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Domingo 21 de julio de 2019: “Severo llamado a no defraudar a nuestros hermanos”

Domingo 21 de julio de 2019: “Severo llamado a no defraudar a nuestros hermanos”

   Lección: Éxodo cap. 22, versículos 6 al 15. Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado. Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble. Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prójimo. En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo. Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o fuere llevado sin verlo nadie; juramento de Jehová habrá entre ambos, de que no metió su mano a los bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el otro no pagará. Mas si le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño. Y si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará lo arrebatado. Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla. Si el dueño estaba presente no la pagará. Si era alquilada, reciba el dueño el alquiler.

   Comentario: Judiciales: El pueblo de Dios debe siempre estar listo para mostrar mansedumbre y misericordia, de acuerdo con el espíritu de estas leyes. Tenemos que responder a Dios, no sólo por lo que hacemos de forma maliciosa, sino por lo que hacemos descuidadamente. Por lo tanto, cuando hemos hecho daño a nuestro prójimo, debemos hacer la restitución, aunque no lo exija la ley. Deja que estas Escrituras conducen nuestras almas para recordar, que si la gracia de Dios en verdad ha aparecido a nosotros, entonces nos ha enseñado, y nos ha permitido de manera de comportarnos por su poder sagrado, que negando la impiedad y los mundanos, vivamos en este siglo sobria , justa y piadosamente en este mundo presente, Tito 2:12. Pero la gracia de Dios nos enseña que así como el Señor es nuestra porción, hay suficiente en él para satisfacer todos los deseos de nuestras almas.

   Pensamiento: Dios nos hace un llamado a no defraudar a nuestro hermano, pero es severoÞ Que es estricto y riguroso al aplicar una ley o una regla. Los invito que reflexionemos sobre este llamado porque dentro de la cristiandad hay mucho defraude, engaño, falta de trasparencia, nos mentimos unos a otros eso en la parte humana. Pero ahora en la vida espiritual también defraudamos a nuestros hermanos por la apariencia de nuestro caminar, porque no es congruente con lo que enseñamos y la practica del evangelio de llevar una vida nueva. (defraudar: Privar a una persona de algo a lo que tiene derecho, mediante engaño o abuso de confianza; — Decepcionar o desilusionar [alguien o algo] a una persona por no ser como esperaba.).

   Referencias: Levítico 19:11-13. No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana.

1ª a los Corintios 6:7-8. Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos.

   Recomendación como debemos vivir: Tito: 2:11 al 15. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.

1er Titulo:

Fuego Destructor Que Provoca Daño En La Mies Del Señor. Versículo 6. Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado. (Léase Santiago 3:6. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.).

   Comentario: (Éxodo 22:6) Ley—daño a la propiedad—restitución:

   Israel también tenía leyes sobre los incendios y el control del fuego. Hombres de todas las generaciones han tenido que lidiar con los daños provocados por un fuego arrasador que escapó de su control. Algunos incendios son producto de un rayo. Otros se desatan porque las personas no lograron extinguir una fogata u hoguera de la forma correcta. Los pirómanos son otra de las causas de que el fuego se esparza dejando devastación a su paso. Esta ley en particular trata de los incendios que empiezan en un campo y crecen hasta pasar a otro campo. La ley protegía a los propietarios inocentes de los daños del fuego causados por otra persona, que no controló el fuego que había encendido en su terreno.

[a]. El caso: el fuego dañaba la propiedad ajena porque quien lo encendió no lo controló bien (v. 6). El ejemplo que vemos es el de un fuego que se esparce del campo de un hombre al terreno de otro. Prender fuego en un campo no era nada fuera de lo común. De hecho, un buen fuego permitía preparar el terreno para la plantación de la siguiente cosecha. El problema era que el viento soplara sobre el fuego y que la situación se saliera de control. En tal caso, las llamaradas ascendían por sobre los espinos o los setos y en poco tiempo consumían el campo vecino.

[b]. El castigo era justo: una restitución equivalente a las pérdidas.

   Pensamiento 1. Cada año, millones de propiedades son dañadas por el fuego. La ley de Israel es justa, ya que protege al propietario inocente de las pérdidas provocadas por el fuego que encendió otra persona.

   Comentario de Santiago 3: 6. La lengua también es un fuego, un mundo de iniquidad entre las partes del cuerpo. Corrompe toda la persona, inflama todo el curso de su vida es y ella misma encendida por el infierno.

   Aquí tenemos entonces la aplicación de las tres ilustraciones, la del freno del caballo, la del timón de la nave, y de la chispa en el bosque. El texto mismo, sin embargo, no es el más fácil de explicar. De hecho, el versículo 6 es uno de los pasajes más difíciles de la epístola de Santiago. Algunos eruditos han tratado de explicar el texto eliminando unas pocas palabras, como ser, la frase un mundo de iniquidad. Otros desean añadir una palabra para facilitar la lectura del texto. Por ejemplo, en la traducción siria de este versículo, la oración muestra un equilibrio que está en armonía con el versículo que lo antecede: “La lengua es fuego, el mundo de pecado como un bosque”.  Si bien el texto presenta numerosos problemas, creemos que aquí es aplicable uno de los dichos de Lutero: “Dejad la palabra como está”. Es decir, antes de eliminar o añadir algo a la formulación del texto veamos si podemos entender el mensaje mismo. Por esta razón deseamos mantenernos con la formulación del texto.

   Nótense los siguientes puntos:

(a). La lengua es un fuego. Santiago escribe: “La lengua también es un fuego, un mundo de iniquidad entre las partes del cuerpo”. Santiago compara la lengua con el fuego que, por implicación, está fuera de control y destruye todo lo que hay combustible en su camino (compárese con el S. 120:3–4; Pr. 16:27). El clarifica esta comparación haciendo la observación de que la lengua es un mundo de maldad, Quizá Santiago tenga la intención de continuar el contraste entre lo pequeño y lo grande: la referencia a una pequeña chispa y a un gran bosque viene seguida por otra a la lengua y a un mundo de maldad. John Albert Bengel observa: “Así como el pequeño mundo del hombre es una imagen del universo, del mismo modo la lengua es una imagen del pequeño mundo del hombre”. La lengua, como “pequeña parte del cuerpo” es un mundo de iniquidad “entre las partes del cuerpo”. La lengua, por lo tanto, se identifica con—y en cierto sentido es el vehículo de—un mundo completo de maldad que reside entre los miembros del cuerpo del hombre. Dice mentiras, calumnia el nombre de alguien, enciende el odio, crea discordia, incita a la lujuria y, en suma, da pie a numerosos pecados.” Hay pocos pecados que la gente comete en los cuales la lengua no está involucrada”. A causa de esta inclinación al mal, la lengua corrompe todo el ser del hombre,

(b). La lengua corrompe. Si la frase un mundo de maldad es la, primera descripción de la lengua, la cláusula corrompe a toda persona es la segunda. La palabra corrompe en realidad significa “contamina” pero debe tomarse simbólicamente. Una mala lengua empaña la propia personalidad. “Lo que sale del hombre eso sí lo hace ‘impuro’. Porque de adentro, es decir, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de adentro y hacen impuro al hombre” (Mr. .07:20–23, VP).

(c). La lengua inflama. La próxima cláusula parece ser un dicho que circulaba en los países que rodeaban el Mar Mediterráneo. Santiago dice: “La lengua … inflama todo el curso de la vida [de una persona]”. ¿Qué quiere decir Santiago cuando usa la frase todo el curso de su vida? Esta expresión proverbial probablemente se haya originado en la Grecia antigua; en los círculos judíos la misma se refería al curso general de la vida. Es decir, el fuego consume todo el curso de la vida del hombre. Además, la lengua no sólo incendia la existencia del hombre, sino que ella misma “es encendida por el infierno”.

(d). La lengua es encendida. Santiago emplea la palabra infierno con una connotación hebrea: Gehenna, el valle del hijo de Hinom, fuera de Jerusalén (Jos. 15:8; 2 R. 23:10; 2 Cr. 28:3; 33:6; Jer. 19:2; 32:35). Inicialmente, Gehenna era el lugar en que se ofrecieron sacrificios a Moloc; más tarde, se quemaba allí la basura. Con el pasar del tiempo el nombre adquirió otro significado: “En los evangelios es el lugar de castigo en la próxima vida”. Como símbolo, la palabra se refiere al lugar donde reside el demonio y en el cual son confinados los perdidos. Lo que se quiere dar a entender en este versículo es que Satanás mismo es el que enciende la lengua.

   Santiago presenta un mensaje claro en este versículo 6, aun cuando algunas de sus expresiones puedan ser algo problemáticas. Hoy en día estas expresiones necesitan una palabra de explicación, pero para los lectores originales de la epístola, Santiago se comunicaba “con claridad retórica”.

   Referencias: (esto destruye la mies del Señor): Santiago 4:11-12. Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

Josué 8:20. Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían.

1ª de Samuel 30:1-2. Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino.

Job 1:16. Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia.

2° Titulo:

El Verdadero Cristiano Actúa Siempre Con Justicia Y Veracidad. Versículos 7 al 9. Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble. Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prójimo. En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo. (Léase Efesios 4:24. y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. —Proverbios 3:3. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello.).

   Comentario: El (Éxodo 22:7-9) Ley — mayordomía — custodia: La ley civil mosaica también contaba con leyes sobre los depósitos, es decir, el dinero 0 los bienes confiados a otra persona para que ella los guarde. Esta ley en particular trata de cómo debía guardar los bienes o el dinero la persona que los tenía a su cuidado. El gran comentario Pulpit Commentary afirma al respecto:

   Depositar los bienes en manos de un amigo para que él los guarde y los proteja era una práctica distintiva en la vida de las sociedades primitivas, donde era difícil hacer inversiones y no había agentes bancarios. Las personas que estaban por irse de viaje, en especial los mercaderes, […] necesitaban que alguien cuidara [sus bienes] durante su ausencia. Era raro que las personas se negaran a devolver esos depósitos […]. Sin embargo, a veces sucedía […]. Cuando estos casos eran llevados a juicio, el castigo para el infractor era […]: “pagará el doble”.

[a]. En el primer caso, lo que sucede es que un ladrón robó el depósito a su cuidador (v. 7). Si se lo atrapaba, el ladrón debía pagar el doble. Nuevamente, el castigo haría que el potencial ladrón, frente al riesgo financiero del castigo, lo pensara dos veces antes de cometer el delito. La ley era correctiva y restauradora.

[b]. El segundo caso era un poco más complicado, puesto que ahora la persona a quien le había sido confiado el depósito se volvía sospechosa (vv. 8-9). La ley establecía una serie de pasos que, dados en ese orden, ayudarían a revelar la verdad.

1) Primero, si los bienes fueron robados y había alguna sospecha en tomo al custodio, el depositario y el custodio llevarían el caso a los jueces.

2) Segundo, se revisaba cuidadosamente la casa del custodio en busca de los bienes robados. Si se los hallaba allí y ambas partes los reclamaban como propios, la corte debía determinar a qué parte le pertenecía. Si la corte fallaba a favor del depositario, el custodio tenía la obligación legal de pagar a la otra parte el doble del precio de los bienes. Al igual que en el primer caso, la amenaza de un castigo financiero tenía el propósito de que las personas pensaran bien antes de robar la propiedad o los bienes ajenos. El propósito era detener el delito antes de que se consumara.

   Comentario de efesios 4.24. Lo que se había enseñado a los efesios “en Cristo” era nada menos que la necesidad de un cambio radical en su perspectiva mental y forma de vida, un giro de 180 grados. Su anterior forma de vida (2:2, 3; 4:17–19; 5:8, 14; cf. Col. 1:21; 2:13; 3:7) debía cesar. La orden acerca de la norma que, desde el instante de entrar en vital contacto con Cristo, había de controlar su ser entero en todas sus manifestaciones, y confrontarles cada día y cada hora, era precisa y cortante: “despojaos del viejo hombre”, vale decir, “la antigua naturaleza, todo aquello que es ajeno a la gracia” (Col. 3:9; cf. Ro. 6:6), y “vestíos del nuevo hombre”, es decir, “la nueva naturaleza, lo que habéis logrado ser, habéis de ser, y podéis llegar a ser solamente mediante la gracia” (Col. 3:10; cf. Gá. 3:27). Fue una formulación sumaria de tremenda envergadura.

    En cierto sentido, ellos ya se habían despojado del viejo hombre y vestido del nuevo, esto es, en el momento de rendir sus corazones a Cristo y haberle profesado públicamente en la hora del bautismo. Pero la conversión básica debe ser seguida por la conversión diaria.

    Aun cuando en principio el creyente ya ha sido hecho nueva criatura (o “creación”), siempre será pecador hasta el momento de su muerte. La vieja naturaleza, con la cual los efesios habían estado tan íntimamente ligados por tantos años, no se echa de sí tan fácilmente. Librarse de ella es tarea difícil y dolorosa. Equivale, en realidad, a una crucifixión (Ro. 6:6). Esto es así aún más porque de continuo nos promete tanto. Se está “corrompiendo continuamente” mediante las ilusiones de la codicia y aquellos engañosos malos deseos con sus grandiosas promesas e insignificantes logros. Estos corruptos engaños existen, además, doquiera se halle presente la vieja naturaleza, sea en el no creyente como en el creyente. El crimen de Caín en la persona de su hermano, hecho que al instante de ser planeado parecía tan atractivo, resultó solamente en maldición. La presunta corona de Absalón, tan deslumbrante al principio, terminó en su horrible muerte. La viña tan deliciosa y convenientemente situada que Acab, a fin de obtener tan preciado botín no había trepidado en sacrificar la vida de Nabot, atrajo la ruina a la casa de Acab y su posteridad. Las treinta piezas de plata que se vislumbraban tan resplandecientes en los planes de Judas, al ser ya su posesión quemaron sus manos, torturaron su alma, y empujaron al traidor hacia el camino de la horca y del infierno.

   Y sin dejar a un lado a uno de los escogidos de Dios, a David, que, en un momento de debilidad, lleno de apasionado deleite con el pensamiento de días futuros placenteros con el objeto de sus anhelos carnales, fue forzado a escuchar las palabras del Señor que como trueno brotaron de labios del profeta: “Tú eres el hombre. La espada no se apartará de tu casa”. En realidad, la vieja naturaleza ostenta una copa de oro, pero al examinarla se halla que no contiene sino inmundicia y abominación (cf. Ap. 17:4). Es por eso que a los efesios se les advirtió solemnemente que se despojaran del viejo hombre, que lucharan contra él con implacable vigor sin desmayar a fin de deshacerse totalmente de él.

   Pero, así como “el viejo hombre” es totalmente malo, “el nuevo hombre” es enteramente bueno. Este es “creado a imagen de Dios”. Cf. Col. 3:10. Otros pasajes explicativos se hallan en Ef. 2:10; 2 Co. 5:17; Gá. 6:15; y Tit. 3:5. Día a día esta nueva creación avanza “en verdadera justicia y santidad”. El pasaje paralelo de Colosenses (3:10) añade “pleno conocimiento”.

   La gracia restaura lo que el pecado ha dañado ruinosamente. Dios no solamente imputa, sino que también imparte justicia al pecador a quien agrada salvar. Es así como el creyente comienza a cumplir con sus deberes para con su prójimo. Pero la justicia nunca anda sola. Es acompañada siempre de la santidad, de modo que la persona regenerada y convertida cumple con sus obligaciones también con referencia a Dios. Cf. Lc. 1:75; 1 Ts. 2:10; Tit. 1:8. Además, la justicia y santidad que Dios otorga son verdaderas,126 no engañosas, como lo son las codicias que emanan de la vieja naturaleza. Conducen la vida a su verdadera y predestinada realización. Satisfacen.

   En cuanto a la figura de “despojarse” y “vestirse”, se refiere, desde luego, a lo que uno hace con la ropa. Frecuentemente tal vestimenta indica la naturaleza del carácter, sea bueno (Job 29:14; Sal. 132:9; Is. 11:5; 61:10) o malo (Sal. 73:6; cf. Sal. 35:26; 109:29). ¡Cuán firmemente este ropaje se aferra a él! Pero esta figura no se limita a las Escrituras. Ha llegado a ser parte de la literatura general. Se halla también en las oraciones de los hijos de Dios: “Despójanos de lo nuestro y vístenos de ti mismo, Oh, Señor”.

   Tanto el desechar al hombre viejo como el vestirse del nuevo se hace necesario. Algunos enfatizan constantemente lo negativo. Tal religión es la de, “no esto o no lo otro”. Otros se oponen a todo “no”, y se sienten orgullosos al sobre enfatizar lo positivo. Las Escrituras evitan ambos extremos. Efesios contiene mucho del “hacer” y mucho del “no hacer”. En la vida presente ambas cosas son necesarias. Son inseparables y apuntan hacia actividades simultáneas.

   Esto es lo que Pablo quiere significar cuando declara que los efesios habían sido enseñados a “despojarse” del viejo hombre y a “vestirse” del nuevo. Una persona no podrá hacer casi nada con una sola hoja de tijera. Las dos hojas operando en conjunto forman la tijera que puede hacer el trabajo. La persona que dice “sí” a Cristo está diciendo “no” a Satanás. No obstante, aunque ambos son necesarios, el énfasis continuo de Pablo es en lo positivo. “Venced el mal con el bien” (Ro. 12:21; cf. 13:14). Así lo es en Ef. 4:22–24, puesto que se nos enseña que la única forma en que uno puede tener éxito progresivo para despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo127 es por medio de la renovación en el espíritu de la mente de uno. Tal renovación es básicamente obra del Espíritu de Dios influyendo poderosamente el espíritu del hombre, que aquí, como también en 1 Co. 4:21; Gá. 6:1; y 1 P. 3:4 se refiere a la actitud mental, o estado de la mente, o disposición, con respecto a Dios y a las realidades espirituales.

   Referencias: Proverbios 11:17. A su alma hace bien el hombre misericordioso; Mas el cruel se atormenta a sí mismo; Proverbios 12:9. El labio veraz permanecerá para siempre; Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.

2ª a los Corintios 12.6. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí.

Zacarías 8:16. Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas.

Malaquías 2:6. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad.

3er Titulo:

Procurando Evitar Disputas Y Demandas Entre Hermanos. Versículos 10 al 15. Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o fuere llevado sin verlo nadie; juramento de Jehová habrá entre ambos, de que no metió su mano a los bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el otro no pagará. Mas si le hubiere sido hurtado, a su dueño. Y si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará lo arrebatado. Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla. Si el dueño estaba presente no la pagará. Si era alquilada, reciba el dueño el alquiler. (Léase 1ª a los Corintios 6:1. ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?; — Proverbios 12:17. El que habla verdad declara justicia; Mas el testigo mentiroso, engaño).

   Comentario: (Éxodo 22:10-15). [c]. El tercer caso consistía en que los bienes confiados al custodio sufrieran daños o se perdieran por completo mientras estaban su cuidado (w. 10-13). La ley exigía que el custodio jurara que era inocente y que el dueño de los bienes aceptara el juramento. Sin embargo, había una excepción en este punto:

Þ Si un ladrón robaba los bienes, el custodio debía resarcir al dueño por el mismo precio de los bienes (v. l2), puesto que estaban bajo su cuidado y él era responsable de cuidarlos. (resarcir. del lat. resarcīre. 1. tr. Indemnizar, reparar, compensar un daño, perjuicio o agravio.)

Þ Si los bienes se habían dañado de alguna forma inevitable (por ejemplo, porque una fiera salvaje los había destrozado) y el custodio podía dar pruebas de ello, quedaba absuelto (v. l3).

   Al parecer, en la época de los patriarcas ya había leyes similares a las del tercer caso (w. 10-13) que estaban en vigencia, tal como lo registra Génesis 31:39.

   “Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas” (Gn. 31:39).

[d]. El cuarto caso abarcaba las situaciones en que el propietario prestaba sus bienes a otra persona y los bienes sufrían daños o se perdían totalmente (por ejemplo, un animal que resultaba herido o moría) mientras estaban en manos del prestatario (vv. 14-15). La ley establecía las siguientes pautas para esos casos:

  1. l) Si el dueño estaba ausente, el prestatario debía restituir lo prestado.

2) Si el dueño estaba presente, el prestatario no debía pagar la restitución de los bienes, dado que el dueño era responsable de sus propios bienes.

3) Si el animal era alquilado, el dinero del alquiler cubría la pérdida. El equivalente moderno de esa situación sería el siguiente: si un hombre alquila una máquina a una empresa y la máquina se rompe durante el período del alquiler, el responsable de repararla no es el arrendatario, sino que el dinero que él pagó para alquilar la máquina cubre el riesgo que la empresa asume al poner sus bienes en alquiler.

   Pensamiento 1. El principio más importante que subyace a estas leyes es el que resume George Bush:

   Cuanto más examínanos estos estatutos, con más claridad vemos que parten de un espíritu razonable, equitativo, afable y humano.

   Las leyes que Dios estableció en tomo a las disputas por la propiedad y los bienes tenían varios propósitos:

(1) Proteger los derechos del propietario.

(2) Evitar que las personas dañaran la propiedad ajena por negligencia o mediante actos deliberados como el robo y los incendios intencionales.

(3) Disuadir del delito, ponerle un límite y prevenir que cualquier persona robara o dañara la propiedad ajena de forma intencional o por negligencia o descuido.

(4) Proteger al ladrón del propietario y de las sociedades que podrían buscar una venganza excesiva e imponer un castigo demasiado severo (por ejemplo, un linchamiento o motín).

(5) Corregir la conducta del ladrón y restaurarlo a la sociedad.

(6) Construir una sociedad fuerte y ética por medio de leyes que alienten a las personas a:

  • estar alerta para evitar accidentes y no dañar la propiedad ajena;
  • pensarlo dos veces antes de cometer un delito;
  • corregir y restaurar al ladrón o a la persona que provocó un daño a causa de su conducta descuidada e irresponsable.

   “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mt. 5:17).

   “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro. 7:12).

   “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente” (1 Ti. 1:8).

   Comentario de 1ª a los corintios 6:1: 1. ¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene litigio contra otro, a presentar el caso ante los tribunales de los impíos, y no de los santos?

   Como en el caso del hombre incestuoso (5:1), no sabemos en qué forma se enteró Pablo de que los cristianos estaban llevando los litigios que tenían entre ellos a jueces paganos. Tampoco sabemos a qué tipo de litigio se refiere Pablo. Lo único que podemos colegir es que la discusión sobre juzgar la inmoralidad (5:12, 13) le recordó a Pablo otro problema de la iglesia de Corinto. Sin entrar en detalles, en unos cuantos versículos trata el problema desde la perspectiva de los principios cristianos.

   (a). «Cuando [alguno de vosotros] tiene litigio contra otro». La frase alguno de vosotros es a propósito general, pues Pablo no menciona ningún caso específico. Si aún un solo cristiano da inicio a un proceso judicial, ya ha violado un principio que Cristo enseñó a sus seguidores, a saber, buscar el bien del prójimo, aun si se trata del enemigo (Lc. 6:27).

   ¿Debe un cristiano considerar la posibilidad de demandar judicialmente a alguien? Sí, si observa y cumple la ley real: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Stg. 2:8). También note los siguientes puntos: Primero, Pablo no hace distinción entre cristianos y no cristianos, sino que sólo dice «contra otro». Segundo, no se interesa en los detalles del problema, sino en los principios. Sabe bien que un juicio en los tribunales de justicia es a menudo «una pelea a muerte que trae daños irreparables a alguna de las partes (daños económicos, psicológicos y espirituales)». El que demanda a otro desea, bajo el amparo de la ley, quedarse con los bienes de esa persona, y trata de ganar el caso sin importarle el daño que le causará a la otra persona.

   Juan Calvino, quien estudió leyes en dos universidades francesas antes de dedicarse a la teología, comenta con acierto que las partes implicadas en litigios están motivadas por la codicia, la impaciencia, la venganza, las hostilidades y la obstinación. Calvino escribe:

   Por cierto, cada vez que las demandas proliferan o cuando las partes obstinadamente quieren saldar sus cuentas apelando a todo el rigor de la ley, es más que obvio que sus corazones están ardiendo de injusticia, codicia y que no están preparados a adoptar una actitud serena y a soportar la injusticia, como lo manda Cristo.

   La motivación que está detrás de un juicio civil a menudo es incompatible con nuestra profesión cristiana.

(b). «¿Se atreve alguno de vosotros … a presentar el caso ante los tribunales de los impíos, y no de los santos?» La secularización actual insta a la gente a demandar sus derechos y, si se les niegan, a llevar el asunto a los tribunales. Pero la Biblia enseña que debe prevalecer el amor que puesto en práctica debe traducirse en reconciliación. Las disputas deben resolverse con la ayuda de un tercero y en un espíritu que procure el interés de la otra parte. En otro lugar, Pablo aconseja: «Que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto» (1 Ts. 4:6).

   Con toda franqueza, Pablo les pregunta a los corintios si alguno de ellos puede tener «la osadía de ir a los tribunales». Pablo realmente no puede creer que haya algún corintio que se atreva a llevar a otro cristiano a la corte con la intención de devolverle mal por mal, en lugar de aplicar la regla de oro (Lc. 6:31). Desea saber si hay alguno que sea tan «desvergonzado que quiera buscar justicia de parte de los pecadores y no del pueblo santo de Dios» (NJB). La palabra griega adikoi, que he traducido «impíos», apunta a los incrédulos.

   La otra cara de la moneda es hagioi, que quiere decir santos. Lo que Pablo quiere decir es que los corintios no deberían darle al mundo la oportunidad de ridiculizar a Cristo y de dividir la iglesia. Al acudir a un juez gentil, «¡los corintios estaban pasando por alto el principio de que la ropa sucia se lava en casa!». Si los cristianos tienen diferencias, debieran aclararlas en la presencia del pueblo de Dios (cf. Mt. 18:17). Deberían cumplir el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismos.

   Referencias: Proverbios 25:8. No entres apresuradamente en pleito, No sea que no sepas qué hacer al fin, Después que tu prójimo te haya avergonzado.

Mateo 5.25 y 40. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. —y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;

Proverbios 14.5. El testigo verdadero no mentirá; Mas el testigo falso hablará mentiras.

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. (Romanos 12:17-18) 

Amén, para la gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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