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Domingo 20 de diciembre de 2020. “Nuestro Señor Jesucristo, Gloria De Dios En La Tierra”

Domingo 20 de diciembre de 2020. “Nuestro Señor Jesucristo, Gloria De Dios En La Tierra”

    Lección: Hebreos Cap. 1, versículos 1 al 4. 1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

CAPÍTULO 1

  1. La revelación suprema: Jesucristo, el hijo de Dios, 1:1- 4:13
  2. Cristo es superior a los profetas, 1:1-3

   Lectura Bíblica: 1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas; 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Temas a estudiar en este contexto Bíblico:

  1. Jesucristo es el vocero supremo
  2. Jesucristo es el heredero constituido de todo
  3. Jesucristo es el Creador y hacedor de los mundos
  4. Jesucristo es la propia gloria de Dios mismo
  5. Jesucristo es la imagen expresa de Dios
  6. Jesucristo es quien sustenta el universo
  7. Jesucristo es el Redentor de la humanidad
  8. Jesucristo es el mediador supremo
  1. Cristo es superior a los profetas, 1:1-3

(l: l-4:13) Perspectiva general de la división: Revelación ▬ Dios: El hombre siempre ha sentido un deseo interno de vivir eternamente en un mundo perfecto. Por tanto, ha experimentado una necesidad interna de buscar e indagar si existe un Dios, y si existe, complacerlo y ganar su aprobación y aceptación. De ahí han provenido tantas religiones, de la lucha interna de los hombres por encontrar a Dios.

   La gran tragedia es la siguiente: “Los hombres han buscado a Dios a tientas como si se encontrasen en un mundo oscuro que no ha mostrado evidencia alguna de la existencia de Dios”. Pero eso sencillamente no es así; no hay necesidad de que el hombre esté a oscuras acerca de Dios. ¿Por qué? Porque Dios se ha revelado a si mismo, y se ha revelado de muchas y diferentes formas.

=> A través de la naturaleza o lo que podría denominarse una revelación de su suprema deidad y poder. Una persona puede mirar la naturaleza y comprobar claramente la deidad y poder de Dios.

=> A través de la conciencia o lo que podría denominarse un testigo interno o un sentido del deber para con Dios.

=> A través de la ley o lo que podría denominarse una revelación de justicia suprema.

=> A través de la religión o lo que podría denominarse una revelación de cómo adorar y ser aceptados delante de Dios.

=> A través de los profetas y sacerdotes o lo que podría denominarse la revelación de Dios por medio de los mediadores o voceros humanos.

   La lista podría ser interminable, pero la verdad es que Dios se le ha revelado al hombre, y cada revelación ha sido muy importante para el entendimiento del hombre acerca de Dios. Pero a pesar de todas estas revelaciones, aún falta algo vital. Si el hombre ha de conocer a Dios, solo hay una forma, la misma forma en la que el hombre llega a conocer a alguien. El hombre puede conocer acerca de una persona, conocer la realidad acerca de la vida de una persona; pero hasta que no se encuentra personalmente con ella y se asocia y confraterniza con ella, no la conoce personalmente. Por ende, si el hombre hubo de conocer a Dios alguna vez, Dios tuvo que revelársele de la manera más suprema posible: Él tuvo que venir a la tierra y mostrársele al hombre, revelándole exactamente quién es Él y cómo es Él. En esto consisten estos cuatro capítulos. De hecho, en eso consiste por entero la Epístola a los Hebreos: La suprema revelación de Dios es Jesucristo, el propio Hijo de Dios. Dios se ha revelado a sí mismo de la manera más gloriosa posible: Él ha enviado a su propio Hijo al mundo.

   (l: l-3) Introducción: Los hombres por lo general consideran a los profetas de la religión como grandes hombres de Dios. Ellos han visto a los profetas de Dios.

  • como siervos muy especiales de Dios.
  • como hombres que recibieron de Dios un mensaje especial.
  • como hombres que podían decir a otros cómo ser aceptados ante Dios.
  • como hombres que podían decir a otros cómo vivir y agradar a Dios.

   Este concepto es acertado, igualmente el profeta era uno de los profetas elegidos del Antiguo Testamento. Los profetas del Antiguo Testamento eran grandes hombres de Dios. Eran hombres a quienes Dios les habló y a quienes Dios les confió su mensaje. Pero por grande que fueran los profetas del Antiguo Testamento, pierden relevancia al compararlos con Jesucristo, el propio Hijo de Dios. Jesucristo es muy, muy superior a los profetas.

  1. Jesucristo es el vocero supremo (v. 1).
  2. Jesucristo es el heredero constituido de todo (v. 2).
  3. Jesucristo es el Creador y hacedor de los mundos (v. 2).
  4. Jesucristo es la propia gloria de Dios mismo (v. 3).
  5. Jesucristo es la imagen expresa de Dios (v. 3).
  6. Jesucristo es quien sustenta el universo (v. 3).
  7. Jesucristo es el Redentor de la humanidad (v. 3).
  8. Jesucristo es el mediador supremo (v. 3).

Texto: San Juan Cap. 1, versículos 1 y 2. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.”

   Comentario: Este Evangelio empieza maravillosamente. Comienza describiendo la vida de Cristo en la eternidad, antes de que el mundo existiera. Aquella vida era rica y gloriosa, llena de infinita delicia y serena bienaventuranza en la presencia del Padre. Si se comprende esta verdad, se apreciará con más intensidad el amor condescendiente de Cristo al hacerse carne.

[1:1]. En el principio—cuando los cielos y la tierra fueron creados (Génesis 1:1) el Verbo ya existía. Esta es otra manera de decir que existía desde la eternidad. No fue, como algunos herejes afirmaban, un ser creado.

   Era el Verbo. Tanto Juan como los herejes hablaron sobre el Verbo (ὁ λόγος); pero, aunque el vocablo era el mismo, el significado era diferente. La doctrina de Juan no dependía de las doctrinas de herejes ni de las de filósofos especulativos como Filón, notable pensador de Alejandría que se destacó en el primer siglo de nuestra era. Uno nunca sabe qué hacer del logos de Filón. Aunque emplea este término más de mil trescientas veces, nunca le da un significado definido. En ocasiones lo describe como un atributo divino, pero a veces es como un puente entre Dios y el mundo, que no se identifica con ninguno de los dos pero que participa de la naturaleza de ambos. Filón alegorizaba y ello hace difícil la comprensión de su significado. Así, por ejemplo, al considerar, en su comentario de Génesis 3:24, a los querubines armados de una espada de fuego a la entrada del Edén para impedir el acceso al árbol de la vida, Filón los interpreta como dos potencias divinas: la misericordia y la soberanía de Dios. La espada es el Logos o la Razón que une a ambas. Balaam, el profeta necio, no tenía espada (Razón), ya que le dijo al asno: “Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría”.

   Desde luego, el término, tal como el evangelista lo emplea, no puede derivar su significado de una alegorización semejante. Sus raíces no están en el pensamiento griego sino en el semita. Ya en el Antiguo Testamento se presenta al Verbo de Dios como Persona. Véase especialmente Sal. 33:6: “Por la palabra de Jehová (LXX: τῷ λόγῳ τοῦ κυρίου) fueron hechos los cielos”. El mejor comentario de Juan 1:1 se encuentra probablemente en Pr. 8:27–30:

   “Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;

   Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;

   Cuando afirmaba los cielos arriba,

   Cuando afirmaba las fuentes del abismo;

   Cuando ponía al mar su estatuto,

   Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;

   Cuando establecía los fundamentos de la tierra;

   Con él estaba yo ordenándolo todo;

   Y era su delicia de día en día,

   Teniendo solaz delante de él en todo tiempo”.

   El término Verbo aparece en el Nuevo Testamento, para designar a Cristo, sólo en 1:1, 14; 1 Jn. 1:1; y Ap. 19:13. Una misma palabra sirve para dos propósitos distintos: a. da expresión al pensamiento interno, al alma del hombre, haciéndolo aun sin que haya nadie para oír lo que se dice o para leer lo que se piensa; y b. revela este pensamiento (y por lo tanto el alma del que habla) a otros. Cristo es el Verbo de Dios en ambos sentidos: expresa o refleja la mente de Dios; y también revela lo que es Dios al hombre (1:18; cf. Mt. 11:27; He. 1:3).

Y el Verbo estaba cara a cara con Dios (πρὸς τὸν θεόν).18 El significado es que el Verbo existía en la comunión más estrecha posible con el Padre, y que aquél hallaba supremo deleite en esta comunión. (Cf. 1 Jn. 1:2). Este gozo original se había imprimido tan profundamente en el Logos que nunca se borró de su conciencia, como se evidencia en su oración sacerdotal:

   “Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.

   De este modo la encarnación empieza a destacarse más claramente como una obra de infinita condescendencia e incomprensible amor.

   Y el Verbo era Dios. Para hacer recaer todo el énfasis en la absoluta divinidad de Cristo, en el original el predicado precede al sujeto. (και θεός ἦν ὁ λόγος). En oposición a todo hereje debe quedar bien claro que este Verbo era completamente divino.

   [2]. Este mismo estaba en el principio cara a cara con Dios. Este Verbo absolutamente divino, que existía desde la eternidad como una Persona distinta, gozaba de amorosa comunión con el Padre. De esta forma se confiesa una vez más la plena divinidad de Cristo, su eternidad, y su existencia personal y distinta, para refutar a los herejes y para que la iglesia quede afirmada en la fe y el amor de Dios.

1er Titulo:

Dios habla al hombre en todo tiempo. Versíc. 1 y 2. 1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. (Léase San Juan 1:12 y 13. 12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.).

   [1]. (1:1-2) Revelación – Jesucristo, deidad: Jesucristo es el vocero supremo de Dios. Esta es la primera razón por la que Él es superior a los profetas. Téngase en cuenta la gloriosa verdad: Dios le ha hablado al hombre. La mayoría de las personas se equivocan en cuanto a Dios, Él no se encuentra muy lejos, en alguna parte del espacio exterior, tan lejos que lo que le sucede al hombre y a su mundo le es indiferente. Lo cierto es todo lo contrario: Dios se preocupa por la vida de cada uno de nosotros, por las pruebas y problemas, el pecado y el mal, el sufrimiento y la enfermedad, la muerte y la destrucción, por todo lo que nos sucede. Por (tanto, Dios nos ha hablado; Él nos ha dado las maravillosas palabras de vida y de liberación. Él nos ha dicho exactamente cómo vencer las pruebas y tentaciones, la corrupción y la muerte de este mundo. ¿Cuándo Dios le habló al hombre, y dónde podemos encontrar el testimonio de la palabra de Dios? Si en verdad Dios no se encuentra en un lugar muy lejano, si Dios en verdad le ha hablado al hombre, entonces debemos hallar su Palabra y prestarle atención. Porque su Palabra significa vida eterna y victoria sobre todo el mal, las pruebas y la corrupción y muerte de esta vida. ¿Dónde se encuentra la Palabra de Dios? Se encuentra en dos lugares.

  1. Primero, la Palabra de Dios se encuentra en los profetas. En tiempos remotos Dios le habló al hombre por medio de sus profetas, es decir, por medio de personas a quien él eligió para proclamar su Palabra al mundo. ¿Quiénes son estas personas? Son los hombres y mujeres de las Escrituras del Antiguo Testamento. Pero considérese un aspecto significativo: Dios habló a través de los profetas…
  • “en diversos momentos”: Es decir, en muchas partes (po1umeros); en muchas revelaciones separadas, en muchos momentos diferentes.
  • de muchas maneras (polutropos).

   ¿Qué quiere decir esto? Ningún hombre podría recibir y comprender o explicar la revelación ‘completa de Dios. Dios y la verdad de Dios son demasiado grandes para cualquier hombre. Por lo tanto, Dios tuvo que revelarse ante muchas personas diferentes, y tuvo que usar muchas formas diferentes para hablarles a los hombres. Ningún hombre podría jamás retener o manifestar toda la revelación de Dios.

   Matthew Henry lo argumenta bien al decir que tuvo que darse una apertura gradual de la mente del hombre en lo concerniente al Mesías, el Salvador del mundo.

=> Dios le habló a Adán y le dijo que el Salvador vendría de la simiente de la mujer (Gn. 3:15).

=> Dios le habló a Abraham y le dijo que el Salvador vendría de su simiente (Gn. 12:3; 18:18; 22:18).

=> Dios le habló a Jacob y le dijo que el Salvador vendría de la tribu de Judá (Gn. 49: 10).

=> Dios le habló a David y le dijo que el Salvador nacería de su casa (2 S. 7: 13).

=> Dios le habló a Miqueas y le dijo que el Salvador nacería en Belén (Mi. 5:2).

=> Dios le habló a Isaías y le dijo que el Salvador nacerá de una virgen (Is. 7: 14).

   Note también en las diferentes formas en las que Dios les habló a los profetas:

=> Él le habló a Moisés con una gran voz tronante en medio de una tormenta (Ex. 19:19; Dt. 5:22).

=> Él le habló a Elías con una voz apacible (l R. 19:12).

=> Él le habló a Isaías en una visión (ls. l: l). S

=> Él le habló a Samuel en un sueño (1 S. 3:5).

  Y así podría continuar la lista, porque Dios les habló a sus profetas de muchas formas diferentes. Pero debemos entender lo siguiente: “Cada profeta podía transmitir solo una parte de la revelación de Dios”. Ninguno de ellos podría transmitir toda la revelación de Dios. La entera revelación de Dios no se encuentra en los profetas. ¿Entonces dónde se encuentra? Esto nos refiere al segundo aspecto. ‘

  1. Segundo, la Palabra de Dios, su entera revelación, se encuentra en su Hijo, el Señor Jesucristo. “En estos últimos días [Dios nos ha] hablado por medio de su Hijo”. ¡Esta es la verdad más increíble que se pueda imaginar! Porque Dios no pudo enviar un mensajero mejor con su Palabra que su propio Hijo. Y esta es la increíble declaración de este pasaje: Dios ha enviado a su Hijo para que proclame su Palabra a los hombres.

   Antes de Cristo, ningún hombre podía captar y comprender a Dios cabalmente, y ningún hombre podía proclamar cabalmente la Palabra de Dios. Los hombres solo podían comprender una parte o un fragmento de Dios. Pero ahora el propio Hijo de Dios ha venido a la Tierra y ha revelado a Dios, proclamando todo cuanto Dios es. Note: “Es Él mismo quien constituye la revelación de Dios”. Él personifica la Palabra de Dios. De hecho, Él es la Palabra de Dios. Todo lo que Dios haya querido decirle al hombre está dicho en la persona de Jesucristo. Él es la expresión perfecta de la mente de Dios. Todo lo que el hombre necesita conocer acerca de Dios y la conquista de la vida con todas sus pruebas, corrupción y muerte se ve en Jesucristo.

   Pensamiento I. Esto significa varias cosas maravillosas:

1) Dios ama al hombre. Él no ha dejado al hombre a oscuras, buscando a tientas y tratando de encontrar la verdad de la vida y la muerte y después de la muerte. Dios le ha hablado al hombre y le ha revelado la verdad sobre…

  • de dónde venimos.
  • por qué estamos aquí.
  • adónde vamos.
  • cómo podemos vencer las pruebas, el mal y la muerte de esta vida y el mundo.

2) Si queremos saber la verdad acerca de Dios y nosotros mismos, tenemos que volver nuestros ojos al Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Él y solo Él es la revelación completa de Dios.

3) Jesucristo es superior a todos los profetas; Él solo es la suprema revelación de Dios. Por grande que hayan sido los profetas del Antiguo Testamento, no eran superiores al Hijo de Dios. El Señor Jesucristo es superior a los profetas; Él es el, verdadero e inigualable, vocero supremo de Dios. No puede haber más grande vocero que el propio Hijo de Dios.

   [2]. (l :2) Jesucristo, deidad ▬ Heredero: Jesucristo es constituido heredero de todo. Esta es la segunda razón por la que Él es superior a los profetas. ¿Qué se entiende por heredero? Se entiende que Jesucristo debe recibir y debe ser el dueño legítimo de todo. Solo Jesucristo ha heredado todo cuanto Dios es y posee. Ningún hombre es suficientemente grande ni suficientemente digno de ser el heredero de Dios; solo Cristo. Solo Él ha vivido y andado en perfección ante Dios. Entre los hombres, solo Él ha obedecido a Dios perfectamente, por ende, solo Él ha heredado todo cuando Dios es y posee; solo Él ha sido nombrado Dueño de todas las cosas. ¿Qué es lo que Jesucristo debe heredar y recibir?

   => Jesucristo debe heredar todo poder en el cielo y la tierra.

   “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt. 28:18).

   => Jesucristo ha heredado toda la autoridad para ejecutar todo juicio sobre los hombres.

   “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (Jn. 5:22).

   => Jesucristo va a heredar el dominio sobre los muertos y sobre los vivos.

   “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (Ro. 14:9).

   => Jesucristo va a heredar todo el universo: “Un cielo nuevo y una tierra nueva y una nueva capital del mundo”.

   “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 P. 3:10-13).

   “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido… La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella” (Ap. 21:1-2, 23- 26).

=> Jesucristo va a heredar todo gobierno, un gobierno eterno.

   “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en- juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Is. 9:6-7).

   “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino” (He. 1:8).

=› Jesucristo va a heredar todo poder y riqueza, sabiduría y fuerza, honor y gloria y bendición.

   “que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12).

=> Jesucristo va a heredar todos los ángeles y todas las otras autoridades y potestades espirituales.

   “quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 P. 3:22).

=> Jesucristo va a heredar un nombre superior a todo nombre y toda rodilla se doblará ante El vindicando su derecho como Señor y Salvador.

   “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2:9-10).

   [3]. (l:2) Jesucristo, Creador ▬ Creación: Jesucristo es el Creador y hacedor de los mundos, de todos los mundos. Esta es la tercera razón por la que Jesucristo es superior a los profetas. La palabra “mundos” (aiones) también puede traducirse como siglos. Jesucristo es el Creador tanto del universo como de los siglos que transcurren uno tras otro, Creador de los mundos y del tiempo que transcurre de suceso en suceso, y de generación en generación. La versión Dios habla hoy lo argumenta bien:

   “Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas” (He. 1:2).

   En la carta a los colosenses se establece aún mejor:

   “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16).

   El asunto es el siguiente: La creación de Cristo incluye todos los mundos (plural) de todas las dimensiones del ser, dondequiera que estén y cuantos pueda haber. Esto es exactamente lo que se entiende por el plural “mundos”. Es también lo que se entiende cuando Colosenses dice que Cristo creó todas las cosas “las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades”.

=> Si existen otros planetas y seres vivientes visibles en el espacio exterior, Cristo los creó.

=> Si existen mundos y seres invisibles en otras dimensiones, Cristo los creó.

   No importa qué tipo de mundo o criaturas pueda haber, tronos, dominios, principados, o potestades, Cristo los creó a todos. No existe nada que Él no haya creado.

  • ni planeta • ni vegetación • ni estrella • ni mineral • ni criatura • ni elemento • ni dimensión • ni cosa

   “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1:3).

   “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Co. 8:6).

   “y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas” (Ef. 3:9).

   “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16).

   Comentario del texto complementario: 12. Mas a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, a los que confían en su nombre.

   Obsérvese que la expresión: a todos los que … les dio, es una expresión común del arameo. (Véase IV de la Introducción, la última sección). Aunque el mundo y su representante, el pueblo judío, rechazaron al Salvador, algunas personas lo aceptaron. Esas personas reciben el mayor favor espiritual sin consideración de nacionalidad o ascendencia física. Así pues, la mencionada expresión significa “cualquiera”, sea judío o gentil. Al judío le era difícil comprender que en la nueva dispensación ya no existen privilegios especiales basados en relaciones físicas; y el evangelista se da perfecta cuenta de esta inclinación judía, como repetidamente lo indica en su libro. No es, pues, de extrañar que Juan se detenga en esta gran verdad y la desarrolle con cierto detalle en el versículo 14.

   A todos los que lo aceptaron; es decir, a todos los que recibieron, reconocieron y dieron la bienvenida a la luz (versículos 5, 10, 11), a todos los que siguen unidos a él por medio de una fe viva en su nombre (esto es, en su autorrevelación en la esfera de la redención), a éstos les dio—siempre será un don de la gracia soberana de Dios—el derecho, (cf. 5:27; 10:18; 19:10, 11; la autoridad, cf. 17:2) de llegar a ser hijos de Dios.

   ¿No es cierto que los judíos se jactaban de sus derechos hereditarios, y que se llamaban a sí mismos hijos de Abraham? Pues bien, los creyentes reciben el derecho de llegar a ser realmente hijos (comparación típicamente juanina, 1 Jn. 3:1); e hijos no sólo de Abraham sino de Dios.

   Pero ¿cómo hemos de interpretar el que los creyentes lleguen a ser hijos de Dios? ¿Acaso no es cierto que son hijos de Dios tan pronto (y, en un sentido, incluso antes) aceptan conscientemente a Cristo? No creemos que la solución de este problema esté en leer la oración como si dijera: “Mas a todos los que le aceptaron les había dado previamente el derecho de llegar a ser hijos de Dios, pues de otro modo no le podrían haber aceptado”. Los dos aoristos (ἔλαβον y ἔδωκεν) son simultáneos: cuando alguien acepta a Cristo, en ese mismo instante recibe el derecho de llegar a ser hijo de Dios. Y tampoco se puede hallar la solución debilitando el sentido del verbo llegar a ser (γενέσθαι) como si simplemente significara ser llamado (o tenerse uno mismo por) hijo de Dios.

   A nuestro parecer, para llegar a una interpretación correcta de esta cláusula, debemos tener en cuenta el significado especial que Juan da a la expresión hijos de Dios. Ni en el Evangelio ni en las epístolas usa el evangelista la palabra υἱοί para referirse a los creyentes. Uno llega a ser υἱός por adopción, pero se llega a ser τέκνον por regeneración y transformación. Pablo hace uso de ambos términos para describir a los creyentes como hijos de Dios. El substantivo que Juan usa para este propósito proviene de τίκτω, engendrar. Para él la salvación es la comunicación de vida, el ser engendrado de Dios, de forma que se llegue a ser hijo suyo (1 Jn. 2:29; 3:9). A causa del hecho de ser nacido de Dios el hombre es transformado según la semejanza de Dios. Y puesto que Dios es amor, el ser nacido de Dios se manifiesta en amar a los hermanos (1 Jn. 4:7, 8). Juan, en consecuencia, se refiere continuamente al amor considerándolo como la gran característica del cristiano: el amor es luz, pero el odio es oscuridad, y el que odia anda en tinieblas (1 Jn. 2:10, 11). El amor que se requiere de nosotros es de una naturaleza abnegada (1 Jn. 3:16).

   Pero esta transformación, aunque empieza con un acto instantáneo de Dios, es, no obstante, un proceso gradual. En principio, uno llega a ser hijo de Dios en el mismo momento en que la vida de lo alto entra en el alma. Ahora somos hijos de Dios. Pero la suprema realización de este ideal ha sido reservada para el futuro en que, libres de toda impureza, la vida de Dios—su santidad y amor—se hará completamente manifiesta en nosotros. Si se entiende esto, será claro por qué Juan dice en 1:12: “… les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios”.

   Esta explicación parece concordar con la propia enseñanza de Juan. Cf. 1 Jn. 3:2, 3, “Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (Cf. también 2 Co. 3:18; Ga. 4:19; y 2 P. 1:4.)

   [13]. Los cuales no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, más de Dios. Esta cláusula ha sido causa de mucha controversia. Algunos comentaristas capacitados, tanto liberales como conservadores, siguiendo el ejemplo de Ireneo, prefieren traducir: “el cual no nació” (en lugar de “los cuales no nacieron”), de modo que el versículo 13 se referiría al nacimiento virginal de Cristo (Ireneo, Contra herejías, III, xvi, 2; xix, 2). Otros están incluso dispuestos a admitir la teoría de Tertuliano que dice que “los cuales no nacieron” es una invención de los gnósticos valentianos (Tertuliano, De la carne de Cristo, XIX). Pero todas las unciales griegas están en plural. Por otra parte, esta cláusula constituye una explicación muy adecuada de las palabras “a todos los que … les dio” del versículo 12. El evangelista enseña que los verdaderos hijos de Dios no deben su origen a la sangre (ascendencia física; por ejemplo, de Abraham), ni a la voluntad de la carne (el deseo carnal, el impulso sexual del hombre o la mujer), ni a la voluntad de varón (el instinto procreativo del hombre) sino sólo a Dios. Obsérvese el arreglo ascendente de las tres expresiones. Las tres hacen resaltar el hecho de que en ningún sentido los creyentes deben su nacimiento o situación a causas físicas o biológicas. Nicodemo necesitaba esta lección; y también la mayoría de los judíos, como se ve en los siguientes pasajes: 3:6; 8:31–59; Lc. 3:8; Gá. 3:11, 28.31

2° Titulo:

Honra de Cristo una vez efectuada la redención: sentarse a la diestra del Padre. Versíc. 3. 3el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. (Léase Los Hechos 4.12. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.).

   [4]. (l:3) Jesucristo, gloria: Jesucristo posee la gloria misma de Dios. Esta es la cuarta razón por la que Jesucristo es superior a los profetas. Note la palabra “ser” (en lo adelante). Significa “existencia absoluta y eterna” Esto quiere decir que el propio Jesucristo poseía la gloria de Dios antes de que Él viniera al mundo. Él siempre ha existido en la gloria de Dios; Él es eterno.

   ¿Qué se entiende por gloria? Se entiende todo el brillo de Dios, toda la brillantez, resplandor, esplendor, y luz del Ser de Dios. Quiere decir que la presencia misma de Dios, en toda su luz y pureza, mora entre nosotros en la persona de Jesucristo. Quiso decir que en Cristo “moró toda la plenitud [gloria] de Dios” (Col. 2:9). Los hombres podían mirar a Jesucristo y contemplar la gloria de Dios en Él, la luz y el resplandor mismos del Ser de Dios.

   “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

   “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo

fuese” (Jn. 17:5).

   “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24).

  Pensamiento 1. Muchos comentaristas señalan que el sol es una buena ilustración. De la misma manera que la gloria de la luz del sol incide sobre la tierra y toca la vida de cada uno de los hombres, Jesucristo, quien es la gloria de Dios, incide y toca la vida de los hombres.

   [5]. (1:3) Jesucristo, deidad ▬ Imagen de Dios: Jesucristo es la imagen expresa de Dios. Esta es la quinta razón por la que Jesucristo es superior a los profetas.

◘ La palabra “expresa” (charakter) significa la viva estampa, marca, e impresión, la reproducción misma

de Dios. Jesucristo es “la impresión perfecta y la imagen misma de la naturaleza [de Dios]”.

◘ La palabra “imagen” (hypostasis) significa sustancia. Jesucristo es la sustancia misma, el ser, persona, y encarnación misma de Dios.

   “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).

   “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:9-10).

   “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4).

   “[Cristo] el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Fil. 2:6).

   “[Cristo] el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (He. 1:3).

   [6]. (l:3) Jesucristo, deidad: Jesucristo es quien sustenta el universo. Esta es la sexta razón por la que Él es superior a los profetas. Ningún hombre sostiene el universo, pero Cristo sí. Dios no ha creado el mundo y lo ha dejado volar por el espacio tomando el curso que quiera tomar. Dios no va a permitir que el mundo se destruya por sí solo. Dios lo controla. Su Hijo, el Señor Jesucristo, controla el mundo y lo mueve a un momento climático de renovación y recreación» lo que la Biblia denomina el gran día de la redención. Y téngase en cuenta cómo lo sustenta: por el poder de su Palabra. Él solo habla y las leyes que lo mantienen unido se ponen en marcha (comparar la ley de la gravedad. Vea el índice y notas, Col. 1:16-l7 para un mayor análisis). La Palabra de Jesucristo es…

  • energía perfecta y pura • unidad perfecta y pura • fuerza perfecta y pura • solidaridad perfecta y pura • poder perfecto y pura • orden perfecto y puro • cohesión perfecta y pura

   Es su Palabra la que lo sostiene todo. Es su amor y poder…

  • lo que evita que el universo se descomponga y se desintegre.
  • lo que impide que el mal conquiste completamente y destruya por entero todas las cosas.

   “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:17).

   “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (He. 1:3).

   [7]. (1:3) Jesucristo, deidad ▬ Redención: Jesucristo es el redentor de la humanidad. Esta es la séptima razón por la que Él es superior a los profetas. La redención no ha venido de algún gran profeta que ha purificado nuestros pecados. Cristo y solo Cristo podía sacrificarse por nuestros pecados. ¿Cómo podía hacer eso? De hecho, ¿cómo podría cualquier hombre hacer eso? Ningún hombre puede hacerlo; este es el tema central de este pasaje. Solo una persona perfecta podía purificar y limpiar a los hombres de sus pecados. Esta es la razón que tuvo Jesucristo para venir a la tierra y llevar una vida perfecta. Él tuvo que garantizarle al hombre la justicia perfecta y morir como el sustituto perfecto del hombre. Al hacer eso, Él representa a todos los hombres…

  • su justicia perfecta representa a todos los hombres.
  • su muerte expiatoria representa a todos los hombres.

   Cuando un hombre cree en Jesucristo, cree realmente, la justicia y muerte de Jesucristo lo cubre. Dios toma la fe del hombre y la honra; Él la honra considerando al hombre por estar en la justicia y muerte de Cristo. El hombre es justo en Cristo, y ya ha muerto a causa de los pecados en Cristo. Por consiguiente, el hombre está purificado; se limpian y se borran sus pecados.

   “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

   [8]. (1 :3) Jesucristo, deidad: Jesucristo es el mediador e intercesor supremo. Esta es la octava razón por la que Él es superior a los profetas. Él se sentó a la diestra de la Majestad en los cielos, sentado allí como el gran Mediador e Intercesor del hombre. Ninguna otra persona podría acercarse jamás a sentarse a la diestra de Dios; ninguna otra persona podría ser aceptada por Dios como el mediador e intercesor del hombre. Cristo y solo Cristo puede sentarse a la diestra de Dios. Note dos aspectos significativos.

  1. Jesucristo se sienta a la diestra de Dios como el Señor exaltado y como la Majestad soberana del universo. Él es ser supremo del universo, la persona a quien se debe respetar y honrar de forma suprema, adorada y servida por todos los seres en la tierra y en el cielo.

    “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Ef. 4:10).

   “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9).

  1. Jesucristo es en presencia de Dios nuestro mediador e intercesor, la única persona que tiene el derecho de representar al hombre ante Dios. Nota: Cristo no es exaltado para fungir como nuestro fiscal y juez; por el contrario, Él está ante Dios para representamos, para abogar por nosotros, para ofrecer su justicia y muerte expiatoria por nosotros. Esto representa algo muy hermoso: Algún día cuando nos mostremos ante Dios, si hemos confiado en Jesucristo como nuestro Salvador, Dios podrá lidiar con nosotros en amor y no en juicio. Porque Jesucristo nos representa ante Dios como nuestro mediador, Dios aceptará a todos aquellos que han confiado en Cristo como su mediador. Sin embargo, recuerden: Todos aquellos que han rechazado a Jesucristo como el mediador se enfrentarán a Jesucristo como el Señor y Juez soberano.

   “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

   “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (He. 7 :25-26).

    “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (He. 8:1).

   “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

   “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

   “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (He. 9:15).

   “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (He. 9:24).

   “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (He. 12:24).

   “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

  Comentario del texto complementario: 12. “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que debamos ser salvos”.

Observemos lo siguiente:

   [a]. Se proclama salvación. “En ningún otro hay salvación”. Este versículo está entre los más conocidos y apreciados de Hechos. Pedro apela a su audiencia inmediata, pero al mismo tiempo se dirige a todo el pueblo que busca salvación. Se dirige a hombres eruditos e influyentes del Sanedrín, cuyo trabajo consiste en mostrar al pueblo de Israel el camino de la salvación. Lo que hacían diciéndoles que realicen obras que quizás les alcanzaría la salvación. Pedro, en cambio, predica que la salvación se puede obtener única y exclusivamente a través del nombre de Jesucristo. La salvación que él predica comprende no sólo la sanidad física sino también la espiritual. La evidencia de la salvación física está ahí, a la vista, en la persona del hombre que había sido un paralítico. Pero ellos deben entender que el bienestar espiritual incluye el perdón de los pecados y una relación restaurada con Dios. Nadie en el grupo ante Pedro es capaz de señalar a una persona que pueda conceder la salvación, porque cada uno necesita de ella. Por lo tanto, deben darse cuenta que pueden llegar a tener paz con Dios solamente a través de Jesucristo.

   [b]. El nombre. “No hay otro nombre, bajo el cielo, dado a los hombres”. El nombre Jesús revela la misión de Salvador, porque el nombre significa “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). Es decir, él sana al pueblo físicamente de los efectos del pecado, pero más que eso, quita el pecado mismo de tal manera que las personas pueden enfrentar el juicio de Dios como si nunca hubieran pecado. Jesús los hace espiritualmente completos al restaurarles en una verdadera relación con Dios el Padre. Jesús dice: “Nadie viene al Padre si no es por mí” (Jn. 14:6). Sólo Jesús tiene la capacidad de proveer la remisión por los pecados. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (10:43).

   Pedro recurre no a una exageración sino a un lenguaje descriptivo cuando dice que debajo del cielo no hay otro nombre que el nombre de Jesús. En ninguna parte del mundo podría el hombre encontrar otro nombre (es decir, a otra una persona) que ofrezca la salvación que Jesús provee. Otras religiones aparte del cristianismo fallan porque ofrecen salvación por medio de las obras y no por gracia. El nombre Jesús ha sido dado a los hombres por el propio Dios para mostrar que la salvación tiene su origen precisamente en él.

   [c]. Salvación para el creyente. “[Ningún otro nombre] en que debamos ser salvos”. El texto en el griego es específico. No dice que nosotros podemos ser salvos, porque esto indicaría que el hombre tiene la habilidad inherente de alcanzar la salvación. No dice que tenemos permiso de ser salvos, porque entonces la cláusula sugeriría incertidumbre. El texto es categórico. Dice: “en que debamos ser salvos”. La palabra debamos revela una divina necesidad establecida por Dios de acuerdo a su plan y decreto, para salvarnos a través de la persona y obra de Jesucristo.

   Además, esta palabra significa que el hombre está bajo obligación moral de responder al llamado de creer en Jesucristo y así ganar la salvación. Él no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la salvación sino a través del Hijo de Dios.

3er Titulo:

Jesucristo, superior a los ángeles. Versíc. 4. 4hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. (Léase Filipenses 2:9 y 10. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra.). 

   Comentario del versíc. 4: Los ángeles existen realmente. Conforman un orden magnífico y glorioso de seres que Dios ha creado para que sean sus mensajeros y siervos. Son seres espirituales que viven en otra dimensión, la dimensión espiritual. Ellos tienen el privilegio glorioso de vivir ante la presencia de Dios y de servirle día y noche. Por su posición elevada y exaltada, algunas personas han tendido a admirar a los ángeles en lugar de admirar a Cristo. Tienden a dar a los ángeles la consideración y atención que le deben a Cristo. Tienden a considerar a los ángeles como intermediarios entre ellos y Dios. Son cuatro, por lo general, las razones que causan esto.

   ◘ Una persona no se siente digna de acercarse a Dios. Necesita a alguien que se acerque a Dios por ella, alguien que sirva como intermediario y mediador por ella. Sabe que los ángeles son los ministros de Dios: por lo que, al sentirse indigna, la persona comienza a contar con un ángel. Quiere que el ángel…

  • se comunique con Dios por ella.
  • le presente a Dios sus necesidades y deseos.
  • la proteja.
  • le garantice el cuidado y bendiciones de Dios.

   ◘ Otra persona puede pensar que Dios sencillamente se encuentra muy lejos de su alcance. Dios es sencillamente demasiado inhumano, demasiado grande, y demasiado abarcador. Dios tiene acceso a todos los mundos del espacio exterior. Por consiguiente, la persona cree que Dios está demasiado ocupado con los grandes asuntos del universo para preocuparse por una pequeña persona en la tierra. La persona siente necesidad de algún intermediario, algún mediador que no sea tan grande y no esté tan ocupado como Dios, pero quién tiene acceso a Dios. Por ende, comienza a contar con un ángel para que la cuide y la proteja y abogue en su favor y presente sus necesidades ante Dios.

   ◘ Algunas personas tratan de vivir experiencias con ángeles ya sea frente a frente o a través de visiones y sueños. Creen que tales experiencias espirituales son un privilegio y que la experiencia las fortalece y las vuelve más espirituales. En su mente el ángel es un intermediario entre ellos y Dios, un mensajero de Dios enviado para comunicarle algún mensaje especial de Dios.

   ◘ Aun así otros no creen en Cristo, que Él es el Hijo de Dios. No creen que Él sea el único Mediador entre Dios y el hombre. Es por eso que tratan de comunicarse con el mundo espiritual a través de algún ángel o persona en el mundo espiritual.

   Lo que debemos tener en cuenta sobre estos enfoques acerca de Dios y el mundo espiritual es lo siguiente: Los ángeles son exaltados como seres magníficos y gloriosos, tan gloriosos y magníficos que son mediadores o intermediarios entre los hombres y Dios. En todos los casos se ve a Dios enviando un ángel o se busca un ángel para llevar un mensaje entre Dios y el hombre. Se cree que Dios está demasiado ocupado o sea demasiado grande o incapaz de comunicarse y relacionarse con el hombre.

   Note lo que sucede cuando los hombres hacen más énfasis en los ángeles que en Cristo y que en su Espíritu y en su Palabra

=> Note cuánto se aleja a Cristo de la relación con la vida de una persona.

=> Note cómo se coloca otro mediador o intermediario entre los hombres y Dios, a otra persona que no sea Cristo y su Espíritu.

=> Note cómo se relega y se rebaja a Cristo a una posición inferior a los ángeles.

   Esto es lo que combate este pasaje. No niega a los ángeles, porque si existen. No niega la gloria y magnificencia de los ángeles, porque son seres gloriosos y magnificentes. No niega el ministerio y servicio de los ángeles para con Dios, porque ellos son sus espíritus ministradores. Lo que combate este pasaje es lo siguiente: “El énfasis de algunas personas que exaltan a los ángeles por buscar experiencias con ellos y por centrar su atención, pensamiento y oración en ellos”. Los ángeles no son intermediarios y mediadores de Dios entre Él y nosotros. El único intermediario y mediador entre Dios y nosotros es el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Cristo es la única persona que puede acercarse a Dios por nosotros. Él es la única persona que puede oír y contestar nuestras oraciones y cuidarnos y protegernos. Esto no quiere decir que Él no pueda usar un ángel para ayudarnos. Él si usa ángeles en nuestra vida para guiarnos, protegemos, y alentamos (vea el Estudio a fondo 1, Ángeles, He. 1:4-l4 para un mayor análisis). Pero el ángel sirve a Cristo; el ángel no debe ser el centro de nuestra atención y de nuestros pensamientos tampoco de alabanza ni honra. El ángel es el siervo, no el Señor de Jesús ni el Señor de nuestra vida. Solo Cristo es el Señor, tanto de los ángeles como de nosotros. Por consiguiente, Él y solo Él debe ser el centro de nuestros pensamientos y nuestra atención, honra y adoración.

   Esta es la idea central de este pasaje: Cristo es superior, muy, muy superior a los ángeles.

  1. Cristo tiene un nombre más excelente, el nombre de Hijo Unigénito de Dios; los ángeles tienen un nombre inferior (vv. 4-6).
  2. Cristo es el heredero de Dios; los ángeles son creados como súbditos de Dios (vv. 7-9).
  3. Cristo es el Creador y Señor soberano; los ángeles son creados como súbditos y espíritus ministradores (vv. 10 14).

ESTUDIO A FONDO l

(1: 4-14) Ángeles (angelos): La palabra ángel sencillamente significa mensajero, La palabra se usa al menos en cinco formas diferentes en las Escrituras.

=> Se usa para hombres (Le. 7:24; Stg. 2:25; Ap. 1:20; 211,8, 12, 18; 3: l,7, 14).

=> Se usa para Cristo (Ap. 8:3-5).

=> Se usa para el “ángel del Señor” o el “ángel de Dios”, lo que significa la presencia de una deidad en forma angelical (Gn. 16:1-13; 21:17-19; 22:11-16; 3l:11- l3; Éx. 3:2-4; Jue. 2:1; 6:12-16; 13:3-22). 

=> Se usa para profetas (Hag. 1:13).

=> Se usa para seres espirituales que sirven a Dios (Sal. 10414; He. l: l4; 2:2, 5).

  1. Los aspectos importantes acerca de los ángeles parecen ser los siguientes:
  2. Los ángeles son seres creados, superiores a los hombres (Sal. 10414; comparar He. 1:14; Col. 1:16).
  3. Los ángeles son numerosos (Sal; 68:17; Mt. 26:53; He. 12:22; Ap. 5: 11).
  4. Los ángeles son extremadamente superiores a los hombres en inteligencia y conocimiento (2ª S. 14:20; Sal. 103:20; l04:4).
  5. Los ángeles tienen gran poder (2ª R. 19:35; Mt. 28:3; 2ª P. 2:11; Ap. 20:1-2).
  6. Los ángeles observan a los hombres (Ec. 5:6; 1ª Co. 4:9; Ef. 3:10). M l ‘ 7 7 i l
  7. Algunos ángeles han caído (conjuntamente) con Satanás de su estado original (2 P. 2:4; Jud. 6; Ap. 20: 10. Ver Índice de temas maestros, Satanás; Espíritus demoníacos.).
  8. Al parecer, a los ángeles se les creó en varios rangos y para desempeñar funciones específicas ante Dios mismo.
  9. Existe el arcángel Miguel que sobresale de entre todos los otros ángeles. Él es el administrador principal de Dios (Da. 10:21; 12:1, 7-12; 1 Ts. 4:16; Jud. 9); Algunos creen que Satanás era un arcángel, superior incluso a Miguel, antes de su caída (vea la nota, Ap. 12:7).
  10. Existe el ángel Gabriel quien es un mensajero muy especial de la misericordia de Dios (Da. 8:15-16; 9:21; Lc. 1:19-33). Nunca se ha denominado arcángel.
  11. Las Escrituras proporcionan los títulos de otras órdenes angelicales.

=> Existen los serafines, cuya función parece ser alabar a Dios (Is. 6: 1-6, la única referencia de ellos).

=> Existen los querubines, cuya función parece ser proclamar la gloria de Dios (Gé. 3:24; ÉX. 25:18; Sal. 80:1; 99:2).

  1. Se dices que otros ángeles tienen varias funciones.
  • adorar a Dios (Neh. 9:6; Lc. 2:13 – 14);
  • regocijarse por arrepentimiento de un pecador (Lc. 15.10).
  • acompañar a Cristo en su segunda venida (Mt. 24:31; 25:31; Mr. 8.38; 1ª Tes. 4:16).
  • ejecutar los juicios de Dios (Gn. 3:24; 19: 1; Jue. 5:23; 1ª Cr 2:15; 2ª Cr. 32:32; Hch.12:23; 2ª P. 2:4; Jud. 6; Ap. 12:9).
  1. Los ángeles tienen una función muy, importante en el trato de Dios con los creyentes, Note. Lo que dice las Escrituras; “Ellos son espíritus ministradores, enviados para ministrar a los que son; herederos de la salvación” Heb. 1:14.
  2. Ellos protegen 1iberan a los creyentes tanto durante las pruebas como de las pruebas (Sal, 34:7; Sal. 91:11; Is. 63:9; Da; 3:28; 6:22; Hch. 12:7 -11).
  3. Ellos guían y dirigen a los creyentes en su ministerio (1ª 19:5; Mt. 2:13, 19-20; Hch. 5:19; 8:26).
  4. Ellos escoltan a los creyentes al cielo (Lc. 16:22).
  5. Ellos alientan a los creyentes (Hch. 27:23-25).

Nota: al parecer esta ayuda comienza en la niñez y continua a través de la vida (Heb. 1:14; comparar Mt. 18:10; Sal. 91:11).

ESTUDIO A FONDO 2

(1:4 -14) Referencias del Antiguo Testamento: El autor demuestra la superioridad de Cristo al citar siete pasajes del Antiguo Testamento y aplicarlos a Cristo; Los pasajes del Antiguo Testamento representan ejemplos, que simbolizaron la venida del Mesías o Salvador del mundo. Los pasajes son Heb. 1:5 (2ª Sa. 7:14; Sal. 2:7); He. 1:6 (Dt. 32:43; Sal. 89:27; 97:7; comparar Lc. 2:13s); He. 1:7 (Sal. 104:4); He; 1:8-9 (Sal. 45:6-7); He. 1:10-12 (Sal. 102: 25-27); He. 1:3 (sal. 101:1).

   Comentario del texto complementario: [9]. El premio glorioso que Cristo recibió se nos describe en las siguientes palabras: Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo. Aquel que se humilló a sí mismo, fue ensalzado.   La misma regla que había dado para otros, la aplicó en su propio caso. Para esta regla véase Mt. 23:12; Lc. 14:11; 18:14; y cf. Lc. 1:52; Stg. 4:10; y 1 P. 5:6. Fue “a causa del padecimiento de la muerte”, que él recibió tal premio (He. 2:9; cf. He. 1:3; 12:2). Sin embargo, hay una diferencia entre su exaltación y la nuestra. Es cierto que él fue exaltado; el mismo verbo (exaltar, ensalzar) que se aplica a sus seguidores (2 Co. 11:7) es empleado a veces con respecto a él (Jn. 3:14b; 8:28; 12:32, 34; Hch. 2:33; 5:31). Pero en este pasaje se usa un verbo que en el Nuevo Testamento sólo ocurre en este caso concreto y que se aplica solamente a él, a saber, el verbo “superexaltar” (realzar). Dios Padre enalteció a su Hijo de una forma trascendentalmente gloriosa. Lo levantó hasta la altura más excelsa. ¿Irán los creyentes al cielo? Véase el Sal. 73:24, 25; Jn. 17:24; 2 Co. 5:8; He. 12:18–24. El Mediador “traspasó los cielos” (He. 4:14), fue “hecho más sublime que los cielos (He. 7:26), y “subió por encima de todos los cielos” (Ef. 4:10). Esta superexaltación significa que recibió el lugar de honor y majestad, y que en consecuencia “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Mr. 16:19; Hch. 2:33; 5:31; Ro. 8:34; He. 1:3, 12:2), “sobre todo principado, autoridad, poder, señorío y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en esta era, sino también en la venidera” (Ef. 1:20–22). La resurrección, ascensión y coronación (“sesión” a la diestra de Dios), están implicadas e incluidas en la declaración “Dios lo exaltó hasta lo sumo” (versículo 9). Además, antes que la frase termine, la etapa final de la exaltación de Cristo se nos describe también en los versículos 10 y 11: La consumación de su gloria cuando en el día de su venida toda rodilla se doblará delante de él, y toda lengua confiese que él es el Señor.

   Todo esto ocurrió (y referente a la última etapa, ocurrirá) en cumplimiento de la profecía: Gn. 3:15; 2 S. 7:13; Sal. 2:7–9; 8; 47:5; 68:17–19; 72; 110:1; 118:22, 23; Is. 9:6, 7; 53:10–12; Mi. 5:2; Zac. 9:9, 10; cf. Lc. 24:26; Ap. 1:7.

   La exaltación es el estado completamente opuesto a la humillación. Aquel que, por las exigencias de la ley divina (al cargar sobre sí el pecado del mundo), fue condenado, pasó de la sujeción al castigo a la justa relación con la ley. Aquel que fue pobre, volvió a ser rico. Aquel que fue desechado, fue aceptado (Ap. 12:5, 10). Aquel que aprendió la obediencia, se hizo cargo del poder y la autoridad que le fueron confiados.

   Habiendo consumado y manifestado su triunfo sobre sus enemigos por medio de su muerte, resurrección y ascensión, ahora lleva en sus manos, como rey, las riendas del universo, y ordena todas las cosas para bien de su iglesia (Ef. 1:22, 23). Por medio de su Espíritu, como profeta, guía a los suyos a toda verdad. Y sobre la base de su expiación perfecta, como sacerdote (sumo sacerdote según el orden de Melquisedec) no solamente intercede, sino que vive para siempre para interceder por los que por él se acercan a Dios (He. 7:25).

   Aunque estos honores fueron conferidos a la persona del Mediador, fue en su naturaleza humana que la exaltación tuvo lugar, ya que la naturaleza divina no está sujeta a humillación o exaltación. Pero estas dos naturalezas, aunque por siempre distintas, nunca están separadas. La naturaleza humana está tan estrechamente ligada a la divina que, a pesar de que nunca llega a convertirse en divina, participa de la gloria de ella. Por tanto, la asunción de Cristo a la gloria puede ser considerada también, en cierto sentido, como reasunción. No hay conflicto entre Fil. 2:9 y Jn. 17:5.

   Pablo continúa: y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre. Dios Padre le otorgó (literalmente: El, graciosamente, o sea, gratuita y magnánimamente, le concedió) el nombre (según las mejores interpretaciones, no simplemente un nombre). El apóstol no nos dice claramente todavía de qué nombre se trata; pero añade, sin embargo, que es el nombre que sobresale del de todas las criaturas del universo.

   [10]. El objeto de la exaltación es: para que, en el nombre de Jesús, no en el nombre “Jesús”, sino en el nombre completo con que Jesús ha sido ahora recompensado y el cual ostenta— nombre que tiembla en los labios de Pablo, pero que aún ahora no menciona, porque lo guarda como clímax—se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que están en la tierra y de los que están debajo de la tierra. Cuando Cristo vuelva en gloria, será adorado por “todos los seres inteligentes creados, en todas las partes del universo” (M. R. Vincent). Mientras ángeles y redimidos lo harán con gozo, los condenados lo harán con tristeza y llenos de remordimientos (pero sin arrepentimiento). Véase Ap. 6:12–17. Tan grande será la gloria de Jesús que todos sin excepción serán impulsados a rendirle homenaje (cf. Is. 45:23; Ro. 14:11; 1 Co. 15:24; Ef. 1:20–22; He. 2:8; Ap. 5:13).

Nótese las tres clases de seres inteligentes creados:

(1) los que están en los cielos: querubines y serafines, y todos los millones de millones de ángeles buenos, incluyendo arcángeles. También, naturalmente, todos los hombres y mujeres redimidos que han partido de esta vida terrenal (Ef. 1:21; 3:10; 1 P. 3:22; Ap. 4:8–11; 5:8–12).

(2) los que están en la tierra: todos los hombres y mujeres que viven en este mundo (1 Co. 15:40).

(3) los que están debajo de la tierra: todos los condenados en el infierno, tanto seres humanos como ángeles malos o demonios (porque si el adjetivo celestial se refiere, entre otras cosas, a los ángeles buenos, entonces su antónimo, que literalmente significa debajo de la tierra—palabra que en el Nuevo Testamento solamente ocurre aquí—probablemente incluye a los ángeles malos).

(Tomado de la Biblia de Bosquejos y Sermones Tomo 11 Hebreos y Santiago Editorial Portavoz).

Amén, para la honra y gloria de Dios.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.