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Domingo 15 de septiembre de 2019: “Propósito de obedecer al sagrado pacto de toda la ley de Dios”

Domingo 15 de septiembre de 2019: “Propósito de obedecer al sagrado pacto de toda la ley de Dios”

Lección: Éxodo Cap. 24, versículos 1 al 8. Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

   Comentario general:  La Ley Y Las Promesas De Dios (El Pacto Mosaico) (Parte 3);

   Las Leyes Civiles Y Religiosas De Israel; Principios Útiles Para Gobernar Al Hombre Y La Sociedad (Éxodo 24:1-8)

   El momento culminante en que el pueblo adopta la ley, el pacto mosaico: el gran deber de los creyentes después de recibir la ley, la Palabra de Dios (Ex. 24:1-8)

   (Éxodo 24:1-8) Introducción: Este pasaje es culminante: las Escrituras concluyen gráficamente la sección en que Dios hace entrega de su ley a Israel. Ahora bien, considere lo siguiente: una vez que una persona ha escuchado la ley de Dios —la Palabra de Dios—, esa persona contrae una obligación hacia Dios. Si hay algo que todos nosotros debemos entender es lo siguiente: millones de personas tienen en su poder una Biblia, la Santa Palabra de Dios, y muchos de ellos han leído algún pasaje de aquí o allá. Millones de otras personas han escuchado la predicación de la Palabra de Dios. No obstante, hay algo que falta en lo que la mayoría de ellos leyeron o escucharon: la sensación de que tienen una obligación hacia Dios. De nuevo, Dios es claro: una vez que una persona ha recibido o escuchado su Palabra, esta persona tiene ciertas obligaciones y ciertos deberes que cumplir delante de Dios.

   Esta era la situación que estaba atravesando Israel. Dios acababa de darle la ley, su Santa Palabra, a Moisés, y Moisés ahora estaba listo para comunicar la Palabra de Dios al pueblo; pero cuando hubieran recibido la Palabra, contraerían la importante obligación, delante de Dios, de obedecerla. De eso se trata el presente pasaje: El momento culminante en que el pueblo adopta la ley, el pacto mosaico: el gran deber de los creyentes después de recibir la ley, la Palabra de Dios (Ex. 24:1-18).

  1. El gran llamado de Dios: adorarlo a él (vv. 1-2).
  2. La primera obligación: la obediencia, comprometerse a obedecer a Dios en todo (v. 3).
  3. La segunda Obligación: sellar el compromiso mediante un acuerdo formal (pacto) con Dios (vv. 4-8).

   Comentario 2: Dios hizo un pacto solemne con Israel. Fue muy solemne, tipificando el pacto de gracia entre Dios y los creyentes por medio de Cristo. Tan pronto como Dios apartó para sí un pueblo peculiar, los gobernó por la palabra escrita, y así lo ha hecho desde entonces. Los pactos y los mandamientos de Dios son tan justos en sí mismos, y para nuestro bien, que mientras más pensemos en ellos y con más claridad y en forma más completa aparecen ante nosotros, más razón vemos para cumplirlos. La sangre del sacrificio se rociaba sobre el altar, sobre el libro y sobre el pueblo. Ni las personas, su obediencia moral ni sus servicios religiosos hallarán aceptación de parte del Dios santo, si no es por medio del derramamiento y el rociamiento de sangre. Además, todas las bendiciones impartidas a ellos eran por misericordia; el Señor los trataría con bondad. Así, por fe en la sangre de Cristo, el pecador rinde obediencia voluntaria y aceptable.

   Pensamiento: el propósito de obedecer a lo que esta escrito, el pacto fue ratificado por pacto de letra por lo tanto los creyentes debemos mirar atentamente a lo que está escrito en las Santa Escrituras como la profeta mayor, no debemos descuidar el pacto que Dios lo ha confirmado por sus Escrituras. Hoy hay cosas maravillosas dichas por los profetas actuales, pero debemos examinar conforme a las Escrituras. No que seamos incrédulos a las manifestaciones del Espíritu Santo, pero si debemos cuidar lo que nos dice las Santa Escrituras desde A.T. hasta el N.T…Nos hace un llamado a obedecer al sagrado pacto y toda la ley de Dios.

   Referencias: Gá. 5:7; 3:1; Hechos 5:29; 4:19: Jos. 1:8; 11:15; Dt. 26:16; Éx. 19:5; Stgo 1:25; Mt. 7:24; 12:50; Jn. 7:17; 14:23.

1er Titulo:

Santidad De Jehová Impide Al Pueblo Acercarse Al Monte. Versíc. 1 y 2. Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él. (Léase 1ª de Samuel 24:3 y 4. Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.).

    Comentario 1: (Éxodo 24:1-2) adoración — separación de Dios —brecha entre Dios y el hombre — hombre, separación de Dios — Moisés — mediador: Dios hizo a su pueblo un gran llamado a adorarlo. Recuerde que Moisés todavía estaba en lo alto del monte Sinaí, en la presencia de Dios.

Dios acababa de darle:

  • los diez mandamientos (Ex. 19: 1-20:2,6);
  • las leyes civiles que regirían a Israel (Ex. 21:1- 23:19);
  • las tres grandes promesas de los beneficios de la obediencia (Ex. 23:20-23).

   Ahora bien, Dios ya había terminado y Moisés estaba listo para volver con el pueblo para guiarlos a ratificar la ley y adoptarla como la ley de la tierra. Dios esperaba dos respuestas de su pueblo: obediencia a la ley y fidelidad en la adoración a él.

(a). Considere lo que Dios hizo justo antes de que Moisés se fuera de su presencia: le extendió un llamado a volver al monte después de darle la ley al pueblo. Moisés debía volver a la presencia de Dios para adorarlo, pero esta vez el llamado se extendía a todo Israel. Moisés debía llevar consigo a los líderes de Israel, los representantes del pueblo:

   Þ Aarón, junto Nadab y Abiú, los dos hijos mayores de Aarón;

   Þ los setenta ancianos o gobernantes de Israel.

   Uno de los acontecimientos más gloriosos de la historia del mundo estaba por suceder: el pueblo de Dios recibiría los diez mandamientos y la ley de Dios. Por consiguiente, Dios quería y esperaba que su pueblo obedeciera los mandamientos y lo adorara a modo de agradecimiento por los mandamientos y la ley. Por lo tanto, Moisés debía volver a Dios para adorarlo después de que el pueblo ratificara la ley (la aceptara formalmente y la aprobara) y debía llevar consigo a los líderes del pueblo de Dios.

   (b). Ahora bien, el llamado de Dios tenía dos limitaciones. Por un lado, los líderes del pueblo debían adorar desde lejos, a una enorme distancia de la presencia de Dios. Por otro lado, solo Moisés podía acercarse a Dios.

   ¿Por qué Dios impuso esas dos restricciones al pueblo?

Obviamente, para enseñarles dos lecciones necesarias.

   (l). El pueblo de Dios necesitaba reconocer una realidad: hay una gran brecha entre Dios y el hombre, un abismo infranqueable. Dios es santo, justo y puro, perfecto en todo su ser. El hombre es todo lo contrario. Es impío, injusto e impuro, imperfecto (pecador y depravado) en todo su ser.

   Dios vive en un plano incorruptible, en el mundo espiritual y celestial que es permanente y eterno y jamás se echa a perder. Por el contrario, el hombre vive en el plano de lo corruptible, el mundo físico y terrenal que va en decadencia, es temporal y se deteriora con el tiempo.

   Hay una gran brecha entre Dios y el hombre: el hombre no puede entrar a la presencia de Dios. No puede acercarse a Dios ni entrar al cielo, a menos que Dios mismo abra un camino y le muestre cómo transitar por él.

   “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is. 59:2).

   “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is. 64:6).

   “Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lc. 16:26).

   “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Ro. 3:10-18).

   “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23).

   (2). El pueblo de Dios debía reconocer también otro hecho: solo el mediador designado por Dios puede acercarse a Dios. Ese mediador era Moisés: solo Moisés podía acercarse a Dios. Desde luego, este punto señala a Jesucristo, el gran mediador designado por Dios para salvar la enorme distancia que había entre Dios y el hombre.

   “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Ti. 2:5-6).

   “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios” (He. 3:1-2).

   “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).

   “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8:6).

   “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (He. 9:15).

   “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (He. 9:24-28).

   “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P. 3:18).

   “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn. 2:1).

   ESTUDIO A FONDO 1: (Éxodo 24:1) Nadab: era el hijo mayor de Aarón y Elisabet, el primero en la línea de sucesión de su padre, y quien sería el siguiente sumo sacerdote.

  • Nadab fue llamado a subir al monte Sinaí, junto a su padre y los setenta ancianos, para entrar en la presencia de Dios (vea Ex. 24:1, 9-1 1).

   “Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos” (Ex. 24=1).

  • Nadab fue ordenado como uno de los sacerdotes originales de Israel (vea Ex. 28:1; Lv. 8:1-36).

   “Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón” (Ex. 28:1).

  • Nadab cometió un trágico pecado contra Dios junto a su hermano Abiú. Ambos ofrecieron un fuego extraño delante de Dios y fueron consumidos por el fuego del juicio de Dios (vea Lv. 10:1-2; Nm. 3:4).

   “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lv. 10:1-2).

   La muerte prematura de Nadab junto con Abiú fue una demostración gráfica para los demás sacerdotes, que entendieron que debían acercarse a Dios exactamente como él se los mandaba y que jamás debían tomar a la ligera la santidad de Dios.

   ESTUDIO A FONDO 2: (Éxodo 24: 1) Abiú: era el segundo hijo de Aarón y Elisabet (vea Ex. 6:23; Nm. 3:2; 26:60; 1 Cr .6:3; 24:1).

  • Abiú fue llamado a subir al monte Sinaí, junto a su padre y los setenta ancianos, para entrar en la presencia de Dios (vea Ex. 24:1, 9-11).

   “Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos” (Ex. 24:1).

  • Abiú fue ordenado como uno de los sacerdotes originales de Israel (vea Ex. 28:1; Lv. 8:1-36).

   “Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón” (Éx. 28:1). `

  • Abiú cometió un trágico pecado contra Dios junto a su hermano Nadab. Ambos ofrecieron un fuego extraño delante de Dios y fueron consumidos por el fuego del juicio de Dios (vea Lv. 10:1-2; Nm 3:4).

   “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lv. 10:1-2).

   Referencia: He. 12:14; 2 Co. 7:1; 2 Pe. 3:11; Is. 59:2; 64:6; Lc. 16:26; Ro. 3:10-18 y 23.

2° Titulo:

Importancia De Prestar Atención Para Poner Por Obra La Instrucción De Dios. Versíc. 3 y 4. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. (Léase Nehemías 8:3. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. y 8. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura; — Santiago 1:25. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace).

   Comentario: (Éxodo 24:3) obediencia — compromiso: La primera de las obligaciones del pueblo de Dios era obedecer y asumir un compromiso de obediencia total hacia Dios. Imagine la escena: el monte Sinaí estaba cubierto por una nube densa y clara. De pronto, alguien advirtió, al pie de la montaña, una figura difusa que se acercaba cada vez más y emergía de la niebla bajando por la montaña. Pronto la figura se vio con nitidez: ¡es Moisés! Sin duda, el pueblo habrá corrido por todo el campamento israelita, gritando la noticia: “¡Moisés volvió! ¡Moisés volvió!”.

   Los líderes se reunieron al pie de la montaña para recibir a Moisés mientras todo el pueblo difundía las noticias y empezaba a congregarse tribu por tribu, a la ansiosa espera de lo que Moisés tuviera para informarles. En ese momento ocurrieron dos sucesos extraordinarios.

(a). Moisés declaró la ley de Dios, la Palabra de Dios, al pueblo. Tenga en cuenta que compartió “todas las palabras” de Dios con el pueblo, lo cual significa que les declaró:

  • los diez mandamientos (Ex. 19: 1-20:26);
  • las leyes civiles que regirían a la nación (Ex. 21:1-23:19).

(b). El pueblo se comprometió a guardar los mandamientos y las leyes de Dios. De hecho, lo que dijeron con exactitud es que harían todo lo que el Señor había dicho. Qué momento y qué entusiasmo, qué emoción debe haber llenado la atmósfera: el ser humano estaba escuchando por primera vez la proclamación de la ley de Dios, las mismas leyes que regirían a la nación de Israel. A una sola voz, al unísono, el pueblo gritó que harían todo lo que Dios había dicho. Se comprometieron totalmente a seguir a Dios y a guardar sus mandamientos y leyes.

   Pensamiento 1: Lo único que Dios quiere de nosotros es obediencia. El anhela que guardemos sus mandamientos y hagamos todo lo que él dice.

   “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” (Dt. 5:29).

   “Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dt. 26:16).

   “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).

   “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22).

   “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7:21).

   “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mt. 7:24).

   “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn. 15:10).

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad” (Ap. 22:14)

   Referencias: Dt. 5:29; 26:16; Jos. 1:8; 1 Sam. 15:22; Mt. 7.21 y 24; Jn. 15:10; Ap. 22:14. 2 Ti. 2.15; 3:16; 1 Pe. 2:2-3.

3er Titulo:

Sólo Por La Sangre De Cristo Podemos Alcanzar Expiación Y Redención. Versíc. 5 al 8. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. (Léase Efesios 2:12 y 13. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.).

   Comentario: (3). (Éxodo 24:4-8) obediencia — compromiso — pacto – Palabra de Dios — Escrituras: La segunda obligación del pueblo de Dios era sellar el compromiso que había hecho con Dios. En el caso de Israel, Moisés selló el compromiso por medio de un acuerdo formal (un pacto) con Dios.

(a). Primero, Moisés escribió meticulosamente todo lo que el Señor le había dicho (v. 4). No hay duda de que el Espíritu de Dios le dio buena memoria para que recordara todo lo que Dios había dicho (2 P. 1:21; Jn. 14:26). Quizás también haya tomado algunas notas en la montaña mientras Dios le daba sus instrucciones. Sea cual sea el caso, los diez mandamientos y la ley tenían que quedar registrados para que el pueblo de Dios siempre pudiera tener a su disposición la Palabra de Dios para estudiarla, entenderla y dejarse guiar por ella.

   “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

   “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16).

   “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 P. 2:2-3).

(b). Segundo, Moisés confirmó el pacto acordado entre Dios y el pueblo, y selló el compromiso que el pueblo había hecho con Dios por medio de una ceremonia pública.

   (1). Edificó un altar y doce columnas de piedra al pie del monte Sinaí (v. 4b). El altar era necesario para ofrecer los animales sacrificados para Dios. Las doce columnas de piedra representaban a las doce tribus de Israel (Jos. 4:3, 5-9, 20; l R. 18:31).

   (2). Envió hombres jóvenes para que ofrecieran sacrificios sobre el altar (v. 5). Sacrificaron becerros jóvenes en holocausto y como ofrendas de paz o comunión (vea notas, Holocaustos, de Gn. 8:20; vea Estudio a fondo I, Gn. 8:20).

   (3). Moisés tomó la mitad de la sangre y la esparció sobre el altar (v. 6). La sangre simboliza que la vida de quien hacía la ofrenda estaba siendo entregada en sacrificio, rendida, derramada, dedicada a Dios. Al esparcir la sangre sobre el altar, Moisés estaba declarando que el pueblo estaba pidiendo a Dios:

  • que los aceptara a ellos y su compromiso;
  • que perdonara sus pecados;
  • que los recibiera a ellos y que aceptara su dedicación como un acto genuino.

(4). Luego, Moisés tomó el libro del pacto o la ley que había escrito y lo leyó a oídos del pueblo (v. 7). ¿Por qué? Porque era ese mismo pacto el que se estaban comprometiendo a guardar. Para poder guardar la ley, necesitaban escucharla una y otra vez. Necesitaban aprender los diez mandamientos y las leyes civiles, y retener las palabras de la ley en su memoria.

(5). El pueblo volvió a declarar su compromiso: harían todo lo que el Señor había dicho (v. 7b). Ahora bien, tenga en cuenta que esta vez agregaron una declaración más categórica: “y obedeceremos”.

   “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (Sal. 119:93).

   “Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios” (Sal. 119:125).

   “Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma” (Sal. 119:129).

   “Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento, y viviré” (Sal. 119: l44).

(6). Moisés tomó la otra mitad de la sangre y la roció sobre el pueblo (V. 8). Si recordamos que el número de los israelitas ascendía a más de dos o tres millones de personas, resulta obvio que los líderes ayudaron a Moisés a hacerlo o bien Moisés roció solo a los líderes, que actuaban en representación del resto de las personas. El significado simbólico de este acto es gráfico: la imagen que vemos es la de Dios ofreciendo su perdón y aceptación al pueblo:

  • porque el pueblo creía que el sacrificio aseguraba el perdón y la aceptación de Dios;
  • porque el pueblo se había comprometido a obedecer la Palabra de Dios.

   Tenga en cuenta que mientras rociaba al pueblo, Moisés proclamó que esa sangre confirmaba el pacto entre Dios e Israel (v. 8).

   Pensamiento 1. La sangre del sacrificio es un símbolo o una ilustración del Señor Jesucristo. La sangre de Cristo confirma el pacto que Dios ha hecho con el hombre. El perdona y acepta al hombre —lo ata y vincula a sí mismo— por medio de la sangre de Cristo y solo por la sangre de Cristo.

   “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv. 17:11).

   “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt. 26:28).

   “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:9).

   “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20).

   “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14).

   “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).

   “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18-19).

   “Pero si andamos en luz, como él está en lu7, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:7).

   “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap. 1:5). 

   Referencia:  Lv. 17:11; Mt. 26:28; Ro. 5:9; Col. 1:20; He. 9.14-22; 1 Pe.1:18-19; 1 Jn. 1:7; Ap. 1:5.

Amén, para gloria de Dios.

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Hno Roberto Saldías Roa

Miembro de la IEP en Nacimiento Bajo, nació en el evangelio del Señor en la Iglesia de Laja 1975. Casado con María Nahuelmán, estudia teología de manera autodidacta. Me gusta mucho leer y escribir.

 

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