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Domingo 2 de febrero de 2020: “Espíritu, Alma y Cuerpo, íntegra consagración del Sacerdote”.

Domingo 2 de febrero de 2020: “Espíritu, Alma y Cuerpo, íntegra consagración del Sacerdote”.

   Lección: Éxodo Cap. 29, versículos 19 al 24. 19Tomarás luego el otro carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 20Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el lóbulo de la oreja de sus hijos, sobre el dedo pulgar de las manos derechas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de ellos, y rociarás la sangre sobre el altar alrededor. 21Y con la sangre que estará sobre el altar, y el aceite de la unción, rociarás sobre Aarón, sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de estos; y él será santificado, y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él. 22Luego tomarás del carnero la grosura, y la cola, y la grosura que cubre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones, y la grosura que está sobre ellos, y la espaldilla derecha; porque es carnero de consagración. 23También una torta grande de pan, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre del canastillo de los panes sin levadura presentado a Jehová, 24y lo pondrás todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos; y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Jehová.

    Comentario de los temas a tratar: [8]La consagración al servicio: el sacrificio del segundo carnero

  1. Debían poner sus manos sobre la cabeza del animal.
  2. Moisés debía matar al carnero y poner de su sangre sobre los sacerdotes:

1) en el lóbulo de la oreja derecha: apartada para escuchar;

2) en el pulgar derecho: apartado para hacer el bien;

3) en el dedo gordo del pie derecho: apartado para andar en los caminos de Dios;

4) a todos los lados del altar.

  1. Debía mezclar parte de la sangre y del aceite de la unción y rociarlo sobre los sacerdotes y sus vestiduras.
  2. El propósito: simbolizaba la consagración total al servicio a Dios.

   [9]. El compromiso de dar a Dios lo mejor: la ceremonia de las dos ofrendas mecidas

  1. La primera ofrenda mecida:
  2. l) Se cortaban las grosuras y partes selectas del carnero de la ordenación.

2) Se tomaba un pan sin levadura, una torta de pan de aceite y un hojaldre del canastillo.

3) Se ponía todo en las manos de los sacerdotes: ellos debían elevarlo y mecerlo delante del Señor como ofrenda mecida.

4) Se quemaban sobre el altar esos elementos para que fueran olor grato al Señor: simbolizaban la complacencia y aceptación del Señor.

  1. La segunda ofrenda mecida: se tomaban el pecho y la espaldilla del carnero, y se los elevaba y mecía delante del Señor.

1) Se santificaban se apartaban como elementos santos las partes del carnero que pertenecían a los sacerdotes.

2) Estas partes siempre debían entregarse a los sacerdotes cuando se hacían ofrendas de comunión (de paz o de acción de gracias).

   Comentario 2:  1Co 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  Pablo sabía que le templo judío, el templo de los israelitas se componía de tres partes: (Ga 5:16; Ef. 5.23; 2 Pe. 2:18; Gé. 2:7; Jn 4:24; Ap. 22:6; Is. 6:3).

  1. El Atrio
  2. El lugar santo
  3. lugar santísimo

   Pablo tiene en su mente, el concepto del templo que él conoce, el cuerpo del hombre, son los atrios, el alma el lugar santo, y el espíritu el lugar santísimo. En él los atrios estaban el altar de sacrificio y el altar de bronce, (entrad por sus atrios con alabanza,) igual que en el atrio se hacían sacrificios el cuerpo también hace sacrificios, hay que ayunar, hay que postrarnos de rodillas, y el cuerpo se cansa eso es sacrificio.

   El alma; para pablo esta entre ambos, entre los atrios y el lugar santísimo, y en el tabernáculo estarían, la mesa de los panes de la proposición el candelabro de oro y el altar del incienso. Pablo está diciendo que, si no alimentamos el alma humana con el pan de vida, se nos puede morir. Si el alma no se alimenta con el candelabro de oro, el fuego y el aceite, podemos morir, que, si no ofrecemos incienso a Dios, podemos morir.

Las tres partes del hombre: espíritu, alma y cuerpo

   Nosotros los seres humanos somos complicados. Cada uno de nosotros es único, con distintos antecedentes y personalidades. No obstante, con respecto a cómo Dios nos creó, todos ciertamente somos iguales. La Biblia nos dice en 1 Tesalonicenses 5:23 que todos fuimos creados con tres partes básicas: un espíritu, un alma y un cuerpo:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

   El siguiente diagrama presenta estas tres partes, con el cuerpo como la parte externa y que se puede ver, el alma como la parte interior, y nuestro espíritu como la parte más profunda y escondida.

Tres partes con distintos propósitos

   Ahora analicemos cada una de estas tres partes y sus funciones correspondientes.

   Nuestro cuerpo por medio de sus cinco sentidos tiene contacto con las cosas del mundo material que se ven y se pueden tocar. El cuerpo es la parte más externa y visible de nuestro ser, y es por el cuerpo que existimos y experimentamos las cosas de la esfera física. Sin embargo, somo más que un cuerpo físico.

   Aunque nuestra alma es invisible, es tan real como nuestro cuerpo. Es por nuestra alma que experimentamos las cosas de la esfera psicológica. De hecho, en la Biblia, la palabra griega para alma es psujé, que es también la raíz de psicología. Nuestra alma se compone de la mente, la cual nos permite hacer cosas como pensar, razonar, considerar, recordar e imaginar; de nuestras emociones las cuales nos permiten tener sentimientos como la felicidad, el dolor, la ira, el alivio y la compasión; y de nuestra voluntad, la cual nos permite escoger y tomar decisiones. Nuestra mente, emoción y voluntad constituye nuestra alma, la cual es nuestra personalidad, es decir, quienes somos por dentro.

   Sin embargo, somos más que un simple cuerpo con un alma dentro de nosotros. Tenemos una parte que es mucho más profunda que nuestra alma: nuestro espíritu, el cual es la parte más profunda y escondida de nuestro ser. Es mediante nuestro espíritu que tenemos contacto con la esfera espiritual. Ninguna otra criatura fue creada con esta tercera parte: el espíritu. Es por el espíritu que Dios puede ser real para nosotros y que lo podemos contactar, recibir, contener y tener comunión con Él.

La razón por la cual tenemos un espíritu

   Dios nos creó con un espíritu debido a que Él quiere conocernos, es decir, tener una relación con nosotros e incluso vivir en nuestro ser.

   No solamente nuestro espíritu fue creado para Dios, sino que también tiene la capacidad de contactar, recibir y adorar a Dios. Tal y como Juan 4:24 dice: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.

   Juan 3:6 nos dice que nacemos del Espíritu en nuestro espíritu. Después de haber nacido de Dios, seguimos contactando y adorándolo por medio de nuestro espíritu.

El propósito de Dios para estas tres partes

    El deseo de Dios para nosotros es que nosotros los seres humanos con estas tres partes seamos vasos para contenerlo y expresarlo. Como hemos visto, el propósito de Dios es entrar en nuestro espíritu y llenarlo consigo mismo. Cuando creemos en Jesucristo, Él viene a vivir en nosotros como nuestra nueva vida. Él está en nuestro espíritu como una nueva Persona dentro de nosotros a fin de que Él sea expresado en todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Todo esto sucede cuando le recibimos en nuestro espíritu y somos regenerados, o nacidos de nuevo.

    En el pasado, antes de que Cristo entrara en nosotros como la nueva vida en nuestro espíritu, nuestra alma era la parte principal. La mayoría del tiempo hacíamos todo por lo que nuestra alma pensaba y deseaba. Tomábamos decisiones con nuestra alma basándonos en nuestros pensamientos y consideraciones, nuestros sentimientos y nuestro propio discernimiento. Sin importar si llevábamos una buena vida o una mala, una vida moral o inmoral, vivíamos una vida en el alma.

   No obstante, el deseo de Dios es que una vez que fuimos salvos, con una vida nueva y con Cristo como nuestra nueva persona viviendo en nosotros, nuestro espíritu sea la parte principal de nuestro ser y no nuestra alma. Cuando vivimos por nuestro espíritu, nuestra alma comienza a expresar la vida de Dios en vez de expresar la nuestra.

   Cada día e incluso cada momento, tenemos que tomar una decisión. Podemos vivir por la vida vieja independiente de nuestra alma, o podemos vivir por Cristo como nuestra nueva vida y Persona en nuestro espíritu. Podemos escoger que el espíritu sea nuestra parte principal, usar nuestra voluntad para volver la mente al espíritu e ingerir la Palabra viva de Dios, permitir que nuestras emociones se despierten y sean avivadas para amar a Dios, y presentar nuestro cuerpo para vivir una vida humana apropiada.

    La intención de Dios al darnos tres partes: espíritu, alma y cuerpo, es para que seamos vasos para contenerlo y expresarle. Al escoger andar por el espíritu el cual es nuestra tercera parte, el alma e incluso nuestro cuerpo funcionarán juntos para cumplir el propósito de Dios.

Texto: 1ª a los Tesalonicenses Cap. 5, versículo 23. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

1er Titulo:

Consagración integra del cuerpo para actuar con justicia. Versíc. 19 al 20. (Léase Proverbios 15:31)

[8]. (Éxodo 29:19-21) Sacrificios —Sistema Sacrificial —Sacerdocio —Carnero —Ministerio —Consagración —Servicio: Luego se proseguía con la consagración al servicio, simbolizada por el sacrificio de un segundo carnero. Las instrucciones de Dios dejan muchas enseñanzas para el creyente.

[a]. Los sacerdotes debían poner las manos sobre la cabeza del carnero (v. 19).

[b]. Moisés debía matar al carnero y poner de su sangre sobre los sacerdotes:

  • en el lóbulo de la oreja derecha: apartada para escuchar (v. 20);
  • en el pulgar derecho: apartado para tocar solo lo bueno y hacer solo bien y justicia (v. 20);
  • en el dedo gordo del pie derecho: apartado para andar en los caminos de Dios (v. 20);
  • en todos los lados del altar (v. 20).

   Pensamiento 1. Los sacerdotes de Dios (los creyentes) deben estar totalmente consagrados al servicio a Dios. Consagración significa que debemos estar santificados, purificados, apartados totalmente para servirlo a él.

(l). Nuestros oídos deben estar santificados, purificados y apartados para Dios. Debemos guardarnos de lo que escuchamos y oímos:

  • la música;
  • las conversaciones;
  • las películas;
  • las bromas.

   Nuestros oídos tienen que estar totalmente consagrados a Dios. Debemos estar constantemente atentos, escuchando a Dios y los clamores y las necesidades del pueblo.

   “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas” (Pr. 8:34).

   “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Stg. 1:19).

   “Y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:4).

(2) Los dedos de nuestras manos deben ser instrumentos que hacen el bien y solo obras de justicia.

   “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá. 6:2).

   “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).

   “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor” (Sal. 2:11).

(3) Nuestros pies deben estar consagrados para andar por los caminos de Dios.

   “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Ef. 4:1).

   “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16).

   “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 10:12).

   Comentario: (Léase Proverbios 15:31. El oído que escucha las amonestaciones de la vida, Entre los sabios morará). El v. 31 muestra la manera de llegar a estar entre los sabios (ver 1:5). La condición dada en el modo indicativo, y no imperativo como en 1:8 (escucha); 4:1 (oíd) y 8:33 (escuchad), dice: El oído que atiende… Enseguida viene la palabra común para la “reprensión o corrección” apuntando al contenido del escuchar (ver 15:5, 10, 32). Esta “corrección vital” prepara al hombre para ser un sabio, y hacer su vivienda entre ellos. (Este versículo no se encuentra en la Septuaginta, pero sí en todos los manuscritos hebreos.)

2° Titulo:

Sangre y aceite, rociados para santificación. Versíc. 21. (Léase 1ª de Pedro 1:2).

Comentario: —[c]. Moisés debía mezclar parte de la sangre y del aceite de la unción y rociar a los sacerdotes y sus vestiduras con la mezcla (v. 21). Quizás este mandato suene algo extraño. ¿Por qué Dios querría adornar a los sacerdotes con unas vestiduras tan esplendorosas solo para después arruinarlas con manchas de sangre y aceite? Recuerde lo que este carnero simbolizaba: la consagración al servicio. Los sacerdotes de Dios no estaban llamados a cumplir una tarea sencilla, en la que nunca fueran a ensuciarse y nunca fueran a involucrarse con las personas en su sufrimiento y sus problemas. La sangre y el aceite representaban el mismísimo propósito de los sacerdotes: servir a Dios y a su pueblo sin importar lo terrible que fuera el sufrimiento ni lo difícil que fuera el problema que enfrentaran.

   Pensamiento 1. Son demasiados los creyentes que no quieren ensuciarse con las vidas deshechas de las personas. Buscar un título o una posición de prestigio se ha vuelto la norma para muchos de ellos. Ensuciarse las manos al ministrar las necesidades desesperadas de personas heridas y caídas le parece ofensivo, repugnante e inmundo a la persona que no quiere involucrarse en la vida del necesitado. Dios tiene una idea muy distinta en mente para aquellos que realmente quieren servirlo.

   “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Sal. 126:5).

   “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42).

   “Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:28).

   “Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc. 22:27).

   “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6-7).

[d]. El propósito de matar al segundo carnero era simbólico: representaba la consagración total al servicio a Dios.

   “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 10:12).

   “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor” (Sal. 2:11).

   “Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Ef. 6:7).

   “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sírvanos a Dios agradándole con temor y reverencia” (He. 12:28).

   Comentario de 1ª pedro 1. 2. Que han sido escogidos según el previo conocimiento de Dios Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre.

   En tres cláusulas separadas Pedro describe tres actos del Trino Dios. El Padre conoce de antemano, el Espíritu santifica y Jesucristo espera obediencia de los a quienes ha limpiado de pecado. Estas tres cláusulas explican el término escogidos (v. 1). Nótense los siguientes puntos:

[a]. Conocimiento previo. “Según el previo conocimiento de Dios Padre”. La mayoría de los traductores están a favor de vincular la palabra escogidos con las tres cláusulas preposicionales:

según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados por su sangre.

   Algunas traducciones siguen al pie de la letra el orden del texto griego: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los escogidos que son peregrinos de la Dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia, y Bitinia, según el conocimiento previo de Dios Padre”. Pero la fuerza de la oración centra la atención en la expresión escogidos, ya que el concepto conocimiento previo está directamente relacionado con la elección.

   ¿Qué es el conocimiento previo? Es mucho más que la capacidad de predecir hechos futuros. Incluye la soberanía absoluta de Dios para determinar e implementar su decisión de salvar al hombre pecador.

   La palabra conocimiento aparece en el sermón de Pentecostés de Pedro, en el cual declara a su auditorio judío que Jesús “os fue entregado por el propósito determinado y conocimiento previo de Dios” (Hch. 2:23). Pedro da a entender que Dios obró según su plan y propósito soberano que había determinado de antemano.

   Pablo también se refiere al conocimiento previo. El verbo conocer previamente aparece en Romanos 8:29: “Porque a los que antes conoció, también les predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (VRV). Pablo indica que los conceptos conocimiento previo y predestinación van juntos.

   Conocer de antemano y predestinar fueron actos de Dios llevados a cabo antes de la creación de este mundo (véase Ef. 1:4–5). La palabra previo y el prefijo pre‐ en la frase conoció previamente y predestinó (Ro. 8:29) denotan precisamente eso.

   Volviendo a la primera epístola de Pedro, notamos que éste, al escribir acerca de Cristo, menciona la enseñanza acerca de la elección cuando dice: “A él se le escogió [destinó] antes de la creación del mundo” (1:20).

   Con perfecta comodidad Pedro entreteje la doctrina de la Trinidad en el paño de su epístola. Esta doctrina era aceptada y entendida entre la comunidad cristiana, de manera que los escritores del Nuevo Testamento no tenían necesidad de presentarla, explicarla o defenderla contra posibles ataques judíos.

   Pedro habla del Dios Padre, del Espíritu y de Jesucristo (véase también Ef. 1:3–14). El orden que escoge es arbitrario, porque no está interesado en una secuencia determinada, sino en la función que cada persona de la Trinidad cumple. Dios Padre conoce de antemano y escoge al pecador. Al describir a Dios como Padre, Pedro da a entender que las personas que Dios ha elegido y a quienes Pedro llama “escogidos” son sin duda hijos de Dios. Gozan de un gran privilegio, ya que son parte del pacto que Dios ha hecho con su pueblo:

“Seré un Padre para vosotros, y vosotros seréis mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. (2 Co. 6:18)

   Nótese que los escogidos de Dios “han sido escogidos [elegidos] según el previo conocimiento de Dios Padre”. ¿Cómo se lleva a cabo la elección del hombre? Se efectúa mediante el poder del Espíritu Santo, que limpia de pecado a los escogidos.

[b]. Santificación. Pedro escribe su epístola a los que han sido “escogidos … por la obra santificadora del Espíritu”. Cuando Pedro habla de la obra santificadora del Espíritu Santo, subraya la diferencia que hay entre un Dios santo y un hombre pecador. El Espíritu obra cuando presenta al hombre como santo y aceptable ante Dios; el hombre pecador no puede, empero, entrar ante la presencia de un Dios santo a menos que Dios lo santifique por medio de su Espíritu.

   Pedro no es el único que enseña acerca de la obra santificadora del Espíritu Santo. Pablo dice prácticamente lo mismo a la iglesia de Tesalónica: “Desde el principio Dios os escogió para salvación por medio de la santificación por el Espíritu y la creencia en la verdad” (2 Ts. 2:13).

   El griego original indica que la obra santificadora del Espíritu es una actividad o proceso continuo en vez de una acción ya cumplida que resulta en un estado de perfecta santidad. En este proceso el hombre no queda pasivo mientras actúa el Espíritu. También el hombre está profundamente preocupado. Pedro exhorta a los creyentes: “Así como es santo quien los llamó, sean santos en todo lo que hagan; porque está escrito: ‘Sean santos, porque yo soy santo’” (1:15–16).

[c]. Obediencia y rociamiento. ¿Con qué fin santifica el Espíritu a los escogidos? Pedro dice que es: “para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre”. El repite su referencia a la obediencia en versículos subsiguientes de este capítulo: “Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían cuando vivían en la ignorancia” (v. 14); “Ahora que ustedes se han purificado al obedecer a la verdad, y por eso tienen un sincero amor por sus hermanos, ámense unos a otros de corazón, profundamente” (v. 22).

   En el texto griego Pedro dice, literalmente, “para obediencia y rociamiento de la sangre de Jesucristo”. Por medio de los términos obediencia y rociamiento Pedro hace una referencia a la confirmación del pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel (véase Ex. 24:3–8). Moisés leyó el Libro del Pacto al pueblo. “Ellos respondieron: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’” (v. 7). Entonces Moisés roció sangre sobre el pueblo y dijo: “He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros de acuerdo a todas estas cosas” (v. 8). El escritor de la epístola a los Hebreos comenta que Jesús derramó su sangre para quitar los pecados del pueblo de Dios (9:18–28; 12:24).

   Pedro declara que, mediante el sacrificio de su muerte en la cruz, Jesús redimió y adquirió a los escogidos (cf. 1:18–19). Es así que vemos, en resumen, que el Trino Dios les ha dado tres privilegios distintivos: Dios el Padre los conoce de antemano, Dios el Espíritu Santo los santifica y Jesucristo los limpia de pecado por medio del rociamiento con su sangre. Y aunque el derramamiento de sangre se haya efectuado una vez y para siempre, su significancia tiene un efecto constante y se constituye en un proceso perdurable. Jesucristo sigue limpiándonos del pecado.

[d]. Saludo. Las palabras: “Gracia y paz a ustedes en abundancia,” aparecen también en 2 Pedro 1:2 (y véase también Judas 2). Este saludo es algo típico en los escritores del Nuevo Testamento que escriben cartas. Con ligeras variantes, Pablo, Santiago, Juan, Judas y el escritor de Hebreos mandan saludos y bendiciones al principio o al fin de sus epístolas.

   El término gracia es comprensivo; abarca los conceptos de la misericordia, del amor y del perdón del pecado. Gracia es lo que Dios ofrece al hombre. Paz, por otra parte, es un estado de felicidad interior que el poseedor manifiesta exteriormente ante su prójimo. En cierto sentido, los conceptos de gracia y paz están mutuamente relacionados en el sentido de que el primero es la causa y el segundo, la consecuencia. Es decir, el don de Dios de la gracia resulta en la paz.

3° Titulo:

Con dedicación, el sacerdote presenta a Jehová ofrenda mecida. Versíc. 22 al 24. (Léase Colosenses 3:23 y 24; 1ª a Timoteo 4:13).

   Comentario: [9]. (Éxodo 29:22-28) Ofrenda Mecida —Sacerdocio —Compromiso: La siguiente parte de la ceremonia representaba el compromiso de dar a Dios lo mejor, simbolizado por la presentación de dos ofrendas mecidas.

[a]. La ceremonia de la primera ofrenda mecida (vv. 22-25) obedecía a instrucciones únicas.

  1. l) Moisés debía cortar las grosuras y partes selectas del carnero de la ordenación (v. 22).

2) También debía tomar un pan sin levadura, una torta de pan de aceite y un hojaldre del canastillo (v. 23).

3) Luego, debía poner todos estos elementos en manos de los sacerdotes, quienes debían elevarlos y mecerlos delante del Señor como ofrenda mecida (v. 24). El significado del término “ofrenda mecida” en su lenguaje original proviene de la raíz nuph, que se traduce como “agitar, sacudir, mover de un lado al otro o de arriba abajo”. Esta ceremonia requería la realización de un acto físico por parte de los sacerdotes: exigía la participación personal en una demostración abierta de gratitud a Dios. El comentario bíblico The Expositor’s Bible Commentary explica con más claridad la forma en que se realizaba la ofrenda mecida:

    La ofrenda no se mecía de un lado al otro, sino hacia el altar y de vuelta hacía atrás, movimiento que representaba que el sacrificio se entregaba a Dios y luego el sacerdote lo recibía de vuelta para su propio uso (cf Lv. 7:30; 23:20). Todo lo que se había mecido, excepto el pecho del carnero luego debía quemarse sobre el altar.

   Pensamiento 1. Observe que solo las partes selectas se ofrecían a Dios. Dios siempre debía recibir solo lo mejor de lo mejor. Solo lo mejor es lo que le agrada. ¿Qué es lo mejor que podemos entregarle a Dios? ¿Cuáles son las cosas que más le agradan?

Þ Dios se complace cuando le entregamos nuestro cuerpo.

   “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).

   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:19-20).

Þ Dios se complace cuando le obedecemos.

   “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22).

Þ Dios se complace cuando le somos fieles.

   “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:21).

Þ Dios se complace cuando su pueblo presenta al pecador las buenas nuevas del evangelio.

   “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

   “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida” (Hch. 5:20).

   “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16).

Þ Dios se complace cuando su pueblo hace el bien y comparte lo que tiene con aquellos que atraviesan momentos de necesidad.

   “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (He. 13:16).

   Comentario del texto colosenses 3:23 y 24. Todo lo que hagáis (cf. v. 17), poned vuestra alma en el trabajo (literalmente, “trabajad del alma”), como para el Señor y no para los hombres.… En espíritu, la gente deja

de ser esclava tan pronto como empieza a trabajar para el Señor, y ya no más para los hombres en primer lugar.      En consecuencia, éste era el consejo más provechoso que se le pudiera dar a un esclavo. Además, mediante la cooperación sincera con su amo, obedeciendo en todas formas, y haciendo esto mientras su amo está completamente enterado que el servicio era dado por un cristiano, el esclavo estaría promoviendo la causa y el honor de su Señor. El amo empezaría a pensar, “Si la religión cristiana hace esto por los esclavos, debe ser maravillosa”.

   Pablo continúa, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa, a saber, la herencia. Aunque el esclavo recibiese de su amo terrenal mucho menos de lo que debería recibir, con todo sabe que recibirá de su amo celestial todo lo que ha sido destinado para él por la gracia de Dios.

   Aunque la salvación es completamente “por gracia” y definitivamente no “por obras” (Ef. 2:8, 9; Tit. 3:5), no obstante, esta recompensa de vida eterna será dada “de acuerdo a las obras” (2 Co. 5:10; Ap. 20:12, 13; también Ec. 12:14; 1 Co. 3:10–15; 4:5; Gá. 6:7). Además, la recompensa es “la herencia”, probablemente sugiriendo las siguientes ideas:

(a). es una dádiva (una persona no gana una herencia),

(b). es inalienable (1 R. 21:3; He. 9:15),

(c). fue legada al que la recibe, y así es suya por derecho (cf. Is. 1:27); e implica la muerte del testador (He. 9:16).

   Como regla, los esclavos no son herederos (Gn. 15:3; Ro. 8:15–17; Gá. 4:7). Pero los esclavos a los que Pablo se refiere aquí heredan, porque su amo es Cristo: (Es) el Señor Cristo (a quien) vosotros servís. Por tanto, ¡que siempre vivan “como bajo el ojo” de su Señor!

   Para la expresión “el Señor Cristo”, véase Ro. 16:18. Estas son las únicas dos veces que aparece en el Nuevo Testamento. El Señor ungido es el patrón del esclavo. ¡Qué privilegio y honor!

   Comentario del texto áureo: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1ª a los Tesalonicenses 5:23).

[23]. Y que él, el Dios de paz, os santifique enteramente, y sin defecto sea vuestro espíritu, y vuestra alma‐y‐cuerpo sin reproche en la venida de nuestro Señor Jesucristo sea guardado.

[1 Ts 5:23] (traducción según: (TLA)) Que el Dios de paz los mantenga completamente dedicados a su servicio. Que los conserve sin pecado hasta que vuelva nuestro señor Jesucristo, para que ni el espíritu ni el alma, ni el cuerpo de ustedes sean hallados culpables delante de Dios.

   En este pasaje el autor apunta hacia la fuente de poder para el creyente. Es como si quisiera decir, con vuestra propia fuerza vosotros no podéis cumplir los preceptos que os acabo de ordenar. Necesitáis a Dios, el Dios de paz (cf. Ro. 15:33; 16:20; 2 Co. 13:11; Fil. 4:9; 2 Ts. 3:16; He. 13:20), una paz establecida por la cruz, una paz que implica prosperidad espiritual en su más alto sentido (véase sobre 1:1). Que este Dios os santifique, es decir, os separe de la vida de pecado y obre en vosotros el deseo de consagrar vuestras vidas a él (cf. Ro. 15:16; 1 Co. 1:2; 6:11; 7:14; Ap. 22:11; y véase más arriba sobre 3:13; 4:3, 7; sobre Juan 17:17, 19) enteramente. Este “enteramente” (ὁλοτελεῖς, de ὅλος entero, y τέλος fin) es una palabra rara, que ocurre en el Nuevo Testamento solamente aquí. Es un adjetivo plural, de tal manera que el significado literal de la palabra en conexión con el nombre que modifica es vosotros enteros, esto es, “la totalidad de cada uno de vosotros, cada parte de cada uno de vosotros” indica que tanto aquí en 1 Ts. 5:23 como en el decreto de Epaminondas el adjetivo tiene fuerza adverbial.

   Ahora bien, este proceso de santificación tiene lugar en la vida presente, vale decir, la vida aquí en la tierra. Pablo expresa un deseo estrechamente relacionado que pertenece al día del juicio. Ambos pensamientos constituyen una unidad. El deseo que expresa—que tiene la solemnidad de una oración—es que también “en la venida del Señor Jesucristo” (véase sobre 2:19), cuando otros sean sentenciados a condenación eterna incluyendo tanto sus cuerpos como sus almas (toda su persona), el espíritu de los creyentes de Tesalónica (junto con todos los demás creyentes, por supuesto) sea sin defecto, sí, que su alma-y-cuerpo sea preservado de esta terrible condenación, esto es, sea guardado irreprensiblemente (2:10; cf. 3:13).

   Hasta ahora no hay gran dificultad. La idea principal está clara. El problema aparece al interpretar los detalles. Si se desea una contestación a las preguntas, “¿Era Pablo tricotomista?” “¿Está enseñando en 1 Ts. 5:23 que el hombre consiste de tres partes, espíritu, alma, y cuerpo?” 

   La idea de totalidad se enfatiza en todo el pasaje. Queda demostrado por la posición de preferencia que ocupa la palabra “entero” o “sin defecto”, y también por expresiones tales como “enteramente” y “vuestra alma-y cuerpo”. Aunque determinadas personas de Grecia y Macedonia hubiesen tenido un bajo concepto del cuerpo considerándolo como simplemente una mera prisión de la cual el alma debía ser liberada, y aunque los creyentes de Tesalónica, al hacer duelo por sus amados se sintiesen embargados por la incertidumbre de si sus cuerpos ya sepultados llegarían de alguna manera a participar de la gloria del regreso de Cristo (véase 4:13–18), Pablo asegura a los creyentes que Dios en Cristo es un Salvador perfecto.

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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