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Domingo 2 de junio de 2019: “Jehová provocando temor reverente hacia su nombre”

Domingo 2 de junio de 2019: “Jehová provocando temor reverente hacia su nombre”

Lección: Éxodo cap. 20, versículos 18 al 26. Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares herramienta sobre él, lo profanarás. No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él.

   Comentario general de: (Éxodo 20:18 al 26): Introducción: Las Escrituras son claras: Dios dio los diez mandamientos para que fueran la ley fundamental que gobernara a todos los pueblos; pero ¿por qué? ¿Cuál es exactamente la razón por lo que Dios dio al mundo los diez mandamientos? ¿Cuáles son sus propósitos? ¿Qué es lo que él tenía en mente? ¿Cuáles fueron sus motivos para instituirlos y hacer de ellos la ley básica que todos los hombres deberían obedecer?

   Es importante que entendamos los motivos y propósitos que Dios tuvo al dar los diez mandamientos, para que así obtengamos el mayor beneficio posible de ellos. Un estudio meticuloso de este pasaje nos deja ver por qué Dios dio al hombre la ley: hay cinco propósitos muy específicos que podemos extraer de la experiencia que Israel vivió justo después de recibir los diez mandamientos. De eso se trata este pasaje sumamente relevante de las Escrituras: Los propósitos de la ley: por qué Dios dio los diez mandamientos y la ley (Éx. 20.18-26).

• Para revelar la gloriosa majestad y santidad de Dios, mostrando que hay una gran barrera —una gran brecha—entre Dios y el hombre (v. 18).

• Para revelar que el hombre necesita un mediador, una persona que pueda acercarse a Dios en representación del hombre (v. 19).

• Para probar al hombre (vv. 20-21).

• Para enseñar que solo Dios es el Señor: solo él se ha revelado verdaderamente a sí mismo, hablando al hombre desde el cielo (v. 22).

• Para enseñar que el hombre debe acercarse solo a Dios, que solo a Dios debe adorar, y mostrarle cómo debe hacerlo (vv. 23-26).

   Aporte de Vv. 18—21. Esta ley, tan extensa que no podemos medirla, tan espiritual que no podemos evadirla, y tan razonable que no podemos encontrarle defecto, será la regla del futuro juicio de Dios, como es la regla para la conducta presente del hombre. Si somos juzgados por esta regla, encontraremos que nuestra vida se ha pasado en transgresiones. Con esta santa ley y un juicio espantoso que nos espera, ¿quién puede despreciar el evangelio de Cristo? El conocimiento de la ley muestra la necesidad del arrepentimiento. El pecado ha sido destronado y crucificado en el corazón de cada creyente, y se ha escrito en él la ley de Dios, y se ha renovado la imagen de Dios. El Espíritu Santo le capacita para odiar el pecado, huir de él, amar y obedecer esta ley con sinceridad y verdad; tampoco dejará de arrepentirse.

Vv. 22—26. Habiendo entrado en la densa oscuridad, Dios le habló a Moisés de todo lo que sigue desde aquí hasta el final del capítulo 23, y es, en su mayor parte, una exposición de los Diez Mandamientos. Las leyes de estos versículos se relacionan con la adoración de Dios. Los israelitas reciben la seguridad de la bondadosa aceptación de sus devociones por parte de Dios. Bajo el evangelio, se invita a los hombres a que oren en todo lugar, y donde quiera que el pueblo de Dios se reúne en su nombre para adorarlo, Él está en medio de ellos; ahí Él estará con ellos y los bendecirá.

   Referencias a temor reverente: Génesis 22.12. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 

Hechos 10:2; 22. piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. —Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.

Hebreos 11:7. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. 

Texto: Salmo 111, versículo 10. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Buen entendimiento tiene todos los que practican sus mandamientos; Su loor permanece para siempre.

   Comentario del salmo 111: El salmista resuelve alabar a Dios mismo. Nuestras exhortaciones y nuestros ejemplos debieran concordar. Él recomienda que las obras del Señor sean el tema apropiado para alabarle; y también los tratos de su providencia con el mundo, con la iglesia y las personas en particular. Se habla de todas las obras del Señor como una sola, su obra; en forma tan admirable todas las dispensaciones de su providencia se centran en un solo designio. Todas las obras de Dios se hallan justas y santas cuando se examinan humilde y diligentemente. El perdón de pecados de parte de Dios es la más maravillosa de todas sus obras y debe recordarse para gloria suya. Él siempre estará atento a su pacto: siempre Él ha sido así y siempre lo será. Sus obras de providencia fueron hechas conforme a la verdad de las promesas y profecías divinas, y, así, fueron fieles y verdaderas; y fueron hechas por Aquel que tiene el derecho a disponer de la tierra como le plazca, por eso son juicio o rectitud: esto vale también para la obra de gracia en el corazón del hombre, versículos 7, 8. Todos los mandamientos de Dios son seguros; todos han sido cumplidos por Cristo y con Él siguen siendo para nosotros la regla para nuestro andar y nuestra conversación. —Envió redención a su pueblo, primero al salir de Egipto, y después con frecuencia; y esto fue un tipo de la gran redención que iba realizar el Señor Jesús en el cumplimiento del tiempo. Aquí resplandece su justicia eterna unida con su misericordia ilimitada. —Ningún hombre es sabio si no teme al Señor; ningún hombre actúa sabiamente si no está influido por este temor. El temor conducirá al arrepentimiento, a la fe en Cristo, a velar y a la obediencia. Tales personas tienen buen entendimiento, aunque sean pobres, sin educación o despreciadas.

1er Titulo:

El pueblo reconoce la investidura de Moisés mediante el poder de Dios. Versíc. 18 al 20. Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. (Léase Número 12:5 al 8. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?).

   Comentario: [1]. (Éx. 20:18): ley —los diez mandamientos —santidad de Dios —majestad de Dios —gloria de Dios: ¿Por qué dio al hombre los diez mandamientos? En primer lugar, para revelar la gloriosa majestad y santidad de la persona de Dios, y así mostrar que hay una gran barrera —una gran brecha— entre Dios y el hombre. Recuerde lo que había sucedido momentos antes: la santa presencia de Dios había descendido sobre la cumbre del monte Sinaí en la forma de lo que quizás haya sido la tormenta más espectacular y aterradora jamás vista sobre la tierra. Repasemos la gloriosa descripción; Hubo: • truenos y relámpagos; • un fuerte y constante sonido de trompeta; • un fuego ardiente que envolvía la montaña (Éx. 19:18); • una nube de humo espesa que ascendía como si saliera de una enorme erupción volcánica (Éx. 19:18); • un terremoto violento que sacudía la montaña y no dejaba de estremecerla (Éx. 19.18).

   El pueblo reaccionó como hubiera reaccionado cualquiera de nosotros: se apartó del pie de la montaña; todos retrocedieron ante la santa presencia de Dios. Temían por sus vidas; temían que la santa presencia de Dios los fulminara (v. 19). Obviamente, estaban cayendo en cuenta de que había una gran brecha, un gran abismo, entre la santa presencia de Dios y su propia naturaleza humana y pecaminosa. Entendieron que había una profunda y aterradora distancia entre la majestad y santidad de la persona de Dios y su propia condición humana: la debilidad, el fracaso, la imperfección, sus deficiencias y pecaminosidad. Supieron que la majestad de Dios que se estaba manifestando en la montaña, esa majestad de la que estaban siendo testigos, podía liquidarlos en cualquier momento (v. 19). Por eso dieron un paso atrás y se apartaron de la santa presencia de Dios.

   Ese era el punto que Dios quería que el pueblo comprendiera: él es la encarnación misma de la majestad, la gloria y la santidad. Hay una gran brecha —una sima, un abismo, una terrible separación entre Dios y el hombre, entre lo que Dios es y lo que el hombre es. De nuevo, Dios es la encarnación de la majestad, la gloria y la santidad; por lo tanto, la misma ley de Dios —los diez mandamientos, las mismísimas palabras que Dios pronunció— era santa y gloriosa (Ro. 7:12, 14, 16). La ley de Dios y los diez mandamientos eran la mismísima expresión de la esencia de Dios. Por eso, el pueblo debía obedecer la ley de Dios o enfrentarse a la aterradora gloria y santidad de Dios.

   Pensamiento 1: Esta es la primera de las razones por las que Dios dio la ley: revelar la gloria de su majestad y su santidad, y que hay una gran brecha, una terrible separación entre Dios y el hombre. (Is. 59:2; 64:6; 64:7; Lc. 16.26; Ro. 3.23; 1 Jn. 1:8; Gn. 6:5; Pr. 20:9).

   [2]. (Éx. 20.19): mediador — la ley — Los diez mandamientos — acercarse a Dios — salvación: ¿Por qué Dios dio al hombre los diez mandamientos? Para revelar que el hombre necesita un mediador, una persona que pueda acercarse a Dios en lugar del hombre (Jesucristo-hombre), alguien que pueda representarlo delante de Dios. Al parecer, el pueblo había escuchado la retumbante voz de Dios hablando desde la nube que cubría la montaña. Las Escrituras dan a entender que la voz de Dios en efecto habló y dio los diez mandamientos directamente al pueblo. (Dt. 5.4. Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego. —22 al 27: Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí. Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos, y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos. Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva? Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos. 

   Estaban teniendo lugar dos sucesos aterradores: el pueblo estaba siendo testigo de la maravillosa visión de la gloria y majestad de Dios y, efecto, estaban escuchando la potente voz de Dios mismo, que anunciaba los diez mandamientos. Ambos dejaron impreso en ellos un profundo conocimiento de su propia indignidad. Estos dos acontecimientos los volvieron muy consciente de la vasta diferencia —la enorme brecha— que hay entre Dios y el hombre, la vasta diferencia que hay entre:

• la naturaleza santa de Dios y la naturaleza pecaminosa del hombre.

• el asombroso poder de Dios y lo indefenso que es el hombre ante este poder;

• lo que Dios es y lo que hombre es.

   Ver la majestuosa gloria de Dios y escuchar el bramido de la voz de Dios reveló al pueblo una realidad sobrecogedora: había un gran abismo entre Dios y el hombre, y el pueblo lo percibió y sintió profundamente. Fueron tan consciente de la santidad de Dios y de su propia pecaminosidad —tan consciente de la vasta diferencia que hay entre la asombrosa persona de Dios y su propia humanidad— que no quisieron que Dios les volviera a hablar directamente. Sin duda alguna, temían que emitiera una sentencia sobre ellos (v. 19).

   El punto es el siguiente: el pueblo entendió que necesitaba un mediador, una persona que se acercara a Dios por ellos, alguien que pudiera representarlos delante de Dios. Querían que el mensajero de Dios fuera su mediador: que Moisés se acercara a Dios, recibiera el mensaje de Dios y luego se lo trasmitiera a ellos. Observe que el pueblo hizo una promesa: que oirían y obedecerían la palabra de Dios (v. 19).

   Esto profundo conocimiento de la necesidad de un mediador nos lleva a una de las grandes promesas de las Escrituras: la promesa de que Dios enviaría a un mediador perfecto, al Señor Jesucristo. Siendo el mediador perfecto de Dios, Cristo se presentaría delante de Dios en representación de todos los pueblos de todos los tiempos. Observe que Moisés mismo más adelante proclamó al pueblo. (Dt. 18:19-19. Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.).

   Pensamiento 2: La ley —más bien, nuestra incapacidad de guardar la ley— demuestra lo lejos que estamos de cumplir su voluntad y lo distantes que estamos de Dios. La ley nos muestra lo mucho que necesitamos un mediador, alguien que se acerque a Dios e interceda. Jesús es nuestro mediador, la persona que se acerca a Dios por nosotros. (1ª Ti. 2.5-6. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. — He. 2:14-17. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. — He. 7:25. por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. —He. 8:6 y He. 9:15).

   [3]. (Éx. 20.20-21). prueba – probar — obediencia: ¿Por qué Dios dio al hombre los diez mandamientos? Para probar al hombre. Observe en estos versículos las palabras temer y temor: hay dos tipos de temor en este pasaje:

Þ el temor que atormenta (yare): es el temor que vence a una persona y le impide actuar o hacer lo que debería hacer;

Þ el temor que honra y muestra reverencia (yirah): es el temor de Dios que mueve a las personas a la reverencia y la obediencia a Dios.

   Moisés alentaba al pueblo a no permitir que el temor que atormenta se apoderara de ellos. Dios no quería destruirlos sino probarlos. De hecho, para eso les había dado los diez mandamientos (v. 20).

   Recuerde que el pueblo antes había prometido hacer todo lo que el Señor dijera. Habían hecho una profesión categórica y se habían comprometido a obedecer al Señor: Éxodo 19:7-8. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo. 

   Ahora el Señor iba usar los diez mandamientos para probar a su pueblo:

Þ Para ver si el pueblo realmente andaría en temor y reverencia a Dios. Él les había permitido vislumbrar la majestad, gloria y santidad de Dios. La pregunta ahora era qué harían ellos: ¿recordarían la visión y obedecerían los mandamientos que habían recibido de boca del Señor de gloria y santidad?

Þ Para ver si el pueblo de verdad obedecería a Dios y no pecaría, es decir, si no quebrantaría los diez mandamientos.

Þ Para ver si el pueblo de verdad confiaría en el mediador designado por Dios (v. 21). (corresponde al 2° título, pero es muy breve el comentario que se hace de él). Observe que Moisés se acercó a la nube y a la densa oscuridad en la que Dios se encontraba. Él era el mediador designado por Dios para representar al pueblo delante de Dios. Restaba preguntarse cuál sería la respuesta del pueblo: ¿confiarían en su mediador y lo seguirían en su camino hacia la tierra prometida?

   Pensamiento 3: ¿Israel aprobó la prueba de Dios? Trágicamente, la respuesta es no. Israel hizo lo que muchos han hecho a lo largo de los siglos: prometer obedecer a Dios y luego faltar en su constancia:

(1) muchos han rechazado a Dios: se han rehusado a andar en temor y reverencia a Dios;

(2) muchos han desobedecido los diez mandamientos y han vivido en pecado;

(3) muchos han rechazado al mediador designado por Dios, el señor Jesucristo. (Éx. 19:5; 23:21; Dt. 11:26-28; Dt. 13:4; Josué 24:24; 1ª Sam. 15:22; 1ª Pe. 4:17.).

   Referencias de reconocer: 1ª de Corintios 16.16-18. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia. Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas. 

1ª Tesalonicenses 5.12-13. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.

1ª Tesalonicenses 3:9-10. Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe? 

2° Titulo:

Dios hablando desde su trono con su siervo. Versíc. 21 al 23. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. (Léase San Mateo 17: 5-6. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.)

   Comentario: [4]: (Éxodo 20:22): revelación de Dios — Palabra de Dios — Los diez mandamientos: ¿Por qué Dios dio al hombre los diez mandamientos? Para enseñarle que solo Dios es el Señor: solo él se ha revelado verdaderamente a sí mismo, hablando al hombre desde el cielo. Recuerde que el nombre de Dios —el Señor— significa que él es el Señor de salvación, liberación, redención y revelación.

   Piense por un momento en todos los presuntos dioses que el ser humano ha declarado divinos y ha adorado. No importa quiénes sean, hay un solo Señor, un solo Dios vivo y verdadero que puede salvar, rescatar y redimir al ser humano y que puede revelarse a sí mismo. ¿Quién es? Veamos lo que dice el pasaje: “Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros”.

   El Señor de verdad se había revelado a sí mismo; él había “hablado desde el cielo con [el hombre]” (v. 22). El Señor es el único Dios Vivo y verdadero, que ha hablado al hombre y le ha dado los diez mandamientos.

   Pensamiento: El punto es claro: Dios se reveló a sí mismo; él descendió sobre el monte Sinaí y dio los diez mandamientos para probar que solo él es el Señor que salvar y redimir al hombre. Por lo tanto, el hombre debe obedecer al Señor; el hombre debe hacer lo que Dios diga para ser salvo y redimido. (Mt. 7:21; 2ª Ts. 1:7-8; Ap. 22:14; Éx. 19:5; Dt. 26:16; 1ª Sam. 12:15; Heb. 2:2-3.).

   Comentario: [5]. (Éxodo 20:23). Adoración — acercarse a Dios: ¿Por qué Dios dio al hombre los diez mandamientos y la ley? Para enseñarle cómo debe acercarse a Dios y cómo debe adorarlo. Considere que Dios da tres instrucciones al respecto:

[a]. No debe haber idolatría en la adoración:el hombre no debe erigir ni adorar ningún presunto dios imaginario (v. 23). Desde luego, eso incluye a los dioses que surgen de la imaginación del hombre, los dioses que los hombres sueñan. Hay un solo Dios vivo y verdadero, el Padre del Señor Jesucristo. Solo él merece adoración y el hombre no debe adorar a ningún otro dios.

   Referencias de su voz: Génesis 3.8-9. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 
9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

Apocalipsis 1:12-15. Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

3er Titulo:

Donde se levante un altar a Dios, allí habrá bendición. Versíc. 24 al 26. Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares herramienta sobre él, lo profanarás. No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él. (Léase San Mateo 18: 19-20. Otra vez os digo, que, si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.).

   Comentario: [6]. (Éxodo 20:23 al 26). Adoración — acercarse a Dios: ¿Por qué Dios dio al hombre los diez mandamientos y la ley? Para enseñarle cómo debe acercarse a Dios y cómo debe adorarlo. Considere que Dios da tres instrucciones al respecto:

[a]. No debe haber idolatría en la adoración:el hombre no debe erigir ni adorar ningún presunto dios imaginario 8v. 23). Desde luego, eso incluye a los dioses que surgen de la imaginación del hombre, los dioses que los hombres sueñan. Hay un solo Dios vivo y verdadero, el Padre del Señor Jesucristo. Solo él merece adoración y el hombre no debe adorar a ningún otro dios.

[b]. La adoración no debe estar plagada de elemento ostentoso, vistosos, llamativos o extravagantes: el altar debía estar hecho de tierra, el material más simple y sencillo que hay (v. 24). Por supuesto, ese altar sería un centro de adoración temporal hasta que se erigiera el tabernáculo. Advierta que, si alguien construía un altar de piedras, debía hacerlo solo con piedras naturales sin labrar, que no hubieran sido modificadas por ningún instrumento humano. Retocarlas o moldearlas con algún instrumento humano era, a los ojos de Dios, una profanación (v. 25). El punto de esto versículos es que la adoración tenía que estar totalmente libre de cualquier tipo de ostentación. La adoración no debía ser vistosa y tampoco debía serlo el centro donde se llevaba a cabo, es decir, el altar. Nada debía distraer a las personas durante la adoración.

[c]. No debía haber ningún tipo de conducta poco refinada o irrespetuosa en la adoración: el altar no debía tener gradas (v. 26). En los tiempos antiguos, era práctica común construir altares altos con escalones o gradas que llevaran hasta lo más alto del altar. Cuando el sacerdote subía esas gradas, su desnudez muchas veces quedaba expuesta a los ojos de las personas que se encontraban en la parte baja del altar. En este pasaje, Dios declara que no debía haber ningún tipo de conducta irrespetuosa ni inmoral que se asociara jamás a la adoración de su pueblo, o que tuviera por motivos el servicio de adoración.

   Tenga en cuenta también lo siguiente: en esos tiempos los altares eran altos porque simbolizaban que el hombre estaba ascendiendo hacia Dios, ofreciéndose a sí mismo, junto con su ofrenda, a un dios falso. Dios prohíbe esta práctica por cuatro razones:

Þ el hombre no puede ascender en justicia: no tiene justicia que ofrecerle a Dios;

Þ el hombre no puede ascender hasta la morada de Dios, sino que Dios tiene que descender hasta la morada del hombre (debe revelarse a sí mismo a la humanidad);

Þ el hombre no puede ascender y alcanzar el cielo: él no puede entrar al mundo espiritual, sino que Dios tiene que entrar al mismo físico;

Þ el hombre con sus propias manos: el mediador de Dios tiene que presentarse delante de Dios para interceder por hombre.

   Pensamiento: Podemos apreciar tres claras lecciones en este punto.

(1) Jamás debemos acercarnos y adorar a ninguna persona ni a ningún dios falso ideado por la imaginación del hombre. Hay un solo Dios vivo y verdadero, el Padre del Señor Jesucristo. Él y solo él es el único Dios vivo y verdadero; por consiguiente, a él y solo a él debemos acercarnos y adorar (Dt. 11:16;12:5; Sal. 33:8; Is. 42:8).

(2) Jamás debemos adorar a Dios montando un espectáculo, con un espíritu de ostentación o vistosidad (Mt. 6:2; 6:5; 6:16; 23:5).

(3) Jamás debemos ser irrespetuoso ni irreverentes en nuestra adoración; nunca debemos corromper ni profanar nuestra adoración (Éx. 3:5; Lv. 19:30; Jos. 5.15; Sal. 89:7; Ec. 5:1; Jn. 2:13-16; 1ª Ti. 3:15; Hab. 2:20).

   Referencias sobre altar: Hebreos 13.10. Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.

   Condiciones para presentar la ofrenda en el altar de Dios: Mateo 5:23-24. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

   Un altar derribado pero restaurado por el profeta y deja bendición para el pueblo: 1ª de Reyes 18: 30 al 38. Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 

Amén, Para La Gloria De Dios.

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Bibliografía a usar como aporte: Bíblia de Bosquejos y sermones Éxodo 19 al 40. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 2 Éxodo. Bíblia de referencia Thompson. Libro de Éxodo Pablo R. Andiñach; Comentario de toda la Biblia, de Matthew Henry. El Libro De Éxodo Ernesto Trenchard Y Antonio Ruiz Prologo De José M Martínez; Diccionario en español.


Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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