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Domingo 19 de mayo de 2019: “Mandamientos Divinos para todos los tiempos”

Domingo 19 de mayo de 2019: “Mandamientos Divinos para todos los tiempos”

Lección: Éxodo Cap. 20, versículos 1 al 7.Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. 

   Comentario general del contexto (Éxodo 20:1 al 7): Dios habla de muchas maneras a los hijos de los hombres; por la conciencia, por providencias, por su voz, a todas las cuales debemos atender cuidadosamente; pero nunca habló, en momento alguno, como cuando dio los Diez Mandamientos. Dios había dado antes esta ley al hombre; estaba escrita en su corazón, pero el pecado la desfiguró tanto que fue necesario revivir el conocimiento de ella. La ley es espiritual, y toma conocimiento de los pensamientos, deseos y disposiciones secretas del corazón. Su gran exigencia es el amor, sin el cual la obediencia externa es pura hipocresía. Requiere la obediencia perfecta, infalible, constante; ninguna ley del mundo admite la desobediencia. Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos, Santiago ii, 10. Omitir o variar algo en el corazón o en la conducta, en pensamiento, palabra u obra, es pecado y la paga del pecado es muerte.

   Los primeros cuatro de los diez mandamientos, corrientemente llamados la PRIMERA tabla, hablan de nuestro deber hacia Dios. Es adecuado que estos se pusieran primero, porque el hombre tuvo un Hacedor para amar antes de tener a un prójimo para amar. No puede esperarse que sea veraz con su hermano, aquel que es falso con su Dios. —El primer mandamiento se refiere al objeto de adoración, JEHOVÁ, y solo a Él. Aquí se prohíbe adorar criaturas, pero el mandamiento alcanza mucho más allá. Aquí se prohíbe amar, desear, deleitarse o esperar algo bueno de cualquier complacencia pecaminosa. Transgrede este mandamiento todo lo que no sea amor, gratitud, reverencia o adoración perfecta. Todo lo que hacéis, hacedlo todo para la gloria de Dios. —El segundo mandamiento se refiere a la adoración que debemos rendir al Señor nuestro Dios. Se prohíbe hacer imagen o retrato de la Deidad en cualquier forma o propósito; o adorar cualquier criatura, imagen o cuadro, pero el alcance espiritual de este mandamiento va mucho más allá. Aquí se prohíbe toda clase de superstición y el empleo de inventos puramente humanos para la adoración de Dios. — El tercer mandamiento se refiere a la manera de adorar, que sea con toda la reverencia y seriedad posible. Se prohíben los votos falsos. Toda liviana alusión a Dios, toda maldición profana es una horrenda transgresión de este mandamiento. No importa si se usan las palabras con o sin sentido. Toda broma profana con la palabra de Dios o con las cosas sagradas y todas las cosas semejantes violan este mandamiento y no hay provecho, honra ni placer en ellas. El Señor no dará por inocente a quien toma su nombre en vano.

   Pensamiento: Los diez mandamientos son el documento más importante que se haya escrito Jamás. Es imposible medir la influencia que ha tenido sobre naciones y sociedades enteras; su importancia no puede exagerarse y es imposible enfatizarla demasiado. Por esta razón, debemos analizar estos mandamientos de forma global antes de estudiarlos en detalles.

   Referencias: Éxodo 34:28. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.

Deuteronomio 4.13. Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. — Deuteronomio 10.4. Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. 

Mateo 19:17-19. Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

   Texto: 2ª a Timoteo Cap. 3, versículos 16-17. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 

   Comentario del texto: 16, 17. Ahora Pablo amplía la idea que acaba de expresar. Lo hace de tres maneras:

a. No solamente “las sagradas escrituras” (v. 15) son de inestimable valor; también lo es “toda la escritura”.

b. Esta literatura sagrada no solamente “hace sabio para salvación” (v. 15) sino que es definitivamente inspirada por Dios y como tal capaz de hacer a una persona enteramente apta “para toda buena obra”.

c. No solamente beneficiará a Timoteo (v. 15), sino que hará lo mismo por todo “hombre de Dios”.

   En consecuencia, Pablo escribe: Toda la escritura (es) inspirada por Dios y útil para enseñar, para entrenar en justicia.

   Toda la escritura, distinta de “(las) sagradas escrituras” (acerca de lo cual véase comentario sobre el v. 15), quiere decir todo lo que, por medio del testimonio del Espíritu Santo en la iglesia, es reconocido por la iglesia como canónico, esto es, con autoridad. Cuando Pablo escribió estas palabras, la referencia directa era a un cuerpo de literatura sagrada que aún entonces Testamento comprendía más que el Antiguo. Después, al final del primer siglo d.C., “toda la escritura” había sido completada. Aunque la historia del reconocimiento, la revisión y ratificación del canon fue algo complicada, y la aceptación de los sesenta y seis libros en forma virtualmente universal no ocurrió inmediatamente en todas la regiones en que la iglesia estaba representada—siendo una de las razones que por largo tiempo ciertos libros más pequeños aún no habían llegado a todos los rincones de la iglesia—, sin embargo, sigue siendo cierto que los creyentes genuinos que fueron los receptores originales de los diversos libros inspirados por Dios los consideraron inmediatamente como que estaban investidos de autoridad y majestad divina. Sin embargo, lo que se debe enfatizar es que estos libros son la Biblia inspirada no porque la iglesia, en cierta fecha, largo tiempo atrás, hizo una decisión (la decisión del Concilio de Hipona, 393 d.C.; de Cartago, 397 d.C.); por el contrario, los sesenta y seis libros, por su mismo contenido, inmediatamente dan testimonio a los corazones de los hombres que tienen el Espíritu Santo viviendo en ellos, de que son los oráculos vivientes de Dios. Por eso los creyentes se llenan de una profunda reverencia cuandoquiera que oyen la voz de Dios que les habla desde la Santa Escritura (véase 2 R. 22 y 23). ¡Toda la escritura es canónica porque Dios lo hizo así!

   La palabra que se traduce inspirada por Dios, y ocurre solamente aquí, indica que “toda la escritura” debe su origen y con tenido al aliento divino, al Espíritu de Dios. Los autores humanos fueron guiados poderosamente por el Espíritu Santo. Como resultado, lo que ellos escribieron no solamente carece de errores, sino que es de valor supremo para el hombre. Es todo lo que Dios quiso que fuera. Constituye la infalible regla de fe y práctica para la humanidad.

   Sin embargo, el Espíritu no reprimió la personalidad humana del autor, sino que la elevó a su mayor nivel de actividad (Jn. 14:26). Y debido a que la individualidad del autor humano no fue destruida, encontramos en la Biblia una amplia variedad de estilo y lenguaje. En otras palabras, la inspiración es orgánica, no mecánica. Esto también implica que no debiera considerarse aparte de las muchas actividades que sirvieron para traer al autor humano al escenario de la historia. Al hacerlo nacer en determinado lugar y tiempo, al otorgarle algunos dones específicos, al equiparlo con un tipo definido de educación, al hacerlo pasar por experiencias predeterminadas y al hacerlo recordar ciertos hechos y sus implicaciones, el Espíritu preparó su conciencia humana. Luego, el mismo Espíritu lo impulsó a escribir. Finalmente, durante el proceso de la escritura, el mismo Autor Primario, en una conexión completamente orgánica con toda la actividad precedente, sugirió a la mente del autor humano ese lenguaje (las palabras mismas) y el estilo que sería el más apropiado vehículo para la interpretación de las ideas divinas para el pueblo de todo rango, posición, edad y raza. Por eso, aunque cada palabra es verdaderamente de un autor humano, es más ciertamente la Palabra de Dios.

   Aunque la palabra que se traduce inspirada por Dios aparece solamente aquí, la idea se encuentra en muchos otros pasajes (Ex. 20:1; 2 S. 23:2; Is. 8:20; Mal. 4:4; Mt. 1:22; Lc. 24:44; Jn. 1:23; 5:39; 10:34, 35; 14:26; 16:13; 19:36, 37; 20:9; Hch. 1:16; 7:38; 13:34; Ro. 1:2; 3:2; 4:23; 9:17; 15:4; 1 Co. 2:4–10; 6:16; 9:10; 14:37; Gá. 1:11, 12; 3:8, 16, 22; 4:30; 1 Ts. 1:5; 2:13; Heb. 1:1, 2; 3:7; 9:8; 10:15; 2 P. 1:21; 3:16; 1 Jn. 4:6 y Ap. 22:19).

   Ahora, en virtud del hecho de que “toda la escritura” es inspirada por Dios, es útil, beneficiosa, o provechosa. Es un instrumento o herramienta muy práctica, sí, indispensable para el maestro (implícito aquí). Timoteo debiera hacer buen uso de ella:

a. para enseñar. Lo que se quiere decir es la actividad de impartir conocimiento acerca de la revelación de Dios en Cristo.

b. para reprender (cf. Sal. 38:14; 39:11). Se deben hacer advertencias basadas en la Palabra. Los errores en doctrina y en conducta deben ser refutados en el espíritu de amor. Se deben señalar los peligros. Hay que denunciar a los falsos maestros (cf. 1 Ti. 5:20; Tit. 1:9, 13; 2:15; luego Ef. 5:18; y véase sobre Jn. 16:8–11).

c. para corregir. Si reprender enfatiza el aspecto negativo de la obra pastoral, la corrección enfatiza el lado positivo. No solamente se debe advertir al pecador que deje el mal camino, sino que debe ser orientado hacia el camino correcto o derecho (Dn. 12:3). “Toda la escritura” también puede hacer esto. La Palabra, especialmente cuando la usa en siervo consagrado de Dios que es diligente en la realización de sus deberes pastorales, tiene un carácter restaurador (cf. Jn. 21:15–17).

d. para entrenar en justicia (cf. 2 Ti. 2:22). El maestro debe entrenar a su gente. Todo cristiano necesita disciplina para que pueda prosperar en la esfera en que la santa voluntad de Dios se considera normativa. Tal es el carácter de entrenar en justicia (cf. Tit. 2:11–14).

   El maestro (en este caso Timoteo, pero la palabra se aplica a cada persona a la que se confían las almas humanas) necesita “toda la escritura” para adquirir la capacidad de realizar su cuádruple tarea (enseñar, administrar la reprensión, corregir, entrenar en justicia), con un glorioso propósito en mente, un propósito que a su manera y a su tiempo Dios hará que sea comprendido en el corazón de todo su pueblo: para que el hombre de Dios esté equipado, completamente equipado para toda buena obra.

   El hombre de Dios (véase 1 Ti. 6:11) es el creyente. Todo creyente, considerado como perteneciente a Dios e investido con el triple oficio de profeta, sacerdote y rey, recibe aquí este título. Para ejercer adecuadamente este triple oficio, el creyente debe ser equipado (nótese el énfasis en el original; literalmente, “… que equipado pueda ser el hombre de Dios”); sí, de una vez por todas, completamente equipado (cf. Lc. 6:40) “para toda buena obra” (1 Ti. 5:10; 2 Ti. 2:21; Tit. 3:1). Pablo (y el Espíritu Santo hablando por medio de él) no está satisfecho hasta que la Palabra de Dios haya cumplido completamente su misión, y el creyente haya alcanzado “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:12, 13).

   El ideal por realizarse es ciertamente glorioso. El poder para lograrlo viene de Dios. Por eso, que Timoteo permanezca firme. Que permanezca en la verdadera doctrina, aplicándola cuando quiera que la oportunidad se presente.

1er Titulo:

Dios Le Recuerda A Su Pueblo Que Él Es Su Libertador. Versíc. 1-2. Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. (Léase Deuteronomio 7:8. sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.).

   Comentario 1: Existencia de Dios— Soberanía: El primero de los pilares de los diez mandamientos es la existencia de Dios y su naturaleza eterna. Dios existe, creó el mundo y dio sus mandamientos al pueblo que él creó. Considere las palabras “y hablo dios”. Declaran la existencia de Dios; no la discuten ni la debaten, ni intentan probarla. Las Escrituras dan por sentado que todos somos lo bastante razonable, criteriosos y honestos para saber y reconocer que Dios existe. Por lo tanto, lo declaran sin dar lugar a dudas ni explicaciones: “Y habló Dios”, es decir Dios existe. En consecuencia, puesto que Dios existe, es él quien debe mostrarle al hombre cómo vivir y es él quien le daría sus mandamientos al pueblo que él creó. En eso consisten los diez mandamientos: son los mandatos que Dios mismo dio al hombre para mostrarle cómo vivir. Los diez mandamientos deben ser leyes básicas de la sociedad, que rigen las relaciones humanas y la relación entre Dios y el hombre. Son las leyes que deben gobernar al hombre a lo largo de la historia, en todas las generaciones y en toda sociedad humana.

   Dios mismo es la persona que ideó, pronunció y entregó al hombre los diez mandamientos. Dios mismo es la fuente de los diez mandamientos; él mismo —su existencia eterna — es su fundamento. Existen porque Dios mismo existe y quiere que sepamos cómo vivir la vida.

   Pensamiento 1. ¿Qué significa que Dios sea el fundamento, la fuente, Aquel que ha dado al hombre los diez mandamientos? Significa que los diez mandamientos son verdaderos, que deberían ser las leyes básicas que rigen nuestra vida y la vida en sociedad, que son:

• las leyes básicas que nos muestren cómo vivir;

• las leyes básicas que nos puedan ayudar a vivir una vida fructífera y productiva;

• las leyes básicas que nos pueden enseñar a vivir juntos en amor, gozo y paz.

• (Citas 1: Gn. 1:1; Dt. 4:2; Dt. 6:4-7; 1 Reyes 8:23).

   Comentario 2: Dios —comunicación: El segundo pilar de los diez mandamientos es la palabra de Dios, el hecho de que Dios le hable al hombre y se comunique con él. Cuán gloriosa es esta verdad: Dios nos habla. A pesar de que lo rechacemos —lo neguemos, lo blasfememos y nos rebelemos contra él, —Dios esta interesado en nosotros. Por lo tanto, él se comunicó con nosotros para decirnos cómo vivir. Veamos lo que dice el versículo en cuestión: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo”.

   El hombre levanta dioses falsos, intenta hacerlos hablar y a veces incluso afirma que sí hablan, pero está equivocado, engañado y hace aseveraciones engañosas. Los dioses falsos no pueden hablar. Las Escrituras declaran: Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. (Jer. 10:5); porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. (Romanos 1.19-21).

   Dios, el Señor, el único Dios vivo y verdadero, ha elegido hablarnos. Además, ha escogido hablarnos de maneras que podamos entender claramente. ¿Cómo ha elegido hablarnos?

Þ Por medio de su palabra escrita, las Sagradas Escrituras.

Þ Por medio de la Palabra Viva, el Señor Jesucristo, el mismísimo Hijo de Dios.

   El presente pasaje de las Escrituras nos muestra cómo Dios nos dado parte de su palabra escrita, en particular los diez mandamientos. Dios mismo habló al hombre y le dio la ley. Él no dejó al hombre sumido en la oscuridad, preguntándose cómo vivir la vida. El hombre no tiene por qué andar tropezándose en la oscuridad, buscando a tientas, tratando de hallar la verdad, preguntándose cómo vivir y traer paz y reconciliación al mundo, cómo agradar a Dios y volverse aceto delante de él. Dios ha hablado al hombre y le ha declarado su palabra, pero también ha ido mucho más allá y se ha encargado de que el hombre recibiera la ley por escrito. Ha enunciado la ley con su propia boca y ha entregado la ley de la forma más permanente posible: por escrito. Se comunicó con el hombre y le dio la Santa Ley de Dios por escrito para que siempre tenga acceso a los diez mandamientos y siempre sepa cómo relacionarse con su prójimo y vivir en paz y reconciliación.

   Pensamiento 2. Dios nos hablado y nos ha dicho cómo debemos vivir. Observe lo que las Escrituras declaran:

Þ Dios nos ha dado por escrito la Palabra de Dios. (Ro. 15:4; 1 Co. 10:11; 2 Pe. 1:21).

Þ Dios nos ha dado la Palabra viva de Dios, al mismo Señor Jesucristo. No nos dio solo la palabra escrita, sino que también envió a su propio hijo para mostrarnos cómo vivir su Palabra. (Jn. 1:1-5; 14; He. 1:1-2; 1 Jn. 1:1-3; 3:23).

   Comentario 3: (Éxodo 20:2): Dios, nombre de —Jehová: el tercer pilar que sostiene los diez mandamientos es el nombre de Dios. Considere que el nombre de Dios es el Señor, Jehová o Yahweh.

• El nombre de Dios significa que él es el gran YO SOY: “YO SOY EL QUE SOY”. Dios es la Esencia, la Fuerza y Energía del ser, Aquel cuya existencia depende únicamente de sí mismo (Éxodo 3:14-15).

• El nombre de Dios significa que él es el dios de la salvación, la liberación y la redención.

• El nombre de Dios significa que él es el dios de la revelación (Jn. 6:20).

   El nombre mismo de Dios significa que él es la fuente de todo ser y de todo lo que existe; que él creó al hombre; que él ama al hombre; que él salva, liberta y redime al hombre; que él revela y da a conocer la verdad al hombre que él revela al hombre la verdad acerca de Dios y del mundo. En eso consisten los diez mandamientos (la ley de Dios): son la revelación de un Dios bondadoso que busca ayudar al hombre y le muestra cómo vivir. El nombre mismo de Dios nos dice eso. Su nombre es el fundamento, la mismísima razón por la que nos fueron entregados los diez mandamientos. El nombre de Dios nos dice que él nos ama: él nos salva, liberta y redime. El nos revela la verdad mostrándonos cómo vivir y relacionarnos con él y con nuestro prójimo por medio de los diez mandamientos. Dicho en términos simples, el Señor Dios nos ama, quiere que sepamos como vivir, y por eso nos da los diez mandamientos. (Éx. 3:14-15; Dt. 6:4-7; Is. 33:22; Is. 51:4-5).

   Comentario 4: (Éx. 20:2). Dios — Relación: El cuarto pilar de los diez mandamientos es la relación de Dios con el hombre. Observe que las Escrituras llaman dios “Jehová tu Dios”. Dios no está distante, en algún lugar lejano del espacio exterior, inalcanzable, inasequible. Dios está cerca, lo suficiente para que hablemos con él. De hecho, Dios quiere que le hablemos; él quiere cultivar una relación personal y de amor con nosotros. Por eso es que nos los diez mandamientos. Él es el gran Creador y Padre de la humanidad: nos dio los mandamientos para alimentar su relación con las criaturas que él creó. Él nos dio los diez mandamientos para guiarnos hacia una relación más íntima con él. (Éx. 19:5-6; Dt. 5:29; Jn. 14:21-23; 2 Co.6:17-18.).

   Comentario 5: (Éxodo 20:2): Dios, nuestro salvador —Liberación — Salvación: El quinto pilar que sostiene los diez mandamientos es la salvación, liberación y redención de Dios. Dios mismo rescató a Israel de aquel lugar funesto de esclavitud, la tierra de Egipto (símbolo del mundo). Dios nos dio los diez mandamientos para salvarnos de la maldad, la rebelión y el desorden de este mundo, que se expresan, por ejemplo, en:

• la codicia y la avaricia; el maltrato; la mentira; el robo; el adulterio; el homicidio; la transgresión del Sabbat, el día de reposo y adoración; las blasfemias contra Dios; la adoración de dioses falsos; la falta de fe en Dios o la negación de su existencia.

   La maldad y la rebelión siempre han sido endémicas en lugares donde las personas no cuentan con los diez mandamientos o no los siguen. Los diez mandamientos nos ayudan solo si los obedecemos. Por eso es que Dios exige una cosa por sobre todas las demás: obediencia. Dios es nuestro salvador y libertador. Él quiere guardarnos del camino de daño y el dolor, y que vivamos como debemos vivir, en paz y reconciliación, tanto con él como con nuestro prójimo. Por consiguiente, nos dio los diez mandamientos. La salvación, liberación y redención de Dios son el fundamento de los diez mandamientos. (Dt. 5:29; Is. 12:2; 25:9; Sof. 3:17; Jos. 1.8; Tit. 2.11-13.).

   Referencias: tito 2:11-14. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. —Isaías 12:2. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. —Isaías 25:9. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. 

2° Titulo:

Severa Advertencia; La Adoración Debe Ser Solo A Dios. Versíc. 3 al 6. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. (Léase 1ª de Juan 5:21. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.).

   Comentario: (Éx. 20:3): Introducción: Dios es; Dios existe. El universo tiene un creador: el único Dios vivo y verdadero. Él es el Señor, Dios (Jehová, Yahweh). Él creó todo lo que existe, incluido el hombre. Por lo tanto, Dios está interesado en el ser humano: se preocupa por su bienestar y por lo que le sucede a lo largo de su vida en el día a día. Sin embargo, Dios piensa de él. Lo que las personas piensan de Dios determina su destino eterno. Dios siempre anhela que todos nosotros vivamos con él por la eternidad. Eso es el motivo por el que nos dio el primer mandamiento: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éx. 20:3). Ahora bien, la gran tragedia es que no todos nosotros viviremos con Dios por la eternidad. ¿Por qué? Porque muchos no viven con dios en el presente.

1. algunas personas niegan a Dios: simplemente no creen que Dios es, que él existe.

Þ Algunas personas son secularistas, es decir, creen que lo único que existe es el mundo físico y materia.

Þ Otros son evolucionistas, es decir, creen que el hombre ha evolucionado para volverse el ser supremo de esta tierra, el dios de esta tierra.

Þ Otros son humanistas, personas que creen que el hombre—por su propio conocimiento, su ciencia y su tecnología— es quien determina su propio destino y el destino de todo los demás en este mundo.

   Lógicamente, si una persona niega a Dios no vive con él, ni en el presente ni en el futuro. Lo ha rechazado y se ha apartado de él. Este mandamiento está destinado a los ateos, secularistas, humanistas, y evolucionistas:

   “No tendrás dioses ajenos delante de mí”; no endiosarás a este mundo y universo seculares y, desde luego, tampoco al hombre mismo, que es tan frágil. Tan frágil que su vida es como una neblina que aparece tan solo por un instante y luego se desvanece igual de rápido.

2. Algunas personas cuestionan la existencia de Dios: puede que Dios exista, pero también puede que no. Puede que haya un dios detrás de todo lo que sucede en el universo, pero también puede que no. Sencillamente no lo saben, no están seguros. ¿Cómo podrían saberlo? Son escépticos hacia Dios. Son agnósticos.

   Desde luego, si una persona cuestiona la existencia de Dios tampoco vive con él, ni en el presente ni en el futuro. Este mandamiento está destinado a los agnósticos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”; no deificarás la capacidad que el hombre tiene de razonar y cuestionar, ni su ciencia, tecnología y capacidad de análisis.

3. Hay otras personas que creen en muchos dioses y consideran que el destino del hombre y de este mundo está en manos de muchos poderes y autoridades que habitan a lo largo y ancho del universo (politeísmo). Este mandamiento está destinado a todos aquellos que creen en la existencia de muchos dioses. Existe un solo Dios vivo y verdadero. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” Éxodo 20:3.

4. Hay muchas personas —un numero incalculable de personas— que creen que existe un Dios y que es el único dios. No obstante, ese dios en es el Dios vivo y verdadero, ni el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Muchas personas, en especial en las naciones industrializadas, afirman que el dios que adoran musulmanes, budistas, cristianos y adherentes a otras religiones es el mismo dios, solo que no todos le dan un nombre distinto; pero eso no es verdad, no según las Escrituras y no según el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

   El Padre de nuestro Señor Jesucristo afirma ser el único Dios vivo y verdadero. Él declara que por este mismo motivo envió a su hijo Jesús al mundo: para revelarse a sí mismo, para revelarnos la verdad de que hay un solo Dios vivo y verdadero. Esta convicción es clave: el dios en el que la mayoría de las personas cree no es el dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él y solo él es el Dios vivo y verdadero. Él y solo él es aquel que envió a Jesús para revelarnos la verdad acerca de sí mismo y del mundo.

   Este mandamiento esta destinado a quienes creen en un dios único, pero creen que por ese dios es el mismo para todas las personas y religiones de la tierra. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éx. 20:3).

   Comentario 1: (Éxodo 20:4-5). Mandamientos, los diez —Obediencia – desobediencia — adoración — idolatría: ¿Qué es lo que este mandamiento prohíbe? Prohíbe hacerse imágenes o ídolos y prohíbe adorar a dioses falso, sin importar de qué clase sean. ¿Cómo se lo quebrante? ¿Cómo se desobedece a esta orden de Dios? Las Escrituras dicen que este mandamiento prohíbe al menos tres cosas.

• Este mandamiento prohíbe levantar toda clase de ídolos; por ende, la forma de quebrantar es mandamiento es hacerse ídolos (v. 4).

   Comentario 2: (Éxodo 20:5-6) Testimonio —influencia —pecado, resultados —hijos —Padres: ¿Por qué Dios dio este mandamiento? Lo dios por al menos tres razones.

   Primero, Dios prohíbe la adoración de ídolos porque el es un Dios celoso. La palabra hebrea que se traduce como “celoso” significa estar sonrojado. Dios ama al hombre y se preocupa por él; no quire que el ser humano viva en el error, yendo en pos de dioses falsos que no pueden hacer absolutamente nada para ayudarlo en la vida. Por eso, dios es celoso —se acalora su rostro— ante la presencia de cualquier cosa que aparta a las personas de la verdad y de él mismo.

   Considere lo siguiente: las Escrituras declara que la idolatría es un adulterio espiritual; por lo tanto, la ira de Dios en contra de la idolatría bien recibe el nombre de celo. El celo de dios nos deja ver que él, por naturaleza, tiene sensibilidad y amor. Es cierto de todo que amenaza con llevarse el honor, el reconocimiento o la reverencia que le corresponden a él. Por ende, cuando una persona, tiempo, energía, esfuerzo o dinero a algo que no sea Dios mismo, está cometiendo adulterio espiritual contra él que le es infiel. El hombre jamás debe olvidar que Dios no tolera la infidelidad; él jamás permite que un rival lo reemplace, Observe lo que dicen las Escrituras: Þ El celo de Dios no permitirás jamás que otra persona u objeto reciba la gloria y el honor que le corresponden a él. Isaías 42:8. Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. —Isaías 48:11. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.

   Segundo, Dios prohíbe adorar ídolos debido a que los efectos de la idolatría pasan de los padres a los hijos. Cuando una persona práctica una adoración falsa, influye sobre sus hijos y nietos y los conduce por el mismo camino. Lo que ella hace afecta en gran manera a su familia.

   Tercero, Dios prohíbe adorar ídolos porque la influencia de un padre bondadoso y obediente perdura para siempre, por mil generaciones. Observe que el pecado y el castigo de la idolatría pasan de los padres a los hijos, hasta tres o cuatro generaciones, pero el amor y la obediencia de los padres pasan a sus hijos por mil generaciones. Esto es la que se conoce como un paralelismo hebreo: lo que en este pasaje se traduce como “millares” no se refiere a miles de personas, sino a miles de generaciones. Observe lo que dice exactamente el versículo: Dios muestra su misericordia a millares de aquellos que lo aman y le obedecen, a mil generaciones. Los padres que aman y le obedecen, a mil generaciones. Los padres que aman a Dios y guardan sus mandamientos • influyen sobre sus hijos por mil generaciones; • son recompensados por Dios, que muestra misericordia a millares de sus hijos, por mil generaciones.

   Este pasaje nos demuestra la increíble influencia que los padres ejercen sobre sus hijos y la necesidad absoluta de amar y obedecer a Dios. El juicio recaerá sobre quienes desobedezcan este mandamiento, es decir, tanto sobre los padres como sobre sus hijos, por tres o cuatro generaciones. Por el contrario, Dios mostrará su misericordia sobre quienes obedecen este mandato y sobre millares de sus hijos, por mil generaciones.

   Sim embargo, hay un hecho sumamente relevante y digno de mención: Dios muestra su misericordia solo sobre los que le obedecen, solo sobre quienes aman a Dios y guardan sus mandamientos, los mismos mandamientos que él entrega a su pueblo es este pasaje de las Escrituras. (2 Cr. 17.3 Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales,). (2 Cr. 26:4; Pr. 22:6; 2 Ti. 1.5).

   ¿Cuáles son los beneficios de guardar este mandamiento? La persona que adora a Dios, el Señor, y solo a él acumula sobre sí las más grandes bendiciones que alguien pudiera imaginar. San Juan 4:22-24. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. —Hebreos 10:25-27. no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

   ¿Cuáles son las consecuencias de quebrantar este mandamiento? ¿Cuáles son las consecuencias de adorar ídolos, dioses falsos y todo aquello que no sea Dios mismo? ¿Cuáles son las consecuencias de la adoración falsa? La persona que practica una adoración falsa no heredará el reino de Dios. —Gálatas 5.19-21. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. —1ª de Corintios 6:9-10. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 

3er Titulo:

Prohibición De Tomar El Nombre De Dios En Vano. Versíc. 7. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. (Léase Deuteronomio 18:20. El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.).

   Comentario: (Éxodo 20:7). Maldecir — Blasfemia —Jurar —Lengua —Lenguaje —Vulgaridad: Las blasfemias y vulgaridades se han propagado por toda la faz de la tierra. Los insultos, las maldiciones, el lenguaje obsceno e indecente, el vocabulario grosero y ofensivo —incluso tomando el nombre de Dios en vano— son todas formas de blasfemia y vulgaridades que salen de la boca del hombre. Son palabras que exponen un corazón irreverente y dañino, que degradan a los demás, y que hoy en día están esparcidas en las conversaciones cotidianas.

   Por desgracia, el lenguaje humano siempre ha incluido expresiones vulgares. Sin embargo, hoy en día, este lenguaje blasfemo se ha vuelto proliferante y la sociedad lo acepta cada vez más. Él lenguaje vulgar se está convirtiendo en uno de los pecados más dominantes y en uno de los vicios “populares” del mundo. Este es el tema del que trata este mandamiento y al que debemos dedicar nuestra atención, antes que el mismísimo fundamento de la sociedad —el lenguaje humano, con todas las emociones que despierta— se desmorone. Dicho en términos simples, el lenguaje vulgar es una parálisis insidiosa que destruirá la civilización. ¿Cómo es posible que tenga un efecto tan devastador sobre la sociedad? La civilización se sostiene gracias a los lazos de la cortesía y la decencia de la lengua humana y mediante la gracia que Dios derrama sobre la humanidad. El lenguaje blasfemo hará que la civilización se desintegre en medio de ataques verbales que conducen a la violencia personal y al desorden. Las vulgaridades, las malas palabras, el vocabulario obsceno indecente, ofensivo y maldiciente destruyen el lenguaje humano y despiertan emociones y reacciones que llevan a las personas a arremeter contra sus conciudadanos. Así se corrompen sociedades civiles decentes, se destruyen las civilizaciones: todo porque el lenguaje humano ha perdido la decencia y la cortesía; todo porque la blasfemia y vulgaridades han paralizado el crecimiento y el desarrollo de las relaciones humanas. De eso se trata el gran mandamiento, acerca del nombre de Dios: nunca tomar el nombre de Dios en vano; nunca proferir blasfemias ni vulgaridades en su contra (Éxodo 20:7).

• ¿Quién debe obedecer este mandamiento? Usted.

• ¿Por cuánto tiempo tendría vigencia este mandamiento? Para siempre.

• ¿Qué es lo que este mandamiento prohíbe? No tomar el nombre Dios en vano• ¿Por qué Dios dio este mandamiento? Porque Él prohíbe hablar vulgaridades.                                                                                             

• ¿Qué decisión debemos tomar de acuerdo con este mandamiento? Obedecer (v. 7).

   La persona que toma el nombre de Dios en vano deberá dar cuenta de toda palabra ociosa en el día del juicio. Mateo 12:34-36. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

   La persona que toma el nombre de Dios en vano y lo profana demuestra que no conoce a Dios, que es malvada injusta. Romanos 3:10-14. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda.  No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura.

   La persona que usa el nombre de Dios de la forma apropiada será salva. Ro. 10:13. porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. San Juan 1:12. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; Filipenses 2:9-11. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Amén, Para La Gloria De Dios

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.