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Domingo 20 de septiembre de 2020 “El altar Del Incienso, Figura De La Intercesión De Cristo Ante El Padre”

Domingo 20 de septiembre de 2020 “El altar Del Incienso, Figura De La Intercesión De Cristo Ante El Padre”

Lección: Éxodo Cap. 37, versículos 20 al 29. 20Y en la caña del candelero había cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores,21y una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, conforme a los seis brazos que salían de él. 22Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro.23Hizo asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 24De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios. 25Hizo también el altar del incienso, de madera de acacia; de un codo su longitud, y de otro codo su anchura; era cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza. 26Y lo cubrió de oro puro, su cubierta y sus paredes alrededor, y sus cuernos, y le hizo una cornisa de oro alrededor.27Le hizo también dos anillos de oro debajo de la cornisa en las dos esquinas a los dos lados, para meter por ellos las varas con que había de ser conducido. 28E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de oro. 29Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro, aromático, según el arte del perfumador.

Tema A tratar En Esta Lección:

  1. El candelero: simbolizaba que Dios es la luz del mundo
  • a. El material:

1) Hecho de oro puro, labrado a martillo.

2) Hecho de una sola pieza: el pie, la caña central, sus copas en forma de flores, sus cálices y flores.

  • b. Tenía seis brazos:
  1. l) Tenía tres brazos a cada lado de la caña central.

2) Cada brazo tenía tres copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y flores.

3) La caña central tenía cuatro copas similares, en forma de flor de almendro.

4) Cada uno de los tres pares de brazos llevaba un cáliz por debajo.

5) Todos los ornamentos y brazos estaban hechos de oro y labrados de una sola pieza con el candelero.

  1. Las siete lámparas y sus accesorios:

1) Hechos de oro puro.

2) Se usaron 33 kilos de oro puro para hacer el candelero y todos sus utensilios

  1. El altar del incienso: simbolizaba la comunión y las oraciones del pueblo de Dios, que ascienden a la morada de Dios y son agradables a él
  • a. Hecho de madera de acacia.
  • b. Medía 0,45 metros de largo, por 0,45 metros de ancho, por 0,90 metros de altura.
  • c. Estaba cubierto de oro puro: la cubierta, los lados, los cuernos y la moldura.
  • d. Tenía dos anillos de oro fijados a cada lado, para meter las dos varas con las que se transportaría el altar.
  • e. Las varas estaban hechas de madera de acacia y cubiertas de oro.
  • f. El aceite de la unción y el incienso aromático fueron obra de perfumadores expertos.

   Comentario del tema: En el mobiliario del tabernáculo hubo emblemas de un servicio espiritual aceptable. El incienso representaba las oraciones de los santos. El sacrificio del altar representaba al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La vasija de oro con maná o pan del cielo, la carne de Jesucristo que Él dio por la vida del mundo. El candelero con sus luces, la enseñanza e iluminación del Espíritu Santo. El pan de la proposición representaba la provisión para quienes tienen hambre y sed de justicia, que dan abundantemente el evangelio, las ordenanzas y los sacramentos de la casa de oración. —La precisión de los artesanos con la regla debiera ser seguida por nosotros, procurando las influencias del Espíritu Santo, para que podamos regocijarnos en Dios y glorificarle mientras estemos en este mundo y para estar con Él al final para siempre.

   [c]. El candelabro, 37:17–24. El candelabro de oro puro modelado a martillo fue construido en una forma que semejaba un árbol. Posiblemente se refería al árbol de la vida (Gén. 2:9) y combinaba el concepto de la vida con el de la luz que se asocia con la vida. También tenía dos propósitos funcionales: Proveía luz para un lugar oscuro y daba belleza al lugar santo. Era todo de una pieza sin soldadura y tenía siete lámparas o brazos (menorah 4501). El tallo o tronco central era a modo de un almendro, el primer árbol que florecía en la primavera y simbolizaba la vida que despertaba a la voz de Dios (ver Jer. 1:11). Del tallo central arrancaban seis brazos laterales y con cálices en forma de botón y flor de almendro (v. 14) para adorno (ver

  1. 19–21).

   [d]. El altar del incienso y el aceite, 37:25–29. El altar era cuadrado, de un codo de largo, de un codo de ancho y de dos codos de alto (v. 25; = 45 cm. x 45 cm. x 90 cm. aprox.). También estaba hecho de madera de acacia recubierto de oro puro. Tenía cuernos recubiertos de oro y dos aros de oro donde se colocaban las varas para transportarlo. Posiblemente los cuernos simbolizaban la fuerza divina. El altar se colocaba delante del velo que dividía el tabernáculo (30:6) y se quemaba incienso aromático sobre él cada mañana cuando se preparaban las lámparas y cuando se encendían las lámparas al anochecer (30:7, 8).

   Texto: Romanos Cap. 8, versículo 34. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”.

   Comentario del texto: [33, 34]. ¿Quién presentará algún cargo contra los escogidos de Dios? Es Dios quien justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús [es] el que murió, aún más, el que fue resucitado de entre los muertos, el que está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

   El v. 33 es probablemente un eco intencional de las palabras que encontramos en Is. 50:8, 9a: “Cercano está de mí el que me salva [o vindica]; ¿quién contenderá conmigo?… He aquí que Jehová el Señor me ayudará. ¿Quién hay que me condene?”

   Las preguntas retóricas—“¿Quién presentará algún cargo …?” “¿Quién es el que condena?”—importan una vigorosa negación contra la sugerencia que haya algún cargo o condenación que tenga validez.

   ¿No son éstos los escogidos de Dios? ¿No es eso lo que se implica en 8:29: “conocidos de antemano … predestinados”?

   Por cierto, cuando, en la disputa entre el sumo sacerdote Josué y Satanás, Dios defendió a Josué y reprendió a Satanás, este último fue silenciado inmediatamente (Zac. 3:1–5). Cuando Dios justifica a una persona, todas las acusaciones pierden validez.

   La naturaleza lógica de esta respuesta resalta aún más claramente por las palabras que siguen, a saber “Cristo Jesús [es] el que murió … fue resucitado de entre los muertos … está a la diestra de Dios … intercede por nosotros”.

   Nótese aquí en forma especial la frase “aún más” insertada entre la referencia a la muerte de Cristo y su resurrección.

   Es probable que la misma exprese no solamente la relación climática entre los dos primeros elementos, sino entre todos los elementos de la serie. Por cierto, por medio de la muerte de Cristo fueron borrados los pecados de su pueblo. Pero este hecho fue establecido y puesto fuera del alcance de toda exitosa contradicción posible por medio de la resurrección de entre los muertos. Véase sobre Ro. 4:25. Y la exaltación del Hijo de Dios a la diestra de Dios—Mt. 26:64; Mr. 14:62; Lc. 22:69; Hch. 2:33; 3:13; 5:31; 7:55, 56; Ef. 1:20; Col. 3:1; Heb. 1:3; 2:9; 8:1; 10:12; 12:2; 1 P. 1:21; 3:22; Ap. 5:12—que simboliza el honor, el poder y la autoridad otorgados a él como recompensa por su obra mediadora plenamente lograda, fortalece aún más esta conclusión.

   El clímax de la certeza es alcanzado en la cláusula: “que también intercede por nosotros”—Is. 53:12; Lc. 23:34; Jn. 14:16; 1 Jn. 2:1; Heb. 7:25—porque, ¿cómo se podría imaginar que el Padre se negaría a atender las oraciones intercesoras del Hijo que tan plena, maravillosa y gloriosamente cumpliera la tarea que le fue dada (Jn. 17:4)? ¿Acaso no le dijo el Hijo mismo al Padre: “Yo sabía que siempre me oyes”? (Jn. 11:42 a).

1er Titulo:

Las siete lámparas del candelero representan la plenitud del Espíritu de Dios. Versíc. 20 al 24. 20Y en la caña del candelero había cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores, 21y una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, conforme a los seis brazos que salían de él. 22Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro. 23Hizo asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 24De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios. (Léase Isaías 11:2. 2Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová; ▬ Apocalipsis 4.5. 5Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.). 

   Comentario (hay que tomar de la lección anterior para su mayor comprensión): [4] (Éxodo 37: 17-24). Tabernáculo de Moisés – Candelero – Luz − Símbolo de la luz del mundo − Brillar: A continuación, Bezaleel hizo el candelero de oro, que simbolizaba que Dios es la luz del mundo. Uno de los atributos más significativos de Dios es la luz. Sin la luz de Dios, el mundo estaría perdido en la oscuridad. Nadie vería qué camino seguir: nadie vería el propósito, ni el sentido, ni la importancia de la vida. La luz ayuda al ser humano a ver el camino y la verdad, a ver de qué se trata la vida. La luz brilla en la obra de las manos de Dios, mostrando a todos su poder en la vida de los hombres.

-a. El candelero estaba hecho de oro puro labrado a martillo, de una sola pieza que comprendía el pie, la caña central, los seis brazos, las copas en forma de flores, los cálices y las flores (v. 17).

-b. Los seis brazos salían de la caña central, tres a cada lado (v. 18). Cada uno tenía tres copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y flores (v. 19). La caña central tenía cuatro copas similares, en forma de flor de almendro (v. 20). Cada uno de los tres pares de brazos llevaba un cáliz por debajo (v. 21). Todos los ornamentos y brazos estaban hechos de oro y labrados de una sola pieza con el candelero (v. 22).

-c. Las siete lámparas y sus accesorios estaban hechos de oro puro (v. 23). Se usaron 33 kilos de oro puro para hacer el candelero y todos los utensilios (v. 24).

    Pensamiento 1. El candelero iluminaba a todo aquel que entrara al lugar santo del tabernáculo. Lo mismo sucede con el creyente: cuando entra en la presencia de Dios, la luz de Dios brilla sobre él. El creyente se convierte en la luz de Dios para el mundo.

(1) Repasemos lo que las Escrituras dicen sobre la luz de Dios.

(a) La luz de Dios exige que creamos y confiemos en la luz.

   “Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos” (Jn. 12:36).

(b) La luz de Dios elimina el miedo que hay en nuestro interior.

   “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal. 27:1).

(c) La luz de Dios nos muestra el camino incluso cuando la oscuridad nos rodea por todas partes.

   “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz” (Mi. 7:8).

(d) La luz de Dios exige que hagamos la obra de Dios en tanto podamos.

   “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4).

(e) La luz de Dios jamás se apagará, sino que perdura para siempre.

   “No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados” (Is. 60:20).

(f) La luz de Dios brilla a través de nosotros para alumbrar al mundo.

   “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento” (Is. 60:3).

   “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

   “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

   “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

   “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

   “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts. 5:5).

(2) Veamos qué dicen las Escrituras sobre la luz de Jesucristo.

(a) La luz de Jesús es la luz verdadera.

   “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn. 1:9).

   “Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” (1 Jn. 2:8).

(b) Jesús es la luz del mundo y su luz disipa las tinieblas.

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

(c) La luz de Jesús da vida a los hombres.

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).

(d) La luz de Jesús resplandece en nuestro corazón y nos da el conocimiento de Dios.

   “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).

(e) La luz de Jesús alumbra a los que viven en tinieblas y a los que viven en sombra de muerte

   “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lc. 1:79).

(f) La luz de Jesús es una gran luz.

   “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mt. 4:16; vea Is. 9:2).

(g) La luz de Jesús iluminará la nueva Jerusalén.

   “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Ap. 21:23).

   Comentario de Isaías 11:2: El v. 2 describe el carácter de este rey ideal, que sería todo lo contrario de los reyes de Asiria e Israel. Sobre él reposaría el Espíritu de Jehovah y lo coronaría con estas cualidades:

(1) Sabiduría: Para conocer el propósito de su alta investidura y actuar de acuerdo con las expectativas del Señor.

(2) Inteligencia: para saber cómo actuar en cada circunstancia.

(3) Consejo: Para alcanzar las vías y los medios para lograr sus objetivos. Esta cualidad es también expresada por el título Péle 6383, Yoéts 3272, “Admirable Consejero” de 9:6 (ver comentario allí).

(4) Fortaleza: Es la cualidad del poder y del valor para llevar a cabo todo su consejo. La palabra en hebreo es gueburah 1376, y eso le asocia con el título El Guibor 1376, “Dios Fuerte” en 9:6.

(5) Conocimiento: Por el par qué forma esta cualidad con temor de Jehovah (v. 2), podemos darnos cuenta que este es el conocimiento de la voluntad de Jehovah, que nutre en él una conciencia ética.

(6) Temor de Jehovah: Es la convicción constante y positiva de que es a Jehovah a quien ha de dar cuenta de sus hechos.

   Comentario de Apocalipsis 4:5. [5]. Y del trono salían relámpagos, y estruendos, y truenos, y siete antorchas llameantes ardían delante del trono, que son los siete espíritus de Dios. 6a. Y delante del trono era, por así decirlo, un mar de vidrio como cristal.

[a]. «Y del trono salían relámpagos, y estruendos, y truenos». En las palabras iniciales se encuentra un parecido con el último capítulo de Apocalipsis, donde Juan habla de un río de agua viva «que salía del trono de Dios y del Cordero» (22:1). Para Juan, el trono de Dios describe la majestad y grandiosidad del Todopoderoso. Escribe con el recuerdo de un pasaje del Antiguo Testamento, a saber, la escena del monte Sinaí, cuando Dios dio el decálogo a los israelitas. «En la madrugada del tercer día hubo truenos y relámpagos, y una densa nueve se posó sobre el monte. Un toque muy fuerte de trompeta puso a temblar a todos los que estaban en el campamento» (Éx. 19:16; comparar con Job 37:4, 5).

   Debemos leer este pasaje en forma simbólica, porque el trono de Dios es tan asombroso que Juan sólo lo puede describir mediante fenómenos naturales como relámpagos, estruendos y truenos. Estos fenómenos son símbolos que en la naturaleza manifiestan la grandiosidad, poder y fuerza de Dios (Job 36:29, 30; Sal. 18:13–15; 29:3–5).

[b]. «Y siete antorchas llameantes ardían delante del trono, que son los siete espíritus de Dios». Una vez más, el simbolismo de este texto se manifiesta ahora en el número siete, que se emplea dos veces. Es el número de la integridad y de la plenitud. Las siete antorchas representan una abundancia de luz en el trono de Dios, y los siete espíritus son una representación de la plenitud del Espíritu Santo (véase el comentario sobre 1:4; y ver 3:1; 5:6). Juan ha tomado este simbolismo del candelabro de oro en el tabernáculo (Éx. 25:31–40; 27:20–21; 40:24–25; Lv. 24:1–4) y de la profecía de Zacarías (4:2). Este candelabro de siete brazos estaba frente al santo de los santos. La manifestación es mucho más la de antorchas resplandecientes que la de un candelabro de aceite (compárese con Ez. 1:13). El fuego resplandeciente de las antorchas da luz, pero también describe la santidad de Dios, que no tolera ningún pecado en su presencia (Sal. 18:8; 50:3; 97:3; Dn. 7:10).

   Estas siete antorchas representan los siete espíritus de Dios. El simbolismo de la plenitud del Espíritu de Dios apunta a la obra que realiza el Espíritu Santo con respecto a interpretar la voluntad de Dios, alentar y consolar a su pueblo, santificar a los santos y reprender a los pecadores (véase Jn. 16:7–11; Hch. 2:17–21).

[c]. «Y delante del trono había, por así decirlo, un mar de vidrio como cristal». Juan caracteriza lo que observó indicando que un espacio delante del trono parecía un mar de vidrio similar al cristal. El cristal tiene la calidad de la claridad, de modo que se puede ver a través del mismo. Esto quiere decir que los santos en el cielo pueden ver la sabiduría de Dios en acción. Es clara y, con todo, profunda (Éx. 24:9–10).

    Las interpretaciones del «mar de vidrio» varían. Escribe Caird: «El mar de vidrio es el depósito de mal del cual surge el monstruo [o sea, la bestia que sale del mar] (13:1)».18 Pero resulta difícil imaginar un depósito de mal ante el trono de Dios, donde no se permite que entre el pecado. Otros comparan la frase con la fuente de agua en bronce que se utilizaba en el templo de Salomón (1 R. 7:23–26; 2 R. 16:17).

   El lavado de pies y manos por parte de los sacerdotes en la época del Antiguo Testamento era símbolo de la sangre purificadora de Cristo que lava los pecados de los santos en tiempos del Nuevo Testamento. Otras propuestas son que se refiere al firmamento que separa el cielo de la tierra; a un mar celestial que separaba a un Dios santo de todo lo que había hecho; o a un cuadro del vítreo Mar Egeo en un día de verano que Juan, exiliado en Patmos, podía ver. Todas estas propuestas tienen cierto valor, pero como Juan describe el cielo con símbolos, debemos evitar ser dogmáticos al respecto. Quizá haríamos bien en fijarnos en los comparativos «por así decirlo» y «como». El vidrio en épocas antiguas era opaco, en tanto que el cristal era transparente. Parece que el énfasis se encuentra en la claridad para indicar la comprensión y perspicacia infinitas de Dios (véase también 15:2).

2° Titulo:

El altar es el lugar sagrado de adoración a Dios. Versíc. 25 al 28. 25Hizo también el altar del incienso, de madera de acacia; de un codo su longitud, y de otro codo su anchura; era cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza. 26Y lo cubrió de oro puro, su cubierta y sus paredes alrededor, y sus cuernos, y le hizo una cornisa de oro alrededor. 27Le hizo también dos anillos de oro debajo de la cornisa en las dos esquinas a los dos lados, para meter por ellos las varas con que había de ser conducido. 28E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de oro. (Léase Hebreos 4:16. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.; ▬ Apocalipsis 8:3. 3Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.).

  Comentario del título 2 y 3: [5] (Éxodo 37:25-29). Tabernáculo de Moisés − Altar del incienso − Oración − Intercesión: Luego, Bezaleel construyó el altar del incienso. Este altar estaba hecho de madera de acacia y medía 0,45 metros de largo, 0,45 metros de ancho y 0,90 metros de altura (v. 25). Estaba cubierto de oro puro: la cubierta, los lados, los cuernos y la moldura (v. 26). Tenía dos anillos de oro fijados a cada lado para meter las dos varas con las que se transportaría el altar (v. 27). Las varas estaban hechas de madera de acacia y cubiertas de oro (V. 28). El aceite de la unción y el incienso aromático fueron obra de perfumadores expertos (v. 29). El altar del incienso simbolizaba la comunión y las oraciones del pueblo de Dios, que ascienden a la morada de Dios y son agradables a él (vea bosquejo y notas de Ex. 30:1-10). La oración es la herramienta más poderosa que Dios da a su pueblo, pero desafortunadamente es la menos usada. Hay creyentes que conocen la importancia de la oración, pero raramente oran. ¿Por qué? ¿Por qué hay tantos creyentes que no oran tanto como deberían? Recuerde el tema del que trata este pasaje de las Escrituras: aprender cuál es la única manera de acercarse a Dios. Muchas personas no oran simplemente porque nunca aprendieron cómo acercarse a Dios.

   Pensamiento 1. El altar era pequeño de estatura, pero bajo ningún concepto era de menor importancia. El trabajo del sacerdote estaba incompleto si omitía el altar del incienso. Sus tareas incluían tanto la oración como ocuparse de encender las lámparas del candelero y cambiar el pan de la mesa de la proposición. A veces tenemos tantos quehaceres por delante que olvidamos el altar del incienso; quedamos tan absortos en esta vida que olvidamos orar. Este altar es demasiado importante para pasarlo por alto: simbolizaba la comunión y las oraciones del pueblo de Dios, que ascienden a la morada de Dios y son agradables a él. La lección es contundente: debemos orar; debemos interceder en el altar del incienso.

♦ Debemos invocar el nombre del Señor.

   “Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová” (Sal. 116:17).

   “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento” (Sof. 3:9).

   “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:13).

♦ Debemos orar y acumular un tesoro eterno de plegarias para Dios.

   “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Ap. 5:8).

   “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono” (Ap. 8:3).

♦ Debemos buscar a Dios y su poder continuamente.

    “Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente” (1 Cr. 16:11).

♦Debemos velar y orar para resistirnos a la tentación.

    “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt. 26:41).

♦No debemos rendirnos: debemos seguir presentándonos ante Dios en oración.

   “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lc. 18:1).

♦Debemos hacer nuestras peticiones en el nombre de Jesús.

   “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 16:24).

♦Debemos orar por medio del poder y la ayuda del Espíritu Santo.

   “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Ro. 8:26-27).

   “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18).

♦Debemos orar siempre.

    “Orad sin cesar” (1 Ts. 5:17).

♦Debemos orar con humildad.

    “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr. 7:14).

♦Debemos orar de todo corazón.

   “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

♦Debemos orar con una fe inamovible.

   “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mr. 11:24).

   “Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14).

♦Debemos orar con fervor.

   “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Stg. sus).

♦Debemos hacer las cosas que agradan a Dios.

   “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Jn. 3:22).

   Comentario de Hebreos 4:15-16: Jesucristo, Sumo sacerdote.

    (Hebreos 4:15-16) Jesucristo, Sumo sacerdote: El significado del sumo sacerdocio de Jesús para el hombre tiene cinco aspectos:

[1]. Tenemos un Sumo sacerdote que sufre con nosotros. La palabra “conmovido” (sunpathesai) significa compadecerse, sentir, sufrir con. Significa compadecerse y sentir con una persona al punto que la herida y el dolor se siente en realidad dentro del propio corazón de uno. La idea es que Jesucristo en verdad sufre cuando nosotros sufrimos. Él sabe y sufre junto con nosotros cuando nosotros…

  • nos enfermamos • carecemos de propósito • sufrimos pruebas • enfrentamos las tentaciones • perdemos un ser querido • nos golpea el sufrimiento • caemos en pecado • carecemos de dinero • tenemos un accidente • tenemos hambre • carecemos de ropas • nos sentimos solitario • sufrimos persecución • nos enfrentamos a la muerte • nos sentimos vacíos

   Cualquier prueba, dolor, tentación, o sufrimiento, cualquier enfermedad o debilidad, cualquiera que sea y todas las experiencias humanas, Jesucristo realmente se compadece y las sufre con nosotros. Él sufre y se duele en verdad junto con nosotros. No podríamos pedir un Salvador más grande; no podríamos añorar un Intercesor más grande; no podríamos desear un Sumo sacerdote más grande para que nos representase ante Dios. Jesucristo es nuestro gran Sumo sacerdote. Él es nuestro representante ante Dios. Él es quien continúa el ministerio e intercesión gloriosa por nosotros, y Él “está conmovido con los sentimientos de nuestras enfermedades”, con todas nuestras debilidades y flaquezas humanas.

   “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí… No os dejaré huérfanos; vendré, a vosotros” (Jn. 14:1, 18).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión” (He. 4:14).

   “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Sal. 103:13).

   “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad” (Is. 63:9).

[2]. Tenemos un Sumo sacerdote que fue tentado en todo según nuestra semejanza, aun así, Él no cometía pecado. Debemos recordar esta verdad gloriosa y nunca olvidarla, porque es el fundamento mismo de la salvación del hombre. Ningún hombre será salvo a menos que Jesucristo sí haya vivido una vida sin pecados. ¿Por qué? Porque algún hombre tiene que vivir una vida sin pecado y garantizar la justicia ideal y perfecta que cubre al hombre pecaminoso. Aparte de Cristo no hay justicia ideal que pueda presentarse ante Dios y ganar la aceptación de Dios. Y solo la perfección, solo lo ideal, puede presentarse ante Dios. Por consiguiente, si Cristo no nos ha garantizado la justicia ideal y perfecta, entonces no hay justicia que nos cubra, ni justicia en la que podamos creer ni confiar, ni justicia que nos haga ganarnos la aceptación de Dios.

   Pero esta es la buena nueva gloriosa, y ese es el objetivo de este versículo: Jesucristo no cometió pecado alguno. Él fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero Él nunca pecó. Él sufrió cada experiencia y cada prueba y tentación que nosotros sufrimos. Y Él las soportó todas, sin pecar. William Barclay señala que Cristo hasta soportó más de lo que tendremos que soportar, mucho más:

   “Él es como nosotros en todas las cosas – excepto que El emergió de todo completamente impecable… El hecho de que Jesús no pecara necesariamente significa que Él conoció profundidades y tensiones y asaltos de tentaciones que no conocemos y no podremos conocer. Su batalla lejos de ser fácil fue incalculablemente difícil. ¿Por qué? Por la siguiente razón, nosotros caemos en tentación mucho antes de que el tentador haya desbordado todo su poder. Fácilmente nos derrotan; nunca conocemos la tentación en su faceta más feroz y más terrible, porque caemos mucho antes que se alcance esa etapa. Pero Jesús fue tentado como nosotros, y más allá de cómo somos tentados nosotros. Porque en su caso el tentador puso toda cuanta tenía en el asalto, y Jesús lo soportó. Piense en ello con relación al dolor. Existe un grado de dolor que el ser humano puede soportan y cuando se alcanza ese grado la persona se desmayó y pierde el conocimiento; ha llegado a su límite. Existen agonías de dolor que él no conoce, porque hubo un desmayo. Así sucede con la tentación. Nosotros nos desmayamos ante la tentación; pero Jesús alcanzó nuestra etapa de tentación y mucho más allá y aun así no se desmayó. Se puede decir que Él fue tentado en todo según nuestra semejanza; pero también se puede decir que nunca se ha tentado a un hombre como se le tentó a Él” (La Epístola a los Hebreos, p. 38).

   “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?” (Jn. 8:46).

   “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” “(2 Co. 5:21).

   “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15).

   “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (He. 7:26).

   “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14).

   “sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:19).

   “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 P. 2:22).

   “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).

[3]. Podemos acercarnos a Dios, confiadamente. Pero note estos dos aspectos:

-a. Dios se sienta en un trono, el asiento de la autoridad, del poder, del honor, la gloria, el respeto, y la reverencia. Por lo tanto, debemos acercarnos a Él con respeto y reverencia.

-b. Dios se sienta en un “trono de gracia”. Gracia significa que Dios es amor, y que añora desbordar su amor y sus bendiciones sobre el hombre. Pero ¿cómo podría Dios, que se sienta en el trono majestuoso y glorioso del universo, tener tanta gracia para con el hombre? ¿Cómo Dios podría amar al hombre, amar a una criatura que constituye una parte tan pequeña de tan vasto universo? ¿Amar a una criatura que ha maldecido, negado, ignorado y se ha rebelado contra el Señor Soberano del universo? Por Cristo Jesús. Cristo se encuentra allí en la sala del trono de Dios, y Él se encuentra sentado allí como el Salvador del mundo, como el Hombre perfecto e ideal que sacrificó su vida por los pecados del mundo. Él se encuentra allí abogando por nosotros ante Dios. Y todo cuanto Dios hace es escuchar a su Hijo. Lo que Jesús pida, el Padre lo complace. Jesucristo es nuestro representante, nuestro intercesor, nuestro gran Sumo sacerdote ante el trono de Dios. Él ha convertido el trono de Dios de un trono de juicio en un trono de gracia. Por ende, “acerquémonos confiadamente al trono de la gracia”. Tenemos el derecho, así pues, hagámoslo. Acerquémonos a Dios a través de Jesucristo, y Dios concederá cualquier cosa que pidamos por medio de Cristo. El trono de Dios ahora es un trono de gracia; ahora está abierto a cualquier persona que quiera acercarse a él, no importa cuán mala o terrible haya sido la vida que haya vivido. Dios la recibirá a través de Cristo Jesús.

   “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Ef. 3:11-12).

   “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:16).

   “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (He. 10:19-22).

   “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Jn. 4:17).

[4]. Ahora podemos hallar la misericordia de Dios. Necesitamos a Dios para recibir nosotros su misericordia porque hemos pecado contra Él. Hemos hecho contra Dios todo cuanto se pueda imaginar. _.

  • lo hemos ignorado • lo hemos desobedecido • lo hemos descuidado ‘ lo hemos rechazado • nos hemos rebelado • lo hemos negado en su contra • lo hemos maldecido

   Dios perdonará nuestros pecados; Él tendrá misericordia de nosotros. Pero debemos acercarnos al trono de gracia y pedir misericordia. Debemos reconocer que la misericordia solo viene a través de Cristo Jesús, el gran Sumo sacerdote. Él y solo Él conoce nuestra necesidad de misericordia, Él y solo Él soportó nuestros pecados y pagó la pena y la condenación. Él y solo Él puede representamos ante Dios.

  “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y’ asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:4-10).

   “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit. 3:5).

   “Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta” (Lm. 3:12).

   “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Mi. 7:18).

[5]. Ahora podemos hallar gracia para el socorro en tiempo de necesidad. ¡Qué promesa más gloriosa! Ahora contamos con el socorro para que nos acompañe a través de la vida. No importa qué nos confronte, pruebas, problemas, tribulación, tentación, ahora contamos con el socorro, el socorro de Dios mismo. Dios desbordará su maravillosa gracia sobre nosotros, todas sus fuerzas y bendiciones. La gracia de Dios nos fortalecerá para atravesar las pruebas y problemas. Su gracia nos ayudará a vencer y triunfar sobre todas las circunstancias y situaciones. Pero recuerden por qué Dios puede hacerlo: “Porque Jesucristo ha padecido la misma experiencia. Él ha estado en la tierra, y ha sufrido las mismas pruebas”. Por lo tanto, Él sabe cómo andar y vencer las pruebas y padecimientos. Todo cuanto tenemos que hacer es acercamos confiadamente al trono de gracia y pedírselo.

   “Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Co. 1:4-5).

   “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).

   “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Co. 9:8).

   “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Co. 12:9).

   “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Ef. 2:7).

   “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

   “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

   “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Ti. 4:18).

   “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (He. 13:6).

   Comentario de Apocalipsis 8.3: [b]. «Y otro ángel vino y permaneció de pie en el altar». Juan quiere mostrar al lector otro acontecimiento que se está produciendo en el altar. De ahí que la escena cambie no para indicar una demora en el sonido de las trompetas, sino para revelar en el párrafo intermedio el efecto que tienen las oraciones

de los santos en el curso de la historia. El punto focal se encuentra en el ángel y en el altar.

   No se nos dice nada acerca de la identidad de este ángel. Si el texto mismo no es explícito, no deberíamos ver en él la identidad del Señor Jesucristo. El contexto no indica que Juan esté hablando del Señor, aunque algunos puedan decir que el incienso es una referencia simbólica a Jesucristo, quien sirve como intercesor de los santos en el cielo (Ro. 8:34; Heb. 7:25; 9:24). La multitud de ángeles es tan grande que este ángel es sólo uno de ellos. Por ejemplo, la expresión otro ángel se encuentra en otros pasajes (10:1; 18:1); y el adjetivo otro tiene como fin alertar al lector acerca del poderoso ángel que dio la llamada para romper los sellos del rollo y abrirlo (5:2). El ángel, sin embargo, es sólo un servidor que actúa en el altar de incienso; no es un mediador y no pretende asumir el lugar de Jesús.

   El altar del incienso en el tabernáculo era una copia del que estaban en el cielo. Este altar era sumamente santo para el Señor Dios, porque en sus cuernos una vez al año el sumo sacerdote expiaba con la sangre de la ofrenda por el pecado (Éx. 30:10). Con su sacrificio en la cruz, Jesús ha satisfecho la necesidad de expiación de una vez por todas. Con ella quitó los pecados de su pueblo (Heb. 9:28), y perfeccionó a su pueblo y a sus oraciones.

   [c]. «[El ángel] tenía un incensario de oro y se le dio mucho incienso, para ofrecerlo con las oraciones de todos los santos en el altar de oro delante del trono». Un incensario es un recipiente con incienso, que a menudo se hacía con resina aromática de un árbol de olíbano. Este incienso se quemaba para que el humo penetrara toda el área con su fragante aroma. Es de suponer que Dios dio al ángel una cantidad abundante de incienso. La multitud de oraciones que pronunciaban todos los santos en la tierra tenían que ir mezcladas con esta fragancia de aroma dulce (compárese con 5:8)

   Debido a nuestra naturaleza humana pecadora, las oraciones son incompletas y defectuosas. Por esta razón deben presentarse con la fragancia de incienso, que las hace aceptables a Dios. Todas nuestras oraciones muestran deficiencias, siendo el egoísmo, los formalismos y el apresuramiento sus principales detractores. Todas nuestras súplicas y expresiones de acción de gracias deben ser santificadas y perfeccionadas para que lleguen a la presencia de Dios. En uno de sus salmos David dice, «Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos, como un sacrificio vespertino» (Sal. 141:2). La presentación de todas las oraciones de los santos demuestra unidad, armonía y fuerza. «La oración del justo es poderosa y eficaz» (Stg. 5:16). Estas oraciones unidas se elevan delante del trono, referencia simbólica a Dios. Este texto menciona dos veces la expresión de oro para describir el incensario y el altar. El oro alude a la perfección del cielo (véase, p.ej., 21:18, 21). En este contexto, las oraciones de los santos son perfeccionadas y la respuesta a los santos es a veces sorprendente. Por ejemplo, la oración de Elías influyó en la atmósfera de modo que se acabó la sequía (1 R. 18:42–45).

[d]. «Y el humo del incienso con las oraciones de los santos se elevó desde la mano del ángel delante de Dios». Las imperfecciones que penetran las oraciones de los santos se eliminaron, de manera simbólica, con el humo aromático, para que sus intercesiones, peticiones y alabanzas ascendieran al trono de Dios. Siempre que oramos, el ejercicio mismo parece ser sencillo. Pero quienes se dedican seriamente a orar saben que exige concentración y esfuerzo. Cuando nuestras oraciones se elevan, son colocadas en el altar. Luego un ángel toma nuestras súplicas, las coloca en un incensario, y las presenta a Dios. Una vez más, el ángel no es un mediador sino sólo un servidor en este proceso. Jesucristo, como intercesor, perfecciona nuestras oraciones y peticiones (Ro. 8:34).

3er Titulo:

Aceite, símbolo del Espíritu Santo. Versíc. 29. 29Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro, aromático, según el arte del perfumador. (Léase 1ª a Samuel 16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.; ▬ San Mateo 25:3 y 4. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.).

   Comentario de 1ª de Samuel 16.13. (16.13) David fue ungido rey, pero se hizo en secreto. No fue coronado sino hasta mucho tiempo después (2 Samuel 2.4; 5.3). Saúl seguía siendo legalmente el rey, pero Dios estaba preparando a David para sus responsabilidades futuras. El aceite de la unción que fue derramado sobre la cabeza de David simbolizaba santidad. Era utilizado para apartar personas u objetos para el servicio a Dios. Cada rey y sumo sacerdote de Israel era ungido con aceite. Esto los comisionaba como representantes de Dios ante la nación. A pesar de que Dios rechazó el reinado de Saúl al no permitir que ninguno de sus descendientes se sentase en el trono de Israel, Saúl mismo permaneció en su puesto hasta su muerte.

   La selección de David, 16:6–13. Samuel no tenía otro criterio de evaluación que la apariencia física, criterio que motivó la exclamación del pueblo referente a Saúl: ¡Viva el rey! Como Saúl fue imponente en su apariencia (10:24), así también lo era Eliab, el primogénito de Isaí. Pero aquí aprendemos que sólo Dios mira al corazón (16:7). El hombre no puede más que mirar lo que está delante de sus ojos (lit. mirar los ojos). Jehovah mira o ve aun los pensamientos (Jer. 20:12). Hay una repetición destacada de la palabra “ve” en esta sección. En la LXX, dice el v. 4: ¿Vienes en paz oh vidente? Fue algo común la palabra vidente para designar al profeta como uno que veía el futuro (ver el comentario sobre 9:6–19). Pero sólo veía lo que Dios le mostraba. Y luego en el v. 7 se menciona la palabra ver o “mirar” cinco veces. Con razón pide el salmista en el Salmo 119:18: “Abre mis ojos, y miraré…” Quizás pensando en ese versículo, Clara Scott escribió, en el siglo pasado, el himno “Abre Mis Ojos a la Luz”. Todavía cantamos con gusto la letra que dice: “Abre mis ojos a la luz, Tu rostro quiero ver Jesús; Pon en mi corazón tu bondad, Y dame paz y santidad.” En ese sentido, todos podemos ser videntes, viendo la Luz de la vida.

   Después de hacerles pasar a todos sin resultado, pregunta Samuel si no hay otro. El v. 10 dice que eran siete. Da la impresión que con David eran ocho en total. Sin embargo, dice 1 Crónicas 2:13–15 que eran siete en total. Puede que uno murió poco después o que los siete de referencia aquí en 1 Samuel 16 incluye anticipadamente a David también. Lo importante es que uno de estos hijos de Isaí sería el designado por Dios y que todavía no estaba presente. Samuel dice que no se sentarían hasta que llegara el más joven. La palabra “sentarse” (v. 11) quiere decir “dar la vuelta” o “rodear”. Quizás se refiere a la costumbre de rodear la mesa y en ese sentido sentarse para comer. Es más probable la sugerencia de algunos que proponen la idea de volver o seguir con otra cosa. Es decir, no podrían seguir con la cena o fiesta hasta que el más joven se presentara. Evidentemente el más joven no fue estimado y no se le daba lugar a la par de los mayores. A menudo fue dejado con las tareas más humildes. En este caso David se había quedado apacentando (pastoreando) las ovejas. Nunca se imaginaba que pronto sería el pastor de Israel y que el gran Hijo de David, el Señor Jesucristo, sería el cumplimiento cabal de este cuidado pastoral por todos los siglos. (Eze. 34:23).

   David se describe como rubio, de ojos llamativos y bien parecido (v. 12). La palabra rubio o de tez sonrosada es lit. rojo. La palabra lat. es rufus. Sería algo inusitado ver en Israel a un pelirrojo, puesto que la mayoría tendría el pelo castaño. Llamaban también la atención sus ojos, cosa de frecuente comentario entre los judíos (ver Gén. 29:17; Cant. 5:12; Sal. 73:7 como 1 Sam. 14:27). Su buena presencia quiere decir lit. “de buen mirar”, es decir bueno para mirar. Todo esto llamaba la atención de Samuel, pero no por eso le ungió, sino porque Dios había visto su corazón y era conforme al corazón suyo (Hech. 13:22).

   Este ungimiento de David tomó lugar en privado. Fue ungido tres veces en total (2 Sam. 2:4; 5:3). Una vez en preparación, otra vez proclamado rey de Judá y al fin presentado como rey sobre todo Israel.

   Jesucristo es el Ungido de Dios (palabra Mesías en heb.). Él fue ungido para ser profeta durante su ministerio terrenal (Isa. 61:1), para ser sacerdote en su muerte, resurrección y ministerio actual (Mar. 14:8), y para ser rey en su reino milenario (Dan. 9:24). En el AT, los profetas, sacerdotes y reyes fueron ungidos para simbolizar la presencia del Espíritu Santo en sus vidas para poder ministrar. Así también Jesucristo, quien es el Ungido de Dios, comparte el simbolismo dándonos a entender que es el Señalado por Dios con poder para llevar a cabo su ministerio tripartidario.

   Comentario de San Mateo 25:3 y 4: Las damas de honor se dividen en dos grupos: 2–4. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes. Porque las necias, habiendo llevado sus lámparas, no llevaron aceite consigo; pero las prudentes, juntamente con las lámparas, llevaron aceite en sus vasijas. Las diez son iguales en tantos aspectos. Todas tienen la intención de encontrar al esposo y acompañarlo al lugar donde se celebrarán las festividades. Todas tiene lámparas. Todas esperan que el esposo llegue antes de la venida del nuevo día, pero ninguna de ellas sabe la hora en que él llegará. Todas esperan participar en la fiesta de boda. Al tardar el esposo, las diez se duermen, un sueño del cual son despertadas repentinamente (vv. 5, 6).

   Pero, aunque las diez se parecen tanto entre sí en tantos detalles externos, su diferencia es aún más sorprendente. Es básica. Es lo que realmente cuenta: cinco eran necias, cinco prudentes. La insensatez del primer grupo consistía en que estaban completamente desapercibidas para recibir al esposo; porque, aunque habían tomado sus lámparas, no habían llevado aceite. Eso es lo que el texto indica claramente. A. T. Robertson dice: “Probablemente nada”. A. Edersheim: “Así que la necedad de las cinco vírgenes consistió … en la completa ausencia de preparación (cursivas de él) al no haber traído aceite en sus lámparas”. Lenski: “Las necias no llevaron aceite—en eso consistió su necedad”. Tenían lámparas, pero no tenían aceite. Eran descuidadas, imprevisoras, culpables de negligencia inexcusable y torpe, imprudentes, desatentas. Por el contrario, las sensatas estaban equipadas con una generosa provisión de aceite. Estaban plenamente preparadas.

Para la honra y gloria de Dios.

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(Tomado de la Biblia de Bosquejos y Sermones Éxodo 19 al 40; Tomo 11 de Hebreos Editorial Portavoz; Comentario Bíblico mundo Hispano Tomo 5 y 10; Comentario del nuevo testamento por William Hendriksen, Romanos, Mateo, Apocalipsis).

Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.