura de corazón, bondad, mansedumbre, longanimidad (Hch. 20:19; Ef. 4:2; Col. 3:12). Es la feliz condición que resulta cuando cada miembro de la iglesia se estima inferior a los demás, cuando se aman los unos a los otros con amor fraternal, y cuando, en cuanto a honra, se prefieren los unos a los otros (Ro. 12:10).

   Pero, ¿es posible seguir esta regla? Cuando un hermano es diligente, y él lo sabe, ¿cómo podrá considerarse inferior al que vive entregado a la ociosidad? La respuesta será probablemente algo como sigue:

-a. La regla no significa que todos los hermanos han de ser considerados en todos los aspectos como más sabios, capaces y nobles que uno mismo.

-b. Como principio general, la regla debiera controlar verdaderamente nuestras vidas, porque, aunque el cristiano, hasta cierto punto (nunca totalmente; véase el Sal. 139:23, 24; Jer. 17:9), puede escudriñar sus propios motivos (1 Co. 11:28, 31) y saber que no siempre son buenos y puros, ante cuyo conocimiento tiene que clamar muchas veces: “¡Oh, Señor, perdona mis buenas acciones!”, eso no le da derecho, en modo alguno, a juzgar como malos los motivos de sus hermanos y hermanas en el Señor. No se debe obrar así a menos que los que han confesado con su boca al Señor demuestren palpablemente con el testimonio de sus vidas que su confesión ha sido falsa. Teniendo esto como base, se infiere lógicamente que el verdadero y humilde hijo de Dios, que ha llegado a conocerse a sí mismo lo suficiente, de forma que a menudo tiene que clamar como el publicano (Lc. 18:13), o como Pablo (Ro. 7:24), considerará a los demás como mejores que él mismo. Y no sólo mejores, sino, en determinados aspectos, más capaces, pues el Señor ha distribuido los dones (1 Co. 12). Hay generalmente algo de importancia para el reino que el hermano o la hermana puede hacer mejor que tú o que yo.

   Es fácil ver que cuando este espíritu de genuina y mutua consideración y aprecio es fomentado, la unidad viene por sí sola. El verdadero cristianismo es la mejor respuesta a la pregunta, “¿cómo podré hacer amigos e influir en las personas?” Y la clase de ecumenismo que éste proclama, es la única que en realidad vale la pena. Probablemente no sería demasiado atrevido decir que el mismo Pablo había crecido en esta gracia de la humildad. Durante su tercer viaje misionero se otorgó la categoría de “el más pequeño de los apóstoles” (1 Co. 15:9). Durante su primer encarcelamiento en Roma se llamó así mismo “menos que el más pequeño de todos los santos” (Ef. 3:8), y, poco más tarde, en el intervalo que medió entre su primero y segundo encarcelamiento en Roma, culminó estas humildes descripciones de su persona calificándose como “el primero de los pecadores” (1 Ti. 1:15).

   Requirió un humilde portador de la cruz para exhortar encarecidamente a la humildad. ¿No fue también esta humildad de Pablo una de las razones por la que, aun en el encarcelamiento, esperando la sentencia, el gozo rebosaba en su corazón? Quien sabe considerarse así mismo como un gran pecador ante los ojos de Dios, sabe también apreciar la gracia salvadora de Dios, y le da gracias a Dios aun en medio de sus lágrimas.

(3) Solicitud

   El apóstol concluye este párrafo añadiendo, no (sólo) buscando cada uno sus propios intereses, sino también los intereses de los demás.

   Esto es, lógicamente, una consecuencia de lo dicho anteriormente. Si alguien tiene a su hermano en alta estima, prestará atención a sus intereses para ayudarlo en todo lo posible. El apóstol implica, ciertamente, que el creyente debe velar también por sus propios intereses; pero antes que nada ha de obedecer el mandamiento que dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 19:19), mandamiento que resalta en toda su fuerza cuando ese prójimo es un hermano en Cristo (Jn. 13:34; Gá. 6:10). Cuanto más se dé cuenta del ferviente amor de Cristo por el hermano, ya que se entregó a sí mismo para salvarlo, tanto más deseará que prosperen los intereses de éste. Así, también, la unidad será promovida, y la gloriosa comunión se mostrará ante el mundo en toda su hermosura, como un poderoso testimonio.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.