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Domingo 16 de agosto de 2020: “El Dios Eterno es diseñador de toda obra perfecta”

Domingo 16 de agosto de 2020: “El Dios Eterno es diseñador de toda obra perfecta”

   Lección: Éxodo Cap. 36, versículos 8 al 19. 8Todos los sabios de corazón de entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; las hicieron con querubines de obra primorosa. 9La longitud de una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos; todas las cortinas eran de igual medida. 10Cinco de las cortinas las unió entre sí, y asimismo unió las otras cinco cortinas entre sí. 11E hizo lazadas de azul en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie; e hizo lo mismo en la orilla de la cortina final de la segunda serie. 12Cincuenta lazadas hizo en la primera cortina, y otras cincuenta en la orilla de la cortina de la segunda serie; las lazadas de la una correspondían a las de la otra. 13Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazó las cortinas una con otra, y así quedó formado un tabernáculo. 14Hizo asimismo cortinas de pelo de cabra para una tienda sobre el tabernáculo; once cortinas hizo. 15La longitud de una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos; las once cortinas tenían una misma medida. 16Y unió cinco de las cortinas aparte, y las otras seis cortinas aparte. 17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la cortina final de la segunda serie. 18Hizo también cincuenta corchetes de bronce para enlazar la tienda, de modo que fuese una. 19E hizo para la tienda una cubierta de pieles de cameros teñidas de rojo, y otra cubierta de pieles de tejones encima.

Temas a tratar en el Capítulo 36: 8 al 19:

[3]. La cubierta interna de lino fino: ilustraba la pureza y justicia de Dios

  1. El material: diez cortinas de lino fino.
  2. El tamaño:

1) Cada cortina medía alrededor de 12,50 metros de largo por 1,80 metros de ancho.

2) Las cortinas se unían en dos grupos de cinco cortinas cada uno, cosidas para hacer dos juegos de cortinas largos.

  1. Las lazadas y los corchetes.

1) Hicieron las lazadas de azul y las cosieron por el borde de cada juego de cortinas, por donde después se unieron los dos juegos.

2) Hicieron 50 lazadas en cada juego, para que correspondieran las unas a las del otro juego.

3) Hicieron 50 corchetes de oro que unían los dos juegos de cortinas.

4) Uniendo las cortinas formaron el tabernáculo de una sola pieza.

[4]. Las tres cubiertas externas del tabernáculo: simbolizaban el sacrificio

  1. Las once cortinas de pelo de cabra: ilustraban la necesidad de presentar una ofrenda expiatoria por el pecado y para la purificación.

1) El tamaño:

  • Cada cortina medía alrededor de 13,50 metros de largo por 1,80 metros de ancho.
  • Se unieron cinco cortinas en un juego y seis en otro juego.

2) Hicieron las 50 lazadas a lo largo del borde de cada juego de cortinas.

3) Hicieron 50 corchetes de bronce que unían los dos juegos de cortinas y formaban una sola cubierta.

  1. La cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo: simbolizaba la sangre.
  2. La cubierta de cuero: simbolizaba una separación que los protegía del mundo.

   Comentario: El tabernáculo mismo tenía la forma de una tienda dentro de otra tienda. Se hizo la tienda exterior de tapices de pelo de cabra (36:14–18) sobre la cual pusieron una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta puso una cubierta de pieles finas (36:19). Posiblemente las pieles finas eran de delfín.

Texto: “Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.”. (Éxodo 25:40.).

   Comentario del texto: (Éxodo 25:40) candelero ▬ tabernáculo ▬ luz Dios, luz del mundo ▬ Jesucristo, luz del mundo:

   Observe que, junto con estas instrucciones estrictas, Dios dio una advertencia: el candelero debía estar hecho conforme al modelo, los planos y el diseño que él les había mostrado. Esta era una advertencia a Israel, pero también lo es a todas las generaciones futuras, de que el tabernáculo y su mobiliario:

◘ eran solo tipos de la verdadera salvación y de la adoración real a Dios;

◘ eran solo símbolos de cómo el ser humano debía acercarse a Dios y adorarlo.

   Las personas debían asegurarse y estar muy seguras de que no estaban pasando por alto esta verdad, la realidad que subyace al tipo y al símbolo. Como dicen las Escrituras, estas cosas tan solo eran sombras de todo lo bueno que habría de venir:

   “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (He. 10:1).

¿Cuáles son los tipos y los símbolos, las sombras e ilustraciones que podemos ver en el candelero de oro? Hay al menos cuatro mensajes simbólicos.

♦a. El candelero enseñaba que el ser humano necesita luz e iluminación para poder conocer a Dios y servirlo. No había ventanas ni ningún tipo de abertura (más que una puerta cerrada) dentro del lugar santo, que habría estado sumido en completa oscuridad de no ser por el candelero. El candelero era lo que daba luz y alumbraba el lugar santo para que los sacerdotes pudieran servir a Dios. Por consiguiente, la luz del candelero:

◘ simbolizaba que el hombre necesita luz e iluminación para poder conocer a Dios y sentirlo.

♦b. El candelero ilustraba al pueblo de Dios (Israel) como la luz del mundo, los testigos de Dios ante este mundo. Las Escrituras hacen hincapié sobre este punto:

   “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (Is. 42:6, vea Zac. 4:1-6).

   “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).

    “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch. 13:47).

   “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8).

   “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

♦c. El candelero señalaba a Jesús, la Luz del mundo.

   “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Is. 9:2).

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4).

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

   “Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz., para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe adónde va” (Jn. 12:35).

   “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).

   “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).

   “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Ap. 21:23).

♦d. El candelero simbolizaba que Dios es la Luz del mundo, la Luz que le muestra al hombre cómo acercarse a él y adorarlo. Fue Dios quien planificó y diseñó el candelero, y quien les mostró a los israelitas con exactitud cuál era la forma de acercarse a él y adorarlo. Hoy él hace lo mismo por nosotros.

   “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal. 27:1).

   “Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Sal. 84:11).

  “No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados” (Is. 60:20).

   “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz” (Mi. 7:8).

   “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:5-7).

   “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Ap. 22:5).

   Pensamiento 1. Jesucristo es el verdadero candelero. El vino al mundo a dar luz y alumbrarnos para que pudiéramos conocer y servir a Dios. Puesto que él es la Luz del mundo, Cristo consuma el simbolismo del candelero. Solo Jesús puede sacar a las personas de la oscuridad del pecado y la muerte dándoles la luz de la salvación y la vida eterna.

(1) La luz de Cristo es la única luz verdadera.

   “Este [Juan el Bautista] vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera [Jesucristo], que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn. 1:7-9).

(2) La luz de Jesucristo brilla en la oscuridad y da vida a las personas.

   “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella [jamás podrán extinguirla]” (Jn. 1:4-5).

(3) La luz de Cristo sacará a las personas de las tinieblas y les dará luz.

   “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12).

(4) La luz de Cristo es el único camino para escapar de la oscuridad y está al alcance de aquellos que creen.

   “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Jn. 12:46).

(5) La luz de Cristo saca al creyente de la oscuridad y lo lleva a la luz admirable de Dios.

   “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

(6) La luz de Cristo es el único medio por el cual el hombre puede ver y hallar el camino hacia el Padre.

    “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

(7) La luz de Cristo alumbra a quienes están dormidos y muertos espiritualmente.

   “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).

(8) La luz de Cristo trae vida e inmortalidad al ser humano.

   “Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10).

(9) La luz de Cristo convierte a las personas en hijos de luz.

   “Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe adónde va. Entre tanto que tenéis/la luz, creed en la luz para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos” (Jn. 12:35-36).

(10) La luz de Cristo brilla en el corazón del creyente

   “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Co. 4:6).

(11) La luz de Cristo está en el mundo.

   “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” (Jn. 9:5).

(12) La luz de Cristo no tiene rastro alguno de oscuridad.

   “Este es el mensaje que hemos oído de él [Cristo], y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Jn. 1:5).

(13) La luz de Cristo será la única luz necesaria para alumbrar la nueva Jerusalén.

   “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella” (Ap. 21:23-24).

1er Titulo:

Trabajando, con animo y buena voluntad, en la casa del Señor. Versíc. 8 al 13. 8Todos los sabios de corazón de entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; las hicieron con querubines de obra primorosa. 9La longitud de una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos; todas las cortinas eran de igual medida. 10Cinco de las cortinas las unió entre sí, y asimismo unió las otras cinco cortinas entre sí. 11E hizo lazadas de azul en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie; e hizo lo mismo en la orilla de la cortina final de la segunda serie. 12Cincuenta lazadas hizo en la primera cortina, y otras cincuenta en la orilla de la cortina de la segunda serie; las lazadas de la una correspondían a las de la otra. 13Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazó las cortinas una con otra, y así quedó formado un tabernáculo. (Léase 2ª de Crónicas 15:7. Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos; pues hay recompensa para vuestra obra. ▬ 1ª a los Corintios 15:58. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.).

   Comentario: [3]. (Éxodo 36:8-13) Tabernáculo, Cubierta Interna ▬ Cortinas ▬ Símbolos De Pureza Y Justicia: La obra comenzó y el primer elemento que se confeccionó fue la cubierta interna de lino fino, que ilustraba la pureza y justicia de Dios. Esta hermosa cubierta en realidad formaba las paredes internas y el techo del tabernáculo, y estaba continuamente a la vista de los sacerdotes que ministraban al Señor en el tabernáculo. Era un recordatorio constante e que Dios es puro y justo. Repasemos los detalles sobre la cubierta:

♦a Se hizo con diez cortinas de lino fino (v. 8).

♦b Cada cortina medía alrededor de 12,50 metros de largo por 1 80 metros de ancho (v. 9). Las cortinas se unieron en dos juegos de cinco cortinas cada uno (V. 10).

♦c Los trabajadores hicieron lazadas de azul y las cosieron por el borde de cada juego de cortinas. Se hicieron cincuenta lazadas en cada juego (v. 11) para que correspondieran las de un juego a las del otro juego (v. 12). También hicieron cincuenta corchetes de oro que unían los dos juegos de cortinas y así formaban el tabernáculo de una sola pieza (v. 13) (vea bosquejo y notas de Ex. 26:1-6).

   Pensamiento 1. No importa adónde miraran los sacerdotes, siempre veían la cubierta interna del tabernáculo, que los sumergía en el grandioso simbolismo de las cortinas: Dios es puro y justo. Esa es la gran verdad que todos necesitamos aprender y recordar: Dios es puro y justo. –

◘ Necesitamos recordar que el mismísimo nombre de Dios es justo.

   “En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra” (Jer. 23:6).

◘ Necesitamos recordar que Dios es justo en todos sus caminos.

   “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Sal. 14S:17).

◘ Necesitamos recordar que la diestra de Dios está llena de justicia.

   “Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de justicia está llena tu diestra” (Sal. 48:10).

◘ Necesitamos recordar que solo podemos acercarnos a Dios con un corazón puro (justo).

   “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño” (Sal. 24:3-4).

   “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

◘ Necesitamos acordarnos de mantenernos puros.

   “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro” (1 Ti. 5:22).

◘ Necesitamos acordarnos de purificar nuestra alma mediante la obediencia a la verdad.

   “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22).

◘ Necesitamos acordarnos de buscar la justicia de Dios antes que ninguna otra cosa.

   “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).

2° Titulo:

Empleando buenos materiales en la construcción del tabernáculo. Versíc. 14 al 18. 14Hizo asimismo cortinas de pelo de cabra para una tienda sobre el tabernáculo; once cortinas hizo. 15La longitud de una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos; las once cortinas tenían una misma medida. 16Y unió cinco de las cortinas aparte, y las otras seis cortinas aparte. 17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la cortina final de la segunda serie. 18Hizo también cincuenta corchetes de bronce para enlazar la tienda, de modo que fuese una. (Léase 1ª de Crónicas 22.14. He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo, he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. ▬ 1ª a los Corintios 3:12 y 13. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 

   Comentario: [4]. (Exodo 36:14-19) Tabernáculo, Cubiertas Externas ▬ Pelo De Cabra ▬ Pieles De Carnero▬ Cuero▬ Símbolos De La Purificación, La Sangre De Cristo, Una Separación Del Mundo: El tabernáculo tenía otras tres cubiertas externas que, a grandes rasgos, simbolizaban el sacrificio y una separación entre Israel y el mundo. Sin embargo, cada una de ellas también tenía un significado simbólico específico.

♦a. La primera cubierta externa estaba compuesta de once cortinas de pelo de cabra. Cada cortina medía alrededor de 13,50 metros de largo por 1,80 metros de ancho. Cinco de ellas estaban unidas y formaban un juego de cortinas, mientras que las otras seis cortinas formaban un segundo juego. Los trabajadores hicieron cincuenta lazadas a lo largo del borde de cada juego, además de unos cincuenta corchetes de oro, que unían los dos juegos de cortinas para formar una sola cortina.

   La cabra es un animal que a veces se ofrecía como ofrenda expiatoria por el pecado. Por lo tanto, el pelo de cabra ilustraba la necesidad de presentar una ofrenda expiatoria por el pecado y para la purificación. La primera cortina, la cortina interna, está analizada en el punto anterior y simbolizaba la pureza y justicia de Dios. La perfecta santidad de Dios no puede relacionarse con el pecado humano: debe haber una ofrenda expiatoria para satisfacer la santa ira de Dios.

   Pensamiento 1. Hay tres grandes lecciones que podemos aprender del simbolismo de la cubierta de pelo de cabra. No olvidemos que está cubierta simbolizaba la necesidad de presentar una ofrenda expiatoria por el pecado y la purificación. En consecuencia, la cubierta de pelo de cabra estaba puesta justo encima de la cubierta interna de lino, lo que simbolizaba que había una ofrenda expiatoria que cubría al adorador cuando él se acercaba a la justicia y santidad de Dios.

(1) Sin sacrificio por el pecado y sin purificación, las consecuencias habrían sido catastróficas.

(a) Los pecadores que no son limpios viven abatidos por su pecado.

   “Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades” (Sal. l07:17).

   “[…] el camino de los transgresores es duro” (Pr. 13:15).

   “Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego”  (Ro. 2:9).

   “Quebranto y desventura hay en sus caminos” (Ro. 3:16).

   “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán” (Stg. 5:1).

(b) Los pecadores que no son limpios jamás se liberan de las ataduras del pecado.

   “Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado” (Pr. 5:22).

   “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8:34).

   “Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás” (Hch. 8:23).

   “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Ro. 6:16).

   “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:23-24).

(c) Los pecadores que no son limpios de sus transgresiones siempre están escondiendo sus pecados secretos, tratando de resguardar su reputación para no ser expuestos.

   “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Gn. 3:8).

   “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello” (Jos. 7:21).

   “Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas” (2 R. 17:9).

   “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Sal. 19:12).

   “Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro” (Sal. 90:8).

   “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pr. 28:13).

   “¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?!” (Is. 29:15).

   “¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, ¡añadiendo pecado a pecado!” (Is. 30:1).

   “Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra” (Ez. 8:12).

   “Porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Ef. 5:12).

(d) Los pecadores que no son limpios están muertos en sus pecados.

   “El hombre que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos” (Pr. 21:16).

   “El alma que pecare, esa morirá […]” (Ez. 18:20).

   “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn. 6:53).

   “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2:1).

   “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:14).

   “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13).

   “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Ts. 5:6).

(2) La ofrenda expiatoria perfecta ya ha sido presentada, una vez y para siempre. Esa ofrenda es Jesucristo, quien murió por los pecados de los hombres.

    “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

   “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   “[…] Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5).

(3) Con su sacrificio expiatorio perfecto, Jesús ha abierto un camino para limpiar el pecado del corazón entenebrecido del hombre. A partir del momento en que el corazón de una persona es limpio y sus pecados son perdonados, hay una serie de consecuencias maravillosas que podemos ver en su vida.

(a) La persona que es limpia tiene el perdón de todos sus pecados, todos y cada uno de los pecados que alguna vez cometió.

   “Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; todos los pecados de ellos cubriste” (Sal. 85:2).

(b) La persona que es limpia experimenta la misericordia de Dios.

   “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Mi. 7:18).

  1. La segunda cubierta externa estaba hecha pieles de carnero teñidas de rojo (V. 19). Desde luego, la cubierta roja ilustraba:

(c) La persona purificada es limpia de toda injusticia.

   “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9).

(d). La persona limpia recibe vida.

   “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13).

(e) La persona purificada recibe el don del Espíritu Santo.

   “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).

(f) La persona que es limpia tiene la conciencia purificada para el servicio a Dios.

   “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14).

(g) La persona que es limpia tiene un vínculo de comunión con otros creyentes.

   “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

(h) La persona que es limpia vive con Dios para siempre: nunca morirá.

   “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9).

   “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14-15).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

♦b. La segunda cubierta externa estaba hecha pieles de carnero teñidas de rojos (v. 19). Desde luego, la cubierta roja ilustraba:

◘ la sangre que debía derramarse;

◘ el sacrificio que tenía que ofrecerse para poder acercarse a Dios;

◘ la necesidad de cubrir el tabernáculo, el lugar donde se encontraban Dios y el hombre, con el sacrificio.

   Las pieles de camero simbolizaban la sangre derramada de Jesucristo. Él es el Sacrificio perfecto, el perfecto Cordero de Dios que murió por los pecados de la humanidad. Jesucristo es el Hombre perfecto, sin pecado, que murió para redimirnos de nuestros pecados. El punto es el siguiente:

◘ La perfecta santidad y justicia de Dios exige justicia: exige que se pague el castigo por el pecado, que las personas que maldijeron, negaron, rechazaron y desobedecieron a Dios y se rebelaron contra él sean juzgadas. ¿Cuál es la condena? La muerte, la separación eterna de Dios.

◘ El Hijo de Dios, Jesucristo, es el Sacrificio perfecto, el perfecto Cordero de Dios que murió por los pecados del hombre. Su muerte es la muerte perfecta e ideal, que puede cubrir y sustituir la muerte de todos los seres humanos. La persona que confía en Jesucristo, en que la sangre derramada de Jesús cubre sus pecados, se vuelve acepta delante de Dios. El perdona los pecados de esa persona: considera que el castigo ya está pagado en la muerte de Jesucristo, el Sacrificio perfecto, el perfecto Cordero de Dios. Cristo, el Hombre perfecto e ideal, murió por los pecados del mundo entero, el universo entero; por lo tanto, cualquiera que se acerque a Dios por medio de Jesucristo se vuelve acepto delante de Dios.

   Pensamiento 1. Eso es lo que las pieles de carnero teñidas de rojo representan: que era necesario un derramamiento de sangre, un sacrificio que cubriera el tabernáculo, el lugar de encuentro entre Dios y el hombre. El hombre se vuelve aceptable delante de Dios por medio de la sangre derramada de Jesucristo, por la muerte de Cristo y solo de Cristo. Consideremos lo que las Santas Escrituras dicen al respecto:

(1) Dios envió a su Hijo, el Señor Jesucristo, a este mundo perdido y moribundo para salvarnos.

   “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lc. 2:11).

   “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10).

   “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:16-17).

   “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:15).

(2) Jesucristo murió como nuestro sustituto.

   “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is. 53:5).

   “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

   “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gá. 3:13).

   “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9).

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18; vea 1 Co. 5:7; Gá. 1:4; Ef. 5:2; Tit. 2:14; 1 Jn. 3:16).

(3) Jesucristo tomó sobre sí mismo todo el peso de nuestro pecado.

   “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:12).

   “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda ver, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

   “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).

   “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).

(4) Jesucristo vino como el perfecto Cordero de Dios, el Sacrificio perfecto por nosotros.

   “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:6-7).

   “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29).

   “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Co. 5:7).

   “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18-19).

(5) Jesucristo eligió morir por nosotros y se sacrificó por nosotros voluntariamente.

   “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn. 10:11).

   “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:15).

   “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Co. 8:9).

   “El cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gá. 1:4).

   “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Ef. 5:2).

   “Quien se dio a si mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14).

   “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).

(6). Jesucristo sufrió y murió por nosotros, todo para redimirnos de nuestros pecados.

   “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Is. 50:6).

   “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is. 53:5).

   “Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mr. 15:34).

   “Diciendo Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc. 22:42-44; vea He. 12:3-4).

   “En su humillación no se le hizo justicia; más su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida” (Hch. 8:33).

   “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).

   “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3).

    “[Jesucristo,] el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8).

   “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9).

   “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (He. 2:10).

   “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (He. 2:14-15).

   “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (He. 13:12).

   “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

   “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Ap. 5:9).

3er Titulo:

Pieles de carneros y de tejones, símbolos respectivos de la expiación y protección de Cristo. Versíc. 19. 19E hizo para la tienda una cubierta de pieles de cameros teñidas de rojo, y otra cubierta de pieles de tejones encima. (Léase Isaías 53:5. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. ▬ Ezequiel 16:10. y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda.).

   Comentario:  ▬c. La tercera cubierta externa estaba hecha de cuero, probablemente de pieles de marsopa (v. 19). Esta cubierta era la cubierta que daba al exterior, la que protegía todas las demás cubiertas, la tienda y su mobiliario de las inclemencias del clima y de cualquier otra fuerza externa que pudiera dañar el tabernáculo. El simbolismo representado era el de una separación que protegía a Israel del mundo.

   Pensamiento 1. A lo largo de su caminar por la vida, día tras día, el creyente necesita estar en guardia para que el mundo no lo corrompa. La amenaza de la mundanalidad es un peligro muy real para todos nosotros. El mundo puede manchar rápidamente hasta el corazón del creyente más maduro. No podemos caminar solos y sobrevivir en el mundo. Necesitamos el amor y el cuidado de Dios, su protección y guía. Solo él puede protegernos y guiarnos en nuestro paso por el mundo día a día. ¿Cuáles son los peligros que nos aguardan en el mundo? ¿Qué es lo que hay en él que nos amenaza?

(1) Enfrentamos el peligro de que la inmundicia del mundo nos contamine y de tocar cosas que el Señor prohíbe.

   “Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová” (Is. 52:11).

   “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Co. 6:17-18).

(2) Enfrentamos el peligro de amar demasiado el mundo y las cosas del mundo.

   “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2).

   “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Jn. 2:15-16).

   “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4).

(3) Corremos el riesgo de enamorarnos de los placeres del pecado.

   “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (He. 11:24-25).

   “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).

(4) Corremos el riesgo de trabar una amistad con el mundo y rendirnos ante sus conductas sexuales e inmorales.

   “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

(5) Enfrentamos el peligro de dejarnos envolver y esclavizar por los deseos mundanos.

   “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit. 2:12-13).

(6) Corremos el riesgo de caer bajo los engaños del mundo.

   “El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las rique7as ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mt. 13:22).

(7) Nos enfrentamos al peligro de dejarnos consumir por las costumbres del mundo y los afanes de esta vida y bajar la guardia.

   “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día” (Lc. 21:34).

(8) Nos enfrentamos al peligro de olvidar las enseñanzas piadosas y justas que alguna vez aprendimos y rendirnos ante la influencia del mundo.

   “Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas” (2ª R. 17:15).

(9) Corremos el riesgo de dejarnos llevar por el pecado y acabar envueltos en compañías incorrectas.

   “No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios” (Éx. 23:2).

   “Apartaos de mí, malignos, pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios” (Sal. 119:115).

   “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros”

(2 Ts. 3:6).

(10) Corremos el riesgo de acostumbramos a las costumbres del mundo, de permitir que nuestra mente sea cautivada por las cosas del mundo en lugar de por las cosas de Dios.

   “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2).

(11) Nos enfrentamos al peligro de volver al mundo a causa de las burlas y la persecución.

   “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn. 15:19).

(12) Corremos el riesgo de seguir dioses falsos y la adoración de este mundo.

   “Guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré” (Dt. 12:30).

(13) Estamos en peligro de perder nuestra propia alma.

   “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mt. 16:26).

Amén, para la honra y gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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