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Domingo 18 de agosto de 2019: “Buscando la santidad y perfección en el temor de Jehová”

Domingo 18 de agosto de 2019: “Buscando la santidad y perfección en el temor de Jehová”

Lección: Éxodo cap. 23, versículos 7 al 13. De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificara al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos. Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; más el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar. Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. Y todo lo que os he dicho, guardadlo. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca.

   Comentario general del contexto: Cuando las autoridades de los tribunales son hombres y mujeres honorables que aplican la ley con justicia, la nación prospera. Por el contrario, cuando la ley no se administra con justicia, las naciones caen rápidamente en el caos moral y político. Dios advierte tanto a Israel como a las generaciones futuras que se guarden de la corrupción judicial. De eso trata el presente pasaje:

   (1). Las leyes sobre la justicia y la misericordia en la corte y entre miembros del pueblo (Ex. 23:7-9).

  1. Ley sobre la justicia hacia el pobre (v. 7).
  2. Ley sobre el soborno: no aceptar presentes (v. 8).
  3. Ley sobre cómo tratar a los extranjeros (V. 9).
  4. Ley sobre el reposo (w. 10-12).
  5. La ley religiosa fundamental: sobre la idolatría (v. 13).

   (2). Las leyes sobre la práctica religiosa: el reposo y las fiestas religiosas (Ex. 23:10-13).

(Éxodo 23:10-13) Introducción: La religión es importante para el hombre, pero es fundamental que el hombre siga la religión correcta. Si sigue una religión falsa, adora a un dios falso, pasa por alto al Dios vivo y verdadero, y pierde:

  • el cuidado y la provisión de Dios para toda la vida;
  • la vida eterna junto a Dios en la tierra prometida del cielo.

   La persona que sigue una religión falsa se condena a sí misma. Por lo tanto, el hombre debe seguir la religión verdadera, al Señor, el único Dios vivo y verdadero. Ese es el propósito de este pasaje: dar algunas instrucciones claras sobre cómo seguir la verdadera religión. Dios da al hombre: Las leyes sobre la práctica religiosa: el reposo y las fiestas religiosas (Ex. 23:10-13).

   Pensamiento: LA Biblia atribuye la santidad en grado superlativo a Jehová Dios con estas palabras: “Santo, santo, santo es Jehová” (Isa. 6:3; Rev. 4:8). Los vocablos hebreo y griego para “santidad” transmiten la idea de puro o limpio en sentido religioso, apartado de la corrupción. La santidad de Dios denota su absoluta perfección moral.

¿No esperaría el Dios santo, Jehová, que quienes lo adoran sean también santos, es decir, ¿limpios en sentido físico, moral y espiritual? En términos que no dejan lugar a dudas, las Escrituras revelan que Jehová desea que su pueblo sea santo. En 1 Pedro 1:16 leemos: “Tienen que ser santos, porque yo soy santo”. ¿Es posible que los humanos imperfectos imitemos la santidad de Jehová? Sí, aunque no lo logremos a grado cabal. Dios nos considerará santos si lo adoramos con pureza espiritual y mantenemos una estrecha relación con él.

   Entonces, ¿cómo permanecer santos en un mundo que no es limpio en sentido moral? ¿Qué prácticas debemos evitar? ¿Y qué cambios en nuestra conducta y modo de hablar quizás tengamos que hacer? Veamos qué podemos aprender de los requisitos que Jehová estableció para los judíos que volvieran a su tierra desde Babilonia en el año 537 antes de nuestra era.

   Referencias “Isaías 35:8. Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará”.

   “Romanos 12:1-3. Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. 

1er Titulo:

Determinante Amonestación Contra La Corrupción. Versíc. 7 al 9. De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificara al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos. Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto (Léase Deuteronomio 16:19; 2ª de Reyes 5:15-16).

   Comentario: (Éxodo 23:8) Israel, ley de—obediencia—sobornar—soborno—ética—honestidad: Israel contaba también con una ley sobre el soborno: el hombre no debe aceptar presentes. El poder del soborno es uno de los ataques más sutiles e indirectos al carácter de las personas. La persona que ofrece o acepta un soborno comete un terrible mal: destruye la sociedad al menoscabar tanto el sistema judicial como las leyes de la sociedad; debilita de una forma trágica la fortaleza moral que une a un pueblo. Veamos lo que dice la ley:

   El soborno es una verdadera tentación para algunas personas. Es un problema porque:

  • es una forma fácil de ganar dinero;
  • apela a la codicia y el orgullo del hombre;
  • es muy “aceptable” en muchos tratos comerciales.

   Aceptar un soborno tiene dos consecuencias graves.

   (a). El presente ciega al sabio. El hombre que acepta un Soborno pierde de vista la verdadera justicia. Su percepción de la realidad queda torcida y sin arreglo. Esta ley está dirigida específicamente a los jueces, pero es una lección para todos nosotros. El peligro para la sociedad es visible: si un hombre rico compra el favor del juez, se está burlando de la ley y de la justicia, y el resultado es que:

   Þ las personas se burlan de la autoridad: ridiculizan a los gobernantes, a los jueces y el sistema judicial mismo;

   Þ las personas pierden la confianza en sus gobernantes y en las instituciones humanas (como los tribunales, las empresas y los gobiernos);

   Þ las personas no hacen caso de las claras directrices de la ley y cometen cada vez más infracciones.

   Pensamiento 8. Cuando una sociedad considera que el soborno es “la forma normal de hacer negocios”, no tarda mucho en desintegrarse. Por desgracia, el soborno es cada Vez más común en la sociedad actual: las personas pagan para beneficiarse de la influencia de los políticos, para proteger sus empresas, para garantizar contratos y empleos, para abaratar costos, para obtener mercancías y toda una serie de otras cosas que llenan los bolsillos y las cuentas bancarias de personas impías y deshonestas. Dios aborrece el soborno por lo mucho que perjudica al pueblo.

(1) El soborno busca destruir la vida de otras personas.

   “Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale [a Sansón] e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata” (Jueces. 16:5).

   “Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey” (Est. 3:9).

   “Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle [a Cristo]” (Mr. 14:11).

(2) El soborno pervierte el derecho.

   “Pero no anduvieron los hijos [de Samuel] por los caminos de su padre, antes se volvieron  tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (1 S. 8:3).

(3) El soborno busca ocultar la verdad.

   “Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados [para que mintieran sobre la resurrección de Cristo]” (Mt. 28:12).

(4) El soborno supone y da por hecho que puede comprar a Dios y que su poder está en venta.

   “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero” (Hch. 8:18).

(b). El presente pervierte las palabras del justo. Este punto da un giro irónico a la idea de quiénes aceptan el soborno. Incluso el hombre justo puede sucumbir ante la tentación del soborno y distorsionar su testimonio. Cuando una persona acepta un presente, sus palabras dejan de ser fiables; su palabra ya no es digna de confianza. Todo lo que dice, incluso cuando dice la verdad, está bajo sospecha. Jamás debemos olvidarlo: el tesoro más preciado de un hombre es su palabra y el hecho de que las personas le crean y respeten su palabra.

    “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez” (Ex. 18:21).

   “No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos” (Dt. 16:19).

   “Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho” (2 Cr. 19:7).

   “Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho [soborno]. El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Sal. 15:5).

   “No arrebates con los pecadores mi alma, ni mi vida con hombres sanguinarios, en cuyas manos está el mal, y su diestra está llena de sobornos” (Sal. 26:9-10).

   “Alborota su casa el codicioso; más el que aborrece el soborno vivirá” (Pr. 15:27).

   “El príncipe falto de entendimiento multiplicará la extorsión; mas el que aborrece la avaricia prolongará sus días” (Pr. 28:16).

   “El rey con el juicio afirma la tierra; más el que exige presentes la destruye” (Pr. 29:4).

   “Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor” (Ez 22:12).

   “Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros” (Mi. 3:11).

   Comentario (Éxodo 23:9) Israel, ley de — obediencia — extranjero, tratamiento del: Israel contaba con una ley sobre cómo tratar a los extranjeros. No es casualidad que el tema de los extranjeros volviera a surgir tan pronto (vea notas de Ex. 22:21). Dios quería que Israel nunca olvidara lo difícil que era ser forastero en una tierra desconocida.

   (a). Nadie debía oprimir al extranjero. La palabra “oprimir” (lahas) significa literalmente aplastar, apretar y recluir.

   (b). La razón está expresada en términos claros: el pueblo de Dios sabe cómo se siente ser extranjero. Cuando se vieran tentados a oprimir a un forastero, debían recordar esa sensación demoledora que sintieron cuando estuvieron sometidos a la burla y la opresión. Dios había sido fiel:

  • los salvó de la mano dura de Faraón;
  • los libertó de la opresión egipcia (símbolo de la opresión del mundo);
  • les confió el destino de otros extranjeros.

   Esta ley debía quedar grabada en lo profundo del corazón israelita. La compasión y la empatía debían ser la actitud lógica de Israel hacia los extranjeros. Debían saber exactamente cómo tratar con ellos: hacer todo lo posible para ayudarlos.

   Pensamiento 9. En medio de las pruebas, las decepciones y la tristeza, debemos aprender cómo se siente sufrir y cómo conquistar ese dolor mediante el poder de Dios. Luego, debemos ayudar a quienes están atravesando pruebas, decepciones y penas similares. Dios nos permite vivir momentos difíciles para que podamos ayudar a otras personas que pasen por lo mismo. El excelente comentarista bíblico George Bush dice:

   Nuestras pruebas y penas […] [deben] entrenarnos para que [sintamos] una profunda empatía hacia quienes son llamados a beber de la misma copa amarga.

   “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Co. 1:3-4).

   “Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él” (Lc. 10:33-34).

   “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).

   “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Ro. 15:1).

   “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá. 6:2).

   “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis” (1 Ts. 5:11).

   “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Ts. 5:14).

   “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (He. 13:3).      

2° Titulo:

Sistema Sabático, Símbolo Del Reposo Otorgado Por La Redención De Cristo. Versíc. 10 al 12. Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; más el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar. Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero

    Comentario: (Éxodo 23:10-12) ley civil — Israel, ley de — reposo —religión — agricultura: Una de las leyes trataba sobre el reposo. Recuerde que la palabra “sabbat” o “reposo” significa descansar o dejar de trabajar (vea bosquejo y notas de Ex. 20:8-1 1). Israel tenía dos reposos: el año de reposo y el día de reposo. Veamos lo que dicen las Escrituras y el bosquejo del pasaje:

   (a). Cada siete años debía haber un año de reposo (vv. 10-11), es decir, Israel no debía labrar sus tierras, ni los campos ni las viñas, sino que debían permanecer intactos durante el séptimo año. El pueblo trabajaba la tierra por seis años y luego no debía ararla durante el séptimo año. ¡Imagine cómo sería! Durante un año entero la tierra y su dueño descansaban del trabajo agrícola. Ninguna otra nación había tenido una práctica similar en toda la historia, excepto Israel.

   En eso consistía una de las leyes religiosas de Israel, la ley del año de reposo: en dejar que la tierra descanse por un año, en dedicar un año entero en el que todo trabajo agrícola se detendría. Ahora bien, ¿por qué Dios mandó esto? ¿Por qué exigía a Israel que observara esta ley religiosa, que dejara descansar la tierra cada siete años? Las Escrituras nos dan al menos tres razones, dos de ellas en este pasaje y una tercera en Deuteronomio (vea pto. 3).

(1). Era necesario que la tierra reposara (v. 11). Con el paso de los siglos, los agricultores han aprendido cuáles son los problemas que surgen cuando se hace un uso excesivo de la tierra:

  • al arar la tierra, los surcos se hacen demasiado profundos;
  • el suelo pierde sus nutrientes;
  • no se pueden rotar los cultivos.

   Muy probablemente, los campesinos del mundo antiguo ignoraran estos problemas, aunque de seguro no todos ellos. Sin, embargo, había Uno que sí sabía: Dios, el Señor. Él sabía que la tierra produciría más fruto, quedaría revitalizada y se preservaría mejor si reposaba cada siete años. Por lo tanto, él instituyó el año de reposo entre las leyes religiosas de Israel.

(2). Era muy necesario que Israel aprendiera a tener compasión del pobre; además, era sumamente necesario que en el mundo hubiera una demostración de la compasión de Dios (v. ll). Así lo vemos claramente en el pasaje en cuestión:

   “Mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar” (v. 11).

   El pueblo no debía arar la tierra y los terrenos debían reposar totalmente durante un año de cada siete. Lo que sea que la tierra produjera naturalmente durante ese año debía compartirse con los pobres y con los animales salvajes de los campos y los bosques.

   Considere la enorme compasión de Dios por toda vida, tanto humana como animal. Tan solo imagínelo: el pueblo debía apartar todas sus tierras de cultivo por un año entero para que los pobres de la tierra tomaran sus frutos y almacenaran alimento para su propia supervivencia, sin tener que preocuparse por transgredir los límites de una propiedad o por amenaza alguna. ¡Cuánto cuidado y compasión por los necesitados! Dios quería que Israel aprendiera de esa compasión para luego enseñarle al mundo a ser compasivo.

(3). Era necesario que Israel apartara un tiempo especial para la adoración y el estudio de la Santa Palabra de Dios.

   “Y les mandó Moisés, diciendo: Al fin de cada siete años, en el año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos, cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella” (Dt. 31:10-13).

   Lea con atención lo que dice el pasaje recién citado: el propósito del año de reposo era apartar un tiempo muy especial para:

  • la adoración;
  • la lectura y el estudio de la ley, la Palabra de Dios.

   El año de reposo o año sabático debía ser un tiempo de estudio minucioso y de profundo aprendizaje para los niños y los extranjeros, y un tiempo de atenta observancia para los adultos. La Palabra de Dios, su ley, sería el tema de su estudio. El pueblo debía aprender a seguir al Señor y a vivir conforme a sus mandamientos, para lo cual necesitaban conocer su Palabra y aprender sus mandamientos.

   Pensamiento 10-12. El comentario bíblico Pulpit Commentary dice lo siguiente:

   Probablemente haya sido sumamente difícil hacer cumplir la ley. Así como hubo personas que salieron a recoger el maná en el séptimo día (Ex. 16:27), muchas personas habrán estado ansiosas por obtener en el séptimo año más ganancia de los campos de lo que la naturaleza estaba dispuesta a darles. Si los ‘setenta años’ del cautiverio tuvieron precisamente el propósito de compensar las omisiones del [] año sabático, debemos suponer que, entre el momento del éxodo y la destrucción de Jerusalén por parte de Nabucodonosor, Israel paso por alto el mandato de Dios en muchas ocasiones (vea 2 Cr. 36:21).

   ¿Israel guardó el año de reposo con fidelidad? Evidentemente no. Israel pasó por alto el año sabático siglo tras siglo (por al menos cuatrocientos noventa años); por consiguiente, Dios juzgó a Israel permitiendo que al pueblo le fueran quitadas sus tierras. Permitió que Babilonia los conquistara y los dispersara por setenta años. Así, Dios dio a la tierra todos los reposos sabáticos pendientes de una sola vez. Durante el juicio del cautiverio babilónico, la tierra descansó por setenta años.

   “Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella. […] Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos” (Lv. 26:34-35, 43).

   “Para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos” (2 Cr. 36:21).

   De nuevo, el comentario bíblico Pulpit Commentary ofrece una explicación clara:

   Otro de los propósitos del año de reposo era que fuera un tiempo dedicado a una mayor observancia religiosa [], la lectura solemne de la ley a oídos del pueblo en la fiesta de los tabernáculos, “en el año de la remisión” (Dt. 31:10). […] Esa lectura estaba debidamente precedida de un tiempo de preparación religiosa (Neh. 8:1-15) y, desde luego, eso habría llevado al pueblo a realizar más actos de carácter religioso, lo cual podría llevar un período considerable de tiempo (Neh. 9-10). En término generales, este año era un período sumamente solemne que instaba a los hombres a examinarse a sí mismos, arrepentirse, adoptar hábitos santos y elevarse como pueblo por sobre el estándar de santidad.

   Pensamiento 2. Hay tres lecciones contundentes que podemos aprender del año de reposo,

(1). Debemos obedecer a Dios. El espera que le obedezcamos, sin importar lo extraño que nos pueda parecer su mandamiento. El año de reposo era una ley extraña e inusual, sin precedentes entre las naciones y los pueblos de la tierra. Sin embargo, era la ley de Dios y había sólidas razones para cumplirla. Dios sabía lo que hacía cuando dio este mandato a su pueblo y también sabe lo que hace cuando nos manda a nosotros a obedecer ciertos mandamientos.

   “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Ex. 19:5).

   “Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 26:16).

   “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que ha- ce la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

(2). Debemos ser compasivos con el pobre. El mundo se tiembla ante el urgente clamor de los necesitados. Debemos mostrar compasión y dar todo lo que tenemos y somos para suplir sus necesidades.

   “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mt. 19:21).

   “Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también [yo, Pablo] procuré con diligencia hacer” (Gá. 2:10).

   “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre” (Dt. 15:7).

“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová” (Sal. 41:1).

   “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar” (Pr. 19:17).

(3). Debemos apartar tiempos especiales para la adoración y el estudio de la Santa Palabra de Dios.

   “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17:11).

   “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

   “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16).

   “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (He. 10:25).

   “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 P. 2:2-3).

   “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento” (Jl. 2:12).

(b). Todas las semanas debía haber un día de reposo (V 12) Vemos este mismo mandato antes, en el cuarto mandamiento (vea bosquejo y notas de Ex. 20:8-11). ¿Porque se repite en este pasaje? Porque estos capítulos abarcan las leyes civiles de Israel y, en este pasaje en particular, encontramos las leyes que rigen los reposos. A fin de que el lector pudiera encontrar las dos leyes del reposo juntas, era necesario repetir la ley sobre el día de reposo. Además, por la repetición se recalca que Israel debía observar el día de reposo; el efecto es un enfático recordatorio de que el pueblo no debía olvidar el cuarto mandamiento (vea bosquejo y notas de Ex. 20:8-l 1; Estudio a fondo 2, Ex. 20:8-l l).

   “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (Ex. 20:8).

   “Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no, profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal” (Is. 56:2).

   “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (He. 10:25).

3er Titulo:

Importancia De Guardar Toda La Enseñanza Recibida. Versíc. 13. Y todo lo que os he dicho, guardadlo. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca. (Léase Josué 1:8; Salmo 119:11).

   Comentario: (Éxodo 23: 13) ley civil — dioses falsos — idolatría: Otra de las leyes religiosas básicas era la ley sobre la idolatría. Leamos lo que dice:

   Esto es lo que podríamos llamar la ley básica de Dios, la exigencia que subyace a todas las demás leyes y ordenanzas de Dios, y está compuesta de dos puntos:

   (a). E1 pueblo de Dios debe obedecerle a él y guardar todos sus mandamientos. Ahora bien, no se trata tan solo de obedecer y guardar los mandamientos de Dios, sino de ser cuidadosos, prudentes y vigilantes para obedecer sus mandamientos. Deben ser diligentes —estar siempre atentos y ser siempre lo más cautelosos que les sea posible— para obedecer y guardar cada ley y mandamiento de Dios.

   “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre ¡” (Dt. 5:29).

   “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).

   “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14:21).

   “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tit. 3:8).

   “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Stg. 1:25).

   (b). El pueblo de Dios no debe clamar a dioses falsos, ni siquiera mencionar sus nombres. El propósito de esta ley era borrar hasta el nombre mismo de los dioses falsos. Tan solo piénselo por un momento: si el nombre de una persona o cosa jamás se menciona, pronto deja de recordarse y básicamente cae en el olvido; desaparece de la memoria del pueblo. Ahora bien, lo opuesto también es cierto: cuando los nombres de las personas y las cosas resuenan constantemente, esas personas y cosas se vuelven parte de la vida humana. Cuanto más se hablará y debatiera acerca de los dioses falsos, más los seguirían algunas personas. Sin embargo, hay un solo Dios vivo y verdadero, que es el Señor. Por lo tanto, el ser humano debe seguirlo y adorarlo a él y solo a él. Todos los demás dioses deben caer en el olvido, deben desaparecer de las conversaciones y de la memoria de los hombres, porque son falsos, indefensos e incapaces de suplir las necesidades de las personas, y son la guía hacia la destrucción eterna. En la medida de lo posible, el pueblo de Dios debe olvidar a los dioses falsos, hasta el punto de ni siquiera mencionar sus nombres.

   “Para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy” (Jos. 23:7-8).

   “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115:4-8).

   “Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Pr. 23:7).

   “Porque vergonzoso es aún hablar delo que ellos hacen en secreto” (Ef. 5:12).

Amén, para gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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