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Domingo 19 de abril de 2020: “La impaciencia hace caer a Israel en la idolatría”

Domingo 19 de abril de 2020: “La impaciencia hace caer a Israel en la idolatría”

   Lectura Bíblica: 1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. 7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto

Comentario general del capítulo: Éxodo Capitulo 32: 1 al 35.

DIVISIÓN X

EL BECERRO DE ORO Y LA GRAN INTERCESIÓN DE MOISÉS:

EL QUEBRANTAMIENTO Y LA RENOVACIÓN DEL PACTO ENTRE DIOS E ISRAEL

Éxodo 32:1-34:35

   (Éxodo 3,2:1-34:35) PERSPECTIVA GENERAL DE LA DIVISIÓN ▬ Israel ▬ nación, fundación de la ▬ pacto, quebrantamiento: Si un pueblo iba a experimentar alguna vez un punto de apogeo, ese era el momento perfecto. Nunca antes hubo un pueblo tan privilegiado como Israel. Nunca antes Dios había bendecido tanto a un pueblo. Tan solo imagine un pueblo que acabara de experimentar tantas maravillas:

:> Los israelitas acababan de ser libertados después de cuatrocientos años de esclavitud.

:> Su pueblo experimentaba los albores de la nación de Israel. Pronto recibirían una tierra que sería su patria, su propio país, la tierra de Canaán, que hoy en día conocemos como Palestina.

:> Además, hay un punto que es tan importante como los dos primeros: Dios había escogido a los israelitas para que fueran sus seguidores, el pueblo de Dios.

   Dios los había escogido para que fueran testigos de él ante las demás naciones de la tierra y dieran fe de que hay un solo Dios vivo y verdadero. De hecho, en ese mismo momento, Moisés estaba en la cumbre del monte Sinaí recibiendo las leyes civiles y religiosas de Dios, las mismas leyes que los convertirían en una nación y los regirían como pueblo. Sabemos a partir de los capítulos anteriores (Ex. 19-31) que Dios acababa de darle a Moisés los diez mandamientos y terminaba de dictarle las leyes civiles y religiosas, junto con las instrucciones para la construcción del tabernáculo, el lugar donde la mismísima presencia de Dios habitaría de una forma muy especial en la tierra. Moisés estaba casi listo para descender de la montaña y compartir todo lo que había recibido con todo el pueblo, para instituirlos como una nación gobernada por leyes que, de hecho, Dios mismo había dictado. El pueblo estaba casi listo para transformarse en la gran nación de Israel y para emprender la marcha definitiva hacia la tierra prometida, que habría de convertirse en su patria y su hogar. Esta debería haber sido una de las ocasiones más alegres, célebres y memorables de la historia de Israel.

   Sin embargo, de pronto ocurrió una tragedia abrupta y catastrófica. Sucedió algo triste, terrible y horroroso. El pueblo quebrantó su pacto con Dios: justo cuando estaba por llegar una de las bendiciones más grandes de su vida, el pueblo rompió su promesa y fue infiel a su compromiso con Dios. Los israelitas le dieron la espalda a Dios: perdieron su fe y su confianza en él, lo negaron, lo rechazaron y se rebelaron contra él. En vez de confiar en Dios y esperar en él, el pueblo eligió tomar las riendas del asunto, hacer lo que a ellos les placiera y a su manera. Perdieron la fe en Moisés y decidieron emprender la marcha por su cuenta en busca de la tierra prometida. Dejaron de confiar en la guía de Dios y decidieron apoyarse en su propia sabiduría y en los dioses de su propia imaginación. Esa es la historia que nos relatan los siguientes tres capítulos de las Escrituras: la triste y terrible tragedia del becerro de oro.

DIVISION X

EL BECERRO DE ORO Y LA GRAN INTERCESIÓN DE MOISÉS; EL QUEBRANTAMIENTO Y LA RENOVACIÓN DEL PACTO ENTRE DIOS E ISRAEL

Éxodo 32:1 ▬_34:35

-a. El becerro de oro: Israel quebranta el pacto entre Dios y el hombre: una ilustración de la depravación del corazón del hombre y su rebelión contra Dios (Ex. 32:1-35).

-b. La amenaza de una separación entre Dios y su pueblo, y la gran intercesión de Moisés: los puntos esenciales del arrepentimiento y la renovación posteriores al pecado (Ex. 33:1-23).

-c. La renovación del pacto entre Dios y el hombre: los pasos para volver a empezar (Éx. 34:1-35).

EL BECERRO DE ORO Y LA GRAN INTERCESIÓN DE MOISÉS; EL QUEBRANTAMIENTO Y LA RENOVACIÓN DEL PACTO ENTRE DIOS E ISRAEL, EL 32:1 ▬ 34:35

▬A. El becerro de oro: Israel quebranta el pacto entre Dios y el hombre: una ilustración de la depravación del corazón del hombre y su rebelión contra Dios, Ex. 32:1-35.

Temas a estudiar en el capítulo Éxodo 30: 1 al 35.

   [l]. Las causas del terrible pecado.

-a. La impaciencia: estaban cansados de esperar para llegar a la tierra prometida.

-b. La presión de una multitud.

-c. Una sugerencia infame hecha a un líder débil.

-d. La desobediencia a los mandamientos de Dios.

-e. La creencia de que la liberación viene del hombre y no de Dios.

-f. La fe en dioses falsos.

-g. Ceder ante el deseo de la multitud, por rendición o por miedo: Aarón hizo un ídolo.

1) Lo hizo con el oro de los zarcillos o pendientes del pueblo.

2) Lo moldeó y le dio la forma de un becerro de oro.

3) Lo presentó ante el pueblo como su dios: proclamaron que era el dios que los había salvado y libertado.

-h. La adoración falsa: Aarón edificó un altar para honrar al Señor.

  1. l) Lo construyó delante del becerro de oro.

2) Planificó una dedicación al Señor.

3) El pueblo ofreció sacrificios a Dios.

-i. Los excesos con la comida, la bebida, las fiestas y el sexo ilícito.

   [2]. Una gran intercesión por terribles pecadores

-a. Dios vio el terrible pecado de su pueblo y estaba muy enojado.

1) Le dijo a Moisés que descendiera con el pueblo: Dios los iba a repudiar.

2) Dios los condenaba por:

  • corromperse;
  • apartarse pronto de sus mandamientos;
  • incurrir en una adoración falsa;
  • proclamar que la salvación y liberación vienen de otros dioses;
  • ser un pueblo obstinado y rebelde.

-b. Dios amenazó con derramar su juicio:

1) los destruiría;

2) cumpliría la promesa de su pacto con Abraham de una forma distinta: por medio de los descendientes de Moisés, no de Abraham.

-c. La poderosa intercesión del siervo de Dios: Moisés hizo cuatro peticiones.

1) Que Dios recordara que había salvado y libertado a su pueblo: tenía una relación especial con ellos, mediada por un pacto.

2) Que Dios presentara su propio honor y fiabilidad a los ojos del mundo, para que su nombre no filera difamado falsamente con acusaciones de maldad.

3) Que Dios se volviera del ardor de su ira y no destruyera a su pueblo.

4) Que Dios recordara las grandes promesas que hizo a los antiguos patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob):

  • que multiplicaría a los creyentes como las estrellas del cielo;
  • que daría a los creyentes la tierra prometida para siempre.

5) El resultado de la intercesión: Dios retiró su amenaza de aniquilación.

   [3]. La ira justa contra el terrible pecado

-a. Moisés descendió de la montaña y volvió al campamento: llevaba las dos tablas del testimonio de Dios (los diez mandamientos):

1) escritas a ambos lados;

2) escritas por Dios (vea Ex. 31:18; 34:28).

-b. El ruido del jolgorio: era tan fuerte que se podía oír desde lo alto de la montaña.

  1. l) Josué pensó que eran alaridos de guerra o peleas.

2) Moisés simplemente afirmó que era el sonido de cantico y fiestas.

-c. La imagen de la maldad, la adoración falsa y el jolgorio enfureció Moisés.

  1. l) El arrojó las tablas y las quebró.

2) Quemó el becerro de oro.

  • Lo molió hasta reducirlo a polvo.
  • Esparció el polvo sobre las aguas.
  • Hizo que el pueblo bebiera de esa agua.

   [4]. Las vergonzosas excusas por el pecado

-a. Moisés confrontó a Aarón: le pidió explicaciones.

-b. Las cuatro excusas de Aarón: culpó al pueblo y a Moisés.

  1. l) Acusó al pueblo de ser inclinado a hacer el mal.

2) Acusó al pueblo de forzarlo a pecar y a hacer el mal.

3) Acusó a Moisés de haberse ido demasiado tiempo.

4) Dio a entender que había ocurrido un milagro cuando dio forma al oro y surgió el becerro, o más probablemente se haya burlado de Moisés, en rebelión contra su liderazgo.

   [5]. El juicio justo por el pecado

-a. Moisés vio que el pueblo estaba desenfrenado, despojado de restricciones y descontrolado: eran motivo de burla para sus enemigos.

-b. Moisés desafió al pueblo: los llamó a pronunciarse a favor del Señor.

1) Los llamó a unirse a él.

2) Los levitas se juntaron con él.

-c. Moisés declaró el juicio que Dios había dictado: la ejecución de los culpables.

  1. l) Dijo a los levitas que tomaran sus espadas.

2) Les ordenó matar a todo impío: incluso a miembros de su propia familia.

3) Los levitas obedecieron: ejecutaron a tres mil personas.

  1. Moisés declaró que la obediencia de los levitas los había aparatado para el Señor y para su servicio.

   [6]. El pedido justo de perdón por el pecado

  1. La culpa era de todo el pueblo: los inocentes no habían detenido a la multitud rebelde.
  2. La necesidad: la expiación por el pecado.
  3. La intercesión de Moisés:

1) confesó el pecado del pueblo;

2) pidió el perdón por su pecado;

3) clamó que, si Dios no los perdonaba, entonces quitara su propio nombre del libro de Dios.

   [7]. El juicio seguro por el pecado: el pecador debe ser y será quitado del libro de Dios.

   [8]. El castigo justo por el pecado.

-a. El mandato del Señor a Moisés: que condujera al pueblo a la tierra prometida.

-b. La promesa del Señor: su ángel los guiaría.

-c. E1 castigo justo del Señor:

  • Dios pronunció el juicio;
  • Dios ejecutó el juicio: una plaga

DIVISIÓN X

EL BECERRO DE, ORO Y, LA GRAN INTERCESION DE MOISES: EL QUEBRANIAMIENTO Y LA RENOVACION DEL PACTO ENTRE DIOS E ISRAEL

Exodo 32:1-34:35

  1. El becerro de oro: Israel quebranta el pacto entre Dios y el hombre: una ilustración de la depravación del corazón del hombre y su rebelión contra Dios (Ex. 32:1-35)

   (Éxodo 32:1-35) Introducción: El corazón del hombre es pecaminoso, corrupto y depravado. No hay persona que no tenga pecado; nadie puede guardarse totalmente del pecado. Todos pecamos y fuimos destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:23). Este pasaje nos muestra lo impío −lo increíblemente malvado− que en realidad es el corazón humano. No es una linda imagen ni un tema agradable, pero es la verdad y, por lo tanto, debemos enfrentarla. Solo podemos corregir una situación terrible si la vemos y la confrontamos. Por eso, debemos enfrentar la naturaleza pecaminosa y corrompida de nuestro corazón, para así poder corregir esa parte tan destructiva de nuestro ser.

   Tengamos en cuenta lo que Israel había experimentado hacía pocos meses. Habían sido testigos de la milagrosa liberación de Dios.

∎ Dios los libró de la esclavitud egipcia.

∎ Él los hizo cruzar el Mar Rojo.

∎ El pueblo atravesó tiempos de hambre y sed durante el principio de su peregrinaje por el desierto.

   Habían visto la gloria y el poder de Dios descender sobre el monte Sinaí en una nube y habían recibido la ley de Dios, de parte de Dios mismo, por medio de su siervo Moisés, el líder del pueblo. Es más, habían hecho un pacto con Dios y se habían comprometido a obedecerlo y a guardar sus mandamientos de todo corazón. Además, se habían comprometido a edificar un centro de adoración portátil, el tabernáculo, donde la mismísima presencia de Dios podría habitar con ellos a lo largo de su camino hacia la tierra prometida. La escena que retrata el presente pasaje de las Escrituras es la siguiente: durante los últimos meses, el pueblo había experimentado todas las maravillas que describimos antes y muchas más, y ahora estaba acampando al pie del monte Sinaí, a la espera de que Moisés volviera con los planos de Dios para la construcción del tabernáculo. Habían pasado seis semanas -seis largas semanas– desde que Moisés ascendió por la montaña y se internó en la nube de la gloria y el poder de Dios. Entonces comenzaron los sucesos que exponen de una forma vívida nuestra primera afirmación: el corazón del hombre es pecaminoso y corrupto. El pueblo de Dios transgredió su parte del pacto. Incumplió su compromiso de seguir y obedecer a Dios. Quebrantar ese compromiso con Dios es un acto tan grave que Dios deja a un lado cualquier otra obra que está haciendo para lidiar con esa situación. El detuvo su intercambio con Moisés de forma abrupta en el momento en que le estaba dando las instrucciones para edificar el tabernáculo. Tuvo que hacerlo para lidiar con el terrible pecado de Israel. La situación era de tal gravedad que las Santas Escrituras le dedican tres capítulos enteros. Ese es el tema del que trata el presente capítulo: El becerro de oro: Israel quebranta el pacto entre Dios y el hombre: una ilustración de la depravación del corazón del hombre y su rebelión contra Dios (Ex. 32:1-35).

  1. Las causas del terrible pecado (vv. 1-6).
  2. Una gran intercesión por terribles pecadores (vv. 7-14).
  3. La ira justa contra el terrible pecado (vv. 15-20).
  4. Las vergonzosas excusas por el pecado (vv. 21-24).
  5. El juicio justo por el pecado (vv. 25-29).
  6. El pedido justo de perdón por el pecado (vv. 30-32).
  7. El juicio seguro por el pecado: el pecador debe ser y será quitado del libro de Dios (vv. 33-34).
  8. El castigo justo por el pecado (v. 35).

    Definición: impaciencia; Se califica como impaciente a quien carece de paciencia. Esto quiere decir que la persona impaciente no tiene la capacidad de esperar algo sin ponerse nerviosa ni la facultad de realizar acciones minuciosas o complejas que requieren de calma.

   Por ejemplo: “Siempre he sido impaciente, no puedo estar más de diez minutos aguardando sin ponerme de mal humor”, “Ante la falta de respuesta de la empresa, los usuarios que se encontraban en la oficina empezaron a ponerse impacientes”, “El hombre, impaciente, decidió elevar una queja a los supervisores por la insoportable demora”.

   La paciencia se asocia a aguantar, soportar o tolerar. Se trata de una actitud que ayuda a un individuo a sobrellevar las dificultades y los problemas hasta que logra conseguir su objetivo.

   Supongamos que un joven pone en marcha un microemprendimiento centrado en la producción de licores artesanales. A dos meses de iniciado el proyecto, sin embargo, comienza a fastidiarse por los escasos ingresos que está consiguiendo y se plantea cerrar la empresa. Su padre, ante esta realidad, le recomienda que no sea impaciente y le explica que todos los negocios necesitan un cierto tiempo para asentarse y volverse rentables.

    Tomemos el caso de dos mujeres que se encuentran en la sala de espera de un médico. Luego de aguardar quince minutos, una de ellas se pone impaciente e increpa a la persona a cargo de la recepción por la tardanza. La otra mujer, en cambio, permanece relajada, esperando su turno. Esto demuestra que, ante una misma situación, los seres humanos pueden reaccionar de distinta forma, y esto depende de que sean impacientes o que cuenten con la virtud de la paciencia.

   La paciencia puede relacionarse con otras virtudes, como la perseverancia, que puede entenderse como la constancia y la firmeza en nuestro proceder a la hora de realizar una determinada tarea o incluso en nuestra forma de ser en general. Una persona perseverante no permite que los pequeños tropezones la lleven a bajar los brazos: se mantiene en pie y continúa hasta el final persiguiendo sus objetivos sin importar los obstáculos con los que se encuentre en el camino.

    Si bien no podemos decir que perseverancia y paciencia sean sinónimos directos, es innegable que una persona perseverante debe practicar la paciencia para hacer frente a los problemas, confiando en que tarde o temprano podrá alcanzar sus metas. La impaciencia suele llevarnos a la desesperación, a la extrema preocupación ante problemas de poca magnitud, al nerviosismo extremo por falta de claridad cuando se presentan imprevistos y, en consecuencia, al enfado y la irritación, muchas veces exagerados en proporción con los hechos que los suscitan.

   Además de estos sinónimos del término impaciencia, que en el párrafo anterior se destacan en negrita, en los diccionarios podemos encontrar varios más, aunque los matices semánticos de cada uno presentan ciertas diferencias: intranquilidad, ansiedad, alarma, preocupación, inquietud, excitación, desasosiego, exasperación, zozobra, desazón, ímpetu, pasión, prisa y deseo.

   Una de las características más llamativas de la impaciencia es que no siempre se trata de una propiedad estable en la personalidad, sino que puede variar a lo largo de la vida de acuerdo con las experiencias que atraviesa en cada etapa. El estrés, por ejemplo, es un estado de cansancio que surge ante una exigencia excesiva de rendimiento, y entre los trastornos físicos y mentales que suele provocarnos se encuentra la impaciencia, que puede reflejarse mediante la extrema irritabilidad.

Por otro lado, se encuentran las personas en cuya esencia está la impaciencia, en mayor o menor grado. Se trata de aquellas que se caracterizan por un nerviosismo siempre presente, que puede resultar divertido o insoportable, dependiendo de otros factores de su personalidad.

   Definición. El significado bíblico de idolatría se refiere en términos bíblicos a la adoración de un Dios que es falso o que está sustituyendo al que es el verdadero. Este término también quiere decir que alguien puede estar adorando a divinidades extranjeras, o creaciones artificiales en lugar de al creador verdadero.

  Los semitas de Mesopotamia tenían como dioses a las montañas, los árboles, ríos, etc.… era una forma de idolatrar.

   También los egipcios tenían otro tipo de dioses, como sería: el Sol, e incluso idolatraban al río Nilo. Para ellos, la fuerza del Sol era tan importante que ese era su verdadero Dios. No se imaginaban la vida sin el Sol que a su vez les daba la energía para sus cosechas. La forma de idolatrar era la misma que nosotros tenemos para nuestro creador. Además, los egipcios, tenían un gran número de animales que también se podría llamar una idolatría, ya que adoraban a: vacas, toros, etc…

Podemos encontrar la palabra idolatría en algunos de estos pasajes:

1 Samuel 15. “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey “

Ezequiel 23. “Y sobre vosotras pondrán vuestras perversidades, y pagaréis los pecados de vuestra idolatría; y sabréis que yo soy Jehová el Señor”

Hechos 17. “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría”

   Referencia: Números 21:4. Partieron del monte de Hor, por el camino del mar Rojo, para rodear la tierra de Edom, y el pueblo se impacientó por causa del viaje. ▬ Salmos 106:13. {Pero} pronto se olvidaron de sus obras; no esperaron su consejo. ▬ Hechos 27:29 al 34. Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse. Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 

   “Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Lucas 10.29-32.

Texto: El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. Santiago 1:8.

   Comentario del texto: 8. es indeciso, inestable en todo lo que hace.

   Prestamente confesamos que nuestra fe es débil y tímida a veces. Luchamos con períodos de dudas. ¿Somos nosotros la gente a quien Santiago se dirige? ¿Nos encontramos agitados como las olas del mar? ¿Perdemos la bendición de Dios por ser débiles en la fe?

   Consideremos brevemente a Abraham, el padre de los creyentes. Su fe no siempre fue estable y fuerte. Él tenía sus momentos de duda y desesperanza. Sin embargo, Abraham recibió la promesa de Dios, y Dios lo bendijo.

   ¿Qué es entonces lo que está diciendo Santiago? Él no se refiere a la persona que trata de alejar la duda, sino más bien a aquella que es indeciso e inestable. La persona indecisa tiene en realidad dos personalidades o dos almas. Una que dice que probará “la religión” si no hace ningún daño, puede ser que haga algo de bien. La otra dice que no tiene necesidad de Dios porque desea ser independiente y autosuficiente. La persona que duda no espera recibir nada de parte de Dios. Santiago observa entonces que el que duda “no debe pensar que recibirá cosa alguna de parte del Señor”.

   Santiago llama al hombre que duda “ese hombre”. Estas palabras exhiben desdén; ese hombre duda de la veracidad del poder de Dios y de sus promesas. Le pide sabiduría a Dios, pero duda que Dios se la dé. Un momento ora, pero en el próximo ignora a Dios. Su oración—si es que es una oración— no tiene el sostén de la fe.

   Cuando el padre de un epiléptico le dijo a Jesús: “¡Creo; ayúdame a superar mi incredulidad!” (Mr. 9:24), Jesús oyó su oración de fe. El curó al hijo de este hombre echando fuera al demonio. Nótese, sin embargo, que este hombre luchó contra su débil fe y pidió ayuda. La recibió. Dios quiere que oremos a él porque desea ser nuestro Dios. Así como Dios mismo es inmutable en todo lo que dice y hace (Mal. 3:6 Heb. 6:17–18), así espera que su pueblo se le parezca. El detesta la inestabilidad, la indecisión y la duda. Desea que oremos a él y que creamos que contestará. Cerca del fin de su carta Santiago escribe: “La oración del justo es poderosa y eficaz” (5:16). Dios bendice a los justos porque ellos son su pueblo.

   Pero el hombre indeciso no debe pensar que Dios lo bendecirá. Ese hombre va por su propio camino, toma sus propias decisiones y vive su propia vida—aparte de Dios. Si no ora a Dios con una confianza como la de un niño, Dios no puede concederle el don de la sabiduría. Por eso, cuando Dios rechaza su petición, la causa no está en una falta de buena disposición por parte de Dios sino en la duda del hombre.

1er Titulo:

Profunda rebelión por falta de Fe. Versíc. 1. 1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (Léase Hebreos 11:6. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.).

   Comentario: [1]. (Exodo 32:1-6) becerro de oro ▬ idolatría ▬jolgorio ▬ excesos ▬pecado ▬ adoración falsa ▬ inmoralidad ▬ corazón corrompido ▬ multitud ▬ humanismo ▬ dioses falsos: ¿Cuáles son las causas de que el ser humano cometa terribles pecados? Las vemos claramente en lo que sucedió en este pasaje con los israelitas: perdieron la fe en Dios, se apartaron de él, y tomaron su vida y destino en sus propias manos. Quebrantaron los diez mandamientos, los mismos mandatos que acababan de recibir de Dios mismo. Consideremos las causas de su terrible pecado: son las mismas causas por las que cualquier persona cometería un pecado semejante.

-a. La primera causa es la impaciencia (v. 1). Recuerde que los israelitas estaban en camino hacia la tierra prometida de Canaán. Se habían detenido en el monte Sinaí para que Moisés y sus líderes, siguiendo las instrucciones de Dios, pudieran formular las leyes que los regirían como nación. Moisés había ascendido por la montaña para orar y buscar la voluntad de Dios, las leyes y los mandamientos que gobernarían al pueblo de Dios; pero eso había sucedido hacía ya seis semanas -seis largas semanas- y Moisés no había regresado. Tampoco había enviado a Josué para ponerlos al tanto de su progreso, ni para informarles por qué se estaba demorando tanto. Considere lo que dicen las Escrituras: Moisés había pasado tanto tiempo allí arriba en la montaña que el pueblo no sabía qué le había sucedido. Los israelitas hicieron dos conjeturas:

Þ o bien habían muerto tanto Moisés como Josué;

Þ o bien Moisés había abandonado al pueblo y renunciado a la causa de Dios, y había emprendido la búsqueda de la tierra prometida. Sin duda, algunos habrán pensado que había vuelto a su oficio antiguo: a apacentar ovejas junto a su suegro, Jetro.

   Simplemente, el pueblo no tenía idea de qué había sucedido con Moisés. Seis semanas es mucho tiempo para estar esperando sin ningún informe ni aviso. El pueblo especulaba que, de seguro, Moisés habría enviado algún aviso para ese entonces de haber estado todavía en la montaña. Imaginaron, cuestionaron y se volvieron cada vez más ansiosos hasta que finalmente la impaciencia se apoderó de ellos; arribaron a la conclusión de que algo le había ocurrido a Moisés y no regresaría. Por lo tanto, tendrían que tomar las riendas del asunto: ellos mismos tendrían que tomar el control y reanudar su viaje hacia la tierra prometida, y ya era hora de partir. Habían pasado demasiado tiempo en el monte Sinaí. Su especulación, cuestionamiento, ansiedad e impaciencia los llevó al terrible pecado que pronto cometerían.

-b. La segunda causa del pecado de Israel fue la presión de una multitud (v. l). Aarón había quedado a cargo del pueblo hasta que Moisés volviera de la montaña. Las Escrituras indican que una multitud se acercó a Aarón y le insistió que tomara el mando y empezara los preparativos para reanudar el viaje hacia la tierra prometida. Tenga en cuenta que había otro hombre que había quedado a cargo junto con Aarón, pero el pasaje no lo menciona en ningún momento. Su nombre era Hur. La tradición judía dice que fue asesinado por una turba porque se pronunció en contra del terrible pecado que estaban a punto de cometer. Aarón estaba sometido a una presión muy grande. La presión de una multitud puede instarnos a cometer graves pecados.

-c. Otra causa del terrible pecado de Israel fue hacer una sugerencia infame a un líder débil (v. 1). Aarón fue débil, trágicamente débil, durante todo este episodio. No tuvo las agallas para alzarse en favor de Dios y en contra de la presión de la multitud. Sucumbió y se rindió. Las Escrituras nos cuentan que levantó un ídolo para que representara al Señor:

Þ Lo hizo con el oro de los zarcillos o pendientes del pueblo (v. 3).

Þ Lo moldeó y le dio forma de becerro (v. 4).

Þ Presentó el becerro ante el pueblo nombrándolo dios de Israel y el pueblo cometió el terrible pecado de proclamar que ese becerro de oro era el dios que los había salvado y libertado (v. 4).

-d. Otra causa que observamos en las Escrituras es la desobediencia a los mandamientos de Dios (v. 1). Creer en dioses falsos y adorar ídolos son actos que transgreden los primeros dos mandamientos de Dios. Hay un solo Dios vivo y verdadero, y el hombre debe creer en él y solo en él. Además, el hombre jamás debe erigir una imagen o un ídolo de Dios, ni ir en pos de una imagen o un ídolo en busca de la ayuda de Dios. Esos actos son transgresiones directas de los primeros dos grandes mandamientos de Dios. Desobedecerlos es un pecado terrible.

-e. Una causa más del terrible pecado de Israel fue creer que la liberación viene del hombre y no de Dios (v. l). Tenga en cuenta que el pueblo le estaba dando el crédito a Moisés por librarlos y salvarlos de la esclavitud egipcia.

Cuán pronto habían olvidado que la gloriosa liberación que habían experimentado venía del Señor, el único Dios vivo y verdadero:

Þ su gloriosa liberación a través de las aterradoras plagas de Egipto;

Þ su gloriosa liberación de la esclavitud egipcia;

Þ su gloriosa liberación mediante el cruce del Mar Rojo;

Þ la gloriosa provisión de agua en medio del desierto a lo largo del peregrinaje por el desierto;

Þ la gloriosa provisión del maná (pan) y codornices día a día;

Þ su maravillosa guía por medio de la columna de nube de día y la columna de fuego de noche;

Þ la increíble demostración de su gloria y poder en la asombrosa y aterradora nube que se posó sobre el monte Sinaí.

   De nuevo, los israelitas olvidaron muy rápido la liberación y salvación del Señor. Ahora la atribuían a un simple

hombre, a pesar de que este hombre fuera Moisés. Su conducta fue la actitud típica de la filosofía humanista que todas las generaciones tienen y que los lleva a creer que la liberación y la salvación están en manos del hombre. Esta creencia nos hace caer en un pecado terrible.

-f. La siguiente causa del pecado israelita fue creer en dioses falsos (v. 1). Observe lo que el pueblo le pidió a Aarón: que les hiciera una imagen de algún dios para que ella los guiara hacia la tierra prometida de Canaán. Recuerde que la mayoría de los pueblos en aquel entonces creían en muchos dioses, al igual que hoy en día la mayoría de las personas cree en muchos dioses. Querían que la ayuda de Dios, su fuerza y poder los acompañaran en su camino hacia la tierra prometida y sentían que la imagen o representación de un animal fuerte y poderoso les garantizaría la guía y ayuda de Dios. Por lo tanto, le pidieron a Aarón que moldeara para ellos una imagen que representara el poder y la fuerza del Señor: un ídolo fuerte y poderoso, lo suficiente para llevarlos a la tierra prometida. Creer en dioses falsos los llevó a cometer un pecado terrible.

   Comentario 2: Hebreos 11.6. 6. Y sin fe es imposible agradar a Dios, por que cualquiera que viene a él debe creer que existe y que recompensa a los que le buscan con todo ahincó.

   Este texto enseña una verdad espiritual que toca la vida espiritual de todo creyente. Constituye una de las expresiones más elocuentes de fe y oración presentes en la epístola a los hebreos. En comparación, la declaración de Pablo acerca de que “todo lo que no viene de la fe es pecado” (Ro. 14:23) es escueta.

   En un versículo bellamente estructurado, el escritor de Hebreos comunica el método para complacer a Dios, la necesidad de creer en su existencia y la certeza de la oración contestada.

-a. ¿Como agradamos a Dios? ¡Caminando con él por la fe! Debemos confiar plenamente en Dios y contarle nuestras cosas como a nuestro amigo más querido. “Sin fe es imposible agradar a Dios”. La palabra imposible trae a nuestra mente Hebreos 6:4. Trasmite la idea de que la fe es el ingrediente indispensable para complacer a Dios.

-b. ¿Por qué oramos a Dios? Cuando el creyente ora a Dios, debe creer que Dios existe, Aunque la existencia de Dios sea una verdad establecida para el creyente, con frecuencia sucede que éste pasa por alto a Dios al no orar a él. Dios, sin embargo, desea que el creyente ore continuamente.

-c. ¿Cómo buscamos a Dios en oración? ¡Con fervor, con plena confianza! El pecador recibe perdón; el suplicante, misericordia; y el justo, paz. Dios nos invita a venir a él con plena cereza de que él oirá y contestará las oraciones. “Así que”, dice el escritor, “no descartéis vuestra confianza; será ricamente recompensada” (10:35).

   Las recompensas nunca pueden ser ganadas. En su bondad soberana, Dios concede recompensas no en términos de pago, sino como bendiciones otorgadas a su pueblo. Dios nos concede el don de la vida eterna. “Ninguna acción humana puede de manera alguna igualar esto en valor”. Las recompensas que Dios nos da son gratuitas, porque él es soberano.

2° Titulo:

Condescendencia con el pueblo que desagrada a Dios. Versíc. 2 al 4. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (Léase Gálatas 1.10. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.).

    Comentario: (Nota es la continuidad del titulo 1)

-g. Otra causa del pecado del pueblo israelita fue que su líder cediera por miedo a la multitud (v. 2). Aarón se rindió ante el deseo de la muchedumbre y el resultado fue un gravísimo pecado. Observe que empezaron a proclamar que los ídolos eran los mismos dioses que los habían librado y salvado de la esclavitud de Egipto (v. 4). Fueron más de tres mil los israelitas que se rebelaron contra Dios y sus mandamientos (vea v. 28). De hecho, es muy probable que entre los cabecillas de la rebelión se hallaran egipcios convertidos al judaísmo, que habían partido junto con los israelitas cuando ellos huyeron de Egipto. El punto que debemos tener en cuenta es el siguiente: Aarón había sucumbido ante la presión de la multitud y ahora el pueblo estaba cometiendo un pecado terrible. Más de tres mil personas estaban rebelándose contra Dios y sus mandamientos: estaban yendo en pos de dioses falsos y proclamando que ellos eran los salvadores de Israel. Todo esto ocurrió porque Aarón cedió ante el reclamo de la multitud en lugar de alzarse en favor de Dios y sus mandamientos. Ahora bien, esta situación acarreaba el riesgo de que miles y miles de miembros del pueblo de Dios fueran engañados respecto de las gloriosas obras con las que Dios libró a Israel de la esclavitud egipcia. Ceder ante los deseos de una multitud puede traer como consecuencia un terrible pecado.

   Comentario2: Gálatas 1:10. Pablo ha usado un lenguaje fuerte. Esto le da la oportunidad de contestar una de las acusaciones de sus adversarios. Escribe, ¡Vaya! ¿Estoy buscando el favor de los hombres o el de Dios? o ¿trato de agradar a los hombres? Uno puede detectar aquí el eco de las acusaciones e insinuaciones de sus oponentes, como si dijeran: “Pablo está tratando de ganar el favor de los hombres, más bien que el de Dios. El trata de agradar a todos, para que así todos le sigan. Entre su propia gente él predica la circuncisión (Gá. 5:11; cf. Hch. 16:3), porque sabe que creen en ella. Pero retiene a los gentiles este rito, porque ellos no lo quieren.”

   Pablo contesta: “¿Arrojaría anatemas a la gente un hombre que desea ser popular? ¿No es claro que lo que busco no es la aprobación de los hombres sino la aprobación de Dios, y que busco agradar a mi Señor?” Y continúa: Si todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Hay dos interpretaciones equivocadas:

a. “Yo nunca me someto a las costumbres y tradiciones humanas”.

   Una indiferencia total a este respecto no hubiera sido compatible con Pablo. Esto haría que Gá. 1:10 estuviese en conflicto con 1 Co. 9:22. El tacto no es un vicio, sino más bien una virtud cuando va acompañado de la honestidad y la verdad. El apóstol deseaba “hacerse de todo a todos los hombres, para de alguna manera salvar a algunos”. Por tanto, al estar entre judíos, él estaría dispuesto (durante este período de transición) a observar algunas tradiciones (Hch. 16:3; 21:17–26; cf. 18:18), pero sólo hasta donde no se consideraren un medio de salvación, ya que en ese asunto era inexorable. Cuando los judaizantes trataron de forzar a los gentiles a circuncidarse declarando que de otro modo no podrían conseguir la salvación, el apóstol invocó la maldición de Dios sobre estos perturbadores. En la religión de Pablo había lugar para la flexibilidad, pero siempre dentro de los límites prescritos por el, como lo hacía antes, tratara de agradar a los hombres,” etc.

   Esta supuesta referencia a la vida del apóstol antes de convertirse está fuera de foco en el presente contexto.

   La verdadera interpretación es esta: “Si, a pesar de que pretendo ser un siervo de Cristo, todavía o no obstante estuviera tratando de agradar a los hombres, mis pretensiones serían falsas”. Cualquiera que acomode sus velas según cualquier viento de doctrina su opinión, no puede ser un siervo de Cristo. Por el contrario, Pablo sí es un siervo de Cristo, porque gozosamente reconoce a Cristo como su Redentor, Amo y Señor, y vive una vida completamente rendida a él. Fue este mismo Cristo, que dijo: “Ninguno puede servir a dos señores” (Mt. 6:24).       Pablo se da cuenta que para él esta vida de completa fidelidad le significa persecución (Gá. 5:1), pero se gloría en esta aflicción. No era Pablo sino sus adversarios los que estaban tratando de evitar la persecución (6:12). Ellos complacen a los hombres (Gá. 6:13), un tipo de conducta reprensible aun en esclavos (Ef. 6:6; Col. 3:22). Lo que principalmente le importa a Pablo es la gloria de Dios.

3er Titulo:

Toda práctica de idolatría es abominable a Dios. Versíc. 5 al 8. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. 7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (Léase Éxodo 20: 3 al 5. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.).

   Comentario: (Nota es la continuidad del título anterior)

-h. Israel cometió un gran pecado también debido a la adoración falsa (vv. 5-6). Cuando Aarón vio a tantas personas siguiendo a un dios falso y proclamándolo su salvador y guía, es evidente que supo que se había metido en problemas. Lo vemos claramente en lo que hizo a continuación: edificó un altar y anunció a toda la nación que habría una fiesta para el Señor al día siguiente. Tenga en mente que esta fiesta se celebraría en el nombre del Señor, Jehová, Yahweh. Es obvio que Aarón se sentía gravemente confrontado por el Espíritu de Dios por el pecado que había cometido. Todo indica que él mismo edificó el altar para ofrecer sacrificios al Señor y tenía pensado aprovechar la festividad para intentar dirigir la atención del pueblo nuevamente hacia el Señor.

   Sin embargo, ya era demasiado tarde: el becerro de oro ya estaba hecho y el pueblo ya había pecado gravemente en su corazón. El pueblo se levantó temprano y ofreció tanto holocaustos como ofrendas de paz al Señor, pero a los ojos de Dios, esos sacrificios no eran para él sino para el becerro de oro. Esas ofrendas no eran aceptables para el Señor, porque la atención del pueblo estaba puesta sobre el becerro de oro, el dios falso al que ahora veían como su salvador. Sus ofrendas y sacrificios no eran más que de palabra, eran una profesión falsa. La adoración falsa conlleva un pecado terrible.

-i. Por último, los excesos con la comida, la bebida, las fiestas y el sexo ilícito trajeron como consecuencia un pecado terrible (v. 6). La fiesta se salió de control. La palabra hebrea que se traduce como fiesta o jolgorio (tsachaq) conlleva la idea de una conducta libertina, el tipo de comportamiento que tiene lugar cuando una persona ha estado bebiendo o consumiendo drogas. Trae en sí misma la idea del lenguaje burdo y la risa, de la juerga y el sexo ilícito, de una fiesta descontrolada de baile y borrachera. La imagen es la de una fiesta que acaba en borracheras, bailes sensuales y conductas inmorales (vea v. 25). Los excesos con la comida, la bebida y el baile traen como consecuencia un comportamiento libertino y graves pecados.

   Pensamiento 1. Dios nos advierte que nos guardemos de cometer pecados terribles.

   “El alma que pecare, esa morirá […]” (Ez. 18:20).

   “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; […] estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son

dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Ro. 1:18, 29-32).

   “Porque la paga del pecado es muerte […]” (Ro. 6:23).

   “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co. 6:9-11).

   “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:19-21).

   “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 P. 4:3-5).

 

   [2]. (Éxodo 32:7-8) intercesión ▬ oración ▬ juicio: Lo siguiente que vemos en las Escrituras es la imagen de una gran intercesión por el terrible pecado cometido.

-a. Dios vio el grave pecado de Israel y estaba muy enojado (v. 7). Él no es ciego; él ve todo lo que el ser humano hace y vio lo que los israelitas estaban haciendo.

l) Dios interrumpió de forma abrupta el intercambio que estaba manteniendo con Moisés, dio por terminado el encuentro y puso delante de Moisés una situación que lo dejó totalmente consternado: le dijo que descendiera con “su pueblo” (es decir, “el pueblo de Moisés”). Dios estaba repudiando a su pueblo. Cambió el pronombre: ya no los estaba llamando “mi pueblo”, como los había llamado en el pasado (Ex. 3:7-10; 5:1; 7:4; 7:16; 8:1; 8:20; 8:21; 8:22; 8:23; 9:1; 9:13; 9:17; 10:3; 10:4). Desde el principio habían recibido el título de pueblo de Dios, pero ya no. El terrible pecado que habían cometido los había separado del Señor. Tal era la gravedad de sus actos que Dios estaba dispuesto a repudiarlos.

2) Considere los cargos que Dios presentó en contra del pueblo.

Þ Los acusó de haberse “corrompido” (síhet) (v. 7), palabra que significa correr hacia la destrucción, la ruina, la devastación y la decadencia. Esa misma palabra se usa para describir el terrible pecado de la humanidad en tiempos de Noé (vea notas de Gn. 6:11-12).

Þ Los acusó de haberse apartado pronto de sus mandamientos (v. 8). Acababa de dárselos. Además, habían hecho un pacto o acuerdo con Dios: se habían comprometido a obedecerle y a guardar sus mandamientos. Sin embargo, ahí los vemos, pronto apartándose de él. Los vemos caminando en una dirección y luego dando la vuelta rápidamente para correr en la dirección opuesta.

Þ Los acusó de incurrir en una adoración falsa (v. 8). El vio el ídolo que levantaron, pero lo más trágico es que los vio postrarse ante ese ídolo y ofrecerle sacrificios.

Þ Los acusó de proclamar un mensaje falso: que la liberación y la salvación vienen del hombre y no de Dios (v. 8). Dios vio a una multitud de más de tres mil personas declarando que fueron los dioses falsos quienes los libertaron (esta declaración estaba representada en la fuerza y el poder del becerro de oro). El vio su rebelión, apostasía e incredulidad.

Þ Dios los acusó de ser un pueblo de dura cerviz: un pueblo obstinado, terco, tenaz, insolente y testarudo, que no estaba dispuesto a escuchar los mandamientos de Dios, ni a apartarse de los deseos de la carne y la vanagloria de la vida (vea 1 Jn. 2:15-16).

-b Dios no tenía otra opción: tenía que lidiar con el pueblo Por eso, amenazó con derramar su juicio sobre ellos

1) Observe lo que Dios dijo a Moisés: “Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma”. Sin embargo, Moisés no estaba molestando a Dios ni hablándole. Solo estaba allí estupefacto ante la interrupción abrupta de su intercambio con Dios y los graves cargos que él estaba presentando contra el pueblo debido al terrible pecado que estaban cometiendo. Entonces ¿por qué Dios pronunció su juicio contra Israel con las palabras Moisés, déjame?

   Dios tuvo dos razones para hacer su planteo en esos términos: estaba llamando a Moisés a la oración, para que intercediera por el pueblo. Solo la intercesión podía salvarlos. Así, Dios estaba enseñando a Moisés la increíble importancia de la oración intercesora.

Þ Dios estaba poniendo la intercesión de Moisés en medio de él y su pueblo. Moisés fue el intercesor que medió entre Dios y el pueblo. De esa manera, él representaría (simbolizaría) al gran Intercesor, el Señor Jesucristo.

   “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro. 8:34).

   “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17; vea He. 2:14-15).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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